Mo’adím

PRÓLOGO A LA EDICIÓN EN ESPAÑOL

אֵלֶּה מוֹעֲדֵי ה מִקְרָאֵי קֹדֶשׁ אֲשֶׁר תִּקְרְאוּ אֹתָם בְּמוֹעֲדָם. Estos son los plazos señalados por HaShem, días de convocaciones sagradas, los que habréis de proclamar en sus plazos” (Vaikrá 23:4).

Moadím. Plazos fijos en el tiempo con los que el Creador ha querido ‘encontrarse’ con nosotros. Tiempos singulares donde el regocijo y la introspección, dos aspectos que parecen antagónicos, se dan cita en la celebración, en la memoria de los tiempos, para hacernos más sensibles a Su Palabra, para que tomemos en cuenta el vasto recorrido del vivir y sepamos apreciar cada instante.

Los Yamím Tovím llegan hacia nosotros para quedarse, para marcar un día o varios, para dejar sus huellas en nuestros caminos, en nuestra cotidianeidad, haciendo la diferencia. Llamándonos a hacerlos diferentes. “Mikraé Kodesh asher tikreú otam…”, ‘días de convocaciones sagradas, los que habréis de proclamar…’. Estos días esperan por nosotros para revestirse del perfil humano que celebra su encuentro con D’s y con su prójimo. Tiempos establecidos por El Creador – “Sus Plazos”- al decir de la sagrada Torá, pero que en Su Infinita Bondad, los comparte con nosotros, nos ‘invita’ a ser parte…

«רבי ברכיה בשם רבי חייא בר בא לא ניתנו שבתות וימים טובים אלא לעסוק בהן בדברי תורה…»

Afirma el Talmud Yerushalmi (Capítulo 15, Halajá 3): “Dijo Rabi Berejiá en nombre de Rabi Jía Bar Aba: Los Shabatot y los Yamím Tovím fueron dados a fin de ocuparnos del estudio de la Torá…”. Sugestiva propuesta de la Guemará Jerosolimitana, invitando a cada uno y uno a un aprovechamiento integral de nuestras facultades espirituales en los tiempos de la Reina Shabat y de los Días Festivos, haciendo del estudio de la Torá su eje principal, a fin que todo gire en torno a ella,  y podamos –sepamos- integrar la ‘fiesta’ ligada a la dimensión corporal – comidas y buenas bebidas-, con la ‘otra celebración’: la del alma, la del estudio y el aprendizaje. La transmisión…

Plazos fijos, nos dice el versículo. Días y horas que debemos disponer de nuestro tiempo a fin de compartirlo con nuestro Creador. Así los Yamím Tovím revelan una relación más que interesante. Lo explica nuestro eximio maestro y Rab. Eliezer Melamed shelita en su obra, diciendo: Respecto de la tendencia general que engloba a la festividad nos encontramos ante dos versículos contradictorios, en uno dice que el día es para D’s – «Atzeret (reunión) para D’s tu Señor» (Devarim-Deuteronomio 16:8), y en el otro dice que el día es para ustedes -«Atzeret será para ustedes» (Bamidbar-Números 29:35). Según la opinión de Rabí Yehoshúa la intención de la Torá es que dividamos el día «mitad para D’s y mitad para nosotros», esto es, «una mitad destinada a la comida y la bebida y la otra destinada para la Casa de Estudio». (Libro de Mo’adím, Capítulo 1:6).

No hay tradición de fe que “invite” a compartir los tiempos explícitamente. Esa ‘sociedad’ establecida con El Todopoderoso, no deja de ser sublime. Y a la vez desafiante. Moshé Rabenu lo dejó tan claro cuando, momentos previos a despedirse de su amado pueblo, les dijo: “…Pues ¿qué nación grande -hay- que tiene a D’s cercano a ella, como HaShem nuestro D’s, en todo nuestro invocar a Él?” Moshé Rabenu develaba nuestros ojos y nuestra mente, a fin de tomar conciencia de una realidad que marcaba la diferencia.

Tener un “D’s cercano” supone vínculo. Invita a ser parte. Nos convoca para que en cada instancia y en cada instante sintamos que Su Presencia es inacabable. Y si así lo es en lo cotidiano, entonces cada Shabat y cada Mo’ed serán esos plazos fijos que dice el pasuk, para que sepamos, en la vorágine cotidiana, que HaShem nos espera. Paciente. Bondadoso. Generoso. Para darnos de Sí lo excelso. Para recibir de Sus hijos, el presente más simple y más bello: presencia y testimonio; educación y continuidad; celebración y encuentro…

Así nuestros Mo’adím. No tan sólo ‘Festividades’. Los Mo’adím conforman un mundo en sí mismos. Mundos donde se crean y se recrean escenarios humanos y Divinos, que permiten comprender hasta qué punto la idea del alegrarse y vivir en plenitud dicha celebración es una mitzvá en sí. Mo’adím, fiestas testimoniales, donde cada uno de nosotros cuenta. Pues de una u otra manera retornan las palabras del profeta Yeshayahu, cuando decía: “Vosotros sois Mis testigos, Juramento de HaShem” (Isaías 43:9). Ser testigos es estar presentes. Es dar nuestra palabra. Nuestro sentido de pertenecer al Todopoderoso y al pueblo judío todo, en todas sus manifestaciones y en todos los tiempos… tiempos que se celebran.

Con agradecimiento al Todopoderoso que nos ha dado la vida y nos ha sostenido hasta este momento, nos sentimos honrados en ser parte de esta magna obra del sabio Rab –nuestro maestro- Eliezer Melamed shelita; de poder abrevar de sus aguas tan pletóricas de sabiduría y recorrer los vastos campos del conocimiento de la halajá, con su profunda erudición, claridad de conceptos y excelencia en el transmitir.

El Libro de Mo’adím –Festividades- es el undécimo que llevamos en nuestra tarea de traducción y edición en español, y junto a todos los restantes, sentimos que hemos crecido no tan sólo en el saber sino y por sobre todo en la práctica cotidiana, y más allá de ello, en la enseñanza a nuestros alumnos y miembros comunitarios, los primeros en disfrutar de esta obra excepcional.

 

Por cierto, escribimos nuestro sentir, en días –meses- donde la vida se tornado compleja y riesgosa. Nuestra rutina ha cambiado por completo y tal vez, deberemos adaptarnos a vivir con nuevas reglas, nuevos hábitos. Y sin embargo, venimos con el presente Libro a invitar a celebrar. Aprender a vivenciar todos los tiempos y todas las instancias. Y saber, que ante todo preservar la vida es la mitzvá, porque sólo a partir de ella nos podremos acercar a esas otras fuentes de vida, como lo son nuestras fiestas, nuestros tiempos testimoniales, nuestra condición humana y judía, siempre…

 

Quiero agradecer una vez más, la sensibilidad y dedicación del Rab Israel Diament, Shelita, con quien compartimos la tarea desde el comienzo. Su vasto conocimiento, su dedicada labor en la búsqueda de conceptos claros en la traducción y su buen humor siempre presente, hacen que la tarea más allá de un desafío intelectual se torne en placentera y llevadera. “Hazte de un maestro, adquiérete un amigo” reza el Pirké Avot. He aquí la bendición del Creador: un maestro, un amigo… ¡Jazak uBaruj querido amigo!

 

Es tiempo, en medio de la celebración, de evocar los días de la vida de la Profesora Janá Levin Z”L, quien partió prematuramente de los días del vivir, en la ciudad de Montevideo (Uruguay), país que la vio nacer. Tras meses de sobrellevar su dolencia, unió su alma al Creador y nos dejó con cierta orfandad, de su estilo, su sapiencia y su sensibilidad al texto y al contexto. “Yehí zijrá Baruj”…

 

Y es tiempo también de brindar una bienvenida. A la Profesora Janá Bruria Milá, miembro de nuestra Kehilá en Ra’anana, de activa participación y mamá de 3 hermosos hijos. Janá se ha sumado a nuestras filas en este preciso libro, afirmando lo que ella y su familia significan para nosotros: la celebración en sí misma… Janá es nuestra correctora de estilo, habiendo hecho aliá desde su Valencia natal. ¡Bienvenida a la tarea y gracias por ayudarnos a hacer de la misma el deleite de nuestros lectores!

 

A ustedes lectores del idioma español, agradecerles vuestras sugerencias, críticas y correcciones. Nuestro deber es aprender cada día. De cada uno de vosotros. Gracias entonces por ayudarnos a evaluar cada aspecto desde vuestra sabia mirada.

Que podamos alcanzar la dimensión del “alegrarnos en nuestras fiestas”… con todas las letras, y por sobre todo, con cada plegaria y cada comida que deleiten nuestro tiempo de encuentro, frente al Creador, junto a nuestros amados… Porque acercarnos al Creador es llevar Sus Palabras en nuestro corazón, para luego ponerlas en el corazón de nuestros hijos y nietos, haciendo de nuestras personas y nuestros hogares la residencia definitiva de la sagrada Torá.

 

«וְשָׂמַחְתָּ בְּחַגֶּךָ אַתָּה וּבִנְךָ וּבִתֶּךָ וְעַבְדְּךָ וַאֲמָתֶךָ וְהַלֵּוִי וְהַגֵּר

וְהַיָּתוֹם וְהָאַלְמָנָה אֲשֶׁר בִּשְׁעָרֶיךָ…»

 

Y te regocijarás en tu festividad: tú, y tu hijo y tu hija, y tu esclavo y tu esclava, y el leví y el prosélito y el huérfano y la viuda que está en tus ciudades”.

 

Con la Bendición de la Torá y la Paz,

Rab Mordejai Maarabi

Tiempos de Adar, Días de alegría 5781

Ra’anana, Israel

 

 

Prólogo del Rabino Melamed

1

Le agradezco a HaShem que me concedió el mérito de estudiar y enseñar Torá. Es a partir del libro sobre las halajot de Shabat que fue publicado hace dos años que completo ahora las halajot sobre las Festividades y entre estas las leyes de Yom Tov, las de Jol HaMo’ed y las costumbres de Shavuot. Las cuestiones relativas a la festividad de Pesaj ya fueron abordadas en un libro separado y las de la festividad de Sucot, debido a la profusión de detalles que encierran, serán explicadas en un libro que verá luz, con el favor de Dios, en un futuro libro este mismo año.

El Shabat es la raíz de la santidad del tiempo, la cual es fija y permanente y de esta se desprende la de las Festividades. También desde el punto de vista del estudio, las leyes de Yom Tov se basan en las de Shabat, ya que la única diferencia entre ambas fechas es la preparación de alimentos (ojel Nefesh). Por lo tanto, no reproduje las halajot que ya fueron aclaradas en el tomo de Shabat sino que primeramente expliqué las reglas generales de las halajot de Yom Tov y luego aquellas que guardan diferencia con las de Shabat. Es así como, todo aquel que desee estudiar las leyes de Yom Tov como corresponde debe comenzar estudiando las de Shabat.

La singularidad de los días sagrados y entre ellos los de las festividades, radica en que en estos la santidad se manifiesta tanto en el alma como en el cuerpo, en las comidas y en el estudio de la Torá. Es así que los sabios dictaron – haciendo una fina exégesis de los versículos – dividir el tiempo, mitad para la casa de estudios y mitad para ustedes (Talmud Babilonio Tratado de Pesajim 68(B)). A los efectos de poner en su adecuado contexto el espíritu general del día festivo, me extendí en el capítulo primero en la explicación conceptual y halájica de ambas mitades. Lo mismo hice en el capítulo décimo que se ocupa de la cuestión de Jol HaMo’ed.

2

La alegría de las festividades es superior a la sabática en virtud de que en estas la santidad de Israel se torna más manifiesta, ya que son los judíos quienes consagran los tiempos y todas las fiestas tienen como fundamento el vínculo entre el pueblo de Israel y D´s, ya que en Pesaj Él nos sacó de Egipto, en Shavuot nos entregó la Torá, y Sucot es un recordatorio de las nubes de la Gloria Celestial que extendió sobre nosotros durante el éxodo (tal como se explicará más adelante 1:3). Dado que la singularidad de Israel se manifiesta en las festividades, también la fraternidad y la unión entre sus integrantes se revelan en mayor medida. Primeramente en el seno de la familia, ya que así fue la tradición de Israel, de celebrar sus tiempos festivos en el seno familiar. Luego el círculo se va ampliando, alcanzando el precepto explícito de alegrar en las festividades a los pobres e invitar a las comidas a las personas que están solas (tal como se verá más adelante 1:11).

Cuando el Templo estaba en pie el círculo se ampliaba aún más ya que todo el pueblo de Israel peregrinaba a Jerusalém y allí todos se tornaban amigos (como se verá más adelante 1:15). Estas cuestiones están ampliamente explicadas en el capítulo primero y en el decimotercero que está dedicado a la festividad de Shavuot.

Dado que la santidad principal de las festividades es expresada por parte del pueblo de Israel se nos ordenó alegrarnos en estas fechas más que en Shabat. Por ello, la Torá permitió en estos días la realización de labores vinculadas a la preparación de alimentos, de modo tal que los judíos puedan incrementar su alegría en las comidas festivas y en la fiesta en general. De esta manera se pone énfasis en la virtud del pueblo de Israel, que a pesar de que los días festivos son de carácter sagrado está permitido en estos preparar alimentos para que los sagrados hijos de Israel se alegren y se deleite con estos. Este es el principio que marca la diferencia sustancial entre las leyes de Shabat y las de Yom Tov.

3

Tal como en los libros anteriores, también en este antepuse las reglas generales a las particulares y los fundamentos a las derivaciones. Esto es así en la generalidad del libro, tal que el capítulo primero es una introducción general a la cuestión de las festividades, que es luego desarrollado en los capítulos 2 al 9. El capítulo décimo es una introducción a las leyes de Jol HaMo’ed que se explican luego en los capítulos 11 y 12. De igual manera, en cada capítulo y cada tema antepuse las reglas generales a los detalles particulares. Creo que de esta manera todo se ve aclarado de un modo más completo tanto en los fundamentos halájicos como en los detalles de cada halajá, y por supuesto que otro tanto ocurre con los conceptos espirituales interiores.

Desde esta perspectiva en cada tema pongo énfasis primeramente en aquello que es consenso entre todas las partes y de ese modo resulta que los disensos existentes no son tan graves como aparentan serlo a primera vista. Así, por ejemplo, respecto del estatus de las labores de cosechar o moler, que aparentemente los sabios medievales debatieron si están prohibidas por la Torá o por decreto rabínico, en realidad todos concuerdan que el cosechar en general está prohibido por la Torá ya que está destinado a abastecer muchos días, entre ellos, los días hábiles. Toda la discusión radica en lo referente a una cosecha o siega limitada para las necesidades de Yom Tov (adelante 3:2). De igual manera en la discusión en la cuestión de mitoj, aparentemente se trata de un debate enérgico y es si por el hecho de que se permitió (mitoj shehutrá) transportar y encender fuego para preparar alimentos, estas acciones quedaron permitidas por completo o solo para aquellas que resultan necesarias. Empero en realidad todos acuerdan con que quien enciende fuego o transporta como tarea de un día común transgrede una prohibición de la Torá; lo que se discute es un caso excepcional, en el que la acción no obedece a necesidad alguna sino únicamente al deseo de la persona de obrar de esa manera (adelante 3:3). Lo mismo ocurre con la cuestión del Muktzé, aparentemente existe la discusión de si Yom Tov posee reglas más estrictas. En realidad casi todos concuerdan con que en esta cuestión Yom Tov es más grave que Shabat, ya que cualquier cosa nueva (nolad) que surgió en Yom Tov está prohibida y está permitida en Shabat, pero el debate gira en torno a si se debe o no tener una actitud más estricta con aquellas cosas con las que por una parte no estaban en mente y por la otra no se descartaron (adelante 6:5-6).

4

Me esmeré para traer en el cuerpo mismo de la halajá, la fuente principal en la Guemará, el Shulján Aruj o en Maimónides. Cuando se trata de una pregunta nueva que surgió en virtud del devenir de las condiciones de nuestros tiempos, traté de seguir las reglas normativas de sentencia rabínica (pesiká), dos de las principales son: En primer lugar, la halajá según la opinión mayoritaria, mas no como sumatoria fortuita de diferentes libros, sino siguiendo la idea más aceptada por la mayoría de los juristas. En segundo lugar, en caso de discusión o duda, si la norma tiene su origen en la Torá, la sentencia es estricta y rigurosa; mientras que si es de origen rabínico se opta por la actitud más flexible. Para estas halajot, por lo general cito su fuente en la literatura de los juristas contemporáneos, a fin de que quien estudia vea que la opinión que señalé como principal está ya sentenciada en otros libros. Empero no porque un autor determinado haya escrito así la halajá es que la tomo en consideración, ya que a veces en otros temas la misma obra puede no conducirse según la opinión mayoritaria, tal como lo entiendo en mi humilde opinión. Por ello, a veces la cita no es una fuente, sino que sirve como respaldo, y en otras ocasiones mencioné un libro determinado, ya que en ese la halajá está bien explicitada.

Cuando hay quienes discuten la idea central, si su enfoque resulta importante debido a su peso halájico o porque una congregación determinada actúa según este criterio, menciono su opinión en el cuerpo del texto. Cuando desde el punto de vista halájico se trata de un enfoque marginal lo menciono en las notas a pie de página (n. de t. no incluidas en la versión castellana) o en el libro de ampliación.

5

A raíz del exilio y la dispersión surgieron diferentes costumbres entre las diferentes congregaciones de Israel, cada una según la opinión de las eminencias que las guiaban. Esta tradición tiene vigencia halájica como costumbre que debe ser preservada. Por lo tanto, he mencionado las diferentes tradiciones de sentencias que son aceptadas en las diversas congregaciones y de esta manera el libro es adecuado para los estudiantes de todas las comunidades.

Dicho esto, es necesario saber que muchas veces por error se explica una discusión entre juristas de las últimas generaciones como originada por una diferencia de costumbres entre ashkenazíes y sefaradíes, y tras un minucioso análisis queda claro que eso no es correcto, resultando que también entre los juristas ashkenazíes como sefaradíes están los de actitud más estricta y los de actitud más flexible. En estos casos mencioné las diferentes opiniones. De manera especial, se hizo necesario agregar también las sentencias de los juristas del Norte de África y del Yemen, las cuales son pasadas por alto por algunos libros y las incluyen junto a las opiniones de los demás sabios de las congregaciones de judíos orientales (Edot Hamizraj). Así, por ejemplo, en el caso de la bendición por el Halel en Jol HaMo’ed de Pesaj según la tradición norafricana (adelante 2:7); el momento de bendecir por las velas (2:2) y la costumbre mayoritaria de los procedentes del Yemen de no bendecir por las velas en Yom Tov.

6

Las leyes de Jol Hamoed son consideradas como las más dificultosas y en virtud de su complejidad pocos son los que se dedican a su estudio. Quisiera mencionar dos libros importantes que aclaran con exactitud los detalles de las halajot: Shemirat Shabat Kehiljatá del Rabino Noibirt en los últimos capítulos de la segunda sección y Jol HaMo’ed Kehiljató del Rabino Farkash. Sin embargo, el inconveniente que encontré es que debido a la profusión de detalles resulta difícil entender el enfoque general. En mi libro traté de elaborar las reglas generales y a partir de estas explicar todos los detalles de las halajot. Creo, humildemente, que esta es la manera adecuada de estudiar la halajá, pues esto permite recordar mejor las halajot y por ende es más fácil cumplirlas.

7

Le agradezco a HaShem que me concedió el mérito de estudiar y enseñar en la Yeshivá y en la localidad de Har Berajá. De los residentes aprendo las preguntas halájicas que acompañan sus vidas y junto a los estudiosos de la Yeshivá tanto adultos como jóvenes tengo el mérito de poder elaborar las diferentes opiniones y definiciones, en clases de halajá y en los debates que surgen entre los maestros y los jóvenes estudiantes. De no mediar esta combinación entre la casa de estudio y la vida práctica no podría haber escrito el presente libro.

