23. Leyes referentes a las fiestas y días festivos.

01. Rosh Jodesh y la bendición por la renovación del ciclo de la luna («Birkat Halevaná»)

En Rosh Jodesh es preceptivo comer abundantemente (Shulján Aruj Oraj Jaím 419:1) y está permitido realizar todo tipo de trabajo. Si bien las mujeres acostumbraron disminuir un tanto sus labores en este día, se trata de una buena costumbre, ya que en cierta forma es un día festivo para ellas. Éstas fueron más privilegiadas que los hombres en Rosh Jodesh por no haber participado del pecado del becerro de oro (Shulján Aruj 417:1, esto está ampliado en Peninei Halajá Zmanim 1:6-7).

Las mujeres están exentas de recitar la bendición por la renovación del ciclo de la luna por tratarse de un precepto marcado por el tiempo. Según la usanza ashkenazí, las mujeres pueden recitar bendiciones por el cumplimiento de preceptos marcados por el tiempo, pero de todas formas la costumbre más extendida es que no reciten ésta específicamente (Mishná Berurá 426:1).

02. Shofar y Musaf en los «Días Solemnes» («Iamim Hanoraím»)

Las mujeres están exentas del precepto de oír el toque del Shofar  ya que se trata de un precepto positivo marcado por el tiempo, pero aquellas que quieran cumplirlo son recompensadas. La costumbre extendida entre las mujeres judías es que sí escuchan el toque del Shofar. Si una persona que ya lo oyó  toca para señoras, no debe recitar la bendición para ellas. Si entre las presentes hay una mujer que se conduce según la usanza ashkenazí, que ella la recite previo al toque. Si hay más mujeres presentes, que respondan Amén al escuchar la bendición. En caso de que todas las mujeres presentes sigan la usanza sefaradí, cumplen con el precepto sin que se recite la bendición (Shulján Aruj 589:6, ver arriba 2:8).

Tal como vimos anteriormente (2:9) los juristas debatieron respecto de si las mujeres deben o no rezar Musaf. Hay algunos que consideran que como en el rezo de Musaf se pide clemencia a Hashem su status es idéntico al de los demás servicios obligatorios y por lo tanto según Rambán y la mayoría de los juristas, las mujeres tienen el deber de recitarlo. Además, dado que Musaf fue redactado en honor a la santidad del día las mujeres están preceptuadas de recitarlo al igual que deben recitar Kidush en Shabat (Maguén Guiborim). Otros juristas opinan que las mujeres están exentas de rezar Musaf ya que se trata de un precepto marcado por el tiempo (Tziún Lenefesh Jaiá). En la práctica, dado que se trata de un precepto de origen rabínico, la halajá final es de acuerdo a la opinión más flexible y por lo tanto las mujeres no tienen la obligación de rezar Musaf, empero aquella que quiera hacerlo puede y tiene en ello un gran mérito. En Rosh Hashaná y Yom Kipur corresponde que toda mujer rece Musaf pues en esta plegaria se encuentra el núcleo principal de las peticiones de clemencia ante Hashem en los días solemnes.

Las mujeres cumplen con el deber de anular votos y compromisos mediante el rezo de Kol Nidrei en la víspera de Yom Kipur. Por esta razón las mujeres acostumbran a llegar a la sinagoga para esta plegaria. Una mujer casada puede nombrar a su marido como su emisario de modo tal que cuando él libere sus propias promesas, anule también las de su esposa. Una mujer soltera, no tiene la posibilidad de nombrar a alguien que libere las promesas en su nombre (Shulján Aruj 239:56, Rav Pealim IV Oraj Jaím 34:5).

03. Sucot

La fiesta de Sucot posee dos preceptos marcados por el tiempo: habitar la sucá y sostener las cuatro especies («netilat lulav«), estando las mujeres exentas de ambos. En caso de que deseen cumplir con los mismos, son recompensadas. Según la usanza ashkenazí las mujeres deben recitar las bendiciones correspondientes  por el cumplimiento de ambos preceptos. Según la usanza sefaradí no deben recitar bendición por habitar la sucá, empero respecto de las cuatro especies algunas recitan y otras no y cada cual debe mantener su tradición.

Es preceptivo que las mujeres se alegren en los días festivos mediante el uso de ropa y joyas elegantes, ingestión de carne, vino, demás manjares y todo aquello que les provoque alegría (Shulján Aruj 529:2, Peninei Halajá Moadim 1:10). Es también preceptivo estar contentos en los días festivos intermedios («Jol Hamoed») y manifestarlo mediante el uso de ropa elegante y la ingestión de exquisiteces (Rambám Hiljot Iom Tov 6:17 y 22, Mishná Berurá Oraj Jaím 530, Peninei Halajá Moadim 10:3).

04. «Ellas también participaron del milagro en cuestión»- Pesaj, Purim y Jánuca.

