Yamim Noraim

01 – Días de creación, bendición y juicio.

Año a año, el Eterno recrea nuevamente la vida de cada una de sus creaturas. A los efectos de que Su generosidad no alcance a los malvados, D´s juzga cada Rosh HaShaná (Año Nuevo) a todos los creados, concediendo abundancia y bendición a los justos y limitando el acceso de los malvados a tales bienes. Además de ser esta una acción justa, es necesaria a los efectos de reparar el mundo ya que si los malvados continúan recibiendo vida y bendición en abundancia se empeñarán  en su perversidad causando más daño y trayendo la maldición al mundo (Shelá).

Por lo tanto, los días en los que Hashem se acerca a sus creaturas concediéndoles nueva vida, son aquellos en los que los juzga y en los que el arrepentimiento o retorno (teshuvá) es mejor recibido por efecto de esa cercanía. Es por esto que si bien todos los días del año son propicios para la teshuvá, durante los diez días que van de Rosh HaShaná a  Yom Kipur (los diez días de la teshuvá o «Aseret Iemei Teshuvá») el retorno es mejor aceptado por Hashem, tal como está escrito (Isaías 55:6): «Buscad al Eterno mientras pueda ser hallado. Llamadle mientras esté cerca», por esta razón estos días reciben el nombre de «Diez días de Teshuvá» (Talmud Babilonio Tratado de Rosh HaShaná 18(A), Rambám Hiljot Teshuvá 2:6).

Si bien el juicio propiamente dicho se lleva a cabo en Rosh HaShaná y durante los Diez Días de Teshuvá, es preferible comenzar el proceso de arrepentimiento y retorno antes de que este se inicie para que de esa manera, cuando arribemos a los días en cuestión podamos retornar a Hashem con integridad. Además, es preferible anticipar el remedio a la enfermedad, ya que de acuerdo al orden procedural del juicio, que es similar al de los tribunales terrenales, antes que la persona sea acusada por las faltas cometidas, se le permite retractarse de las mismas con cierta facilidad, enmendarlas y así borrar la acusación o al menos atenuarla. Empero una vez que llega la hora del juicio y el fiscal celestial («categor») ya está pronto para exponer sus argumentos, resulta más difícil anular la acusación (Sifrí Nasó 42). Por esta razón el pueblo judío acostumbra a comenzar el proceso de retorno en el mes de Elul.

Cada año, nuevamente, nos acercamos a los días de teshuvá con una mezcla de temor reverencial y alegría. Temor por cuanto ignoramos si saldremos airosos delante de Su juicio ni cuál será nuestro veredicto. Muchas personas que estaban tranquilas y despreocupadas a comienzos del año, al final de este ya no estaban con vida o pasaron a sufrir grandes padecimientos. Alegría por cuanto se nos concede la oportunidad de retornar ante Él y hacer «teshuvá», allegarnos ante D´s para rezar y suplicar, limpiarnos del mal que se nos ha adherido y volver a conectarnos con aquellos valores en los que creemos. Y aunque nuestro veredicto sea padecer sufrimientos y pesares, debemos saber que ellos  son para bien, ya que permiten limpiar nuestras transgresiones para así poder alcanzar una completa reparación y una buena vida.

De no mediar una introspección anual, las necesidades corrientes nos harían olvidar todos los grandes ideales a los que nuestra alma aspira. Ante la ausencia de un ideal, los malos impulsos prevalecen y la persona se somete a sus pasiones hundiéndose en la bestialidad. Es en virtud de los Días Solemnes («Yamim HaNoraím») que tenemos la posibilidad de recordar año tras año, las buenas expectativas que poseíamos, los diferentes temas y libros que queríamos estudiar y todas las buenas acciones que queríamos llevar a cabo. Entonces repudiamos las transgresiones y malos hábitos que se nos han adherido, nos arrepentimos, confesamos y revemos nuestro orden de prioridades. Este proceso lo impulsamos a  los efectos de que en el año que se inicia podamos elevarnos en el estudio de la Torá, el cumplimiento de los preceptos y la realización de buenas acciones, la construcción de la familia, la sociedad y el pueblo. De esta manera tenemos el mérito de elevarnos año tras año, participando de la reparación del mundo, de su establecimiento y de su construcción.

02 – La Ley Divina y El Juicio Divino («Din»).

Es un principio de la fe judía que D´s creó el mundo y lo vivifica, y si cesase de hacerlo, aunque sólo sea por un instante el universo todo desaparecería. D´s concedió libre albedrío al ser humano, de modo tal que si elige el bien el mundo se verá positivamente influenciado por la bendición Divina; y si escoge el mal traerá al mundo muerte y contrariedades. Esta es la ley mediante la cual D´s derrame su bondad sobre el mundo, puesto que así lo determinó desde su creación: quien se acerca al Eterno es bendecido abundantemente mientras que quien se aleja ve reducida su porción de bendición y vida. Quien actúe así habrá de sufrir y hasta perderse por completo. Mediante el estudio de la Torá y el cumplimiento de los preceptos, la persona se apega a Hashem mientras que quien se aparta de esta y transgrede sus preceptos se apega a la muerte.

Tal como está escrito (Dvarim 30:15-18): «Mira (oh Israel) que hoy he puesto ante ti la vida y el bien y la muerte y el mal. Si haces lo que te ordeno hoy andando en los caminos del Eterno tu Dios y cumpliendo Sus mandamientos y preceptos, vivirás y te multiplicarás y te bendecirá el Eterno tu Dios en la tierra donde vas para heredarla. Pero si se desviare tu corazón y en vez de escuchar la voz del Eterno te postrares ante otros dioses y los sirvieres, declaro que de seguro pereceréis. No prolongareis vuestros días en la tierra que vas a heredar allende el Jordán». D´s quiere que escojamos la vida, tal como está escrito (ídem 19-20): «Pongo hoy como testigos contra vosotros al cielo y a la tierra de que os di para escoger entre la vida y la muerte, entre la bendición y la maldición, y os exhorté a escoger la vida, para ti y tu simiente, amando al Eterno tu D´s, escuchando Su voz y siguiendo Sus caminos, pues Él es tu vida (oh Israel) y la extensión de tus días, para que puedas vivir en paz en la tierra que el Eterno juró a tus padres, Abraham Isaac y Jacob, que les daría».

Esto es lo que corresponde de acuerdo a la Ley Divina y Su juicio: que quien se acerca a D´s se acerca a la fuente de la vida y la bendición y por ende recibe más y más de éstas; y quien se aleja de D´s, por cuanto que se aparta de la fuente de la vida y la bendición sus días se acortan y por lo tanto las enfermedades, sufrimientos y desgracias se ciernen sobre él.

El libre albedrío es el gran obsequio que dio D´s al ser humano, y por lo tanto, todas las bondades que recibe la persona del Creador, las recibe con justicia y equidad, por lo que el ser humano se siente en plenitud, feliz y satisfecho, ya que obtuvo su lugar en el mundo mediante su propio esfuerzo y mérito. En cambio, si D´s le otorgase al ser humano todas sus bondades gratuitamente, éste no las disfrutaría ni le causarían felicidad alguna (Rabí Moshé Jaím Luzatto Derej Hashem 1:2).

Por lo tanto, el Juicio Divino debe ser verdadero, detallado y puntilloso, tomando en cuenta cada acción realizada, cada palabra dicha y cada pensamiento elucubrado. Por lo tanto, si bien el ser humano es juzgado según la mayoría de sus actos, de modo tal que si la mayor parte de estos son buenos es sentenciado positivamente, y será castigado por cada mala acción de la cual no se haya arrepentido o retornado en teshuvá. Asimismo, si la mayoría de sus acciones fueron malas y es sentenciado negativamente, de todas maneras recibirá su recompensa por cada buena acción realizada. El Rey de la Justicia (Melej Hamishpat) es quien sabe calcular todas estas cosas y es quien determina cuándo llegó el momento de la recompensa y cuándo el del castigo (Talmud Babilonio Tratado de Baba Kama 50(A), ídem Tratado de Jaguigá 5(A)).

El Creador quiere hacer el bien a sus creaturas, tal como está escrito (Salmo 145:9): «El Eterno es bueno para todos y Su benevolencia está presente en todas Sus obras», siendo el objetivo final del castigo la corrección del camino y no la venganza. En este mundo, el castigo tiene por cometido encaminar al ser humano a los efectos de que abandone las malas acciones y retorne al camino de la virtud, tal como está escrito (Dvarim- Deuteronomio 8:5): «También sabrás en tu corazón que así como un hombre reprende a su hijo, el Eterno tu D´s te reprende a ti». Si la persona no logró retornar al buen camino en este mundo a pesar de que tenga méritos, mientras el mal se encuentre apegado a él no puede acceder al bien que Hashem quiere prodigarle. Por esta razón es condenado a padecer sufrimiento en el Guehinom[1] para así limpiarse de todo mal y posteriormente ascender al paraíso o Gan Eden, tal como está escrito (Libro primero de Samuel 2:6): «El Eterno quita la vida y también la da. Hace bajar a la tumba y también hace subir». Aquellos que son completamente malvados son acabados en el Guehinom y se pierden (Talmud Babilonio Tratado de Rosh HaShaná 17(A), Pesikta Rabatí 40, Nefesh HaJaím 1:12).


[1]. Guehinom se traduce comúnmente como infierno, de todas maneras es teológicamente distinto del concepto cristiano o musulmán y no es este el sitio adecuado para entrar en pormenores  al respecto en virtud de lo extenso que podría resultar  (n. de t.).

03 – El tiempo para el juicio.

Tal como vimos en el primer inciso, tanto la Bendición como el Rigor Divino van de la mano, ya que el momento en el cual D´s concede vida al mundo es el momento del juicio que definirá quién habrá de ser bendecido y quién no. Dado que el Kadosh Baruj Hu crea en Rosh HaShaná la vida para todo el año, ese es pues el momento del juicio para todas las creaturas.

Respecto a ello, nuestros sabios, de bendita memoria, afirmaron en la Mishná (Tratado de Rosh HaShaná 1:2): «En Rosh HaShaná todos los seres humanos pasan delante de Él cual rebaño, tal como está escrito (Salmos 33:15): «Él que forma los corazones de todos ellos considera todas sus acciones». Además dijeron (Talmud Babilonio Tratado de Baba Kama 10(A)): «Tanto el sustento como las carencias de la persona son establecidos en Rosh HaShaná».

Si bien la fase principal del juicio así como también la redacción del veredicto, tienen lugar en Rosh HaShaná, el sellado del mismo se realiza en Yom Kipur. Por esta razón, los días que van de Rosh Hashaná hasta Yom Kipur son días de teshuvá y de plegarias a los efectos de mejorar la sentencia. Sobre esto dijo Rabí Meir: «Todos son juzgados en Rosh HaShaná y su veredicto es sellado en Yom Kipúr» (ídem Tratado de Rosh HaShaná). Asimismo, nuestros sabios, de bendita memoria, dijeron (Talmud Babilonio Tratado de Beitzá 16(A)): «El sustento de la persona es definido entre Rosh HaShaná y Yom Kipur».

Si bien el veredicto es sellado en Yom Kipur, en algunos casos especiales, existe la posibilidad de influir sobre la sentencia, tanto para anularla como para mejorarla, hasta Hoshaná Rabá y Sheminí Atzeret. Esto se debe a que recién entonces, los ángeles encargados de ejecutar las diferentes sentencias reciben los «papelitos» con las instrucciones correspondientes, y por ende este es el momento final del juicio anual (Zohar III 33:2, Pninei Halajá Sucot 6:1).

Además de ser Rosh HaShaná el día anual de juicio general para todo el año, existen tres oportunidades más: cada una de las fiestas de peregrinación que son en sí un tiempo de juicio. En Pesaj somos juzgados por la cosecha, en Shavuot por los frutos del árbol y en Sucot por el agua (Talmud Babilonio Tratado de Rosh HaShaná 16(A)). De esto se desprende que la bendición Divina desciende al mundo en los días sagrados y por ende en estos se lleva a cabo el juicio respecto del bien a recibirse. Las fechas de las diferentes fiestas se corresponden con diferentes ciclos naturales (Pninei Halajá Moadim 1:2): la fiesta de Sucot anuncia el inicio del invierno y, por lo tanto, por su intermedio recibimos la bendición del agua y en esta somos juzgados por el líquido elemento. En los días cercanos a Pesaj el trigo ya está creciendo y según cómo lo haga apreciamos la bendición y el rigor. En Shavuot los frutos de los árboles comienzan a crecer y a madurar, y por lo tanto por  intermedio de esta fiesta llega al mundo la bendición de éstos y a la vez somos juzgados. Es así que en Rosh HaShaná somos juzgados de manera general respecto del agua, la cosecha y los frutos mientras que el juicio en detalle por el agua tiene lugar en Sucot, el juicio detallado por la cosecha en Pesaj y el juicio detallado por los frutos del árbol en Shavuot.

04 – El descenso concatenado de la bendición y el juicio.

Si bien el veredicto se escribe en Rosh HaShaná y se sella en Yom Kipur, la conducta de la persona a lo largo del año influye significativamente. Esto se debe a que la bendición de vida que es adjudicada a la persona en Rosh HaShaná desciende concatenada y gradualmente al mundo mediante los novilunios y el Shabat y en el derrotero descendente la bendición puede tomarse para bien o para mal. Esta es la regla: los días sagrados tienen por finalidad derramar bendición sobre el mundo, cada día según su particularidad, y junto a la bendición aparece el juicio a los efectos de que la primera llegue a quien la merece.

Dado que la bendición desciende vía los novilunios, estos también fungen como días de juicio y por lo tanto son apropiados para la teshuvá, expiación y perdón. Quienes cumplen preceptos con excelencia acostumbran a hacer teshuvá en la víspera del novilunio (Un pequeño Yom Kipur o Yom Kipur Katán).

También el Shabat es sagrado y bendito y por su intermedio se recibe la bendición para los seis días hábiles. A los efectos de que la bendición descienda de manera apropiada, en Shabat se debe retornar a D´s por amor. El vocablo «Shabat» está emparentado con el vocablo «Teshuvá» (que significa retorno o arrepentimiento).

La bendición que desciende mediante los novilunios y el Shabat llega hasta los días hábiles, ya que cada día tiene una santidad particular y en cada jornada se manifiesta o revela una faceta especial de la Divinidad que es exclusiva a ese tiempo. Tal como dijo Rabí Iosei: «El ser humano es juzgado diariamente». Más aún, cada hora tiene una particularidad que permite revelar un aspecto único de la Divinidad y por lo tanto existe una suerte de juicio a cada hora. Tal como dijo Rabí Natán: «El ser humano es juzgado a cada hora» (Talmud Babilonio Tratado Rosh HaShaná 16(A)). Como contraparte de la bendición y el juicio de cada jornada, rezamos tres rezos diarios, Shajarit, Minjá y Arvit para así mejorar la sentencia del día.

Las sentencias de los juicios que se realizan en novilunios, Shabat y demás días no alteran el veredicto que fue escrito y sellado al comienzo del año. Esto se debe a que si bien el veredicto anual está definido desde principios del año, la forma de implementarse aún no está fijada y ésta es de suma importancia tanto para bien como para mal. Se puede ejemplificar esto con el presupuesto anual del Estado, el cual si bien es establecido a principio de año mediante la ley presupuestal y el gobierno carece de autoridad para modificarlo; de todas maneras cada ministro tiene la potestad para establecer de qué manera se distribuirá y hasta los funcionarios tienen la posibilidad de influir en su ejecución tanto para bien como para mal (ver Talmud Babilonio Tratado de Brajot 58(A)).

Nuestros sabios, de bendita memoria, expresaron una idea similar (Talmud Babilonio Tratado de Rosh HaShaná 17(B)) en el sentido de que las acciones que se realizan durante el año pueden inclinar el juicio para bien o para mal: «¿De qué manera para bien? Si los hijos de Israel eran malvados en Rosh HaShaná y se les sentenció un año de pocas lluvias y luego hicieron teshuvá, adicionarles lluvias no se puede pues el decreto ya fue emitido, empero el Kadosh Baruj Hu hace descender las precipitaciones en los momentos apropiados sobre las tierras más necesitadas (y así a pesar de lo limitado de la cantidad de agua el suelo es bendecido en abundancia). ¿De qué manera para mal? Si los hijos de Israel eran completamente justos en Rosh HaShaná y se les decretó un año de abundantes lluvias, pero luego se descarriaron, disminuirles la cantidad de agua no se puede  pues el decreto ya fue emitido, empero el Kadosh Baruj Hu hace descender las precipitaciones a destiempo sobre suelos que no las necesitan» y de esa manera no disfrutan de la bendición.

El orden correcto es que nos despertemos y comencemos a retornar en arrepentimiento en el mes de Elul, que aceptemos el Yugo Celestial en Rosh HaShaná para que de esa manera nuestra sentencia sea inscrita favorablemente, continuemos elevándonos en nuestra teshuvá hasta Yom Kipur y nuestra sentencia será sellada para bien, y en virtud de esta continuemos andando por la senda de Hashem, aprehendamos la santidad de los Shabatot, Fiestas y Novilunios para que de esta forma abunden la luz y la bendición todos los días, a toda hora y en todo momento.

05 – La sentencia para el mundo venidero.

En Rosh HaShaná el ser humano es juzgado y sentenciado tanto para su vida en este mundo como para la del mundo venidero. Respecto de la sentencia para este mundo ya estudiamos en las halajot anteriores y profundizaremos posteriormente. A continuación explicaremos el juicio para el mundo venidero. Primeramente debemos aclarar que la vida en el mundo venidero consta de dos etapas: la primera comienza con el fallecimiento de la persona y en esta la neshamá asciende al mundo de las almas en el cual hay Gan Eden o paraíso para los justos y Guehinom para los malvados. La segunda etapa llegará una vez que se complete la reparación del mundo, durante la resurrección de los muertos y las almas vuelvan a unirse a los cuerpos y juntos se eleven infinitamente (Rambán en Shaar Hagmul, Ramajal Derej Hashem I:3, ver en Shelá, Toldot Adam Beit David).

El mundo venidero, en sus dos etapas, es denominado el Mundo de la Verdad («Olam Haemet») en contraste con este mundo en el cual la mentira predomina y en el cual la imagen exterior oculta la esencia interior. En el mundo venidero se dilucida el verdadero sitial de la persona y el valor real de sus acciones.

Dado que el mundo venidero es infinitamente más importante que este mundo, por cuanto que el terrenal es como el «corredor» que conduce al primero (Mishná Tratado de Avot 4:16), el juicio principal que se realiza en Rosh HaShaná se ocupa principalmente del mundo venidero. Este juicio se divide en dos partes: en una se toman en cuenta todas las acciones realizadas durante el año, por las buenas obras es recompensado en el mundo venidero y por las malas le espera un castigo en el mismo lugar. Empero la sentencia que se dicta en Rosh HaShaná no es definitiva, ya que si en el correr de los años siguientes la persona rectifica sus pasos se podrá salvar del castigo en el Guehinom y aumentará su recompensa en el mundo venidero. En cambio, si D´s no lo quiera, la persona se arrepiente de las buenas acciones realizadas heredará Guehinom y perderá la recompensa que tenía reservada para el mundo venidero.

