03. El efecto de la Tefilá.

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El Santo Bendito Él, estableció entre las leyes de la Creación una en particular, por la cual, al despertarse entre los seres humanos la necesidad  de acercarse al Creador e implorar por Su Bendición, ello habrá de llevar a un «despertar» de los Ámbitos Celestiales, para prodigarnos Su bondad, acorde a nuestras necesidades y las del universo todo. Este tema es mencionado muchas veces en el Zohar.

Esto significa que más allá que HaShem prodigue de Su bien al universo o a la persona, ocurre que dicha realidad se ve postergada o retrasada a la espera de que la persona tome conciencia de su carencia y ore desde la profundidad de su corazón.

Existen dos tipos de plegarias, una dirigida a la continuidad del mundo, ya que de no mediar ésta el mundo cesaría de existir. Esta plegaria es comparable a la ofrenda perpetua (korbán hatamid) que se sacrificaba en el Templo de Jerusalém y por cuyo mérito se sostenían los Cielos y la tierra (Talmud Babilonio Tratado de Ta’anit 27(B)).

El otro tipo de plegaria es aquella dirigida a necesidades o deseos particulares y específicos, como ser salvarse de un contratiempo o recibir una bendición suplementaria.

Cada rezo actúa e influye, tal como aseveró Rabí Janina: «Todo aquél que se extiende en su plegaria, su pedido no es ignorado» (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 32(B)). Empero, algunas veces el efecto del rezo es inmediato y otras es a largo plazo, a veces la oración es respondida en su totalidad y otras sólo parcialmente, tal como dijeron nuestros sabios (Devarim Rabá 8:1): «Grande es la plegaria a los ojos de HaShem. Dijo Rabí Elazar: ¿quieres saber el poder de la oración? Has de saber que si no logra su propósito completo, al menos obtiene la mitad de éste». Y El Kadosh Baruj Hú, es Quien sabe cómo ayudar y socorrer a cada ser humano, y a veces por razones que desconocemos, la situación que embarga a  la persona es sólo por su bien y es por ello que El Creador no recibe su plegaria. Sin embargo, ésta ha sido beneficiosa y su resultado positivo se habrá de revelar en cualquier otra circunstancia.

Incluso los más grandes justos, cuyas plegarias normalmente son aceptadas, en ciertas ocasiones no lo fueron. Quién entre los justos supera a Moshé Rabenu, que intercedió exitosamente por el pueblo de Israel con su plegaria para evitar que fuésemos destruidos tras el pecado del becerro de oro y el de los espías (Éxodo 32, Números 14), y sin embargo a la hora de interceder y rogar ante HaShem que le permitiera ingresar a la Tierra de Israel, el Eterno le dijo «Basta para tí. No sigas hablándome de eso» (Deuteronomio 3:26).

Por lo tanto el individuo deberá esmerarse mucho en su rezo y no debe pensar que si ora, con seguridad HaShem debe colmar su deseo, sino que habrá de seguir orando, a sabiendas de que HaShem escucha su plegaria y sin duda ella habrá de tener un efecto positivo, solo que no sabemos cómo, cuándo ni dónde.

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