04. Al despertar por la mañana.

01. Despertar «cual león»

«Habrá de sobreponerse  cual león para levantarse por la mañana y servir a su Creador, de modo tal que sea él quien despierta a la aurora» (del comienzo del Shulján Aruj Oraj Jaím 1:1).

La manera en la  que una persona se levanta por la mañana guarda estrecha relación con su estado anímico general, e influencia sobre su actuación a lo largo del día. Una mujer que tiene un objetivo en la vida se levanta de buena gana y se dirige diligentemente al encuentro de una nueva jornada. Generalmente ella se ha de levantar temprano por la mañana para alcanzar a hacer más cosas durante el día.

Sin embargo, una mujer que siente que perdió sus valores y su rumbo en la vida, perdió el  sentido de su existencia y carece de un desafío que la impulse a levantarse temprano. Por lo tanto, por la mañana siente cansancio y angustia y solo cuando no tiene más remedio se levanta tarde, y lentamente se encamina hacia otro día gris y tenebroso. En cambio, si se refuerza en su fe y se levanta velozmente, se despertarán en su interior la  vitalidad y la  alegría que le permitirán comenzar su día enérgicamente.

Los sabios de las últimas generaciones (Ajaronim) nos enseñan que al despertarse es bueno recitar: «Doy gracias a Ti, Rey viviente y eterno, pues Tú has restituido misericordiosamente mi alma dentro de mí; Tu fidelidad es grande» (Seder Haiom, Mishná Berurá 1:8). La fe le confiere al Hombre un objetivo en su existencia. Si D´s decidió concederle la vida, implica que ésta es de un gran valor y esta certeza le permite levantarse por la mañana, veloz y diligentemente. Nuestros sabios nos dijeron que había que sobreponerse cual león ya que éste simboliza a quien se quiere a sí mismo y reconoce su valor propio, y por esto se enfrenta a todos los obstáculos que se presentan en su camino (ver Likutei Halajot LeMoharán).

02. Vestirse con recato.

Cuando una persona se viste, aunque se encuentre sola en su casa, corresponde que se conduzca con recato y cubra su cuerpo. No habrá de decir: dado que estoy entre cuatro paredes ¿quién puede verme? Pues el Creador, Bendito Sea, es omnipresente y corresponde que la persona honre al Eterno y a la imagen y semejanza Divinas que anidan en su seno y cubra su cuerpo con ropas. Respecto a los hombres, corresponde que al estar solo cubra todas las partes que suele mantener cubiertas cuando se encuentra con su familia o amigos cercanos. En cuanto a las mujeres, dado que las reglas del recato han sido definidas, se les indica que las mangas alcancen el codo y la falda llegue más debajo de las las rodillas. Así es correcto que se encuentre vestida en su casa aunque esté sola.

En el caso de muchachas que viven en colegios con dormitorios o internados, aunque todas allí sean mujeres es apropiado que estén en sus habitaciones vestidas según las reglas del recato. A la hora de vestirse, es bueno cuidarse de no cambiarse la ropa interior en la habitación sino en el cuarto de baño, toilette o bajo cobertura (Peninei Halajá Tefila 7:1)

En cuanto a la cobertura del cabello de la mujer casada cuando está en su casa, hay quienes sostienen que puede estar con la cabeza descubierta ya que la obligatoriedad de cubrirla es menor que la de cubrir el cuerpo, la prueba es que muchachas solteras no están preceptuadas de cubrir sus cabezas mas si su cuerpo. Hay otros juristas más estrictos que consideran que la mujer debe cubrir su cabeza también cuando está sola en su casa (Peninei Halajá Likutim 3:6 y 18). Empero, cuando la mujer está en su dormitorio sola, o con su marido en los días en los que está pura, no necesita cubrir la cabeza.

 

A los efectos de aclarar el tema del recato es importante prologar que cuando el Primer Hombre fue creado era puro y limpio, tanto física como espiritualmente, y no sentía necesidad alguna de vestirse. Sin embargo, tras el pecado primigenio comenzó a avergonzarse de su desnudez y desde entonces todos nos vestimos y cubrimos nuestro cuerpo, especialmente aquellas partes del mismo que guardan estrecha relación con el deseo sexual y la evacuación de residuos.