Dijo Rabí Iehoshúa Ben Leví: las mujeres deben beber cuatro copas de vino en la noche del Seder (Talmud Babilonio Tratado de Pesajim 108(B)), leer la Meguilá de Esther en Purim (ídem Meguilá 4(A)) y encender velas de Jánuca (ídem Shabat 23(A)) ya que «ellas también participaron del milagro en cuestión».

Esto fue explicado de dos maneras: según Rashí y Rashbam (comentarios a Pesajim 108(B) y Shabat 23(A)) la obligación se deriva del hecho de que fueron socias activas en el milagro, ya que respecto de la salida de Egipto nuestros sabios dijeron que (ídem Sotá 11(B)): «en mérito de las mujeres justas del pueblo de Israel aquella generación fue redimida de Egipto». Esto obedece a que a pesar de los sinsabores de la opresión, las mujeres nunca perdieron la esperanza de que llegue la anhelada redención, consolaban a sus maridos y permitieron la aparición de la siguiente generación. En cuanto al milagro de Purim fue impulsado por una mujer, la Reina Esther y el de Jánuca comenzó con la acción de una mujer llamada Iehudit que valientemente cortó la cabeza del opresor, y de esa manera llevó a la derogación del decreto persecutorio contra las mujeres judías solteras (derecho de pernada n. de t.). En cierta manera vemos que en estos tres milagros la participación de las mujeres precedió a la de los hombres.

Muchos comentaristas entienden que la expresión «ellas también» implica que la principal obligación del cumplimiento del precepto recae sobre los hombres, y las mujeres «también» participan del cumplimiento junto a éstos por cuanto que en su momento «también participaron» del milagro (Tosafot Pesajim 108(B), Meguilá 4(A), así escribieron Rashbá, Ritbá, Rabenu Nisim, Hameiri y otros).

05. Janucá.

Tal como vimos, las mujeres están preceptuadas de encender velas de Jánuca ya que también participaron del milagro en cuestión. Una mujer casada cumple mediante el encendido de su marido y la hija con el de su padre. En caso de que éstos no enciendan por ausentarse del hogar o cualquier otro motivo, la mujer o la hija deben encender las velas. De más está decir que una mujer que vive sola enciende las velas por sí misma.

Una hija que vive en casa de su padre, según la usanza ashkenazí puede encender sus propias velas y recitar la bendición aunque su padre haya encendido. Según la usanza sefaradí, el dueño de casa es el único que enciende en su hogar (Peninei Halajá Zmanim 12:3-4).

Las mujeres acostumbran no realizar labores durante el lapso que las velas de Jánuca permanecen encendidas para así manifestar que fueron encendidas para cumplir un precepto y no para fines utilitarios. Además, el milagro de Janucá comenzó con la acción de Iehudit y por lo tanto, para las mujeres, tiene un significado especial y más elevado aún, equiparable al de Jol Hamoed (días festivos intermedios) en los cuales no se deben realizar labores.

Según la primera razón, las mujeres tienen prohibido cocinar o freír mientras las velas están encendidas ya que se teme que utilicen la luz de éstas para esos efectos. Según la segunda razón, no se permite realizar, mientras las velas están encendidas, aquellas labores vedadas en Jol Hamoed, por ejemplo coser o lavar ropa, empero sí se puede cocinar o freír, siendo ésta la usanza extendida. Aquellas familias en las que se acostumbra a no cocinar durante el encendido que mantengan su usanza.

Hay juristas que opinan que las mujeres están preceptuadas de recitar el Halel en Jánuca ya que ellas también participaron del milagro y por lo tanto deben agradecer. Empero según la mayoría de los juristas, no están preceptuadas de hacerlo, y esta es la costumbre extendida. Aquellas mujeres que deseen cumplir con excelencia y recitar el Halel serán bendecidas. En este caso, según la usanza ashkenazí el recitado incluye también la bendición correspondiente, mientras que según la sefaradí se dice el Halel sin recitarla.

06. La lectura de la porción de «Zajor».

Los juristas debatieron respecto de si las mujeres están o no preceptuadas de escuchar la lectura de la porción de «Zajor«. Según la opinión mayoritaria las mujeres están exentas pues la lectura de la porción está asociada al precepto de erradicación de Amalek, y dado que no están preceptuadas de ir a la guerra tampoco tienen la obligación de recordar lo que nos hicieron los amalecitas (Hajinuj 603). Otros opinan que las mujeres tienen participación en el precepto de ir a la guerra ya que pueden ayudar a los combatientes y por lo tanto deben también recordar a Amalek. Si bien los sabios establecieron un tiempo específico para leer la porción de «Zajor«, que es el Shabat anterior a Purim, la Torá no fijó un momento de cumplimiento del precepto por lo que no se trata de un precepto marcado por el tiempo, y por ende recae también sobre las mujeres (Minjat Jinuj allí).

