08 – Hakhel

01 – El precepto de Hakhel

Es un precepto positivo de la Torá el reunir a todo el pueblo de Israel, hombres, mujeres y niños en la festividad de Sucot al finalizar cada año sabático, durante la peregrinación a Jerusalém, para leer ante las multitudes algunas porciones de la Torá que sirven para instar a la nación al reforzamiento de la fe, al temor a D’s, al estudio de la Torá y al cumplimiento de sus preceptos. Tal como fue dicho (Devarim-Deuteronomio 31:10-13): “Y ordenó Moshé a ellos diciendo: al cabo de siete años, en el plazo del año de shemitá, en la festividad de las cabañas. Al venir todo Israel, para comparecer, ante la Presencia de HaShem tu D’s, en el lugar que habrá de elegir, habrás de leer esta Torá ante todo Israel, a sus oídos. Congrega (“Hakhel”) al pueblo, a los hombres, a las mujeres a los infantes y a tu forastero – el que está en tus ciudades – para que escuchen, aprendan y veneren a HaShem vuestro D’s, y cuiden para cumplir todas las palabras de esta Torá. Y sus hijos que no han tenido conocimiento, escucharán y aprenderán a venerar a HaShem vuestro D’s todos los días que vosotros estéis vivos sobre la tierra, a la que vosotros vais a cruzar el Yardén, para poseerla”.

El objetivo de la realización de la reunión de ‘Hakhel’ que tenía lugar una vez cada siete años era el de encumbrar el honor de la Torá y sus preceptos, ya que no había una instancia nacional más destacada ni más impactante que esta, de la cual participaba todo el pueblo de Israel, tanto mayores como niños, hombres y mujeres, y el más destacado de todos los presentes, el rey, que era quien leía la Torá.

En virtud de ello había quienes preguntaban: ¿A qué se debe esta gran reunión? Y la respuesta que surgía naturalmente era: “Es para escuchar las palabras de la Torá, que es todo nuestro fundamento, nuestra gloria y nuestro esplendor. Y entonces, las personas relatarán su alabanza y la magnificencia de su valor, lo cual generará en sus corazones un deseo y fervor especial hacia ella, y en consecuencia, acudirán a estudiarla, y de ella aprenderán a conocer a HaShem, obtendrán así el bien, y el Creador se regocijará en sus acciones” (Sefer HaJinuj 612).

Este evento era sumamente beneficioso para cada uno de los participantes. Quienes eran capaces de estudiar y profundizar en los contenidos de la Torá se veían motivados a incrementar la intensidad de su estudio. Quienes eran capaces de oír y comprender, se veían motivados a prestar atención, a escuchar palabras de Torá y posteriormente a cumplirlas. Los niños pequeños que habían alcanzado la edad en la cual deben ser instruidos en el cumplimiento de los preceptos (guil jinuj), prestaban atención y escuchaban la Torá, y por efecto de la gran santidad del evento se sentían estimulados a reforzar su estudio y a observar sus preceptos. Incluso los infantes que se acercaban a la edad de aprendizaje de los preceptos absorbían en sus almas la gran trascendencia de la Torá. El hecho de que no hubiese nada que se le asemeje en importancia, era el motivo por el cual todos se reunían a escucharla. Y también sus padres se veían incentivados a reconocer la gran misión que sobre ellos recae: educar a sus hijos en el camino de la Torá y los preceptos (Rambán a Devarim-Deuteronomio 31:12-13, Maharal Gur Arié a ídem).

Asimismo, tanto los grandes sabios que sabían toda la Torá como los extranjeros que aún no entendían la lengua hebrea estaban igualmente preceptuados de participar de este evento, ya que el Hakhel es una suerte de reflejo de la entrega de la Torá en el Monte Sinai, y todos los hijos de Israel debían concentrarse e imaginar como si en ese preciso momento estuviesen recibiéndola de la boca del Creador (ver Rambám Jaguigá 3:6).

