01. La Tefilá.

Rezar es una de las expresiones  fundamentales de la fe en Dios. El ser humano no es perfecto, padece de carencias y anhela completarlas, razón por la cual se dirige al Creador  mediante la plegaria.

La incompletitud humana se manifiesta en dos niveles. La mayoría de las personas siente necesidad de dirigirse a Dios cuando su vida cotidiana se ve afectada. Por ejemplo, cuando una persona se enferma o sufre algún daño y los dolores que padece se intensifican, comprende que todos los médicos del mundo no pueden garantizarle su salud y bienestar y sólo Dios, en cuyas manos se halla la existencia  de todo ser viviente, puede sanarle y concederle buena y larga vida. Es en ese momento cuando la persona implora  a Dios desde lo más profundo de su corazón, rogándole lo cure. Y así, en toda circunstancia que la persona sufre un contratiempo, una desgracia o su sustento se ve afectado, o bien cuando sus adversarios lo acosan o sus amigos le dan la espalda, entiende que su bienestar pende de un hilo, entonces se dirige al Eterno en pos de ayuda y salvación. Empero, cuando la vida cotidiana se desenvuelve con normalidad  la mayoría de las personas no perciben carencia alguna y por lo general no sienten necesidad de orar.

Quienes logran profundizar más en esta cuestión entienden que su vida cotidiana dista de ser perfecta. Aun gozando de buena salud y siendo su sustento suficiente, cuando la situación familiar es estable, sus amistades fieles y la situación del país donde residen es favorable, aquellas personas que experimentan un nivel elevado de sensibilidad y un alto grado de conciencia, sienten un vacío existencial. Saben que sus vidas son limitadas. Aunque todo vaya bien llegará el día en que mueran por vejez. Ni siquiera siendo todavía jóvenes y sanos, logran comprender y sentir sus vivencias tal cual lo deseaban. Ellos no pueden concretar todas sus aspiraciones; ni siquiera pueden materializar totalmente una sola de ellas. Desde esta sensación de finitud las personas se dirigen a Dios, Señor del cielo y la tierra, El Único capaz de redimirlos de sus imperfecciones. En el mero acto de comunicación con D´s mediante la plegaria, el ser humano inicia un camino de crecimiento y redención.

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