En la práctica, la mayoría de los juristas considera que las mujeres están exentas  de escuchar la lectura de «Zajor«. De todas maneras a priori es bueno que la mujer la escuche para así cumplir con todas las opiniones. En el caso de una mujer que quiera cumplir el precepto pero se le dificulte asistir ese día a la sinagoga puede leer la porción del «jumash» (Torá impresa en un libro) en su casa, ya que según muchas opiniones de esa forma cumple con el precepto bíblico original. En aquellas sinagogas en las que se llevan a cabo clases para señoras, se puede extraer un rollo de la Torá y leer para estas la porción de «Zajor«. Aunque no haya un «Minian» presente, es excelente que escuchen la porción leída de un rollo de la Torá «casher«.

07. Purim

Las mujeres están preceptuadas de cumplir los cuatro preceptos de Purim que son: la lectura de la Meguilá (libro de Esther), envío de porciones de comida, dar presentes a los pobres y el banquete.

Respecto del envío de porciones de comida, la mujer cumple enviando dos de éstas a una amiga. La entrega de presentes a los pobres la cumple entregando dos presentes a dos necesitados. Las mujeres casadas también están preceptuadas de enviar porciones y entregar presentes a los pobres. Por lo tanto, cada matrimonio debe realizar dos envíos con dos porciones en cada uno, uno de parte de la mujer y el otro de parte del marido. Lo mismo ocurre con los presentes a los pobres: conjuntamente se deben entregar cuatro presentes, dos presentes a dos pobres de parte del marido y otro tanto de parte de la esposa (Mishná Berurá 695:25). Hay juristas que consideran que dado que se trata de una pareja, cumplen con sus deberes juntos mediante un solo envío de porciones de comida y dos presentes a necesitados solamente, sin embargo según esta opinión hijos e hijas mayores de edad no cumplen con su deber mediante la acción de sus padres (Aruj Hashulján). En la práctica, la halajá se estableció de acuerdo a la opinión mayoritaria y según esta la mujer casada debe realizar su propio envío de porciones y entregar presentes a los pobres (ver Peninei Halajá Zmanim 16:6).

Es preceptivo para las mujeres alegrarse en Purim mediante la ingestión de vino, empero deben evitar la embriaguez ya que ésta es más ignominiosa en las mujeres que en los hombres y además quiebra las normas de recato que realzan al género femenino (Talmud Babilonio Tratado de Ketuvot 65(a), Peninei Halajá Zmanim 16:11).

En cuanto a la costumbre de donar dinero en recordación del precepto del medio siclo de plata («Majatzit Hashekel«) que se entrega en víspera de Purim, hay quienes sostienen que las mujeres están exentas de hacerlo y quienes consideran que lo deben hacer. Hoy en día la costumbre extendida es dar, por lo menos, el equivalente a medio siclo de plata por miembro de la familia incluidos los embriones en el vientre materno (Peninei Halajá Zmanim 14:10).

08. Las mujeres y la lectura de la Meguilá (libro de Esther).

Según las opiniones de Rashí y Rambám las mujeres deben escuchar la lectura de la Meguilá al igual que los hombres e incluso una mujer puede leerla a su marido. Por otra parte, Baal Halajot Guedolot y Rabenu Jananel consideran que el deber femenino difiere del masculino ya que los hombres están preceptuados a cumplir con la lectura de la Meguilá mientras que las mujeres están preceptuadas a escucharla. Por lo tanto, cuando un hombre lee la Meguilá recita la bendición «Al Mikrá (lectura de) Meguilá» mientras que si una mujer la lee para sí recita «Lishmoa (escuchar) Meguilá«.

Según esta opinión, una mujer no puede hacer cumplir a su marido con el deber mediante su lectura. En el libro de responsa «Avnei Nezer» (Oraj Jaím 611) se explica que las mujeres deben escuchar la Meguilá a los efectos de publicitar el milagro por lo que están preceptuadas a escuchar y no a leer, mientras que los hombres están preceptuados de publicitar el milagro y de recordar a Amalek para proceder a su erradicación, y por lo tanto deben también leerla.

Dado que el debate respecto de la norma final entre los sabios medievales se encuentra emparejado, la mayoría de los sabios de las últimas generaciones indicó que la mujer no lea para su marido a los efectos de hacerlo cumplir con su deber. Sólo en un caso extremo en el que el hombre no pueda leer ni tenga la posibilidad de que otro lea para él, se acepta que su mujer lo haga, conforme a la opinión que entiende que una mujer puede hacer cumplir a un hombre con el precepto.