Gracias a D´s, la Yeshivá de Har Berajá cuenta cada vez con más alumnos virtuosos, esmerados y que profundizan en su estudio. Tuve el privilegio de poder analizar el contenido del presente libro en un ambiente de gran amistad y apego en el marco de mis clases diarias en la Yeshivá, y varios de los alumnos llegan a estas tras haber estudiado en profundidad los Tratados del Talmud de Beitzá y Mo’ed Katán junto a los dictámenes del Tur, del Beit Yosef y del Shulján Aruj, amén de los comentaristas de las leyes festivas. El estudio junto a ellos me resultó muy productivo y espero que el resultado del mismo se perciba en la presente obra.

Es para mí un honor poder mencionar a quienes colaboraron en la revisión del texto: el Rabino Maor Kaiám quien amén de sus obligaciones y responsabilidades para con los alumnos, participó en la elucidación de casi todos los temas y luego repasó todo el libro para revisarlo; el Rabino Barel Shevaj quien participó de la elaboración de algunos de los temas referidos a Jol HaMo’ed; el rabino Oren Dajbash, quien fue parte del estudio y aclaración de las leyes de Jol HaMo’ed, el Rabino Yonadav Zer quien ayudó en la revisión del texto y la elucidación de algunas de las cuestiones y también el Rabino Gur Galón quien participó en el análisis de parte del material de libro.

Este es el lugar para agradecer a Rabí Maor Horowitz por su ayuda en la revisión tanto del contenido como en la corrección del estilo, así como también en la preparación del texto para ser enviado a la imprenta. Asimismo, quiero agradecer al Rabino Netanel Rozenstein por escribir el índice y a los Rabinos Natán Levín y Rabí Aviad Rajimi por su ayuda en la revisión del material. De igual manera, deseo agradecer al Rabino Zeev Sultanowicz por sus consejos y observaciones, a los Rabinos David Wichner, Aharón Fridman, Aharón Gross, Eliashiv Grosser, Elisha Hanshke y junto a ellos a los alumnos de la Yeshivá que participaron en las clases y formaron parte del equipo de revisión del texto, según la máxima talmúdica que dice: «De mis alumnos aprendí más que de todos los demás».

8

A este volumen se le agregará posteriormente un tomo de ampliaciones en el cual se traerán más fuentes y explicaciones, especialmente en temas que implican innovación. Este tomo se edita junto con las ampliaciones del de Sucot y primero D´s saldrá a la luz el próximo verano. Si tenemos el mérito, en este tomo se imprimirán ampliaciones a las halajot de las Fiestas Solemnes.

El libro de ampliaciones no está elaborado como Pninei Halajá y su edición obedece a la necesidad de responder preguntas eruditas de quienes profundizan en su estudio y suelen consultarnos por los orígenes de las diferentes citas de las halajot y respecto a la lógica de la resolución de los temas. El tomo de las ampliaciones no es sistemático, a veces contiene explicaciones sumamente extensas y a veces simplemente una nota con las fuentes citadas. En ocasiones, en las ampliaciones incluimos extensas explicaciones de los temas filosóficos que se encuentran en el sustrato de la ley. Dado que el tomo de ampliaciones no amplía sistemáticamente cada una de las leyes pedí que no se venda como parte de un set junto a Pninei Halajá sino únicamente a los específicamente interesados en el mismo.

Tenemos el mérito de que en el seno de nuestra Yeshivá crecen para la gloria del estudio alumnos que practican su aprendizaje en procura de llegar a la ley en la práctica con exactitud y profundidad. Tuve el privilegio de poder hacerlos partícipes de la escritura del tomo de las ampliaciones y en cada párrafo cito el nombre del erudito que ayudó a redactar el texto en cuestión. Se trata de los Rabinos Maor Kaiam, Oren Dajbash y Barel Shevaj.

9

Un especial agradecimiento deseo hacer llegar a mi padre y maestro el Rabino Zalman Baruj Melamed Shelita – Decano de la Yeshivá de Beit El – así como a mi madre y maestra. De ellos recibí todos los fundamentos de mi Torá y mi concepción del mundo. Asimismo, un agradecimiento especial a mi querida Sra. Inbal que dedica sus energías al engrandecimiento de la Torá y su difusión, al éxito en el estudio y la edición de los libros para el beneficio público. Quiera D´s que tengamos el mérito de ver a nuestros hijos e hijas, nietos y nietas, elevarse y superarse en el estudio de la Torá y el cumplimiento de los preceptos, formando familias buenas y esplendorosas, abundando en verdad, benevolencia y paz por siempre.

Quisiera además agradecer a quienes se ocupan de la sacra labor de construir la Yeshivá e imprimir los libros: el Rabino Ya’akov Weinberger director de la institución; al Rabino Israel Baum responsable de la impresión y distribución de los libros, a quienes les antecedieron en la dirección institucional y editorial; a los Rabinos Ya’akov Katz, Dudu Sa’ada e Israel Sa’adia. Quiera D´s que todos los que cooperan en esta labor reciban sabiduría y energía para tener éxito en su labor, que tengan el mérito de formar familias maravillosas y D´s colme para bien los deseos de sus corazones.

Sea Tu voluntad D´s, Rey Compasivo, que nuevamente te apiades de nosotros y de Tu Santuario con Tu gran benevolencia, que lo construyas pronto y hagas trascender su gloria. Padre nuestro, Rey nuestro, revela la gloria de Tu reino sobre nosotros prontamente, aparece y despliégate sobre nosotros a ojos de todos los seres vivos, reúne a nuestros dispersos de entre las naciones y congrega a nuestros exiliados desde los extremos de la tierra, y tráenos a Sion Tu ciudad con cánticos y a Tu Santuario en Jerusalém con alegría eterna. Y allí ofrendaremos ante Ti los sacrificios obligatorios, los permanentes conforme su orden y los suplementarios de acuerdo con sus reglas. Y allí ofrendaremos, y nos haremos ver y nos prosternaremos ante Ti en las tres fiestas de peregrinación. E impón sobre nosotros HaShem nuestro D´s la bendición de Tus festividades para la vida y para la paz, para la alegría y el regocijo, tal como tal como Tú deseaste y prometiste bendecirnos.

Eliezer Melamed Adar del 5763

01 – Las festividades

La Torá nos preceptuó seis Tiempos Festivos, y ellos son: 1) El primer día de Pesaj. 2) El séptimo día de Pesaj. 3) Shavuot. 4) Rosh HaShaná. 5) El primer día de Sucot. 6) Sheminí Atzeret. El precepto consiste en que los hagamos días sagrados cesando en ellos la realización de toda labor, estudiando Torá, regocijándonos en la alegría festiva y agradeciéndole a HaShem por todo lo bueno que nos ha prodigado y a partir de esto último recordar que HaShem nuestro Dios nos ha escogido de entre todos los pueblos y nos entregó Su Torá, nos consagró con Sus preceptos, nos acercó a Su servicio y Su grande y sagrado Nombre invocó sobre nosotros. Por medio de ello habremos de trascender por sobre las cuestiones mundanas y ocupaciones cotidianas, nos elevaremos mediante la corrección de nuestras cualidades y la pureza de nuestro corazón, y así, podremos fortalecer el estudio de la Torá y el cumplimiento de los preceptos, recordando la gran misión que nos fue encargada, reparar el mundo instaurando en él el reino de HaShem.

Amén del aspecto que es común a todas las festividades, cada uno de estos días expresa una idea singular que tenemos el mérito de captar cada año nuevamente: el primer día de Pesaj es el día en el cual el Eterno nos sacó de Egipto de la casa de la esclavitud y nos liberó para siempre, y a los efectos de reforzar en nuestro interior el recuerdo del éxodo se nos ordenó comer en esa noche pan ácimo (matzá), hierbas amargas (maror), carne del sacrifico pascual (korbán Pesaj) y relatar la salida de Egipto. El séptimo día de Pesaj es aquél en el cual HaShem partió para nosotros las aguas del Mar Rojo (o Mar de Juncos) y nos hizo atravesarlo por tierra seca ahogando en él a los egipcios que nos perseguían.

En la festividad de Shavuot HaShem nos entregó la Torá por medio de la cual reparamos el mundo, y en virtud de ello se nos ordenó traer al Templo dos panes hechos de jametz (masa leudada) para enseñarnos que por medio de la Torá también la inclinación al mal, que está insinuada en el jametz, puede ser reparada y se suma al ámbito de la santidad (adelante 13:7).

El primero de Tishrei es el día de la Creación del universo, o más precisamente es el sexto día de la Creación en el cual fue creado Adam y se nos ordenó hacer de este un Día de Recordación (Yom Hazikarón), tocar el Shofar y despertarnos para el retorno a D´s (teshuvá). Hay otro día sagrado y solemne que es Yom Kipur. Sin embargo, debido que sus prohibiciones son más estrictas y rigurosas, no se lo considera como uno de los días festivos.

A diferencia de los anteriores, el primer día de Sucot no fue establecido en virtud de algún hecho específico sino porque en él evocamos en general la Providencia Divina sobre nosotros cuando HaShem nos sacó de Egipto, nos condujo por el desierto y extendió sobre nosotros las nubes de Su Gloria Celestial. Esta festividad se celebra en el tiempo en que se termina de recolectar la cosecha, tiempo en el cual compendiamos el ciclo anual de festividades y le agradecemos a HaShem por los frutos del año. De la festividad de Sucot llegamos a la de Sheminí Atzeret, que es la celebración última que resume el año y en la cual accedemos a un alto grado de apego a HaShem nuestro D´s y por lo tanto corresponde culminar en esta el ciclo de lectura de la Torá y regocijarnos en ella.

02 – Las temporadas agrícolas y los días de juicio

Los nombres de las fiestas de peregrinación expresan la temporada agrícola en la cual se celebran, tal como está escrito (Shemot–Éxodo 23:14-17): «Tres veces en el año festejarás ante Mí.  La festividad de los Panes Ácimos habrás de observar… en el tiempo del mes de Aviv (primavera), ya que en él saliste de Egipto…Y la festividad de la Siega (Shavu’ot): las primicias de tus labores, lo que sembrares en el campo y la festividad de la Recolección (Sucot), al concluir el año, cuando tú recojas el fruto de tus labores del campo. Tres veces en el año serán vistos todos tus varones ante la presencia del Señor HaShem». Asimismo, está escrito (Shemot-Éxodo 34:18-23): «La festividad de los Panes Ácimos habrás de observar…en el tiempo del mes de Aviv (primavera), ya que en el mes de Aviv saliste de Egipto…La festividad de las Semanas habrás de hacer: las primicias de la siega del trigo; y la festividad de la Recolección al concluir el año».

La festividad de Pesaj se corresponde con el mes de Aviv (primavera) en el cual todo comienza a florecer. La festividad de Shavuot es llamada la «Fiesta de la Siega» en la cual se completa la cosecha del trigo que representa el alimento principal del ser humano. La festividad de Sucot es llamada la «Fiesta de la Recolección», en la cual se termina de almacenar en la casa las cosechas y los frutos de todo el año. Estas son temporadas del año en las que naturalmente el ser humano se alegra, en la primavera por la germinación y florecimiento que irrumpen vigorosamente tras el invierno, en la siega por efecto de la abundante bendición de la cosecha y durante la recolección por los numerosos buenos frutos que logramos almacenar en nuestras despensas. Se nos ordenó elevar y santificar estos sentimientos naturales por medio de los preceptos festivos.

El proceso natural en este mundo físico refleja el proceso espiritual que tienen lugar en los mundos superiores. Pesaj es un tiempo de inicio y renovación, por ello en él salimos de Egipto y nos transformamos en una nación. Shavuot es un tiempo de maduración del proceso de germinación y florecimiento hasta alcanzar su cima, y por ello en él recibimos la Torá (adelante 13:1-4). La festividad de Sucot es un tiempo de alegría, síntesis y evaluación de la bendición material y es el tiempo en el cual expresamos nuestro gran regocijo por la Divina Presencia que reposa sobre nosotros y por todas las cosas buenas que se derivan o surgen del hecho de vivir bajo Su Providencia.

Cada festividad expresa la conclusión de una etapa tanto en el aspecto de la naturaleza, así como espiritual: Pesaj finaliza la etapa de la irrupción de la primavera tras el adormecimiento invernal y la salida de Egipto de la casa de la esclavitud. En Shavuot concluye la primera etapa del florecimiento, por lo que es tiempo de siega de la cosecha y entrega de la Torá. En Sucot culminan todas las etapas, se recolectan todos los frutos tanto materiales como espirituales los cuales expresan el vínculo completo de Israel con HaShem. A los efectos de unir el proceso agrícola natural y el proceso espiritual correspondiente con su origen sagrado se nos ordenó ascender al Templo de Jerusalém en las tres fiestas de peregrinación para ofrendar los sacrificios de Olá, Shelamim y alegrarnos ante D´s.

Los días festivos son también días de juicio. Afirmaron nuestros sabios en la Mishná (Rosh Hashaná 16(A)) que el mundo es juzgado en cuatro oportunidades o etapas: en Pesaj por la cosecha que está por crecer y madurar hasta Shavuot, en Shavuot somos juzgados por las frutas de los árboles que habrán de producirse durante el verano y en Sucot somos juzgados por el agua, o sea, por las lluvias invernales. Rosh Hashaná es el día general de juicio para todas las personas que habitan la tierra. Por medio de la observancia de las festividades conforme a sus normas, somos juzgados favorablemente y este es el buen consejo que nos dio HaShem por medio de los preceptos festivos, conectarnos a él en cada temporada con agradecimiento y alegría y de esa manera atraer la bendición para la temporada siguiente.

03 – Israel y los tiempos

La santidad del Shabat es fija y existe desde que HaShem creó el mundo en seis días y cesó de hacerlo el séptimo. En cambio, la santidad de las fiestas depende del pueblo de Israel. Esta cuestión encierra dos aspectos. El primero, que la idea especial de cada festividad se reveló por medio del pueblo de Israel:  en Pesaj HaShem sacó a Israel de Egipto, en Shavuot le entregó la Torá, en Sucot recordamos Su especial Providencia sobre nosotros. En Rosh Hashaná, el pueblo de Israel se presenta ante HaShem como los enviados en representación de todas las naciones del mundo para coronar a D´s sobre el universo. El segundo aspecto intrínseco es que todas las fiestas dependen del calendario hebreo, el cual es consagrado por el pueblo de Israel. Esto es, si bien el mes hebreo depende del ciclo de la luna, la visibilidad de esta en su renovación no determina por sí sola la consagración del novilunio, sino que únicamente el Tribunal del pueblo de Israel puede hacerlo, tal como está escrito (Shemot-Éxodo 12:2): «Este mes será para vosotros» – «Este testimonio os será dado a vosotros» (Talmud Babilonio Tratado de Rosh Hashaná 22(A)). Unos trecientos años después de la destrucción del Segundo Templo, cuando los sabios de la tierra de Israel y primero entre estos el Nasí Hilel II vieron que en virtud de la sumisión y las desgracias recurrentes los sabios judíos tendrían enormes dificultades en continuar consagrando los meses, calcularon los meses y los años, consagrándolos hasta el final de las generaciones por medio de cálculos astronómicos. De todas maneras, la consagración de los meses depende aún de los judíos que habitan la tierra de Israel ya que deben ser estos últimos quienes los determinan empleando el método fijo de cálculo calendario; y en caso de que – D´s no lo permita – llegase a no haber judíos en la tierra de Israel, la fijación de los meses establecida por el último gran tribunal quedaría sin efecto y se verían anulados tanto los meses como las festividades. Sin embargo, HaShem nos prometió que algo así no ocurrirá jamás (Rambám Kidush Hajodesh 5:1-3, Sefer Hamitzvot 153, Pninei Halajá Zmanim 1:3).

Vemos que la santidad de las Festividades depende del pueblo de Israel y a este aspecto se refieren nuestros sabios cuando establecieron que recitemos en el rezo y en el Kidush festivo las palabras: «Bendito eres Tú HaShem que santifica a Israel y a los tiempos». Aparentemente, esto resulta difícil de comprender ya que es sabido que no se finaliza una bendición mencionando dos cuestiones diferentes. Lo que ocurre es que el pueblo de Israel y los tiempos no son dos temas separados, dado que Israel es quien los consagra (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 49(A)). Por su parte, la santidad del Shabat es fija y fue establecida por HaShem por lo que la bendición sabática reza: «Bendito eres Tú HaShem que santifica el Shabat» (ídem Pesajim 117(B)). Por ello, a pesar de que el Shabat es un día sagrado y superior en santidad a las festividades, el precepto de la alegría es mayor en estas últimas, ya que es cuando se revela más claramente el valor de nuestras acciones en este mundo.

Dado que la santidad de las festividades depende del pueblo de Israel, resulta que en estas se pone de manifiesto el hecho que dicha santidad es proyectada hacia cada uno de los miembros de la nación revelando la unión del pueblo. Es así como vemos que, en el caso de Shavuot, al pararnos unidos frente al Monte Sinaí recibimos la Torá (adelante 13:6). En el caso del Korbán Pesaj, este también insinúa la cuestión de la unidad del pueblo de Israel y su singularidad (Maharal de Praga Guevurot HaShem 36-37). De igual forma, las cuatro especies que tomamos en Sucot aluden a la unidad entre los diferentes sectores del pueblo.

Como continuación de esto, a los efectos de no generar una disparidad entre quienes peregrinan al Templo, los sabios dictaron medidas contemporizadoras respecto de la actitud a tener para con los amei haaretz (lit. pueblo de la tierra), esto es, con aquellos judíos legos en cuestiones religiosas. Los sabios decretaron que durante todo el año el contacto con un am haaretz impurificaba ya que entre estos abundaban los que no eran cuidadosos en el cumplimiento de las reglas de pureza e impureza. En las festividades, los sabios indicaron que se acepta la declaración del am haaretz respecto de su estatus de pureza de modo tal que todo aquél que se declara puro se le cree y no impurifica por contacto la carne de los sacrificios y demás alimentos. Los sabios basaron su decisión en el versículo (Shoftim-Jueces 20:11) que dice «Y se reunió todo el pueblo de Israel en la ciudad, en confraternidad, como un solo hombre» – cuando todos se reúnen, todos entran en la categoría de javerim cuya declaración de pureza es fidedigna (Talmud Babilonio Tratado de Jaguigá 26(A)). Asimismo, fue dicho (Tehilim-Salmos 122:3): «Jerusalém, que fuiste construida como una ciudad unida» – que hace unir a todos los judíos (Talmud Jerosolimitano Tratado de Jaguigá 3:6).

04 – El Shabat y las fiestas – los preceptos y los castigos

Para cada uno de los seis días festivos fue establecido un precepto positivo de cesar en la realización de labores y otro restrictivo de no realizar labor alguna. Es así como tenemos doce preceptos que se ocupan de la cesación de la realización de labores en Yom Tov.

Por otra parte, para la cesación de labores en Shabat se nos ordenaron únicamente dos preceptos, uno es positivo – cesar en la realización de labores y el segundo es restrictivo – no realizar labores (Pninei Halajá Shabat 9:1). Esto se debe a que el Shabat es uno y una es su temática al tiempo que cada fiesta posee su propio significado y por ello fuimos preceptuados separadamente por cada una de las festividades.

El aspecto en común tanto del Shabat como de las festividades es que, en cada Shabat o festividad existe un precepto positivo que ordena cesar la realización de labores y otro restrictivo que prohíbe efectuarlas. Resulta entonces que quien cesa en Shabat o Yom Tov cumple con un precepto positivo y si realiza labores prohibidas deja sin efecto un precepto positivo y transgrede uno restrictivo. Dado que en las festividades se nos ordenó también cesar en la realización de labores, estas reciben un nombre similar al de Shabat – Shabatón, y a veces son llamadas simplemente Shabat a secas (Talmud Babilonio Tratado de Menajot 65(B)). Sin embargo, existe una diferencia entre Shabat y Yom Tov respecto de la gravedad del precepto de cesar las labores, ya que en Shabat está prohibido realizar toda labor (Pninei Halajá Shabat 9:1-2) mientras que en Yom Tov están permitidas aquellas vinculadas a la preparación de alimentos en el hogar y solo fueron prohibidas las relativas al trabajo. Esta es la regla general, cuanto mayor es la santidad del día, más debemos anularnos ante la Providencia Divina y alejarnos en mayor medida de las labores (ver adelante 3:1, 10:7).

