Zmanim (Tiempos)

1- El mes hebreo

El Eterno creó las luminarias, la luna y el sol, las suspendió en el firmamento y conforme sus ritmos se establecen los tiempos. Durante el día ilumina el sol y por la noche lo hace la luna. El año se fija de acuerdo al ciclo del sol y el mes conforme a la rotación de la luna, tal como está escrito (Génesis 1:14): “Dijo Elokim: Haya luminares en la extensión de los cielos para distinguir entre el día y la noche y que sirvan como señales para ciclos del tiempo, para días, para años”.

Cada mes, la luna completa una rotación alrededor de la Tierra. Al inicio del mes, la luna se ve muy pequeña cual línea delgada y va creciendo hasta llegar a su máximo tamaño a mitad del mes, cuando se ve como un círculo completo. Durante la segunda mitad del mes se va reduciendo, hasta que al finalizar el mes desaparece de nuestra vista por unas veinticuatro horas aproximadamente. A continuación, nuevamente se comienza a divisar como una tenue línea de luz y esta es la señal de que se ha iniciado un nuevo mes.

El ciclo completo de la luna dura veintinueve días y medio y tres cuartos de hora. Dado que el ciclo de la luna no coincide con el ciclo de la jornada, sino que dura veintinueve días y medio, resulta que a veces, el mes dura veintinueve días y otras veces treinta. Cuando el mes dura solo veintinueve días, se le denomina «mes faltante» («Jodesh jaser»), mientras que cuando dura treinta se le denomina «mes completo» («Jodesh malé»).

La fijación del inicio del mes tiene una importancia crucial, ya que de ello depende la determinación de las fechas de todas las festividades: Pesaj el quince de Nisán, Yom Kipur el diez de Tishrei y Sucot el quince del mismo mes. Tan importante era la fijación del novilunio, que la Torá les permitía a los testigos profanar el Shabat para viajar a Jerusalém y presentar testimonio ante el tribunal (Rambám, Hiljot Kidush Hajodesh 3:2). En base a su testimonio, el tribunal consagraba el nuevo mes y paso seguido enviaba emisarios para avisar a todo el Pueblo de Israel cuándo se fijó el novilunio.

2- La autoridad para fijar los meses fue concedida al Pueblo de Israel.

El mero hecho de divisar el novilunio no da inicio al nuevo mes, sino que es el tribunal quien debe consagrar y declarar iniciado el mes, tal como está escrito (Éxodo 12:2): «Este mes será para vosotros», D´s le mostró a Moisés la forma de la luna al renovarse y le dijo: «este testimonio os es entregado a vosotros» (Tratado de Rosh Hashaná 22(A)). Esto significa que los testigos se deben presentar ante el tribunal y testimoniar que vieron la renovación de la luna, y en virtud de su testimonio se consagra el nuevo mes.

Cuando falleció Moisés, la autoridad de la fijación del novilunio pasó al Tribunal Mayor de cada generación, con la condición de que los jueces que en él sirvan sean nombrados u autorizados unos por otros desde Moisés. No se ordenan («somjim») sabios, salvo en la Tierra de Israel (Maimónides Leyes del Sanhedrín cap. 4). La Halajá indica que si llega un día en el cual ya no se puede consagrar el novilunio mediante el tribunal, los meses habrán de ser consagrados según los cálculos del Pueblo de Israel.

Vemos entonces que si bien el ciclo de la luna es natural, el novilunio solo no consagra el nuevo mes, sino que es el Pueblo de Israel que lo consagra y por su intermedio se revela la santidad del tiempo. Es por esto que nuestro sabios, dispusieron finalizar la bendición de Musaf de Rosh Jodesh con las palabras «que consagras a Israel y los novilunios» (Tratado de Brajot 49(A)). Esta es probablemente la razón por la cual el primer precepto que fue ordenado al Pueblo de Israel es la consagración del novilunio (Éxodo 12:2), ya que mediante éste se revela la santidad especial del Pueblo de Israel, que tiene el poder de revelar la santidad inherente al tiempo.

3- Historia de la fijación de los novilunios.

En tiempo de los amoraítas (sabios del Talmud, en los años 200 al 500 E.C.), por efecto de los edictos persecutorios romanos, la población judía en la tierra de Israel se redujo en número, al tiempo que la comunidad judía de Babilonia creció en magnitud e importancia en todos los parámetros. Sin embargo, la potestad de consagrar los novilunios y fijar los años embolismales quedó en manos de los sabios de la Tierra de Israel, tal como está escrito (Isaías 2:3): «Desde Sion saldrá la Torá». En esos tiempos, salían mensualmente emisarios de la Tierra de Israel, para anunciar a los habitantes de la diáspora cuándo había sido consagrado el mes. Solamente en circunstancias muy poco frecuentes, en que la situación era muy compleja, como lo fueron los días de la rebelión de la ciudad de Betar, en los que no se podía reunir el tribunal y fijar los meses, jueces rabínicos ordenados y autorizados en la Tierra de Israel, establecían sus tribunales allende los límites administrativos de los edictos persecutorios romanos y desde allí dictaminaban los comienzos de los meses y de los años.

Con el correr del tiempo, las persecuciones romanas se incrementaron y a instancias de la influencia cristiana, éstas se orientaron específicamente contra los sabios, procurando evitar que consagren los novilunios, al punto de que en algunas oportunidades, la fijación se llevaba a cabo en secreto, y debían informar a los sabios de Babilonia mediante el envío de mensajes encriptados (ver Tratado de Sanhedrín 12(A)).

Hacía los finales de los días de los amoraítas, Hilel II llegó a la conclusión que ya no se podía seguir consagrando los novilunios en el tribunal de la Tierra de Israel. Asimismo se temía que por causa de los problemas, la ordenación o autorización de los sabios de la Tierra de Israel se suspenda. Dado que la autorización para consagrar novilunios en esos días era detentada por Hilel II, quien la recibió en heredad generación tras generación desde el tribunal de Rabí Iehudá Hanasí, se reunió pues el tribunal y decidió mediante cálculos astronómicos, consagrar los meses y los años para todas las generaciones. Es así que desde el año cuatro mil ciento diecinueve desde la creación del mundo (359 de la Era Común), el Pueblo de Israel comenzó a contabilizar los meses de acuerdo al cálculo del calendario hebreo que estableció Rabí Hilel Nasí (Hilel II). Nosotros oramos para que pronto en nuestros días seamos meritorios de la redención y volvamos a consagrar los meses en el tribunal de Jerusalém.

Maimónides escribió una opinión novedosa cuando afirmó que aún, tras quedar sin efecto la autoridad y potestad (Smijá) de los sabios, la consagración de los novilunios pasó a depender de los judíos que habitaban Eretz Israel, que cuando calculaban los meses según el cálculo fijo del calendario, entonces los meses quedaban consagrados. Empero si ¡D´s no lo quiera! la Tierra de Israel quedase sin judíos, los meses se verían anulados y junto con ellos las festividades. De todas maneras D´s no haría semejante cosa, ya que en la Torá nos prometió que no habría de borrar las señales de la nación judía jamás.

4- ¿Cuándo tenemos novilunio de un día y cuándo de dos?

Cuando estamos ante un «mes faltante» (29 días), el novilunio que le sigue es de un solo día. Empero si el mes es «completo» (30 días), el novilunio que le sigue dura dos días, de manera que el día treinta es el primer día del novilunio, mientras que el primero del mes siguiente es el segundo. Si bien en el caso del novilunio de dos días el más importante es el segundo, pues es el inicio del mes siguiente y el inicio del conteo de los días, de todas maneras sobre el día treinta del mes anterior rigen todas las reglas de novilunio, se reza el servicio de Musaf, se recita “Halel”, se agrega «Yaalé ve Yavó» en el rezo y en el “Birkat ha Mazón”. Quien se haya olvidado agregar «Yaalé ve Yavó» en los servicios de Shajarit o Minjá debe volver a rezar.

5- El status del novilunio (Rosh Jodesh) en la Torá.

«Rosh Jodesh» es enumerado en la Torá junto con las demás festividades en las que se sacrifican ofrendas de Musaf, en honor a la santidad inherente del día. Nuestros sabios aprendieron del texto que Rosh Jodesh es también llamado «Moed» o fecha de reunión (Tratado de Pesajim 77(A)), en la cual se tocaban trompetas tal como está escrito (Números 10:10):

“Y en el día de vuestro regocijo y de vuestros plazos festivos, y de vuestros novilunios, tocaréis con las trompetas sobre vuestros holocaustos y sobre vuestros sacrificios shelamím…”.

En virtud de la santidad de Rosh Jodesh, se acostumbraba ir a recibir al Rabino, tal como se acostumbra en Shabat de saludar al Rabino con el tradicional «Shabat Shalom» (Libro segundo de Reyes 4:23, Tratado de Rosh Hashaná 16(B), Beur HaHalajá 301:4). Asimismo en ese día se acostumbraba a celebrar banquetes (según Libro primero de Samuel 20).

En la Torá aparece una expresión sorprendente, en lo referente al chivo que se sacrificaba en el Templo de Jerusalém en Rosh Jodesh (Números 28:15): » Y un macho cabrío para sacrificio Jatát (expiación) ante HaShem». Esta expresión es explicada en el Talmud (Tratado de Julín 60(B)), en virtud del relato según el cual en un inicio D´s creó dos grandes lumbreras, el sol y la luna. La luna vino a reclamar ante el Creador que ¿cómo es posible que dos reyes gobiernen con una misma corona?, siendo su intención que el Eterno redujese al sol. Sin embargo D´s le dijo a la luna: «ve y redúcete tú», por lo que la luna le increpó: «¿por haber dicho algo razonable debo reducirme?». D´s la consoló diciéndole que el Pueblo de Israel habría de consagrar sus novilunios en base a la observación de su ciclo y que los justos serán llamados por su nombre, (Yaakov Hakatán, Shmuel Hakatán, David Hakatán…) mas la

luna se negó a consolarse. Entonces dijo el Eterno: «Traed una ofrenda expiatoria porque reduje a la luna» y por eso está escrito (Números 28:15): «… Y un macho cabrío para sacrificio Jatát (expiación) ante HaShem».

Esta cuestión es sumamente profunda, y en términos simples se puede decir que la idea de la reducción de la luna expresa la carencia presente en la Creación, el descenso por el que atraviesa el alma al llegar a este mundo y todas las caídas que el ser humano aquí experimenta. Todos estos descensos y carencias tienen por finalidad última nuestra elevación, ya que superando y confrontando las diferentes dificultades, tendremos el mérito de alcanzar un nivel más alto, tal como lo expresaba Rabí Abahu (Tratado de Brajot 34(B)): «El sitial que han alcanzado aquellos que hicieron teshuvá, jamás podrá ser alcanzado aún por los justos que nunca pecaron». Sin embargo, mientras tanto, abundan las transgresiones en nuestro mundo, las cuales generan gran sufrimiento, y a los efectos de mitigar un poco el dolor que provocan y corregir las carencias, el Eterno ordenó que sacrifiquemos un macho cabrío expiatorio. Este es el tema central de Rosh Jodesh, demostrar cómo a partir de la reducción de la luna producto de su pecado y su protesta, surge un nuevo comienzo. Por esta razón Rosh Jodesh es un buen momento para nuevos comienzos y para la teshuvá (retorno o arrepentimiento) con profunda alegría, empero hasta que el mundo no esté redimido de todas sus faltas, la alegría de este festival se mantiene un tanto oculta y no se revela en su plenitud (ver más adelante inciso 15).

6- La alegría y el banquete de Rosh Jodesh junto con las prohibiciones del ayuno y la tristeza.

Rosh Jodesh es uno de los días festivos en los que corresponde alegrarse, aunque no haya un precepto explícito de hacerlo, con comida y bebida especiales. Por esta razón es bueno comer abundantemente en este día, empero no se trata de un deber (Shulján Aruj, Oraj Jaím 419:1).

Así y todo, está prohibido entristecerse en Rosh Jodesh, por lo que queda prohibido ayunar (Shulján Aruj 418:1), y todo aquel que se abstiene de comer aunque solo sea por una hora en virtud de un ayuno intencional transgrede, empero si por mera casualidad pasa varias horas sin comer, no trasgrede de manera alguna (Beur Ha Halajá 418 párrafo que inicia con las palabras ראש חודש אסור , Kaf HaJaím 3).

Desde un punto de vista estrictamente reglamentario, aunque la persona haya ingerido únicamente frutas ya no se considera que ayuna, por lo que no transgrede, empero no cumplió con el precepto de comer abundantemente en Rosh Jodesh.

