Prólogo del Rabino Maarabi

“Baruj Elokenu she-beraanu lijbodó”… Bendito sea nuestro D’s, que nos ha creado Por Su Gloria. Así agradecemos en la plegaria matutina diaria, en la ‘Kedushá deSidrá’. Allí, cuando casi al finalizar nuestros ruegos, nos sumergimos una vez más en la Kedushá. En los hechos que nos santifican, nos consagran, nos tornan Sus verdaderos hijos. Nos conducen a apreciar Su presencia en el Universo todo y sentir, percibir y afirmar aquello de “meló col ha-aretz Kebodó”. Que todo este espacio terrenal se halla completamente inmerso en Su Gloria.

“She-haCol bará Lijbodó”, es la sentida bendición que inaugura tras la Jupá, la celebración de las Sheva Berajot – las Siete Bendiciones que engalanan las horas primeras del casamiento de la joven pareja-. ‘Que todo lo ha creado para Su Gloria’. Ese Hombre y esa Mujer son parte de Su Gloria. Y ese ‘Kebod Shamáim’ –esa Gloria Celestial-, habrá de descender y reposar entre delicadas y frágiles paredes humanas que habrán de conformar un hogar… Un Santuario erigido a Su Nombre. Aquello que fue tan bellamente definido como ‘Mikdash Me’at’, un Santuario en miniatura.

“Ish ve-Ishá: zajú –Shejina beinehem-…”. Si ese hombre y esa mujer se han merecido mutuamente, habrán de “obligar” a la Divina Presencia a morar entre ellos. Nada más, pero nada menos… ¡Somos los conductos para que aquella ‘Gloria’ que impetra cada espacio del universo, sea ahora parte de mi pequeño escenario vital! Mi casa. Mis paredes. Las de mi corazón y mi mente.

Estamos felices de poder ser parte de esta gran tarea. La de poder acercar a los lectores de habla hispana, la calidad y la calidez –y por qué no la contundencia- de textos que hacen a la vida de cada día. Al encuentro íntimo de dos seres, que habrán de compartir días y noches –haciéndose el eco de la obra de la Creación –“Vayehí erev vayehí boker”- formando y formulando la obra más bella y digna: la del construir un hogar, respetarse, amarse y crear el espacio necesario para el otro…

“Simjat haBait uBirjató” ya nos anuncia el propósito. Rab Melamed Shelita, ha dejado una estela en estos mares y océanos profundos -¡demasiado profundos!- que hacen a la vida de aquellos que crean, que crecen y que creen en su devenir existencial sobre la tierra. Porque hombre y mujer más allá de compartir un destino común, han de portar sobre ‘sus hombros’ la tarea más sagrada: ese Santuario miniatura, donde habrán de superar juntos contingencias, traslados, movilizaciones, crisis, y por sobre todo alegrías y plenitudes. De allí el cautivante y exacto título ‘la alegría del hogar y su bendición’…

Nuestro libro es un verdadero desafío a la inteligencia y la verdadera comprensión. Ya que la sexualidad en la vida matrimonial es parte de esa ‘Kedushá’ a la cual nos referíamos al principio de nuestras palabras. Para la tradición de fe judía, el vínculo de lo corporal debe alcanzar dimensiones profundas de conocimiento y sabiduría. No en vano la sagrada Torá nos refiere ese instante como “ve-haAdam yadá  Javá ishtó”: ‘El hombre supo (conoció, amó) a Javáh, su esposa, la que concibió y parió a Cain…’. El verbo ‘Yadóa’ habla del conocimiento total. También del aspecto físico.