Otro tanto ocurre con las sanciones. Las penas por transgredir el Shabat son más graves que por transgredir Yom Tov. Quien realiza voluntariamente una labor en Shabat, si fue visto por dos testigos y recibió la advertencia correspondiente y a pesar de ellos volvió a transgredir – es pasible de la pena de lapidación, y si transgredió voluntariamente en ausencia de testigos es pasible de la pena de caret. Empero, quien transgredió realizando involuntariamente una labor en Shabat – debe traer un sacrificio de expiación por el pecado (Korbán Jatát) (Rambám Shabat 1:1). En cambio, en el caso de Yom Tov, quien realiza voluntariamente una labor delante de testigos es pasible de recibir cuarenta azotes, y si lo hace involuntariamente – no precisa traer un sacrificio expiatorio por el pecado. Existe otra diferencia y radica en que quien realiza simultáneamente diferentes labores en Shabat debe traer un sacrificio expiatorio separado por cada una de ellas mientras que quien realiza simultáneamente diferentes labores voluntarias y ante testigos en Yom Tov es azotado por todas ellas una sola vez (Talmud Babilonio Tratado de Macot 21(B), Rambám Yom Tov 1:3).

Respecto de los sacrificios que se nos ordenó ofrendar en el Templo de Jerusalém, Shabat posee un orden propio de ofrendas, tal como se explica en la porción de lectura de Pinjás (Bamidbar-Números 28). Asimismo, existen preceptos que son específicos de las festividades y no aplican en Shabat. En Pesaj es preceptivo ingerir matzá y está prohibido comer jametz, amén de un sinnúmero de preceptos que rigen en la noche del Seder. En Rosh Hashaná es preceptivo tocar el Shofar. En Sucot es preceptivo habitar la sucá y tomar el Lulav. En Shavuot y en Sheminí Atzeret no hay precepto especial salvo el de la alegría ya que ambas fechas implican una reunión (Atzeret) popular festiva que funge como conclusión de un proceso. En Shavuot concluye el proceso que inicia con la salida de Egipto hasta la entrega de la Torá (adelante 13:6) y en Sheminí Atzeret concluye el ciclo de las tres festividades de peregrinación y el proceso de retorno y expiación con la subsiguiente alegría.

05 – El precepto de estudiar Torá en la festividad

Es preceptivo acrecentar el estudio de la Torá en Shabat y festividades, tal como afirmaron nuestros sabios (Talmud Jerosolimitano Tratado de Shabat 15:3): «Los sábados y los días festivos no fueron dados sino para ocuparse en ellos del estudio de la Torá». Esto implica tres fundamentos: el primero – el precepto del estudio de la Torá, del cual dijeron nuestros sabios que está equiparado en su importancia a todos los preceptos (ídem Tratado de Peá 1:1, Rambám Hiljot Talmud Torá 3:3-9). Todo miembro del pueblo de Israel está preceptuado de hacerlo, tal como está escrito (Devarim-Deuteronomio 5:1): «Y los estudiaréis y cuidaréis de practicarlos». Además, es preceptivo estudiar Torá también durante la noche, tal como está escrito (Yehoshúa-Josué 1:8) «No se apartará este libro de la Torá de tu boca y lo estudiarás día y noche». Por lo tanto, la persona debe estudiar Torá todos los días de su vida e incluso en el día de su muerte no se habrá de privar de la casa de estudio ni del estudio de Torá (Talmud Babilonio Tratado de Shabat 83(B)); ya que si se aparta de ella olvida lo aprendido. Por ello la Torá advierte (Devarim-Deuteronomio 4:9): «Tan sólo cuídate y cuida tu alma, no sea que olvides… no sea que se aparten de tu corazón todos los días de tu vida» (Rambám Hiljot Talmud Torá 1:3, 1:10). Mientras que una persona puede dedicarse al estudio y no lo hace entra en la categoría de «aquel que desprecia la palabra de D´s» (Talmud Babilonio Tratado de Sanhedrín 99(A)). Empero, en los días de la semana, estando ocupados ganando el sustento, no es posible abundar en el estudio y sin embargo es preceptivo fijar tiempos para ello tanto de día como de noche (Rambám allí 1:8, 3:13). Empero, en sábados y festividades cuando la persona está libre de sus labores, el precepto de estudiar Torá recobra su vigencia total. A esos efectos, se le otorgó al pueblo de Israel sábados y días festivos, para que en esos días estén libres de toda labor y puedan dedicarse al estudio de la Torá (ver Tana Debei Eliahu Rabá 1).

El segundo fundamento consiste en que los sábados y días festivos son días sagrados que fueron entregados al pueblo de Israel para que en ellos se eleven en los peldaños del estudio de la Torá y por su intermedio iluminen al resto de los días comunes. El Shabat está destinado a iluminar y elevar en cada semana a los seis días hábiles y cada una de las festividades tienen por cometido iluminar con su luz especial a todo el año. Es por ello que Moshé Rabenu estableció que el pueblo de Israel leyese durante las festividades la porción de la Torá correspondiente a la celebración, así como establecer el dictamen que «se pregunte e investigue sobre la cuestión del día, las halajot de Pesaj en Pesaj, las halajot de Atzeret (Shavu’ot) en Atzeret y las halajot de Jag (Sucot) en Jag (Talmud Babilonio Tratado de Meguilá 32(A), Shaar Hatziún 429:5). Esto es lo que le dijo el Eterno a Moshé Rabenu: «Reúne grandes congregaciones y enséñales públicamente sobre los temas inherentes al día (festivo), para que las generaciones siguientes aprendan de ti a reunir multitudes en cada Shabat y cada festividad en las casas de estudio, a fin de enseñar al pueblo de Israel las palabras de la Torá relativas a lo permitido y lo prohibido, para que de esa manera Mi Nombre sea exaltado entre Mis hijos» (Yalkut Shimoní Vaiakhel 408). Así acostumbraron hacer los sabios de Israel durante todas las generaciones, enseñando públicamente tanto Halajá como Agadá. La conferencia o derashá central se llamaba pirka y se ponía gran énfasis en que todos asistan a escucharla (Pninei Halajá Shabat 5:4, ídem en las extensiones). Asimismo, en las noches sabáticas y festivas se fijaba una conferencia o derashá y por lo que parece en esta se ocupaban ampliamente de la Agadá (Mordejai Pesajim 611) y las mujeres también asistían a oírla (Talmud Jerosolimitano Tratado de Sotá 1:4).

El tercer fundamento consiste en que el estudio es una de las expresiones del precepto de alegrarnos en la festividad, ya que éste alegra, tal como está escrito (Tehilim-Salmos 19:9): «Las ordenanzas de D´s son rectas, alegran el corazón». Por este motivo está prohibido estudiar Torá el día 9 de Av o en días de duelo (Talmud Babilonio Tratado de Ta’anit 30(A), Shaagat Arié 69).

Además del precepto de abundar en el estudio de la Torá durante la festividad, quien está sentado a la mesa festiva debe pronunciar en ésta palabras de Torá para de esa forma conectar el alimento con su raíz espiritual. En caso de no hacerlo así, su alimento se asemeja a una ofrenda a deidades paganas (muertos), por cuanto que se trata de una comida desconectada del alma (Mishná Avot 3:3, Pninei Halajá Berajot 13:8). Es especialmente importante ser cuidadoso en este mandamiento durante las comidas festivas, ya que cuanto más importante y alegre es la comida más abre los corazones y potencia los sentidos, y si estos sentimientos no son elevados por medio de palabras de Torá, cánticos y alabanzas, se teme que puedan degenerar en liviandad y conductas poco respetuosas. Asimismo, aprendimos que los sabios condenaron a quienes, en el marco de la alegría festiva, entonan cánticos soeces u ordinarios, y en caso de hacerlo por medio de versículos del Cantar de los Cantares, la ofensa es mayor aún. «Enseñaron nuestros sabios: Quien lee un versículo del Cantar de los Cantares y hace de este una especie de canción y quien lee un versículo en una sala de fiestas fuera de su momento y contexto indicados – provoca malestar en el mundo. Esto se debe a que en una circunstancia así la Torá viste de luto, se presenta ante el Santo Bendito Es y le dice: ‘Amo del universo, Tus hijos han hecho de mí como un violín que lo ejecutan escarnecedores. Le respondió el Creador: Hija Mía, ¿de qué se habrán de ocupar a la hora de comer y beber? Entonces dijo la Torá: Soberano del Universo, si saben de Biblia que estudien Torá, Profetas y Hagiógrafos; si saben de Mishná que estudien la Torá Oral, halajot y agadot; y si saben de Talmud que estudien las halajot de Pesaj en Pesaj, las halajot de Atzeret en Atzeret y las halajot de Jag en Jag'» (Talmud Babilonio Tratado de Sanhedrín 101(A)).

06 – El tiempo del estudio y el de las comidas  

Respecto de la tendencia general que engloba a la festividad nos encontramos ante dos versículos contradictorios, en uno dice que el día es para D´s«Atzeret (reunión) para D´s tu Señor» (Devarim-Deuteronomio 16:8), y en el otro dice que el día es para ustedes «Atzeret será para ustedes» (Bamidbar-Números 29:35). Según la opinión de Rabí Yehoshúa la intención de la Torá es que dividamos el día «mitad para D´s y mitad para nosotros», esto es, «una mitad destinada a la comida y la bebida y la otra destinada para la Casa de Estudio». Según la opinión de Rabí Eliezer una persona o puede escoger si dedicarlo por completo a D´s en la casa de estudio o todo para «ustedes» en la comida (Talmud Babilonio Tratado de Pesajim 68(B), Beitzá 15(B)). Asimismo, quien escoge dedicar todo el día a la Torá, según Rabí Eliezer debe probar algo de alimentos para así no afligirse. Por otra parte, quien decide dedicar todo el día a comer, debe rezar y llevar a cabo algún tipo de estudio tanto en la noche como durante el día amén de pronunciar palabras de Torá durante las comidas (Rabenu Peretz, Rabí Aharón Haleví, Shnei Lujot Habrit). Además, cabe agregar que, si se decide ocupar todo el día en la comida festiva, la elección debe realizarse en aras de los cielos, esto es, para alegrarse con la santidad del tiempo festivo y con ello complacer a personas pobres y solas (Prí Tzadik Jag Hashavuot 5, adelante 11).

En la práctica, la halajá fue sentenciada conforme a la opinión de Rabí Yehoshúa en cuanto a que se debe dividir el día, una mitad debe pasarse en la casa de estudio y la otra comiendo y bebiendo (Shulján Aruj 529:1). Hay quienes dicen que se debe ser exacto y tener cuidado que no menos de la mitad del tiempo este dedicada a HaShem, y Rabí Jaím ben Atar escribió que quien reduce la mitad dedicada a D´s es como si le robase Su parte (Rishón Letzión a Tratado de Beitzá 15(B)). Y hay quienes sostienen que no se hace necesario calcular las horas con exactitud, sino que se debe estudiar aproximadamente medio día (Prí Megadim). Creemos que dado que en la práctica no se cuentan las horas se descuida mucho la parte que debe ser dedicada a la Torá y a los efectos de devolver al precepto su sitial correspondiente es necesario calcular las horas del día y acostumbrarse a dedicar la mitad del tiempo a HaShem. Creemos que las siete horas que la persona suele dormir diariamente no ingresan a la cuenta, por lo que restan dieciocho horas de las veinticinco que dura la festividad, y de estas se le deben dedicar a D´s nueve. Si bien la parte principal de este tiempo debe estar dedicada a la Torá, tal como dijeron los sabios «la mitad del tiempo en la casa de estudio» (Talmud Babilonio Tratado de Pesajim 68(B)), de todas maneras, el rezo ingresa en las horas dedicadas a D´s a condición que este no se estire con cánticos y oficios largos, y en caso de hacerlo no debe ingresar en la cuenta de las horas dedicadas a HaShem (Rabí Shelomó Luria, Maguén Abraham). Resulta entonces que de las nueve horas se pueden adjudicar unas tres al rezo por lo que se le deben dedicar otras seis horas al estudio de la Torá.

Las mujeres también están preceptuadas de estudiar Torá en la festividad, y es así que acostumbraron a participar de clases y conferencias en Shabat y días de fiesta. Empero, las mujeres no tienen el deber de dedicar a mitad del tiempo a HaShem, mas aquella que tenga el mérito de hacerlo será bendecida.

07 – Las comidas festivas – convocaciones sagradas

Es preceptivo realizar dos comidas importantes en la festividad, una en la noche y la otra en el día, siendo estas una de las expresiones centrales de la santidad de la festividad, puesto que respecto de todas estas está escrito que son «convocaciones sagradas» (Mikraei Kodesh), y sobre esto dijeron nuestros sabios (Sifra Emor 12:4): «¿Por medio de qué la has de consagrar? Con alimento, bebida y ropa limpia». En esto las festividades son similares al Shabat, pues tanto las festividades como el Shabat son denominados «convocaciones sagradas». Escribió Rambám (Yom Tov 6:16): «Así como es preceptivo honrar el Shabat y deleitarlo, lo mismo debe hacerse con los Días Festivos (Yamim Tovim), tal cual está escrito sobre el primero: ‘el día santificado de HaShem honrado’. Sobre los segundos está escrito que son ‘convocaciones sagradas'» (Shulján Aruj 529:1).

Ahora bien, los sabios establecieron que en Shabat se ingieran tres comidas ya que así lo que aprendieron de lo insinuado en los versículos (Talmud Babilonio Tratado de Shabat 117(B)), y esto apunta a los niveles elevados del Shabat. Empero en Yom Tov es preceptivo realizar dos comidas, una por la noche y la otra en el día (Rosh y Tur), ya que todos los días una persona precisa ingerir dos comidas, y el precepto festivo es transformarlas en importantes (Shulján Aruj 529:1, Birjei Iosef 3, Mishná Berurá 13, Kaf HaJaím 24).

Es preceptivo comer pan en cada una de las dos comidas festivas (ver adelante 2:5), y también lo es bendecir sobre dos panes ya que al igual que en el caso del Shabat, en Yom Tov no descendía maná y en la víspera de la festividad descendía doble ración del alimento celestial (Shulján Aruj 529:1, Pninei Halajá Shabat 7:3).

Si bien la santidad del Shabat es superior a la de las festividades, es preceptivo abundar en alimentos festivos y vestir prendas valiosas en mayor medida que en Shabat en virtud del precepto «Y te alegrarás en tu fiesta», tal como se explicará en la próxima halajá.

08 – El precepto de alegrarse

Es precepto positivo alegrarse en las festividades, tal como está escrito (Devarim-Deuteronomio 16:14): «Y te alegrarás en tu fiesta». Ya aprendimos que los sábados y las festividades son denominados «convocaciones sagradas», por lo que se los debe honrar con buena comida y vestimentas elegantes (Sifra Emor 12:4). Y el precepto de la alegrarse en la festividad viene a agregar a este precepto otro nivel, esto es, que en Yom Tov se coma más carne y se beba más vino que en Shabat (tal como se explicará en la siguiente halajá). Asimismo, es preceptivo vestir ropas más elegantes en Yom Tov que en Shabat, ya que en Shabat se debe vestir prendas honorables mientras que en Yom Tov se debe lucir las mejores. En caso de precisar adquirir vestimenta festiva es correcto hacerlo en víspera de un Yom Tov (Shulján Aruj 529:1, Maguén Abraham 4, Mishná Berurá 12).

El precepto de la alegría festiva consta de cuatro partes: 1) Lo principal del precepto es hacer algo especial que implique una gran alegría, que irradie un sentimiento de felicidad durante toda la festividad. Dado que existen diferencias entre hombres y mujeres, a fin de alegrar a los hombres las comidas festivas deben incluir carne y vino (tal como se explicará en la siguiente halajá). Para alegrar a las mujeres, previo a la fiesta se debe comprar una prenda nueva o una alhaja, cumpliéndose el precepto por medio de la adquisición de una prenda (adelante 10). Para alegrar a los niños se deben adquirir golosinas pues estas son las que más los complacen. 2) Tanto las festividades como el Shabat son denominados «convocaciones sagradas» y es preceptivo consagrarlos por medio de comida buena y ropa elegante. Dado que en las festividades se suma el precepto de alegrarse, de esto resulta que tanto hombres como mujeres deben poner énfasis en hacerlo en estas más que en Shabat por medio de comida y ropa mejores que las sabáticas. Asimismo, es preceptivo también estudiar Torá, ya que esta es una actividad que reconforta y deleita (arriba 5). 3) Toda actividad que suele contentar a las personas tales como cantar, bailar o pasear, para aquel que se alegra por su intermedio es preceptivo realizarla (adelante 13). 4) Durante los días festivos es preceptivo estar de buen humor, alegres, de buen talante y evitar todo aquello que resulte penoso y angustiante, por lo que está prohibido enlutarse, recitar discursos luctuosos o ayunar (adelante 14).

La alegría debe centrarse en la festividad y no en otra cosa que pueda hacer olvidarla. Por ello, está prohibido desposar una mujer en las festividades, tal como enseñaron nuestros sabios (Talmud Babilonio Tratado de Moed Katán 8:2): «Y te alegrarás en tu fiesta y no en tu mujer», ya que quien desposa una mujer se alegra por el enlace y no presta atención a la alegría festiva. Empero, está permitido desposar una mujer en víspera de la fiesta y llevar a cabo la comida nupcial con las siete bendiciones en la fiesta pues de esta forma la alegría festiva está en el centro y la alegría de las siete bendiciones nupciales no la afecta, sino que se suma a la primera (Shulján Aruj 546:1-3, adelante 10:4).

Si bien el precepto de «y te alegrarás en tu fiesta» (Devarim-Deuteronomio 16:14) fue dicho en la Torá respecto de las tres fiestas de peregrinación, Rosh Hashaná se encuentra incluida en este mandato ya que todas las festividades fueron equiparadas entre sí. Empero, la alegría de las fiestas de peregrinación es mayor, pues en estas es preceptivo ascender a Jerusalém y allí ofrendar sacrificios de agradecimiento (Mishná Berurá 597:1).

09 – El vino y la carne en la alegría festiva

En tiempos del Templo de Jerusalém la alegría festiva tenía lugar principalmente en la ciudad sagrada por medio del sacrificio festivo (Korbán Jaguigá), tal como está escrito (Devarim-Deuteronomio 16:11): «Y te alegrarás ante HaShem tu D´s… en el sitio en el cual HaShem tu D´s escoja asentar Su Nombre», y está escrito (ídem 27:7): «Y ofrendarás sacrificios de agradecimiento y comerás allí y te alegrarás ante HaShem tu D´s» (tal como se explicará en la halajá 15).

Una vez destruido el Templo el precepto de la alegría adicional entre los hombres se cumple por medio de la ingestión de vino con la comida (Talmud Babilonio Tratado de Pesajim 109(A), Shulján Aruj 529:1). Es posible cumplir el precepto por medio de una bebida que contenga alcohol ya que alegra, empero es preferible ingerir vino que es la más importante de las bebidas. Quien bebe jugo de uva no cumple con el precepto porque esta bebida no contiene alcohol y por ende no alegra. La cantidad de vino que alegra es aquella que dificulta un poco la concentración, al punto que se prohíbe a los rabinos realizar un dictamen de halajá en ese estado (Maguén Abraham 99:1). Hubo entre los grandes sabios quienes bebían ingentes cantidades de vino en la comida festiva y se abstenían de dictar halajá desde entonces y hasta el día siguiente (Talmud Babilonio Tratado de Beitzá 4(A), Kritot 13(B), Shaj Ioré Deá 242:19). Los sabios calcularon que como mínimo, en aras de alegrarse, se debe beber un poco más de un reviít de vino (75 ml.) aunque para llegar a sentirse alegres, la mayoría de las personas precisan beber mucho más que esta cantidad.