El precepto de abundar en comida se cumple agregando a la comida un platillo más de lo habitual y también en el caso de que Rosh Jodesh caiga en Shabat, se debe agregar un platillo extra a lo acostumbrado sábado a sábado en su honor (Mishná Berurá 418:2, 419:1-2).

Si bien no hay obligación de hacer una comida de Rosh Jodesh con pan es recomendable hacerlo (Shaar Hatziún 419:1).

Es bueno servir la mesa en honor a la comida de Rosh Jodesh y hay quienes lo hacen con especial excelencia, sirviendo carne y vino para la ocasión.

Cuando Rosh Jodesh se celebra dos días, es bueno comer abundantemente los dos días. El precepto se cumple principalmente con la comida en horas del día, empero hay quienes opinan que comer abundantemente por la noche en honor al festival también es preceptivo.

En Rosh Jodesh está prohibido realizar actividades que puedan generar pena o dolor, por lo que no se pronuncian sermones fúnebres, pero si el difunto era un erudito de la Torá, se lo puede hacer en su presencia (Shulján Aruj Oraj Jaím 420:1, Mishná Berurá 1, Shulján Aruj Ioré Deá 401:5).

Se acostumbra a no concurrir al cementerio en Rosh Jodesh y en caso de que el día treinta del duelo o el aniversario del fallecimiento caigan en este día, se ha de adelantar en un día la asistencia. De no ser posible concurrir antes de Rosh Jodesh, se puede hacerlo después. Se pueden visitar las tumbas de los justos en Rosh Jodesh ya que estas visitas no generan pena ni dolor.

Un novio y una novia quienes acostumbran a ayunar en el día de su boda (de acuerdo a la tradición ashkenazí y según algunos sefaradím), no habrán de hacerlo si se casan en Rosh Jodesh (Shulján Aruj 573:1).

7- La costumbre de las mujeres de abstenerse de la realización de labores en Rosh Jodesh.

Está permitido realizar labores en Rosh Jodesh. Sin embargo, en un inicio era oportuno abstenerse de realizar labores en este día al igual que en «Jol Hamoed», ya que la regla general indica que cuanto más sagrado es el día, más se dedica éste a cuestiones espirituales, por lo que corresponde reducir la ocupación en las distintas labores mundanas. Es así que como Shabat es el más sagrado de los días, están prohibidas en él todas las labores. En un nivel por debajo del Shabat, se encuentran los días festivos de la Torá, en los que se prohíben todas las labores, salvo las relacionadas con la preparación de alimentos. En un nivel inferior a estos días se encuentran los de Jol Hamoed, en los que se prohibieron algunas labores. Rosh Jodesh debería encontrarse en un mismo nivel con los días de Jol Hamoed, empero por cuanto que las doce tribus de Israel pecaron en el desierto con el becerro de oro, perdieron, como contrapartida, el atributo de los doce novilunios del año. Sin embargo, las mujeres no participaron del pecado del becerro y no consintieron en contribuir con sus pendientes para la elaboración del ídolo, por lo que D´s las recompensó en este mundo con el mérito de «observar el Rosh Jodesh más que los hombres». Además, las recompensó en el mundo venidero en el que renovarán su lozanía tal como la luna que se renueva mes a mes, como está escrito (Salmos 103:5): «Quien satisface tu vejez con cosas hermosas para que tu juventud sea renovada como el águila» (Pirkei DeRabí Eliezer 45). Vemos así que las mujeres son más receptivas de la santidad del Rosh Jodesh, por lo que acostumbraban a no realizar labores en ese día.

En los tiempos en que se ofrendaba el sacrificio de Musaf de Rosh Jodesh, había hombres que acostumbraban a abstenerse de la realización de labores importantes en ese día, empero esa costumbre hoy carece de vigencia, por cuanto que los varones trasgredieron con el becerro de oro. Sin embargo, por cuanto que las mujeres no participaron de ese episodio, tienen mayor conexión con la santidad del día por lo que su costumbre de abstenerse de labores se mantiene vigente.

Por lo tanto, toda mujer debe abstenerse de realizar algunas labores en Rosh Jodesh como por ejemplo tejer, para así diferenciarlo de un día común. Asimismo corresponde que no se programe la realización de labores importantes para Rosh Jodesh.

Aquellas que cumplen esta costumbre con excelencia, se abstienen de realizar toda labor que esté prohibida en Jol Hamoed, absteniéndose, entre otras, de las labores de costura, tejido y reparación de objetos en el hogar. Sin embargo las labores de cocinar, hornear y planchar están permitidas al igual que en Jol Hamoed. Se permite lavar ropa a máquina pues no implica prácticamente esfuerzo alguno, y en el caso de que el lavado esté destinado a preparar ropas para vestir el mismo día de Rosh Jodesh, se permite hacerlo también a mano. Si la labor es realizada por la mujer con el fin de ganarse el sustento, se le permite hacerla incluso a las mujeres que cumplen la costumbre con excelencia, pues abstenerse de trabajar cada comienzo de mes en forma constante, le puede generar un daño económico. Aunque no se ponga en peligro su puesto de trabajo, si necesita el dinero o si su lugar de trabajo se puede ver perjudicado por su ausencia, tienen permitido trabajar.

8 – Shabat Mevarjim.

El Shabat anterior a Rosh Jodesh se acostumbra anunciar en la sinagoga qué día cae el novilunio y se lo bendice, deseando que el Eterno renueve la nueva luna con bien para nosotros y para todo el Pueblo de Israel. En este anuncio hay un rastro recordatorio de la consagración del novilunio por parte del tribunal, y por esta razón, además, se acostumbra a anunciar la hora exacta de la renovación de la luna. Durante el anuncio, el público en la sinagoga acostumbra a estar de pie, ya que en los días en que el tribunal consagraba la luna el público se ponía de pie ante éste. El único mes que no es bendecido en la sinagoga es el de Tishrei, pues todos saben cuándo habrá de acontecer, ya que es la festividad de Rosh Hashaná.

El novilunio es anunciado en Shabat, ya que toda la congregación se encuentra reunida en la sinagoga y pueden así enterarse. Además, todos los días son bendecidos por el Shabat e incluso la santidad de Rosh Jodesh se deriva de la santidad del Shabat anterior, por lo que corresponde anunciar el nuevo mes ese sábado, día a partir del cual se comienza a percibir la alegría festiva de la llegada del nuevo mes.

9 – Tiempo propicio para la expiación y pequeño día de Kipur.

Rosh Jodesh es tiempo de expiación, tal como leemos en el rezo de Musaf: «tiempo de expiación para todos sus descendientes» y a esos efectos se ofrendaba un macho cabrío en el Templo.

A fin que el perdón alcanzado fuese completo, los antiguos (“minhag vatikín”) acostumbraban a retornar en teshuvá ante el arribo de Rosh Jodesh. Así también, había quienes acostumbraban ayunar en la víspera del nuevo mes y recitar el rezo de «Yom Kipur Katán» (pequeño día de Kipur) previo al servicio de Minjá. La víspera de Rosh Jodesh fue denominada «Yom Kipur Katán», pues así como Kipur es el tiempo de expiación para todo el año, la víspera de Rosh Jodesh lo es para todo el mes transcurrido (ver Mishná Berurá 417:4, Kaf HaJaím 10:21). Hoy en día la costumbre de ayunar en víspera de Rosh Jodesh no está muy extendida, y en su lugar es bueno incrementar el estudio de Torá y la entrega de donativos de Tzedaká.

10 – Se agrega «Yaalé ve Yavó» en el rezo.

El tema de Rosh Jodesh debe tener su expresión en el contenido del rezo del día, ya que las plegarias fueron instituidas como sustitutas de las ofrendas que se sacrificaban en el Templo. Es así que como en Rosh Jodesh se ofrendaba un sacrificio especial de Musaf, nosotros hoy recordamos la santidad del día en la letra del rezo. A estos efectos nuestros sabios dispusieron que se adicione la plegaria de «Yaalé ve Yavó», en la que pedimos a D´s que nos recuerde para bien en Rosh Jodesh. Esta adición fue ubicada en la bendición de «Retsé» (‘Acepta…’) en la oración “Shmone Esré”, pues en ésta le pedimos al Eterno que reinstaure pronto la “Avodá” (el culto de los Korbanot) del Templo, siendo éste el sitio apropiado para recordar Rosh Jodesh, pues en el marco de la reinstauración de los sacrificios podremos ofrendar el Musaf correspondiente al novilunio. Quien se olvida de recitar «Yaalé ve Yavó» en Shajarit o Minjá debe volver a rezar (Tratado de Shabat 24(A)).

Si se acordó inmediatamente después de concluir la bendición de «Retsé», agregará allí «Yaalé ve Yavó» y continuará con la bendición de «Modim». Si se acuerda cuando ya comenzó a recitar la bendición de «Modim» pero antes de dar los pasos finales hacia atrás que concluyen con el servicio, vuelve al comienzo de la bendición de «Retsé» y continúa hasta el final. Todo esto se refiere a los servicios de Shajarit y Minjá, pero si el olvido acaece durante el servicio de Arvit, si ya pronunció el nombre de D´s correspondiente al final de la bendición de «Retsé», no habrá de volver hacia atrás, pues no se consagraba el novilunio por la noche. De todas maneras, a priori, se debe recitar «Yaalé ve Yavó» por la noche, pero en caso de olvido, no se ha de volver atrás ni en una sola bendición (Tratado de Brajot 29(B), 30(B), Shulján Aruj 422:1).

11 – «Yaalé ve Yavó» en el «Birkat Ha Mazón»

También en «Birkat ha Mazón» se debe de agregar «Yaalé ve Yavó» y si bien no es obligatorio ingerir una comida festiva en Rosh Jodesh, por cuanto que el día es importante, al punto que en el Templo se ofrendaba un sacrificio de Musaf, corresponde recordarlo en la bendición de agradecimiento después de la comida (Tratado de Shabat 24(A) y Tosafot en el lugar). Se agrega «Yaalé ve Yavó» en la bendición de «Rajem», pues ambas bendiciones tienen en común su tema central que son las súplicas a D´s.

Quien se haya olvidado de recitar «Yaalé ve Yavó» en «Birkat Ha Mazón» no ha de volver al inicio de la plegaria, pues la obligatoriedad de la recordación de la santidad del día recae solo sobre días que tienen comidas preceptivas, como son los casos de Shabat y Iom Tov. Empero en Rosh Jodesh y en Jol HaMoed, no es preceptivo comer con pan, por lo que desde el punto de vista de la santidad del día no es seguro que se vaya a recitar «Birkat Ha Mazón», y si se olvida en éste de recitar Yaalé ve Yavó no es necesario volver atrás (Shulján Aruj 424:1).

Quien inicia su comida en Rosh Jodesh y alcanza a ingerir veintinueve gramos de pan antes de la puesta del sol y continúa comiendo hasta bastante después de la salida de las estrellas, por cuanto que comenzó a comer cuando aún era Rosh Jodesh, debe adicionar «Yaalé ve Yavó» en el «Birkat Ha Mazón» (Shulján Aruj 188:10 y hay quien disiente, ver Kaf HaJaím 43).

Quien inicia su comida en víspera de Rosh Jodesh y termina de hacerlo tras la salida de las estrellas habiendo alcanzado a ingerir veintinueve gramos de pan después de que comenzó Rosh Jodesh, recita «Yaalé ve Yavó» (Shulján Aruj 271:6, Mishná Berurá 29).

12- Recitado de «Halel» en Rosh Jodesh.

El Pueblo de Israel acostumbra a recitar el “Halel” en Rosh Jodesh, aunque desde un punto de vista estrictamente halájico, no sería obligatorio. Sólo en los días que son denominados «moed» (tiempo celebratorio) y en los que está prohibido realizar labores, es obligatorio recitarlo. Si bien Rosh Jodesh es denominado «moed», está permitido realizar labores. De todas maneras los judíos acostumbraron a recitar el “Halel”, como forma de expresar la santidad del día que permite elevarse al punto de loar a D´s. Para que quede claro que el “Halel” que se recita en Rosh Jodesh tiene su origen en la costumbre y no en la ley, se omiten dos párrafos del texto completo (El Halel completo consiste de los Salmos 113-118, omitiéndose en Rosh Jodesh 115:1-11 y el 116:1-11).