La segunda parte del juicio se centra en la posibilidad de acercarse a D´s en el año entrante. Quien es sentenciado para la vida en Rosh HaShaná, ene l correr del año se le presentarán oportunidades que le permitirán seguir elevándose en el estudio de la Torá y el cumplimiento de los preceptos, por medio de los cuales será meritorio de vida en el mundo venidero. Cuando estudie Torá, recibirá comprensión e iluminación suplementarias y cuando realice preceptos y buenas acciones, recibirá alegría y bendición suplementarias que son similares al mundo venidero. En caso de que la persona sea, D´s no lo permita, sentenciada para la muerte en ese año, a lo largo del año se le presentarán pruebas y acontecimientos que podrán alejarlo de Hashem y hacerle perder el mundo venidero. Si va  a estudiar Torá le será muy difícil captar su Luz Divina y si va a cumplir preceptos no tendrá el mérito de sentir el placer y la santidad de su acción. A esto se refieren nuestros sabios cuando nos dicen que (Mishná Tratado de Avot 4:2) «El cumplimiento de un precepto lleva al cumplimiento de otro y que una transgresión lleva a otra; por cuanto que la recompensa por el cumplimiento de un precepto es la realización de otro y la recompensa por una transgresión es la realización de otra» (Nefesh HaJaím 1:12).

La generalidad de la recompensa es denominada «vida» y la generalidad del castigo es denominada «muerte». Por «vida» se entiende el acercamiento y la conexión con Hashem que es la fuente de la vida, pues de esta manera la persona accede a todas las bondades que el Creador prodiga, tanto en este mundo como en el de las almas y en el venidero. Dado que el origen de todas las bondades y deleites terrenales que Hashem prodiga en este mundo se derivan de la vida que el Eterno vierte en este, la recompensa en el mundo venidero es infinitamente superior a todos los placeres de este que no son más que un pálido reflejo de la verdadera raíz de todos los placeres. Respecto de esto dijeron nuestros sabios (Mishná Tratado de Avot 4:17): «Es preferible una hora de placidez y serenidad en el mundo venidero que toda la vida en este mundo». Esto se debe a que en el mundo venidero, el individuo  puede acceder a disfrutar del resplandor de la Divina Presencia (Shejiná) y deleitarse en D´s, por lo que la vida en su interior se intensifica y supera enormemente. Empero, en este mundo, la Luz Divina llega a nosotros muy reducida tras pasar diferentes velos. Y sin embargo, mediante el apego a Hashem estudiando Torá y cumpliendo preceptos, la persona puede acceder en este mundo a una suerte de mundo venidero y deleitarse de la cercanía al Eterno.

A diferencia de la generalidad de la recompensa que es denominada «vida», la generalidad del castigo es denominada «muerte». La muerte implica lejanía de la fuente de la vida, la cual provoca que se incrementen los sufrimientos, llegando incluso a la muerte del cuerpo en este mundo y los padecimientos del Guehinom en el venidero.

06 – La profundidad del Juicio Divino y su complejidad.

Si bien las reglas generales del Juicio Divino son sencillas en cuanto a que quien va por los caminos de Hashem es bendecido en este mundo y en el venidero mientras que el malvado es castigado en ambos mundos; los detalles de este juicio son sumamente profundos y complejos. Por esta razón hay casos en los que un justo sufre de pobreza y enfermedades muriendo joven, y hay malvados que persisten en su inconducta, viviendo con salud y en abundancia. Esto puede obedecer a diferentes razones, tal como las detallaremos a continuación, y todo tiene por cometido la reparación del mundo.

Antes que nada es necesario conocer una regla general: el libre albedrío del ser humano es indispensable a los efectos de que el mundo sea reparado y por lo tanto, mientras esto no se haya alcanzado no es razonable que los justos disfruten y los malvados sufran. Por esta razón, la administración del Rigor Divino o «Din» es muy compleja y sus detalles múltiples, por lo que siempre existen justos que se enfrentan con sufrimientos y malvados que parecen gozar de los deleites de este mundo. De esta manera, el libre albedrío no se ve afectado, y aquella persona que elige el bien tiene el mérito de repararse a sí mismo y al mundo entero.

De todas maneras, cuando observamos a largo plazo, por ejemplo, respecto de temas vinculados a la familia y la felicidad verdadera de la vida, vemos que generalmente en este mundo los justos son bendecidos y los malvados castigados. El principal desafío que la inclinación al mal presenta al ser humano es el contemplar este mundo desde una perspectiva superficial y cortoplacista, mientras que la inclinación al bien estimula a la persona a contemplar este mundo en profundidad y a largo plazo. Por esta razón, a pesar de que en este mundo, a largo plazo mayormente los justos son recompensados y los malvados castigados, todavía se mantiene el libre albedrío ya que a corto plazo esta dinámica no se distingue.

Pasemos a explicar los detalles de la administración del Juicio Divino: en el caso de una persona destinada  a ser rica y enfrentarse a las pasiones que la opulencia implica, de modo tal que aunque peque abundantemente continuará siendo rico y todo su juicio en Rosh HaShaná es sobre la base de su holgura económica: ¿esta lo  hará feliz o acaso habrá de llenarlo de preocupaciones y sufrimientos? Asimismo, en lo que respecta al mundo venidero, ¿su riqueza le permitirá enfrentar tanto pruebas difíciles como sencillas? ¿Su dinero le ayudará a su labor espiritual? Hay personas destinadas a enfrentar las pruebas que presenta la pobreza y aunque su conducta sea muy meritoria continuará siendo pobre, por lo que su sentencia se basará en la pregunta si la pobreza será soportable o no. En cuanto al mundo venidero, la pregunta relevante será si su condición económica le ayudará a su desarrollo espiritual o atentará contra este. En muy contadas ocasiones, mediante méritos fuera de lo común o pecados gravísimos, una persona puede modificar el tipo de vida que tiene destinada.

Hay veces en las que el destino no es contundente sino que fija una tendencia general y permite modificaciones determinadas, por lo que el juicio de Rosh HaShaná puede influenciar en quien está destinado a la opulencia en cuanto a si será rico, bien acomodado o magnate o,  en el caso del pobre si este vivirá un poco apretado, muy apretado o será indigente.

07 – Los detalles del Juicio.

Hay personas que no están específicamente destinadas a la riqueza o la pobreza por lo que su perfil económico es variable, y entonces, si tomó  decisiones éticas en lo relativo al dinero y la caridad (tzedaká), le corresponde por Ley Divina enriquecerse para así poder continuar superándose en la realización de buenas acciones. Empero a veces, D´s sabe que si la persona se ha de enriquecer su inclinación al mal puede impulsarlo a la arrogancia, las bajas pasiones o la mezquindad por lo que podría perder su carácter de justo. Por lo tanto, dado que lo principal es el apego a D´s y de esta virtud depende la vida eterna de la persona, del Cielo, a veces se tiene piedad de la persona y se le sentencia a tener dificultades económicas a los efectos de salvarlo de duras pruebas y permitirle alcanzar el mundo venidero. En caso de que la persona no tenga el mérito suficiente, es posible que se enriquezca en este mundo  empero deberá enfrentar duras pruebas que pueden hacerle descender a profundos abismos.

Otro de los parámetros del Juicio Divino es la intensidad de la prueba que la persona necesita enfrentar a los efectos de optar por el bien y alejarse del mal. Hay individuos que fueron destinados a poseer una inclinación al mal muy poderosa o que se criaron en un entorno negativo y difícil y por lo tanto la poca Torá que consiguen estudiar o las pocas buenas acciones que logran realizar tienen un enorme valor y les hace meritorios de una gran recompensa. Tal como dijeron nuestros sabios (Mishná Tratado de Avot 5:23): «La recompensa es proporcional al esfuerzo». Hay quienes tienen una naturaleza benigna y se criaron en un buen entorno, por lo que en caso de que pequen su castigo será muy severo.

Existe otra variante en el Juicio Divino. A veces, se decreta que un malvado que cumplió algunos pocos preceptos reciba toda la recompensa en este mundo, a los efectos de que se pierda posteriormente en el Guehinom. Asimismo, a veces se decreta que un justo que cometió unas pocas faltas reciba todo su castigo en este mundo para así pasar limpio al Gan Eden.  Si bien la recompensa y el castigo en este mundo no son proporcionales a los del venidero, este tipo de sentencia es justo por cuanto que el malvado realizó buenas acciones por motivos exteriores, para poder vanagloriarse ante las personas, y por lo tanto es justo que reciba su recompensa en este mundo perecedero y no en el de la verdad, el mundo venidero. Otro tanto ocurre con la sentencia del justo, dado que su deseo interior es apegarse a D´s, si por error cometió alguna falta, dado que se trata de una inconducta exterior corresponde que su castigo sea también exterior, en este mundo, para que así el justo se vea refinado al punto que no le quede mancha alguna para el mundo venidero (Talmud Babilonio Tratado de Kidushín 39(B), Derej Hashem II 2:6).

Estos son algunos de los criterios que confluyen en la Sentencia Divina. Además, existen algunos parámetros generales de juzgamiento que serán detallados en la siguiente halajá. Desde el punto de vista de la persona, lo más importante es que retorne a D´s ya que si bien el Juicio Divino es insondable, de todas maneras sabemos con certeza que la teshuvá y las buenas acciones siempre son buenas para la persona, y que, además, la principal recompensa es para el mundo venidero y sólo una pequeña porción de la misma se recibe en este mundo. Mientras la persona se encuentra en este mundo que es el ámbito de la libre elección, el valor de sus acciones es inconmensurable y la hacen meritoria de recompensa eterna. Sobre esto dijeron nuestros sabios (Mishná Avot 4:2): «Es mejor una hora de teshuvá y buenas acciones en este mundo que toda la existencia en el mundo venidero».

08 – El juicio de la nación y el juicio individual tanto en la tierra de Israel como en la diáspora.

Es necesario saber que si bien el juicio en Rosh HaShaná es para la generalidad de la nación así como para cada individuo por separado, la sentencia individual está estrechamente vinculada e influenciada por la situación general del pueblo todo, cada etnia según sus cuestiones específicas. Y tal como estudiamos en la Torá respecto del pueblo de Israel en la porción de lectura (perashá) que habla de la bendición y la maldición (Vaikrá 26:3-4): «Si en mis leyes anduviereis y cumpliereis mis preceptos, os brindaré lluvias a su tiempo y la tierra dará su producto y el árbol del campo dará su fruto… y morareis con tranquilidad en vuestra tierra…Y perseguiréis a vuestros enemigos que caerán ante vosotros por la espada… Y andaré entre vosotros y seré vuestro D´s y vosotros seréis Mi pueblo…Mas si no me escuchareis y no cumpliereis estos mis mandatos, esto os haré: echaré sobre vosotros el terror, la tisis y la fiebre que consume los ojos y entristece el alma, y sembrareis vuestra simiente en vano porque vuestros enemigos la comerán…quebrantando vuestra envalentonada fuerza y tornando vuestro cielo como hierro y vuestra tierra como cobre. Y se desgastará vuestra fuerza inútil y no dará fruto vuestra tierra y no dará fruto el árbol de la tierra…Y haré de vuestras ciudades eriales y de vuestros santuarios una desolación y no aspiraré más los olores (de vuestros sacrificios)… Y os esparciré entre las naciones y esgrimiré una espada tras vosotros Y vuestras tierras serán devastadas y vuestras ciudades quedarán en ruinas…Y pereceréis a montones entre los pueblos y la tierra de vuestros enemigos os tragará».

Si bien no habría contradicción entre la sentencia colectiva y la individual; a veces, cuando la nación toda merece recibir abundancia y bendición esto no implica que algunos pocos no puedan ser castigados por sus malas acciones. Asimismo, cuando el pueblo todo es castigado, esta sentencia no se ve alterada si unos pocos son recompensados. Empero, a veces existe una contradicción entre la sentencia nacional y la individual como por ejemplo, cuando el pueblo es condenado a recibir un duro castigo como la destrucción o el exilio; en ese caso no hay otra alternativa que incluir también a los justos en la punición. De todas maneras el Juicio Divino sigue funcionando ya que en el mundo de las almas, en el Gan Eden, los justos recibirán su recompensa completa. Asimismo, a veces el pueblo todo es sentenciado para bien de modo tal que no es posible asignar a los malvados la completitud de su castigo en este mundo. En este caso la Justicia Divina termina de efectivizarse en el mundo de las almas, en el Guehinom. La compleción final de la Justicia Divina tendrá lugar en los días de la resurrección de los muertos, cuando las almas vuelvan a unirse con sus cuerpos.

Además, es necesario saber que cuando el pueblo de Israel se halla en el exilio y el sagrado Templo se encuentra destruido, la Divina Providencia está muy oculta en este mundo y parece como si Hashem hubiese abandonado la tierra y el mal predomina en el mundo tal que a los malvados les va bien y a los justos les va mal. Esto se debe a que así como las fuerzas del mal se incrementaron y pudieron destruir el Templo, de la misma manera el accionar de los malvados triunfa. Así como la Divina Presencia se encuentra en el exilio, de la misma forma los justos están sumidos en el sufrimiento y el dolor. A todo esto se le suma el hecho de que cuando se le decretan al pueblo de Israel duros castigos, todos los individuos padecen de las medidas colectivas.

Si bien aparentemente no es correcto que los justos sufran más, de todas maneras ellos se lamentan más por el exilio del pueblo de Israel. Por lo tanto, mientras la Gloria Celestial sea profanada entre las naciones, no tienen satisfacción en los placeres terrenales. Y a causa de su dolor y su duelo por Sión y la destrucción del Templo, tienen el mérito de apegarse a la Divina Presencia y acercar la redención, por lo que son enormemente recompensados.

09 – El Juicio del pueblo judío.

El juicio del pueblo de Israel ejerce influencia sobre todo el mundo, ya que este es en medio de las naciones como el corazón en el seno de los demás órganos, y la existencia del mundo todo depende de él. Esto obedece a que las naciones deben descubrir en el pueblo judío la luz de la Torá que las conduzca a la reparación definitiva. Respecto de esto, nuestros sabios, de bendita memoria, dijeron (Talmud Babilonio Tratado de Shabat 88(A)): «El Kadosh Baruj Hu condicionó a la creación toda diciéndole: si el pueblo de Israel cumple con la Torá podrán existir y de lo contrario os devuelvo al caos primigenio». Es así que desde la entrega de la Torá, el mundo existe en mérito del apego del pueblo de Israel a la Ley Divina y el cumplimiento de sus preceptos, y la redención universal depende de que los judíos hagan teshuvá. Dado que la responsabilidad que pende sobre el pueblo de Israel es enorme, el castigo que reciben los judíos por sus malas acciones es mayor que el que reciben los miembros de las demás naciones. Como contraparte, la recompensa que reciben los hijos de Israel por escoger el bien es mucho mayor, ya que de esta manera traen bendición y redención a todo el mundo.

Por esta razón, el juicio en Rosh HaShaná comienza primeramente sobre el pueblo de Israel, tal como está escrito (Salmos 81:4-5): «Tocad el Shofar ante la nueva luna, en lo oculto de nuestra festividad, porque es un precepto para Israel, una ordenanza (sentencia) del Dios de Yaakov»; y una vez que los hijos de Israel se presentan a juicio Hashem juzga a todas las demás naciones (Talmud Babilonio Tratado de Rosh Hashaná 8 (A y B).

Aparentemente, según las reglas de la Justicia Divina si D´s no lo quiera, el pueblo de Israel escogiese el mal camino, D´s lo hará desaparecer y destruiría el mundo. Empero, el Eterno los eligió como Su pueblo y estableció con ellos un pacto  por lo que, aunque los israelitas pequen en gran medida, Hashem no los  ha de abandonar, sino que los ha de castigar con terribles penurias hasta que retornen a la buena senda. Tal como está escrito al final de las maldiciones (Vaikrá 26:44-5): «Es que ni siquiera por todo eso, cuando estuvieren en tierras ajenas los desecharé totalmente ni Me dejaré llevar por Mi ira para anular Mi pacto con ellos, por cuanto Yo soy su D´s, el Eterno. Por ellos me acordaré de Mi Pacto con sus ancestros, a quienes libré de la tierra de Egipto ante los ojos de todos los pueblos para que Yo fuere su D´s, el Eterno».

Asimismo, vimos en las porciones de las bendiciones y las maldiciones del Deuteronomio que al final, tras muchos sufrimientos, D´s castigará con creces a los malvados que hostigaron al pueblo de Israel, redimirá a Su pueblo y expiará Su tierra tal como está escrito (Deuteronomio 32:43): «Él vengará la sangre de Sus siervos y castigará a sus adversarios y hará la expiación de la tierra y de Su pueblo»; y además los Salmos dicen (94:14): «Porque el Eterno no expulsará a Su pueblo ni abandonará a Su heredad».

Por lo tanto, vemos que el Juicio Divino no opera sobre la mera existencia del pueblo de Israel en este mundo y en el venidero sino respecto de cómo habrán de vivir, en paz y con bendición o, D´s no lo quiera, del modo opuesto. Asimismo al pueblo de Israel se le prometió que vendrá la redención, empero, si hace teshuvá entonces ésta sobrevendrá más rápida y tranquilamente. En cambio, si el pueblo de Israel no hace teshuvá, tras el largo exilio sobrevendrán penurias terribles las cuales causarán que se reúnan las diásporas y la tierra sea construida, tal que podamos seguir elevándonos hasta que merezcamos la redención y la teshuvá completas (Talmud Babilonio Tratado de Sanhedrín 97 (B), 98 (A) y Zohar III 66:2).

01. El mes de Elul y los toques del Shofar.

El mes de Elul así como los diez días de la teshuvá son especialmente apropiados para el retorno ya que en estos días Hashem accedió a perdonar al pueblo de Israel por el pecado del becerro de oro. Cuarenta días después de la entrega de la Torá, al demorarse Moshé en descender del Monte Sinai, un grupo de transgresores influenció en el pueblo de tal manera al punto de que forjaron un becerro de oro que sirva de sustituto a la conducción Divina. En ese momento la ira Divina se desató sobre el pueblo de Israel, al punto que Hashem le dijo a Moshé (Shemot-Éxodo 32:10): «Déjame pues que se desahogue Mi cólera contra ellos y los consuma, y haré de ti un pueblo grande». Moshé Rabenu intensificó sus plegarias y recordó a Hashem el mérito de los patriarcas logrando así detener el castigo. Acto seguido descendió del monte, quebró las tablas y junto a los hijos de la tribu de Levi ejecutó a los responsables del pecado, quemó y molió el becerro mezclando sus cenizas con agua haciendo beber de esta a toda la nación. Esta agua revisaba a cada persona, quien había participado del pecado moría al ingerirla. Sin embargo, el decreto de exterminio aun pendía sobre el pueblo de Israel, por lo que Moshé, en un acto de arrojo y entrega se presentó ante Hashem y exclamó: «Ruégote perdones a este pueblo…y si no les habrás de perdonar, bórrame, te ruego, del libro que escribiste» (ídem 32:32). De esta manera se derogó el decreto de exterminio al pueblo de Israel, empero estos aún se encontraban amonestados y alejados del Eterno, como si no se tratase de Sus hijos, Sus siervos o Su pueblo elegido;  incluso las primeras tablas recibidas por Moshé estaban quebradas.