Nuestros sabios establecieron que sea el rey quien lea la Torá para dignificar aún más el evento de Hakhel. Sin embargo, en caso de que no hubiese monarca, que su voz fuese débil o que se tratase aún de un niño, el precepto no queda sin efecto, sino que habrá de leer la Torá una personalidad prominente de la nación, tal como el presidente del Sanhedrín (Nasí), el sumo sacerdote (cohen gadol) o el mayor erudito de la generación (ver en Tiferet Israel Sotá 7:8, Minjat Jinuj 612, Ha’amek Davar a Devarim-Deuteronomio 31:11, Rabí Eliahu David Rabinowitz ‘Zejer LaMikdash’ cap. 1).

02- La lectura

En el evento del Hakhel la lectura debe llevarse a cabo en hebreo, la lengua sagrada, tal como fue dicho (Devarim-Deuteronomio 31:11): “Habrás de leer esta Torá”, esto es, tal como está escrita. Y también aquellos que no comprenden hebreo deben escucharla tal como fue entregada en Sinai (Tratado de Sotá 32(A), Rambám Jaguigá 3:5-6).

Se lee desde el inicio del libro de Devarim, Deuteronomio, hasta el final de la porción de Shemá Israel (Devarim-Deuteronomio 1:1-6 y 9). En esta lectura se aprende extensamente sobre los preparativos de cara al ingreso a la tierra de Israel, sobre el pecado de los espías y su castigo, la conquista de la margen oriental del Jordán y las súplicas de Moshé por ingresar a la tierra prometida. Luego, se estudia en detalle la entrega de la Torá en el Monte Sinai y la prohibición de la práctica de la idolatría, la advertencia para todas las generaciones en cuanto a que el pueblo de Israel cumpla la Torá y los preceptos y eduquen en ello a sus hijos, para que de esa manera se prolonguen sus días sobre la buena tierra. Para finalizar, se leía la porción de “Shemá Israel” en la cual figura el fundamento de los preceptos de la fe y de amar a HaShem.

Acto seguido se leía la porción de “Vehaiá Im Shamo’a” (ídem 11:13-21) que se ocupa de la observancia de los preceptos, de la recompensa por su cumplimiento y el castigo por su omisión.

Luego, se leían dos porciones relativas a la cuestión de los diezmos: “Diezmar diezmarás” (ídem 14:22-27) y “Cuando termines de diezmar” (ídem 26:12-15). Se vuelve a leer la porción que refiere a los deberes del rey y sus preceptos (ídem 17:14-20) y se concluye con la lectura de las bendiciones y las maldiciones o amonestaciones (ídem cap. 28), donde se menciona la recompensa que puede recibir el pueblo de Israel si observa la Torá y sus preceptos y el castigo al que se exponen en caso de no hacerlo (Tratado de Sotá 41(A)).

En opinión del Rambám, se lee de manera continua desde la porción de los diezmos hasta el final de la de las bendiciones y las maldiciones (Devarim-Deuteronomio 14:22-28:69). Esta prolongada lectura incluye numerosos preceptos, ciento treinta y ocho de los cuales aparecen aquí por primera vez en toda la Torá (preceptos 473-611 en Sefer HaJinuj), y muchos otros que ya fueron mencionados en los libros anteriores del Pentateuco.

Los preceptos incluidos en estas porciones se ocupan de las leyes de las ofrendas y los diezmos (trumot uma’asrot), de la ayuda a los necesitados (tzedaká) y otra multitud de mandamientos entre el hombre y su prójimo como es el caso del de regresar a su dueño un objeto perdido, la prohibición del cobro de interés, el nombramiento de jueces y las normas judiciales.

Además, el pasaje contiene numerosas leyes sobre el reino y la guerra, sobre la profecía y el sacerdocio (kehuná), sobre cuestiones matrimoniales y su normativa, amén de otras numerosas reglas relativas a la prohibición de la práctica de la idolatría y de la brujería.

03- ¿Cuándo se cumple el precepto y quiénes deben observarlo?

