05. Torá y Tefilá (rezos) en Shabat.

01- Estudio de Torá en Shabat

Es preceptivo estudiar Torá en cuantía en Shabat, tal como dijeron nuestros sabios (Talmud Jerosolimitano Tratado de Shabat 15:3) «Los sábados y días festivos no fueron dados al Pueblo de Israel sino para que en ellos estudien Torá». Asimismo dijeron: «La Torá le dijo al Santo Bendito Sea: cuando los hijos de Israel entren a la Tierra Prometida cada quien irá tras su viñedo y tras su parcela de tierra, ¿qué será de mí? Le respondió: tengo para ti un cónyuge y se llama Shabat y en el cual los judíos cesarán de sus labores y se dedicarán a estudiarte» (Tur Oraj Jaím 290). Además, agregaron nuestros sabios que «El Santo Bendito Sea le dijo al Pueblo de Israel: hijos míos, yo escribí en mi Torá: «Este libro de la ley no se apartará de tu boca sino que meditarás en él día y noche»(Iehoshúa 1:8), a pesar de que trabajáis seis días a la semana el Shabat debe ser enteramente dedicado a la Torá. De aquí que dijeron que una persona en Shabat debe levantarse temprano y estudiar Torá, luego ha de ir a la sinagoga y a la casa de estudio y ha de leer la Torá y los Profetas, luego ha de regresar a su casa a comer y a beber para cumplir lo que está escrito (Eclesiastés-Kohelet 9:7): «Ve, come tu pan con alegría y bebe tu vino con corazón alegre».

Nuestros sabios enseñaron que se debe dividir el tiempo del Shabat en dos: una mitad para HaShem en la cual se estudia Torá en la casa de estudio y la otra mitad para el deleite; comer manjares, beber y dormir (Tratado de Pesajim 68(B)). Empero, hay quienes opinan que la división del tiempo en mitades iguales corresponde únicamente a los días festivos (Iamim Tovim), en tanto que en Shabat que está destinado íntegramente al estudio de la Torá, se debe dedicar más de la mitad del tiempo a esta actividad (Bait Jadash de acuerdo al Rambam). Sin embargo, la mayoría de los juristas considera que la intención de nuestros sabios fue que también en Shabat dividamos el tiempo en partes iguales, una mitad para el estudio y la otra para los placeres corporales. De acuerdo a esto, resultaría que en Shabat se deben dedicar doce horas y media al estudio de la Torá ya que el Shabat, con su tiempo adicional, se extiende por veinticinco horas. En la práctica, nos parece que se puede ser más flexible pues las siete horas diarias que el ser humano necesita dormir no pueden entrar en la cuenta y por lo tanto nos quedan ahora dieciocho horas, de las cuales se pueden dedicar nueve al estudio y nueve a los placeres corporales tales como comida, bebida y descanso. Si bien la actividad espiritual central es el estudio de la Torá, algunos juristas sostienen que se puede flexibilizar e incluir las horas de rezo en la cuenta de las de estudio con la condición de no prolongar demasiado las horas de oración. De esto resulta que se necesita dedicar al estudio de la  Torá unas seis horas, que, sumadas a las tres de los diferentes rezos completan las nueve antes mencionadas.

A la directiva rabínica de dividir el tiempo del Shabat en partes iguales entre actividades espirituales y actividades físicas se le agrega otra que indica que los eruditos de la Torá que durante la semana afligen su cuerpo con largas horas de estudio, en Shabat deben dar algo de preferencia a los placeres físicos, mientras que las personas que por causa de sus trabajos durante la semana no pueden estudiar lo suficiente, deben priorizar en Shabat el estudio (Talmud Jerosolimitano Tratado de Shabat 15:3, Pesikta Rabatí final del capítulo 23, Beit Iosef 288:1). Asimismo Ramá sostiene (290:2) que «quienes se dedican principalmente a trabajar y por lo tanto no estudian Torá durante la semana deben estudiar en Shabat más que los eruditos que se dedican al estudio diariamente. En Shabat los estudiosos de la Torá deben dedicarse un poco más a los deleites de la comida y la bebida, pues se deleitan en el estudio durante la semana».

Esto se debe a que el Shabat está destinado a completar a la persona tanto espiritual como físicamente. Las personas que trabajan durante toda la semana necesitan completarse en el estudio, mientras que los eruditos que desgastan su cuerpo durante toda la semana con largas jornadas de estudio necesitan completarse mediante deleites físicos. De todas maneras, tanto unos como otros, en Shabat deben darle espacio a los deleites tanto físicos como espirituales, ya que en la conjunción ambos se retroalimentan, alcanzando así el individuo la completitud y un deleite profundo y verdadero.

02- ¿Qué se estudia en Shabat?

El estudio de Torá en Shabat debe llevarse a cabo en una atmósfera de alegría y deleite. Por esta razón, algunos juristas escribieron que no se deben estudiar cuestiones difíciles y complicadas pues cuando el estudiante no entiende lo que estudia siente pesar y se angustia. Por lo tanto, este día es bueno repasar asuntos que ya son bien sabidos o cuestiones claras y comprensibles para cada quien según su nivel. Incluso en el caso de los eruditos, es bueno que estudien en Shabat cuestiones sencillas que no desgastan (Or Zarúa, Iaavetz). Otros juristas opinan que por el contrario, es bueno que los eruditos en Shabat estudien y profundicen sobre cuestiones difíciles (Majzik Berajá 290:6). Nos parece que no estamos ante una contradicción sino que todo depende de la persona: quien disfruta objetando y argumentando – que estudie pasajes difíciles, y quien disfruta la comprensión fluida – que se dedique a temas más accesibles.

Lo principal del estudio es que se oriente a cuestiones que dirigen a la persona en pos del recto vivir, tal como está escrito (Devarim 5:1): «para que los aprendáis y cumpláis». Asimismo, los juristas escribieron que quien dispone de pocas horas para estudiar, que las dedique al estudio de la halajá. Además, que estudie temas referidos a la fe y la moral para elevar su pensamiento y corregir sus acciones (Mishná Berurá 290:6, Derishá, Shaj, Taz a Ioré Deá 246, Shulján Aruj Harav Hiljot Talmud Torá 2:9). Si esta es la instructiva para los días de semana, con más razón aún los temas a estudiar en Shabat; estos deben estar orientados a la vida práctica ya que el Shabat es la esencia interior de la semana y tiene por cometido iluminar a los seis días hábiles. Cada quien debe pensar qué tipo de estudio además del halájico ilumina su vida con mayor intensidad: los libros que versan sobre la fe («Emuná»), el Tanaj, los de ética o los de jasidismo. Los eruditos que se ocupan toda la semana de toda la gama de temas de estudio no precisan estas instructivas y pueden estudiar aquello que deseen.