Al iniciarse el mes de Elul, Moshé volvió a ascender al Monte Sinai para pedir clemencia y perdón para el pueblo de Israel y en el día de Yom haKipurim, la teshuvá o retorno sincero de estos fue finalmente aceptado, Moshé entonces, descendió para entregarles las segundas tablas y anunciarles que habían sido perdonados. En señal del reacercamiento y la recuperación del carácter de pueblo elegido, Hashem ordenó que erigiesen el tabernáculo para que, por su intermedio, la Divina Presencia se manifieste en el seno de Israel. Dado que no es casualidad que acontezcan semejantes eventos en días específicos, aprendemos de todo esto que los cuarenta días que van desde el inicio del mes de Elul a Yom Kipur son más que propicios para el retorno.

Por lo tanto, nuestros sabios, de bendita memoria, dijeron que «En el novilunio de Elul D´s le dijo a Moshé: «Sube a la montaña hacia Mi» (Deuteronomio-Dvarim 10:1), y se hizo pasar el sonido del Shofar en todo el campamento anunciando que Moshé habría de ascender nuevamente advirtiendo que no vuelvan a caer en la idolatría. El Eterno se elevó en ese toque de Shofar, tal como está escrito: «D´s se ha elevado entre aclamaciones. El Eterno subió al son del Shofar» (Tehilim- Salmos 47:6). Por esta razón, los sabios  establecieron que cada año se toque el Shofar al iniciarse (Rosh Jodesh) el mes de Elul» (Pirkei de Rabí Eliezer 46). Los sabios eligieron despertar al pueblo para el retorno mediante el sonido del Shofar, pues éste tiene la capacidad de advertir a la congregación que no peque e impulsar a muchos al arrepentimiento (Tur y Beit Iosef Oraj Jaím 581:1).

Es así que los hijos de Israel acostumbran a tocar el Shofar en el mes de Elul. Los ashkenazíes acostumbran a hacerlo todos los días al finalizar el rezo de Shajarit. Los sefaradíes acostumbran a rezar Selijot durante el mes de Elul y tocan el Shofar al recitar el Kadish final; y muchos acostumbran a tocarlo al pronunciar los trece atributos de la Misericordia Divina. Esta costumbre no es obligatoria, y sin embargo corresponde que el público se esmere en cumplirla, empero, si una persona sola no escuchó el Shofar, no debe procurar alguien que lo toque para él.

02. El fundamento de la costumbre de recitar Selijot.

Es una costumbre muy extendida en el pueblo de Israel, desde los días de los Gaonitas, el levantarse al amanecer durante los diez días del retorno para recitar Selijot. Lo más importante en esta costumbre es el despertar interior en búsqueda de un camino de retorno y pedir a Hashem perdón, rogarle que se apiade de Su pueblo que se encuentra desterrado en el exilio y sumido en la desgracia; que no mire las malas acciones y que recuerde el pacto que estableció con nuestros ancestros. También pedimos que recuerde la ligazón de Itzjak (Akedat Itzjak) y el sacrificio de todos los mártires que murieron consagrando el Nombre Divino. Pedimos por la reunión de las diásporas y por la construcción de nuestro país y de Jerusalém, por la reconstrucción del sagrado Templo y el retorno de la Divina Presencia a Sión. Especialmente se acostumbra a recitar Selijot (pedir perdón) en estos días en que el pueblo de Israel es sometido a juicio, pues las plegarias son mejor escuchadas. Es bueno que cada individuo participe junto al público, y que multiplique sus plegarias por el pueblo de Israel, el reposo de la Divina Presencia y la consagración del Nombre Divino en el mundo. Es justamente en el marco de estos pedidos generales que las plegarias personales serán aceptadas.

Los profetas instaban a los hijos de Israel a unirse en ayuno y oración en días difíciles para pedirle a Hashem que se apiade de Su pueblo y de Su tierra, tal como está escrito (Ioel 2:15-18): «Tocad el Shofar en Sión, proclamad un ayuno, convocad a solemne asamblea, reunid al pueblo, llamad a la congregación, juntad a los ancianos, reunid a los niños y a los que amamantan. Salga el novio de su cámara y la novia de su palio nupcial (jupá). Lloren los sacerdotes entre el pórtico y el altar y digan: «Compadécete oh Eterno, de Tu pueblo y no sea Tu heredad motivo de oprobio para que no se enseñoreen de ella los demás pueblos. ¿Por qué han de decir entre los pueblos: Dónde está el D´s de ellos? Y fue el Eterno celoso de Su tierra y tuvo piedad de Su pueblo».

Conjuntamente con el rezo y el recitado de Selijot es necesario hacer teshuvá y corregir las acciones. Es así que la costumbre en estos días de Elul, es recitar Selijot, estudiar de libros de Musar (ética y moral) y llevar a cabo conferencias públicas de despertar espiritual. Hay quienes acostumbran a dirigir a la comunidad palabras de estímulo al arrepentimiento, previo al inicio del recitado de las Selijot.

03. Las Selijot en nuestros días.

Hoy día también es muy necesario recitar Selijot ya que una vez que el Eterno se apiadó de nosotros y comenzó a redimirnos reuniendo a los dispersos de Israel y permitiéndonos poblar nuestra tierra, debemos nuevamente esmerarnos en hacer teshuvá y suplicarle que se apiade de nosotros. Pedimos también que continúe devolviendo a los exiliados con su inmensa generosidad, a la tierra que heredó a nuestros ancestros y a nosotros, y que nos permita retornar a Él íntegramente para poder crecer en Torá, santificarnos con Sus preceptos, construir el sagrado Templo e iluminar al mundo entero con fe en Él a la luz de Su enseñanza.

Los judíos que regresaron de Babilonia en días del retorno a Sión, al igual que nosotros hoy en día, se enfrentaron a duros problemas espirituales; y en virtud de que hicieron teshuvá tuvieron el mérito de construir el segundo Templo. Así lo describió Ezra HaSofer (el escriba) quien migró a la tierra de Israel desde Babilonia encontrándose allí con que muchos de los judíos habían desposado mujeres gentiles con la complicidad de los ministros y gobernantes:

«Cuando oí tal cosa rasgué mis vestidos y mi manto y me arranqué los cabellos de mi cabeza y  mi barba y me senté apesadumbrado. Entonces se reunieron junto a mí, por causa de la infidelidad de los del cautiverio, todos los temerosos de la palabra de D´s  y seguí atónito hasta la ofrenda de la tarde. Y cuando fue la ofrenda vespertina me levanté de mi ayuno y rasgados mis vestiduras y mi manto caí de rodillas y extendí mis manos hacia el Eterno mi D´s y Le dije: «Oh D´s mío, estoy avergonzado de presentar mi rostro ante Ti, porque nuestras iniquidades se han incrementado mucho y nuestra culpabilidad ha crecido hasta los cielos. Desde los días de nuestros padres hemos pecado en gran manera hasta el día de hoy, y por nuestras iniquidades nosotros, nuestros reyes y nuestros sacerdotes fuimos entregados en las manos de los reyes  de las tierras (extrañas), a la espada, al cautiverio, al botín y a la confusión de los rostros, como en este día. Y ahora el Eterno nuestro D´s nos ha concedido un momento de gracia dejando que un resto de nosotros fuese librado para darnos un refugio en Su santo lugar y para que nuestro D´s ilumine nuestros ojos y nos dé un poco de ánimo en nuestra servidumbre. Por cuanto que siervos somos; sin embargo, nuestro D´s no nos ha abandonado en nuestra servidumbre, sino que ha extendido Su misericordia a la vista de los reyes de Persia, para hacernos revivir, reedificar la Casa de nuestro D´s y reparar sus ruinas y darnos un vallado en Judá y en Jerusalém. Y ahora, oh D´s nuestro, ¿qué diremos después de esto? Porque hemos abandonado Tus mandamientos…Y después de todo lo que nos ha sobrevenido por nuestras malas acciones y por gran culpabilidad, viendo que Tú, nuestro D´s, nos has castigado menos de lo que merecemos por nuestras iniquidades… ¿hemos de quebrantar nuevamente Tus mandamientos contrayendo matrimonio con los pueblos que cometen tales abominaciones? ¿No se justificaría acaso que te enfurezcas contra nosotros hasta consumirnos, de modo que ya no haya más resto ni nadie que pueda escapar? ¡Oh Eterno D´s de Israel! Tú eres justo, porque hemos quedado un resto que se ha librado, como ocurre hoy. He aquí que estamos ante Ti en nuestra culpabilidad, porque nadie puede permanecer ante Ti por causa de esto» (Libro de Ezra 9:3-15).

El dolor, el ayuno y la plegaria de Ezra impulsaron al pueblo a retornar en teshuvá, tal como está escrito (ídem 10:1-5): «Y mientras Ezra oraba, confesaba, lloraba y se postraba ante la Casa de D´s, se reunía en torno a él una gran multitud de hombres y mujeres y niños de Israel, y todo el pueblo lloraba amargamente». Entonces aceptaron sobre sí el pacto con Hashem y decidieron abandonar a las mujeres y a los niños que no aceptasen convertirse. «Levantóse pues Ezra y juramentó a los principales de los sacerdotes, los levitas y todo Israel juraron que harían conforme a lo que se había dicho. Y así juraron». Empero, en esos días la Divina Presencia no volvió a reposar en el segundo Templo tal como en el primero ya que muchos judíos no hicieron teshuvá y se quedaron a vivir en Babilonia. Finalmente, también el segundo Templo fue destruido por causa de nuestras transgresiones.

Si bien en el lenguaje de las Selijot hay frases que se corresponden con los días del exilio, al punto que hay personas que tienen dificultad en identificarse con su  contenido y hasta temen que el recitarlas implique una omisión a la verdad. Empero si miramos al pueblo de Israel como una sola nación que vive y ha vivido a lo largo de todos los tiempos, de modo tal que cada uno de nosotros está vinculado a todos los judíos que vivieron en generaciones anteriores y en todos los países, podremos recitar los pasajes susodichos de las Selijot con gran identificación. Esto se debe a que nosotros también vivimos junto a nuestros ancestros que lo hicieron en el exilio y sufrieron penas terribles y humillaciones espantosas al punto de que casi perdimos las esperanzas. Estuvimos junto a los mártires en todos los decretos de conversiones forzadas, durante las Cruzadas y en los sótanos de la Inquisición, en las matanzas de los musulmanes y en los eventos de 1648-9 (Ucrania, n. de t.), y por último en el peor de los eventos, el terrible Holocausto del que sólo han transcurrido setenta años. ¿Cómo podríamos sentirnos tan confiados al punto de afirmar que las súplicas que aparecen en el texto de las Selijot no se condicen con nuestra realidad, cuando aún viven entre nosotros miles de sobrevivientes que pasaron por los campos de  exterminio y los guetos, estando el mundo aún lleno de malvados que declaran públicamente su aspiración a continuar la labor de los nazis?. Por lo tanto, se pueden recitar todavía las súplicas de las Selijot con una profunda identificación espiritual y emocional.

04. La redacción de las Selijot.

Dado que nuestros sabios, de bendita memoria, no establecieron explícitamente el deber de recitar Selijot estas no tienen una versión o redacción ordenada, y cada una de las diferentes comunidades agregó súplicas y poesías de su propia autoría. De todas maneras, existe un marco general común a todas las versiones, tal como figura en el orden del Rav Amram Gaón: se comienza con el recitado de «Ashrei» (alabanza de David), ya que lo aceptado es comenzar cada plegaria con loas a Hashem. Luego se recita medio Kadish y se dice «Tuya D´s es la justicia y nuestro es el oprobio» etc. y «A ti que escuchas las plegarias, acudirá toda carne» etc, y otros versículos de súplicas y pedidos, se recitan los trece atributos de la misericordia (midot derajamim), la confesión y la porción de «Pecamos más que cualquier otra nación». Sobre el final se recita la súplica «Respóndenos Padre respóndenos» etc, y «Actúa en pos de Tu Nombre» etc. Finalmente  nos inclinamos sobre el rostro y culminamos con el recitado de  un «Kadish Titkabal».

Rav Amram Gaón escribió que quien quiera agregar versículos, Selijot y poesías suplementarias creadas por los «paitanim» o poetas litúrgicos aceptados, sobre la base de esta versión primaria, puede hacerlo. Es así que se acostumbra a agregar numerosas poesías en las Selijot, de modo tal que entre poesía y poesía se recitan los trece atributos de la Misericordia Divina. En estas poesías suplementarias existen diferencias entre las tradiciones sefaradí y ashkenazí. Una de las diferencias es que según la usanza sefaradí se recita el mismo texto todos los días, mientras que según la ashkenazí sobre la base de un texto primario cada día se agregan diferentes poesías.

En caso de que los orantes no dispongan de tiempo suficiente pueden saltearse algunos de los poemas y recitar las Selijot básicas tal como vienen en el orden de Rav Amram Gaón, pero deberán intentar recitar aquellos poemas que más impulsan a la persona al retorno.

05. Los días en que se recitan Selijot y su obligatoriedad.

En días de los Gaonitas, durante los Diez Días de Teshuvá  se acostumbraba en las dos mayores ieshivot de Babilonia a recitar Selijot, y en algunos pocos sitios se acostumbraba a recitarlas durante todo el mes de Elul.

En las postrimerías de los días de los Rishonim (sabios medievales), en las comunidades sefaradíes se adoptó la costumbre de recitar Selijot durante todo el mes de Elul y los Diez Días de Teshuvá (Shulján Aruj 5812:1) teniendo en cuenta que en Rosh Jodesh (novilunio de) Elul no se recitan Selijot (Rabí Menajem Azariá de Pano 79, Kaf HaJaím 1). A medida que nos acercamos a Rosh Hashaná, mayor es el número de personas que se levanta en la madrugada a recitar Selijot, especialmente durante los Diez Días de Teshuvá.

Según la usanza ashkenazí se comienza a recitar Selijot el sábado por la noche (motzaei Shabat) anterior a Rosh Hashaná siempre y cuando alcancen a hacerlo al menos cuatro días. Esto significa que si Rosh Hashaná cae en días jueves o Shabat se comienza a recitar Selijot el sábado por la noche anterior a la fiesta. Empero, si Rosh Hashaná cae en días lunes o martes se comienza a hacerlo dos sábados por la noche anterior a la fiesta.

Si bien los Rishonim no estipularon que el recitado de Selijot sea de carácter obligatorio, los judíos acostumbran a hacerlo. Sin embargo, en el caso de quien le resulta muy dificultoso madrugar para Selijot durante el mes de Elul puede no hacerlo. Durante los Diez Días de Teshuvá deberá esforzarse en hacerlo ya que estos son días muy propicios para la teshuvá y la expiación (ver Talmud Babilonio Tratado de Rosh HaShaná 18(A), Rambám Teshuvá 2:6).

En el caso de quien no puede ir a dormir temprano, y el levantarse para Selijot puede causarle una fatiga tal que le impida cumplir con todas sus obligaciones laborales, es mejor que tampoco madrugue para Selijot durante los Diez Días de Teshuvá. En este caso, que procure recitar Salmos y, en caso de así desearlo, que recite durante el día, del texto de las Selijot, la parte permitida para personas que rezan individualmente (más adelante inc. 7).

Se acostumbra a indicar que también aquellos que se dedican con ahínco al estudio de la Torá, corresponde que dediquen el tiempo necesario para el recitado de Selijot (Birjei Iosef y Shaarei Teshuvá 581:1). Es así que en todas las ieshivot se acostumbra a recitar Selijot si bien esto se hace a cuenta del tiempo de estudio. Empero, en el caso de la persona para quien el madrugar le implique perder más tiempo de estudio durante el día del que habrá de dedicar a las Selijot, (ya que el cambio de horarios le ocasionará pérdida de concentración), es mejor que no se levante.

06. El horario de recitado de Selijot.

El mejor horario para recitar Selijot es al final de la noche, ya que es tiempo de misericordia y buena voluntad, momento de expectativa por la irrupción de la primera luz y la revelación de la Palabra Divina en el mundo. En este  momento todos duermen, el mundo está silencioso y limpio de malos pensamientos o malas acciones, entonces la plegaria prorrumpe de las profundidades del corazón quebrando así todas las barreras o velos que se interponen, y la oración es aceptada. De todas maneras, a partir de medianoche comienza el horario apropiado para recitar Selijot ya que entonces comienza la expectativa por la llegada de la aurora y es un tiempo de benevolencia y misericordia.

En las últimas generaciones el común de la gente acostumbra irse a dormir tarde y el horario común de levantarse oscila entre las seis y las siete de la mañana, esto es, unas dos horas después de la aurora. De levantarse al despuntar el alba, las personas estarán cansadas todo el día por lo que sus trabajos y estudios pueden verse afectados. Por esta razón, hoy día, muchas personas acostumbran a levantarse para Selijot una hora o media hora antes del horario habitual del rezo de Shajarit. Si bien entonces ya aclaró el día todavía se trata de un horario propicio para el recitado de Selijot. De ser posible, es preferible recitarlas por la noche pasada la medianoche. De todas maneras hay que tener cuidado que el recitado de las Selijot no provoque cansancio al grado tal que afecte la capacidad de la persona de cumplir con sus obligaciones laborales o de estudio.

Hay quienes opinan que en el caso de que la congregación no pueda organizarse para levantarse más temprano y recitar Selijot, se permite de manera extraordinaria que lo hagan a las diez de la noche a pesar de que aún no es medianoche (ver Igrot Moshé Oraj Jaím 2:105). Empero, en la práctica es mejor recitar las Selijot individualmente en el horario correcto ya que según la opinión de los kabalistas y muchos de los juristas, antes de medianoche no es horario propicio para Selijot, porque entonces el Rigor Divino aún está activo y el entorno está aún lleno de interferencias e impurezas de todo tipo así como de pensamientos negativos y acciones impropias (Birjei Iosef 581:1-2, Shaarei Teshuvá 1, Mishná Berurá 565:12).

Hay juristas que opinan que se debe ser meticuloso con cada expresión que emitimos durante las Selijot, cosa de no decir una mentira, como en el caso de las poesías que rezan «nos hemos levantado en la madrugada» etc, siendo que  quien recita Selijot después que aclaró o poco después de medianoche debe salteárselas (Aruj Hashulján 581:4).Se acostumbra a no tener cuidado de esto ya que la versión es una para todo el pueblo de Israel y por cuanto que diariamente hay judíos que sí se levantan en el horario ideal todos podemos decir, en su mérito, «nos hemos levantado en la madrugada».

