12- Espectáculos crueles

Está prohibido llevar a cabo o asistir a corridas de toros, por cuanto que en estas se hace sufrir a los animales y además se pone en peligro la vida humana. En primer lugar, se hace pasar hambre a los toros para que estén nerviosos. Luego, en la arena, el ‘matador’ agita delante del toro un paño de tela roja para excitarlo, ofuscarlo y provocar que venga a atacar. En caso de que el toro no desee lidiar con el torero, el matador lo acuchilla hasta que el animal reacciona y se enfurece. Finalmente, cuando el toro, presa del furor ataca al matador que lo provocó, este último debe esquivarlo mediante ágiles movimientos y aplicarle cuchillos hasta darle muerte. Entonces, el público vocifera, y enfervorizado aclama al valiente matador. Muy raras veces ocurre que el toro es más ágil que el torero por lo que este muere o resulta herido. En un caso así, según la Halajá el toro no tiene culpa alguna, y si bien por lo general hay que dar muerte a un toro que mató a una persona, en este caso fue el torero que lo incitó a atacar por lo que el animal está exento de castigo (Tratado de Baba Kama 39(A), Rambám Hiljot Nizkei Mamón 6:5).

En tiempo de los romanos este tipo de espectáculos crueles eran el pasatiempo más popular. A modo de introducción, se hacía combatir a perros contra animales salvajes y los espectadores se deleitaban viendo cómo se destrozaban unos a otros. Cada vez que un animal lograba doblegar a otro o degollarlo, el público exclamaba a viva voz. Luego, se introducían esclavos y prisioneros de guerra para que peleasen contra fieras salvajes, y cuando estas últimas lograban matar a su contrincante humano, los espectadores igualmente se alegraban y festejaban sonoramente.

Muchos judíos que fueron apresados por los romanos murieron de esta manera. Para nuestra vergüenza, hubo judíos que se sintieron atraídos por la cultura dominante y deseaban presenciar estos crueles espectáculos, y cabe suponer que lo hacían cuando los esclavos asesinados pertenecían a otra nación. Por su parte, los sabios instruyeron que estaba prohibido asistir a estos eventos inicuos y los asociaron al versículo que dice (Salmos 1:1): «Feliz del hombre que no fue tras los consejos de los malvados, ni estuvo en camino de los pecadores» – feliz de quien no asistió a los teatros, circos y estadios de los gentiles, en los que se llevaban a cabo espectáculos crueles de asesinato de esclavos y sufrimiento de animales en un ambiente de libertinaje y desenfreno (Tratado de Avodá Zará 18(B)). En nuestros días, tuvimos el mérito de avanzar a una situación en la cual ya no se llevan a cabo eventos en los cuales se asesinen personas, pero debemos saber que el espectáculo de la corrida de toros está igualmente prohibido, en virtud del sufrimiento que se le inflige a los animales y el riesgo que reporta para la vida humana.

Asimismo, está prohibido entrenar gallos para luchar unos con otros y matarse. Todo aquel que adquiere un boleto para un espectáculo de este tipo se transforma en socio en la realización de una transgresión y se ocasiona a sí mismo un defecto moral en su cualidad compasiva.

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