El precepto de Hakhel debe cumplirse en la festividad de Sucot al concluir el año sabático, tal como fue dicho (Devarim-Deuteronomio 31:10-11): “al cabo de siete años, en el plazo del año de shemitá, en la festividad de las cabañas. Al venir todo Israel, para comparecer, ante la Presencia de HaShem tu D’s”. Dado que fue dicho “Al venir todo Israel” resulta que la intención es al comienzo de la festividad de Sucot que es cuando todos los judíos acuden (Tratado de Sotá 41(A)).

Sin embargo, el primer día de Sucot no se quiso llevar a cabo el evento por tratarse de un Yom Tov, y en él no está permitido erigir una tarima sobre la cual se pare el rey. No se quiso erigirla previo a la festividad para no generar aglomeraciones en el patio del Templo (azará), cuando todos los hijos de Israel acuden a ofrendar sus sacrificios. Por lo tanto, el evento fue pospuesto hasta la conclusión del primer día de Yom Tov (Rashí). Esto también puede aprenderse de la expresión del versículo “en el plazo”, esto es, dentro de la festividad y no exactamente en su inicio (Tosafot).

Hay autoridades halájicas que entienden que el evento del Hakhel se llevaba a cabo en la noche en la que concluía el primer Yom Tov (Tiferet Israel), y otras que sostienen que se efectuaba al día siguiente, durante el primer día de Jol HaMo’ed (día semifestivo intermedio) (Rabí Eliahu David Rabinowitz Teomim).

El evento de Hakhel sellaba con un lacrado de santidad el pasado ciclo del año sabático, ya que por el hecho de que todos los hijos de Israel se reunían para escuchar la Torá tras culminar el año de la Shemitá, quedaba en evidencia que todo aquello que está conectado a la Torá posee un valor eterno, y aquello que no lo está es olvidado y se pierde. En virtud de ello, el pueblo de Israel era iluminado y recibía un refuerzo en aras de continuar avanzando por la senda de la Torá a lo largo del ciclo sabático que se iniciaba para bien.

Dado que el precepto de Hakhel se cumplía durante la peregrinación festiva, nuestros sabios dedujeron por similitud que todos los hombres que estaban exentos del precepto de ver y hacerse ver (Reiá), esto es, de ascender a Jerusalém en las tres festividades de peregrinación para ofrendar “Olat Reiá” y “Shalmei Jaguigá” (Pninei Halajá Mo’adím 1:15) están igualmente exentos del precepto de Hakhel. Por lo tanto, un sordo, un mudo, un ciego, un rengo, una persona impura ritualmente, un anciano y una persona enferma que no pueden peregrinar al Monte del Templo, así como también los siervos – están exentos de participar del precepto de Hakhel. Sin embargo, en el caso de las mujeres, si bien están exentas de los preceptos positivos marcados por el tiempo, están preceptuadas de observar el Hakhel.

En el caso de los niños pequeños, si adolecen de un defecto físico por efecto del cual una vez que sean adultos estarán exentos de peregrinar, de todas maneras, mientras son menores es preceptivo para sus padres llevarlos al evento de Hakhel tal como están obligados a hacer con sus demás hijos (Minjat Jinuj 612:4 – Un incircunciso está obligado a participar del evento de Hakhel, Rambám Jaguigá 3:2).

Quien no podía oír la lectura del rey por causa de su débil audición, o porque debía pararse lejos del monarca en virtud del aglomeramiento imperante, debía igualmente prestar atención a la lectura “ya que la intención del texto es reforzar la Ley verdadera, por lo tanto, la persona debe verse a sí misma como si recibiese en el momento el mandamiento y lo escuchase directamente de boca del Creador, ya que el rey es el enviado para hacer oír las palabras de D’s” (Rambám Jaguigá 3:6, según el Lejem Mishné allí).