Los sabios de la Edad Media debatieron respecto del recitado de la bendición correspondiente al “Halel”. Según Maimónides y Rashi, dado que esta oración tiene su origen en la costumbre (“Minhag”), no se debe recitar con bendición, pues no se bendice por una costumbre, mientras que según la opinión de Rabeinu Tam, el Rosh y el Ran, una costumbre importante como es el recitado del “Halel” requiere de bendición. En la práctica la costumbre ashkenazí es que incluso una persona que recita el “Halel” en soledad, debe bendecir, mientras que la tradición de los sefaradim que habitaban Eretz Israel y sus inmediaciones es de no bendecir sin importar el número de orantes. La mayoría de los sefaradim del Norte de África acostumbran que el oficiante recite la bendición al principio y al final en voz alta y así saca de obligación a toda la congregación, empero quien reza sólo, no bendice. De hecho cada quien debe de continuar con su tradición.

Es importante tratar de recitar el “Halel” en público y según la opinión de muchos juristas, quien llega a la sinagoga en el momento en que la congregación lo está recitando, debe unirse a los demás y recitarlo y luego puede comenzar con sus salmos de alabanza (Mishná Berurá 422:116, Yalkut Yosef 422:8, Kaf HaJaím 38, según Arízal no se debe de alterar el orden del rezo).

13- Las diferentes costumbres del recitado del “Halel”.

El recitado del “Halel” debe ser efectuado de pie por tratarse de un testimonio de la alabanza al Eterno, y los testimonios se brindan de pie. A posteriori, si recitó el Halel sentado o acostado cumplió con el precepto, así como también el enfermo que no puede ponerse de pie cumple, a priori, recitándolo sentado o acostado (Shulján Aruj 422:7, Mishná Berurá 28).

No se debe interrumpir el recitado del “Halel” aunque se trate de una interrupción silenciosa, empero si se trata de una necesidad mayor o evitar una ofensa personal, se interrumpe. Asimismo se puede interrumpir para responder plegarias que requieren de quórum. El “Halel” se ha de recitar en orden de principio a fin, y quien lo haya leído en desorden no cumplió con el precepto y debe volver a leer desde el sitio en el cual se equivocó (Shulján Aruj 422:4-6). Es bueno recitar el “Halel” pausada y agradablemente y muchos acostumbran a cantar varios de sus pasajes.

Nuestros sabios dispusieron que se recite inmediatamente después del servicio de Shajarit, ya que como se recuerda el tema de Rosh Jodesh en Shajarit en «Yaalé ve Yavó», corresponde continuar con una alabanza a D´s por haber consagrado al Pueblo de Israel y los novilunios. A posteriori puede recitarse a lo largo de toda la jornada, ya que, para la ley esencial, todo el día es apto para el recitado del “Halel” (Mishná Meguilá 20:2).

Existen diferentes tradiciones en el orden del recitado del “Halel”, en cuanto a qué versículos se repiten y cuáles son primero recitados por el oficiante y luego repetidos por la congregación. Todas las costumbres son buenas y cada cual debe continuar con su tradición (Tratado de Sucá 38(A)-39(A), Shulján Aruj 422:3).

Se acostumbra que el oficiante recite en voz alta cuatro versículos (Salmos 118:1-4): a) «Agradeced al Eterno porque Él es bueno y Su misericordia perdura por siempre». b) «Diga pues Israel ahora que Su misericordia perdura por siempre». c) «Diga ahora la casa de Aharón que Su misericordia perdura para siempre». d) «Digan ahora los que temen al Eterno que Su misericordia perdura por siempre». Según la costumbre ashkenazi el público responde cuatro veces después del oficiante: «Agradeced al Eterno porque Él es bueno y Su misericordia perdura por siempre». Según la costumbre sefaradí el público repite el versículo que recitó el oficiante.

En cuanto a la costumbre de repetir los versículos recitados, en las últimas generaciones se extendió la práctica de repetir todos los versículos desde «Odejá»y hasta el final del “Halel” (Salmos 118:21-29). La razón del doble recitado radica en que, al iniciarse el capítulo de Salmos se repite todo dos veces y desde el versículo que inicia con el vocablo «Odejá» ya no se repite, y nosotros al repetir, continuamos con la dinámica del salmo. Además, estos versículos fueron recitados por el rey David, por Ishai su padre y por sus hermanos, tal como lo relata el Talmud (Tratado de Pesajim 119(A)) y es en mérito de la importancia de estas personalidades que quisieron repetir los versículos.

El versículo que inicia con las palabras «Te Rogamos, oh Eterno nos salves ahora. Te Rogamos oh Eterno nos hagas prosperar ahora» (Salmos 118:25), se repite de manera especial ya que primeramente se repite dos veces la primera mitad y luego se hace lo mismo con la segunda.

15 – El significado de la bendición de la luna.

En la bendición de la luna, nosotros agradecemos al Eterno el haber creado la luna que nos brinda por la noche su luz para nuestro disfrute. Esta bendición obtuvo un tratamiento especial de respeto y cariño por parte de las masas judías, pues en ésta están insinuadas cuestiones sumamente profundas respecto al Pueblo de Israel. Pasamos a explicar:

De todos los cuerpos celestes, la luna es la que guarda mayor similitud con nosotros. Así como la vida del hombre está llena de ascensos y descensos, asimismo la luna tiene ciclos diferentes. A mitad de mes esta se ve en su plenitud y hacia finales de mes se reduce y desaparece. Así como el primer hombre en un arrebato de pasión y arrogancia comió del fruto del árbol del conocimiento y fue castigado, así también la luna, no satisfecha con el hecho de que su luz sea equivalente a la del sol pidió reinar sobre éste (ver arriba en la introducción inciso 5). Como castigo por su arrogancia D´s redujo la intensidad de su luz y generó el ciclo lunar, por efecto del cual cada mes, ésta se empequeñece y desaparece por un día. Sin embargo, a diferencia del hombre que se reduce y muere, la luna por pertenecer a las huestes celestiales es fija y permanente, por lo que siempre vuelve a resurgir. Así también es la naturaleza de la nación israelita, que por una parte tiene una existencia terrenal sujeta a ciclos de ascenso y descenso, inclinación al bien e inclinación al mal, y por otra parte su conexión con la fe y con D´s la hace eterna. Por lo tanto, a diferencia de las demás naciones, el Pueblo de Israel está vivo y vigente. Nosotros nos conectamos con esta idea respecto de la eternidad de Israel mediante la bendición de la luna al ver que vuelve a crecer nuevamente cada mes.

Esto y más, no solo que logramos sobrevivir a pesar de todas las vicisitudes, sino que además con cada crisis y cada caída nos elevamos a un estadio más alto. El rey David nos enseñó a todos cómo transformar cada traspié y cada crisis en una palanca de crecimiento. Nuestros sabios de bendita memoria nos relatan que David era el más humillado entre sus hermanos y creció en el campo entre las bestias, y de cada cosa supo aprender y desarrollarse. Incluso tras su caída por efecto del pecado en el asunto de Bat Sheva, no se desesperó y retornó en teshuvá completa de inmediato, al punto que nuestros sabios de bendita memoria dijeron que «erigió una ofrenda de teshuvá» (Tratado de Moed Katán 16(2)). David transformó una gran crisis personal en una enorme superación, y desde entonces la fuerza y la forma del retorno se aprenden de él. En mérito de su teshuvá, su dinastía real perdurará por siempre, así como la luna, que siempre después de reducirse vuelve a completarse.

Por esta razón el reinado de David fue comparado con la luna y por eso en la bendición de la luna recitamos el versículo: «David rey de Israel está vivo y vigente». De esta manera, el Pueblo de Israel de crisis en crisis, crece y se supera corrigiendo todos sus pecados y defectos hasta que al final logrará corregir el mundo a la luz del reino de D´s. En ese día, la luna, que simboliza nuestra situación en el mundo, volverá a su completitud y su luz se equiparará con la del sol. Es así que en la bendición de la luna le rogamos a D´s «que se renueve cual corona de gloria para aquellos que son (por Él) portados desde el vientre, quienes análogamente están destinados a ser renovados y a glorificar a su Creador por el nombre de la gloria de Su reinado».

Hay quienes acostumbran adicionar el siguiente pedido: «Sea Tu voluntad mi D’s y D´s de mis padres suplir el defecto de la luna de manera que no haya mengua en ella y sea la luz de la luna como la luz del sol, como la luz de los siete días de la Creación, como era antes de ser disminuida, como está dicho: «Y D´s hizo las dos grandes luminarias». Que se cumpla en nosotros el versículo de las Escrituras (Oshea 3:5) que dice: ´Procurarán a Ad-onai su D´s y a David su rey´ Amén».

16 – La bendición de la luna debe recitarse con alegría.

Por efecto de la magnitud conceptual que se expresa en la bendición de la luna, ésta alcanzó un nivel de consagración tal, al punto de ser considerada como el recibimiento de la mismísima Divina Presencia. A esto se refería el tanaíta de la Casa de Estudios de Rabí Ishmael respecto de esta bendición: «Aun si Israel no mereciese ningún otro privilegio más que recibir a su Padre Celestial una vez al mes (en la bendición de la luna), sería suficiente para ellos. Por esta razón dijo Abaié, que se debe honrar esta bendición y recitarla de pie” (Tratado de Sanhedrín 42(A)). A quien se le dificulte mantenerse de pie puede apoyarse en un bastón o en su compañero y así recitar la bendición. Si apoyarse le resulta dificultoso, puede recitar la bendición sentado.

Se acostumbró a honrar a esta bendición y recitarla con un quórum de diez y en caso de no alcanzarse dicho número es preferible recitarlo de a tres, aunque desde el punto de vista estrictamente halájico se puede recitar individualmente. Cuando existe el temor de que por esperar al día en que pueda recitarla con un quórum de diez personas, corra el riesgo de olvidar de hacer la bendición, es mejor que la recite individualmente (Mishná Berurá 426:21).

Se acostumbra a salir fuera de la casa para recitar la bendición bajo el cielo, pues vimos que ésta implica el recibimiento de la Divina Presencia y así como se sale a recibir a un rey, de la misma manera se debe salir en pos de la bendición de la luna. Empero quien está enfermo o quien teme que si sale de su casa se puede enfriar, puede contemplar la luna desde la ventana y recitar la bendición.

A los efectos de honrar la bendición que implica el recibimiento de la Divina Presencia, se acostumbra recitarla cuando concluye el Shabat, pues en ese momento estamos contentos y vestidos con ropas finas. Empero, si existe el temor que de esperar al sábado en la noche se corre el riesgo de perder la oportunidad de recitar la bendición, se recita en día de semana (Shulján Aruj Ramá 426:2).

En la noche de Shabat se acostumbra a no recitar la bendición de la luna para no mezclar la alegría sabática con la del recitado. Sin embargo, de existir el temor de que si no se recita en la noche de Shabat se puede perder la oportunidad de hacerlo, está permitido hacerlo (Ramá 426:2, Mishná Berurá 12).

Tal como ya vimos, la luna se asemeja a la grey de Israel y ésta es considerada como una novia a ojos del Eterno. Cada mes, la grey se renueva y se purifica cual novia delante de su marido, y de esta manera aumenta la devoción entre D´s e Israel. Cuando el mundo esté corregido de todas sus carencias, se revelará a la vista de todos, la conexión entre Israel y el Eterno, tal como está escrito (Isaías 62:5): «así como el novio se regocija sobre la novia, así se regocijará tu D´s sobre ti». Por esta razón acostumbramos a bailar y cantar tras la bendición de la luna. Esta danza queda insinuada, cuando se acostumbra a elevarse un poco ‘en punta de pie’, al recitar el versículo «así como yo bailo…» (Ramá 426:2).

Dado que la bendición debe ser recitada con alegría, se acostumbra a hacerlo solamente después del nueve del mes de Av por causa del duelo por la destrucción del Templo y solamente después del día de Kipur, pues antes la tensión del Día del Juicio está muy presente. Al concluir el día de Kipur, a pesar de que aún no se comió, se acostumbra a bendecir la luna, pues al finalizar el ayuno estamos contentos por haber podido hacer teshuvá ante D´s. En cambio, al concluir el nueve de Av, corresponde posponer la bendición de la luna para otra noche o para después de que se rompa el ayuno y se salga de la atmósfera de duelo (Ramá 426:11, Shaar Haziún 9 y ver más adelante capítulo 10 inciso 19). Pero si considera que después le será difícil decir la oración con un quórum de diez personas, podrá decirla enseguida después de terminar el ayuno.