No se debe abusar del vino para no emborracharse, pues en la ebriedad no hay alegría sino descontrol, necedad y desconexión de la vida real, y a nosotros se nos ordenó regocijarnos por medio de una alegría conectada a la vida y que le aporte a esta el sentido y el valor del precepto y de la santidad.

Si bien lo principal del precepto de alegrarnos en la festividad pasa por la ingestión de vino, también es preceptivo comer carne animal (Shulján Aruj 529:1, Shulján Aruj HaRav 7, Mishná Berurá 11). A aquel al que le apetece más la carne de ave, así como también quien no tiene la posibilidad de conseguir carne animal, es preceptivo que coma ave pues su ingestión también alegra y le confiere a la comida carácter festivo (Javot Iair final del inciso 178).

Lo principal del precepto de alegrarse se lleva a cabo durante la comida diurna, y tal como vemos todos los preceptos de las fiestas se cumplen principalmente durante el día. Si bien durante la comida nocturna es también preceptivo comer alimentos buenos en abundancia que alegren más que los servidos en las mesas sabáticas, de todas maneras, no es preceptivo beber vino en abundancia como durante la comida diurna.

Las mujeres también deben ingerir comidas importantes y que alegren empero no están preceptuadas de beber vino. Una mujer que se alegra de beber vino – es preceptivo que lo ingiera. Un hombre al que no le gusta beber vino o comer carne – no debe obligarse a ingerirlos, y a los efectos de regocijarse en la festividad habrá de adquirir los alimentos que más le plazcan (Shaagat Arié 65).

10 – El precepto de alegrarse para las mujeres

Es precepto positivo para las mujeres alegrarse en la festividad. A pesar de tratarse de un precepto marcado por el tiempo, empero en este caso es común a ambos sexos, tal como está escrito (Devarim-Deuteronomio 16:14): «Y te alegrarás en tu fiesta tú y tu hijo y tu hija». Asimismo, aprendimos que una persona debe alegrarse al ingerir el sacrificio de agradecimiento que adquirió del dinero del segundo diezmo (Maaser Shení) junto con su mujer, tal como está escrito (ídem 14:26): «Y comerás allí ante HaShem tu D´s y te alegrarás tú y tu casa», «Tu casa» es tu mujer (Talmud Babilonio Tratado de Ievamot 62(B)). Si bien las mujeres no tienen el deber de peregrinar y ofrendar sacrificios, en cuanto al precepto de alegrarse están preceptuadas igual que los hombres y por ello aquellas que hayan peregrinado cumplieron con el precepto de la alegría festiva al ingerir la carne de la ofrenda de agradecimiento (Shelamim) (Rambám Jaguigá 1:1). En el caso de mujeres que no habían peregrinado, debían regocijarse por medio de las otras cuestiones que generan regocijo (Shaagat Arié 65).

Una vez destruido el Templo el precepto de alegría especial se cumple entre las mujeres por medio de la adquisición de una prenda o una joya nueva de cara a la fiesta, ya que esto las alegra más que la comida festiva. Y aunque no vistan la prenda nueva durante la festividad, su adquisición previa deja una huella de alegría durante toda esta y por ello las mujeres cumplen con la prenda la primera parte del precepto de alegrarse en Yom Tov (tal como se explicara en la halajá 8).

Además de la primera parte del precepto de alegrarse, la Torá ordena que la mujer se regocije en la festividad con sus prendas y joyas nuevas. Asimismo, habrá de alegrarse por medio de la ingestión de carne y vino en las comidas festivas, siendo esta la segunda parte del precepto de alegrarse. Sin embargo, aquella mujer que no disfrute de comer carne o beber vino no debe forzarse a hacerlo, sino que habrá de ingerir aquellos alimentos que más la alegren.

En el pasado se acostumbraba que el marido era quien adquiría la prenda o la joya nueva para su mujer previo a la festividad, ya que lo común era que el hombre era el encargado del dinero y las compras. Además, como la oferta de prendas o joyas era limitada, cualquier artículo que el marido adquiriese surtía el efecto de alegrar a su mujer, y el hecho de que se trataba de un presente del marido incrementaba aún más la sensación de regocijo en ella. Empero hoy en día la variedad de ropa y joyas ha crecido notoriamente y la elección resulta compleja por lo que en muchas familias se acostumbra que la mujer es la que escoge la prenda o la joya de acuerdo a un presupuesto fijado por ambos miembros de la pareja en concordancia con sus ingresos (tal como se explicara adelante en la halajá 12). A los efectos de ser partícipe del precepto corresponde que el marido incentive a su mujer a escogerse una prenda o una joya previo a la festividad, y de esa manera se considerará la adquisición como un presente de su parte y la alegría festiva se verá incrementada. Hay hombres equivocados que gastan cientos de shekalim en la adquisición de un etrog especialmente bueno y actúan mezquinamente en lo referente a la adquisición de una prenda festiva para sus mujeres, no recordando que comprar ropa o una alhaja a su pareja previo a Yom Tov es un precepto absoluto de la Torá mientras que la adquisición de un etrog que cuesta diez veces más que uno común es una excelencia en el cumplimiento del precepto de las cuatro especies que no estamos obligados a realizar.

Una mujer no casada, sea esta soltera o viuda, debe cumplir por si misma todas las partes del precepto de alegría festiva, adquirir para sí una prenda o una joya, realizar comidas festivas alegres, participar de eventos que contenten y apartarse de aquello que provoque pena o dolor (Shaagat Arié 66).

11 – Alegrarse uno y alegrar a otros

El cumplimiento del precepto de la alegría festiva requiere que la persona haga participar de esta a todos los miembros de su hogar amén de incluir a personas pobres y sumidas en la angustia. Hacer esto no es un acto de piedad o excelencia en el cumplimiento, sino que así es el mandato de la alegría festiva en la Torá, tal como está escrito (Devarim-Deuteronomio 16:14): “Y te alegrarás en tu fiesta tú, y tu hijo, y tu hija, tu siervo, tu sierva, el levita, el extranjero, el huérfano y la viuda que habitan en tus pórticos” (también allí 16:11). En efecto, el Rambám escribió en Hiljot Yom Tov (6:18): “Cuando la persona come debe dar de comer también al extranjero, al huérfano y a la viuda junto a los demás pobres y desdichados. En cambio, quien cierra las puertas de su casa y comen él, su mujer y sus hijos sin participar a los pobres y personas sumidas en la aflicción no se trata de una alegría festiva sino de la alegría de su abdomen, y sobre esto está escrito (Oshea-Oseas 9:4): ‘Sus sacrificios serán cual pan de lamentos, y todos aquellos que coman de este se impurificarán pues su pan será para ellos mismos’. Esta alegría es para ellos una infamia, tal como está escrito (Malaquías 2:3): ‘Y os echaré al rostro el estiércol, el estiércol de vuestros animales sacrificados'» (lo mismo escribe allí el Maguid Mishné y el Sefer Hamitzvot en preceptos positivos 54).

Si observamos detenidamente vemos que el precepto consta de dos partes: la   primera implica regocijarse con los miembros de la familia y del hogar, tal como está escrito (Devarim-Deuteronomio 16:14): “Y te alegrarás en tu fiesta tú, y tu hijo, y tu hija, tu siervo y tu sierva”. “Tú” incluye a ambos miembros de la pareja pues marido y mujer son considerados una misma unidad. En efecto, cuando la Torá se expresa de manera especialmente breve, menciona únicamente a la mujer, tal como está escrito (ídem 14:26): “Y te alegrarás tú y tu hogar”, “tu hogar” significa “tu mujer”, lo cual nos enseña que en primer lugar el deber del marido es alegrar a su mujer. De igual manera, el precepto para la mujer es en primer lugar alegrar a su marido. Vemos que, en la práctica, la principal alegría para los hombres sobreviene a través de la comida festiva que suelen preparar las mujeres al tiempo que la principal alegría de la mujer sobreviene por medio de la prenda o joya que su marido le suele obsequiar. El hombre y la mujer conjuntamente tienen el deber de hacer partícipes de la alegría a todos los miembros del hogar, ya que no hay alegría festiva si no participa toda la familia. Es así que los hijos de Israel acostumbran celebrar las festividades en el seno de la familia. Cada miembro de esta tiene el deber de mantener una atmósfera agradable durante la festividad, especialmente durante las comidas, evitando comentarios hirientes, esforzándose en alegrar a los presentes con palabras amistosas para que de esa manera todos accedan a una alegría verdadera (ver adelante halajá 17, respecto de si está o no permitido abandonar la casa en las festividades para ir donde el Rabí).

Hay judíos influenciados por la cultura secular ajena a la santidad festiva y los valores de la familia, cuyos encuentros familiares con motivos de las festividades se tornan momentos apremiantes y cargados de tensión, ofensas y peleas. En la medida que se refuercen en la comprensión del carácter sagrado de la festividad y de los valores familiares podrán abstenerse en mayor medida de dañar a sus parientes procurando motivarlos y alegrarlos, y de esa manera accederá a recibir la bendición festiva con alegría y en paz.

La segunda parte del precepto consiste en alegrar a los vecinos y parientes pobres o que están solos, tal como está escrito (Devarim-Deuteronomio 16:14): “Y te alegrarás en tu fiesta… el levita, el extranjero, el huérfano y la viuda que habitan en tus pórticos”. El huérfano y la viuda por lo general solían ser pobres por cuanto que se quedaron sin su fuente de sustento, al tiempo que el extranjero que abandono su país y su familia está expuesto a sufrir de soledad. El precepto de alegrar a los pobres se cumple principalmente por medio de la tzedaká o la caridad y el de contener a las personas solas o que pasan por un mal momento anímico se cumple invitándolos a participar de las comidas festivas.

Es menester prestar atención al hecho que la Torá ordena también participar a los cohanim y los levitas de la alegría festiva. Su labor era la de educar al pueblo de Israel, tanto a pequeños como a grandes, y por ello en la actualidad es preceptivo alegrar en las festividades a los eruditos de la Torá y a los maestros (Binián Shelomó 1:33).

12 – Gastos previos a la festividad

Si bien los sabios sostienen que las personas deben ser medidas en sus gastos a los efectos de poder ahorrar para tiempos complejos y para la vejez, así como para poder ayudar a sus hijos a adquirir una profesión u oficio y formar una familia – no se debe ahorrar en los gastos para las festividades, sino que se debe proceder de acuerdo a la situación económica en la que se está (Talmud Babilonio Tratado de Julín 84(A), Beit Iosef 529:1). Hay aquellas personas que suelen gastar en cuestiones superfluas y solamente cuando llegan las expensas festivas recuerdan tornarse ahorrativas. Empero, en realidad, corresponde ser ahorrativo en los gastos superfluos y generoso en los relativos al cumplimiento de preceptos. Y no habrá de preocuparse de que surjan repentinamente gastos imprevistos, o que por no limitarse en los gastos de Shabat, de las festividades o los correspondientes a otros preceptos no podrá sustentarse adecuadamente en tiempos ordinarios. Esto obedece a que según nuestros sabios (Talmud Babilonio Tratado de Beitzá 16(A)) el sustento de una persona está racionado o establecido desde Rosh Hashaná hasta Rosh Hashaná, salvo los gastos para Shabat, festividades y los estudios judaicos de sus hijos, de modo tal que, si gasta menos, el ahorro se le deduce del sustento anual asignado y si gasta más, la diferencia es agregada a su asignación. Por lo tanto, si una persona eroga para las festividades conforme a su nivel económico y ahorra en los días hábiles no sufrirá daño alguno y podrá vivir y ahorrar como corresponde. Si esta se encuentra momentáneamente sobregirada, corresponde que tome un préstamo para alegrarse en la festividad sin preocuparse pensando que quizás le ocurra un contratiempo que le impida devolver el empréstito, ya que el Santo Bendito Es dijo: “Tomad prestado a mi cuenta y consagrad la santidad del día y creed en Mí, y Yo habré de saldar la cuenta” (ídem 15(B)). Esto es así a condición de que la persona no se confíe en que habrá de acaecer un milagro, sino que posee un negocio establecido o un salario fijo o un dinero ahorrado en el cual pueda respaldarse. En este caso es que nuestros sabios dijeron que la persona no debe preocuparse de no poder devolver el préstamo, ya que si habrá de trabajar esmeradamente sin gastar su dinero en cosas superfluas, HaShem habrá de bendecir su trabajo y le permitirá cancelar la deuda. Empero, en el caso de quien no sabe cómo habrá de devolver lo adeudado, que no lo tome para alegrar la fiesta no sea que se torne un inicuo que no honra sus compromisos. Tampoco habrá de extender su mano para pedir tzedaká o caridad, sino que habrá de ingerir alimentos sencillos en la festividad, tal como dijera Rabí Akiva: “Haz de tus Shabatot días comunes y no vivas de las dádivas” (ídem Pesajim 112(A)). Por el mérito de no haber recurrido a la caridad ajena habrá de enriquecerse (Tratado de Peá 8:9). Empero, en el caso de una persona pobre que ya ha recurrido a la caridad para otros menesteres – habrá de recibir tzedaká para alegrarse en la festividad (Mishná Berurá 242:1).

Hay personas que creen erróneamente que para alegrarse en la festividad es necesario adquirir los alimentos y las prendas más caras, a la usanza de las personas ricas, erogando sumas que están más allá de sus posibilidades. Empero, el precepto se cumple al gastar para los menesteres festivos conforme al nivel de ingreso de cada uno. Según esto, quien percibe un ingreso medio que adquiera los alimentos y el vino que personas de en su situación suelen adquirir para comidas importantes. Esto obedece a que la alegría festiva depende de la ingestión de vino y el agregado de platillos que excedan lo acostumbrado en los días de semana sin mediar relación con lo consumido por las personas ricas (ver Pninei Halajá Shabat 2:3).

Otro tanto ocurre con la adquisición de una prenda o una alhaja en honor a la festividad. Una persona de ingresos medios no está preceptuada de comprar una prenda que corresponde a un nivel de ingreso alto, ya que lo principal de la alegría festiva radica en la excedencia de este día respecto de los días comunes y no en el hecho de que la mujer en cuestión pueda competir con las de ingresos elevados. Aquella que crea que estará alegre únicamente si su vestimenta sea más cara y elegante que las de las demás mujeres nunca alcanzará la alegría pues la envidia hacia las otras y la pasión por los ropajes más exclusivos siempre habrán de afectar su estado de ánimo.

Lo principal es que la persona esté feliz con la porción que le tocó en parte, ahorre en sus gastos cotidianos y aumente los expendios destinados a los menesteres asociados al cumplimiento del precepto, de acuerdo con su nivel de ingreso y de esa manera habrá de ser meritorio de bendición. Respecto de esto, nuestros sabios dijeron (Mishná Tratado de Avot 4:1): «¿Quién es rico? Aquel que está contento con su parte, tal como está escrito (Tehilim-Salmos 128:2): Cuando disfrutes el trabajo de tus manos prosperarás y te irá bien: “prosperarás» – en este mundo; y “te irá bien» en el Mundo Venidero».

13 – Cantos, danza y paseos

Todo aquello que regocija el corazón de la persona es parte del precepto de alegrarse en la festividad, incluyendo actividades tales como cantar, bailar y pasear. Cuanto más se abunde en cánticos y alabanzas a HaShem mejor, y los sabios de Israel escribieron poesías y compusieron cánticos para agradecer y alabar a HaShem en las festividades. Respecto de Navot el izre’elita, nuestros sabios dijeron que su voz era agradable y bella y que cuando peregrinaba al Templo de Jerusalém todos se reunían a escucharlo cantar. Una vez no ascendió a la ciudad sagrada porque quiso cuidar su viñedo, y por causa de esta transgresión fue aprendido y personas malvadas denunciaron que se había rebelado contra el rey y así fue como dejó el mundo (Pesikta Rabatí 25).

Muchos acostumbran danzar en la festividad, y el origen de esto lo encontramos en el versículo que reza (Devarim-Deuteronomio 16:15): «Siete días celebrarás[1] en honor a HaShem tu D´s en el sitio que HaShem escogiere», «celebrarás» en hebreo alude también a danzar, por ello nuestros sabios establecieron bailar en Simjat Beit Hashoevá («la alegría de la extracción del agua») en los días semifestivos de Sucot (Haamek Davar allí, Prí Tzadik Sucot 17).

Otro tanto se aplica con quien se alegra al pasear – es preceptivo que haga un paseo corto. Dado que esto implica alegría, nuestros sabios autorizaron que a estos fines se pueda cargar un bebé que no camina y debe ser llevado en brazos (Talmud Babilonio Tratado de Beitzá 12(A), Tosafot ה»ג citado en nombre de Rabenu Tam, Ramá 415:1).

Sin embargo, a diferencia de las comidas, las vestimentas y el estudio de la Torá por cuyo intermedio resulta preceptivo alegrar la festividad – todas las demás actividades que alegran son opcionales, de modo tal que a quien lo alegren que las realice y a quien no, está exento de realizarlas. Toda persona es libre de decidir cómo alegrarse en la festividad, si prefiere cánticos y alabanzas a HaShem junto a familiares o amigos o en su defecto con los bailes de Simjat Beit Hashoevá o paseos o por medio de las demás actividades que deleitan y poseen un valor intrínseco. De todas maneras, es necesario cuidar que todas estas actividades no afecten el estudio de la Torá ya que es preceptivo dedicar la mitad del día al estudio y la plegaria. Aquella persona a la que el estudio de la Torá le cause más alegría que cualquier otra cosa, tras haber cumplido con el precepto de la alegría festiva por medio de deliciosas comidas es preceptivo que estudie Torá más de medio día.


[1]. En hebreo «tajog» significa también dar vueltas o danzar en círculo. N. de T.

De aquí se desprende la palabra ‘majog’ – agujas del reloj – que hacen un movimiento circular, como una danza. N. de Ed.

14 – Estado de ánimo festivo y la prohibición del luto y el pesar

Es preceptivo estar de buen ánimo durante los días festivos. Aparentemente este es un mandamiento sencillo pues toda persona desea estar contenta, empero en la práctica esto resulta difícil pues la tensión y las preocupaciones que acompañan el devenir humano atentan contra su estado de ánimo. De todas maneras, se trata de un precepto que debemos cumplir en la festividad. Es nuestro deber elevarnos por encima de las preocupaciones y las contrariedades, superar los enojos y regocijarnos en HaShem. A estos efectos, debemos recordar que D´s nos escogió entre todos los pueblos y nos entregó Su Torá, nos consagró con Sus preceptos y nos trajo a la buena tierra de Israel para que tengamos el mérito de disfrutar de una vida buena y completa, una vida valiosa y de santidad, que eleve al mundo entero y le agregue bendición y guía hasta su completa redención. A partir de esto habremos de reflexionar sobre la gran misión que recae sobre cada uno de nosotros, recordar las cosas buenas de nuestras vidas, reforzar nuestra fe y nuestra conciencia en cuanto a que todos los sufrimientos y los exilios tienen un buen propósito y es el de mejorarnos y elevarnos en camino a nuestro objetivo final. En virtud de esta meditación podremos pasar la festividad en un estado de ánimo alegre, y no existe alegría festiva que no incluya el plano corporal mediante la ingestión de comida y bebida, así como el vestir prendas bonitas junto con la alegría espiritual bajo la forma de estudio de Torá y rezos festivos.

