Se permite criar mascotas tales como perros, gatos y loros. Si bien nuestros sabios prohibieron que judíos comercien con animales impuros, esto es, animales cuya carne está prohibido ingerir, de todas maneras la prohibición rige sobre animales que los gentiles suelen comer, y los sabios decretaron no comerciar con ellos por temor a que al poseerlos, un judío pudiera llegar a comer de ellos.
Pero se puede comerciar y criar por placer y entretenimiento animales impuros cuya carne no suele comerse (Beit Yosef Yoré Deá 117, Birjei Yosef 2). Sin embargo, hay quienes sostienen que por cuanto que estos animales son impuros no corresponde ingresarlos al hogar. Sin embargo, esta línea razonamiento no figura en la literatura de la responsa, y estos animales son denominados impuros por cuanto que se prohíbe ingerir su carne, y quien coma de esta se impurifica, pero ello no quiere decir que las características de estos sean tan defectuosas que quien los críe puede afectar negativamente su alma. Por el contrario, cada animal posee una característica propia buena y singular, y lo sabios alabaron también a los animales impuros, por ejemplo, destacaron la fidelidad del perro y el recato del gato, por lo que está permitido criar mascotas.
Sin embargo, cuando la mascota causa molestias a alguno de los miembros de la familia – está prohibido criarla. Asimismo, quien posee un perro que suele aterrar a las visitas debe ser adiestrado a fin de cesar con esa hostilidad de modo que su propietario pueda recibir invitados con el respeto correspondiente (Tratado de Shabat 63 (A y B)).
Nuestros sabios dijeron que una persona no adopte un animal sin antes cerciorarse de que podrá alimentarlo (Talmud Jerosolimitano 4:8). Eso incluye la posibilidad de procurarle una casilla o una jaula acorde, limpiar el sitio en la medida de lo necesario y cuidar de vacunarlo en caso de que ello resulte indispensable.
Cuando el animal se enferma, su dueño debe atenderlo como es debido. En caso de que la dolencia sea terminal y sufra, es mejor matarlo para aliviar sus padecimientos. Una persona que se equivocó y resulta que no es capaz de atender a su animal como corresponde, es correcto que busque a otra que pueda sustituirlo como dueño y ocuparse de él, y en caso de no hallar una, no está obligada a retener el animal y mantenerlo, y en caso de necesidad podrá matarlo para aliviar su sufrimiento (arriba 7).
Se permite alimentar a peces en el acuario con gusanos vivos sin temor a infligir daño a estos últimos, ya que la prohibición de hacer sufrir a un animal rige cuando ello ocurre innecesariamente, pero si es por una necesidad – estará permitido. Además, la prohibición aplica sobre animales poseedores de un nivel determinado de consciencia y son más sensibles al dolor, pero respecto de animales poco desarrollados la prohibición es de no destruirlos innecesariamente (ver arriba halajá 1 regla número dos). Asimismo, quien precisa criar una serpiente, tiene permitido alimentarla con ratones, y si bien estos últimos son más desarrollados que el reptil, dado que se trata de una necesidad humana ello podrá realizarse.
Está permitido y posee cierto valor el disponer de un jardín zoológico, ya que allí los animales reciben buena alimentación y además reporta un beneficio a los seres humanos que pueden verlos y aprender sobre ellos (Yabía Omer IV Oraj Jaím 20).
Está permitido llevar a cabo terapias sicológicas por medio del uso de animales de modo tal que, por ejemplo, por medio de la interacción con un perro el paciente aprenda a tener en cuenta al prójimo, y por medio de asumir el compromiso de alimentarlo, limpiar su hábitat y ordenarlo refuerce su confianza en sí mismo y su sentido de la responsabilidad.
Si bien a veces los pacientes que no saben relacionarse con el prójimo pueden llegar a asustar al animal, enojarse con él, o sostenerlo demasiado apretado (en su cuello), de todas maneras, ello estará permitido porque se trata de una necesidad importante, y por otra parte, no se tiene la intención de ocasionar sufrimiento al animal de sino transformar al paciente en una persona capaz de preocuparse y atender a un ser vivo.