El cuerpo al descubierto pone en extrema evidencia el aspecto material y animal del ser humano. Es cierto que en el cuerpo humano y la multiplicidad de sus órganos encontramos una vasta serie de profundas y maravillosas insinuaciones respecto del alma, de las cuales la Kabalá se ocupa extensamente, amén de que el objetivo del mismo es materializar todas esas excelsas ideas. Empero en virtud del pecado primigenio, nuestra visión se tornó mucho más superficial, y a primera vista nuestros ojos solamente perciben el aspecto físico del cuerpo que nos hace olvidar su intimidad espiritual. Por lo tanto se deben ocultar las partes cubiertas del cuerpo para de esa manera poner de relieve la espiritualidad interior, ya que ella es la fuente de la verdadera belleza, y de esa manera una sutil hermosura se ha de expandir a todo el físico. Por esta razón nuestros sabios, de bendita memoria, dijeron que el recato preserva la belleza dado que estimula su fuente eterna (ver Midrash Rabá 1:3).

Además de poner énfasis en el aspecto espiritual del hombre expresado en la contención que hay en el recato, las reglas del decoro ofrecen un aporte importantísimo a la tarea de concentrar las energías vitales corporales con el fin de fortalecer el vínculo entre el hombre y su mujer. El recato transforma la pasión en amor. Muchos creen erróneamente que el recato tiene por propósito ocultar la belleza y reprimirla alegría de vivir. Todo lo contrario es verdad, el recato preserva la belleza y la vitalidad para la pareja con la cual contrajo el lazo nupcial a los efectos de que abunde el amor, el apego y la vida.

03.  La costumbre de los piadosos a la hora de vestirse y calzarse.

Es costumbre de los piadosos de anteponer en todos los aspectos  la derecha a la izquierda, dado que la Torá dio mayor importancia a la derecha (por ejemplo al rociar  el Cohen en el Santuario, sobre el dedo gordo de la mano o el pie derechos en primera instancia). Según la Kabalá, la derecha alude al «jesed» o generosidad mientras que la izquierda alude al «din» o rigor, por lo que es importante imponer la generosidad por sobre el rigor. Por lo tanto, los píos se cuidan de comer con la mano derecha, al lavarse o untarse una crema, anticipan la mano derecha a la izquierda así como el pie derecho al pie izquierdo.

Quien lava todo su cuerpo, comenzará por su cabeza y luego seguirá anticipando la derecha. A la hora de vestirse, los píos suelen colocar primero la manga derecha así como también antecederán el pie derecho en el pantalón y en los calcetines. Al desvestirse, se quitarán la ropa primeramente  del lado izquierdo.

Respecto de los zapatos la ley es más compleja. Por una parte corresponde anteceder la derecha y por la otra vemos del tefilín que se amarra en el brazo izquierdo, por lo que en todo lo relacionado con la acción de atar la izquierda precede a la derecha. Por lo tanto se ha de colocar primero el zapato derecho y luego el izquierdo sin amarrar los cordones y de esa manera antecedió derecha a izquierda;  luego, a la hora de atar los cordones que comience por el zapato izquierdo y luego amarre le derecho (Talmud Babilonio Tratado de Shabat 61(A), Shulján Aruj Oraj Jaím 2:4).

Si una mujer es zurda de mano o pie habrá de preceder la derecha tanto para calzar como para amarrar los cordones. Esto lo aprendemos del precepto de los tefilín, el zurdo amarra su filacteria en el brazo derecho, por lo que vemos que también el caso de un zurdo la derecha antecede a la izquierda a los efectos de amarrar.

La idea de la halajá es que toda acción que realicemos, aunque sea totalmente rutinaria como calzar zapatos, se lleve a cabo de la manera más exacta. De hecho, todas calzan a diario sus zapatos y por lo tanto ¿por qué no habrían de aprender a hacerlo de la manera correcta? Es claro que quien calzó o ató sus cordones en orden inverso no debe descalzarse para volver a hacerlo en el orden correcto.

Mediante estas reglas, nuestros sabios de bendita memoria nos enseñan a conferirle importancia a cada acción que realizamos. De esta manera aprendemos a comprender más profundamente todos los detalles que conforman nuestra vida.

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