1 – El precepto del conteo y su significado.

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Es precepto contar cuarenta y nueve días que son siete semanas completas a partir de la noche de la siega del Omer. Esa es la noche del dieciséis del mes de Nisán, a partir de la conclusión del primer día festivo de Pesaj, en la que se salía a los campos donde se cosechaba la cebada y se llevaba a la “azará”, recinto interior del Templo de Jerusalém. Allí se trillaba, aventaba, se separaban las semillas de las cáscaras, tostaban sobre el fuego y se molían fino. A continuación se tomaba una décima parte de una “eifá” (medida de volumen equivalente hoy en día a aproximadamente 2.5 o 4 litros según el jurista. N. de T.) de la harina obtenida, se tamizaba en trece coladores y se mezclaba con un log de aceite (medida de volumen para líquidos que puede oscilar entre 300 y seiscientos mililitros dependiendo del jurista. N. de T.) y se le adicionaba una pizca de levoná (olíbano). A la mañana siguiente esta mezcla era ofrendada sobre el altar, primeramente el sacerdote la alzaba y posteriormente tomaba una pizca de la mezcla y la quemaba sobre el altar. Una vez que esta pizca se quemaba, le era permitido a todo el pueblo comer de la nueva cosecha.

Es importante saber que la fiesta de Shavuot carece de una fecha fija en el mes tal como el resto de las festividades. Por ejemplo, la fiesta de Pesaj tiene marcada la fecha del quince de Nisán y la de Sucot el quince del mes de Tishrei. Sin embargo, el día de celebración de Shavuot se fija según el conteo del “Omer”, ya que tras concluir el conteo de las siete semanas, llega el momento de su celebración, y por eso recibe ese nombre (“Shavuot” en hebreo significa “semanas”). Sobre esto está escrito (Deuteronomio 16:9-10):

“Siete semanas habrás ‘de contar: desde que empieza la hoz a cortar la mies, comenzarás a contar siete semanas. Y harás la festividad de las semanas, ante HaShem tu D’s”.

Además, en el libro de Levítico (23:15-16) leemos:
“y habréis de contar vosotros desde el día siguiente de la festividad: desde el día en que hayáis traído el “Omer” para mecerlo, siete semanas completas, habrán de ser. Hasta el día siguiente de la séptima semana, habréis de contar cincuenta días y ofreceréis una ofrenda nueva ante HaShem”.

El cumplimiento de este precepto no recae únicamente sobre el tribunal rabínico, sino que cada judío en particular tiene el deber de contar los cuarenta y nueve días. Cada quien debe llevar a cabo su propia “cuenta”. Si bien, existe una regla para aquellos preceptos que son recitados en voz alta, y que sostiene “aquel que escucha es como si respondiese”, por lo que a modo de ejemplo, se puede cumplir con el precepto de recordar a Amalek, oyendo la lectura del oficiante y en el caso del conteo del “Omer”, también se puede cumplir con el recitado de la bendición correspondiente al precepto, oyendo al oficiante. Sin embargo en lo que respecta al cumplimiento del precepto del conteo propiamente dicho, en virtud de lo que dice el versículo “has de contar para ti”, la idea de varios de los juristas es que cada quien debe contar por sí mismo con su propia voz (Levush, Jok Ya´akov). Otros juristas consideran que el precepto del conteo es similar a los demás preceptos que implican recitado, por lo que se puede cumplir escuchando a otro (Perí Jadash y Birkei Iosef). Empero a priori, nosotros preferimos cumplir según todas las ideas por lo que cada quien debe contar por sí mismo (ver Mishná Berurá 489:5 y Beur Halajá en el párrafo que se inicia con la palabra ‘ומצוה’).

El origen de este precepto está vinculado con los albores de nuestra conformación nacional. Nuestros sabios de bendita memoria nos explican, que durante el período de la esclavitud en Egipto, el Pueblo de Israel descendió cuarenta y nueve niveles de impureza por lo que no eran dignos de recibir la Torá. Por esta razón, debieron purificarse del oprobio egipcio durante siete semanas, en las cuales D´s les esperó para poder otorgarles la Torá (según el Zohar parashat Emor 97). Además, el conteo encierra un elemento de expectativa por el futuro recibimiento de la Torá. El midrash explica, que cuando Moshé anunció al Pueblo de Israel que tras la salida de Egipto servirían a D´s sobre el Monte Sinaí y recibirían la Torá, el pueblo le preguntó: ¿cuándo habremos de servir al Todopoderoso? Y Moshé les respondió: Hacia el final de los cincuenta días. Por causa del entusiasmo, el pueblo contaba día por día y decían “ya pasó un día”, “ya pasaron dos” y así todos los días, ya que por su cariño y expectativa de recibir la Torá les parecía que el tiempo transcurría con lentitud (Shibolei Haleket 236).

Vemos pues, que el conteo del Omer expresa nuestras ansias y nuestros deseos por el gran día del recibimiento de la Torá. Mientras esperamos, operamos un proceso de purificación de los cuarenta y nueve niveles espirituales que conforman al hombre. Cuanto más puro está el individuo mayor es su capacidad para percibir la luz espiritual que de la ley Divina emana, y así, cada año, mediante el conteo nos preparamos para el día del recibimiento de la Torá (ver final del inciso 3).

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