Durante la festividad, la persona debe alejarse de todo aquello que provoca angustia o preocupación y no habrá de enojarse. Hay quienes no saben alegrarse junto a sus familias y en todas las reuniones familiares encuentran un motivo para causar una pelea, recordar ofensas pasadas y angustiar a sus parientes. Todo esto ocurre porque no entienden la dimensión de la santidad festiva y cumplen con estas fechas de manera rutinaria en ausencia de todo contenido espiritual. Tal como ya habíamos aprendido (halajá 11), estas personas deben profundizar en el valor sagrado de la festividad y en virtud de ello podrán elevarse y alcanzar la alegría, evitarán criticar a sus familiares y se apartarán de cualquier conversación que pueda afligirlos, y, por el contrario, procurarán alabar a sus parientes y a toda persona con la cual se encuentren. De esta manera, podrán alegrarse, alegrar a otros extraer de la festividad bendición para los días de la semana.

Dado que según la Torá es preceptivo estar alegres en los días de Yom Tov y Jol HaMo’ed, en ellos está prohibido ocuparse de tareas que puedan provocar sufrimiento o tristeza, incluso sufrimiento por el cumplimiento de un mandamiento. Por lo tanto, en estos días está prohibido ayunar a los efectos de retornar en arrepentimiento, y asimismo está prohibido pronunciar discursos fúnebres o lamentar en voz alta la pérdida de una persona fallecida (Talmud Babilonio Tratado de Mo’ed Katán 27(A), Shulján Aruj 547: 1-2). Si el fallecido es un erudito de la Torá se pronuncia un discurso fúnebre en presencia del féretro previo al entierro pues el respeto a la Torá se antepone a la limitante festiva (ídem Mo’ed Katán 27(B), Shulján Aruj Ioré Deá 401:1, adelante 11:5).

Asimismo, está prohibido guardar luto en las festividades, de modo tal que, si a una persona le fallece un familiar antes de Yom Tov, al llegar este debe suspender su luto, e incluso aunque sólo haya alcanzado a guardar luto por un momento, al comenzar la festividad su duelo queda sin efecto (ídem Moed Katán 14(B), Shulján Aruj 548:7). En caso de que le haya fallecido un familiar durante la festividad los siete días de luto se posponen para después de concluida esta y durante la misma se debe procurar no llorar ni lamentarse sino ocuparse de los preceptos festivos (Shulján Aruj 548:1). Durante Sucot, aunque la persona se lamente o sufra no está exenta de habitar la Sucá debiendo superar su dolor y habitarla (Talmud Babilonio Tratado de Sucot 25(A), Shulján Aruj 640:5). De todas maneras, aunque no esté guardando la «shivá» – sentado en el duelo de la primera semana – los amigos pueden venir a consolarlo (ídem 548:6).

15 – El precepto de peregrinar a Jerusalém en los días del Templo

Cuando el Templo de Jerusalém estaba en pie era preceptivo ascender a este en las tres fiestas de peregrinación, tal como está escrito (Shemot-Éxodo 34:23): «Tres veces en el año habrán de aparecer todos tus varones ante la presencia de HaShem, D´s de Israel». En virtud de este precepto las festividades de peregrinación reciben el nombre de «regalim» (piernas), pues en estas se ascendía a pie a Jerusalém, tal como está escrito (ídem 23:14): «Tres veces (regalim) celebrarás para Mi en el año». Quien no podía ascender a pie a Jerusalém debido a su avanzada edad, enfermedad o discapacidad – estaba exento del cumplimiento del precepto. También lo estaban el ciego, el sordo y el mudo porque su percepción no es completa. Asimismo, un judío que estaba en situación de impureza o era incircunciso estaba exento del cumplimiento del precepto (Mishná Jaguigá 4:1-2, Rambám allí 2:1).

Los hombres fueron preceptuados con este deber y no las mujeres, por tratarse de un precepto que depende de un tiempo fijo para su cumplimiento (mitzvá shehazmán gueramá). Es así como en caso de ser necesario, las mujeres podían quedarse en la casa al cuidado de los niños pequeños, los enfermos y los ancianos. Sin embargo, una mujer que podía ascender a Jerusalém y lo hacía – cumplía un precepto y es así como en la práctica muchas mujeres acostumbraban a peregrinar en las festividades. Un niño que puede ascender a pie a Jerusalém – es preceptivo que su padre lo lleve.

Dado que los hombres tenían el deber de peregrinar se temía que el enemigo viniese a saquear en días festivos y por ello la Torá prometió que justamente en mérito de la conexión del pueblo de Israel con el sitio del Templo tendrán el privilegio de heredar la tierra de Israel sin tener que temer a los enemigos, tal como está escrito (ídem 34:24): «Pues desterraré naciones de ante ti y ensancharé tu territorio, y no deseará hombre alguno tu tierra, cuando asciendas para hacerte ver ante la presencia de HaShem tu D´s, tres veces en el año».

Al peregrinar, les fueron ordenados a los judíos tres preceptos: hacerse o dejarse ver (reiá), celebrar (jaguigá) y alegrarse (simjá) (Jaguigá 6:2). 1) El precepto de reiá implica que mostrar el rostro, o sea, acudir al patio del Templo trayendo consigo una ofrenda denominada olat reiá, que es un sacrificio cuya carne se quemaba por completo sobre el altar. Aquel que llegaba al patio del Templo sin traer consigo esta ofrenda no solo no cumplía con el precepto, sino que transgredía un precepto restrictivo, tal cual está escrito (Shemot-Éxodo 34:20): «Y no se presentará ante Mi con las manos vacías». 2) El precepto de jaguigá implica traer ofrendas festivas de agradecimiento llamadas shalmei jaguigá, que es un sacrificio de la categoría de shelamim cuyo sebo se quemaba sobre el altar, parte de su carne se traía a los cohanim y la mayoría de esta era ingerida con santidad por quien la había traído junto a su familia y sus invitados. 3) El precepto de alegrarse implica además que se sacrifiquen shalmei simjá u «ofrendas de alegría» de acuerdo a la cantidad de comensales y la necesidad de alimentarlos, y en la medida que la familia y sus invitados sean más numerosos resulta preceptivo sacrificar más de estas ofrendas. Quien de todas maneras debía ofrendar diezmo de las bestias o un sacrificio correspondiente a una promesa efectuada cumple el precepto de alegrarse por medio de su sacrificio y la ingestión de la carne (Rambám Hiljot Jaguigá 1:1, 2:8-10).

Escribió el Rambám (ídem 2:14): «Cuando la persona sacrifique shalmei jaguigá y shalmei simjá no habrá de comer únicamente ella, sus hijos y su mujer pensando que cumplen de manera absoluta con el precepto, sino que debe alegrar a los pobres y a los menesterosos, tal como está escrito (Devarim-Deuteronomio 16:14): ‘y el levita y el extranjero y el huérfano y la viuda’ alimentando y dándole de beber a todos ellos junto a sí, y sobre esto fue dicho (Oshea-Oseas 9:4): ‘Sus sacrificios serán cual pan de lamentos, y todos aquellos que coman de este se impurificarán, pues su pan será para ellos mismos’. En el caso del levita es más preceptivo aún porque carece de parcela y heredad y no percibe presentes en carne».

A pesar de que no se ofrendan sacrificios individuales en Yom Tov, el Olat Reiá, Shalmei Jaguigá y Shalmei Simjá son ofrendados ya que preceptivamente deben ser sacrificados el primer día. Empero, en Shabat no se los sacrifica. En caso de no haberlos traído el primer día, es preceptivo traerlos hasta el final de la festividad; en el caso de Pesaj hasta el séptimo día, en el de Sucot hasta Sheminí Atzeret y en el de Shavu’ot hasta la finalización de los seis días posteriores a la festividad. En caso de no haber ofrendado los sacrificios en esos días – se perdió la oportunidad de cumplir con el precepto (Rambám ídem 4-8).

16 – Peregrinar a Jerusalém en nuestros días

Desde que el Templo de Jerusalém fue destruido quedó sin efecto el precepto de peregrinar ya que este depende de la ofrenda de sacrificios. De todas maneras, muchos hijos de Israel han acostumbrado ascender a Jerusalém en la festividad. El Talmud nos relata de hombres y mujeres que ascendían a pie a la ciudad sagrada después de la destrucción del Templo (Talmud Babilonio Tratado de Nedarim 23(A), Shir Hashirim Rabá 4:2, Kohelet Rabá 11:1). Asimismo, en tiempos de los gaonitas había judíos que ascendían a pie a Jerusalém en las festividades tal como se relata sobre Rav Hai Gaón que peregrinaba desde Babilonia en Sucot. De igual manera, en tiempos de los eruditos medievales (rishonim) y de los de las últimas generaciones (ajaronim) hubo quienes ascendían a Jerusalém en las festividades desde países cercanos a la tierra de Israel (Kaftor Vaferaj 86, Maharit 1:134).

Hay juristas que escribieron que si bien actualmente no es obligatorio quien peregrina a Jerusalém visitando las zonas contiguas al Templo – cumple un precepto, ya que la santidad no se ha apartado del Monte del Templo (Jatam Sofer, Shai Cohen II pág. 523).

Un precepto adicional se daba en días que el Templo existía otro precepto y es el de purificarse previo a la peregrinación por medio de una inmersión ritual (Talmud Babilonio Tratado de Rosh Hashaná 16(B)) puesto que solo las personas puras podían acceder al patio del Santuario y comer de la carne de las ofrendas. Empero, en la actualidad que el Templo está destruido y no podemos ascender para ofrendar los sacrificios que nos fueron preceptuados y no poseemos ceniza de vaca roja para purificarnos por su intermedio de la impureza de la muerte quedó sin efecto la obligación de realizar una inmersión ritual purificadora previo a la peregrinación. Si bien hay juristas que consideran que también en la actualidad es preceptivo realizar una inmersión ritual previo a la festividad de peregrinación (Beit Shemuel Even Haezer 55:10, Shoel Umeshiv Talita 1:123), de todas maneras, la mayoría de las autoridades halájicas considera que en la actualidad no es obligatorio realizar la inmersión previo a la festividad y la costumbre de sí hacerlo es una práctica piadosa. En el caso de aquella persona a la que se le dificulte realizar la inmersión puede cumplir con la práctica piadosa bañándose con nueve kavin de agua, esto es, pararse bajo la ducha hasta que haya corrido a través suyo un volumen de nueve kavín de agua lo cual equivale a unos once litros, cuidando que ésta lave todo su cuerpo.

17 – Visitar al rabino en la festividad

Una persona debe visitar a su rabino en la fiesta de peregrinación (Talmud Babilonio Tratado de Rosh Hashaná 16(B), ídem Sucá 27(B)). Este precepto tiene por cometido rendir honor al maestro y aprender de él Torá. De esta manera se tiene la posibilidad de conectarse al rabino y recibir de éste orientación, así como la plenitud espiritual. Este precepto guarda cierta similitud con el de peregrinar, tal como dijeran nuestros sabios: «Todo aquel que visita a su rabino es como si se encontrase con la Divina Presencia» (Talmud Jerosolimitano Tratado de Eruvín 5:1). Los días sagrados en los que se cesa de la realización de labores son los indicados para realizar esta visita y esta fue la costumbre ancestral de los hijos de Israel, tal como lo aprendemos de las palabras del marido de la mujer shunamita que al ver a su esposa salir de la casa rumbo al profeta Elishá en un día de semana, preguntó: «¿Por qué vas donde él hoy? Hoy no es novilunio ni Shabat» (Melajim-Reyes II 4:23). De aquí se infiere que en los días sagrados era común ir a visitar al profeta o al rabino (ver Pninei Halajá Shabat 5:15).

El aspecto principal del precepto de visitar al rabino es el de escuchar de su boca una lección de Torá, siendo esta una tradición que se remonta a los días de Moshé Rabenu, tal como afirmaron nuestros sabios (Talmud Babilonio Tratado de Meguilá 32(A)) en cuanto a que Moshé instituyó en el pueblo de Israel que se «se pregunte e investigue sobre la cuestión del día, las halajot de Pesaj en Pesaj, las halajot de Atzeret (Shavu’ot) en Atzeret y las halajot de Jag (Sucot) en Jag. Esto es lo que le dijo el Eterno a Moshé Rabenu: «Reúne grandes congregaciones y enséñales públicamente sobre los temas del día para que las generaciones siguientes aprendan de ti a reunir multitudes en cada Shabat y cada festividad en las casas de estudio para enseñar a pueblo de Israel las palabras de la Torá relativas a lo permitido y lo prohibido para que de esa manera Mi Nombre sea exaltado entre Mis hijos» (Yalkut Shimoní Vaiakhel 408). Hubo quienes eran sumamente cuidadosos de participar de estas clases y de esta manera cumplían con excelencia el precepto de visitar al rabino en la festividad. Empero también quien simplemente saluda al rabino en la festividad deseándole «Jag Sameaj», a posteriori, cumple también con el precepto. Hay quienes se esmeran en visitar a los rabinos en sus hogares para escuchar de ellos palabras de Torá, de ética y relatos de vida de los grandes maestros de Israel. En caso de haber muchos alumnos deseosos de hacerlo que asistan en grupos para no importunar al rabino y no interrumpir su estudio y la alegría festiva suya y la de su familia.

Los sabios medievales explicaron que el precepto de visitar al rabino depende de la distancia. Una persona que vive en la cercanía de su rabino debe visitarlo cada Shabat. Quien vive más lejos debe visitarlo en cada novilunio o Rosh Jodesh. Quien vive aún más lejos debe visitarlo en cada festividad de peregrinación (según Rabenu Jananel y el Ritba, ver Beur Halajá 301:4 ‘להקביל’). Todo esto es a condición de que el alumno vuelva a su casa a dormir, pues el precepto de alegría festiva debe cumplirse junto a la mujer. Empero, si a los efectos de visitar al rabino el alumno precisa dormir fuera de su casa está exento de cumplir con el precepto (Talmud Babilonio Tratado de Sucá 27(B)). Sin embargo, hay quienes adoptan una actitud flexible en este respecto y hay quienes ven en ello una conducta virtuosa. De todas maneras, cuando esta práctica hace sufrir a la mujer, hasta quienes adoptan una actitud flexible admiten que está prohibido viajar y ausentarse así del hogar. La opinión mayoritaria de los juristas es que, aunque la mujer esté de acuerdo con la ausencia del marido, esta práctica no tiene lugar o razón de ser.

01 – Preparativos festivos

Es preceptivo honrar y deleitar los días festivos tal como lo es con el Shabat (arriba 1:7-8). Por lo tanto, todo lo que los sabios dijeron que es necesario hacer previo al Shabat aplica también para las festividades, incluido el precepto de lavar la ropa (Pninei Halajá Shabat 2:4, adelante 11:11). Asimismo, es preceptivo bañarse con agua caliente previo a la festividad. Quien así lo necesite, deberá también cortarse el pelo, afeitarse y cortarse las uñas (Pninei Halajá Shabat 2:5, adelante 11:9-10). De igual manera, antes de una festividad es preceptivo arreglar la casa y limpiarla, así como también participar de estos preparativos tal como acostumbraron los más grandes eruditos (Pninei Halajá Shabat 2:5-6).

Para cumplir el precepto de deleite y alegría festivo se deben adquirir alimentos y bebidas especiales para Yom Tov, cada uno conforme a sus posibilidades (arriba 1:12). Está prohibido realizar una comida importante en víspera de la festividad por tres motivos: a) Para diferenciar entre las comidas de los días comunes y las festivas; b) A los efectos de llegar apetentes a la comida festiva; b) Para que el esfuerzo de la preparación de la comida pre festiva no afecte los preparativos de la festiva. Una comida común se puede ingerir todo el día, empero a priori, nuestros sabios dijeron que es preceptivo abstenerse de ingerir una comida regular o una que incluya pan en las tres horas previas al inicio de la festividad (Pninei Halajá Shabat 2:7).

Está prohibido realizar labores en la víspera de Yom Tov a partir de la hora de descanso, y todo aquel que las realiza no ve en ellas señal de bendición. El horario de la prohibición es a partir de la Minjá Ketaná (Pequeña Minjá), o sea, dos horas y media (temporales o halájicas) previo a la puesta del sol. Los detalles de esta halajá están explicados en el tomo de Shabat de Pninei Halajá (2:8).

Al igual que en Shabat, también en Yom Tov es preceptivo agregar tiempo sagrado a cuentas del secular, lo cual implica recibirlo un poco antes de la puesta del sol y despedirse de él un poco después de salidas las estrellas (Talmud Babilonio Tratado de Rosh Hashaná 9(A)). Se recibe la festividad por medio de la palabra, diciendo, por ejemplo: «Por la presente, recibo sobre mí la santidad festiva» o «Por medio del encendido de las velas» (Mishná Berurá 261:21, Pninei Halajá Shabat 3:1-3).

02 – El encendido de velas

Tal como los sabios establecieron que se enciendan velas para Shabat, de igual manera fijaron que se lo haga para Yom Tov ya que por medio de estas honramos la festividad y agregamos alegría a la comida festiva. Dado que el encendido es preceptivo, se recita la siguiente bendición: «Baruj Atá Ad-onai Eloh-einu Melej Haolám Asher Kidshanu Bemitzvotav Vetzivanu Lehadlik Ner Shel Yom Tov» («Bendito eres Tú D´s… que nos ha consagrado con Sus preceptos y nos ha ordenado encender velas de Yom Tov») y cuando Yom Tov cae en Shabat se recita «Lehadlik Ner Shel Shabat VeYom Tov» («…encender velas de Shabat y de Yom Tov») (Shulján Aruj 263:5, 514:11, Mishná Berurá 48).

Al igual que en Shabat, se acostumbra encender no menos de dos velas que se corresponden con el hombre y la mujer, y mujeres que así lo deseen podrán encender más velas. De todas maneras, la bendición reza «vela» en singular, ner en hebreo, por lo que el encendido de una sola vela es suficiente para cumplir con el precepto.

El mejor momento para encender velas es previo a la puesta del sol, en el horario de inicio de la festividad que figura en los almanaques, pues de esa manera las mujeres reciben la fiesta por medio del encendido. Hay mujeres que acostumbran encender las velas por la noche previo a la cena, y quienes así deseen proceder pueden hacerlo, guardando la precaución de no encender un nuevo fuego sino haciéndolo traspasando de un fuego ya existente (adelante 5:1, 5:3). En el segundo día festivo de Rosh Hashaná así como también en el segundo día festivo de las diásporas el momento de encender las velas es después de la salida de las estrellas para no realizar preparativos de un día festivo para el otro (adelante 9:5, ver adelante en la halajá 12 la regla de Yom Tov que cae un sábado por la noche).

Cada Shabat las mujeres de origen ashkenazí y algunas de origen sefaradí acostumbran encender primeramente las velas y solo después recitan la bendición para no realizar el acto del encendido después de haber mencionado verbalmente el Shabat (Pninei Halajá Shabat 4:4). En Yom Tov, sin embargo, al estar permitido encender velas, según todas las tradiciones primero se debe recitar la bendición y sólo después encender las velas (Mishná Berurá 263:27). Tras el encendido es necesario cuidar de no apagar el cerillo o fósforo sino dejarlo que se extinga por sí mismo.

Nuestros sabios establecieron que se recite la bendición de Shehejeianu en cada festividad para agradecer a HaShem el habernos concedido vida, habernos sostenido y habernos permitido arribar a una instancia tan especial y sagrada como Yom Tov.  El momento más apropiado para decir Shehejeianu es durante el recitado del Kidush pues entonces se menciona y recuerda la santidad del día. Sin embargo, muchas mujeres acostumbraron recitar Shehejeianu al encender las velas porque deseaban decir esta bendición junto con el cumplimiento del precepto especial que ellas detentan en honor del Yom Tov.  Aquellas que deseen proceder de este modo tienen permitido hacerlo (ver pregunta al Ya’avetz 1:107, Mishná Berurá 263:23).