04- El orden del evento

Previo a la asamblea, los cohanim daban vueltas por toda la ciudad de Jerusalém y tocaban trompetas para reunir al pueblo en el Monte del Templo. Se traía una gran tarima de madera y se la erigía en medio del patio del Santuario que estaba destinado al estamento de Israel (Ezrat Nashim), el rey subía y tomaba asiento sobre ella, para que se escuchara su voz y para que los presentes lo vieran al leer (Rambám Jaguigá 3:4). En caso de que el monarca quisiera honrar a la Torá leyéndola de pie – ello era digno de alabanza (ver Tosafot a Sotá 41(A) ‘מצוה’).

En honor a la Torá y al rey, se procedía con excelencia pasando el rollo de la Torá de persona en persona hasta que llegaba al monarca. Así es como esto se realizaba: el encargado de la sinagoga (Jazán HaKneset) del Monte del Templo tomaba el rollo de la Torá y se lo entregaba al presidente de la sinagoga (Rosh HaKneset), este se lo entregaba al vice sumo sacerdote, este a su vez lo entregaba al sumo sacerdote, este a su vez lo entregaba al rey, quien lo recibía estando de pie (Tratado de Sotá 41(A), Rambám Jaguigá 3:4).

Tanto previo a la lectura como con posterioridad a ella el rey recitaba las bendiciones habituales que corresponde decir a todo aquel que sube a la Torá. Acto seguido agregaba otras siete bendiciones, a saber: 1) “Acepta con benevolencia HaShem, nuestro D’s, a Tu pueblo Israel” etc. (“Retzé HaShem Elokeinu”). 2) “Te agradecemos a Ti” etc. (“Modim Anajnu Laj”). 3) “Tú nos has escogido de entre todas las naciones etc.” (“Atá Bejartanu Mikol Ha’amim”) hasta “que santifica a Israel y a las festividades” (“Mekadesh Israel VeHaZmanim”) tal como se recita en el rezo. Tenemos entonces que tres de las bendiciones son de idéntica redacción a las que los sabios establecieran para los demás rezos.  4) El rey oraba para que el Templo se mantuviera en pie y sellaba la bendición diciendo: “Bendito eres Tú HaShem, Quien reside en Sion”. 5) El rey oraba por el pueblo de Israel, para que su reinado perdurara y sellaba la bendición diciendo: “Que escoges a Israel”. 6) El rey oraba por la descendencia de Aharón, para que HaShem aceptara su servicio, y sellaba diciendo: “Bendito eres Tú HaShem que santifica a los cohanim”. 7) El rey suplicaba y oraba tanto como podía, y sellaba diciendo: “Salva a Tu pueblo Israel, pues están necesitados de salvación. Bendito eres Tú HaShem que escucha la plegaria (Tratado de Sotá 41(A), Rambám Jaguigá 3:4).

05- Recordatorio del Hakhel

En las últimas generaciones, los grandes rabinos, instaron y alentaron al público judío que se nucleó en la tierra de Israel instaron a efectuar un recordatorio de este caro precepto para honrar a la Torá y rememorar el Templo de Jerusalém. Ya vimos que nuestros sabios instituyeron una serie de normas en recuerdo de lo que se solía hacer en el Templo, y lo aprendieron de lo que fue dicho (Irmiahu-Jeremías 30:17): “Te traeré sanación y tus heridas curaré, así ha dicho HaShem, porque te han llamado abandonada, diciendo: es Sion y no hay quien se preocupe por ella”. De lo que dice el profeta respecto de “no hay quien se preocupe por ella” se deduce que, en efecto, es necesario preocuparse y recordarla, y en virtud de ello sanará de su herida (Tratado de Rosh HaShaná 30(A)).