07. Leyes referentes a las Selijot.

Se recitan las Selijot con Minián ya que los trece atributos de la Misericordia Divina son una cuestión referente a la Santidad (davar shebakdushá) y requieren de quórum (Shulján Aruj 565:5), y por supuesto que este se requiere también para recitar tanto el Medio Kadish inicial como el Kadish Titkabal final. Si en el horario fijado para recitar Selijot no se logró reunir Minián corresponde recitar «Ashrei», las súplicas y las poesías y saltear tanto los trece atributos de la Misericordia Divina como el prólogo que los antecede. Al momento en que se completa el Minián se deben recitar tres versículos, Medio Kadish y a partir de ahí se ha de comenzar con el recitado de los trece atributos entre las plegarias y las poesías (Mishná Berurá 581:4).

En el caso de quien se encuentra en un sitio en el cual carece de Minián para recitar Selijot, puede, si así lo desea, hacerlo individualmente salteándose los trece atributos de la Misericordia Divina que requieren de quorum o que los lea con la melodía de quien lee la Torá. Hay juristas que sostienen que en caso de recitar Selijot individualmente se deben saltear también las plegarias redactadas en la lengua aramea (Shulján Aruj 565:5, Mishná Berurá 581:4). Hay también quienes acostumbran a recitarlas individualmente (Kaf HaJaím 581:26).

Si bien no es preceptivo envolverse en el manto de oración o talit por la noche, según la usanza ashkenazí el oficiante de las Selijot lo viste en honor a la plegaria y a la congregación (Maguén Abraham 18:2, Shaar Hatziún 581:3). Según la usanza yemenita toda la congregación viste talit.

Según la sefaradí, el oficiante no precisa vestir talit ni siquiera en el servicio de Minjá y por ende tampoco en el de Arvit o durante las Selijot que se recitan por la noche. Empero, cuando el oficiante no está vestido con suficiente decoro, como por ejemplo si no viste un traje, es correcto que se ponga talit (HaRav Eliahu, Mikrael Kodesh 1, comentario 35).

Si el rezo es por la noche, el oficiante que viste talit no recita la bendición correspondiente al manto por cuanto que se trata de un caso dudoso: según Rabenu Asher (Rosh) se recita bendición por el talit a la noche y en opinión de Rambám no se recita. En caso de duda en cuestiones referentes al recitado de bendiciones se adopta la posición más flexible (Levush 581:1, ver Mishná Berurá 6). Hay quienes tienen el cuidado de vestir el talit de un amigo con la intención de no apropiárselo o adquirirlo, y por cuanto que talit prestado no requiere de la bendición correspondiente todos los juristas coinciden que en este casono se recita bendición (Tur Zahav 581:2).

En el caso de que un novio (en su semana nupcial),  o bien, el padre, el padrino o el Mohel de un niño que va a ser circuncidado ese día participan de las Selijot, también deben recitar la confesión e inclinarse sobre su rostro. Si bien hay juristas que no están de acuerdo esta es la práctica aceptada. Dado que el recitado de Selijot no es un deber absoluto, es mejor que los antes mencionados no participen del recitado de Selijot para que el público no se encuentre ante una situación de duda.

Según la usanza sefaradí se recita parte de las Selijot de pie y parte sentados; según la usanza yemenita se recita la mayoría de las Selijot sentados, mientras que según la ashkenazí todas se recitan de pie. En el caso de quienes les cuesta mantenerse de pie pueden sentarse y habrán de esmerarse de hacerlo durante la confesión (vidui), el recitado de los trece atributos de la Misericordia Divina y la apertura del arca sagrada. En el caso de ancianos, personas débiles y enfermos a quienes les cuesta mantenerse de pie, pueden permanecer sentados durante todas las Selijot (ver adelante 12).

08. Los trece atributos de la Misericordia Divina (Midot DeRajamim).

El punto culminante de las Selijot es el recitado de los trece atributos de la Misericordia Divina, que son los parámetros supremos por medio de los cuales Hashem dirige al pueblo de Israel. Estos atributos le fueron revelados a Moshé Rabenu una vez que Hashem perdonó al pueblo de Israel tras haber cometido el pecado del becerro de oro. En esta ocasión Moshé le pidió al Creador: «Muéstrame ahora Tu Gloria»,  a lo cual Hashem le respondió: «Yo haré pasar toda Mi bondad ante tu vista y pronunciaré Mi nombre ante ti», esto es, te revelaré los atributos mediante los cuales dirijo al pueblo de Israel. «Y descendió el Eterno en la nube y Moshé se acercó invocando Su Nombre». «Y mientras pasaba el Eterno delante de él exclamó: «Oh Eterno, Oh Eterno, D´s piadoso y clemente, lento en iras y grande en mercedes y en fidelidad que prodigas Tus favores a miles de generaciones, perdonas la iniquidad y el pecado pero no los dejas impunes». Estos son los trece atributos de la Misericordia Divina.

«Dijo Rabí Iojanán: si esto no estuviese en las escrituras nosotros no podríamos pronunciarlo. Aprendemos de aquí que el Kadosh Baruj Hú se envolvió en su manto de oración cual oficiante y le mostró a Moshé el orden de las plegarias a recitar. Le dijo: cuando el pueblo de Israel peque, que obren de acuerdo a esta orden y Yo los he de perdonar» (Talmud Babilonio Tratado de Rosh Hashaná 17(B)). Por esta razón, al recitar Selijot, en los días de ayunos públicos y en Yom Kipur, se dicen reiteradamente los atributos de la Misericordia Divina.

Justamente, tras el terrible pecado del becerro de oro, es cuando se evidencia que el nexo entre Hashem y el pueblo de Israel es eterno y ningún pecado puede dejarlo sin efecto. Si bien las transgresiones generan castigos y duros sufrimientos, desde su esencia el nexo entre Hashem y el pueblo de Israel se mantiene inmutable, por lo que siempre se puede retornar en teshuvá. Mediante el recitado de los trece atributos nos elevamos en nuestra fe y nos conectamos con Hashem de un modo tan profundo y elevado que los pecados cometidos resultan exteriores y superficiales, por lo que fácilmente se puede retornar al buen camino. Dado que al recitar los trece atributos se revela la virtud singular de la nación israelita, esto se puede hacer únicamente con Minián (Shulján Aruj 565:5, en el inciso 7 se especifica la regla que aplica para un individuo).

09. Ayunos a los efectos de retornar en teshuvá.

Muchos acostumbran ayunar en víspera de Rosh Hashaná a los efectos de asumir padecimientos que expíen por los pecados, ya que aquellas restricciones que la persona acepta para sí en el momento de retornar en teshuvá le limpian y eximen de los graves castigos que sus trasgresiones le ameritaron. Otro tanto ocurre con los ayunos públicos, estos expían a la congregación por los pecados cometidos y la eximen de padecer castigos.

Dijeron nuestros sabios (Midrash Tanjuma Emor 21): «Esto se asemeja a una ciudad que le debía un gran impuesto al rey, éste enviaba continuamente representantes para que cobren la deuda, mas sus gentes no lo abonaban ya que la suma era muy abultada.  ¿Qué hizo el rey? Le dijo a su corte y a su ejército: ¡Vayamos contra ella! Tras marchar unas diez millas los habitantes de la ciudad se enteraron de la invasión en camino y temieron. ¿Qué hicieron? Los notables de la misma salieron a recibir al rey. Este les preguntó: ¿Quién sois? Le respondieron: somos habitantes de la ciudad hacia la que marchas para cobrar el adeudo. ¿Qué queréis? Le respondieron: por favor ten clemencia de nosotros ya que no tenemos cómo pagar. Les respondió: os hago una quita de un tercio del importe. Al acercarse más a la ciudad salieron a su encuentro los de la clase media. Les preguntó: ¿Quién  sois? Le respondieron: somos habitantes de la ciudad a la que marchas para cobrar el adeudo, mas no podemos abonarlo y os pedimos tengas clemencia de nosotros. El rey les hizo una segunda quita de un tercio. Cuando ya se aproximó más a la ciudad salieron a su encuentro todos los habitantes de la misma, tanto los notables como el populacho. Les pregunto: ¿Qué queréis? Le respondieron: Señor nuestro, no tenemos con qué pagar lo que os debemos. Entonces, el rey les condonó el total de la deuda.

El rey es el Rey de Reyes el Kadosh Baruj Hú, enaltecido sea Su nombre, los habitantes de la ciudad son el pueblo de Israel que cometen pecados todos los días del año. ¿Qué hace el Kadosh Baruj Hú? Les dice: retornad en teshuvá desde Rosh Hashaná. ¿Qué hacen? En vísperas del año nuevo los grandes maestros de la generación ayunan y Hashem les hace una quita de un tercio de las trasgresiones, desde Rosh Hashaná hasta Yom Kipur algunas personas ayunan y Hashem les quita otro tercio de las trasgresiones. En Yom Kipur todo el pueblo de Israel ayuna y pide clemencia, hombres mujeres y niños y entonces el Kadosh Baruj Hú les borra toda la cuenta, tal como está escrito (Vaikrá 16:30): «por cuanto ese día hará expiación por vosotros, para purificaros de todos vuestros pecados ante el Eterno»

Dado que nuestros sabios afirmaron que el ayunar previo a Rosh Hashaná es sumamente beneficioso, antiguamente acostumbraba hacerlo casi todo el pueblo (ver inciso próximo). Así está escrito en el Shulján Aruj (581:2): «Se acostumbra  a ayunar en víspera de Rosh Hashaná». Sin embargo, no se trata de un ayuno  importante como los que recuerdan la destrucción del Templo, y por lo tanto muchos acostumbraban a hacerlo sólo hasta el mediodía o hasta «plag haminjá[1]«. De todas maneras no se solía ayunar hasta el final del día para no recibir la festividad cuando están ayunando (Ramá allí, Mishná Berurá 562:10).

Había quienes ayunaban diez días, tal como escribió el Ramá (ídem): «Los puntillosos acostumbran a ayunar cada uno diez días y es bueno hacerlo». Durante los Días del Retorno solían ayunar seis jornadas de las diez ya que en los dos días de Rosh Hashaná, en Shabat Shuvá y en víspera de Yom Kipur no se debe ayunar. A los efectos de completar diez días de ayuno se agregaron cuatro antes de Rosh Hashaná.

En las últimas generaciones se redujo mucho la cantidad de personas que acostumbran a ayunar, e incluso en víspera de Rosh Hashaná la mayoría de las personas no lo hacen. Hay quienes consideran que la gente es más débil y consentida que antes, por lo que no corresponde pedirles que se aflijan mediante prácticas piadosas (Jaié Adam 138:1). Los grandes maestros Jasídicos entienden que el servicio a D´s en estas generaciones debe ser realizado principalmente con alegría, por lo que se deben evitar prácticas que atenten contra ella. Quien desee cumplir con esta costumbre mas ayunar le resulta difícil, que lo sustituya mediante tzedaká aportando la suma que estaría dispuesto a abonar con tal de no hacerlo o, al menos que aporte el valor delos alimentos que acostumbra a consumir en el día.


[1]. Aproximadamente una hora y cuarto antes de la puesta del sol (n. de t.)

10. Víspera de Rosh Hashaná.

Tal como aprendimos en el inciso anterior, en los días de los Rishonim (Edad Media) la mayor parte del pueblo judío acostumbraba a ayunar en víspera de Rosh Hashaná (Shulján Aruj 581:2, Mishná Berurá 16). Hoy en día la mayoría de las personas acostumbra a no ayunar y sólo una pequeña minoría lo hace hasta el mediodía o «plag haminjá», mientras que otros sustituyen el ayuno mediante tzedaká.

Los ashkenazíes acostumbran recitar, en este día especialmente, más Selijot que de costumbre y en caso de haber comenzado a recitarlas antes que aclare el alba, se inclinan sobre el rostro (Nefilat Apaim) al finalizarlas. Empero, en el rezo de Shajarit no lo hacen por tratarse de víspera de fiesta. Si se comenzaron a recitar las Selijot después que despuntó el alba, se omite la inclinación sobre el rostro al finalizar las mismas (Mishná Berurá 581:23).

En víspera de Rosh Hashaná no se toca el Shofar, a los efectos de diferenciar entre los sonidos de Elul que no son de carácter preceptivo y los toques obligatorios de la festividad (Shulján Aruj 581:3, Levush). Hay quienes tienen el cuidado de no entrenarse ese día en el toque del Shofar para Rosh Hashaná, empero, en la práctica se puede practicar en una habitación cerrada (Maguén Abraham 14; Eliahu Rabá 4, Mishná Berurá 24).

Dado que la celebración de Rosh Hashaná es un día sagrado (Mikrá Kodesh) debe ser honrada de igual manera como el Shabat o las fiestas. Debemos prepararnos para su llegada limpiando la casa, lavando la ropa, bañándonos, preparando alimentos sabrosos y ornamentando la mesa. Quien precisa cortarse el cabello o afeitarse es preceptivo que lo haga en honor a la fiesta (Shulján Aruj  581:1, ver adelante cap. 3 y 4).

Se acostumbra a poner esmero en la preparación de variados alimentos para la mesa de Rosh Hashaná, y esto se considera como una buena señal para un nuevo año bueno y abundante. Así fue la tradición ancestral del pueblo judío, ya que se acostumbraba a faenar abundantes animales en víspera de Rosh Hashaná para las comidas festivas, al punto que es uno de los cuatro días del año en los que el matarife ritual más trabaja; por lo que se debe poner atención en no degollar a la madre y al hijo en el mismo día (Talmud Babilonio Tratado de Julín 83(A)).

Hay quienes acostumbran a ir a la Mikve (baño ritual) en víspera de Rosh Hashaná a los efectos de purificarse de cara al Día del Juicio (Ramá 581:4). En el caso de quien desee y le resulta dificultoso hacerlo  puede cumplir con esta tradición piadosa bañándose con nueve «kavín» de agua (Mishná Berurá 26), esto es, que se pare bajo la ducha hasta que hayan caído sobre si once litros de agua ininterrumpidamente teniendo el recaudo de que el agua lave todas las partes de su cuerpo (Pninei Halajá Moadim 1:16 obs. 8).

En víspera de Rosh Hashaná se acostumbra a liberar las promesas y  declarar la intención de abstenerse de formularlas en el año entrante (tal como se explicará más adelante 5:11 y 12).

11. El oficiante en los Días Solemnes.

El oficiante tiene un rol central que es el de dirigir el rezo. A veces todo el público recita junto a él las plegarias y él es quien imparte el ritmo; en otras ocasiones reza solo como enviado o representante de la congregación y ésta responde «Amén» tal como en la repetición de la Amidá o durante el recitado de los diferentes Kadish. Por esta razón el oficiante recibe la denominación de «Sheliaj Tzibur» que significa representante del público.

Por esta razón se debe tener cuidado de que el oficiante sea digno del rol sagrado  a desempeñar. Debe tratarse de una persona honesta, que no detente pecados importantes, especialmente que no haya robado. Debe además tratarse de alguien que llegó a adulto sin haber manchado su buen nombre, ni siquiera en su juventud mediante trasgresiones alevosas o premeditadas. Debe tratarse de una persona humilde y bien aceptada por la gente ya que es su representante. Debe recitar habitualmente las plegarias con precisión, así como también debe estudiar Torá y las enseñanzas de nuestros sabios con asiduidad. Debe saber entonar correctamente las diferentes melodías, su voz ha de ser agradable para así honrar con esta a su Creador e inducir a la congregación a concentrarse y elevarse en sus plegarias. En caso de no encontrar una persona que detente todas las virtudes antes mencionadas, se ha de escoger a quien se aproxime más al ideal, tanto en sabiduría como en buenas acciones (Talmud Babilonio Tratado de Ta´anit 16(A), Shulján Aruj 53:4-5).

En caso de que se presenten dos alternativas: un anciano que carece de estudio de Torá y no entiende el significado de las palabras del rezo pero que posee una bonita voz y es querido por el público; o un muchacho de trece años que no sabe las melodías pero entiende el significado de las plegarias, se habrá de optar por el segundo.

En ocasión de un ayuno por falta de lluvias, es menester que el oficiante del rezo sea además una persona pobre, con niños para mantener y sin una fuente de sustento para proveerles de sus necesidades, que trabaja en el campo y sufre sobremanera de los embates de la sequía. En caso de rezar por otro tipo de urgencias y necesidades, es importante que el oficiante sea uno de los que padezca los efectos de la dificultad en forma personal, o en su defecto, que oficie uno de los líderes comunitarios que carga con el yugo de las necesidades de la congregación (Talmud Babilonio Tratado de Ta´anit 16(A), Mishná Berurá 581:10).

Asimismo, es importante que el oficiante esté casado tal como el Sumo Sacerdote (Cohen Gadol) debía estarlo para poder realizar su magna tarea. Debe tener por lo menos treinta años de edad, la misma edad que debían tener los levitas para ser incorporados a la labor del Templo (Ramá 581:1). Un estudioso de la Torá soltero y joven antecede como oficiante a un lego (Am Haaretz) casado, que ya cumplió treinta años (Mishná Berurá 13). Una vez que una persona ejerció como oficiante no se lo suplanta por otro aunque el nuevo cante mejor, y no se le quita el rol a menos que se le haya encontrado algún defecto (Shulján Aruj 53:25).

En los días de nuestros sabios, de bendita memoria, estaba prohibido escribir libros de oraciones ya que sólo se permitía pasar por escrito los libros del Tanaj (Biblia Hebrea). Las cuestiones que se transmitían oralmente como el caso de las plegarias y bendiciones por ellos instituidas no se podían escribir (Talmud Babilonio Tratado de Tmurá 14(B)). En esos días el oficiante debía recitar todo el rezo en voz alta para que todos los que lo escuchaban pudiesen cumplir con el precepto de rezar y así cumplir con la obligación de la plegaria a todos aquellos que no sabían hacerlo de memoria. En esos días se acostumbraba a nombrar un oficiante fijo para todo el año y se procuraba que cumpla con todos los requisitos y virtudes antes mencionados. Nuestros sabios dijeron que todo aquel que ayuda a nombrar un oficiante indigno, usurpa el bien de la congregación y deberá rendir cuentas por ello en un futuro (Sefer Jasidim 758, Mishná Berurá 581:10).

Con el correr de las generaciones los sabios permitieron escribir la Torá Oral, y al inventarse la imprenta comenzaron a aparecer y a popularizarse Sidurim o libros de oración impresos. Por esta razón ya no es necesario designar un oficiante fijo para todos los rezos, pues todos rezan por sí mismos mediante los Sidurim que sostienen en sus manos y se acostumbra a designar un oficiante distinto para cada rezo sin revisar tanto sus virtudes.