Asimismo quien está en la primera semana de duelo, por cuanto que está sumido en el dolor, si puede, habrá de posponer el recitado de la bendición para cuando se levante de la «shivá», aunque tenga que recitarla solo. Si no puede posponerla pues la «shivá» concluye después del final del plazo en el que se puede bendecir la luna, puede recitar la bendición estando de duelo (Mishná Berurá 426:11, Kaf HaJaím 5. El final del plazo de recitado se aclarará más adelante en el inciso 18).

17 – Ver la luna.

Se bendice la luna por la noche, pues entonces su luz se divisa con claridad y se disfruta. En cambio, si se divisa la luna al atardecer, no se recita la bendición, pues la luz del sol aún es visible y no se disfruta de la luz de la luna (Ramá 426:1). Antes de recitar la bendición se mira en dirección de la luna para disfrutar de su luz, empero durante la bendición se acostumbra a no mirarla (Mishná Berurá 426:13, Kaf HaJaím 34). En caso de que se haya bendecido la luna mientras ésta estaba cubierta por nubes, no se cumplió con el precepto, pues no se pudo disfrutar de su luz. Empero si está cubierta por una leve nube, de modo tal que se puede observar bajo su luz lo que normalmente se divisa, se puede recitar la bendición. A priori, es mejor bendecir la luna cuando ésta se divisa con claridad sin ocultamiento alguno y hay quienes escribieron que es mejor posponer la bendición para otra noche, aunque desde la perspectiva de la ley es posible bendecirla si una leve nubosidad pasa debajo de ésta dado que se puede disfrutar de su luz. Aparentemente, mientras se puede divisar su contorno, está permitido recitar la bendición.

Si durante el recitado de la bendición la luna se cubre por completo, se continúa con la bendición. Empero si de antemano se puede prever que durante la bendición una gran nube habrá de cubrir la luna no se comienza, pues a priori, todo el recitado debe tener lugar mientras la luna es visible (Rabí David ben Zimrá 1:346, Mishná Berurá 426:2, Beur Halajá en el párrafo que se inicia con las palabras ונהנין)

18 – ¿Cuándo se recita la bendición de la luna?

Según muchos sabios medievalistas, el tiempo apropiado para la bendición de la luna es a partir del primer día que se divisa y cuanto antes se recite mejor (Maimónides Brajot 10:17, Rosh y otros). Sin embargo, de acuerdo con la opinión de algunos juristas, corresponde esperar hasta que la luna crezca un poco para poder disfrutar de su luz. Hay quienes opinan que se debe esperar hasta que pasen tres días completos, pues entonces la luz ya se puede comenzar a disfrutar (Rabí Saadiá Gaón, Talmidei Rabeinu Ioná) y otros opinan que se deben esperar siete días pues entonces su luz es definitivamente disfrutable (Responsa de Rabí Azariá de Pano 78). En opinión de algunos de los más prominentes cabalistas, entre ellos Rabí Iosef Jickatillia, de acuerdo con la mística judía, se deben esperar siete días y lo fundamentan en el hecho de que la renovación de la luna alude a la renovación del hombre y cada vez que hay un desarrollo se teme que la cualidad del rigor lo obstruya y afecte su crecimiento. Por esta razón es correcto aguardar siete días que se corresponden con los siete días iniciales de la Creación y entonces la novel luz se estabiliza y ya no es posible afectarla.

Los sefaradim y los jasidim acostumbran a no bendecir la luna antes del séptimo día del mes (Shulján Aruj 426:4). La costumbre ashkenazi es de bendecir pasados tres días (Bait Jadash, Mishná Berurá 426:20). En la práctica se acostumbra a recitar la bendición de la luna al salir el Shabat para hacerlo con alegría y bien vestido. Por esta razón, en la práctica, según la tradición ashkenazi y marroquí se bendice el primer sábado por la noche posterior al tercer día desde el novilunio. Según la tradición sefaradí y la jasídica, se bendice la luna el primer sábado por la noche posterior al séptimo día del mes.

Se discutió respecto de qué hacer cuando el sábado por la noche cae en el séptimo día del mes y aún no pasaron siete días completos desde el novilunio. Hay quienes opinan que se debe posponer la bendición para la noche siguiente, o para el siguiente sábado por la noche que caería en la noche del día catorce del mes (Rashash, Hagraz, Kaf HaJaím 426:61). Otros opinan que si bien faltan aún algunas horas hasta que concluya el séptimo día desde el novilunio, se puede recitar la bendición (Kneset Haguedolá, Iejavé Da´at 2:24). Allí donde rezan conjuntamente miembros de comunidades de diferentes orígenes, si el sábado por la noche es séptimo día del mes, es correcto que todos participen de la bendición de la luna, pues esta es la opinión mayoritaria de los juristas.

Quien no tuvo la oportunidad de bendecir la luna con cercanía al día siete, puede hacerlo hasta la mitad del mes, pues mientras la luna se encuentra en su ciclo creciente se la puede bendecir, mas tras pasar la mitad del mes y entrar en fase menguante la bendición ya no se recita.

El ciclo de la luna es de veintinueve días, doce horas y tres cuartos de hora (793 de 1080 partes que contiene una hora). Por lo tanto se puede bendecir la luna hasta pasadas catorce jornadas, dieciocho horas y veinte minutos aproximadamente desde la aparición del novilunio que es la mitad del ciclo. A priori es correcto tener en cuenta la opinión del Maharil en cuanto a que no se ha de recitar la bendición de la luna una vez pasado la mitad del ciclo de la misma. Al comenzar la noche del catorce siempre se puede bendecir la luna y a continuación casi siempre se puede hacerlo, ya que aún no llegó a la mitad de su ciclo. Empero respecto de la noche del quince la ley cambia, a veces ya es más de medio mes pasado el novilunio y está prohibido bendecir y a veces es antes de la mitad del mes y está permitido bendecir, y otras veces al comenzar la noche del quince se puede bendecir y pasadas unas horas ya no (Shulján Aruj Ramá 426:3, Kaf HaJaím 53). De todas maneras, en la práctica, quien se haya demorado y no recitó la bendición de la luna hasta la noche del catorce, podrá hacerlo hasta concluir la noche del quince (Beur Halajá 426:3, Iabía Omer 8:42).

1 – El precepto del conteo y su significado.

Es precepto contar cuarenta y nueve días que son siete semanas completas a partir de la noche de la siega del Omer. Esa es la noche del dieciséis del mes de Nisán, a partir de la conclusión del primer día festivo de Pesaj, en la que se salía a los campos donde se cosechaba la cebada y se llevaba a la «azará», recinto interior del Templo de Jerusalém. Allí se trillaba, aventaba, se separaban las semillas de las cáscaras, tostaban sobre el fuego y se molían fino. A continuación se tomaba una décima parte de una «eifá» (medida de volumen equivalente hoy en día a aproximadamente 2.5 o 4 litros según el jurista. N. de T.) de la harina obtenida, se tamizaba en trece coladores y se mezclaba con un log de aceite (medida de volumen para líquidos que puede oscilar entre 300 y seiscientos mililitros dependiendo del jurista. N. de T.) y se le adicionaba una pizca de levoná (olíbano). A la mañana siguiente esta mezcla era ofrendada sobre el altar, primeramente el sacerdote la alzaba y posteriormente tomaba una pizca de la mezcla y la quemaba sobre el altar. Una vez que esta pizca se quemaba, le era permitido a todo el pueblo comer de la nueva cosecha.

Es importante saber que la fiesta de Shavuot carece de una fecha fija en el mes tal como el resto de las festividades. Por ejemplo, la fiesta de Pesaj tiene marcada la fecha del quince de Nisán y la de Sucot el quince del mes de Tishrei. Sin embargo, el día de celebración de Shavuot se fija según el conteo del “Omer”, ya que tras concluir el conteo de las siete semanas, llega el momento de su celebración, y por eso recibe ese nombre («Shavuot» en hebreo significa «semanas»). Sobre esto está escrito (Deuteronomio 16:9-10):

“Siete semanas habrás ‘de contar: desde que empieza la hoz a cortar la mies, comenzarás a contar siete semanas. Y harás la festividad de las semanas, ante HaShem tu D’s”.

Además, en el libro de Levítico (23:15-16) leemos:
“y habréis de contar vosotros desde el día siguiente de la festividad: desde el día en que hayáis traído el “Omer” para mecerlo, siete semanas completas, habrán de ser. Hasta el día siguiente de la séptima semana, habréis de contar cincuenta días y ofreceréis una ofrenda nueva ante HaShem”.

El cumplimiento de este precepto no recae únicamente sobre el tribunal rabínico, sino que cada judío en particular tiene el deber de contar los cuarenta y nueve días. Cada quien debe llevar a cabo su propia “cuenta”. Si bien, existe una regla para aquellos preceptos que son recitados en voz alta, y que sostiene «aquel que escucha es como si respondiese», por lo que a modo de ejemplo, se puede cumplir con el precepto de recordar a Amalek, oyendo la lectura del oficiante y en el caso del conteo del “Omer”, también se puede cumplir con el recitado de la bendición correspondiente al precepto, oyendo al oficiante. Sin embargo en lo que respecta al cumplimiento del precepto del conteo propiamente dicho, en virtud de lo que dice el versículo «has de contar para ti», la idea de varios de los juristas es que cada quien debe contar por sí mismo con su propia voz (Levush, Jok Ya´akov). Otros juristas consideran que el precepto del conteo es similar a los demás preceptos que implican recitado, por lo que se puede cumplir escuchando a otro (Perí Jadash y Birkei Iosef). Empero a priori, nosotros preferimos cumplir según todas las ideas por lo que cada quien debe contar por sí mismo (ver Mishná Berurá 489:5 y Beur Halajá en el párrafo que se inicia con la palabra ‘ומצוה’).

El origen de este precepto está vinculado con los albores de nuestra conformación nacional. Nuestros sabios de bendita memoria nos explican, que durante el período de la esclavitud en Egipto, el Pueblo de Israel descendió cuarenta y nueve niveles de impureza por lo que no eran dignos de recibir la Torá. Por esta razón, debieron purificarse del oprobio egipcio durante siete semanas, en las cuales D´s les esperó para poder otorgarles la Torá (según el Zohar parashat Emor 97). Además, el conteo encierra un elemento de expectativa por el futuro recibimiento de la Torá. El midrash explica, que cuando Moshé anunció al Pueblo de Israel que tras la salida de Egipto servirían a D´s sobre el Monte Sinaí y recibirían la Torá, el pueblo le preguntó: ¿cuándo habremos de servir al Todopoderoso? Y Moshé les respondió: Hacia el final de los cincuenta días. Por causa del entusiasmo, el pueblo contaba día por día y decían «ya pasó un día», «ya pasaron dos» y así todos los días, ya que por su cariño y expectativa de recibir la Torá les parecía que el tiempo transcurría con lentitud (Shibolei Haleket 236).

Vemos pues, que el conteo del Omer expresa nuestras ansias y nuestros deseos por el gran día del recibimiento de la Torá. Mientras esperamos, operamos un proceso de purificación de los cuarenta y nueve niveles espirituales que conforman al hombre. Cuanto más puro está el individuo mayor es su capacidad para percibir la luz espiritual que de la ley Divina emana, y así, cada año, mediante el conteo nos preparamos para el día del recibimiento de la Torá (ver final del inciso 3).

2 – Proceso ascendente de lo nacional a lo espiritual.

Mediante el conteo del Omer, nos asimos a una línea ascendente que va desde Pesaj hasta Shavuot. Pesaj expresa el aspecto nacional del Pueblo de Israel, ya que al salir de Egipto, se manifestó la singularidad de nuestro pueblo por cuanto que D´s nos escogió entre las demás naciones, a pesar de estar sumidos en cuarenta y nueve grados de impureza. La fiesta de Shavuot expresa el aspecto espiritual de nuestro pueblo, pues en la entrega de la Torá, alcanzamos el punto culminante de conexión con la Divinidad. En Pesaj iniciamos el proceso de liberación del yugo egipcio y en Shavuot completamos nuestra liberación del yugo de las pasiones, enfoques e ideologías y recibimos la Torá Celestial, que permite a quien se ocupa del estudio verdadero de la misma, ser un hombre libre (Mishná Avot 6:2).

