24. Las diferentes versiones del rezo y las costumbres de las diversas comunidades.

01. Variantes en la versión del rezo.

En virtud del exilio y la dispersión de las diferentes comunidades, se fueron conformando diferencias entre las versiones del rezo de las mismas. Empero, es de remarcar que en los fundamentos del rezo estipulados por los sabios de la Gran Asamblea (Kneset Haguedolá) tales como las bendiciones del recitado del «Shemá» y la «Amidá», las variantes han sido mínimas. Asimismo, en la sección de la lectura de las ofrendas («Korbanot») o en la de los Cánticos de Alabanza preliminares que fueron instituidos por los sabios del Talmud y los Gueonitas, las variantes son también menores. Sin embargo, en el caso de los agregados de los tiempos de los sabios medievales (Rishonim) tanto en el orden de las ofrendas como en lo que se recita al final del servicio, las diferencias entre las diferentes comunidades son más notables. Esto se debe a que lo que se acostumbraba agregar en España (Sefarad) no se adicionaba en Europa Central y Oriental (Ashkenaz) y viceversa. Esta diferencia se hace más notoria en los poemas litúrgicos compuestos en tiempos de los Gueonitas y los Rishonim que fueron incorporados a los rezos de los días solemnes del mes de Tishrei y en las festividades, tanto entre ashkenazíes como sefaradíes.

Existen también diferentes formas de pronunciación del idioma hebreo entre las diferentes comunidades  en letras tales como «Tzadi» y «Kuf» así como de la puntuación de «kamatz» y «jolam». Cada comunidad debe mantener sus tradiciones y de todas maneras, en el caso de que varíen respecto de su costumbre igualmente, cumplen con el precepto, ya que todas las tradiciones existentes en el pueblo de Israel son aptas para el recitado del rezo (Igrot Moshé Oraj Jaím 3:5, inclusive en la versión de la «jalitzá» que según todas las opiniones debe ser recitada en la totalidad de sus letras todas las pronunciaciones delas diferentes comunidades son válidas).

El sagrado Arí z»l explica respecto de las diferencias de versión entre ashkenazíes y sefaradíes, que poseemos una tradición oculta e insinuada en el final del libro de Ezequiel (Shaar HaKavanot 50:4) que indica que en los cielos existen doce ventanas que se corresponden con las doce tribus de Israel, ascendiendo la plegaria de cada tribu por una especial de las doce. Asimismo, fue dictaminado para la halajá que cada persona debe continuar rezando de acuerdo a su tradición ancestral  (Maguen Abraham 68:1, Mishná Berurá 68:4 y más adelante veremos en qué circunstancias está permitido modificar).

02. No se debe considerar una versión preferible a otra.

El Rabino Jaim David Azulai escribe, citando al Arí z»l, que el rezo de los sefaradíes asciende por todos los doce pórticos antes mencionados, por lo que un ashkenazí puede adoptar la versión sefaradí (ver Iabía Omer 6:10, Iejavé Da´at 3:6). Los Jasidim replican argumentando que la versión «Sfard» (ספרד sfarad jasidí) del rezo es la mejor ya que los grandes maestros Jasídicos revisaron todas las diferentes tradiciones  a la luz de lo que indican tanto la Halajá como la Kabalá escogiendo lo mejor de cada una.

Quienes rezan según la usanza yemenita sostienen que su tradición es la más acertada ya que esta comunidad por miles de años no migró y las persecuciones que sufrieron por parte de las tribus árabes reforzaron aún más su apego a las tradiciones. En efecto, se encontró que los rollos de la Torá yemenitas son muy similares en su exactitud a la del Códice de Alepo.

Por supuesto que también quienes rezan según la versión de «Ashkenaz» sostienen que la suya es la más exacta, la cual se transmitió fielmente de maestro a alumno remontándose a Shimón Hapakuli. Además, la versión sefaradí tiene su origen en los amoraítas y los gaonitas de Babilonia mientras que la base de la versión de «Ashkenaz» tiene el suyo en los amoraítas y gaonitas de Eretz Israel que eran más versados en cuanto a las «Agadot» –las leyendas-, la sabiduría esotérica y la redacción de los rezos. Esta es la razón por la cual existen similitudes entre las versiones ashkenazí y yemenita («Báladi«) del rezo, ya que ambas comunidades se vieron influenciadas por los gaonitas de Eretz Israel.