Cuando se tiene la intención de encender las velas después del inicio de la festividad, en el segundo día de Rosh Hashaná, o en un Yom Tov que cae sábado por la noche, es conveniente preparar las velas en un día hábil. En caso de no haberlas preparado, está permitido colocar las velas con firmeza en el orificio del candelabro, y si bien de esta forma se desgastan un poco – no implica la transgresión de la prohibición de «cortar» (mejatej) porque este desgaste se realiza de manera indirecta y no es la intención primaria de esta acción. Asimismo, está permitido retirar con un cuchillo el sebo acumulado en el orificio del candelabro que molesta al ingreso de la nueva vela, y está también permitido retirar el disco de metal de las velas que quedó pegado al fondo del recipiente donde fueron colocados. Se permite también introducir una mecha flotante dentro del recipiente con aceite (Shmirat Shabat Kehiljatá 13:24 y 49-50, nota 151 del Rabino Shlomo Zalman Auerbach), empero, está prohibido calentar una vela de sebo o cera para pegarla al candelabro. Se trata de un decreto que procura evitar que se «unte», lo cual sería una derivación de la labor de «alisar» (memajek). Asimismo, está prohibido cortar o limar la base de la vela para permitirle ingresar al orificio del candelabro en virtud de la prohibición de mejatej («cortar») (Jaié Adam 92:2, Baer Heitev 314:10, Shmirat Shabat Kehiljatá 13:48, ver Pninei Halajá Shabat 18:6 y 15:10).

En el resto de las normas, Yom Tov es similar a Shabat y las leyes del encendido de velas están explicadas en el tomo de Shabat de Pninei Halajá capítulo 4.

03 – Rezos festivos – Amidá

Al igual que el rezo de Amidá de Shabat, el de Yom Tov incluye siete bendiciones. El texto de las primeras tres y las últimas tres es idéntico al de los rezos de los días de semana y en lugar de las trece bendiciones intermedias se recita una especial referente a la santidad de la festividad. En esta, mencionamos el hecho que HaShem nos ha escogido entre las naciones, nos ha consagrado mediante Sus preceptos y nos ha acercado a Su servicio, nos ha entregado las festividades para regocijo y alegría en recuerdo de la salida de Egipto y mencionamos el nombre de la fiesta. Debido a ello, pedimos que nuestro recuerdo «ascienda y se presente» delante del Eterno para bien, que nos tenga en cuenta y nos redima. Culminamos recitando השיאנו, esto es, que HaShem nos eleve por medio de la santidad de las festividades, nos santifique con Sus preceptos, nos conceda Su porción en Su Torá, purifique nuestros corazones para servirlo de verdad y nos conceda el mérito de poder realizar las festividades con alegría y regocijo. Finalizamos la bendición con «Baruj Atá Ad-onai Mekadesh Israel Vehazmanim» («Bendito eres HaShem que santifica a Israel y a los tiempos»).

De acuerdo con el fundamento de la norma, en Shabat y en Yom Tov se podrían recitar todas las bendiciones de la Amidá de los días comunes y agregar una especial alusiva al día sagrado. Empero, en virtud del respeto por el Shabat y la festividad, los sabios no quisieron incomodar a los que rezan recitando todas las bendiciones de los días comunes (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 21(A)). Además, no hay día más apropiado que Shabat o Yom Tov para pedir a HaShem por cuestiones del momento que puedan llegar a provocar angustia a la persona (Tanjuma, Rashí y Rambám). Por lo tanto, nuestros sabios establecieron que en vez de las trece bendiciones intermedias se recite sólo una. De todas maneras, si una persona se comenzó a recitar las bendiciones de días de semana por error y en la mitad se recordó que el día es festivo – que complete la bendición en la que se encuentra y solamente después que retorne al texto de la plegaria festiva. Esto es así ya que por el fundamento de la norma se podrían recitar las bendiciones de los días de la semana y dado que ya se comenzó a recitar una de ellas corresponde completarla (Shulján Aruj 268:2, Mishná Berurá 3. Respecto de Musaf ver halajá 9).

Quien se equivocó y no mencionó el nombre de la fiesta en la bendición festiva de la Amidá o mencionó el nombre de otra festividad – no cumplió con su deber y debe volver al comienzo de la bendición y decirla como corresponde. En caso de haber finalizado la Amidá, aunque aún no haya dado los pasos hacia atrás, deberá volver a rezar (Mishná Berurá 487: 30).

En caso de existir, se acostumbra rezar en Shabat y en Yom Tov empleando melodías festivas especiales (Maté Efraím 625:40).

Desde el tiempo de los sabios medievales (rishonim) se acostumbró a agregar pasajes en los «Salmos de Alabanza» o Pesukei Dezimrá previos al rezo de Shajarit en Shabat y en Yom Tov y al concluirlos añadir la plegaria Nishmat.

04 – El rezo de un Yom Tov que cae en Shabat

Cuando Yom Tov cae en Shabat se recita la bendición según la festividad y se agrega o combina el tema del Shabat, y cada vez que se mencionan el Shabat y la festividad anticipamos la mención del Shabat pues es más sagrado y frecuente. Cerramos la bendición diciendo: «Mekadesh Hashabat Israel Vehazmanim» («Que santifica el Shabat, Israel y los tiempos»). Anteponemos el Shabat a Israel porque son los judíos quienes santifican los tiempos mas no al Shabat dado que la santidad sabática existe desde los seis días de la Creación por lo que resulta anterior a la aparición del pueblo de Israel en el mundo (Talmud Babilonio Tratado de Beitzá 17(A), arriba 1:3). Aparentemente correspondería recitar dos bendiciones, una por Shabat y la otra por Yom Tov. No obstante, dado que ambas versan sobre la manifestación de la santidad en el tiempo fueron reunidas en una sola. Se puede agregar que a partir de la santidad del Shabat que es fija y constante se revelan las santidades de Israel y de las festividades por lo que el tema de ambas santidades resulta ser uno mismo.

05 – Kidush y comida festiva

La noche de Shabat es similar a la noche de Yom Tov en cuanto a que es preceptivo recitar Kidush sobre una copa de vino en el sitio donde se ha de comer o junto con la comida. Esto obedece a que nuestros sabios establecieron que se debe recordar la santidad del día tanto en el rezo como en la comida, ya que la misma se revela tanto en el alma como en el cuerpo. El contenido del Kidush es similar al de la bendición que agregaron los sabios al rezo festivo y así es como finaliza diciendo: «Baruj Atá Ad-onai Mekadesh Israel Vehazmanim» (arriba 3). En primer término, se bendice por el vino y luego se recita la bendición del Kidush.

Tras la bendición por la santidad del día se recita la bendición por el tiempo –Shehejeianu – en la cual agradecemos a D´s «que nos hizo vivir, nos sostuvo y permitió llegar a este momento». Quien olvidó recitar Shehejeianu con el Kidush puede completarla cuando lo recuerde, pudiendo esto ser hasta el último día de la festividad sin requerir para ello de una copa de vino (Mishná Berurá 473:1).

El séptimo día de Pesaj es el único Yom Tov en la cual no se agrega Shehejeianu al recitado del Kidush porque no es una festividad en sí misma y la bendición recitada el primer día festivo aplica también a este. En el caso de Sheminí Atzeret, sin embargo, sí se ha de recitar Shehejeianu por tratarse de una festividad separada (Talmud Babilonio Tratado de Rosh Hashaná 4(B)).

El primer día de Sucot al Kidush se le agrega la bendición de Leishev Basucá («…que nos ordenó habitar la sucá») ya que en ese momento se comienza a cumplir con el precepto de habitar la sucá.

Al igual que en el Shabat, nuestros sabios establecieron que también en Yom Tov se recite un Kidush diurno con vino como forma de honrar la festividad. Dado que en el Kidush nocturno ya se mencionó la santidad festiva, esta no es recordada durante el día y entonces nada más se bendice por el vino. Previo a esta bendición se recita un versículo referente a la festividad. Este Kidush es denominado Kidusha Raba («El Kidush Grande») a modo de antífrasis, ya que el Kidush nocturno es el más importante y es aquél en el cual se hace referencia al contenido de la santidad festiva (Mishná Berurá 289:3). Todas las demás reglas del Kidush fueron explicadas en el tomo de Shabat de Pninei Halajá (capítulo 6).

Tal como aprendimos (arriba 1:7), es preceptivo ingerir dos comidas en la festividad, una por la noche y otra de día, y en cada una de ellas se debe ingerir pan. Las comidas festivas deben ser más importantes que las sabáticas ya que en Yom Tov se agrega el precepto de la alegría festiva. La comida diurna es más importante que la nocturna.

06 – Birkat Hamazón

En días de Yom Tov, de Jol HaMo’ed o de Rosh Jodesh nuestros sabios dispusieron que se mencione la santidad del día en la bendición final por la comida (Birkat Hamazón) puesto que la ingestión de alimentos en días festivos es diferente a la de días comunes en virtud de la excedencia de lo preceptivo y la santidad inherente. Además, estipularon que se recuerde la santidad del día dentro de la plegaria de Ya’alé Veiavó en la cual pedimos a D´s que nos recuerde para bien en el este día especial, se apiade de nosotros y nos redima. Este pasaje se agrega en la bendición por la reconstrucción de Jerusalém (Boné Ierusahalaim) ya que sólo en esta se pide por la compasión Divina (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 49(A), Tratado de Shabat 24(A), Tosafot allí).

Dado que es preceptivo ingerir pan en la comida de Yom Tov, quien olvida incluir la plegaria de Yaalé Veiavó en Birkat Hamazón no cumplió con su deber y debe volver a bendecir. En efecto, esta es la usanza ashkenazí y de parte de los sefaradíes (Shulján Aruj 188:6). Según la usanza de parte de los sefaradíes, dado que hay quienes entienden que no es preceptivo ingerir pan en las comidas festivas – quien olvida incluir Ya’alé Veiavó no debe repetir Birkat HaMazón. Solamente quien olvidó recitar Ya’alé Veiavó en la comida de la primera noche de Pesaj y de Sucot debe regresar o repetir, ya que según todas las opiniones en estas se debe ingerir matzá o pan.

Cuando Yom Tov o Jol HaMo’ed caen en Shabat se recita primeramente Retzé Vehajalitzenu pues el Shabat es más frecuente y sagrado, y recién después se agrega Ya’alé Veiavó (Shulján Aruj 188:5, Mishná Berurá 13). En caso de que la persona se equivoque y recite primero Ya’alé Veiavó que culmine su recitado y luego diga Retzé ya que el desorden en el recitado no es un factor de invalidez en el cumplimiento (Pninei Halajá Berajot 4:7. Ver allí 4:8).

07 – Halel

Es preceptivo agradecer, alabar y ensalzar a HaShem por las festividades que nos otorgó, y a esos efectos recitamos el Halel. Sin embargo, no es necesario recitar Halel en todas las festividades sino solo en aquellas que reúnen las siguientes tres condiciones: a) La fecha recibe el nombre de Mo’ed o «momento de reunión»; b) En ese día está prohibido realizar labores; c) La fecha posee un orden propio de ofrendas en el Templo. Por lo tanto, se recita Halel en los siete días de la festividad de Sucot porque se denominan Mo’ed, en estos está prohibido realizar labores y además en cada jornada festiva se ofrenda un número diferente de bueyes. Asimismo, se recita Halel en Sheminí Atzeret, en el primer Yom Tov de Pesaj y en Shavuot.

Empero, en Jol HaMo’ed de Pesaj y en el último Yom Tov de esa festividad no se recita Halel. Y si bien estos días son denominados Mo’ed y en ellos se prohíbe la realización de labores, dado que en todos ellos se ofrendan la misma cantidad de sacrificios carecen de la innovación o novedad que sí posee el primer Yom Tov (Talmud Babilonio Tratado de Arajín 10(A) y (B)). Hay quienes agregaron otro motivo y es el de que en el séptimo día de Pesaj estamos un tanto acongojados por el ahogo de los egipcios en el mar. Tal como le dijera el Santo Bendito Es a los ángeles que querían pronunciar cánticos ante Él: «Mis creaturas se ahogan en el mar, ¡¿y vosotros entonáis cánticos?!». Sin embargo, los hijos de Israel de aquella generación sin duda que debían alegrarse y entonar cánticos por su salvación pero no hay un precepto que nos ordene recitar por ello Halel año tras año. Dado que no se recita Halel el séptimo día de Pesaj que es festivo, no corresponde hacerlo en los cinco días anteriores de Jol HaMo’ed ya que son inferiores a este en cuanto a santidad. Por lo tanto, sólo el primer día de Pesaj debemos recitar Halel (Shibolei Haleket según el Midrash, Beit Iosef Oraj Jaím 490:4, Mishná Berurá 7).

Si bien no hay precepto de recitar Halel en los seis últimos días de Pesaj ni en los novilunios, los judíos acostumbraron hacerlo y para que quede claro que es recitado en virtud de la costumbre y no de manera obligatoria se saltean dos párrafos de la versión completa (el Halel consiste en los capítulos 113-118 de los Salmos, salteándose Salmos 115:1-11 y 116: 1-11).

Los sabios medievales (rishonim) debatieron con respecto al recitado de la bendición por el Halel en los últimos seis días de Pesaj y en los novilunios (Rosh Jodesh). Según Rambám y Rashí dado que el origen del recitado radica solamente en la costumbre no se bendice ya que el cumplimiento de una costumbre no es acompañado por el recitado de una bendición. En opinión de Rabenu Tam, Rosh y Rabenu Nisim se recita bendición por el cumplimiento de una costumbre importante como el Halel. En la práctica, la usanza ashkenazí indica que incluso una persona sola recita la bendición por el Halel, y la usanza de la mayoría de los judíos sefaradíes del norte de África es que el oficiante recite primero la bendición Likró et Hahalel (Recitar el Halel) y al finalizar diga Yehaleluja en voz alta y por medio de sus bendiciones haga cumplir a todos con su recitado, empero quien reza solo no las recita. Que cada persona continúe con la tradición de sus antepasados.

Se acostumbra a recitar Halel tras la finalización de la Amidá en Shajarit. Se debe procurar recitar el Halel en público. Según la opinión de muchos juristas quien llega tarde a la sinagoga e ingresa cuando el público ya lo está recitando debe sumarse al recitado y solo después habrá de recitar los Salmos de Alabanza (Pesukei Dezimrá) (Mishná Berurá 422:16). Véase en Pninei Halajá Zmanim (1:13) sobre las diferentes costumbres en el recitado del Halel.

08 – La lectura de la Torá en Yom Tov y en Jol HaMo’ed

Desde los días de Moshé Rabenu existe una disposición por efecto de la cual se saca la Torá los lunes, jueves y sábados para que el pueblo de Israel no pase tres días sin leerla públicamente (Talmud Babilonio Tratado de Baba Kama 82(A)). Durante el correr del tiempo se asentó la costumbre de completar cada año la Torá por medio de un orden semanal de lectura (Pninei Halajá Shabat 5:6).

Además, Moshé estableció también que en las festividades se lea sobre la temática de la fecha, tal como está escrito (Vaikrá-Levítico 23:44): «Y habló Moshé las fechas de HaShem a los hijos de Israel – les ordenó que las leyesen cada una en su tiempo» (Talmud Babilonio Tratado de Meguilá 32(A), Rambám Tefilá 13:8). Cuando una festividad o Jol HaMo’ed cae en Shabat se interrumpe también el orden de las porciones de lectura semanal para leer un pasaje vinculado a la festividad. Otro tanto ocurre con la lectura de la Haftará extraída de los profetas, se lee una referente a la temática del día. En cada festividad se acostumbra extraer dos rollos de la Torá, en el primero se lee algo vinculado a la festividad y en el segundo, que es leído por el Maftir o quien habrá de leer la Haftará, se lee el orden de las ofrendas que se sacrificaban en ese día.

El número de personas que sube a la Torá varía de acuerdo a la santidad del día de modo tal que cuanto más sagrada es la fecha más personas suben a la lectura (Mishná Tratado de Meguilá 21:1). En los días comunes suben a la Torá tres personas. En Rosh Jodesh y Jol HaMo’ed, días en los cuales se ofrendaban sacrificios suplementarios – y en compensación de los cuales se reza Musaf – son llamadas cuatro. En días festivos (Yom Tov) – en los cuales está prohibida la realización de labores y se permite la preparación casera de alimentos – suben a la Torá cinco personas. En Yom Kipur – que toda labor está prohibida – suben seis; y en Shabat – cuyo castigo en caso de transgresión es más grave – suben siete. Esto se deduce del hecho que quien transgrede Yom Kipur es castigado con Caret que es a manos del cielo mientras que quien profana el Shabat es lapidado por un tribunal terrenal (Talmud Babilonio Tratado de Meguilá 23(A)).

Vemos pues que en Yom Tov suben cinco personas a la Torá y una más que es el Maftir. Está prohibido que suban menos del número mínimo estipulado por los sabios para no agraviar a la festividad (ídem 21(A)). Esta permitido agregar personas según la opinión de Rambám y Rashí. Hay otros juristas que dicen que no se debe hacer subir a la Torá a más personas del número estipulado porque al hacerlo se equipara la santidad festiva con la de Yom Kipur o la de Shabat (Rabenu Nisim). En efecto, así se procede, a los efectos de no agobiar al público y para no recitar más bendiciones que las necesarias. Ocurre que en el pasado solamente quien subía primero recitaba la bendición inicial y quien lo hacía último recitaba la final y entonces el agregar personas que suban no implicaba un aumento en el número de bendiciones recitadas. Con el correr del tiempo, los sabios estipularon que cada persona que sube a la Torá debe recitar una bendición al inicio y una al final de su fragmento de lectura y entonces en caso de agregar más personas que suban se recitan más bendiciones que las establecidas por los sabios. Sin embargo, en caso de gran necesidad – se permite subir más personas a la Torá (Shulján Aruj y Ramá 282:1-2, Mishná Berurá a 4-5).

Simjat Torá sale de esta norma pues en ese día se acostumbra hacer subir a más personas a los efectos que todos los que asisten al rezo lo hagan.

Recordatorio de las almas de los difuntos (Hazkarat Neshamot): Los ashkenazíes acostumbran hacerlo en Yom Kipur, Sheminí Atzeret, séptimo día de Pesaj y en Shavuot después de la lectura de la Torá. Entonces, se recuerda a los parientes fallecidos y se promete dar tzedaká para la elevación de sus almas. Es bueno que durante el recordatorio se sostengan dos rollos de la Torá en manos de los presentes. Se acostumbra que quien tiene a sus dos padres vivos sale de la sinagoga durante la recordación de las almas ya que no es agradable que una parte de los presentes rece y recuerde difuntos y la otra parte se mantenga en silencio. Hay quienes temen que esto pueda causar mal de ojo. Se acostumbra a no mencionar los nombres de quienes fallecieron durante el último año no sea que esto provoque tristeza y afecte la alegría festiva de los presentes.

09 – El rezo de Musaf – el agregado de Vete’erav (Sea agradable para Ti)

Los tres rezos que recitamos todos los días fueron establecidos en correspondencia con los tres patriarcas y con los sacrificios ofrendados en el Templo. Shajarit se corresponde con la ofrenda matinal permanente, Minjá se corresponde con la ofrenda vespertina permanente y Arvit se corresponde con la quema de sebos y órganos sobre el altar (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 26(B), Pninei Halajá Tefilá 1:7). Nuestros sabios establecieron también el rezo de Musaf para Shabat, festividades, Jol HaMo’ed y novilunios en correspondencia con las ofrendas suplementarias que se nos ordenó sacrificar en esas fechas.

El rezo de Musaf consta de siete bendiciones, las tres primeras y las tres últimas son idénticas a las recitadas en la Amidá de todos los días mientras que la bendición central hace referencia a las ofrendas específicas de la festividad. Esta bendición central inicia mencionando que a causa de nuestros pecados fuimos exiliados de nuestra tierra y nuestro Santuario fue destruido por lo que no podemos ofrendar los sacrificios correspondientes como antaño. A partir de ello pedimos: «reúne a nuestros dispersos de entre las naciones… y tráenos a Sion Tu ciudad con cánticos y a Jerusalém Tu Santuario con alegría eterna, y allí ofrendaremos ante Ti los sacrificios que tenemos preceptuados, los permanentes según su orden y los suplementarios conforme a su regla». Entonces, se recuerda o menciona el nombre de la festividad, y los ashkenazíes mencionan también los versículos referentes a los sacrificios de Musaf o suplementarios correspondientes al día en cuestión. Luego pedimos nuevamente por la reconstrucción del Templo y por tener el mérito de poder cumplir con el precepto de peregrinar tres veces al año. Para finalizar, recitamos la plegaria de Vehasienu (elévanos) como en los demás rezos festivos (arriba 3).