Y un aspecto más a tener en consideración. En Pesaj, se manifiesta la fe simple y natural que anida en el alma de todo judío, y que se mantuvo oculta en el seno del Pueblo de Israel incluso durante los difíciles años de la esclavitud en Egipto. En Shavuot, nos elevamos hacia la fe extendida, explicada y ampliada mediante la Torá. La fe natural es muy poderosa y es la base de la existencia, empero no puede dirigirla a buen puerto ni corregirla. Mediante la Torá y sus preceptos, podemos conectar a la fe todos los aspectos de nuestra vida, los mentales, los emocionales y los prácticos.

En resumen, con el conteo del “Omer” nos elevamos en dos aspectos: del plano nacional al plano espiritual y de la fe natural a la fe expandida mediante la Torá y sus preceptos.

No es posible llegar a Shavuot sin pasar antes por Pesaj. Mediante el reconocimiento de la singularidad del Pueblo de Israel podemos elevarnos en pos de la Torá. Mediante la elección de Israel, que se manifestó en la salida de Egipto, podemos recibir la Torá, tal como recitamos en la bendición: «que nos escogió de entre todas las naciones» y en virtud de esta elección » nos dio su Torá». Es así que no es posible captar la fe compleja y desarrollada que se percibe con la mente, sin descubrir primeramente la fe simple y natural. Por esta razón es tan importante conectar las fiestas de Pesaj y Shavuot. El conteo del “Omer” oficia de escalera ascendente entre ambas festividades.

3 – El conteo y sus versiones.

Previo al conteo se recita la siguiente bendición: «Bendito eres Tu HaShem, D’s nuestro Rey del Universo, que nos consagraste con tus preceptos y nos ordenaste el conteo del Omer». Tanto la bendición como el conteo se recitan a priori de pie y a posteriori, si se recitaron estando sentados, se cumplió igualmente (Shulján Aruj 489:1).

El conteo está compuesto de dos partes: el cómputo de los días y el de las semanas. Así como está escrito (Levítico 23:15-16): “y habréis de contar vosotros desde el día siguiente de la festividad: desde el día en que hayáis traído el “Omer” para mecerlo, siete semanas completas, habrán de ser. Hasta el día siguiente de la séptima semana, habréis de contar cincuenta días y ofreceréis una ofrenda nueva ante HaShem”.

Por esta razón, en el conteo del “Omer”, debemos recordar tanto el cómputo de los días como de las semanas (Tratado de Menajot 66(A)). Por ejemplo, el séptimo día se debe recitar: «hoy son siete días que son una semana». El día catorce se debe recitar: «hoy son catorce días, que son dos semanas». También en medio de la semana se recuerdan ambos conteos, por ejemplo, el décimo día se debe recitar «hoy son diez días, que son una semana y tres días».

Hay diferentes fórmulas para el conteo del Omer: hay quienes dicen «la Omer» y quienes dicen «ba Omer». Hay quienes dicen «hoy son catorce días que son dos semanas» y otros dicen «hoy son catorce días que son dos semanas del Omer». Con todas las versiones se cumple con el precepto. Se acostumbra a adicionar el recitado de una introducción «le shem ijud» previo al conteo y diferentes plegarias tras la misma. Sin embargo estas adiciones no son obligatorias, por lo que lo más importante es el conteo y la bendición que lo precede.

El número siete alude a la completitud, ya que el mundo fue creado en siete días. De hecho, toda cuestión material posee seis aristas que son los cuatro puntos cardinales, arriba, abajo y un séptimo aspecto que es su centro interior. Lo mismo ocurre con el hombre y por esta razón el tiempo necesario para la purificación ritual es de siete días, durante los cuales el individuo se prepara en todas sus facetas para pasar del estado de impureza al de pureza.

Asimismo esta regla se aplica para la purificación en este mundo, como en el caso de la ingestión de ofrendas consagradas («trumot ve kodashim») o la purificación de la mujer de caras al encuentro con su marido. Empero, a los efectos de que podamos captar la Torá, que posee un origen Divino y que pertenece a los planos superiores, debemos pasar por un proceso de purificación mucho más profundo, y en vez de siete días se requieren siete semanas. En este conteo, cada una de las siete cifras aparece en sus siete aspectos y de esta manera nuestra purificación, de caras al recibimiento de la Torá es completa, pues cada aspecto de nuestra conducta pasa por un proceso de refinación y expresa su anhelo y expectativa por el recibimiento de la Torá.

4 – El status del precepto tras la destrucción del Templo de Jerusalém.

Una de las preguntas básicas en lo referente al conteo del Omer es, si tras la destrucción del Templo el cumplimiento del precepto tiene su origen en la Torá o en nuestros sabios. En el libro de Levítico leemos (23:15): «Y contaréis siete semanas completas desde el día posterior al primer día de la festividad, o sea, desde el día que trajisteis el Omer de la ofrenda alzada».

Según el “Rosh” el “Ran” y otros numerosos sabios medievalistas (Rishonim), solo en los días en que se presentaba la ofrenda alzada del “Omer”, el conteo del “Omer” era preceptivo según la Torá. Empero hoy día, como no traemos ofrenda al Templo, el precepto se cumple por una ordenanza rabínica (“Dibré Jajamím”), establecida en recuerdo del conteo que se llevaba a cabo en los días en que el Templo estaba en pie. Esta es la razón por la cual, se acostumbra a recitar, tras el conteo, una plegaria por la pronta reconstrucción del Templo, pues cuando éste se erija nuevamente, podremos cumplir con el cómputo del Omer por orden de la Torá y no por mera ordenanza rabínica.

En opinión de Maimónides y Rabí Eliezer ben Joel Haleví, recordar el día que se traía la ofrenda del “Omer” tiene por objetivo enseñarnos la fecha del inicio del conteo pero no es condición previa para el mismo y por esta razón, hoy día que el Templo está destruido y no podemos llevar la ofrenda, estamos de todas maneras ordenados por la Torá a contar el “Omer”.

La implicancia práctica de esta discusión tiene que ver con las situaciones dudosas. Por ejemplo, quien contó entre la puesta del sol y la salida de las estrellas (ocaso), tiempo en el que dudamos si es de día o ya de noche, entramos en la duda si cumplió o no con el precepto. Si consideramos el ocaso como día, quien contó no cumplió con el precepto, pues aún no llegó el momento de hacerlo, mientras que si lo consideramos noche sí cumplió. El Shulján Aruj (489:2) y la mayoría de los juristas consideran que quien contó en el ocaso cumplió con el precepto, pues según ellos, en nuestros días el conteo del “Omer” tiene su origen en la ordenanza de los sabios y en caso de duda respecto de un precepto rabínico se aplica la opinión más flexible. Empero, muchos de los sabios de las últimas generaciones escribieron que, en la práctica, es conveniente ser más estrictos y volver a contar tras la salida de las estrellas sin recitar la bendición, para así cumplir con el precepto también según la opinión de quienes sostienen que en nuestros días, el conteo del Omer tiene su origen en la Torá por lo que en caso de duda corresponde aplicar la opinión más estricta (Eliá Rabá, Mishná Berurá 489:15, Beur Halajá 489:1 en el párrafo que inicia con las palabras ‘לספור העומר’).

5 – El horario del conteo.

El conteo del “Omer” se inicia en la noche del 16 de Nisán, tal como está escrito (Deuteronomio 16:9): «Siete semanas habrás de contar: desde que empieza la hoz a cortar la mies», y el comienzo de la cosecha es la siega del “Omer”, ya que el inicio de toda la cosecha anual es consagrado a la ofrenda del “Omer” y el momento de la siega es la noche posterior al primer día festivo de Pesaj, el día dieciséis de Nisán que es cuando comienza el conteo.

Se debe contar por la noche pues está escrito en Levítico (23:15): «siete semanas completas», y como es sabido, la jornada incluye día y noche y si se quiere que las siete semanas sean completas, deben incluir todos los días y todas las noches y por esta razón comenzamos a contar por la noche del dieciséis de Nisán (Tratado de Menajot 66(A)). A los efectos de que el conteo incluya todas las horas del día, se debe contar al inicio de la noche y en esto se pone especial énfasis en la primera noche, para que el conteo incluya todas las horas de las siete semanas. De todas maneras es bueno cumplir el precepto con excelencia, tal que todos los días del conteo sean completos e incluyan la jornada entera.

Si bien a priori es preceptivo adelantarse y contar al inicio de la noche, de todas maneras no es obligatorio, por lo que toda persona que vaya a rezar Arvit, debe anteponer el rezo al conteo, pues la regla indica que un precepto que se cumple más asiduamente se realiza antes que otro de cumplimiento menos frecuente. En este caso los preceptos de recitación del Shemá y rezo de Arvit aplican todos los días del año, mientras que el conteo solo cuarenta y nueve, por lo que se cuenta después del servicio (Jok Yaakov, ver Beur Halajá 489:1 en el párrafo que inicia con la palabra אחר).

6 – Hasta cuándo se puede contar.

Quien acostumbra todo el año a rezar Arvit en público a una hora tardía, es mejor que cuente después de su rezo habitual, pues de hacerlo solo al inicio de la noche podría equivocarse u olvidarse, amén de que tiene mayor importancia cumplir con el precepto en público.

Aquel que por efecto de sus tareas u ocupaciones no puede rezar en público Arvit al salir las estrellas y tiene la intención de rezar más tarde a solas, es mejor que cuente el Omer solo al salir las estrellas, para así cumplir diligentemente con el precepto al inicio de la noche. Además, se teme que si lo deja para después de su Arvit tardío pueda olvidarse de contar.

Existe una discusión halájica que data de la Edad Media, respecto de si aquel que se olvidó de contar por la noche puede hacerlo durante el día. Vimos que según la Torá el horario del conteo coincide con el de la siega del “Omer”, tal como está escrito (Deuteronomio 16:9): «Siete semanas has de contar, a partir del tiempo del comienzo de la cosecha de trigo». Según el autor del libro «Halajot Guedolot», la halajá es de acuerdo con la opinión traída por el Tratado de Menajot (71(A)) en cuanto a que, si no se pudo segar por la noche, a posteriori se lo puede hacer también durante el día siguiente y por lo tanto esta regla se aplica también a las leyes del conteo, es decir que quien se olvida de contar por la noche puede a posteriori hacerlo de día. Según Rabenu Tam, la halajá es de acuerdo con la opinión traída en el Tratado de Meguilá (20(B) y 21(A)), en cuanto a que la siega del “Omer” se puede realizar únicamente por la noche y por lo tanto, quien se olvidó de contar por la noche, ya no podrá hacerlo de día. En la práctica la halajá que se dictó es, que quien se olvida de contar por la noche lo haga durante el día sin recitar la bendición. De esta manera, por una parte tomamos en cuenta la opinión que sostiene que se puede contar de día, empero a los efectos de no entrar en un área de duda sobre si la bendición recitada es o no en vano de día, no se la recita (Shulján Aruj Oraj Jaím 489:7). Los días siguientes podrá seguir contando y recitando la bendición correspondiente (Trumot Hadeshen, Mishná Berurá 489:34).

7 – Reglas referentes a quien se olvidó de contar por un día.

Los sabios medievales debatieron respecto de si el precepto del conteo del “Omer”, es un solo precepto cuyo cumplimiento se extiende a lo largo de siete semanas, desde Pesaj hasta Shavuot, o si cada día de los cuarenta y nueve se cumple con un precepto singular de contar. Según el autor del libro «Halajot Guedolot», el conteo del “Omer” es un solo precepto extendido, tal como está escrito (Levítico 23:15): «siete semanas completas», por lo que quien se olvida de contar un solo día perdió el precepto y ya no puede volver a contar. Empero la mayoría de los juristas opina, que cada día se cumple con el precepto del conteo, por lo que quien se olvida de contar se perdió el precepto de ese día únicamente y al día siguiente debe continuar contando y recitando la bendición correspondiente (Tosafot, Rosh, Ritba y otros).

En la práctica, la halajá final se determinó de acuerdo con la mayoría de los juristas que sostiene que cada día se cumple un precepto separado y quien se olvidó de contar por un solo día, debe continuar contando, mas lo hará sin recitar la bendición. De esta manera se respeta la opinión minoritaria de que todo el conteo es un solo precepto extendido y que al olvidarse un solo día ya no puede efectivizar el cumplimiento y a los efectos de no ingresar en la duda de si la bendición se recitó o no en vano se decidió que no la recite (Shulján Aruj 489:8).

A los efectos de no perderse el recitado de la bendición, aquellos que se olvidaron algún día de contar, deben de poner intención de cumplir con el recitado al escucharla del oficiante.