Sin embargo, para los rezos de los Días Solemnes en los que suplicamos ante Hashem para que perdone nuestros pecados, nos ponga a salvo de los contratiempos y acerque la llegada de nuestra redención, es necesario poner hincapié en todos los requerimientos antes mencionados. Especialmente para el rezo de Musaf, durante el cual en Rosh Hashaná se toca el Shofar y en Yom Kipur se lee la rutina de la labor sagrada del Cohen Gadol en el Templo –la «Avodá»-. Nuestros sabios recomendaron que quien tenga conciencia de no ser digno de oficiar que evite hacerlo ya que en el Cielo amonestan rápidamente a un oficiante inapropiado que detenta malas acciones en su haber (Eliahu Rabá, Mishná Berurá 581:10).

Si se escogió como oficiante a una persona inapropiada es mejor no despertar discusiones a ese respecto. Primeramente, por la gravedad del pecado de la controversia. En segundo término, porque en la práctica, en los Días Solemnes cada quien reza de su propio Majzor o libro de rezos y no necesita del oficiante para cumplir con su deber de rezar (Jatam Sofer Oraj Jaím 205, Mishná Berurá 581:11).

Para oficiar el rezo, es muy importante contar con una voz agradable y saber bien la melodía; por lo que a la hora de rezar el oficiante debe tener en mente el honrar la Gloria Celestial y no estirar pasajes de la plegaria a los efectos de lucir su voz bonita. Si el oficiante estiró el rezo a causa de la vanidad, sobre él está escrito (Irmiahu 12:8): «Como ella alzó su voz contra Mí. Yo la aborrecí». Empero, si el oficiante hace el rezo más agradable mediante la dulzura de su voz y bellas melodías honrando la Gloria Celestial y despertando el entusiasmo y concentración de los presentes, será bendecido y su recompensa será muy grande (Rashbá, Shulján Aruj 53:11).

12. El rezo de la Amidá en voz alta y ponerse de pie durante la apertura del arca sagrada.

Según la Halajá la Amidá debe ser recitada en silencio (Pninei Halajá Tefilá 17:7), empero, en Rosh Hashaná y Yom Kipur hay quienes acostumbran recitarla en voz alta para mejorar la concentración. Si bien durante todo el año esto no se permite para no afectar la concentración de los demás orantes, en Rosh Hashaná todos tienen libros de rezo (majzorim) en sus manos por lo que no se teme que puedan cometer errores (Shulján Aruj 582:9). De todas maneras no se ha de elevar la voz en demasía para no molestar a los demás y para no verse como los profetas del dios Baal que gritaban a su ídolo (Ramá, Mishná Berurá 12).

Es mejor recitar la Amidá en silencio ya que en virtud de lo sublime de su tenor corresponde que sea inaudible a los demás orantes (Maguén Abraham Oraj Jaím 101:4, Mishná Berurá 11). Más aún, en los Días Solemnes es menester tener especial cuidado en estas cuestiones. En un sitio donde todos rezan en silencio como es la costumbre de la mayoría de las congregaciones, no se puede rezar en voz alta. Si bien no se teme que las personas se equivoquen en su rezo, de todas maneras quien reza en voz alta distrae y afecta la concentración de los demás.

Tal como se indica en los majzorim, se acostumbra a abrir el arca sagrada durante una parte de los rezos y en esos momentos toda la congregación se pone de pie en honor al rollo de la Torá que se descubre a ojos del público. Desde un punto de vista estrictamente formal, la obligación a ponerse de pie rige exclusivamente mientras el rollo de la Torá es conducido entre el público, mientras que cuando se encuentra en su lugar, tanto en el arca como en la tarima (bimá), no es obligatorio pararse. Por esta razón, personas de edad, débiles o enfermas, a quienes se les dificulta mantenerse de pie, pueden permanecer sentadas cuando se abre el arca sagrada. Solamente cuando se transporta el rollo de la Torá del arca sagrada a la tarima o viceversa deben hacer el esfuerzo de ponerse de pie.

01. Día de recordación y juicio.

Rosh Hashaná es un día oculto e incógnito, el día en que Hashem crea el nuevo año y otorga renovada vida a todas sus creaturas. La raíz de este día se encuentra en los mundos superiores, allende todo tiempo o lugar, y por esta razón es misterioso y sus detalles se revelan lenta y paulatinamente. Por esta razón, uno de los nombres de la festividad es «Kese» (en hebreo «cubierto» u «oculto») ya que es la única de las festividades que acontece en Rosh Jodesh (novilunio), día en el cual la luna oculta comienza a revelarse en el firmamento (Talmud Babilonio Tratado de Rosh Hashaná 8(A)). La expresión práctica del carácter encubierto de la festividad radica en el hecho que todos los años se creaba la duda acerca de cuándo cae y a los efectos de evitar posibles errores, se la celebra dos días (más adelante incisos 7 y 8).

Al igual que en las demás festividades, en Rosh HaShaná es preceptivo abstenerse de la realización de labores y consagrar el día mediante ropa limpia, comida y bebida festivas. La cuestión particular de este día es que debemos transformarlo en día de recordación («zikarón») y toque de Shofar («truá»). Tal como está escrito (Vaikrá – Levítico 23:23-25): «Y le dijo el Eterno a Moshé: Diles a los hijos de Israel: El día primero del mes séptimo será para vosotros día de descanso, de convocación santa, y lo conmemoraréis al son del Shofar («truá»). Ese día no haréis trabajo servil y brindaréis al Eterno una ofrenda ígnea» También está escrito (Bamidbar – Números 29:1): «Y el día primero del mes séptimo será de santa convocación. No haréis en él labor servil. Es día que se celebrará al son del Shofar («truá»)»

Tanto en el rezo como en el Kidush festivo, Rosh Hashaná es denominado Día de Recordación («Yom Zikarón») ya que en este día Hashem recuerda a todas Sus creaturas y les concede una nueva vida para el año entrante, ya que para Hashem, el recuerdo es recordarnos para bien y concedernos vida.  A los efectos de que Su generosidad no sea utilizada para mal por gente indigna, Hashem estableció que la bendición sería otorgada de acuerdo a las acciones del hombre. Si la persona elige hacer el bien es bendecida abundantemente y si, D´s no lo quiera, elige hacer el mal, se reduce el bien que recibe y por ende abundan los padecimientos y el dolor. Vemos entonces que Rosh Hashaná es un día de recordación y de juicio, día en el que Hashem recuerda todas las acciones buenas y malas que se realizaron a lo largo del año y el Kadosh Baruj Hú se sienta en el trono de la justicia y realiza el balance del mundo, juzgando a cada nación colectivamente y a cada persona individualmente.

El juicio central de toda la humanidad depende del pueblo de Israel y de la tierra de Israel ya que se trata del pueblo de D´s, corazón del mundo, de modo que la reparación del orbe todo depende de este. Por esta razón, tanto la recompensa como el castigo del pueblo de Israel son mayores que los de las demás naciones. Por esto, Hashem juzga en primer lugar al pueblo de Israel  y luego el juicio se extiende a toda la humanidad y a todo el mundo (Talmud Babilonio Tratado de Rosh Hashaná 8 A y B, ídem Tratado de Ta’anit 10(A)). Mediante el toque del Shofar, Hashem nos recuerda para bien.

En el día en que Hashem recuerda a Sus creaturas, también nosotros debemos de recordar aquello que es fundamental para nosotros, la fe en Hashem Creador del mundo y la aceptación del yugo de Su reino. Si bien durante todo el año debemos recordar los fundamentos de la fe, en el día que fijó Hashem para recordar a Sus creaturas y juzgarlas por sus acciones para bien o para «mejor», como contraparte nosotros debemos meditar sobre Su reinado, evaluar implacablemente nuestra conducta y decidir mejorar nuestras acciones.

Por ello se nos ordenó que celebremos un día de recordación y toque del Shofar («zijrón truá»), ya que mediante el recuerdo de la fe y aceptación del Yugo Celestial nos estremecemos ante el juicio y el peso de la responsabilidad que recae sobre el pueblo de Israel; justamente entonces Hashem nos recuerda para bien, transformando positivamente la sentencia y agregando bendición para el mundo todo.

02. Día del toque del Shofar.

Dado que se trata del día del juicio recibe el nombre de «Día del Toque del Shofar» o «Yom Truá» (Bamidbar – Números 29:1). A diferencia del sonido de la «tekiá» (sonido fuerte y prolongado) que simboliza alegría y estabilidad, el sonido de la «truá» (entrecortado) insinúa quebrantamiento del corazón, temor, llanto y cambio radical de la presente situación. Onkelos tradujo al arameo «día de toque del Shofar» como «día de lamento y llanto».

Asimismo, vemos que Hashem ordenó al pueblo de Israel en el desierto que toquen una «tekiá» con las trompetas cuando sea menester reunirse, ya que este sonido implica alegría y encuentro. Mas cuando necesiten salir a la guerra o abandonar un sitio determinado y trasladarse a otro, deben ejecutar con las trompetas una «truá» (Bamidbar 10:1-7). Esto se debe a que la «truá» expresa quebrantamiento y llanto por lo que llegó a su término y no logró ser completado, amén de temor por la siguiente etapa. Por lo tanto, si cuando se pasa de un sitio a otro el temor es muy grande; mucho mayor aún es en Rosh Hashaná cuando la vida que otorgó Hashem para el año que pasó llegó a su término y la del año a iniciarse aún no fue adjudicada y no se ha definido aún quién habrá de vivir y quién habrá de morir, quién habrá de experimentar tranquilidad y quién habrá de padecer sufrimientos. Todo depende del veredicto del juicio, Hashem adjudica vida a las personas para el año entrante de acuerdo a sus acciones pasadas.

Por ello, el corazón se llena de temor al recordar la enorme responsabilidad que nuestro D´s depositó sobre nuestros hombros para darle continuidad a este mundo y repararlo. Las personas se despiertan para meditar sobre lo realizado, ¿acaso cumplieron con su cometido o decepcionaron? Por lo tanto, si bien el tiempo en el cual se toca el sonido de «truá» es breve, todo el día es denominado «Día de Toque de Truá», día de quebrantamiento y llanto, temor  y miedo.

En Rosh Hashaná se nos ordenó tocar el sonido de «truá» de un Shofar y no de una trompeta, ya que el primero expresa más cabalmente el sonido en cuestión que se asemeja a la voz del corazón, un sonido natural anterior a toda verbalización, más básico aún que el gemido o el llanto comunes. Se trata de un sonido que puede expresar el enorme dolor ocasionado por la mentira y el dolo, la negligencia y la alevosía; por la enorme brecha que media entre el hombre y su Creador y la gran distancia que hay entre nuestras aspiraciones ideales y nuestra vida real en la práctica (Shelá o Shnei Lujot Habrit sobre Rosh Hashaná en Torá Or 55).

Tocar el Shofar en Rosh Hashaná es un buen precepto que nos ordenó Hashem para de esta manera reconocer con humildad Su Reinado:   justamente mediante el dolor y el llanto insinuados en el sonido de la «truá» quedan sin efecto las acusaciones que penden contra nosotros y salimos airosos del juicio. Respecto de esto, nuestros sabios, de bendita memoria, dijeron (ídem Rosh Hashaná 16(B)) que «todo año que inicia con pobreza culmina con abundancia, tal como está escrito (Dvarim – Deuteronomio 11:12): «desde el principio del año hasta su fin»[1]

Sin embargo se nos ordenó rodear el sonido de «truá» con otros que aluden a la estabilidad y la alegría («tkiá»), ya que si nos retrotraemos a la raíz de la cuestión, vemos que el rigor y los padecimientos están orientados al bien de la persona y su reparación.

Se dice en nombre del Arí z»l que es bueno que la persona llore en Rosh Hashaná, y quien no lo hace es señal de que su alma no es ni recta ni completa (Shaar Hakavanot 90:1). Este llanto es la expresión del «Día de la Truá», esto es, día de sollozos y llanto. Sin embargo, Rosh Hashaná es también «Día de Santa Congregación» («Mikrá Kodesh») y por ende es preceptivo alegrarse. El llanto de este día no es de desesperanza y depresión sino de anhelo por un nivel espiritual superior. Se trata de un llanto de dolor por todo lo que aún no hemos logrado reparar, y de emoción por el enorme mérito que se nos concede y es el de poder presentarnos ante Él; mérito por la misión que nos encomendó el Creador y el alma sagrada que insufló en nuestro interior. En el día del juicio este llanto nos causa placer y alegría interior pues expresa la verdad y nos conduce a la reparación y la bendición. Estos son los dos aspectos de Rosh Hashaná, «Día de Santa congregación» y «Día de Truá», esta dualidad se expresa en los sonidos de «tkiá» y «truá».


[1]. En el versículo citado la palabra «principio» está sorprendentemente escrita sin la letra hebrea א  lo cual la asemeja al vocablo pobreza, los sabios interpretaron esta anomalía ortográfica como una insinuación de la Torá respecto de que el principio del año puede ser pobre, mas, como el inicio del versículo lo indica, esto obedece a la Providencia Divina por lo que al final del mismo la bendición ha de llegar (n. de t.)

03. Rosh HaShaná.

Nuestros sabios debatieron respecto a la fecha de la creación, o más específicamente, qué día calendario fue el viernes en el que el Hombre hizo su aparición en el mundo. Según Rabí Iehoshúa esto ocurrió el 1° de Nisán y así hallamos en la Torá que este es considerado el primer mes del año. Según Rabí Eliezer el Hombre fue creado el 1° de Tishrei. Esta discusión refleja el carácter oculto y misterioso de Rosh Hashaná, misterio que lleva a que se debata respecto de su fecha. Los sabios medievales (Rishonim) explicaron que ambas opiniones son verdaderas: en el pensamiento, es decir, en la intención el mundo fue creado el 1° de Tishrei mientras que en la práctica esto ocurrió el 1° de Nisán; por lo que la discusión radica en torno a cuál es para nosotros el día de la creación del mundo. La pregunta es, ¿qué es más importante, el pensamiento o la práctica? (Rabenu Tam). Nuestros sabios dijeron que actuamos según Rabí Eliezer por lo que en el rezo de Rosh Hashaná decimos: «Este es el día del inicio de tu acción, recuerdo de la primera jornada» (ídem Rosh Hashaná 27(A), Tosafot allí). De todas maneras, todos coinciden con que el 1° de Tishrei el Kadosh Baruj Hú juzga al mundo y crea el nuevo año. Por lo tanto recibe el nombre de «Rosh Hashaná», inicio del año, pues todo lo que ocurre en el mismo se desprende de este día.

La implicancia halájica de Rosh Hashaná se refiere al conteo de los años en los documentos, a las leyes del año sabático y del jubileo, ofrendas y diezmos.

En todo documento debe estar escrita la fecha ya que es necesario saber a partir de cuándo el contenido de este entra en vigor;  si se escribió en el documento en cuestión una fecha temprana queda sin efecto. Todo primero de Tishrei cambiamos al nuevo año (ídem Rosh Hashaná 8(A)). En los días de los Amoraítas y los Gaonitas se acostumbraba a contar los años según el reinado de los reyes griegos. Desde el final del período de los Gaonitas se comenzó a contar los años desde la creación del mundo y hasta el día de hoy continuamos haciéndolo en todos los documentos, entre ellos en Ktuvot (contratos nupciales) y Guitín (divorcios).

Asimismo, en lo que respecta al año sabático y el jubileo la fecha que inicia el conteo es Rosh Hashaná (ídem ídem 8(B)). Además, se nos ordenó que los diezmos y ofrendas que separamos de la cosecha sean de los frutos de ese año y quien separa diezmos y ofrendas de un año sobre la cosecha de otro no cumple con su deber, tal como está escrito (Dvarim 14:22): «Reservarás el diezmo de todo lo que de tu campo cada año». La fecha que divide un año del otro en lo referente a la cosecha de granos y de verduras es Rosh Hashaná (ídem Rosh Hashaná 12(A)).

04. Vestimenta y alimentos festivos.

Rosh Hashaná es «Día de Juicio y Toque de Shofar» así como también «Día de Sagrada Convocatoria» que debe ser consagrado mediante comida, bebida y vestimenta bonita (Safra Emor 12:4, Pninei Halajá Moadim 1:7). Asimismo una mitad del día debe ser dedicada a D´s al igual que en los días de fiesta y Shabatot. Empero, dado que en este día se reza extensamente, el tiempo de las plegarias se descuenta del tiempo de estudio de Torá, por lo que hay que tener cuidado de que el tiempo dedicado a los rezos más el destinado al estudio sume al menos nueve horas (tal como se explica en Pninei Halajá Moadim 1:5-6).

Dado que todas las fiestas están relacionadas entre sí (Talmud Babilonio Tratado de Shvuot 10(A)), y así como en las tres fiestas de peregrinación es preceptivo alegrarse, de la misma manera debemos hacerlo en Rosh Hashaná mediante la ingesta de carne y vino. Por esta razón Rosh Hashaná es también denominado «Jag», fiesta, tal como está escrito (Salmos 81:4): «Tocad Shofar ante la nueva luna, en lo oculto de nuestra festividad«.

Empero, dado que es también un día de juicio y «truá», se nos ordenó alegrarnos mas no con la plenitud de las demás festividades, por lo que en el rezo no incluimos la expresión «fiestas para la alegría, tiempos para el regocijo» («moadim lesimjá, jaguim uzmanim lesasón») que recitamos en las demás fechas festivas (Shulján Aruj 582:8). Asimismo, tampoco se recita Halel. Respecto de esto los ángeles de la Corte Celestial preguntaron al Kadosh Baruj Hú: «¿Por qué los judíos no cantan delante de Ti en Rosh Hashaná y Yom Kipur?» Les respondió: «¡¿Es posible que el Rey esté sentado en el Trono de Justicia con los libros de los vivos y los muertos abiertos delante Suyo y los hijos de Israel entonen cánticos?!» (Talmud Babilonio Tratado de Rosh Hashaná 32(B), ídem Tratado de Arajín 10(B), Shulján Aruj 584:1, ver Pninei Halajá Moadim 2:7).

Por lo tanto, es preceptivo llevar a cabo dos comidas festivas importantes, una por la noche y la otra de día alegrándose con la ingesta de carne y vino. Sin embargo, los sabios medievales (Rishonim) escribieron que en Rosh Hashaná no se ha de comer hasta quedar satisfechos para evitar que se distiendan los ánimos y la sensación del temor a D´s sea constante (Shulján Aruj 597:1). Las comidas de Rosh Hashaná deben ser más importantes y alegres que las de Shabat pero no como las de las tres fiestas de peregrinación («Shloshet Haregalim»).

Asimismo, es preceptivo vestir en Rosh Hashaná prendas bonitas e importantes, así como también lavarlas previo a la fiesta. Empero, no se visten las mejores ropas como en las demás fiestas en virtud del temor que nos infunde el juicio. Hay personas que acostumbran a vestir ropas blancas en Rosh Hashaná (Shulján Aruj 581:4, Mishná Berurá 25). Quien tiene el pelo demasiado crecido de modo tal que no resulta respetuoso, debe cortárselo de cara a la fiesta. Quien acostumbra a afeitarse debe hacerlo en honor a Rosh Hashaná (Shulján Aruj 581:4).