Es bueno generar innovaciones (jidushei Torá) en el estudio de Shabat. Sobre esto nos dice el Zohar (III 173:1) que al salir el Shabat, cuando el alma suplementaria que recibimos retorna a su sitial, el Santo Bendito Sea se pregunta qué cosa nueva innovó cada judío en su estudio mediante este alma suplementaria (Shnei Lujot Habrit a Shabat Ner Mitzvá 53). Aquí no nos referimos a innovaciones que implican esfuerzo  y aflicción sino innovaciones originadas en la alegría que proporcionan nuevas formas de comprender la vida. Quien no sabe innovar en el estudio – que estudie algo nuevo (Majazik Berajá 290:5; Kaf HaJaím 5).

Quien tiene hijos es bueno que estudie con ellos Torá en Shabat y cumpla así una gran mitzvá, pues por una parte es precepto del padre enseñar a su hijo Torá tal como está escrito (Devarim 11:19): «Y las enseñaréis a vuestros hijos». Sobre esto dijeron nuestros sabios (Tratado de Kidushín 30(A)): «todo aquel que enseña Torá a su hijo es considerado como que le enseñó también a sus descendientes hasta el fin de las generaciones», tal como está escrito (Devarim 4:9): «y las hagas conocer a tus hijos y a los hijos de tus hijos». Esto se debe a que al enseñarle a su hijo, la Torá continúa pasando de generación en generación hasta el final de todas las generaciones. Sobre esto dijeron nuestros sabios que un abuelo que tiene el mérito de enseñar Torá a su nieto, alcanza el grado de ser considerado como «si hubiese recibido la Torá en Sinai», tal como está escrito (Devarim 4:9-10): «y les hagas conocer a tus hijos y a los hijos de tus hijos» e inmediatamente después dice la Torá «el día en que permaneciste ante el Eterno en Horeb». Dado que la Torá fue entregada en Shabat, este es el día más apropiado para ocuparse de su transmisión.

03- Dormir en Shabat.

Entre los diferentes preceptos que componen el deleite del Shabat se encuentra el dormir plácidamente, tal como dijeron nuestros sabios: «dormir en Shabat es un placer». Empero, no es correcto dormir en Shabat para poder trabajar el sábado por la noche, pues de esa manera transformamos al Shabat en inferior jerárquicamente al día hábil. Asimismo no se debe de dormir en Shabat para poder estudiar Torá el sábado por la noche, pues de esa forma la persona pierde las horas sagradas sabáticas en las que el estudio es más importante que el que se lleva a cabo en un día hábil (Ben Ish Jai Halajot Segundo año en el prólogo a Shemot escribió que de acuerdo a los cabalistas el estudio de Torá sabático es mil veces más efectivo que el de un día hábil. Ver adelante capítulo 22 inciso 15).

Asimismo, no es correcto trabajar más intensamente el jueves o el viernes asumiendo que en Shabat se podrán completar horas de sueño. Al contrario, el precepto es prepararse en los días hábiles para el Shabat, tanto se trate de la preparación de alimentos como de la limpieza del hogar, el lavado de la ropa y el aseo corporal. En términos generales, otro preparativo del Shabat es llegar a este descansados y no agotados para poder concentrarnos en el estudio, en el rezo y deleitarnos con las comidas como corresponde. Solamente a posteriori, en caso de fuerza mayor y de ser muy necesario, se puede trabajar más de lo común el jueves o el viernes al punto de llegar cansados al Shabat. En ese caso, se puede, a posteriori, completar horas de sueño en Shabat. empero está prohibido planificarlo así a priori. Lo que dijeron nuestros sabios en el sentido de que el dormir en Shabat es un deleite, se refiere a que si una persona acostumbra a dormir a diario siete horas que en Shabat duerma ocho para sentirse más fresco y más descansado, mas no tuvieron la intención de que los judíos transformen al Shabat en la servidora de los días hábiles, usándolo como oportunidad de completar horas de sueño en beneficio de las jornadas laborales.

En lo referente a la siesta de los hombres  existen diversas tradiciones. El Rambám (Shabat 30:10) escribió, que los «primeros justos» (denominación de aquellas personas que solían actuar con esmero y dedicación. N. de t.) acostumbraban levantarse muy temprano en la mañana, rezar los servicios de Shajarit y Musaf, volver a sus hogares para ingerir la segunda comida sabática y luego se retiraban a la casa de estudio donde estudiaban de continuo hasta el anochecer. Allí rezaban Minjá e ingerían la tercera comida hasta que el Shabat concluía. Hay juristas que opinan que si una persona acostumbra a dormir la siesta al mediodía que continúe con su práctica, pues el dormir es parte del deleite sabático (Tur 290). Empero, hay que cuidar que las horas de sueño no sean excesivas al punto de que la persona no pueda dedicar el tiempo necesario al estudio. Ya vimos en el inciso primero, que el tiempo mínimo que se debe dedicar al estudio de Torá son seis horas y por lo tanto, cuanto más prolongada sea la siesta al mediodía, mayor será la cantidad de horas de estudio a adicionar en la noche del viernes después de la cena o el sábado temprano por la mañana.

Es importante cuidarse de no ingerir alimentos en exceso durante las comidas sabáticas ya que el hacerlo provoca un sopor que dificulta el estudio. Además, el comer en exceso no se condice con el deleite del Shabat, pues se disfruta del sabor del alimento sólo cuando este pasa por el paladar, empero luego, la sensación puede ser de pesadez y hasta de depresión ya que todas las energías corporales están concentradas en realizar la digestión. Tras semejante ingesta es muy difícil concentrarse en el estudio o mantener un diálogo profundo o significativo con los miembros de la familia. Por lo tanto, es importante evitar exageraciones con la comida en Shabat de modo tal que su ingesta  y sus sabores agreguen bríos y vitalidad al estudio de Torá. A quien de todas maneras la ingestión de alimentos le cansa, que duerma un poco al concluirla y se levante así animado para estudiar Torá.