En resumen, cada tradición tiene sus ventajas y nos resulta imposible definir cuál es la  más correcta de todas. Es así que Rabí Moshé Sofer escribió en su libro de respuestas halájicas «Jatam Sofer» (1:15) que todas las versiones son de igual valor, y la razón por la cual el santo Arí z»l escribió sus fórmulas meditativas extáticas (Kavanot) en un libro de oraciones («Sidur«) sefaradí obedece simplemente al hecho de que él acostumbraba a orar en éste; pero que si en el mundo ashkenazí hubiese surgido una figura como la del Arí z»l, ésta habría redactado sus «Kavanot» en un «Sidur» «Nusaj Ashkenaz«, esto es, redactado de acuerdo con la versión ashkenazí.

Incluso si supiésemos a ciencia cierta que una de las versiones es la más exacta o fiel a la original, aún entonces correspondería que cada quien continúe con su tradición ya que también en el caso de una versión menos exacta, sin dudas ha de contener elementos que faltan en las demás versiones. Solamente una vez que se establezca un Sanhedrín (consejo supremo de sabios) se podrá establecer una versión única para todo el pueblo de Israel que incluya las cosas buenas y exclusivas de cada una de las diferentes tradiciones, y aún entonces, habrá lugar para diferentes énfasis en los agregados al servicio y las melodías de las plegarias que se correspondan con los doce diferentes pórticos, cada comunidad con sus aspectos peculiares.

03. Regla relativa a individuos o comunidades enteras que migraron.

En el pasado, cuando las distancias entre las diferentes comunidades eran grandes, los ashkenazíes vivían en Europa Central y Occidental, los sefaradíes en España y los yemenitas en el Yemen. Todo aquel que se mudaba de un sitio a otro adoptaba la usanza de su nuevo hábitat y debía conducirse como los judíos locales en todos los temas referidos a la halajá o el rezo. Esto se debe a que en una comunidad debe imperar una usanza, pues de no ser así abundan las discusiones y en cierta forma se trasgrede la prohibición de no formar facciones («lo titgodedú«). Nuestros sabios, de bendita memoria indicaron que no puede ocurrir que en un mismo tribunal rabínico algunos sigan las enseñanzas de Shamai y otros las de Hilel para que la Torá no se transforme en dos leyes diferentes (Talmud Babilonio Tratado de Ievamot 14(A) según Rif y Rosh).

Por lo tanto, todo aquel que migraba a un sitio que poseía una tradición fija o establecida debía adoptar la costumbre del lugar. Es así que es dable encontrar familias apellidadas «Ashkenazi» que siguen la tradición sefaradí, pues en algún momento migraron de Europa Central u Occidental a España. De la misma forma la familia «Frank» tiene su origen en España y como migró a Ashkenaz sus descendientes siguen la usanza ashkenazí.

Más aún, en el caso de que a lo largo de un período de tiempo muchos integrantes de una comunidad migraron de un sitio a otro al punto que se tornaron en mayoría en el nuevo lugar, de momento que fueron mudándose de a uno, como individuos, debían adoptar las costumbres de la comunidad que los recibe (Shulján Aruj Ioré Deá 214:2, Oraj Jaím 468:4, Mishná Berurá 14). Si ya tocamos el tema, es probable que la mayoría de las familias ashkenazíes provengan de familias que migraron de España.

Cuando una comunidad entera se mueve de un sitio a otro, dado que se trata de una congregación en sí misma no necesita cambiar sus costumbres y adaptarlas a las de su nuevo entorno (Beur Halajá 468:4). Incluso si la comunidad anfitriona es superior en número a la recientemente llegada, por cuanto que los nuevos se hallan congregados como comunidad independiente, no deben cambiar sus costumbres. Lo mismo ocurre en la Tierra de Israel, donde gracias  a D´s tuvimos el mérito de ver la reunión de los exiliados, llegaron sabios de cada una de las diferentes congregaciones y cada comunidad estableció sinagogas propias, ninguna congregación cambia sus tradiciones ni las adapta a las de otra cuidando cada cual su propia herencia.

En el caso de quien se ve en la necesidad de rezar de modo permanente en una sinagoga que pertenece a una tradición diferente a la suya, por ejemplo, quien se muda a un pueblo donde existe un solo «Minián» y este es de otra costumbre, o si el «Minián» en cuestión es aquel que le permitirá reforzarse en el aspecto religioso, la persona tendrá la prerrogativa de decidir si orar todo el tiempo a la usanza de la congregación o si mantendrá la suya propia y se plegará a la mayoría únicamente en las secciones que se recitan en voz alta.

En el caso de quien acostumbra rezar según una versión y temporalmente reza en una congregación que sigue otra, se acostumbra indicar que todo lo que recita en voz alta lo haga según la versión local y lo que se dice en voz baja que lo recite según su propia usanza (Peninei Halajá Tefilá 6:5).