Aprendimos de Ezra el Escriba, que conjuntamente con el despertar del retorno y el arrepentimiento, ordenó al pueblo alegrarse en Rosh Hashaná por tratarse de un día sagrado para D´s. En días de la construcción del segundo Templo y de los inicios del establecimiento de los judíos en la tierra de Israel tras el exilio babilónico, muchos de los judíos que carecían de conocimientos suficientes de Torá tampoco cumplían correctamente con sus preceptos. En Rosh Hashaná, Nejemia, el líder político de la congregación y Ezra que era el líder espiritual de la misma, reunieron a todos, hombres y mujeres, para despertarlos e impulsarlos a la teshuvá. Ezra leyó en público la Torá desde la mañana hasta el mediodía explicándoles su contenido y el tenor de los preceptos. Cuando los oyentes entendieron que habían cometido numerosas trasgresiones, se despertó en ellos el deseo de retornar a D´s por lo que comenzaron a adoptar actitudes luctuosas y comenzaron a llorar. Ante ello, Nejemia y Ezra procuraron animarles y les dijeron (Nejemia 8:9-12): «Este día es sagrado para el Eterno vuestro D´s, no os lamentéis ni lloréis; porque toda la gente lloraba al oír las palabras de la Ley» Además, ordenaron a la  congregación que lleven a cabo banquetes: «comed carnes gordas y bebed vino dulce y manden porciones para quienes nada se ha preparado (pobres) porque este día es santo para nuestro Señor. Cesad las lamentaciones porque la alegría del Eterno es vuestra fuerza. De tal modo los levitas acallaron a toda la gente, diciendo: «No estéis tristes porque el día es santo. Cesad vuestros lamentos». Les ordenaron comer carne gorda y beber vino dulce para cumplir así con el deber festivo. Además, esto implica una buena señal para que el año entrante sea abundante y dulce (Rabenu Asher a Tratado de Rosh Hashaná 4:14). «Y todo el pueblo se alejó para comer, beber y enviar porciones (a los demás) y regocijarse, porque habían comprendido las palabras que se les habían dicho». Entendieron que Hashem no busca castigarlos sino que se regocija con su teshuvá.

De todas maneras, en los días de los Gaonitas y de los sabios medievales había píos y eruditos que ayunaban en Rosh Hashaná. Resulta que en virtud de los padecimientos del exilio sentían necesidad de identificarse con el dolor de la Divina Presencia («Shejiná») ya que ¿cómo podrían comer y alegrarse en el Día del Juicio cuando la Divina Presencia se encuentra en el destierro? Estas personas procuraban llevar a cabo una teshuvá más intensa, acompañada de flagelos y diferentes padecimientos con el fin de anular la adversidad del decreto. Empero, en la práctica, la halajá que se determinó indica que también en los duros días del exilio es preceptivo llevar a cabo banquetes festivos en Rosh Hashaná y por ende está prohibido ayunar.

05. La confianza en Hashem («bitajón») y la alegría.

Nuestros sabios, respecto del versículo (Dvarim 4:7): «¿Qué otro gran pueblo tiene a D´s tan cerca que acude cada vez que es invocado?» dijeron: «¿Hay acaso otro pueblo como el judío, que conoce las leyes y el carácter de su D´s? Normalmente, cuando una persona tiene que presentarse a juicio se viste de luto, no afeita su barba y no corta sus uñas, ya que no sabe cuál será el veredicto final. En cambio el pueblo de Israel no actúa así, se visten de blanco, arreglan sus barbas, arreglan sus uñas, comen, beben y se alegran en Rosh Hashaná ya que saben que el Eterno obrará para ellos milagros» (Tur 581:4).

Aparentemente, cabe preguntar cómo podemos estar seguros que se nos hará un milagro y saldremos airosos del juicio, siendo que vemos claramente año tras año que hay personas que fallecen, otros sufren daños o enfermedades, ¿acaso ellos no son beneficiarios del milagro?

La respuesta es que todo aquel que cumple con los preceptos festivos como corresponde, y acepta sobre si Su Reinado operando así un despertar en sus ansias de superación en su labor espiritual, se le asegura que D´s lo juzgará con benevolencia ya que Su deseo es hacer el bien a Sus creaturas. Simplificando la idea, D´s nos bendecirá con un año bueno  como ocurre habitualmente. Empero, sabemos también que a veces en virtud de la magnitud del pecado o de la carencia del mundo, D´s considera que es mejor para la persona fallecer o padecer sufrimientos ya que de esa manera tiene la posibilidad de refinar sus acciones y repararlas para poder acceder a la verdadera vida en el Mundo Venidero. Si bien tenemos interés en que la Bondad Divina se revele sin sufrimientos en este mundo, de todas maneras, aun cuando no fuimos merecedores de ello, sabemos que el juicio es para nuestro bien y corresponde que nos alegremos (Shelá Tratado de Rosh Hashaná Torá Or 17).

Dado que el Eterno quiso dar méritos al pueblo de Israel, les estableció el Día de la Recordación y la «Truá» como día de descanso («shabatón») y Día de Sagrada Convocatoria». La santidad del día radica en la abstención de la realización de las labores mundanas y de las preocupaciones vinculadas a las mismas y en que podamos descubrir la santidad en la Torá, en el rezo y en la alegría de los banquetes festivos preceptivos. Si no se nos hubiese ordenado celebrar en Rosh Hashaná, es probable que en virtud del temor al veredicto final estaríamos todo el día ocupados elevando a D´s pedidos personales. Esto no sería beneficioso sino perjudicial para el resultado final del juicio, ya que el pecado se origina en el hecho que la persona olvida su rol sagrado general y se dedica exclusivamente a sus asuntos particulares. Mediante la santidad del día, el pueblo de Israel se regocija revelando el Reinado de Hashem en el mundo y de esta manera se despierta en ellos el anhelo por retornar a D´s con amor; salen airosos del juicio y son bendecidos con un buen año.

06. La coronación de Hashem en los rezos.

El tema central de los rezos de Rosh Hashaná es la coronación de Hashem como nuestro Rey. Por esta razón en el cierre de la tercera bendición de la Amidá en vez de decir «HaE-l Hakadosh» (El D´s Santo) decimos «HaMelej Hakadosh» (El Rey Santo) y esta variante la mantenemos durante los «Diez Días del Retorno». Esta cuestión es tan importante que en el caso de que la persona se haya equivocado y no dijo «HaMelej Hakadosh», no cumplió con su deber y debe volver a rezar (Shulján Aruj 582:1, más adelante 5:2). En Rosh Hashaná a esta bendición se le agregan plegarias por la revelación de Su reinado. «Y por esto sea consagrado Tu nombre Hashem D´s nuestro sobre Tu nación Israel, y sobre Jerusalém Tu ciudad, y sobre Sión asiento de Tu presencia, y sobre la casa real de David Tu ungido, y sobre Tu asiento y Tu Templo… y todos te temerán, y se postrarán ante Ti todas las creaturas, y todos se unirán para hacer Tu voluntad con corazón íntegro… y toda la maldad se esfumará pues derribarás el poder de los mal intencionados de la tierra. Y reinarás Tú Hashem, D´s nuestro, sobre todas tus creaciones, en el monte de Sión asiento de Tu presencia y en Jerusalém Tu ciudad sagrada».

El cierre de la bendición festiva en todos los rezos de Rosh Hashaná es: «Rey sobre toda la tierra que santificas a Israel y el Día de la Recordación» En el rezo de Musaf, el principal de Rosh Hashaná y durante el cual se toca el Shofar, nuestros sabios establecieron que se reciten tres bendiciones: «Maljuiot» (reinados), «Zijronot» (recuerdos) y «Shofarot» (plural de Shofar). De estas tres, la primera y principal es «Maljuiot» en la que mencionamos la santidad del día y la concluimos «Rey sobre toda la tierra, que santificas al pueblo de Israel y al Día de la Recordación (Yom Hazikarón)». He aquí que el tema principal del Día de la Recordación es Su coronación. Es así que la bendición de «Zijronot» se refiere a que Hashem es el Rey del mundo por lo que recuerda a todas Sus creaturas. De la misma forma, la bendición de «Shofarot» se refiere a la revelación de Su reinado en el mundo mediante el sonido del Shofar, tal como ocurrió durante la entrega de la Torá y tal como ocurrirá en el futuro, cuando mediante el toque de un gran Shofar se reunirán todos nuestros exilados para reverenciar a D´s en Jerusalém. El sonido de «truá» en el Shofar alude también a Su reinado, pues en virtud de nuestro temor ante Su majestad nos presentamos ante Él con el corazón quebrado y en actitud de retorno.

En virtud de nuestras preocupaciones por lo que el futuro nos depare en el próximo año, podríamos pasar todo el día implorando pedidos particulares por el sustento, la salud, y todas demás cuestiones que perseguimos a lo largo del año. Empero, esta es la cualidad especial del pueblo de Israel, cuyo deseo más profundo es que se revele Su reinado de modo tal que el mundo todo se vea reparado y redimido, aunque para ello sea necesario padecer sufrimientos. El pueblo de Israel escogió este camino  que es a la vez superior y trascendente, comenzando por los patriarcas que adoptaron la fe en D´s frente a un mundo idólatra que los rodeaba y hasta los días del largo exilio en los que, a pesar de las dificultades que este encierra, el pueblo de Israel eligió no asimilarse entre las naciones y mantener en alto la bandera de la Torá y las creencias judías para poder así reparar el mundo, conforme a la voluntad de Hashem.

Y Cuando el pueblo de Israel abandona por un momento su sufrimiento y se ocupa de Su Gloria y la revelación de Su Reinado, el Eterno le dice a los ángeles: ¡»Ved cuán amados son Mis hijos que dejan de lado sus penas y se ocupan de Mi Gloria»! De esta manera son rebatidos los argumentos del Satán que busca eliminar al pueblo judío de la faz de la tierra; y los hijos de Israel tienen el mérito de entrar en un nuevo año en el cual avanzarán un paso más hacia la reparación final del mundo y la redención. En la medida que podamos aceptar con temor y humildad, con  alegría y temblor sobre nosotros Su reinado en Rosh Hashaná, podremos tener un año bueno y de bendición.

07. Dos días de Rosh HaShaná.

Según la Torá Rosh HaShaná se celebra un solo día, tal como está escrito: «El día primero del mes séptimo será para vosotros día de descanso, de convocación santa y lo conmemorareis al son del Shofar («truá»)» (Vaikrá- Levítico 23:24 y Bamidbar–Números 29:1). Empero en la práctica celebramos Rosh HaShaná durante dos días.

A los efectos de comprender este tema, es necesario señalar que todas las festividades se rigen por el calendario hebreo que se fija según el ciclo de la luna. Al iniciarse el mes la luna se divisa muy pequeña cual línea delgada y va creciendo hasta la mitad del mes cuando se la divisa llena, cual círculo completo. Durante la segunda mitad del mes la luna va menguando hasta que al final del mismo deja de ser visible por veinticuatro horas. Luego, vuelve a divisarse cual línea delgada y de esa manera comienza un nuevo mes. Es preceptivo que dos testigos que vieron la luna nueva en el firmamento en la noche del día treinta y presenten su testimonio ante el tribunal para que este consagre el nuevo mes. Dado que el ciclo de la luna es de veintinueve días y medio hay veces que el mes es de veintinueve días y otras de treinta (Ver Pninei Halajá Zmanim 1:1-2).

En los meses en los que caen las fiestas, ni bien el tribunal consagraba el novilunio salían emisarios a todas las comunidades judías para avisarles que se inició un nuevo mes y cuándo caen las festividades. Ocurre que los emisarios no alcanzaban a llegar a las comunidades de la diáspora antes de las fiestas, por lo que los sabios establecieron que para evitar las dudas, fuera de Israel las fiestas se celebren durante dos días (Pninei Halajá Moadim 9:1-4).

Rosh HaShaná es la única fiesta que se celebra en el inicio del mes por lo que tampoco en la tierra de Israel se podía saber con exactitud cuándo habría de acontecer. Esto se debía a que una vez que el mes era consagrado, si resultaba que ese mismo día era festivo, los emisarios no podían salir más allá del área de Shabat («tjum Shabat») para avisar a las comunidades cuándo fue consagrado el mes. Por esta razón, en virtud de la duda se debía celebrar Rosh Hashaná durante dos días.

Si bien en Jerusalém que era sede del tribunal, se sabía cuándo fue consagrado el mes, no podían saberlo de antemano pues la consagración tenía lugar el mismo día que llegaban los testigos. Por esta razón, en virtud de la duda, debían cuidar la fiesta desde la noche del treinta del mes de Elul. Si a la mañana siguiente llegaban los testigos y presentaban su testimonio de la observación de la luna nueva, entonces resultaba que ese día efectivamente era festivo y el siguiente era considerado laborable. En caso de no venir testigos durante el día treinta, resultaba retroactivamente que ese día era laborable y la fiesta comienza al siguiente. De esto resulta que en tiempos en que el tribunal consagraba el nuevo mes, en Jerusalém se celebraba Rosh HaShaná un sólo día, y cuando el novilunio era al día siguiente, en la práctica se observaba la fiesta durante dos.

Las dudas respecto de la fijación del día se condicen con el carácter de Rosh Hashaná que es oculto y secreto, y por lo tanto se celebra cuando la luna que está cubierta o invisible comienza a revelarse. Por esta razón, uno  de los  nombres de Rosh HaShaná es «Kese», tal como está escrito (Salmos 81:4): «Tocad el Shofar ante la luna nueva, en lo oculto («Kese») de nuestra festividad» Nuestros sabios preguntan: «¿En qué festividad la luna está cubierta? En Rosh HaShaná» (Talmud Babilonio Tratado de Rosh Hashaná 8(A)).

08. La observancia de dos días en la actualidad.

La Halajá indica que cuando el tribunal no puede fijar el calendario consagrando los meses mediante testigos del novilunio, este se fija conforme al cálculo. Unos trescientos años después de la destrucción del segundo Templo (año hebreo 4119, 359 de la era común), Hilel II, presidente del tribunal, vio que no era ya posible continuar fijando el novilunio mediante observación por lo que junto a los demás miembros del Beit Din elaboraron un calendario fijo basado en el cálculo que permita consagrar los meses hasta que se pueda volver al método tradicional mediante observación (Rambám, Kidush Hajodesh 5:2, Pninei Halajá Zmanim 1:3).

Aparentemente, a partir de ese momento ya no era necesario continuar celebrando Rosh HaShaná durante dos días ya que mediante el calendario todos saben cuándo cae el novilunio de Tishrei que es año nuevo. Empero, tal como los sabios ordenaron a los judíos de la diáspora que continúen con su costumbre observando dos días cada fiesta, asimismo ordenaron a los judíos de Eretz Israel que continúen con su costumbre de celebrar Rosh HaShaná por dos días. Esto se explicaría ya que por cuanto que en los días en los que se fijaba el calendario de acuerdo a lo estipulado por la Torá consagrando el mes según testigos se observaba Rosh HaShaná por dos días, así corresponde hacerlo.

Así es como en toda la Torá encontramos que el aspecto halájico se condice con el espiritual. El Zohar (III 231:1) nos dice que en virtud de la importancia o gravedad de Rosh Hashaná, los sabios consideraron necesario agregar otro día para que el juicio esté conformado tanto de rigor como de misericordia (din verajamim) y de esa forma la sentencia se mitigue, ya que si fuese un sólo día el mundo podría destruirse por exceso de severidad.

Además, es necesario explicar que en las diásporas las festividades se deben observar por dos días, ya que en esos lares se torna más difícil la revelación de la santidad. Empero, en la tierra de Israel lo sacro se revela con mayor facilidad  y es posible captar la santidad de la festividad en un solo día. Esto se asemeja a lo que ocurre con una linterna, que cuando proyecta su luz a un lugar cercano esta es intensa y se enfoca en un área pequeña; mientras que cuando ilumina hacia lo lejos su luz se diluye sobre un área mayor. Rosh HaShaná, que es un día elevado e incógnito, requiere de dos días, inclusive en la tierra de Israel a los efectos de poder captar su luz.

Se puede decir que los rezos del primer día de Rosh HaShaná se centran en aspectos generales tales como que en el año próximo tengamos el mérito de que se revele la Soberanía Divina sobre Su pueblo Israel y sobre Sión el asiento de Su Gloria; hasta que todos los seres vivos digan: «Hashem, el D´s de Israel es el Rey y Su Soberanía gobierna sobre todos, y de esta manera el  mundo entero accede a la bendición y a la paz. En el segundo día de Rosh HaShaná que fue agregado por los sabios, rezamos para que todas las grandes ideas se revelen también en nuestra vida particular, que también en nuestra vida material y práctica seamos socios en la revelación de la Gloria Divina en el mundo, y en mérito de ellos accedamos a la Bendición de Él.

09. El primer y segundo día festivo y la bendición de «Shehejeianu» en este último.

Hoy día sabemos mediante el calendario cuándo es el novilunio del mes de Tishrei, y por lo tanto la observancia del primer día de Rosh Hashaná es preceptiva por la Torá; mientras que la del segundo fue ordenada por los sabios. Esta es la regla que rige para todas las festividades en las  diásporas, el primer día es preceptivo por la Torá y el segundo por orden rabínica. Por esta razón, en todo caso de duda respecto de las leyes de Yom Tov o del toque del Shofar, en el primer día somos más estrictos de acuerdo con la regla que dice que en caso de duda respecto de un precepto de la Torá aplicamos la opinión más estricta («Sfeika deoraita lejumra»); y el segundo día somos menos estrictos de acuerdo con la regla que dice que en caso de duda respecto de un precepto rabínico optamos por la opinión más flexible («Sfeika derrabanán lekula»). Es así que los sabios permitieron enterrar un muerto el segundo día festivo de las diásporas y el segundo día de Rosh Hashaná por respeto al difunto (Shulján Aruj 526:4, Pninei Halajá Moadim 7:5).

Según la misma normativa que rige para la preparación del primer día festivo en el segundo día festivo de las diásporas (Shulján Aruj 503:1, Pninei Halajá Moadim 9:5, 2:12) está prohibido preparar algo el primer día para el segundo, por ejemplo cocinar, poner la mesa y lavar los platos.

Existe una cierta diferencia entre los dos días festivos que se observan en las diásporas y los dos días que se observan en Rosh Hashaná, ya que en el  primer caso el móvil es la duda respecto de qué día el tribunal consagró el novilunio mientras que en el caso de Rosh Hashaná, a veces se observaban dos días a pesar de que no existía duda respecto de cuándo caía. Esto ocurría cuando los testigos llegaban a presentar testimonio después del horario de sacrificio de la ofrenda de Minjá. En este caso los sabios estipularon que no se reciba su testimonio, no sea cosa que se consagre el mes y no se alcance a ofrendar los sacrificios festivos y entonar el cántico correspondiente a Rosh Hashaná. Empero, dado que el primer día era digno de ser sagrado, los sabios decretaron que continúe siendo festivo a pesar de que se decidió no consagrarlo. Esto se debe a que, a vece, Rosh Hashaná por ley se celebraba dos días, por lo que los sabios denominaron a ambos como «Yomá Arijtá» (día largo).