04- La disertación («Derashá») de Shabat.

Tradicionalmente, en Shabat debe haber una conferencia importante a la que todos concurren y en la cual los eruditos de la Torá disertan sobre temas referentes a la ley y la fe. Esta importante praxis decretada por los sabios tiene su fundamento en la orden dada por Moshé en la porción de «Vaiakhel»: «El Santo Bendito Sea le dijo a Moshé: congrega comunidades multitudinarias y enséñales públicamente las leyes del Shabat para que aprendan para todas sus generaciones a reunir a las multitudes sábado a sábado en las casas de estudio, para enseñarles lo prohibido y lo permitido, para que Mi Gran Nombre sea  loado entre mis hijos». De aquí que dijeron nuestros sabios: Moshé instituyó que el Pueblo de Israel en cada tiempo festivo estudie los temas referentes al mismo, leyes de Pesaj en Pesaj, leyes de Shavuot en Shavuot, leyes de Sucot en Sucot. Dijo Moshé a los hijos de Israel: si vosotros cumplís con este orden de estudio, Hashem va a considerar como que lo habéis coronado en Su reino, tal como está escrito «Por tanto sois Mis testigos, dice el Eterno, y Yo soy Hashem» (Yalkut Shimoní Vaiakhel 408).

Está prohibido fijar una comida durante la disertación (Shulján Aruj 290:2). Nuestros sabios dijeron que esta es una de las razones por las cuales gente rica pierde sus posesiones. Hubo una familia en Jerusalém que fijó su comida a la hora de la disertación, y por esta razón dejó de existir (Tratado de Guitín 38(B)).

Rabí Zeira contaba que en un inicio pensó que toda la gente que corría para llegar a la disertación estaba profanando el Shabat por no caminar pausadamente. Empero, tras oír las palabras de Rabí Iehoshúa ben Leví que decía: «es bueno correr para cumplir con un precepto, inclusive en Shabat», él también comenzó a correr para llegar a la disertación (Tratado de Berajot 6(B)). Dado que la disertación era para todo público, resultaba muy difícil adaptar su nivel de dificultad al de todos y cada uno de los asistentes. En algunos casos los alumnos ya sabían todo lo que el rabino disertaba y en otros no entendían nada. Sobre esto dijeron nuestros sabios que la mayor recompensa por asistir a la disertación es el correr para llegar a ella (Tratado de Berajot 6(B)). Esto se debe a que en virtud de que la gente corre, se apresura y se aglomera, aumenta la dignidad de la Torá, la Divina Presencia se posa entre los hijos de Israel y de esa manera tienen la posibilidad de reforzar su fe y su conexión a la Torá y los preceptos. De todas maneras, quien no asiste a la disertación debe estudiar Torá a la misma hora, y de ninguna manera habrá de fijar su comida o un paseo en ese momento (Mishná Berurá 290:7).

Lo más importante de la disertación es poder enseñarle al público general halajot prácticas y orientarlo en los caminos de Hashem, tal como dicen nuestros sabios (Yalkut Shimoní Vaiakhel 408): «enseñar e instruir al Pueblo de Israel lo prohibido y lo permitido por la Torá». Una vez Rabí Abahu y Rabí Jía Bar Aba coincidieron en un mismo lugar; Rabí Abahu disertó sobre Agadá y Rabí Jía lo hizo sobre Halajá. La mayoría de los oyentes de Rabí Jía abandonaron su disertación y se pasaron a la de Rabí Abahu. Rabí Jía se molestó pues Rabí Abahu hizo una excepción  a la norma aceptada en cuanto a que la disertación debe versar sobre Halajá y no sobre Agadá, y si bien Rabí Abahu intentó disculparse, Rabí Jía siguió molesto (Tratado de Sotá 40(A)). Es muy razonable pensar que Rabí Abahu consideró que el público estaba en un nivel bajo por lo que era necesario atraerlo y animarlo con palabras de fe y Agadá, al tiempo que Rabí Jía entendió que el público estaba apto para escuchar una disertación de Halajá.

En la práctica, todo depende del público y de lo que necesita. En general es bueno combinar en la misma disertación palabras de Halajá y sus motivos junto con cuestiones de fe y ética habiendo sido esta la usanza de muchos de los grandes maestros del Pueblo de Israel (ver Tur Oraj Jaím 290, Bait Jadash, Maguén Abraham, Shulján Aruj HaRav 290:3, Mishná Berurá 6).

Sobre los líderes comunitarios pende la responsabilidad de reforzar el estudio público de Torá en Shabat estableciendo distintas clases en variados temas, tanto para hombres como para mujeres, jóvenes y adultos, sobre Halajá, Agadá, Tanaj y Talmud, para que de esta manera todos los segmentos de la población puedan asistir. Asimismo, es importante fijar una disertación central para todo público tal que de esa manera se pueda encumbrar a la Torá y fortalecer su status en la sociedad.

05- Mujeres y estudio de Torá.

Existe una diferencia importante entre el deber de estudio de Torá en el hombre y en la mujer. En el caso de los hombres, una vez que ya aprendieron todas las halajot básicas y todos los fundamentos del judaísmo deben todavía fijar horarios para el estudio, repasar lo ya estudiado y profundizar. A ellos se les instruyó: «Este libro de la ley no se apartará de tu boca sino que meditarás en él día y noche» (Iehoshúa 1:8). Si bien durante todos los días hábiles en los que es necesario trabajar se cumple con el precepto del estudio de la Torá mediante un capítulo por la mañana y otro por la noche (Tratado de Menajot 99(B)), al llegar el Shabat este versículo debe ser cumplido literalmente, tal como dijeron nuestros sabios «El Shabat ha de ser todo Torá» (Taná de Bei Eliahu 1, arriba inciso primero).