Según la opinión mayoritaria de los juristas, una mujer puede hacer cumplir a otras mujeres con el deber de la lectura de la Meguilá. Hay otros que opinan que una mujer no puede leer para muchas compañeras pues la lectura multitudinaria de la Meguilá se asemeja a la de la Torá en cuanto a su normativa y por lo tanto así como una mujer no lee la Torá tampoco debe llevar a cabo una lectura multitudinaria de la Meguilá. Otros opinan que si una mujer lee para otras mujeres no debe recitar la bendición correspondiente (Ben Ish Jai 301 Tetzavé 1, Kaf HaJaím 689:19).

La halajá final de acuerdo a la opinión mayoritaria de los juristas indica que una mujer puede leer para otras mujeres y hacerlas cumplir con su deber. En caso de que se trate de diez mujeres la lectora debe recitar la bendición posterior «Harav et Ribeinu«. A priori, es mejor que una mujer escuche la lectura de boca de un hombre para así cumplir con todas las opiniones. La manera más excelente de cumplir es escuchando la lectura de la Meguilá junto a los hombres en la sinagoga, ya que «la presencia multitudinaria de sus siervos es la Gloria del Rey».

09. La noche del Seder.

Las mujeres están preceptuadas de cumplir con todos los deberes de la noche del Seder: el relato de la salida de Egipto, la ingestión de matzá (pan ácimo) y maror (hierbas amargas), y beber las cuatro copas de vino ya que ellas también participaron del milagro en cuestión (Talmud Babilonio Tratado de Pesajim 108(B), Shulján Aruj 472:14, Mishná Berurá 479:9, ver arriba halajá 4).

Además, están preceptuadas de recitar esta noche el Halel, siendo la única oportunidad del año en que lo están (Tosafot Sucá 38(A)).

A priori, las mujeres deben sentarse reclinadas sobre el lado izquierdo a la hora de comer matzá y beber las cuatro copas empero si se olvidaron de hacerlo no deben volver a repetir la acción. Mujeres distinguidas que se olvidaron de ingerir la matzá reclinadas, es bueno que vuelvan a ingerirla en la posición correcta.

10. Conteo del Omer

Las mujeres están exentas del conteo del Omer ya que se trata de un precepto positivo marcado por el tiempo. Aquella mujer que desee cumplir con el precepto tiene en ello un gran mérito. Tal como vimos anteriormente (2:8) según la usanza sefaradí la mujer no habrá de recitar la bendición correspondiente al conteo mientras que la ashkenazí puede hacerlo.

Sin embargo, también entre los ashkenazíes hay juristas que piensan que como la mujer no se encuentra en la sinagoga a la hora del conteo del Omer corresponde temer que se olvide algún día de contar y continúe posteriormente contando y recitando la bendición previa sin darse cuenta. Según la halajá quien se olvida de contar un día no puede continuar haciéndolo con el recitado de la bendición, pues hay quienes opinan que si la recita posteriormente se trata de una bendición en vano. A los efectos de no ingresar en un área de duda, hay quienes opinan que según la usanza ashkenazí es mejor que las mujeres no reciten la bendición previa al conteo (Mishná Berurá 589:5). Otros juristas opinan que de acuerdo con la kabalá las mujeres no deben contar el Omer (Rav Pealim I Sod Iesharim 12). Por otra parte hay quienes sostienen que de acuerdo a la usanza ashkenazí las mujeres cuentan el Omer (Maguén Abraham 589:1).

Por lo tanto, en el caso de las ashkenazíes, aquella mujer que sabe que puede contar el Omer a lo largo de todo el período y si un día se olvida de hacerlo sabe que no puede recitar la bendición previa de allí en más, sí puede contarlo y seguir recitando la bendición. Esto aplica de modo especial para aquellas mujeres que rezan Arvit a diario o cuyos familiares les recuerdan contar, y por lo tanto el temor a que se olviden es menor. En el caso de una mujer que dude respecto de si habrá de acordarse todos los días de contar, es mejor que lo haga sin recitar la bendición.

11. La bendición por los árboles frutales («Birkat Hailanot»).

Quien sale en los días de Nisán y ve árboles frutales en flor debe recitar la bendición: «Baruj Atá Ad-onai E-lo-heinu Melej Haolám Sheló Jisar Beolamó Klum Ubará Bo Briot Tovot Veilanot Tovot Lehanot Bahem Benei Adam» (Shulján Aruj Oraj Jaím 225:1).
Es correcto que también las mujeres reciten esta bendición, y si bien está vinculada al mes de Nisán los juristas explicaron que no está marcada por el tiempo, ya que según varias opiniones se puede bendecir por los árboles en flor en otros meses. Aquellos juristas que opinan que la bendición se debe recitar en Nisán no piensan que esté vinculada necesariamente al mes en cuestión, sino que sencillamente es entonces que las flores aparecen. Por lo tanto, la bendición está marcada por la aparición de las flores y no por el correr del tiempo.

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