«האדם מתחיל לקנות ידיעותיו על ידי החושים, לפיכך, תחילת הנחת שורש ידע הייתה להורות ידיעה הבאה על ידי נסיון, ומעט מעט עלו בני אדם במעלות השכליות, ואמרו ידע על מה שהאדם יודע בכוח שכלו ותבונתו, ולמעלה מהשגת החושים…» (שד»ל, בראשית ד’:1)

Es sugestivo el comentario de Shadal (Shemuel David Luzzato) al versículo en cuestión, cuando afirma que ‘el ser humano comienza a adquirir sus conocimientos por medio de los sentidos, por tanto, la idea primera relacionada a la raíz ‘Yadóa’, es enseñarnos que dicho conocimiento sobrevendrá por medio de la experiencia, y poco a poco los seres humanos fueron creciendo en sus cualidades intelectuales, y se afirmó entonces que ‘Yadóa’ se refiere a todo aquello que la persona adquirirá por su razón e inteligencia, por encima de la percepción de sus sentidos…’.

El mundo sensorial es el primero que se impone en el vínculo. La experiencia, nos habla de proceso de integración y de integridad. El sentirse ‘uno’ –“basar ejad”- ha de significar la verdadera unión y mancomunión, ya no sólo de cuerpos, sino de almas en busca de un derrotero común, que a los fines prácticos, lo llamaría en lo personal, extraordinario…

Rab Melamed nos conduce hacia un mundo poco ‘hablado’ entre nosotros. Un universo que pertenece al sello de “devarím she-beinó ubeiná” –aspectos que se dan entre él y ella- y que deben transcurrir entre el recato y la modestia, así como entre ese espacio de intimidad que hace de la pareja lo sagrado. Sin embargo, debemos aprender. Debemos tomar conocimiento de obligaciones y deberes; así como de los compromisos asumidos en el feliz instante de ubicarnos bajo una Jupá, lugar donde el milagro y la maravilla de la existencia toda, cobra realidad y vida…

Y es por ello que ‘debemos estudiar’. Así como la Guemará de Berajot (62 A) nos propone entre sus enseñanzas a veces controversiales, aunque reales al fin, respecto de todo lo que se debe saber; de todo cuanto debemos aprender de nuestros maestros…

Así nuestro relato: “En cierta ocasión, Rab Cahana entró y se acostó debajo de la cama de Rav, su maestro (cuando éste estaba con su mujer); y escuchó que Rav conversaba y bromeaba, y que luego hizo lo que necesitaba (es decir tuvo relaciones  íntimas). Frente a aquel comportamiento, le dijo Rab Cahana a Rav: ¡La boca de Aba parece como si este no hubiera engullido un guiso en su vida! (O sea, por lo que le estaba diciendo, daba la impresión de alguien deseoso de tener relaciones). A lo que Rav le dijo: Cahana, ¿tú estás aquí? ¡Sal de ahí pues no es decoroso que estés aquí presente! Le respondió Rab Cahana: ¡Torá hí veLilmod aní tzarij! – ‘Esto es Torá y yo necesito aprender!’”

Una Guemará elocuente. Y tal vez, el relato sirva como disparador no de la curiosidad, sino más bien, ¡Torá hi! ¡Esto es Torá! Y también de ello debemos aprender… ¡Vaya concepción de nuestros sabios, sabios por experiencia, sabios por necesitar abarcar con su conocimiento todos los campos de la vida! Mundo ideal el de nuestros sabios, no lo dudo. Y hoy, acudimos a ese mundo para intentar seguir construyendo en el plano de lo físico, lo sublime en el plano espiritual. Máxime cuando de nuestros hogares, nuestras familias, nuestra continuidad está en juego. Darle valores a ese mundo, el llenarlo de potencialidad y salubridad. Es colmarlo de dignidad y respeto por el otro…Aún cuando todo deba transcurrir “beinó lebeiná”… entre dos seres que creados a la Imagen y Semejanza de Su Creador, han emprendido el camino hacia el ‘Árbol de la Vida’. Un ‘Arbol’ incógnito, que despliega sus páginas en el cotidiano vivir y nos clama a viva voz: “¡Torá hí veLilmod aní tzarij! – ‘Esto es Torá y yo necesito aprender!’”

Rab Mordejai Maarabi

Tiempos de Teshuvá y de Perdón

Ra’anana

Tishré 5779

Septiembre de 2018

 

 

 

 

 

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Conjunto de libros Peninei Halajá en español /11 volúmenes
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