Por esta razón surgió la duda respecto de si se recita la bendición de «Shehejeianu» el segundo día. Fuera de Israel, durante el segundo día festivo de las diásporas se recita «Shehejeianu» ya que el día fue establecido en virtud de la duda y por ende las reglas que se aplican son las mismas que en el primero. Empero, en el caso de Rosh HaShaná se dice que en virtud de que ambos días son de cierta manera considerados como un día largo, se bendice «Shehejeianu» sólo el primer día. En la práctica la opinión mayoritaria de los juristas es que también se debe recitar «Shehejeianu» en el Kidush de la segunda noche y esta es la costumbre extendida. Sin embargo, a priori es preferible hacerlo vistiendo una prenda nueva o trayendo a la mesa un fruto nuevo,  y de esta forma la bendición se recita según todas las opiniones, ya que recae también sobre estos objetos nuevos (Shulján Aruj 600:2). Por supuesto que si durante el Kidush se trajo una fruta nueva para la bendición de «Shehejeianu», a la hora de ingerirla no se debe volver a recitar la bendición por cuanto que ya se cumplió con ese deber.

Respecto del toque del Shofar del segundo día, los sefaradíes acostumbran no recitar la bendición de «Shehejeianu», mientras que según la usanza ashkenazí se recita. De ser posible, es bueno que quien toca el Shofar ese segundo día vista una prenda nueva y al recitar la bendición de «Shehejeianu» la incluya en su intención (Shulján Aruj Ramá 600:3, Mishná Berurá 7).

10. Maljuiot, Zijronot y Shofarot.

La plegaria de Musaf es la principal de los rezos de Rosh Hashaná. En este servicio se toca el Shofar y los sabios dispusieron que se agregue el recitado de tres bendiciones especiales: Maljuiot (Reinados), Zijronot (Recuerdos) y Shofarot, que expresan el carácter especial del día. Mediante estas bendiciones accedemos a un buen año, tal como le dijo el Kadosh Baruj Hu al pueblo de Israel: «Recitad ante Mi en Rosh HaShaná Maljuiot, Zijronot y Shofarot. Maljuiot- para que me coronéis sobre vosotros, Zijronot- para que os recuerde para bien, ¿y en mérito de qué? Del Shofar (Talmud Babilonio Tratado de Rosh Hashaná 16(A)). Estas tres bendiciones conforman una unidad y quien no sabe recitar una de ellas, no deberá recitar las otras dos que conoce. Asimismo, el orden de recitado es fundamental, quien las recite en otro orden no cumple con su deber (Shulján Aruj 593:1, Mishná Berurá 5).

Nuestros sabios establecieron que en cada una de las tres bendiciones se reciten diez versículos relativos al tema de la misma que se corresponden con las diez alocuciones con las que fue creado el mundo, con los diez mandamientos y con las diez alabanzas  que figuran en el último capítulo de los Salmos. Cada una de las tres bendiciones comienza con tres versículos de la Torá, luego trae tres versículos de los Hagiógrafos o Ktuvim y luego tres de los Profetas y finaliza con un versículo de la Torá. No se recitan versículos que hagan mención de desgracias relativas al pueblo de Israel, así como tampoco se recitan versículos de recuerdos individuales aunque éstos sean de buen augurio (ídem Rosh HaShaná 32(a) y (B), Shulján Aruj 591:4-5).

En la primera bendición se incluye la mención de la santidad del día («Kedushat Hayom») junto con las Maljuiot. Se comienza con el formato común a todas las festividades «Atá Bejartanu» («Tú nos has escogido») y luego recitamos la plegaria de «Aleinu Leshabeaj» en la que alabamos y agradecemos a D´s por habernos dado el mérito de reconocer Su Soberanía. Rogamos también que llegue el día en que todas las naciones acepten sobre sí Su Reinado. Continuamos recitando los versículos de Maljuiot finalizando con el que inicia con «Shemá Israel». Si bien en este versículo no se hace mención específica de Su Soberanía, contiene la aceptación del Yugo Celestial. Al finalizar la bendición pedimos a D´s que reine Él mismo sobre todo el mundo y nos acerque a Su servicio, Su Torá y Sus preceptos. «Pues Tú eres el D´s verdadero y Tu palabra es verdadera y válida por siempre. Bendito eres Tú, Rey sobre toda la tierra, que santificas al pueblo de Israel y el Día del Recuerdo».

La segunda bendición es la de Zijronot, en la cual relatamos que Hashem recuerda a Su mundo, a todas Sus creaturas y todas sus acciones, especialmente en este día que es «el inicio de Tus obras, recuerdo del primer día» en el cual Hashem juzga Su creación. Nosotros rogamos a Hashem que «nos recuerde para bien y para redención» finalizando: «y la ligazón-Akedá- de Itzjak recuerda a su simiente para bien en este día, Bendito eres Tú que recuerdas el Pacto».

La tercera bendición es la de Shofarot, en la cual describimos Su revelación ante nosotros en el Monte Sinaí al son del Shofar y rezamos para que se revele ante nosotros nuevamente al son de este Shofar y nos anuncie la redención: «Haz sonar el gran Shofar para nuestra liberación, iza un estandarte para reunir a nuestros exilados, acerca a nuestros dispersos de entre las naciones y reúnelos desde los confines de la tierra, y tráenos a Sión Tu ciudad con cánticos y a Jerusalém asiento de Tu Templo con perpetua algarabía… pues Tu oyes el sonido del Shofar y escuchas la truá y no hay nadie como Tú. Bendito eres Hashem, que escuchas las voz de la truá de Su pueblo Israel con misericordia».

Quien se encuentra en un sitio donde carece de Minián es mejor que no rece Musaf ni toque el Shofar durante las tres primeras horas del día en las cuales el Rigor Divino es todavía severo y de no mediar la ayuda de la congregación se teme que la persona no pueda sortear exitosamente el juicio. Empero, de haber Minián se puede rezar también en las primeras tres horas del día ya que la plegaria colectiva es aceptada, y aunque la persona no logre concentrarse en su rezo como es debido, al Kadosh Baruj Hú no le resulta desagradable (Shulján Aruj 591:8, Mishná Berurá 15, Pninei Halajá Tefilá 2:1-2).

11. Cuestiones referidas al rezo y la lectura de la Torá.

No se recita Vidui (confesión de pecados) en Rosh HaShaná, tanto sea en su versión colectiva como individual. Esto se debe a que el tema central del día es la coronación de HaShem sobre nosotros y el mundo entero, y pedir que el próximo sea un año bueno en el que podamos revelar la Gloria de su reinado; por lo que no corresponde ocuparse en un día así en nuestra reparación individual a la que se le dedican todos los demás días de retorno o teshuvá. Asimismo, en un día así, no corresponde recordar trasgresiones que atentan contra la Gloria de su reinado. Más aún, se teme que al hacerlo se pueda reforzar el argumento de los fiscales que se presentan contra nosotros (Zohar II 186:1, según el Arí Z»l entre los diferentes toques del Shofar puede uno confesarse en voz baja, ver adelante 4:7).

Hay quienes opinan que así como no se recita Vidui en Rosh Hashaná, de la misma forma debe omitirse en la plegaria «Avinu Malkenu» (Nuestro Padre, Nuestro Rey) las frases que recuerdan el pecado, como por ejemplo: «Avinu Malkenu, hemos pecado ante Ti» (Beit Iosef, Arí Z»l). Hay quienes acostumbran recitar en Rosh Hashaná todo el texto de «Avinu Malkenu», ya que las frases que recuerdan pecados no se consideran confesión sino la descripción de una situación general (Ramá 584:1, Mishná Berurá 3).

Si bien Rosh Hashaná es un día festivo en el cual correspondería recitar Halel, esto no se hace ya que se trata del Día del Juicio (ver arriba inciso 4).

Hay muchas variantes en la Amidá de los Días Solemnes (Yamim Noraím) y la principal de todas es que en la tercera bendición decimos «HaMelej HaKadosh» (El Rey Santo) en vez de «HaE-l HaKadosh» (El D´s Santo). Si alguien por error dice «HaE-l Hakadosh» en vez de «HaMelej HaKadosh» no cumple con su deber, tal como se verá más adelante (5:2). Las reglas referidas al oficiante y las diferentes costumbres ya fueron explicadas (2:10), al igual que la costumbre de ponerse de pie al abrirse el arca sagrada y la de que hoy día no se debe rezar Amidá en voz alta (2:11).

Al igual que en todas las festividades (Yamim Tovim) cinco personas son llamadas a subir a la lectura de la Torá (Pninei Halajá Moadim 2:8). Se lee la Parashá o porción de lectura que comienza con las palabras «Y el Eterno recordó a Sará» (Bereshit 21:1-34) y en la Haftará (porción de los Profetas) se lee cuando Janá dio a luz a Shmuel (Shulján Aruj 584:2). Esto se debe a que en Rosh Hashaná («nifkedú») fueron recordadas para bien por Hashem para ser madres, tres mujeres justas: nuestra matriarca Sará que tuvo a nuestro patriarca Itzjak, nuestra matriarca Rajel que tuvo a Iosef el justo y Janá que tuvo al profeta Shmuel (Talmud Babilonio Tratado de Rosh HaShaná 10(B)). La esterilidad de estas mujeres obedecía a que en virtud de lo elevado de sus personas debían traer al mundo almas tan innovadoras que de modo natural no podían nacer, y sólo en mérito de la renovación de Rosh HaShaná pudieron quedar embarazadas. La mayor parte de la porción de lectura de la Torá en cuestión se ocupa de la expulsión de Ishmael, relato del cual se pueden rescatar dos principios fundamentales: a) A pesar de lo dolorosa de la situación, la expulsión de Ishmael no implica un problema moral ya que de haberlo los sabios no habrían incluido este pasaje para leer, a los efectos de que no funja como acusación contra nosotros en el Día del Juicio b) Justamente en Rosh HaShaná, Día del Juicio, es necesario diferenciar entre el pueblo de Israel y las demás naciones que no están dispuestas a aceptar la gran misión de reparar el mundo conforme a la Voluntad de D´s, tal como se diferenció a Ishmael de Israel.

En el segundo día de Rosh HaShaná se lee la porción de «Akedat Itzjak» o «ligazón de Itzjak» (Bereshit 22:1-24) para recordar ante HaShem el mérito del accionar de nuestros ancestros. Para la Haftará se lee la profecía del consuelo de Irmiahu (31:1-19). En los dos días se a acostumbra retirar del arca sagrada un segundo rollo de la Torá del cual se lee la porción del sacrificio del día, y el Maftir o persona que ha de leer la Haftará es llamado a bendecir sobre éste (Beit Iosef Oraj Jaím 488:2).

12. La ingestión de alimentos que hacen de buen augurio.

Todo lo que hacemos en Rosh HaShaná tiene un significado especial para el resto del año, ya que es el primer día del mismo y en éste se le adjudica vida a todo ser viviente; por lo que toda acción, palabra y pensamiento en este día influyen para el resto del año. Sobre esto dijeron nuestros sabios que «Siman Milta Hí», o sea,  una señal o alimento simbólico es algo importante (Talmud Babilonio Tratado de Kritot 6(A)). De aquí que los «simanim» o alimentos simbólicos tienen significación,  tal que si la señal es de  bendición el primer día, la misma se extenderá a todo el año.

Es así que la Guemará en el antes mencionado pasaje, recomienda comer en Rosh HaShaná alimentos que puedan implicar una buena señal para el resto del año, «Karté» (puerro) como señal de que nuestros enemigos sean erradicados («Ikartú»), «Rubia» (porotos alubia) como señal o augurio de que nuestros méritos sean abundantes («Irbú»), «Tmarim» (dátiles) como augurio de que se acaben («Itamu») nuestros pecados, «Dla´at» (calabaza) como augurio de bendición pues es una verdura gigante que crece rápidamente (Shulján Aruj 583:1).

Asimismo, se acostumbra a ingerir manzana con miel o agua azucarada como augurio de un año bueno y dulce. Se ingiere granada ya que posee muchas semillas y es señal de que abunden nuestros méritos (Ramá ídem). Se acostumbra también a comer cabeza de cordero o pescado como augurio de que estemos a la cabeza y no al final  («no a la cola» lit.)(Shulján Aruj 583:2). Se acostumbra ingerir pescado pues es augurio de que seamos prolíficos como éstos y el mal de ojo no actúe sobre nosotros.

Según este principio, se agregaron costumbres en cuanto a ingerir diferentes alimentos a modo de buen augurio para el nuevo año en virtud de su nombre sabor o aspecto. Cada congregación lo hace según la lengua que hablan y los alimentos que la geografía dispensa. Es bueno cuando se puede seguir manteniendo una tradición.

Esta cuestión de las señales de buen augurio no debe limitarse únicamente a la ingestión de los alimentos. Los sabios medievales consideraron oportuno adicionar una breve plegaria para cada una de las señales. Por ejemplo, al ingerir el dátil se dice «Iehí Ratzón Milfaneja HaShem Elokeinu VeElokei Avoteinu Sheitamu Soneinu» («Sea Tu Voluntad D´s nuestro y de nuestros ancestros que se acaben nuestros enemigos»). El Shelá explica que lo más importante es que la ingestión de las señales nos impulse a la teshuvá y la plegaria, ya que cada rezo de Rosh HaShaná influye en gran manera sobre todo el devenir del año entrante, por lo que corresponde que la ingestión del alimento de buen augurio esté embebida de plegarias para que el año entrante sea bueno y dulce (Tratado de Rosh HaShaná Ner Mitzvá 21).

Muchos acostumbran a embeber con miel o agua azucarada el pan o jalá con la que se recitó la bendición de «Hamotzí», como señal de que el año entrante sea bueno y dulce (Mishná Berurá 583:3). Hay quienes antes de esto echan un poco de sal sobre la jalá en cuestión, de modo tal que no estropee el sabor dulce. Otros acostumbran a embeber el pan únicamente con miel o agua azucarada, colocando sal en la mesa, mas sin echarla sobre el pan. Hay quienes acostumbran a embeber la jalá en miel o agua azucarada todos los Shabatot y días festivos hasta Simjat Torá. Por otra parte, hay quienes no acostumbran a hacerlo ni siquiera en Rosh HaShaná. Todas las costumbres son correctas y lo mejor es seguir la tradición paterna.

En Rosh HaShaná se acostumbra a comer alimentos buenos y refinados como señal de buen augurio para todo el año. Muchos evitan preparar alimentos agrios, salados o amargos o servir fruta que no terminó de madurar (Ramá 583:1, Mishná Berurá 5). Así acostumbran a hacer los ashkenazíes y parte de los sefaradíes (Jidá, Rabí Jaim Palaggi, Ben Ish Jai, Kaf HaJaím 18). Respecto a alimentos picantes, muchos no se abstienen de consumirlos y hay entre los ashkenazíes quienes acostumbran comer muchos alimentos dulces, y por ende no alcanzan a ingerir alimentos picantes.

Ashkenazíes acostumbran a no comer nueces en Rosh HaShaná ya que ese fruto alude parcialmente al pecado; y como además provoca expectoración  puede molestar a la hora de rezar (Ramá 583:2).

13. Orden de ingestión.

Hay quienes acostumbran a ingerir los «simanim»  aún antes que el pan empero, la costumbre más correcta es la de anteponer la ingesta del pan. Esto se debe a que, según la Halajá, el pan por ser el más importante de los alimentos es el que debe ser consumido en primer término (Pninei Halajá Brajot 9:8). Además, si se ingieren los «simanim» antes que el pan surge el interrogante de si se deben recitar bendiciones finales por estos (ídem 3:12).

Por lo tanto, tras el recitado del Kidush se debe abluir las manos y se troza la jalá; muchos la han de embeber en miel o agua azucarada (tal como se vio en el inciso anterior). Luego, se ingieren los «simanim». Se debe recitar la bendición «Boré Prí Haetz» («Que creas el fruto del árbol») sobre alguno de los frutos del árbol lo cual habilita el consumo de todos los demás. Esto se debe a que la bendición por el pan o «Hamotzí» abarca a los alimentos que satisfacen y que «son parte integral de la comida», empero en el caso de los frutos del árbol que son parte de los «simanim», actúan como saborizantes mas no como parte integral de la comida, por lo que requieren que se recite por ellos una bendición (ídem 3:7). Si bien la manzana con miel es el «simán» más conocido, dado que el dátil es parte de las siete especies (con las que la tierra de Israel fue bendecida n. de t.) y en el orden de las mismas es más importante que la granada por estar más próximo al vocablo «Eretz» (tierra), lo  correcto es recitar sobre éste la bendición y por su intermedio eximir de las misma a todos los demás frutos del árbol (ídem 9:9-10). Tras la bendición por el dátil se debe ingerir un poco de éste y solamente después recitar la fórmula de buen augurio «Iehí Ratzón» acostumbrada para no interrumpir entre la bendición y la ingestión.

Por aquellos «simanim» cuya bendición previa es «Boré Prí Haadamá» no es necesario recitar bendiciones, ya que están cocidos como las ensaladas que acompañan la comida y son parte de la misma, por lo que están incluidas en la bendición de «Hamotzí» (por el pan).

Antes de cada «siman» se acostumbra a recitar «Iehí Ratzón». Uno de los comensales puede recitarlo en voz alta para todos los presentes y todos contestan «Amén» y luego comen.

Hay quienes acostumbran a ingerir «simanim» únicamente la primer noche de Rosh Hashaná (Bnei Isasjar Tishrei 2:11), empero la mayoría de los judíos acostumbran a ingerirlos ambas noches (Jidá, Eliahu Rabá, Jatam Sofer). Hay quienes cumplen la costumbre con excelencia e ingieren «simanim» también durante las comidas del mediodía (Maté Efraim 597:4, Ben Ish Jai Nitzavim 1:8).

14. Otros «Simanim» que se acostumbran.

Dado que todo lo que se hace en Rosh HaShaná es señal para todo el año, la persona debe alegrarse y confiar en que HaShem habrá de aceptar su retorno, por lo que debe abundar en manifestaciones de amor para con sus amigos y juzgarlos favorablemente. No debe enojarse ni trabarse en rencillas con sus amigos y no debe hablar mal de ellos, ya que además de trasgredir una prohibición es una mala señal para el resto del año (ver Mishná Berurá 583:5).

Dado que Rosh Hashaná es un día de fiesta, es preceptivo alegrarse y alegrar a otros; por lo tanto en las comidas festivas cada quien debe procurar alegrar a los miembros de su familia y a los convidados, siendo esto una buena señal para el año que entra (Pninei Halajá Moadim 1:11).