Según la usanza de los ashkenazíes, al finalizar la bendición del servicio en el Templo («Retzé») el oficiante recita el texto de la misma que se pronunciaba en el Santuario: «Vete’erav Aleja Atiratenu Ke’olá Ukekorbán, Ana Rajúm Berajameja Harabim Hashev Shejinateja Letzión Ireja Veseder Ha’avodá Lirushalaim» («Sea agradable para Ti nuestro rezo cual sacrificio, por favor, misericordioso, en Tu gran compasión devuelve Tu Presencia a Sion y el orden de la labor sacra a Jerusalém»). Luego, esta bendición concluye diciendo «Baruj Atá Ad-onai, Sheotjá Levadjá Beirá Naavod» («Bendito eres Tú HaShem, pues sólo a Ti serviremos con temor reverencial»). Hay quienes acostumbran actuar según la opinión del Gaón de Vilna y concluyen la bendición como siempre con las palabras «Hamajazir Shejinató Letzión» («Que devuelve Su Presencia a Sion»). En caso de no haber cohanim presentes que puedan bendecir a la grey no se dice Vete’erav (Mishná Berurá 128:173).

10 – Lectura de las Meguilot

Dijeron nuestros sabios en la Beraita del Tratado de Sofrim (14:1) que a lo largo del año se leen cinco meguilot: Shir Hashirim-El Cantar de los Cantares en Pesaj, el libro de Rut en Shavuot, Eijá-Lamentaciones en el 9 de Av, Kohelet-Eclesiastés en Sucot y el libro de Ester en Purim, por cuya lectura se bendice: «…Al Mikrá Meguilá» («…y nos ordenó leer la Meguilá»). En efecto, los grandes eruditos medievales ashkenazíes escribieron que así se proceda (Majzor Vitri, Hagahot Maimoní en nombre del Maharam, Or Zarúa, Shibolei Haleket, Maharil).

Sin embargo, muchos juristas objetaron esta práctica ya que salvo en el caso del libro de Ester no encontramos en el Talmud que se lean las meguilot y, menos aún, que se bendiga por su lectura. Es así como los grandes eruditos sefaradíes dispusieron que no se bendiga por la lectura de las meguilot y esta es la usanza de las personas de esa congregación (Radbaz VI 2096, Bei Iosef 559:2).

Respecto de la usanza ashkenazí: Muchos consideran que en virtud de la duda existente corresponde no recitar bendición previo a la lectura de cuatro de las meguilot (Ramá 490:9, Turei Zahav 6, Pri Megadim, Jok Yaakov). Así acostumbran los jasídicos que rezan según la tradición «Sfard» y parte de los que lo hacen según la tradición «Ashkenaz».

Hay juristas que sostienen que se debe bendecir por la lectura de las meguilot (Levush, Bait Jadash, Maguén Abraham 490:9, Gaón de Vilna). Así proceden los antiguos pobladores ashkenazíes de Jerusalém («Bnei Haishuv Haiashán») que tienen su origen en los discípulos del Gaón de Vilna. Y así proceden muchos de los originarios de Lituania. Quienes acostumbran bendecir deben tener el recaudo de leer la meguilá de un rollo de pergamino (según Teshuvot Ramá 35, Mishná Berurá 490:19).

Muchos de los que acostumbran bendecir previo a la lectura de las meguilot recitan también Shehejeianu (Levush, Gaón de Vilna). Otros muchos se preguntaron el porqué de su proceder ya que en el Tratado de Sofrim no se menciona que se bendiga Shehejeianu y la mayoría de las autoridades halájicas de las últimas generaciones no la menciona. Lo correcto es que quienes acostumbran bendecir vistan una prenda nueva y reciten Shehejeianu para cumplir con todas las opiniones.

En un lugar donde rezan conjuntamente personas pertenecientes a diferentes congregaciones es bueno que se lea la meguilá de un pergamino, una de las personas que acostumbran bendecir lo haga en voz alta y todos los presentes respondan «amén». De esa manera se cumple con las indicaciones de todos los diferentes juristas.

Según la usanza ashkenazí se lee el Cantar de los Cantares en el Shabat de Pesaj, Eclesiastés en el Shabat de Sucot y Rut en Shavuot se lee. Las meguilot son leídas previo a la lectura de la Torá.

Según las usanzas sefaradí y yemenita se lee el libro de Rut en el horario cercano a Minjá y si se leyó durante el tikún o estudio nocturno festivo ya no es necesario volver a hacerlo en el horario de Minjá (adelante 13:12). La mayoría de los judíos de origen sefaradí no leen el libro de Eclesiastés y los yemenitas leen parte del mismo en el horario de Minjá de Shabat y la otra parte en el último día de Yom Tov. Lo mismo acostumbran hacer los yemenitas respecto de la lectura del Cantar de los Cantares. Los sefaradíes y muchos de los miembros de otras congregaciones acostumbran leer el Cantar de los Cantares al final de la Hagadá de Pesaj.

11 – Havdalá

Al igual que en la finalización del Shabat, al concluir una festividad es preceptivo separarse de la misma por medio de la Havdalá, esto es, señalar la diferencia entre la santidad festiva y la de los días de la semana por medio de la palabra. Es también preceptivo realizar Havdalá cuando se pasa de Yom Tov a Jol HaMo’ed. La norma de la Havdalá se asemeja a la del Kidush en cuanto a que, así como en el Kidush es necesario mencionar o recordar la santidad festiva tanto en el rezo como sobre una copa de vino, lo mismo ocurre al concluir la festividad – se recita el texto de la Havdalá tanto durante el rezo como durante la ceremonia con una copa de vino. Durante el rezo se recita la Havdalá al decir el pasaje de Atá Jonantanu (Tú nos otorgaste) en la cuarta bendición de la Amidá de Arvit.

Nuestros sabios establecieron que no se realicen labores antes de recitar Atá Jonantanu y que no se coma antes de realizar la Havdalá sobre una copa de vino. Quien haya olvidado decir Atá Jonantanu cumple igualmente con su deber por medio de la Havdalá que se recita sobre una copa de vino y tras la cual está permitido tanto realizar labores como ingerir alimentos. Asimismo, las mujeres, al no estar preceptuadas de rezar Arvit – cumplen con su deber por medio de la Havdalá que se recita sobre una copa de vino. Una mujer que desee realizar una labor antes de la Havdalá sobre una copa de vino habrá de decir: «Baruj Hamavdil Bien Kodesh Lejol» («Bendito Aquél que diferencia lo santo de lo profano») y de esa manera realiza la separación de tiempos por medio del habla lo cual la habilita para realizar labores. Otro tanto ocurre con aquella persona que se habrá de demorar en rezar Arvit y de mientras desea realizar labores, o quien olvidó agregar Atá Jonantanu en Arvit y desea realizar labores antes de la ceremonia de la Havdalá.

Existen dos diferencias entre la Havdalá de Shabat y la de Yom Tov: a) Al concluir Shabat se bendice por especies aromáticas ya que entonces el alma sabática suplementaria abandona a la persona, su espíritu se lo lamenta y a los efectos de reanimarlo se huelen las especies. Dado que la festividad no trae a la persona un alma suplementaria por lo que no hay necesidad de consolar al espíritu tras la conclusión del día y por ello no se bendice por especies aromáticas; b) Solamente al concluir Shabat se bendice sobre una vela, ya que el fuego fue creado un sábado por la noche (Shulján Aruj 491:1, Mishná Berurá 2-3).

Resulta entonces que en la Havdalá tras la conclusión de una festividad – se recita únicamente dos bendiciones: la del vino y la de la separación o diferenciación.

Al concluir Shabat se acostumbra recitar versículos de bendición previo a las bendiciones de la Havdalá porque se trata de un momento especial para atraer buenaventura para los seis días hábiles de la semana. Empero el momento de conclusión de una festividad carece de esta característica especial, y por lo tanto, la usanza ashkenazí es de no recitar los versículos antemencionados mientras que los sefaradíes sí acostumbran a hacerlo.

12 – Un Yom Tov que se inicia al concluir Shabat

Cuando Yom Tov comienza al concluir Shabat es necesario cuidar de no hacer preparativos en Shabat de cara a la festividad ya que el sábado fue destinado para la santidad y el descanso y no para realizar en él preparativos para otro día. Por ello, todo aquel que se esfuerza en Shabat preparando menesteres para días de la semana o para una festividad está deshonrando el día sagrado (ver Pninei Halajá Shabat 22:15-16).

Por lo tanto, está prohibido lavar los cubiertos que se usaron en Shabat para poder comer con ellos en Yom Tov. Solamente una vez concluido el Shabat se podrán lavar los utensilios a los efectos de ser usados en la comida festiva. Asimismo, está prohibido limpiar la mesa en honor a la festividad, empero se permite limpiarla para que esté ordenado en Shabat, aunque esto implique un beneficio para el día festivo posterior.

A priori, se debe adelantar la tercera comida sabática para antes de las tres últimas horas del día. En caso de no haberlo hecho, podrá realizarla en las horas contiguas al inicio de la festividad empero en ese caso habrá de tratar de disminuir su ingesta para poder ingerir la cena festiva con apetito (Ramá 529:1, Mishná Berurá 8).

Quien asiste a la sinagoga previo al inicio de la festividad puede cargar consigo el libro de oraciones de Yom Tov (Majzor) y habrá de leer un poco del mismo en Shabat de modo tal que haya sido transportado para uso sabático.

Los juristas de nuestra época debatieron respecto de si se puede sacar alimentos del freezer en Shabat para ser ingeridos en la cena festiva. En la práctica, en caso de gran necesidad, si la espera al concluir el Shabat va a causar malestar a los presentes y ha de redundar en una demora importante en la preparación de la cena – se permite retirar alimentos del freezer en Shabat. Empero, de no mediar una gran necesidad – corresponde actuar de modo estricto y no sacar alimentos del freezer para la festividad.

Cuando Shavuot cae al concluir Shabat es preferible no decir que se habrá de dormir en Shabat para poder estudiar en la noche festiva. Quien desee decir algo así puede hacerlo ya que la prohibición principal es hablar en Shabat de cosas que está prohibido hacer en ese día, mientras que el estudio no lo está. Además, decir algo así no implica una afrenta tan importante al honor del Shabat ya que tiene por finalidad el cumplimiento de un precepto.

Cuando el Yom Tov cae al concluir Shabat está prohibido encender velas antes que salgan las estrellas, siendo necesario esperar que estas salgan y el Shabat concluya para que entonces la señora pueda decir: «Baruj Hamavdil Bein Kodesh Lekodesh» («Bendito Aquel que diferencia entre lo santo y lo santo») y acto seguido encienda las velas (ver arriba 2).

Dado que está prohibido encender un nuevo fuego en Yom Tov (adelante 5:1) es necesario preparar antes de Shabat una vela que se mantenga encendida durante más de veinticuatro horas y de la cual se puedan encender las velas festivas. En caso de que no se haya preparado una es posible pedir ayuda a los vecinos y tomar fuego de estos para encender las velas festivas.

En el rezo de Arvit de la festividad no se recita Atá Jonantanu, plegaria establecida para diferenciar ente lo santo y lo profano, sino que se dice Vatodi’enu, pasaje que fuera establecido para separar o diferenciar entre la santidad estricta del Shabat y la festiva. En caso de haber olvidado recitar Vatodi’enu no se repite el rezo porque luego se habrá de realizar Havdalá sobre una copa de Kidush (Shulján Aruj 491:2, Mishná Berurá 4). En caso de desear realizar previo al Kidush alguna labor vinculada a la preparación de alimentos («Ojel Nefesh») dirá previamente: «Baruj Hamavdil Bein Kodesh Lekodesh». Lo mismo aplica para el caso de mujeres que no rezan y desean realizar labores antes de escuchar la Havdalá sobre la copa del Kidush (Mishná Berurá 299:36).

En el Kidush de Yom Tov se agrega la «separación (o diferenciación) entre santo y santo» («Hamavdil Bein Kodesh Lekodesh») y se bendice por la vela, empero no se bendice por especies aromáticas ya que estas tienen por cometido aliviar la pena por la salida del Shabat y cuando se pasa de Shabat a Yom Tov no se experimenta desazón por lo que las especies se hacen innecesarias.

Resulta entonces que el orden del Kidush es el siguiente: Se recita la bendición del vino, luego se recita la bendición del Kidush, luego se bendice por la vela – las luminarias del fuego, luego se recita la bendición de la Havdalá y finalmente se recita la bendición por el tiempo – Shehejeianu (Shulján Aruj 473:1, iniciales hebreas de este orden ritual יקנה»ז).

13 – Isru Jag

Es una buena costumbre comer y beber un poco más que de costumbre en el día posterior a la conclusión de la festividad de peregrinación (Ramá 429:2) ya que en este la luz festiva aún ilumina. En el Talmud Jerosolimitano (Avodá Zará 1:1) este día es llamado Ben Mo’ed o «hijo de la festividad» mientras que en el Talmud Babilonio recibe el nombre de Isru Jag, que en hebreo significa «día amarrado a la festividad». Al agregar algo de alegría en el día de Isru Jag mostramos nuestro gran afecto por la festividad de peregrinación y lo difícil que nos resulta despedirla.

Dijeron nuestros sabios (Talmud Babilonio Tratado de Sucá 45(B)): «Todo aquel que le hace un amarre (Isur) a la festividad en el área de la comida o la bebida es como si hubiese construido un altar y ofrendado sobre este un sacrificio, tal como está escrito (Tehilim-Salmos 118:27): ´Amarrad la ofrenda festiva a las esquinas del altar´». La cuestión radica en que cuando una persona ingiere alimentos en aras del cielo, esto es, para tener energías que le permitan realizar buenas acciones e invita a su comida personas para alegrarlas y recita en la mesa palabras de Torá – entonces «la mesa del hombre expía por él como un altar» (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 55(A), ídem Menajot 97(A), Tosafot y Maharshá allí, Mishná Avot 3:3). El fundamento de la santidad de la mesa tiene inicio en las festividades pues es entonces cuando se torna preceptivo realizar comidas importantes, y quien a partir de la santidad festiva agrega una comida de Isru Jag extiende la luz de la trascendencia de la festividad y sus valores a todas las comidas del año. Por ello se considera que erigió un altar y ofrendó sobre este un sacrificio a HaShem.

Dado que la luz de la festividad se extiende un poco sobre el «Isru Jag», se acostumbra no pronunciar en ese día discursos fúnebres ni ayunar, aunque por el fundamento de la norma no esté prohibido (Shulján Aruj HaRav 429:17, Kaf HaJaím 494:48).

En el Isru Jag de Shavuot la norma impide pronunciar discursos fúnebres o ayunar por ser un día en el cual a veces se ofrendaban sacrificios (Yom Tvoaj), ya que si Shavuot caía en Shabat los sacrificios de Olat Reiá y Shalmei Jaguigá se posponían para el domingo que resultaba ser Isru Jag. En otros años ocurría también que no todas las personas alcanzaban a ofrendar sus sacrificios durante la festividad por lo que se posponían para el día siguiente. Un día en el que se ofrendan sacrificios es considerado como de alegría por lo que según el fundamento de la norma en esta jornada está prohibido pronunciar discursos fúnebres o ayunar (Shulján Aruj 494:3, Levush, Maguén Abraham 3, Shulján Aruj HaRav 19).

01 – El motivo por el cual se prohíbe la realización de labores en Yom Tov

Tanto Shabat como las festividades son días sagrados en los que está prohibido realizar labores, pues en ellos nos elevamos por encima de las limitaciones de este mundo, con sus yerros e imprecaciones que llevan al ser humano a esforzarse con trabajos duros para asegurar su existencia y obtener su sustento.

En un inicio, cuando HaShem creó a Adám no tuvo la intención de que este tuviese que esforzarse y trabajar duro para su manutención (Talmud Babilonio Tratado de Kidushín 82(B)), ya que por medio del apego a D´s que es el origen de toda vida, el sustento humano debería ser accesible sin mediar esfuerzo. Una vez que Adám pecó e ingirió del árbol del conocimiento del bien y del mal y fue expulsado del Edén, la tierra fue maldita para él y le fue decretado que de ahí en más su sustento se lograría por medio del agotamiento y la angustia, tal como está escrito (Bereshit-Génesis 3:17-19): «Maldita será la tierra para ti, comerás de ella con sufrimiento todos los días de tu vida. Espinas y abrojos te dará, y comerás de las hierbas del campo. Con el sudor de tu frente comerás pan hasta que regreses a la tierra…». Por medio del trabajo pesado que le fue decretado para obtener su sustento, Adám corrige paulatinamente su pecado. Empero, por otra parte, a raíz del trabajo pesado el ser humano corre el peligro de sumirse en el mundo material y olvidar que posee un alma elevada. Por ello, HaShem nos otorgó días sagrados en los cuales nos elevamos trascendiendo el pecado y la maldición que nos obligan a trabajar en aras de nuestro sustento.

Existe no obstante una diferencia entre Shabat y las festividades ya que en el primero toda labor está prohibida, tal como está escrito (Shemot-Éxodo 20:10): «Y el día séptimo es Shabat para HaShem tu D´s no harás labor alguna«, mientras que respecto de Yom Tov las labores asociadas a la preparación de alimentos a ser ingeridos en el día están permitidas (tal como se explicará a continuación).

En Shabat ascendemos a un nivel muy elevado de la fe, y a partir de la comprensión de que todo está en manos de D´s nos anulamos ante la conducción Divina y cesamos de toda labor, para que todas nuestras energías se dediquen únicamente a la recepción del bien que HaShem nos prodiga. El alma se dedica al estudio de la Torá y al rezo, así como el cuerpo a la alimentación y al descanso. Por otra parte, la festividad se encuentra en un nivel más cercano a nosotros y expresa nuestra misión en la reparación del mundo.

También en el Edén, durante el Shabat Adám debía elevarse hacia una cesación absoluta de toda labor, al tiempo que los días festivos se asemejan más a los seis días de la semana que existen en el paraíso, los cuales D´s adjudicó para la labor humana, para hacerlo partícipe de la corrección del mundo y su mantenimiento, tal como está escrito (Bereshit-Génesis 2:15): «Y tomó HaShem Elokim a Adám y lo colocó en el Edén para trabajarlo y cuidarlo«. Allí, toda su labor debía ser realizada de manera apacible y alegre, y el resultado de esta se percibía de inmediato, ya que por su intermedio el mundo se perfeccionaba. En correspondencia con esa realidad, en Yom Tov está permitido preparar alimentos, ya que esta es una ocupación amena que genera alegría.

Si bien el Shabat es más sagrado que Yom Tov, ya que en este día no se realiza labor alguna, la alegría de la festividad es mayor que la sabática, dado que la santidad del Yom Tov se halla más próxima a nosotros.  Más aún, por el mérito del pueblo de Israel las festividades son consagradas, por lo que corresponde que en estos días esté permitido realizar labores destinadas a las comidas festivas del pueblo judío.

Dado que Yom Tov es un día común transformado por el pueblo de Israel en sagrado (1:3), su influencia sobre los días de la semana es más notoria. Y esto se debe a que la cesación de labores en el día de Shabat no tiene por cometido encauzar a los seis días hábiles, sino que estos se elevan por sí mismos en virtud de la santidad sabática. En el caso de los días festivos que acontecen en días hábiles, estos están más ligados al mundo de la acción, durante los cuales agradecemos al Creador por la bendición que ha derramado sobre nuestro hacer, y en razón de ello dirigimos nuestro trabajo y reconsideramos nuestra misión en el mundo. Sobre esto, nuestros sabios dijeron que los días festivos son días de juicio sobre nuestras acciones, ya que en virtud de nuestro esmero habremos de ser prodigados con bendición (ver arriba 1:2).