Hay consenso en cuanto a que en la actualidad no estamos preceptuados de llevar a cabo el evento de Hakhel por ser un precepto vinculado al de la peregrinación al Templo, tal como fue dicho (Devarim-Deuteronomio 31:10-11): “en la festividad de las cabañas. Al venir todo Israel, para comparecer, ante la Presencia de HaShem tu D’s, en el lugar que habrá de elegir”, mientras el Templo esté destruido no recae sobre nosotros el deber de ofrendar los sacrificios de “Olat Reiá” y “Shalmei Jaguigá” ni tampoco el de peregrinar a Jerusalém (Pninei Halajá Mo’adím 1:16). Esto lo dedujeron los sabios del hecho de que en ambos preceptos la Torá emplea el vocablo “Reiá” (lit. vista, visión) (Guemará Jaguigá 3:1), y tal como escribiera Rambám (Jaguigá 3:2): “Todo aquel que está exento (del precepto) de Reiá está a su vez exento del de Hakhel, salvo las mujeres y los niños pequeños…”

Si bien todas las autoridades halájicas coinciden en que actualmente estamos exentos del precepto de Hakhel, de todas maneras, los grandes maestros de Israel vieron la importancia de efectuar un recordatorio a este precepto que se cumple por medio de la generalidad del pueblo de Israel, especialmente en estas generaciones en las que la nación judía se reúne en su tierra patria.

El primer rabino en llamar la atención a esta cuestión fue el Rabino Eliahu David Rabinowitz Teomim (Aderet), quien redactara un folleto titulado “Zejer LaMikdash” (“En recuerdo del Templo”) y sobre el final de sus días llegara a Jerusalém para ejercer el rabinato de la ciudad. Esta fue también la postura de su yerno, nuestro maestro el Rav Kuk, a pesar de que en la práctica no logró promover la cuestión. Otros rabinos procuraron impulsar esta costumbre, entre ellos el Rabino Ticochinsky (Ir HaKodesh VeHaMikdash IV cap. 15), y los Grandes Rabinos del Estado de Israel Herzog y Uziel. Asimismo, también los rabinos Jarlap y Tzví Yehudá Kuk apoyaron esta iniciativa.

Cabe destacar especialmente el accionar del Rabino Shlomó David Kahana, jefe del Tribunal Rabínico de Varsovia durante décadas, que al final de sus días ejerció el Rabinato de la ciudad vieja de Jerusalém, y el de su hijo, el Rabino Shmuel Zanwil, que mientras ejerció la dirección general del ministerio de asuntos religiosos, organizó en la práctica el evento “en recuerdo del Hakhel”.

En el año 5706, después del Holocausto y antes del establecimiento del Estado de Israel, la iniciativa de estos rabinos se concretó y se realizó por primera vez un evento “en recuerdo del Hakhel” con la participación de los Grandes Rabinos de la comunidad judía de la tierra de Israel y otras grandes eminencias del área religiosa. La labor organizativa corrió a cargo del “Centro de Cultura de HaPoel HaMizraji”.

Desde entonces, cada vez que concluye un año sabático tiene lugar un evento “en recuerdo del Hakhel”, salvo en el año 5734 (1973), ya que entonces se libraba la guerra de Yom Kipur en su mayor intensidad y los hombres estaban reclutados para combatir y arriesgar su vida en la defensa de la nación y el país. En el año 5748 tuvo lugar un evento recordatorio del Hakhel especialmente honorable y elevado ya que fue presidido por los rabinos Mordejai Eliahu y Abraham Shapira, que en aquellos días fungían como los Grandes Rabinos del Estado de Israel. Decenas de miles de personas se reunieron entonces en la explanada del Kotel (Muro Occidental) y esta se colmó por completo, al igual que todos los techos y balcones de la ciudad vieja que dan hacia ella. El evento fue transmitido en directo por la televisión, contó con la participación del presidente Jaim Herzog, quien tomara parte de la lectura junto a los Grandes Rabinos. Varias de las principales figuras del estado participaron de este acto, entre ellos el primer ministro, numerosos secretarios de carteras gubernamentales y el presidente de la Suprema Corte de Justicia. Desde entonces y hasta la fecha, cada vez que finaliza el año sabático, en el primer día de Jol HaMo’ed Sucot tiene lugar en el Muro Occidental un acto “en recuerdo del Hakhel” con una multitudinaria asistencia de público, que tiene por cometido honrar a HaShem y a Su Torá.

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Conjunto de libros Peninei Halajá en español /11 volúmenes
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