04. El caso de una mujer que se casa con un hombre de otra congregación.

Una mujer que se casa con un hombre que pertenece a otra congregación se la considera como si migrase de la suya a la de su marido, por lo que debe adoptar las nuevas tradiciones (según Shulján Aruj Ioré Deá 214:2, Oraj Jaím 468:4, Mishná Berurá 14). Asimismo, una mujer que se casa con un hombre perteneciente a otra congregación se considera que se mudó a la casa de éste para siempre  y debe seguir sus costumbres. Por ejemplo, si la congregación de su marido acostumbra a ingerir legumbres (Kitniot) en Pesaj  ella habrá de comer, y si acostumbran a no hacerlo no las comerá. Si acostumbran a esperar entre carne y leche seis horas ella también las esperará y si acostumbran a  esperar una hora ella también lo hará. Rabí Shimón Ben Tzemaj Durán (Tashbetz 3:179) explica que no es razonable que marido y mujer se sienten a la mesa juntos diariamente y lo que uno puede comer el otro no pueda. Por lo tanto la mujer sigue la tradición del marido ya que se la compara como si fuera el mismo cuerpo de éste, como parte intrínseca del mismo.

Una mujer que enviuda, si tuvo un hijo con el difunto mantiene la tradición de su finado marido, empero si no les nació un hijo vuelve a la tradición de su padre.

En cuanto a la versión del rezo y las bendiciones, la mujer debe orar y recitar plegarias según la versión tradicional de su marido para que no persistan en la misma casa dos versiones distintas. Empero si al marido no le molesta y a la mujer le cuesta cambiar de versión, aquello que recita en voz baja puede hacerlo según su tradición paterna empero no habrá de recitar en voz alta una versión diferente a la del marido. Cuando sus hijos lleguen a la edad en la que se les debe educar en los preceptos («guil jinuj«), deberá enseñarles a rezar conforme la versión de su marido. Por lo tanto, aunque el marido esté de acuerdo con que su mujer mantenga la tradición paterna, al llegar los hijos a la edad de «jinuj» es bueno que ella se pase a la versión del marido para así enseñar a sus hijos el rezo y el recitado de las bendiciones con mayor fluidez.

05. ¿En qué casos está permitido cambiar la versión del rezo («Nusaj»)?

Tal como ya vimos, cada persona debe preservar su tradición ancestral, basándose esto en el versículo (Proverbios 1:8): «…y no abandones las enseñanzas de tu madre». Empero esta costumbre no es más importante que las demás leyes y por lo tanto a veces se ve relegada ante éstas. Por ejemplo, una persona que sabe a ciencia cierta que si reza en una sinagoga que se guía de acuerdo a su tradición ancestral podrá concentrarse menos en su plegaria, mientras que en otra sinagoga perteneciente a otra comunidad podrá hacerlo mejor, habrá de preferir a la última pues la concentración es la esencia de la oración. Sin embargo, en caso de duda es mejor rezar en la sinagoga que se rige según sus tradiciones ancestrales pues a la larga es razonable pensar que en la versión tradicional habrá de alcanzar un mejor grado de concentración. Ocurre que a veces, en los años de la  juventud, una persona no valora correctamente su relación con la tradición paterna y sólo con el correr de los años entiende lo profundo y significativo que es su nexo con sus ancestros.

Quien se encuentra frente a dos sinagogas, en una se reza conforme a su tradición ancestral mas no se llevan a cabo allí clases de Torá y en la otra se reza conforme a otra tradición mas se llevan a cabo allí clases de Torá; si la persona considera que rezando en la segunda sinagoga habrá de estudiar más, es mejor que lo haga en ésta aunque no sea según su tradición. Lo mismo ocurre a la hora de escoger una Yeshivá o casa de estudio, no se debe elegir según la versión del rezo sino que se debe procurar aquella en la que la persona pueda superarse mejor en el estudio de la Torá y el cumplimiento de los preceptos.

En el caso de existir dos sinagogas: en una se reza según la tradición ancestral de la persona mas ésta teme no poder integrarse socialmente a la grey por ser ésta demasiado joven o demasiado adulta o por ser esta muy reducida en número, mientras que en la segunda sinagoga la tradición del rezo es diferente pero es más apropiada socialmente; si la persona considera que participando de los servicios su conexión comunitaria mejorará y por ende su nivel espiritual se habrá de elevar, es mejor que rece en la segunda sinagoga aunque no sea conforme a su tradición familiar.