En esta halajá se manifiesta la tensión que acompaña al conteo del “Omer”, en cuanto a que quien se olvida de contar un solo día, desconecta de cierta forma la cadena que une la fiesta de Pesaj con Shavuot y se pierde así la bendición. Esto se debe a que es sumamente importante unir la fiesta de Pesaj, que manifiesta la singularidad de la nación judía santificada con la de Shavuot en la que recibimos la Torá, ya que sin Israel no hay Torá y sin Torá no hay Israel.

8 – En todos los casos dudosos se continúa contando con recitado de bendición.

A quien le surja algún día la duda de si contó o no, puede seguir haciéndolo con el recitado de la bendición correspondiente, pues solo cuando es claro que se olvidó, tomamos en cuenta la idea halájica de que no puede seguir haciéndolo.

Quien se olvidó de contar por la noche y se acuerda de hacerlo de día, si bien hay quienes opinan que no cumple mediante el conteo diurno, dado que hay quienes opinan que a posteriori, el conteo diurno sí cumple con el precepto, por lo que podrá seguir contando los días subsiguientes con el recitado correspondiente de la bendición.

En el caso de un muchacho que cumple Bar Mitzvá en medio del conteo, se suscitó una duda, ya que de acuerdo con algunos juristas, si bien contó todos los días, no podrá continuar haciéndolo con recitado de bendición ya que lo que contó previo a su Bar Mitzvá no se puede incluir en la secuencia del cómputo junto con lo que contará ya siendo un adulto. Empero según la opinión de la mayoría de los juristas si previo a la Bar Mitzvá contó todos los días su conteo es completo y podrá continuar haciéndolo con recitado de bendición y esta es la costumbre más extendida.

En el caso de un converso, dado que previo a su conversión no contó, comenzará a hacerlo desde el día de su conversión sin recitar la bendición.

9 – Mujeres y el conteo del “Omer”.

Según la regla conocida de que las mujeres están exentas de cumplir con los preceptos positivos marcados por un tiempo fijo, éstas están eximidas del conteo del “Omer”, pues se trata de un precepto que depende del tiempo (ver en el libro «Rezo Femenino» capítulo 3).

Pero una mujer que desea hacerlo, puede cumplir con un precepto positivo marcado por el tiempo y se le considera una buena acción. Sabemos que las mujeres acostumbran a escuchar el sonido del shofar en Rosh Hashaná, habitan la sucá y bendicen con las cuatro especies en Sucot. Empero los juristas discutieron respecto del recitado de la bendición, en opinión del Shulján Aruj (Oraj Jaím 589:6), las mujeres no deben hacerlo y esta es la costumbre más extendida entre las mujeres sefaraditas.

En opinión del “Ramá”, una mujer que cumple con un precepto positivo marcado por el tiempo, puede recitar la bendición correspondiente y esta es la costumbre ashkenazi (ver «Rezo Femenino» cap. 2 inciso 8). Sin embargo hay varios de los juristas ashkenazíes que sostienen que es preferible que una mujer cuente el “Omer” sin recitar la bendición, ya que no frecuenta la sinagoga y es más probable que pueda olvidarse de contar algún día y quizás no se percate del olvido y continúe contando con recitado de bendición. Ya vimos que quien se olvidó de contar un día no puede continuar haciéndolo recitando la bendición (Mishná Berurá 489:3). Otros opinan que de acuerdo a la kabalá, las mujeres no deben de contar el “Omer” (Rav Pealim I 12). Otros opinan que según la tradición ashkenazi, la mujer puede contar (Maguén Avraham 489:1).

Por lo tanto, aquella mujer que sabe que puede contar todo el conteo y que en caso de olvidarse un día sabrá continuar haciéndolo sin recitar la bendición, de acuerdo con la tradición ashkenazí, puede contar y recitar la bendición. Esto aplica especialmente para aquellas que acostumbran a rezar Arvit a diario o quienes viven en una misma casa con gente que le ha de recordar de contar, pues en esos casos el temor al olvido es menor.

10 – Algunos detalles de las reglas del conteo.

Si alguien es consultado por su compañero en el momento adecuado para el conteo «¿cuántos días son hoy del “Omer”?», en el caso de que el consultado aún no ha contado el “Omer” con el recitado de bendición correspondiente, no habrá de responder «hoy son tantos días del “Omer», pues de así hacerlo estaría cumpliendo con el conteo sin recitar la bendición previa y sin poder recitarla en ese día. La respuesta a la consulta debe de ser «ayer fueron tantos días del “Omer» (Shulján Aruj 489:4).

Si al responder a la pregunta de «cuántos días se cuentan hoy», lo hace con plena conciencia e intención de no cumplir en ese momento con el precepto del conteo, podrá hacerlo más tarde y recitar la bendición correspondiente. En el caso en que el número de días a contar ya es tal que está compuesto de días y semanas y al responder dijo el número de días únicamente, a posteriori podrá más tarde contar el “Omer” recitando la bendición, pues al responder no contó del modo habitual mencionando tanto semanas como días y de esta manera demostró que no tenía intención de cumplir con el conteo al momento de dar la respuesta (Mishná Berurá 489:22).

Antes de recitar la bendición del conteo se debe pensar qué día de la cuenta es hoy (ver Shulján Aruj 489:6, Shaar Hatziún 37). En caso de que por ejemplo, no se esté seguro si son nueve o diez días del “Omer” y no hay a quien consultar, se habrá de contar ambos conteos para así salir de duda. Empero respecto del recitado de la bendición, los juristas han discutido, hay quienes sostienen que se puede bendecir sólo en caso de que se sepa con certeza el número del día a contar, y otros opinan que se puede bendecir por un conteo dudoso, pues con certeza uno de los dos números estará correcto (ver Piskei Teshuvot 489:17), y en la práctica por cuanto que estamos en duda no se recita la bendición.

1 – El motivo de las costumbres luctuosas durante el conteo del “Omer”.

Los días que van desde Pesaj hasta Shavuot están impregnados de dolor, ya que en ellos murieron veinticuatro mil alumnos de Rabí Akiva. Por esta razón en estos días se acostumbra a no celebrar matrimonios y cortarse el cabello, así como a no celebrar fiestas bailables opcionales (que no son para una mitzvá).

Antes de ocuparnos de las diferentes costumbres luctuosas, corresponde explayarse un poco sobre el tema central, que es la causa del fallecimiento de los alumnos de Rabí Akiva. En el Talmud, Tratado de Ievamot (62(B)) leemos: «Doce mil parejas de alumnos tuvo Rabí Akiva… y todos fallecieron en un mismo lapso de tiempo por no conducirse con respeto mutuo… todos fallecieron entre Pesaj y Atzeret (Shavuot)… y todos fallecieron de muerte desagradable (epidemia n. de t.)». «El mundo quedó desolado hasta que Rabí Akiva fue donde nuestros sabios en el Sur y les enseñó (siendo estos los nuevos discípulos): Rabí Meir y Rabí Iehuda y Rabí Iosei y Rabí Shimón y Rabí Elazar ben Shamúa y ellos erigieron la Torá». Además, el midrash (Bereshit Rabá 61:3) nos relata que Rabí Akiva les dijo a sus nuevos alumnos: «Hijos míos, los sabios primeros no fallecieron sino porque se envidiaban unos a otros, cuidaos de no obrar como ellos».

Desde entonces, durante el tiempo del conteo del “Omer”, nos conducimos con algunas costumbres luctuosas y procuramos corregir nuestras relaciones interpersonales, especialmente entre quienes estudian Torá. Dado que se trata de una costumbre que adoptó el Pueblo de Israel sin que mediara un decreto rabínico explícito en ese sentido, existen matices entre las diferentes comunidades en la forma de conducirse en estos días y serán detalladas más adelante.

Unos mil años más tarde, durante las Cruzadas, que se iniciaron en el año 4856 (1096 E.C.), los cristianos masacraron decenas de miles de judíos en Europa Occidental y Central, ocurriendo estas desgracias principalmente entre Pesaj y Shavuot. Unos quinientos años más tarde, en los años 5408 y 5409 (1648-1649 E.C.), nuevamente tuvieron lugar crueles masacres de judíos en Europa Oriental, en las que decenas y hasta centenas de miles de judíos fueron asesinados, mayoritariamente en los días del conteo del “Omer”. Por esta razón, entre los judíos ashkenazíes, las costumbres de duelo en los días del “Omer” son más estrictas.

2 – Las costumbres luctuosas y sus diferentes períodos.

Hay diferentes costumbres respecto del período del duelo y es menester recordar aquí cuatro principios generales:

a) Las costumbres de duelo se extienden a lo largo de todo el conteo del “Omer” y esto se basa en la versión del Talmud que está en nuestras manos (Ievamot 62(B)), en cuanto a que los alumnos de Rabí Akiva murieron entre Pesaj y Shavuot, por lo que corresponde mantener las costumbres luctuosas a lo largo de todos esos días.

b) Las costumbres de duelo se prolongan solamente hasta el día treinta y tres del “Omer” y esto de acuerdo a la conocida tradición que indica, que el día treinta y tres cesó la mortandad entre los alumnos de Rabí Akiva.

c) Las costumbres de luto se extienden hasta el día treinta y cuatro del “Omer”. Esto de acuerdo con la tradición sefaradita según la cual, interpretan en el Talmud, que los alumnos de Rabí Akiva murieron “ad fros haAtzeret”. El vocablo “fros”, significa: mitad, es decir hasta medio mes antes de la llegada de Shavuot. Si a los cuarenta y nueve días del conteo se les restan quince, quedarán treinta y cuatro días, en los que precisamente murieron los discípulos de Rabí Akiva y en los que se deben mantener las costumbres de duelo.

d) Se acostumbra a guardar treinta y tres días de duelo, y esto es de acuerdo con la tradición según la cual los alumnos fallecieron en todos los días que no son especialmente alegres durante el conteo del “Omer”, o sea los treinta y tres en total. De esta manera se mantiene el duelo durante treinta y tres días seguidos y no importa si son al principio o al final del período de cuarenta y nueve días.

3 – La tradición sefaradí.

Según el Shulján Aruj (Oraj Jaím 493:1-2), las costumbres luctuosas se inician el primer día del conteo del “Omer” y se prolongan hasta la mañana del día treinta y cuatro de la cuenta. Esto de acuerdo con la tradición, según la cual, los discípulos de Rabí Akiva fallecieron hasta medio mes antes de Shavuot, por lo que las costumbres de luto se mantienen hasta el día treinta y cuatro. Empero a semejanza de la práctica aceptada respecto de los siete primeros días de duelo por un familiar cercano en primer grado (shivá), medio día se considera un día completo y así como el doliente que se sentó en el suelo parte del séptimo día ya cumplió y puede levantar el duelo, de esta misma manera se procede respecto del duelo del conteo del “Omer”. Es así que no es necesario esperar a que concluya el día treinta y cuatro, por lo que una vez que pasaron unos minutos con posterioridad al despunte del alba, se considera una parte del día como día completo y se anulan todas las usanzas luctuosas.

El día treinta y tres está permitido cantar, bailar y tocar instrumentos musicales en honor al aniversario del fallecimiento de Rabí Shimón Bar Iojai, empero las demás costumbres de luto siguen en pie, como por ejemplo la prohibición de desposar una mujer o cortarse el cabello. Al concluir Lag Ba’Omer (día treinta y tres del “Omer”), está prohibido bailar o tocar instrumentos musicales en la noche del treinta y cuatro y al llegar la mañana de ese día se anulan todas las costumbres luctuosas (respecto del corte de cabello quienes se guían según el Arí z”al prolongan la prohibición hasta la víspera de Shavuot, Kaf HaJaím 493:13).

Hay comunidades sefaraditas como las de Turquía y Egipto, que acostumbran a finalizar con las costumbres luctuosas en la noche del día treinta y tres, Lag Ba’Omer. Si bien hoy la costumbre más extendida entre los sefaraditas de la Tierra de Israel no es así, en caso de existir una gran necesidad de flexibilizar la norma, se puede consultar a una autoridad rabínica.

4 – La tradición ashkenazi.