Sin embargo, las mujeres no deben fijar un tiempo para el estudio de la Torá, siendo su deber conocer las indicaciones de la sagrada Torá para la vida, a fin de que esta pueda iluminar y dirigir sus caminos tanto en la parte halájica como en la parte ética y de fe. En el caso de la mujer a la que le alcanza con un poco de estudio a los efectos de aprender lo necesario, puede contentarse con esto, y quien siente que necesita más es su deber continuar estudiando. Todo depende del carácter de la mujer y cambia según la época. Hubo tiempos en los cuales un poco de estudio le alcanzaba a la mayoría de las mujeres, mientras que hoy en día, que la vida se tornó más compleja y la sabiduría general se ha diseminado por el mundo, se hace necesario que las mujeres estudien mucha más Halajá, fe y ética (Peninei Halajá Likutim Jelek Alef 1:15).

Dado que las mujeres no tienen el deber de fijar horarios para el estudio de la Torá todos los días y todas las noches, tampoco están obligadas a dedicar al estudio la mitad del tiempo del Shabat. Empero, dado que el estudio alegra tanto a hombres como a mujeres, es preceptivo que éstas estudien Torá como parte del deleite espiritual del Shabat. Además, las mujeres deben estudiar Halajá y fe,  y dado que el Shabat es apropiado para el estudio de la Torá tanto por su santidad como por el hecho de que la Torá fue entregada en ese día, es bueno que ellas fijen clases sobre los diferentes temas antes mencionados. Empero, por cuanto que desde el estricto punto de vista reglamentario las mujeres no están obligadas a estudiar, durante los años en los que están ocupadas con niños pequeños a su cargo están exentas de fijar un estudio propio en Shabat. Sin embargo, mujeres que no tienen niños pequeños a su cargo es bueno que estudien mucho en Shabat, con alegría y comodidad. En el caso de las mujeres que tienen muchas ocupaciones domésticas, es bueno que fijen algún tipo de estudio en Shabat o que participen de alguna clase, puesto que también ellas necesitan de las instructivas de nuestra Torá. Sabemos que en los días de nuestros sabios talmúdicos, las mujeres participaban de las disertaciones de Shabat al punto que en algunas oportunidades estas se prolongaron y las señoras demoraron en retornar a sus hogares. Es una gran virtud  cuando una pareja disfruta el estudiar juntos, pues mediante este estudio la Divina Presencia reposa entre ellos y la Torá dirige sus vidas. Empero, en el caso de una pareja a la que le es difícil estudiar juntos  no deben de lamentarse pues a veces el gran cariño que hay entre ellos dificulta la concentración.

06- La lectura de la Torá en Shabat.

Moshé Rabenu decretó que el Pueblo de Israel lea la Torá de un rollo de pergamino escrito con tinta los días sábados, lunes y jueves (Tratado de Baba Kama 82(A)). En virtud de su importancia, los sabios establecieron que en Shabat suban siete personas a leer la Torá, número que se corresponde con los siete días de la semana (Tratado de Meguilá 21(A)). En días del Talmud se acostumbraba en la tierra de Israel a completar la lectura de la Torá en tres años, mientras que en Babilonia se acostumbraba a hacerlo en un año solamente. Hoy día en todas las comunidades judías, cada año en Simjat Torá se acostumbra a completar el ciclo de lectura, al tiempo que cada Shabat se lee una porción llamada «Parashat Hashavúa» (la porción de lectura semanal). Cada uno de los siete que suben a la Torá lee un pasaje de la porción y juntos la completan. Si un Shabat no se leyó la «parashá», el siguiente sábado se deben de leer dos para completar la que faltó (Ramá 135:2).

Si se quiere hacer subir a la Torá a más de siete lectores, se lo puede hacer a condición de que cada uno lea al menos tres versículos. Hay quienes opinan que hoy en día no es correcto hacer subir a la Torá en Shabat a más de siete personas, ya que en ese caso se recitan más bendiciones de las que establecieron nuestros sabios. Esto se debe a que en el pasado subía el primero y recitaba una bendición antes de comenzar la lectura, y el que subía séptimo recitaba una al finalizarla y todos los que subían en el medio no recitaban bendición alguna. Luego surgió el temor de que quienes ingresaban o salían en la mitad de la lectura de la Torá no sepan que en realidad ya se bendijo antes o si se ha de bendecir al final, y por lo tanto se estableció que todo aquel que es llamado a leer la Torá bendiga antes y después. Según esta opinión, dado que cada uno de los siete bendice antes y después de leer no es correcto agregar más personas que suban y de esa manera exceder el número de bendiciones establecido por los sabios. Además, es importante no exasperar al público mediante la prolongación innecesaria del servicio. Por lo tanto, a priori es bueno establecer la costumbre de no hacer subir más de siete personas, empero, en caso de gran necesidad y a los efectos de evitar ofensas y malentendidos, se puede adicionar personas que suban (Shulján Aruj 282:1-2, Mishná Berurá 4-5).

Desde el punto de vista estrictamente halájico, se puede llamar a leer la Torá a un menor de trece años que entiende a quién se le recita la bendición, a condición de que la mayoría de los que suben sean mayores de edad, siendo esta la usanza de algunas comunidades sefaradíes (Shulján Aruj 282:2, Iejave Daat 4:23). La costumbre ashkenazí y de algunas de las comunidades sefaradíes es de no llamar a la Torá a menores de trece años. Hay también  sefaradíes que siguen la tradición del Arí z´´l de llamar a un menor de trece años en séptimo lugar y no antes (ver Mishná Berurá 282:12, Kaf HaJaím 22). Los yemenitas acostumbran a llamar a la Torá a un menor de trece años en sexto lugar.

07- Haftará (la porción de lectura de los profetas).

Nuestros sabios dispusieron que además de la Torá, se lea también un pasaje de los profetas que esté vinculado a lo que se leyó de la ley de Moshé o al tema del día (en caso de tratarse de un día festivo o ayuno o Rosh Jodesh etc. N. de t.), recitándose una bendición antes y cuatro bendiciones después de la lectura. Esta lectura de los profetas recibe el nombre de Haftará que en hebreo significa «conclusión», pues con ésta, la parte de las lecturas en el servicio llega a su fin.