06. La preservación de las costumbres versus el fortalecimiento de la congregación.

La preservación de las tradiciones implica que además de mantener la versión específica del texto del rezo se pueda mantener la pronunciación de las palabras, los yemenitas la pronunciación yemenita, los ashkenazíes la ashkenazí y los sefaradíes la sefaradí, cada quien según su costumbre particular. Es así que a priori, cada comunidad debe continuar rezando con sus melodías tradicionales (ver Ramá Oraj Jaím 619:1). Por supuesto que se pueden agregar o innovar melodías, mas la intención es que el grueso del servicio mantenga las tonadas tradicionales que se fueron consagrando con el correr de los siglos. A esos efectos, una persona debe orar en primer término en una sinagoga que se rige según la tradición de sus ancestros.

Es importante saber que en Israel existen decenas de tradiciones diferentes. La tradición sefaradí se subdivide en muchas versiones. En cuestiones de halajá, la diferencia principal es entre quienes se rigen por el «Shulján Aruj» y aquellos que lo hacen según el «Ben Ish Jai». Además, existe la tradición de los judíos del Norte de África que si bien en cuestiones de la versión del rezo y la halajá las diferencias con los judíos de Irak o Siria son mínimas, en cuanto a las melodías, las diferencias son más notorias. Incluso entre los inmigrantes del Norte de África hay diferencias importantes en cuanto a las tonadas. Es así que a los efectos de  preservar las costumbres de manera completa es necesario que existan sinagogas propias para los inmigrantes de Trípoli, Túnez, Argelia, Marruecos, Irak, Siria, Persia, Turquía y el Cáucaso etc.

Asimismo, entre los inmigrantes de países de Ashkenaz existen diferentes tradiciones. La mayor diferencia es entre los Jasídicos y los demás ashkenazíes. Sin embargo existen otras diferencias significativas en cuanto a la pronunciación y las melodías.  Las tonadas de los ashkenazíes de Europa Occidental son completamente diferentes de las de los ashkenazíes de Lituania. En cuanto a la pronunciación, existen por lo menos cuatro tipos: la de los inmigrantes de Lituania, la de aquellos provenientes de Polonia, la de los originarios de Galitzia y por último la de los oriundos de Hungría.

Asimismo existen diferencias entre los diferentes grupos jasídicos en cuanto a las diferentes costumbres y las melodías. Otro tanto ocurre con los yemenitas, que se dividen en dos tradiciones principales, la Báladi y la Shami. A priori, es bueno que cada quien mantenga la tradición de sus ancestros.

Empero, si el celo en la preservación de las diferentes costumbres puede causar que la comunidad se desmiembre, es mejor desistir de ello. Esto se debe a que habitualmente, cuando una congregación está unida y lleva a cabo clases de Torá para hombres, mujeres, niños y además impulsa acciones de beneficencia, logra conectar a todos sus miembros con la Torá y los preceptos. Por el contrario, cuando la congregación se debilita también sus miembros se debilitan y esto influye para mal, particularmente en el caso de los niños.

Por lo tanto, si bien a priori es bueno que cada quien rece conforme a la tradición de sus padres, si a estos efectos se han de erigir numerosas sinagogas pequeñas que por separado no lograrán generar servicios suficientemente dignos, estudio de Torá o vida comunitaria satisfactorios, es mejor erigir una sola congregación más fuerte con miembros de todas las diferentes tradiciones. Por ejemplo, que todos los provenientes del Norte de África recen juntos y si esto aún resulta insuficiente que lo hagan todos los que tienen tradición sefaradí.

Por lo tanto, es necesario que en todas partes se evalúe o sopese entre la importancia de la preservación de las costumbres particulares y la de conformar comunidades unidas y sólidas. Cuando existen suficientes  familias oriundas de un sitio particular, al punto de que pueden erigir una sinagoga grande según su rito, qué mejor. Empero cuando no las hay, es mejor que se unan a otra comunidad cercana a ésta en sus costumbres y que erijan una sinagoga fuerte y numerosa. Si la fusión de diferentes comunidades no alcanza para conformar una congregación fuerte, es mejor que todos, yemenitas, ashkenazíes y sefaradíes, formen una sola congregación. Para que cada comunidad tenga lugar en la sinagoga, hay que instruir que quien oficie la oración, lo haga de acuerdo a la costumbre de sus ancestros, y así, de esta manera se dará lugar a todas las comunidades. Esta cuestión debe de ser evaluada con sumo cuidado y en aquellos sitios en los que existe una autoridad halájica local, ésta debe decidir en la materia junto a la dirigencia comunitaria (ver Peninei Halajá Tefilá 6:9).

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