La usanza ashkenazi que predomina actualmente en la Tierra de Israel es el resultado de la confluencia de diferentes tradiciones. La mayoría de las costumbres de duelo se prolongan hasta Lag Ba’ Omer y algunas continúan en vigencia después. Según la tradición, la epidemia cesó el día treinta y tres del “Omer”, empero los discípulos que se enfermaron con anterioridad a esta fecha continuaron falleciendo hasta Shavuot (Maharal en Jidushei Agadot Livamot 62(B)). Por lo tanto se acostumbra a no cortarse el cabello, desposar una mujer, tocar música o bailar hasta Lag Ba’Omer, mientras que con posterioridad a esa fecha se limita únicamente la celebración de bodas o fiestas grandes. Otra razón radica en que durante las Cruzadas y los episodios de 1648-9 fueron masacrados cientos de miles de judíos de las comunidades ashkenazíes, y estas matanzas acaecieron principalmente en los últimos días del conteo del “Omer”, por lo que durante esos días en esta comunidad se evitan de realizar grandes celebraciones. Empero desde el inicio del mes de Siván se acostumbra a permitir la realización de casamientos por efecto de la cercanía de la alegría de la fiesta de Shavuot, que ya se divisa desde le novilunio y deja sin efecto las costumbres de duelo. Hay quienes tienen una opinión más flexible y permiten desposar una mujer desde Lag Ba’Omer en adelante y se abstienen únicamente de la celebración de grandes fiestas que no conmemoran el cumplimiento de un precepto, hasta Shavuot.

El mismo día de Lag Ba’Omer está permitido desposar una mujer y cortarse el cabello. Empero están divididas las tradiciones respecto de la noche del día treinta y tres. Unos opinan que también en la noche de Lag Ba’Omer está permitido desposar una mujer y cortarse el cabello pues todo el día es alegre. Otros opinan que es necesario cumplir con treinta y tres días seguidos de duelo por lo que solo al llegar la mañana de Lag Ba’Omer se puede considerar una parte del día como su completitud y se permite cortar el cabello y contraer matrimonio.

A priori se acostumbra a seguir la idea más estricta, pero de presentarse una gran necesidad se puede actuar según la opinión más flexible y según todas las tradiciones se puede llevar a cabo en la noche del treinta y tres una fiesta bailable.

5 – Matrimonio y compromiso en los días del conteo del “Omer”

Una vez analizada la cuestión del período en el cual rigen las costumbres luctuosas, podemos resumir las leyes que las rigen en las diferentes tradiciones. Los Gueonitas escribieron que desde que fallecieron los alumnos de Rabí Akiva no se ha de desposar una mujer entre Pesaj y Shavuot.

En opinión de algunos juristas los únicos matrimonios que se evitan en estos días son los opcionales, como es el caso de quien ya se casó anteriormente y cumplió con el precepto de traer hijos al mundo, empero quien aún no haya tenido descendencia, puede casarse en los días del conteo del “Omer”, pues el precepto de contraer matrimonio se antepone a la costumbre de no celebrarlo en esa fecha (Ridbaz y Perí Jadash). En la práctica, los sabios de las últimas generaciones coinciden en que la costumbre también indica, que quien no haya aún cumplido con el precepto de traer hijos al mundo, no habrá de casarse en estos días pues de otra manera casi que no tendría sentido la costumbre de mantener duelo. Empero está permitido volver a unirse con la mujer de la cual se divorció en su momento, ya que es un precepto y no implica una adición de alegría (Mishná Berurá 493:1, Kaf HaJaím 2-3).

Según la tradición de la mayoría de los sefaraditas la prohibición de contraer matrimonio se extiende desde el inicio del conteo del Omer hasta la mañana del día treinta y cuatro, momento a partir del cual se pueden contraer enlaces. Pero hay también algunas comunidades sefaraditas que acostumbraron permitir casamientos desde Lag Ba’Omer y en caso de gran necesidad se puede proceder según esa costumbre de acuerdo con la indicación de una autoridad halájica (ver arriba el inciso 3).

Los ashkenazíes en la Tierra de Israel acostumbran a prohibir la celebración de casamientos desde el inicio del conteo del “Omer” hasta el día veintinueve del mes de Iyar, y a partir del primero de Siván se permite nuevamente. Algunos rabinos son más flexibles y permiten contraer matrimonio a partir de Lag Ba’Omer a quienes aún no han cumplido con el precepto de traer hijos al mundo, y en caso de que se presente la necesidad, corresponde asesorarse con una autoridad rabínica. Respecto del mismo día de Lag Ba’Omer todas las tradiciones ashkenazíes permiten contraer matrimonio, habiendo quienes extienden la autorización también a la noche. Si el enlace fue contraído en horas del día de Lag Ba’Omer todas las opiniones coinciden con que se pueden extender las celebraciones a la noche del treinta y cuatro.

El día veintiocho del mes de Iyar se conmemora el día de la liberación de Jerusalém (en la guerra de los seis días. N. de T.), y de acuerdo con una disposición del Supremo Rabinato de Israel, ese día está permitido contraer matrimonio según todas las tradiciones ashkenazíes.

Quien fue invitado a una boda en un día que según la tradición de su comunidad no se celebran enlaces pero que según la tradición del novio se permiten, puede participar de la fiesta y del banquete y bailar junto con los novios (Igrot Moshé Oraj Jaím 1:159).

La prohibición recae únicamente sobre casamientos, mientras que fiestas que hoy se denominan compromiso o «erusin», están permitidas, a condición de que se celebren sin acompañamiento musical.

6 – Corte de cabello.

Los sabios medievales escribieron que no se debe cortar el cabello en los días del conteo del “Omer”. Tal como ya estudiamos (incisos 3 y 4) para la tradición sefaradita, la prohibición del corte de cabello se extiende hasta la mañana del día treinta y cuatro y para la tradición ashkenazí hasta la mañana del treinta y tres, habiendo quienes permiten hacerlo desde la noche de ese día tal que en caso de necesidad uno puede apoyarse en esa opinión.

La prohibición se refiere de manera específica al corte de cabello que reviste un carácter festivo o de alegría, empero se puede cortar el bigote cualquier día del conteo si molesta a la hora de comer. Asimismo en el caso en que el cabello crecido genere incomodidades tales como dolores de cabeza o por efecto de heridas existentes en el cuero cabelludo, puede cortarse el cabello en estos días (según el Shulján Aruj 551:13, 531:8, Mishná Berurá 21 y Beur Halajá allí, Sidur Pesaj Kehiljató 12:8-9).

También las mujeres tienen prohibido cortarse el cabello en esos días, empero si es por necesidades relativas al recato se puede, como en el caso de una señora a quien los cabellos se le sobresalen por fuera de su cobertura de cabeza (Shulján Aruj 551:13, Mishná Berurá 79). En caso de que sea necesario, las mujeres tienen permitido quitar algo que provoca un fuerte rechazo estético como por ejemplo depilarse las cejas y quitar vello del rostro (Piskei Teshuvot 493:7 citando al Rav Shlomo Zalman Oierbaj y ver Igrot Moshé Ioré Deá 2:137).

La prohibición del corte de cabello aplica también para los niños y en caso de gran necesidad como por ejemplo evitarles dolor o sufrimiento se permite el corte (ver Shulján Aruj 551:14, Mishná Berurá 82).

En el caso de una circuncisión, tanto el padre del niño como el padrino y el circuncidador (mohel) tienen permitido cortarse el cabello de cara a la celebración (Mishná Berurá 493:12 y la ley referente a Yom Haatzmaut se explicará en el capítulo 4 inciso 11). Cuando Rosh Jodesh Iyar cae en Shabat, de acuerdo con la tradición ashkenazí, está permitido cortarse el cabello en la víspera (Mishná Berurá 493:5). Según la tradición sefaradita solo en caso de gran necesidad esto se puede permitir (Kaf HaJaím 493:42).

Quienes se conducen según las costumbres del Arí z”al, se abstienen de cortarse el cabello todos los días del conteo del Omer hasta la víspera de Shavuot, cuando lo hacen en honor a la fiesta. Según esta tradición, ni siquiera en virtud de una circuncisión se permite cortar el cabello y solamente a los niños de tres años de edad se les corta el cabello en Lag Ba’Omer (Kaf Ha Jaím 493:13).

7 – Afeitado

Respecto del afeitado surge la siguiente pregunta: quien acostumbra a afeitarse a diario durante todo el año, ¿tiene permitido hacerlo durante el conteo del “Omer”? Según la mayoría de las opiniones, el afeitado es un caso particular del corte de cabello, por lo que los días que lo uno está vedado lo otro también lo está. Así se acostumbra a hacer en la mayoría de las ieshivot, al punto de que no afeitarse se ha transformado en la señal más notoria de duelo en los días del conteo del “Omer”.

Empero hay quienes opinan que entre corte de cabello y afeitado existe una gran diferencia. El corte de cabello tiene un aspecto festivo y la prueba es que la gente suele hacerlo previo a una fiesta o gran celebración, al tiempo que el afeitado es una acción rutinaria que se realiza a diario o cada pocos días y tiene por finalidad quitar el vello facial que afecta la estética de quienes acostumbran a hacerlo asiduamente, por lo que no sería parte de la prohibición del corte de cabello. De acuerdo a esta idea, en vísperas de Shabat es menester afeitarse en especial, para no recibir el día sagrado de manera no respetable.

Aquellos que quieran apoyarse en la idea que permite afeitarse pueden hacerlo y no se les debe de criticar, empero lo mejor es que cada quien mantenga la tradición paterna o la de su rabino. Esto se debe a que si bien por la base de la ley, uno puede apoyarse en la opinión más flexible, no es posible ignorar el hecho de que en la costumbre de no afeitarse en los días del conteo del “Omer” encontramos una expresión fehaciente de la disposición a sacrificar la comodidad individual en aras del cumplimiento de las costumbres. Por lo tanto corresponde que cada quien actúe según su tradición paterna o la de su rabino, pues en el área de las costumbres, la influencia del medio ambiente es más relevante que las finas puntualizaciones halájicas respecto de la pregunta de si el afeitado es parte de las costumbres de duelo.

8 – Bailes e instrumentos musicales.

Por cuanto que en los días del conteo del “Omer” se acostumbró a que no abunden los eventos festivos opcionales, los juristas de las últimas generaciones escribieron que se deben de prohibir las fiestas y los bailes opcionales (Maguén Abraham 493:1). Asimismo se acostumbró a prohibir tanto la ejecución como la audición de música instrumental.

Según la tradición sefaradí si bien las costumbres luctuosas se extienden hasta la mañana del día treinta y cuatro del Omer, el día treinta y tres, Lag Ba’Omer, está permitido tocar instrumentos y bailar en honor del aniversario del fallecimiento de Rabí Shimon Bar Iojai. Pasado el día treinta y tres la prohibición continúa durante la noche del treinta y cuatro y por la mañana del treinta y cuatro se acaban todas las costumbres luctuosas.

Según la tradición ashkenazí la prohibición se extiende hasta la conclusión del día treinta y dos del “Omer” y a partir del treinta y tres por la noche ya se puede tocar música, danzar y alegrarse en honor de Rabí Shimon Bar Iojai. Según la tradición ashkenazí mayoritaria, pasado Lag Ba´Omer es correcto abstenerse de fiestas grandes como ser eventos bailables hasta Shavuot, empero se permite ejecutar y escuchar música instrumental. Asimismo está permitido realizar actividad física aeróbica con acompañamiento musical, ya que esa danza es fundamentalmente gimnástica y no expresión de alegría.

En los días de Jol Hamoed Pesaj se acostumbra a tocar instrumentos y bailar, pues alegrarse en esos días es preceptivo (Mishná Berurá 529:16, ver Piskei Teshuvot 493:6). Sin embargo, no se celebran matrimonios en Jol Hamoed, pues “no se debe de entremezclar una alegría con otra” (Shulján Aruj Oraj Jaím 546:1). Asimismo los sabios prohibieron cortarse el pelo en Jol Hamoed para que la gente se lo corte previo a la fiesta (ídem 531:2).

Un judío que se gana el sustento tocando música en fiestas de gentiles, tiene permitido hacerlo en los días del “Omer”. Asimismo está permitido aprender y enseñar a tocar instrumentos en estos días, ya que no se trata de una ejecución instrumental festiva o alegre (Sidur Pesaj Kehiljató 12:16 y ver Piskei Teshuvot 493:4). Empero un alumno que no estudia de manera continua todo el año, de ser posible, es bueno que el receso caiga sobre el período de duelo del conteo del “Omer”, y en caso de que solo pueda hacer un receso al año, es mejor que lo postergue para las tres semanas que van del diecisiete de Tamuz al 9 de Av (ver capítulo 8 inciso 2).

9 – Circuncisión, introducción de un nuevo rollo de la Torá y Bar Mitzvá.