Esta lectura fue instituida en virtud de una medida persecutoria que prohibía a los judíos leer la Torá so pena de muerte. Dado que el decreto persecutorio no incluía la prohibición de la lectura de los profetas, los sabios de esa generación ordenaron sustituir la lectura original de la Torá de Moshé por la de los libros proféticos de un modo semejante al de la primera, con siete personas que pasan a leer y con el recitado de bendiciones antes y después. Una vez que el decreto persecutorio fue derogado y los judíos volvieron a leer la Torá, se estableció que se continúe leyendo a los profetas cada sábado e inclusive se instituyeron bendiciones a recitar antes y después de la lectura. Dado que en días de la persecución pasaban a leer al profeta siete personas y cada uno leía como mínimo tres versículos, en esta nueva etapa se definió que la Haftará no podía consistir en menos de veintiún versículos. En caso de que el pasaje a ser leído contenga un número de versículos menor al mínimo, de todas maneras se lee hasta concluir con el mismo (Shulján Aruj 284:1, Mishná Berurá 2).

A los efectos de que la lectura de la Haftará no parezca similar en jerarquía a la de la Torá, nuestros sabios dispusieron que quien pasa a leer a los profetas debe primeramente leer algunos versículos de la Torá y luego del profeta, para que de esa manera quede claro que la segunda lectura no es una unidad independiente y equivalente a la primera. Desde un punto de vista estrictamente halájico sería posible que la séptima persona que pasa a leer la Torá también lea la Haftará, empero los juristas tendieron a inclinarse por la opinión que considera que el lector de la Haftará no es parte de los siete que leen la Torá. Por lo tanto, una vez que subieron los siete lectores de la porción de lectura o Parashá, se recita medio kadish finalizando así con la lectura de la Torá y luego se invita a subir al Maftir, quien habrá de leer los últimos versículos de la Parashá ya leída y luego continuará con la lectura de la Haftará.

Hay quienes opinan que la lectura de la Haftará debe ser llevada a cabo de un libro de los profetas escrito con tinta y sobre un pergamino similar al de un rollo kasher de la Torá (Levush). Muchos juristas de las últimas generaciones escribieron que también se puede leer la Haftará de un libro impreso y bueno es leerla de un libro en el cual está impreso todo el texto del profeta y no solo los versículos relevantes. Empero, si no hay disponible semejante tomo, se puede leer la Haftará de un libro en el cual figuran únicamente los versículos en cuestión como es el caso de los «jumashim» que solemos usar en Shabat (Maguén Abraham, Eliahu Rabá, Mishná Berurá 284:1).

Hay comunidades en las que se acostumbra a que todo el público presente lee conjuntamente la Haftará, empero es mejor que quien pasa a leerla o el oficiante lea solo, y todos los demás le escuchen. Quien quiera leer para sí en voz baja puede hacerlo siempre y cuando no moleste a sus vecinos que quieren escuchar la lectura pública.

08- La lectura de la Torá en Minjá de Shabat.

Ezra el escriba instituyó que además de la lectura de la Parashá de la semana en el servicio de Shajarit, se lea también la Torá en Minjá de Shabat. En esta lectura pasan tres personas y leen el inicio de la porción de la semana siguiente. Este mismo pasaje será leído asimismo los siguientes lunes y jueves. Esta lectura es una suerte de preparación e introducción de cara a la lectura de la porción del Shabat siguiente.

Nuestros sabios explican (Tratado de Baba Kama 82(A)) que la razón de esta disposición radica en que los comerciantes y artesanos que estaban todo el día sentados en sus tiendas y no asistían a los rezos de Shajarit en los días hábiles, no se preparaban para la lectura de la Parashá del Shabat siguiente con las lecturas del lunes y el jueves. A los efectos de que la puedan oír aunque sólo sea una vez previo al Shabat, Ezra estableció que se lea en Minjá de ese día pues entonces todos tienen tiempo de asistir (Rashí, Rosh).

Otra de las razones esgrimidas es que se temía que la gente se embriagase durante las comidas de Shabat y luego no estudie Torá. Por lo tanto, Ezra estableció la lectura de Shabat por la tarde para que, por respeto a la misma todos se reúnan en la sinagoga y eviten así el ocio y la embriaguez. A este respecto, le dijo el Rey David al Santo Bendito Sea: Soberano del Universo, no hay en el mundo otra nación como esta, ya que en los demás pueblos cuando se hace un banquete las personas beben hasta emborracharse y luego pasan a las acciones incorrectas. Nosotros a pesar de que comimos y bebimos vamos luego a rezar, tal como está escrito (Salmos 69:14): «Pero en cuanto a mí, sea mi plegaria a Ti oh Eterno en tiempo oportuno. ¡Oh Hashem en la abundancia de Tu misericordia respóndeme con la verdad de tu salvación! Por esta razón este versículo se recita previo a la lectura de la Torá de Minjá de Shabat (Shibolei Haleket).

09-La triple lectura de la Parashá de la semana. (Shnaim Mikrá Veejad Targum)

Además de la lectura de la Torá en la sinagoga, nuestros sabios dispusieron que leamos cada  semana la Parashá, dos veces en hebreo y una vez traducida. Quien así procede es recompensado con una larga vida (Tratado de Brajot 8(A)). En los días en que los sabios establecieron esta disposición, la mayoría de los judíos hablaban arameo y sólo mediante la traducción aramea de la Torá que compuso el prosélito Onkelos, los judíos entendían la Parashá.

A lo largo de las generaciones, los judíos fueron exiliados a diversos países en los que se hablaban diferentes lenguas y el arameo ya no era de uso común. Entonces, surgió la pregunta de si en vez de leer la traducción al arameo no sería mejor leer la Parashá con traducción a la lengua vernácula o con los comentarios de Rashi.

Respecto de las demás traducciones, los juristas coinciden en que no se le aproximan en importancia a la de Onkelos que fue redactada en tiempos de los tanaítas y está originada en Sinaí y por lo tanto con estas no se cumple con el precepto. Empero respecto del comentario de Rashi, los juristas coinciden en que puede sustituir a la traducción de Onkelos puesto que este interpreta los pasajes difíciles de la Torá en concomitancia con la interpretación de la traducción e inclusive se explaya más. Empero hay algunos versículos que Rashi no comenta y estos deben ser leídos tres veces (Mishná Berurá 285:5).

Hay quienes cumplen con este precepto de manera sobresaliente (mehadrín) y leen dos veces en hebreo, una vez la traducción de Onkelos y posteriormente el comentario de Rashi. Esto se debe a que este comentario es muy amplio y cita explicaciones de los sabios a los diferentes pasajes, mientras que la traducción de Onkelos por estar fundamentada u originada en Sinaí es tan trascendente que los cabalistas indican que aunque no se entienda arameo es beneficioso leerla (Shulján Aruj 285:3).