Por medio de la realización de las labores permitidas en Yom Tov – las cuales están destinadas a generar alegría en el cumplimiento de los preceptos -podremos depurar todas las labores que realizamos en los días comunes. El ser humano materialista se halla amarrado por los lazos del pecado del primer Adám, y precisa trabajar arduamente para obtener productos suntuarios que espera le produzcan alegría, cuando en realidad no lo alegran. Así continúa en su afán por obtener más y más posesiones transformándose en un esclavo de sus pasiones y de su trabajo esforzado. Sin embargo, quien tiene el mérito de alegrarse con la santidad de Yom Tov, con el estudio de Torá y las comidas festivas, no requiere de productos suntuarios, pues se siente feliz con la porción que le tocó en suerte. Una persona así no es esclava de su trabajo, sino que ve su valor intrínseco y su provecho obteniendo de este satisfacción y bendición.

02 – Las labores que fueron permitidas en Yom Tov

En Shabat todas las labores están prohibidas, tal como está escrito (Shemot-Éxodo 20:10): «Y el día séptimo es Shabat para HaShem tu D´s no harás labor alguna«, mientras que en Yom Tov una labor destinada a preparar alimentos a ser ingeridos en el día está permitida, tal como está escrito (ídem 12:16): «Convocatoria sagrada tendréis, en ella no se hará labor alguna, salvo únicamente aquello que habrán de comer todas las personas, solamente esto se hará para vosotros«. Asimismo, está escrito (Vaikrá-Levítico 23:7): «Convocatoria sagrada tendréis, ninguna obra de trabajo habréis de hacer (melejet avodá)». De aquí se desprende que solamente se prohíbe la «obra de trabajo», empero una labor que la persona realiza común y habitualmente en su hogar para la preparación de alimentos – está permitida (Rambán allí).

Por lo tanto, está permitido amasar y hornear jalot y pasteles o tortas. Asimismo, se puede también cocinar pescado, carne, frutas, verduras y demás alimentos. De igual manera, se permite faenar animales y aves para las necesidades alimentarias del día. Se permite subir o bajar la intensidad del fuego con la finalidad de cocinar u hornear. Se puede también transportar alimentos de un dominio a otro.

Sin embargo, está prohibido segar la cosecha de cereales en el campo, realizar la vendimia en los viñedos, trillar espigas, airear granos, limpiar la cosecha de tierra y piedras, moler la cosecha, atrapar animales, peces o aves; exprimir uvas para elaborar vino o prensar aceitunas para obtener aceite – ya que todas estas son «obras de trabajo» prohibidas en Yom Tov. Una señal de que se trata de una obra de trabajo es si por lo general es realizada por medio de obreros y si de una sola vez se preparan grandes cantidades para muchos días y con uso comercial. Por el contrario, las labores permitidas para la preparación de alimentos (ojel nefesh) son aquellas que la persona acostumbra realizar en su hogar para sus necesidades diarias.

Es importante destacar que las labores consideradas «obras de trabajo» están prohibidas en Yom Tov aunque se realicen fácilmente y a los efectos de comer en el día. Por ejemplo, está prohibido arrancar unas pocas frutas del árbol del jardín para la comida festiva, así como también se prohíbe pescar un pez del estanque de peces que posee en su patio con el mismo propósito. Sin embargo, los juristas debatieron respecto de la gravedad de esta prohibición: algunos sostienen que cuando estas labores se realizan con la finalidad de proveer de alimentos para la comida festiva, no pende sobre estas la prohibición de la Torá y los sabios las vedaron porque una persona corre el riesgo de pasar mucho tiempo realizándolas al punto de esforzarse de sobremanera el día entero, haciendo de su Yom Tov un día común y dejando sin efecto tanto el estudio de Torá como la alegría de la comida festiva. Además, dado que este tipo de labores suelen realizarse con el objetivo de obtener alimentos para muchos días, se teme que si se permiten para Yom Tov las personas se equivoquen y las efectúen con la finalidad de abastecerse por períodos prolongados transgrediendo así la prohibición de la Torá (Rambám, Rosh, Rabenu Nisim, Shulján Aruj 495:2). Otros juristas entienden que de todas maneras estas labores están prohibidas por la Torá pues esta autorizó únicamente aquellas cuyo principal objetivo es la preparación de alimentos para el mismo día, mientras que aquellas que sirven para elaborar alimentos para muchos días las prohibió (Rashí, Rambán, Sefer Mitzvot Gadol, y esto se entiende del Talmud Jerosolimitano Tratado de Beitzá 1:10).

En resumen, se autorizaron siete labores destinadas a la preparación de comida para Yom Tov (ojel nefesh) y estas son: 1) Amasar; 2) Hornear y cocinar; 3) Faenar; 4) Desollar; 5) Transportar; 6) Encender y 7) Apagar fuego. Nuestros sabios limitaron el permiso de encender y apagar fuego (adelante 5:1-2).

Hay labores que mientras son realizadas en su modo habitual y casero están permitidas, mas cuando se realizan de un modo comercial están prohibidas. Estas son: 1) Moler (adelante 4:2); 2) Seleccionar (adelante 4:4-5); 3) Apilar (ver Shulján Aruj 501:3).

Hay labores por medio de las cuales se preparan alimentos y están absolutamente prohibidas. Estas son: 1) Segar; 2) Trillar – en el marco de esta labor se prohíbe también desgranar y exprimir (adelante 4:1); 3) Aventar; 4) Cazar. Sin embargo, las prohibiciones rabínicas que fueron establecidas como limitantes para la realización de labores fueron a veces permitidas para la preparación de alimentos (ojel nefesh) (ver adelante 7:3).

03 – La regla de Mitoj

Una regla fundamental en todo lo concerniente a las labores permitidas para preparar alimentos (ojel nefesh), es que una vez que fueron permitidas (mitoj) para este menester, lo son también para otros propósitos. Por lo tanto, una vez que la Torá permite realizar una labor determinada para preparar alimentos su intención no fue la de permitirla únicamente para esa finalidad sino también para preparar otras cuestiones de las cuales podemos disfrutar en Yom Tov. Aquello que está escrito (Shemot-Éxodo 12:16): «Salvo únicamente aquello que habrán de comer todas las personas, solamente esto se hará para vosotros«, refiere a que solamente las labores permitidas en Yom Tov para preparar alimentos para el día fueron autorizadas para los demás menesteres festivos, empero labores que no están destinadas a la preparación de alimentos no fueron permitidas. Tal como está escrito (Vaikrá-Levítico 23:7): «no haréis obra de trabajo (melejet avodá) alguna«, una labor que se suele realizar a los efectos de ganarse el sustento fue prohibida en Yom Tov, empero labores que una persona suele realizar diariamente en su hogar a los efectos de preparar sus alimentos no son consideradas «de trabajo» y están permitidas incluso para otros menesteres festivos que tiene una persona en Yom Tov (Talmud Babilonio Tratado de Beitzá 12(A), Shulján Aruj 518:1, Mishná Berurá 1).

De un modo más detallado podemos decir que, así como se permitió la labor de «transportar» (Hotzaá) de un dominio a otro con el objeto de preparar la comida festiva, esto es, se permitió llevar alimentos y utensilios de un lugar a otro para el banquete de Yom Tov, de igual manera se permitió para otras cuestiones de las que una persona disfruta en la festividad. Por lo tanto, se pueden transportar libros y vestimentas, y también se puede salir a pasear por el dominio público con un bebé sentado en su carriola o cochecito (Shulján Aruj 518:1, ver adelante 6:1, 6:3).

Lo mismo ocurre respecto al «encendido de fuego» (Hav’ará). Así como se permitió encenderlo a los efectos de cocinar y hornear para Yom Tov, de igual manera se permite hacerlo para otros menesteres de los cuales la persona disfruta en la festividad. Por ello, se permite encender una vela para iluminar y un horno para calefaccionar la casa en días fríos (Shulján Aruj 511:1, 514:5, ver adelante 5:3).

Otro tanto ocurre con la labor de «cocinar» («Bishul»), así como está permitido hacerlo para la comida festiva, de igual manera se permite también calentar agua para lavarse las manos o lavar los platos (Shulján Aruj 511:2).

04 – El permiso de realizar labores es sólo para Yom Tov

Todas las labores que fueron autorizadas en Yom Tov, fueron permitidas para los menesteres festivos, pero según la Torá está prohibido realizar en Yom Tov labores para los menesteres de los días comunes. Por lo tanto, quien cocina poco antes de que concluya el Yom Tov de modo tal que el platillo preparado no habrá de estar listo para su ingestión durante la festividad – transgrede una prohibición de la Torá, ya que cocinó en Yom Tov para los días de la semana. Si esa comida en cuestión estará lista para su ingestión antes de la conclusión de la festividad – no se habrá transgredido la prohibición de la Torá, ya que en caso de que llegaran invitados podrían comerlo en Yom Tov, por lo que no se tiene la certeza de que lo cocido sea para los días de la semana. Sin embargo, dado que se tenía la intención de que lo cocinado sea para la semana – se habrá transgredido una prohibición rabínica (Talmud Babilonio Tratado de Beitzá 17(A), Rabá BePesajim 46:2, Shulján Aruj 503:1).

Está también prohibido cocinar en Yom Tov para Shabat, empero los sabios permitieron hacerlo por medio de un Eruv Tavshilín (lit. «Fusión de comidas o platillos») tal como se explicará adelante (8:1).

Está también prohibido realizar en Yom Tov acciones para la semana o para Shabat que conlleven esfuerzo, aunque no impliquen la realización de labores, tal como poner la mesa y lavar platos (tal como se explica en Pninei Halajá Shabat 22:15-16).

Quien desee preparar milanesas o schnitzel para la comida festiva puede preparar de más para asegurarse que no falte y el sobrante podrá ingerirse al día siguiente. Sin embargo, está prohibido preparar a priori porciones para que queden para el día siguiente.

Quien desee calentar agua para beber un vaso, puede llenar una olla para que quede agua caliente para la noche. Asimismo, quien desee cocinar puede preparar una olla grande para que le sobre alimento para la noche, por cuanto que al colocarla sobre el fuego de una vez – no está prohibido agregar comida. En un caso así deberá cuidar de no decir que agrega alimentos para que quede para los días de la semana. Una vez colocada la olla sobre el fuego estará prohibido agregar cualquier cosa para los días de la semana (Shulján Aruj 503:2, Mishná Berurá 15).

En el caso de un platillo que se sabe que agregarle más carne o pescado mejora su sabor, aunque ya haya sido puesto sobre el fuego – estará permitido hacerlo. Si bien la intención central es la de ingerir estos trozos agregados durante la semana – se permite agregar porque en la práctica se desea el mejoramiento del platillo para su ingestión en Yom Tov (Shulján Aruj 503:1, Mishná Berurá 6) (Ver adelante 8:5 respecto del caso de quien olvidó colocar «Eruv Tavshilín», qué alimento le está permitido agregar a la olla en Yom Tov).

05 – Cocinar para quienes no están preceptuados

Las labores permitidas en Yom Tov fueron autorizadas para cumplir con el precepto de la alegría festiva, por lo tanto, se puede cocinar para judíos ya que están preceptuados de alegrarse en ese día, mas no se podrá para gentiles o para animales por no estarlo. Tal como está escrito (Shemot-Éxodo 12:16): «Salvo únicamente aquello que habrán de comer todas las personas, solamente esto se hará para vosotros«, lo cual fue explicado por nuestros sabios: ‘Para vosotros y no para gentiles, para vosotros y no para animales’. Por ello nuestros sabios dijeron que es mejor invitar gentiles a una comida sabática pues no se teme que se cocine para ellos, ya que en Shabat no se cocina. Empero está prohibido invitar gentiles a una comida de Yom Tov, no sea que se termine cocinando para ellos (Talmud Babilonio Tratado de Beitzá 21(B)).

Si un gentil viene a lo de un judío sin haber sido invitado, en caso de llegar después de que la comida fue preparada se le puede ofrecer sumarse a la mesa, pues no hay peligro de que se cocine de más para él. Y aunque se trate de una persona importante, dado que llegó sin invitación previa y ya se terminó de preparar la comida, mientras el judío no le insista que se quede a comer – no se teme que se cocine de más para él (Shulján Aruj 512:1, Turei Zahav 42:10).

En el caso de un sirviente gentil que habita en la casa de un empleador judío, este último puede invitar al primero a sumarse a la comida festiva y antes de colocar la olla sobre el fuego puede agregar alimentos para este. Esto obedece a que, dado que es su sirviente, el judío no se ha de preocupar tanto por honrarlo y no se teme que transgreda por este una prohibición, o sea, no se teme que una vez que la olla ya esté sobre el fuego el judío agregue alimentos para el gentil (Ramá 512:1, Mishná Berurá 11).

Por medio de un decreto, nuestros sabios equipararon el estatus de quien profana el Shabat públicamente con el de un gentil para quien está prohibido cocinar en Yom Tov (Mishná Berurá 512:2). Los juristas de las últimas generaciones dictaron que este decreto aplica en la actualidad únicamente para aquel judío que profana públicamente el Shabat con ánimo de provocación. Empero, un judío secular común que no observa Shabat sin intención provocativa alguna, se asemeja a todos los demás judíos que transgreden preceptos y está permitido cocinar para él en Yom Tov (Pninei Halajá Shabat 1:15).

Está prohibido cocinar para animales, pero, tal como aprendimos en la halajá anterior, quien cocina para sí, antes de colocar la olla sobre el fuego puede agregar más alimentos para los animales que están bajo su responsabilidad (Shulján Aruj 512:3). El resto de las reglas referentes a la alimentación de animales se asemeja a las de Shabat (Pninei Halajá Shabat 20:3).

06 – Apropiado al gusto mayoritario

Los alimentos que se permitió preparar en Yom Tov destinados a la alimentación de las personas (ojel nefesh) y demás placeres del día festivo, fueron autorizados con la condición que los mismos agradan o son apropiados al gusto mayoritario de las personas. Aquellos platillos que solamente personas muy excéntricas o enfermas suelen disfrutar no está permitido prepararlos, tal como está escrito (Shemot-Éxodo 12:16): «Salvo únicamente aquello que habrán de comer todas las personas, solamente esto se hará para vosotros«. No es necesario que todas las personas estén habituadas a ingerir el alimento en cuestión y alcanza con que la mayoría de estas se alegre de disfrutarlo cuando esto les resulta posible. Por lo tanto, si bien pocos son quienes logran atrapar o cazar un ciervo y disfrutar de su carne, dado que la mayoría de las personas estarían contentas de poder ingerirla, su faena es considerada una necesidad acorde al gusto mayoritario. Asimismo, se permite sazonar los alimentos con especias costosas que la mayoría de las personas no alcanza a adquirir, pues la mayoría estarían contentas de poder condimentar con ellas sus platillos.

Sin embargo, está prohibido colocar especias sobre brasas para perfumar la casa o prendas de vestir sobre ellas colgadas ya que la mayoría de las personas, aun teniendo la posibilidad, no lo hacen. Entonces, colocar fragancias aromáticas sobre las brasas de esta manera está prohibido por la Torá porque transgrede las prohibiciones de encender y apagar fuego (Talmud Babilonio Tratado de Beitzá 22(B), ídem Ketuvot 7(A), adelante 5:10).

07 – Se permite cocinar más de lo estrictamente indispensable

Si bien se puede cumplir con el precepto de la comida festiva con un solo guiso o comida, quien desee cumplir con excelencia el mandato de la alegría de Yom Tov, puede cocinar manjares varios, tal como se suele hacer para las más refinadas comidas.

Quien prefiera comer jalot calientes recién salidas del horno, aunque ya posea otras horneadas el día anterior, puede hornear nuevas en Yom Tov (Mishná Berurá 506:37). Dado que en Yom Tov está prohibido encender un fuego nuevo, se prohíbe encender el horno, por lo que el modo de activarlo es por medio de un timer (reloj de Shabat) que esté programado desde antes de la festividad (ver adelante 5:7).

En Yom Tov se permite preparar alimentos cuya elaboración requiera un ingente esfuerzo, como el caso de pastas rellenas hechas a partir de una masa fina que requirió de gran amasado. Asimismo, se permite también cocinar frutas para darles mayor sabor, a pesar de que se las podría ingerir crudas. De igual manera, se permite realizar esfuerzos importantes destinados a la elaboración de un platillo con la intención de potenciar su sabor o su aroma.

Quien desee sumergir jalá en una salsa elaborada a partir de un guiso cárnico, puede cocinar este platillo en Yom Tov aunque sólo desee la salsa ya que no tiene la posibilidad de prepararla de otro modo.

Dado que está prohibido encender un fuego nuevo en Yom Tov, previo al comienzo de la festividad se enciende una vela de la cual se tomará el fuego necesario para encender la hornalla destinada a cocinar. Si tras haber cocinado se desea apagar la hornalla, esto se realiza de un modo tal que ocurra por sí mismo (grama) o por medio de un dispositivo que limita el gas y se explicará más adelante (5:5).

08 – Alimentos que pudieron haber sido preparados en la víspera de Yom Tov

El fundamento del permiso para realizar labores en Yom Tov radica en que estas tienen por cometido preparar alimentos sabrosos que alegren la fiesta. Esto se debe a que no es igual el sabor del pan que sale caliente del horno y el de aquel que fue horneado el día anterior. No se asemeja el sabor de una milanesa o schnitzel frito o de papas al horno que se preparan en el día con el de aquellos preparados el día anterior. También los guisos que fueron cocidos en el día saben mejor que los cocidos el día anterior. Dado que se permite preparar alimentos en Yom Tov para intensificar así la alegría festiva, no es necesario tratar de prepararlos en el día de la víspera. Asimismo, se permite también cocinar en la noche de Yom Tov para la cena festiva a pesar de que si los alimentos hubiesen sido cocinados en la víspera poco antes de comenzar la festividad los platillos sabrían prácticamente igual de bien. Esto obedece a que no se diferencia entre las comidas, y todo alimento cuyo sabor es mejor si es preparado contiguamente a la festividad – está permitido cocinarlo en Yom Tov. Incluso hoy día que poseemos refrigeradores que nos permiten mantener lo cocido u horneado en buen estado, el permiso de cocinar en Yom Tov se mantiene en pie ya que los alimentos mismos, de no mediar la influencia exterior de diversos aparatos o utensilios, saben mejor si son cocinados poco antes de la comida festiva.

Todo esto se refiere a alimentos cuyo sabor se ve perjudicado en cierto grado si son cocinados el día anterior, empero aquellos cuyo sabor no empeora con el pasar de un día – deben ser preparados en la víspera de la festividad. Por ejemplo, quien desee comer helado o frutas cocidas (compota) en Yom Tov, dado que su sabor no se estropea en absoluto – deben ser preparados en la víspera de la festividad. En caso de no haber preparado estos platillos en la víspera de Yom Tov – podrá hacerlo durante la festividad, empero mediando alguna modificación (shinui). Este cambio no tiene que ser de magnitud, ya que su cometido es el de recordarnos que el día es festivo y evitar que realicemos labores prohibidas (Levush 504:1). Por ejemplo, si alguien acostumbra preparar los alimentos sobre una determinada mesa, podrá realizar un cambio extendiendo sobre esta un mantel o una bandeja y cocinar sobre ellos. Quien no pudo preparar estos alimentos en la víspera de Yom Tov por causas de fuerza mayor podrá prepararlos en Yom Tov sin que medie cambio alguno (Mishná Berurá 495:10, Shaar Hatziún 8).

Esta es también la norma a aplicar respecto de la labor de seleccionar (Borer) o las otras labores permitidas con la finalidad de preparar alimentos para la comida festiva (ojel nefesh), todo aquello que se pueda realizar en la víspera de Yom Tov sin que implique afectar el alimento – debe ser hecho entonces. En caso de no haberse realizado la labor en cuestión en la víspera de Yom Tov – se permite realizarla en Yom Tov por medio de un cambio (shinui).

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