Está permitido celebrar banquetes de mitzvá en los cuales se canta y baila, tal como se acostumbra a hacer durante todo el año. Por ejemplo, está permitido celebrar banquetes festivos para celebrar una circuncisión (brit milá), el rescate de un primogénito (pidión haben) o la conclusión del estudio de un tratado del Talmud en los días del conteo del Omer. Quien acostumbra durante todo el año a acompañar estas celebraciones con bailes y música alegre tiene permitido hacerlo pues se trata de una «alegría de mitzvá».

Allí donde se acostumbra a invitar músicos para acompañar alegrías de mitzvá, está permitido hacerlo durante los días luctuosos del conteo del “Omer”. Si bien hay quienes se abstienen de ello, dado que se trata de una duda relativa a una costumbre de duelo, la halajá se dicta conforme a los juristas más flexibles. Empero, cuando no es claro que se acostumbra a invitar músicos, es mejor abstenerse de hacerlo en estos días.

Está permitido introducir un nuevo rollo de la Torá en una sinagoga (hajnasat Sefer Torá) y acompañar el evento con música instrumental, canciones y bailes ya que se trata de una celebración de mitzvá.

Lo mismo ocurre en el caso de la celebración de una Bar Mitzvá, que se lleva a cabo el mismo día en que el joven cumple años, en ese caso se celebra así como se acostumbra a hacerlo durante todo el año. Empero, en el caso en que la celebración no se realice el mismo día que el joven cumple años, se puede realizar el banquete pero sin acompañamiento musical. En caso de que se concluya el estudio de un Tratado del Talmud o uno de los seis órdenes de la Mishná, al inicio del banquete se podrá acompañar con música tal como se acostumbra en toda celebración de Bar Mitzvá durante todo el año.

10 – Escuchar música de un artefacto eléctrico doméstico.

La mayoría de los juristas opina que no hay diferencia entre escuchar música en vivo y escucharla través de la radio o cualquier otro artefacto electrónico, por lo que así como está prohibido escuchar música instrumental en los días del conteo del “Omer” hasta el día treinta y tres y durante las Tres Semanas que van del diecisiete de Tamuz al 9 de Av, asimismo está prohibido escucharla de aparatos electrónicos. Empero se pueden escuchar canciones sin acompañamiento instrumental a través de aparatos electrónicos (Igrot Moshé Ioré Deá 2:137, Iejavé Daat 6:34). Hay quienes incluso prohíben escuchar canciones sin acompañamiento instrumental vía estos aparatos, pues para estos juristas el artefacto es considerado como instrumento musical (Tzitz Eliezer 16:33, Shevet Haleví 8:127).

Sin embargo, hay quienes opinan que la costumbre de prohibir escuchar instrumentos musicales en estos días no aplica a su audición mediante aparatos electrónicos, pues en esta audición no hay un componente festivo similar a escuchar música en vivo. Además, hoy en día todos están acostumbrados a escuchar melodías en la radio y otros artefactos, por lo que al transformarse en algo rutinario pierde su carácter festivo y entra en la categoría de música vocal permitida en los días del conteo del “Omer”. Más aún, estos juristas sostienen que las canciones se deben de dividir entre las de carácter corriente y las especialmente alegres, pues solo éstas últimas corresponde prohibirlas durante estos días, aunque se escuchen mediante un artefacto electrónico; empero canciones corrientes y por supuesto que canciones tristes no se deben de prohibir en los días del conteo del “Omer”. Quien quiera actuar de un modo más flexible, tiene la posibilidad de apoyarse en esta opinión. Consideramos que, según todas las opiniones, quien conduce un automóvil y teme dormirse, tiene permitido oír música para mantenerse despierto. Asimismo consideramos que canciones corrientes no deben de oírse con un volumen muy elevado, pues la potencia del sonido por si misma genera un cierto carácter festivo.

11 – El recitado de la bendición de «Shehejeianu»

En los días del conteo del “Omer” está permitido adquirir una fruta nueva de la estación y recitar sobre ésta la bendición correspondiente de «Shehejeianu», así como también se permite comprar una prenda nueva o un mueble nuevo. Empero, en las comunidades ashkenazíes, en virtud de las Cruzadas y las masacres espantosas que fueron perpetradas por los cristianos en este período, los rabinos hicieron más estrictas las costumbres luctuosas llevándolas al nivel de las de las ‘Tres Semanas’. Por lo tanto, así como en éstas semanas está prohibido recitar la bendición de «Shehejeianu», pues sería incoherente agradecer a D´s por haber llegado a los días de la destrucción del Templo, de la misma forma no corresponde recitar la misma bendición en días en los cuales tantos judíos fueron masacrados santificando el nombre de D´s.

En la práctica, se sentenció que no hay impedimento para recitar «Shehejeianu» en los días del “Omer”, y que no deben de ser equiparados a las Tres Semanas. Por lo tanto, quien quiera abstenerse en estos días de adquirir ropa y muebles nuevos será bendecido, empero en caso de necesidad imperiosa, aún quien se comporte con estrictez, tiene permiso de flexibilizar su conducta. Por ejemplo, quien tiene mucha necesidad de adquirir un mueble o una prenda puede hacerlo, y a quien se le presenta una oportunidad única de adquirir el mueble o la prenda a un precio de ocasión, puede adquirirlo. De acuerdo con la usanza más estricta, la prenda ha de ser estrenada en Shabat, en Rosh Jodesh, en Yom Haatzmaut o en un banquete festivo por el cumplimiento de un precepto. Asimismo, si adquirió un mueble nuevo debe intentar de comenzar a usarlo en estos momentos que son tiempos de alegría.

Está permitido adquirir un inmueble e ingresar a vivir en él en estos días, y especialmente cuando se trata de una casa en la Tierra de Israel, y más aún si se trata de un inmueble ubicado en una zona carente de presencia judía, ya que todo aquél que adquiere allí una casa, cumple de manera sobresaliente con el precepto de habitar la Tierra de Israel. Si el adquiriente es individual habrá de recitar la bendición de «Shehejeianu», mientras que si los adquirientes son una pareja habrán de recitar «Ha Tov ve Hameitiv».

Está permitido invitar amigos a una comida, a condición que en ésta no se toquen instrumentos musicales. Asimismo está permitido realizar viajes y paseos, pues la prohibición recae sobre actividades alegres y no sobre actividades placenteras. Empero, hay quienes son más estrictos y se abstienen de pasear, pero en las reglas luctuosas de estos días del “Omer”, la halajá se definió de acuerdo a la idea más flexible. De todas maneras, si se trata de un paseo escolar es mejor posponerlo hasta después de Lag Ba’Omer pues va acompañado de mucha alegría, empero si se trata de un paseo educativo o una sesión itinerante de estudio, está permitido llevarlos a cabo a priori.

12 – Conciso resumen de los días alegres dentro del conteo del “Omer”.

En Jol Hamoed Pesaj no se aplica ninguna costumbre luctuosa pues es preceptivo alegrarse en esos días, tal como se explicó anteriormente en el inciso 8 respecto de la ejecución de música instrumental.

Según muchos juristas en Rosh Jodesh Iyar está permitido cortarse el cabello, pues se asemeja a un día festivo (Yom Tov) y no se aplican sobre éste costumbres luctuosas. En la práctica, la costumbre más extendida es no cortarse el cabello en Rosh Jodesh Iyar y así lo dictaminó el Shulján Aruj (493:3).

Cuando Rosh Jodesh Iyar cae en Shabat, según la tradición ashkenazí está permitido cortarse el cabello en la víspera, por cuanto que estamos ante una alegría suplementaria y asimismo ese mismo viernes está permitido contraer matrimonio antes de la entrada del Shabat, de modo tal que la alegría y el banquete caigan ya en Shabat y en Rosh Jodesh. La costumbre más extendida entre los sefaradíes es de hacerlo de esta manera solo en caso de gran necesidad.

Yom Haatzmaut es un día de acción de gracias, por lo que corresponde afeitarse de caras a su celebración y hasta se permite cortar el cabello, empero está prohibido contraer matrimonio (ver más adelante capítulo 4 inciso 11).

En Lag Ba’Omer, según la tradición ashkenazí, está permitido cortarse el cabello y desposar una mujer mientras que para la tradición sefaradí está prohibido, tal como se vio anteriormente en los incisos 3 y 4.

Cuando Lag Ba’Omer cae un día viernes también los sefaradíes tienen permitido cortarse el cabello y afeitarse (Shulján Aruj 493:2).

Cuando Lag Ba’Omer cae un día domingo, según la tradición ashkenazí está permitido cortarse el cabello el viernes anterior, mientras que para los sefaradíes está prohibido (ver arriba inciso 8).

El veintiocho de Iyar, día de la liberación de Jerusalém, según la tradición de muchos Ashkenazíes que no desposan una mujer hasta Rosh Jodesh Siván, les está permitido contraer matrimonio y acompañar el evento con grandes celebraciones (ver más adelante capítulo 4 inciso 11).

1 – El precepto de asentarse en la Tierra de Israel.

El día 5 de Iyar del año cinco mil setecientos ocho desde la creación del mundo, cuando se estableció el Estado de Israel, el pueblo judío tuvo el mérito de poder cumplir con el precepto de asentarse en la Tierra de Israel. Si bien con anterioridad cada judío que habitaba la Tierra de Israel cumplía un precepto, tal como está escrito (Talmud Tratado de Ktuvot 110(B)): «Un judío debe siempre vivir en la tierra de Israel aunque esté solo en medio de una ciudad de idólatras y no habrá de vivir fuera de la Tierra de Israel aunque sea en una ciudad de mayoría judía, ya que todo judío que habita en la Tierra de Israel es como si tuviese D´s y todo judío que habita fuera de la Tierra de Israel es como si no tuviese D´s». De todas maneras el precepto se cumple principalmente por intermedio de todo el pueblo de Israel mediante el ejercicio de la soberanía judía sobre la tierra patria, y el precepto individual de cada judío de habitar en ella, se deriva del precepto colectivo que pende sobre toda la nación.

Sobre esto está escrito (Números 33:53): «Y desposeeréis a los habitantes de la tierra y morareis en ella porque Yo os la he dado a vosotros». «Desposeeréis» implica conquistar la tierra y ejercer sobre ella la soberanía, y «morareis» implica, habitarla para que no permanezca desolada. Asimismo está escrito: (Deuteronomio 11:31): «y la poseeréis y viviréis en ella». Najmánides describió el precepto a cumplir de la siguiente manera: «se nos ordenó heredar la tierra que D´s dio a nuestros ancestros Abraham Itzjak y Yaakov y no debemos abandonarla a manos de otra nación o dejarla desolada» (agregados a los preceptos positivos 4).

Este precepto recae sobre el pueblo de Israel en todas las generaciones, aunque por muchos años no pudimos cumplir el precepto pues carecíamos de ejército y armamento para conquistar nuestra tierra y asentarla. Gracias a D´s, en las últimas generaciones, el espíritu nacional se despertó y los judíos se reunieron paulatinamente en la Tierra de Israel, plantaron en ella árboles, desarrollaron su economía, organizaron una fuerza de defensa, lucharon contra un gobierno extraño y así cuando el Mandato Británico sobre la Tierra de Israel llegó a su fin, nuestros representantes pudieron declarar el establecimiento del Estado de Israel. Desde entonces el pueblo judío comenzó colectivamente a cumplir con el precepto de asentarse en la Tierra de Israel y si bien aún, no todo el territorio patrio está en nuestras manos, y todavía dependemos en cierto grado de las naciones del mundo, volvimos al cumplimiento real del precepto de asentarnos en nuestra patria ancestral.

Las leyes referentes al duelo por la destrucción de la Tierra de Israel, tienen una estrecha relación con el grado de soberanía judía que sobre la misma se ejerce. Nuestros sabios dispusieron que todo aquél que ve las ciudades de Judea destruidas ha de recitar: «tus ciudades sagradas se transformaron en desierto», y paso seguido debe rasgar sus vestiduras. Los juristas explican que la definición de destruidas depende del gobierno, ya que cuando la Tierra de Israel está regida por extraños, aunque la mayoría de los habitantes de las localidades sean judíos se les considera destruidas y se rasgan las vestiduras al divisarlas. Por el contrario, cuando la Tierra de Israel está gobernada por judíos, aunque la mayoría de los habitantes sean no judíos no se las considera destruidas y no se rasgan las vestiduras al contemplarlas (Beit Iosef y Bait Jadash Oraj Jaím 561, Maguén Abraham 1, Mishná Berurá 2).

Nuestros sabios elogiaron de sobremanera el precepto de asentarse en la Tierra de Israel al grado de que la hicieron equivalente al cumplimiento de todos los preceptos (Sifrí Reé 53).

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