El tiempo para la lectura triple de la Parashá (dos veces en hebreo más la traducción) comienza a correr a partir del servicio de Minjá de Shabat que es cuando se comienza a leer la porción de la semana siguiente. El plazo para concluir con esta triple lectura es hasta el final de la comida matutina de Shabat, ya que Rabí Iehudá Hanasí instruyó a sus hijos a que no se sienten a comer el Shabat por la mañana antes de que terminen de leer la Parashá dos veces en hebreo y una vez traducida. En caso de que ya se haya comido, se puede completar la triple lectura hasta Minjá de Shabat que es cuando se inicia la lectura de la próxima porción. Si no alcanzó a hacerlo puede completar la triple lectura hasta el final del siguiente martes,  ya que los primeros tres días de la semana están vinculados al Shabat anterior. Quien no alcanzó a completar la triple lectura hasta entonces debe poner atención en completarla antes de la conclusión del ciclo de lectura, en el próximo Simjat Torá (Shulján Aruj 285:4).

10- Las diferentes costumbres de la triple lectura.

Hay quienes acostumbran a leer la Parashá los viernes esmerándose en no interrumpir desde el inicio hasta el final de la misma (Arizal, Shelá, Kaf HaJaím 285:3 y 285:15). Otros acostumbran a leer diariamente una de las siete partes en las que la lectura está dividida de modo tal que hasta el Shabat la completan (Gaón de Vilna, Mishná Berurá 285:8). De todas maneras, todo aquel que a lo largo de la semana alcanzó a completar la lectura triple cumplió con el precepto.

A priori, se lee la Parashá en hebreo dos veces y recién después se lee la traducción. Según la tradición del Arí z´´l se lee cada versículo dos veces en hebreo y luego su traducción. Según la tradición del Shelá y el Gaón de Vilna se lee primero cada párrafo dos veces y después la traducción. Cuando hablamos de párrafo (parshiá[1]) nos referimos tanto a abiertas como a cerradas y ambas costumbres son correctas (Mishná Berurá 285:2, Kaf HaJaím 3).

A posteriori, el orden no es crucial y si se leyó primero una vez en hebreo, luego la traducción y posteriormente por segunda vez en hebreo se cumplió con el precepto (Levush, Aruj Hashulján 285:3). Asimismo, quien leyó la Parashá mas no de acuerdo al orden, leyendo primeramente el fin y luego el principio también cumplió. Lo esencial es que todos los versículos sean leídos dos veces en hebreo y una vez traducidos. Asimismo, quien enseña la Parashá a niños no necesita leer la triple lectura, pues es claro que mientras enseña lee los versículos dos veces cada uno y los explica (Shulján Aruj 285:6).

Quien no alcanzó a leer dos veces en hebreo y una vez la traducción hasta el momento de la lectura de la Torá, halájicamente tiene permitido leer triplemente durante la lectura pública (Shulján Aruj 285:5). Empero, hay quienes opinan que no es correcto hacerlo así, y por ende es mejor que lea en voz baja junto al lector oficiante y esta se le considera como una lectura en hebreo (Mishná Berurá 285:14). Los juristas de las últimas generaciones han discutido si considerar o no como una lectura cuando la persona sólo escuchó la lectura pública sin leerla simultáneamente en voz baja (Mishná Berurá 285:2).

En el caso de quien estudia la Parashá con el comentario de Rashi, si le resulta más cómodo un párrafo completo en hebreo y luego el comentario versículo por versículo puede hacerlo así. Mas los versículos que carecen de comentario deben ser leídos una vez más para completar la triple lectura. Si así se quiere, se puede leer primeramente dos veces en hebreo con el comentario de Rashi y al llegar a la lectura pública en la sinagoga se puede leer en voz baja junto al oficiante, y se le computará como la tercera lectura que completa los versículos que carecían de comentario.

Las mujeres están exentas de la lectura de la Torá así como de la triple lectura; de así quererlo pueden sumarse a la lectura pública y estudiar la Parashá y se les considera como mitzvá (Pninei Halajá Tefilat Nashim 2:10).


[1]. Una parshiá es una unidad de texto o párrafo de las 669 en las cuales la Torá está dividida desde Sinaí (n. de t.).

11- Los rezos de Shabat.

La Amidá de Shabat (el rezo que se lleva a cabo de pie y en silencio) incluye siete bendiciones. El formato de las tres primeras y las tres últimas es idéntico al de la Amidá de los días hábiles, y en lugar de las trece bendiciones intermedias se recita una bendición única que habla de la santidad del Shabat y en la que le pedimos a HaShem que vea con bien nuestro descanso, que nos consagre con sus preceptos y que termina con las palabras: «Bendito eres Tú Hashem que santificas el Shabat». El inicio de esta bendición central es diferente en cada uno de los servicios de Shabat: en Arvit comienza con «Atá Kidashta» (Tú santificaste), en Shajarit «Ismaj Moshé» (Que se regocije Moshé) y en Minjá «Atá Ejad» (Tú eres Uno). Quien se confunde e intercambia los inicios diciendo por ejemplo «Ata Kidashta» en Minjá, igualmente cumplió con su deber de rezar puesto que el contenido central de todas las bendiciones centrales es básicamente similar (Shulján Aruj 268:6, Mishná Berurá 14).

Si bien según la halajá se podría recitar en Shabat la totalidad de las bendiciones que se recitan en los días hábiles y agregar una bendición especial en honor al Shabat, es también en honor al Shabat que nuestros sabios no quisieron agobiar a quienes rezan con largas plegarias (Tratado de Brajot 21(A)). Además, no corresponde en Shabat pedir a HaShem por cuestiones mundanales que al hombre le pueden causar pena (Tanjuma, Rashi y Rambám). Por lo tanto, nuestros sabios dispusieron que en vez de las trece bendiciones de pedidos se recite una solamente. Empero, quien por error comienza en Shabat a recitar las bendiciones comunes de los pedidos y se da cuenta en la mitad que es Shabat, ha de concluir la bendición en cuestión y solamente después ha de volver al formato de rezo sabático. Esto se debe a que según la halajá, sería posible recitar las bendiciones comunes de los días hábiles también en Shabat, y quien ya comenzó una bendición de estas, corresponde que la termine (Shulján Aruj 268:2). Quien se equivoca y omite la bendición del Shabat, mientras no haya terminado su rezo puede retornar a la bendición en cuestión y de allí continuar hasta el final del servicio. Empero, si ya terminó de rezar, aunque no haya dado aún los pasos hacia atrás, debe volver a comenzar el rezo desde su inicio (Shulján Aruj 268:5).