En Rosh Hashaná es bueno no abundar en sueño, ya que nuestros sabios dijeron (en el Talmud Jerosolimitano) que todo aquél que duerme en ese día su «mazal» o suerte también duerme. Por esta razón, en el tiempo libre entre  los rezos y las comidas se debe estudiar mucha Torá. De todas maneras no es bueno reducir las horas de sueño exageradamente, para así poder concentrarse en el rezo y en el estudio. Por lo tanto, quien siente cansancio al concluir la comida festiva, es bueno que duerma para que pueda luego estudiar apropiadamente. Hay grandes sabios que acostumbraban a dormir en Rosh Hashaná igual que en las demás festividades (Maharam de Rotenburg). De todas maneras, tal como ya estudiamos (inciso 4) es necesario reparar en dedicar la mitad del día a D´s y lo principal es que el tiempo de los rezos sumado al de estudio no sea inferior a las nueve horas.

Hubo quienes acostumbraban a no dormir durante todo el día con la confianza en que esta conducta les proporcionaría vitalidad y vigilia para todo el año (Ramá 583:2, Maté Efraim). Quien se encuentra inactivo durante la fiesta, aunque esté despierto se le considera dormido (Mishná Berurá 9). La mayoría de los sabios de las últimas generaciones (Ajronim) escribieron que de acuerdo con el Arí Z»l lo más importante es abstenerse de dormir antes del mediodía (Shulján Aruj Harav 8, Aruj Hashulján 4, Mishná Berurá 9, Kitzur Shulján Aruj 129:20). De acuerdo con esta costumbre es bueno levantarse al despuntar el alba o al menos al amanecer. De todas maneras, quien teme que si se levanta antes del amanecer le será difícil concentrarse en el rezo o estudiar correctamente, puede dormir hasta poco antes del horario de inicio del rezo ya que ninguna práctica o costumbre es más importante que cumplir cabalmente con los preceptos del estudio de la Torá y la concentración en la plegaria.

Tras el rezo de Arvit cada quien saluda a su prójimo con las palabras: «Le Shaná Tová Tikatev Vetejatem» («Por un buen año en el que sea inscrito y sellado» (en el libro de la vida)) y en femenino «Tikatví Vetejatmí». Hay quienes opinan que dado que el sellado es en Yom Kipur, en Rosh HaShaná se debe decir únicamente: «Le Shaná Tová Tikatev» (Gaón de Vilna). Al día siguiente se saluda de igual manera, mas pasado el mediodía ya no se saluda con estas palabras, pues la parte principal de la inscripción ya tuvo lugar y alcanza con decir «Shaná Tová». Si quien saluda primero agrega al saludo una bendición suplementaria, es correcto responderle con la misma fórmula. Asimismo, también se le puede responder «Vejen leMar» («Y lo mismo para mi Señor»), esto es, que todas las bendiciones que me prodigaste recaigan también sobre ti, mi honorable.

Hay quienes no saludan el segundo día pues la parte principal del juicio tiene lugar el primero. La mayoría de las personas acostumbra a saludar en este día pues el juicio también se lleva a cabo en el mismo (Mishná Berurá 582:25). Todas las tradiciones son correctas.

15. Tashlij.

El primer día de Rosh HaShaná muchos acostumbran a ir a un sitio donde hay  agua, mar, rio o manantial y recitar una serie de versículos, entre ellos: «Nuevamente tendrá compasión de nosotros. Reducirá nuestras iniquidades. Y Tu arrojarás («Tashlij») todos los pecados de ellos a las profundidades del mar» (Mijá-Miqueas 7:19). De aquí que a esta plegaria se la denomina «Tashlij». Con el correr del tiempo se fueron agregando a esta plegaria más pasajes y pedidos.

El origen de la costumbre del recitado de Tashlij se remonta a las comunidades ashkenazíes en los días de los  Rishonim o sabios medievales. Con el correr del tiempo esta costumbre se extendió a las comunidades sefaradíes, especialmente a raíz de que el Arí Z»l la elogió. Sin embargo, no hay obligación de realizar «Tashlij» y entre los grandes sabios de Israel hubo quienes no acostumbran a realizarlo (Gaón de Vilna, Rabí Jaím de Volozhin). Los judíos originarios de Yemen no lo realizan y algunos Jasídicos acostumbran a hacerlo en uno de los días hábiles posteriores a Rosh HaShaná.

Hay quienes escribieron que esta costumbre se fundamenta en la entrega valerosa de nuestros patriarcas Abraham e Itzjak, quienes a la hora de marchar rumbo a la «Akedá» atravesaron un rio que se les presentó repentinamente con el objetivo de probarlos (Maharil). Además, el agua insinúa pureza y vida y cuando una persona se eleva en su retorno se limpia y se purifica, anulándose sus pecados en el agua de purificación. Además, encierra el pedido a HaShem que arroje a las profundidades del mar («Iashlij») las acusaciones contra nosotros que se formaron en virtud de nuestros pecados, de modo tal que no se recuerden más. Hay quienes acostumbran a sacudir los bordes de sus ropas mientras recitan «Tashlij» a los efectos de señalar que los pecados que cometimos son exteriores a nosotros, y solamente por influencias extrañas pudimos cometerlos y en realidad los rechazamos.

La mayoría de las mujeres acostumbran a no cumplir con la costumbre de «Tashlij», y hay quienes sostienen que es mejor que no lo hagan para que no se mezclen hombres con mujeres a la hora de ir hacia la fuente de agua (Elef Hamaguén 598:7). De todas maneras aquellas mujeres que deseen cumplir con la costumbre tienen permitido hacerlo.

Cuando no hay posibilidad de ir a una fuente de agua se acostumbra a recitar «Tashlij» junto a un aljibe o una Mikve. Hay quienes acostumbran a decirlo aunque sea sólo posible divisar las aguas del rio o el mar a lo lejos.

16. Rosh HaShaná que cae en Shabat.

Cuando Rosh HaShaná cae en Shabat no se toca el Shofar tal como se explicará más adelante (4:9-10).

Hay quienes opinan que si Rosh Hashaná cae en Shabat no se recita «Avinu Malkenu» ya que no corresponde pedir en Shabat por cuestiones mundanas mediante una plegaria compuesta para ser dicha inicialmente durante días de ayuno público (Ran, Ramá 584:1, Maharitz).

Esta es la usanza de los ashkenazíes, yemenitas y parte de los sefaradíes. Hay quienes acostumbran a  recitar la plegaria en cuestión también en Shabat (Tashbetz); y dado que el Arí Z»l estaba de acuerdo con esta postura, es la costumbre predominante entre los sefaradíes (ver adelante 5:6 respecto a Shabat Tshuvá),

Se deben ingerir tres comidas. En caso de que se haga difícil fijar una comida suplementaria además de la ingerida después del rezo, o si todavía se está satisfecho de la comida anterior, o si no se desea ingerir una tercera comida con proximidad a la cena de la segunda noche de Rosh HaShaná se puede dividir el almuerzo en dos. Esto es, ingerir un primer plato que equivalga en volumen a la mitad de lo preparado, tras el cual se ha de recitar «Birkat Hamazón», Luego se ha de realizar una pausa de una media hora en la cual se puede pasear o estudiar, para luego nuevamente abluir las manos y comer una comida más con el segundo plato de lo preparado (Ver Pninei Halajá Brajot 12 comentario 2).

Cuando el primer día de Rosh Hashaná cae en Shabat, muchos de aquellos que acostumbran recitar «Tashlij» lo posponen para el segundo día (Ramá 583:2, Mishná Berurá 8 y ver Kaf HaJaím 30-34).

01. El precepto de escuchar el sonido («truá») del Shofar.

La Torá nos ordena escuchar el sonido «truá» del Shofar en Rosh Hashaná, tal cual está escrito (Bamidbar-Números 29:1): «Y el día primero del mes séptimo…se celebrará al son del Shofar («truá»)»; y en el libro de Vaikrá.Levítico (23:24) leemos: «El día primero del mes séptimo será para vosotros día de descanso, de Sagrada Convocatoria, y lo conmemorareis al son del Shofar («Zijrón Truá»)…»

El vocablo «truá» significa quebrantamiento, tal como está escrito (Salmos 2:9): «Las quebrantarás («teroém») con barra de hierro. Las destrozarás en pedazos como vaso de alfarero» Asimismo, el profeta Ishaiahu (24:19) dice: «La tierra está quebrantada («roá hitroaá»), despedazada. La tierra está desecha en pedazos. La tierra tiembla y se sacude». El profeta Mijá (5:5) dice: «Y asolarán («raú») la tierra de Asiria con la espada». Onkelos tradujo al arameo «Día de Toque de Shofar» o «Día de Truá» como día de llanto («ievavá»), esto implica que la Torá ordena que el primero de Tishrei tengamos un día de llanto.

A diferencia del sonido de la «tkiá» que expresa alegría y firmeza, la «truá» insinúa quebrantamiento, temor, llanto y reorganización. Vemos que en el desierto Hashem ordenó al pueblo de Israel que cuando necesiten reunirse toquen una «tkiá» con las trompetas pues este sonido implica alegría y encuentro. A la hora de salir a la guerra o cuando era necesario desmontar el campamento para proseguir camino, se tocaba en las trompetas un sonido de «truá» (Bamidbar 10:1-7). Esto se debe a que el sonido de «truá» expresa quebrantamiento y llanto por lo que concluyó incompleto, así como también temor ante lo que está por venir (arriba 3:2).

Y así en Rosh HaShaná, cuando los días del vivir del año anterior pasaron y no han de regresar, y el tiempo de vida del nuevo año no fue adjudicado aún, se desata en el seno de la persona una gran pena por el año perdido así como una gran angustia de cara al juicio que definirá el devenir del año próximo, mientras el fiscal permanece frente a nosotros y no sabemos quién habrá de vivir y quién habrá de morir, quién gozará de buena  salud y quién padecerá sufrimientos. En un acto de generosidad para con nosotros, Hashem nos ordenó tocar en el Shofar un sonido de «truá» para endulzar el rigor del juicio, ya que al aceptar Su soberanía y Su sentencia se despierta en nosotros el deseo de retornar y por lo tanto el decreto Divino se modera. Por lo tanto, si bien el sonido de la «truá» es breve, expresa el carácter del día y por ello es denominado «Día de toque de Truá», día de quebrantamiento y llanto, temor y angustia.

Nuestros sabios analizaron los versículos pormenorizadamente y aprendieron que en Rosh HaShaná se deben escuchar tres sonidos de «truá», y antes y después de cada uno se debe ejecutar una «tkiá». Por lo tanto, según el precepto de la Torá, en Rosh Hashaná se deben escuchar tres series de «tkiá, truá y tkiá» (Talmud Babilonio Tratado de Rosh Hashaná 33(B), 34(A)).

La primera «tkiá» de cada serie expresa la simpleza y la rectitud natural del alma, similar a la de un niño pequeño que aún no pecó y está limpio de trasgresiones. Posteriormente, cuando el niño crece, se enfrenta a las complicaciones y a las sinuosidades de este mundo, lucha y experimenta así como también fracasa y peca. Esto está expresado por la «truá» que emula unas veces al suspiro y otras al llanto por los defectos que se adhirieron a nuestro carácter y por las trasgresiones que hemos cometido. Posteriormente, la serie concluye con una «tkiá» simple que vuelve a expresar la rectitud y el bien, mas esta vez es la rectitud que procede del retorno y el arrepentimiento una vez que se pidió perdón. Es así que cada serie, expresa otra área del quehacer humano, su buen inicio, la crisis que sobreviene al enfrentar las dificultades que la vida presenta y la reparación final. Al concluir de la ejecución de todos los sonidos, se acostumbra a tocar una «tkiá» más prolongada- «tkiá guedolá», que alude a la reparación completa y final tras la conclusión de los conflictos y los sufrimientos (ver Shelá Tratado de Rosh Hashaná Torá Or 55).

Si bien Rosh Hashaná recibe el nombre de «Día de Toque de Truá» en virtud del rigor y el temblor implícitos en el sonido, dado que el juicio se lleva acabo para beneficio del hombre a los efectos de alejarnos del mal, mejorar nuestras acciones y agraciar nuestro destino, se nos ordenó tocar un sonido de «tkiá» antes y después de cada «truá» (Rabenu Bejaié 24, Hakemaj Rosh Hashaná 2, Akedat Itzjak, Shaar 67).

El Shofar insinúa todo esto por cuanto que, por una parte conmociona  a quien lo escucha y por la otra despierta en el oyente el deseo del retorno a su raíz y a su esencia positiva original. Esta es la ventaja del Shofar por sobre la trompeta, que su sonido es natural y expresa el anhelo profundo de retornar al origen, conectarse con el bien verdadero y expresar la aspiración a una reparación completa.

02. Treinta toques de Shofar.

Tal como vimos, el sonido de la «truá» alude al dolor, quebrantamiento y llanto. Sin embargo, con el correr de los siglos se despertó la duda respecto de cómo debe ser el sonido más apropiado. Algunas comunidades tocaban sonidos de «truá» medianos, similares a los «shvarim», que se asemejan a suspiros. Otras comunidades tocaban la «truá» con sonidos cortos, similares a un llanto entrecortado. Otras comunidades lo hacían combinando ambos sonidos conjuntamente, al inicio con sonidos que emulan suspiros y luego con sonidos que emulan llanto cual persona que se lamenta, primero suspira y luego llora. Si bien con todos los tipos de «truá» se cumple con el precepto del Shofar, a ojos de los legos parecía como si existiese una discusión y disenso respecto de este precepto.

Por lo tanto, Rabí Abahu estableció en su ciudad, Cesarea, que se toquen los tres tipos de «truá» (Rosh Hashaná 34(A), Rav Hai Gaón). Otro motivo de su decreto obedece a que cada tipo de sonido tiene un valor particular y por lo tanto es bueno ejecutar todos los tipos de «truá» (Zohar III 231:2). Su decreto fue aceptado en todas las comunidades y desde entonces a los sonidos medianos se les llamó «shvarim» y a los breves «truá».

Este es el orden: al inicio se toca tres veces «Tashrat» (abreviación hebrea para «tkiá», «shvarim» y «truá»). Posteriormente se tocan tres veces «Tashat» (abreviación hebrea de «tkiá», «shvarim» y «tkiá»). Para finalizar se toca tres veces «Tarat» (tkiá, «truá» y «tkiá» Shulján Aruj 590:2).

Dado que el decreto de Rabí Abahu fue aceptado, ya no es posible cumplir con el precepto del Shofar mediante un solo tipo de «truá» por lo que es obligatorio tocar los tres tipos. De esta forma resulta que si bien, según la Torá, tenemos el deber de tocar nueve toques, hoy día debemos tocar treinta. Nueve veces «shvarim» que es la versión de la «truá» que se asemeja al suspiro, nueve veces la «truá» que se asemeja al llanto y doce veces la «truá» que combina ambos sonidos.

03. Toques de posición sentada y toques de pie.

Nuestros sabios establecieron que se cumpla el precepto de escuchar el  sonido del Shofar durante el recitado de las bendiciones especiales de Rosh Hashaná que son Maljuiot, Zijronot y Shofarot, ya que de esta manera tanto el rezo como los toques se ven realzados. Empero esto no es obligatorio, por lo que de no ser posible combinar ambos se puede tocar el Shofar y recitar las bendiciones por separado. El decreto de tocar el Shofar conjuntamente con el recitado de las bendiciones es para el público, empero en el caso de quien reza solo, esto no se le permite (Talmud Babilonio Tratado de Rosh Hashaná 32(A), 34(B), Shulján Aruj 592:1-2).

En un inicio se tocaba el Shofar y se recitaban las bendiciones especiales de Rosh Hashaná durante el rezo de Shajarit, ya que los diligentes cumplen los preceptos lo antes posible. Luego, en días de persecuciones y conversiones forzosas, el gobierno opresor prohibió que se toque el Shofar y los soldados reales emboscaban a los judíos en las seis horas (temporales o «zmaniot») de la mañana para prenderlos mientras tocaban. Entonces, se estableció que se toque el Shofar y se reciten las tres bendiciones en el rezo de Musaf, que se puede recitar después del mediodía. Luego que el decreto persecutorio fue anulado, no se devolvieron los toques del Shofar ni el recitado de las tres bendiciones al rezo matinal de Shajarit por temor a un posible retorno de las medidas antijudías, por lo que se afianzó la costumbre de tocar el Shofar en Musaf (ídem Rosh Hashaná 32(B), Tosafot allí). Hay quienes opinan que, a priori, corresponde tocar en el rezo de Musaf  ya que el principal precepto del día es el sacrificio de la ofrenda de igual nombre y el recitado de la plegaria que la acompaña (una opinión en el Talmud Jerosolimitano, Tratado de Rosh Hashaná 4:8).

Además, nuestros sabios establecieron que se toque el Shofar antes del rezo de Musaf permitiendo permanecer sentados durante estos toques, por lo que recibieron el nombre de «Tkiot Demeiushav» («toques de posición sentada»). Si bien a priori es obligatorio que tanto quien toca como quien escucha estén de pie durante el cumplimiento de este precepto, se permitió mantenerse sentados durante los toques anteriores al rezo de Musaf para patentizar que los toques que se realizan durante este rezo son los principales, y por ello el cuidado de mantenerse de pie entonces. Esta es la usanza de los sefaradíes y los yemenitas; ambas comunidades se mantienen sentadas durante los toques que anteceden a Musaf. Los ashkenazíes acostumbran a mantenerse de pie durante los toques anteriores a Musaf, por cuanto que en la práctica estos son los primeros y por su intermedio se cumple con el deber (Shulján Aruj 585:1, Mishná Berurá 2).

El Talmud nos explica (Tratado de Rosh Hashaná 16(A) y (B)) que el motivo del decreto de los sabios de tocar el Shofar «de asiento» previo al rezo de  Musaf para luego volver a tocarlo durante esa Amidá es el de «confundir a Satán», el ángel fiscal. Esto es explicado por Rashí de la siguiente manera: cuando Satán oiga que el pueblo de Israel ama los preceptos y tocan más de lo que la Torá les ordena, todos sus argumentos se ven rebatidos. Rambán explicó que los toques del Shofar tienen la capacidad de conectar al pueblo de Israel con su Padre celestial, y por ello Satán se confunde en los primeros toques del Shofar y ya no puede acusar durante el rezo de Musaf. Otros dijeron que Satán tiene permiso de presentar su testimonio una sola vez, por eso cuando escucha que comenzaron los toques antes de Musaf expone todas sus acusaciones, y luego ya no lo hace durante el rezo (Raavad). Además, hay quienes dicen que la mayor revelación de Satán es mediante el «ietzer hará» o la inclinación al mal, y es a ésta tendencia natural a la que se procura marear mediante abundantes toques, pues el Shofar nos despierta y alienta  al retorno (Ran). Se puede explicar que durante los primeros toques, en virtud de la emoción, la persona es pasible de perder la concentración apropiada, pero una vez que ya escuchó treinta toques, se serena y puede concentrarse adecuadamente.

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