02. Vestirse con recato.

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Cuando una persona se viste, aunque se encuentre sola en su casa, corresponde que se conduzca con recato y cubra su cuerpo. No habrá de decir: dado que estoy entre cuatro paredes ¿quién puede verme? Pues el Creador, Bendito Sea, es omnipresente y corresponde que la persona honre al Eterno y a la imagen y semejanza Divinas que anidan en su seno y cubra su cuerpo con ropas. Respecto a los hombres, corresponde que al estar solo cubra todas las partes que suele mantener cubiertas cuando se encuentra con su familia o amigos cercanos. En cuanto a las mujeres, dado que las reglas del recato han sido definidas, se les indica que las mangas alcancen el codo y la falda llegue más debajo de las las rodillas. Así es correcto que se encuentre vestida en su casa aunque esté sola.

En el caso de muchachas que viven en colegios con dormitorios o internados, aunque todas allí sean mujeres es apropiado que estén en sus habitaciones vestidas según las reglas del recato. A la hora de vestirse, es bueno cuidarse de no cambiarse la ropa interior en la habitación sino en el cuarto de baño, toilette o bajo cobertura (Peninei Halajá Tefila 7:1)

En cuanto a la cobertura del cabello de la mujer casada cuando está en su casa, hay quienes sostienen que puede estar con la cabeza descubierta ya que la obligatoriedad de cubrirla es menor que la de cubrir el cuerpo, la prueba es que muchachas solteras no están preceptuadas de cubrir sus cabezas mas si su cuerpo. Hay otros juristas más estrictos que consideran que la mujer debe cubrir su cabeza también cuando está sola en su casa (Peninei Halajá Likutim 3:6 y 18). Empero, cuando la mujer está en su dormitorio sola, o con su marido en los días en los que está pura, no necesita cubrir la cabeza.

 

A los efectos de aclarar el tema del recato es importante prologar que cuando el Primer Hombre fue creado era puro y limpio, tanto física como espiritualmente, y no sentía necesidad alguna de vestirse. Sin embargo, tras el pecado primigenio comenzó a avergonzarse de su desnudez y desde entonces todos nos vestimos y cubrimos nuestro cuerpo, especialmente aquellas partes del mismo que guardan estrecha relación con el deseo sexual y la evacuación de residuos.

El cuerpo al descubierto pone en extrema evidencia el aspecto material y animal del ser humano. Es cierto que en el cuerpo humano y la multiplicidad de sus órganos encontramos una vasta serie de profundas y maravillosas insinuaciones respecto del alma, de las cuales la Kabalá se ocupa extensamente, amén de que el objetivo del mismo es materializar todas esas excelsas ideas. Empero en virtud del pecado primigenio, nuestra visión se tornó mucho más superficial, y a primera vista nuestros ojos solamente perciben el aspecto físico del cuerpo que nos hace olvidar su intimidad espiritual. Por lo tanto se deben ocultar las partes cubiertas del cuerpo para de esa manera poner de relieve la espiritualidad interior, ya que ella es la fuente de la verdadera belleza, y de esa manera una sutil hermosura se ha de expandir a todo el físico. Por esta razón nuestros sabios, de bendita memoria, dijeron que el recato preserva la belleza dado que estimula su fuente eterna (ver Midrash Rabá 1:3).

Además de poner énfasis en el aspecto espiritual del hombre expresado en la contención que hay en el recato, las reglas del decoro ofrecen un aporte importantísimo a la tarea de concentrar las energías vitales corporales con el fin de fortalecer el vínculo entre el hombre y su mujer. El recato transforma la pasión en amor. Muchos creen erróneamente que el recato tiene por propósito ocultar la belleza y reprimirla alegría de vivir. Todo lo contrario es verdad, el recato preserva la belleza y la vitalidad para la pareja con la cual contrajo el lazo nupcial a los efectos de que abunde el amor, el apego y la vida.

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