Los sabios fijaron también el servicio de Musaf que se corresponde con las ofrendas suplementarias que, en Shabat, se debían sacrificar en el Templo de Jerusalém. En este rezo la estructura es similar a la de los otros tres, las tres primeras bendiciones y las tres últimas son idénticas a las de la Amidá de la semana y la bendición del medio habla de las ofrendas de Musaf y de la santidad del Shabat.

12- «Vaijulú» (Y fueron completados).

En la Amidá del viernes a la noche agregamos el párrafo que inicia con las palabras «Vaijulú», esto es, los tres versículos de Bereshit que nos relatan el primer Shabat de la historia: «Y así fueron acabados (Vaijulú) el cielo y la tierra y todas sus huestes (las estrellas). Y habiendo terminado Elokim el día séptimo la obra que había hecho, descansó el día séptimo de todo el trabajo realizado. Y bendijo Elokim el séptimo día y lo santificó porque en él descansó de toda la obra que había creado«(Bereshit 2:1-3).

Dijeron nuestros sabios (Tratado de Shabat 119(B)) que todo aquel que recita «Vaijulú» en el rezo del viernes por la noche, se le considera socio de la creación. El objetivo de la creación es que se revele HaShem en el mundo y lo bendiga, siendo éste el tema central del Shabat. Cuando un judío recita «Vaijulú» da testimonio sobre la creación del mundo y la santidad del Shabat,  realizando así la finalidad última de la creación agregando bendición al mundo.

Además, nuestros sabios dijeron que todo aquel que recita «Vaijulú» es acompañado por dos ángeles que posan sus manos sobre su cabeza y le dicen: «tu iniquidad te ha sido quitada y tu pecado ha sido expiado» (Ishaiahu 6:7). El «Shabat» está vinculado a la «teshuvá» o retorno y esto se expresa en la similitud de letras que conforman ambos vocablos ((שבת-תשובה. En Shabat recordamos al Creador del universo y retornamos a todas las buenas aspiraciones que anidan en nuestra alma. Quien recita el «Vaijulú» el viernes por la noche expresa de esa manera el más profundo significado del Shabat, y en virtud de ello accede a la verdadera teshuvá y sus trasgresiones son expiadas.

Además del recitado del «Vaijulú» durante el rezo en voz baja del servicio de Arvit, tras la Amidá todo el público lo repite en voz alta y de pie (Shulján Aruj 268:7). Esto se debe a que si un día festivo de la Torá (Yom Tov) cae en Shabat, en el rezo de Arvit se menciona al Shabat en contadas palabras y no se recita el «Vaijulú». A los efectos de no perder en esos sábados su recitado, los sabios establecieron que todos los Shabatot del año, después del rezo se recite el pasaje en cuestión. Otros agregan otra razón para el recitado en voz alta y es el recordar la creación del mundo.

Además, recitamos el «Vaijulú» por tercera vez durante el Kidush de la noche. En diferentes oportunidades vemos en la tradición judía que algo importante se repite tres veces.

13- «Maguén Avot» y Me´ein Sheva«.

Nuestros sabios establecieron que tras concluir Arvit de Shabat, el oficiante del servicio recite la bendición de «Me´ein Sheva«, que es una suerte de repetición del rezo de la «Amidá» pues contiene una síntesis de las siete bendiciones de la Amidá de Shabat. Esta disposición tiene su origen en el hecho de que en el pasado, la mayoría de las sinagogas estaban ubicadas en el radio suburbano y era peligroso que una persona vuelva caminando sola a su casa. Los sabios temieron que alguien se demore en su oración, termine después que el grueso de la congregación y retorne solo a su hogar poniéndose así en peligro. Por lo tanto, dispusieron que el oficiante recite la bendición «Me´ein Sheva» y de esa forma se extienda la presencia del público en la sinagoga. De mientras, quienes rezan más despacio tienen tiempo paras terminar junto a todos y pueden así volver acompañados.

Si bien hace ya unos mil años que acostumbramos a construir las sinagogas en las ciudades, la disposición rabínica sigue en pie, y por lo tanto el oficiante tras el rezo de Arvit en voz baja recita la bendición «Me´ein Sheva«. Empero, si se junta un minian para rezar en una casa de familia como en el caso de la casa del novio o la casa del doliente, esta bendición no se ha de recitar puesto que la disposición está destinada únicamente para sinagogas (Shulján Aruj 268:10).

Hay quienes opinan, fundamentándose en la kabalá, que si bien los sabios justificaron su disposición con las razones arriba mencionadas, el motivo esotérico radica en el hecho de que en Shabat es necesario que haya una especie de repetición de la Amidá de Arvit. Por esta razón la disposición rabínica no está circunscrita a la sinagoga, sino que «Me´ein Sheva» debe ser recitada en cada sitio donde haya un minian (Ben Ish Jai, Kaf HaJaím 268:50). Esta es la usanza de quienes se conducen de acuerdo a la kabalá. Sin embargo, la mayoría de los juristas se inclinan por la primera opinión, esto es, que «Me´ein Sheva» no se recita allí donde no funciona un minian fijo. Solamente en Jerusalém se recita «Me´ein Sheva» en un minian que no es fijo pues toda la ciudad es considerada como una gran sinagoga.

Esta bendición le corresponde al oficiante y por eso el pasaje que toda la congregación recita en voz alta, «Maguén Avot«, debe ser repetida posteriormente por éste en carácter de solista (Mishná Berurá 268:22).

Los juristas de las últimas generaciones discutieron respecto de si el oficiante debe flexionar sus rodillas e inclinarse al iniciar la bendición. Unos opinan que dado que esta bendición sustituye a la repetición de la Amidá por parte del oficiante, se le considera como un rezo y por lo tanto corresponde que flexione sus rodillas y se incline al comenzarla tal como lo hace en el caso de un rezo de Amidá. Otros opinan que su status no es similar al de la repetición del oficiante y por lo tanto la flexión y la inclinación no son necesarias. Cada quien que siga con su tradición.

14- «Kabalat Shabat» y otras adiciones a los rezos.

Hace más de cuatrocientos años los cabalistas en Tzfat comenzaron a recibir el Shabat con cánticos y salmos. Dado que el Pueblo de Israel quería dar expresión al alma suplementaria que se suma a la persona al iniciarse el Shabat (neshamá ieterá), esta costumbre de los cabalistas de Safed fue adoptada por todas las comunidades y recibe el nombre de rezo de «Kabalat Shabat» (recibimiento del Shabat). En esos días vivía en Tzfat el Rabino Shlomó Alkabetz, quien compuso el maravilloso poema «Lejá Dodí» con el que actualmente se recibe el Shabat en todas las sinagogas.

El Arí z´´l acostumbraba a recibir el Shabat en el campo junto a sus discípulos mirando hacia el Oeste, dirección en la cual el sol se pone y tal como dicen nuestros sabios (Tratado de Baba Batra 25(A)) que en esa dirección se encuentra la mayor revelación de la Divina Presencia («Ikar Shejiná baMaarav«). Esta costumbre de pararse en dirección al Oeste mientras se recita la última estrofa del poema «Leja Dodí» y en la que se da la bienvenida a «la novia» fue adoptada en las diferentes sinagogas. De esta manera aunque la puerta de la sinagoga esté orientada en otra dirección hay que girar y pararse de cara al oeste. Otros acostumbran a girar en dirección de la puerta de la sinagoga aunque esta no esté ubicada en dirección Oeste, como forma de expresar que el Shabat es un invitado que entra por la puerta principal.

Hay una tradición antigua del medioevo de recitar el capítulo de la Mishná de Shabat «Bamé Madlikin» (Shulján Aruj 270:1). Al final de este pasaje nuestros sabios dicen: «tres cosas debe declarar un hombre en su casa en vísperas del Shabat al oscurecer, ¿habéis separado diezmos?, ¿habéis hecho el Eruv?, ¡Encended la vela!». Hay quienes acostumbran a no recitarlo y otros acostumbran a leer un pasaje del Zohar que se inicia con la palabra «Kegavna«.

Desde la Edad Media (tiempo de los «rishonim») se acostumbra a agregar «cánticos de alabanza» (pesukei dezimrá) antes de la Amidá de Shajarit, y se eligieron salmos que mencionan la creación del mundo y la entrega de la Torá, ya que el Shabat rememora la acción creadora del universo y la Torá fue entregada un día sábado. Antes de la bendición de «Ishtabaj» que finaliza la sección de los «cánticos de alabanza», se adiciona la plegaria «Nishmat Kol Jai» en la cual se recuerda la salida de Egipto puesto que el Shabat rememora el Éxodo (Tur Oraj Jaím 281, Levush).

Las mujeres están exentas del precepto de rezar con minian y de recitar los agregados dispuestos por los sabios, mas deben recitar las bendiciones matinales (bircot hashajar) así como rezar la Amidá tanto de Shajarit como de Minjá. En caso de que ellas hayan rezado una Amidá en el día – cumplieron. A posteriori, las mujeres cumplen recitando únicamente las bendiciones matinales (Peninei Halajá Hiljot Nashim 2:5). Si una mujer tiene disponibilidad, es bueno que en Shabat asista a la sinagoga (ídem 20:2).

15- La costumbre del saludo sabático al rabino.

«Dijo Rabí Itzjak: una persona debe saludar a su rabino en las fiestas de peregrinación» (Tratado de Rosh Hashaná 16(B)). La razón del precepto es estrechar el vínculo con el rabino para así reforzar el estudio de la Torá y el cumplimiento de las mitzvot. Los días sagrados son los más apropiados para afirmar la relación con los temas espirituales. Es así que la costumbre judía desde tiempos ancestrales, y así lo vemos en el relato bíblico de la mujer de Shunem,  que cuando su marido la vio salir dela casa para acudir a lo del profeta Elisha en un día de semana le preguntó: «¿por qué acudes a él hoy que no es ni Rosh Jodesh ni Shabat?» (Melajim II 4:23). Esto implica que en Rosh Jodesh y en Shabat iba a ver a su profeta o rabino.

Los sabios medievales entendieron que el cumplimiento del precepto depende de la distancia. Quien vive lejos de lo de su rabino debe saludarlo aunque sea en las fiestas de peregrinación tal como lo indicó Rabí Itzjak.  Quien vive más cerca debe ver a su rabino aunque sea una vez al mes, y quien es prácticamente vecino debe verlo al menos cada Shabat (según Rabenu Jananel y el Ritba, ver Beur Halajá 301:4 en el párrafo que inicia con la  palabra להקביל). En virtud de esta instrucción se acostumbra hoy día ir a saludar al rabino al finalizar el servicio y desearle «Shabat Shalom». Pensamos que quien asiste a la disertación del rabino se les puede considerar como que lo viene a saludar.

El Rabino Tzví Iehuda Hacohen Kuk, de bendita memoria, explicó que si bien las mujeres no están obligadas a estudiar Torá en todos sus detalles, desde el punto de vista de su vínculo a la Torá y los estudiosos de la misma, son superiores a los hombres. La prueba es que cuando el Pueblo de Israel se paró ante el Monte Sinaí, HaShem le ordenó a Moshé que hable primero a las mujeres y luego a los hombres, tal como está escrito (Shemot 19:3 y Mejilta): «Así dirás a la casa de Yaakov- se refiere a las mujeres, «esto anunciarás a los hijos de Israel» – se refiere a los hombres».

Por lo tanto, no es casualidad que el precepto de saludar al rabino en las fiestas y en Shabat se aprende de la mujer de Shunem puesto que como vimos, el vínculo de las mujeres a la Torá es más profundo que el de los hombres. Estos se ocupan más de los detalles de las halajot y los preceptos de la Torá, mientras que las mujeres están más ligadas a sus ideas y principios generales (Peninei Halajá Tefilat Nashim cap. 3 y 7:2).

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