15. Ofrendas y cánticos de alabanza.

Hasta aquí

Hasta aquí estudiamos reglas relativas a hombres y mujeres por igual, tal como en el caso del lavado de manos («netilat iadaim«), bendiciones matinales, de la Torá y el recitado de la Amidá. En los próximos capítulos estudiaremos sobre pasajes del rezo que son obligatorios para el hombre estando las mujeres exentas de los mismos, aunque aquellas que buscan cumplir mitzvot con excelencia los recitan.

01. El recitado de las ofrendas por parte de las mujeres es una costumbre de mujeres piadosas.

Hay juristas que sostienen que también las mujeres deben recitar el pasaje de las ofrendas permanentes («Parashat Hatamid«) ya que los rezos fueron establecidos en correspondencia con los sacrificios diarios permanentes. Dado que las mujeres tienen el deber de rezar Shajarit (de acuerdo a la opinión mayoritaria de los juristas, ver arriba 2:2) de la misma forma corresponde que reciten el pasaje de las ofrendas permanentes. Otros juristas consideran que además de «Parashat Hatamid» es bueno que reciten toda la sección de la ofrenda de sacrificios.

En la práctica, la costumbre más extendida y la opinión halájica mayoritaria  es que las mujeres no reciten «Parashat Hatamid«. Esto obedece a que el fundamento del deber femenino de rezar es el de suplicar ante Hashem y no el de sustituir el trabajo de los sacrificios del Templo de Jerusalem. Más aún, tampoco los hombres tienen el deber de recitar la sección de la ofrenda de los sacrificios y en términos estrictamente halájicos ni siquiera tienen el deber de recitar «Parashat Hatamid» sino que se trata de una costumbre que se transformó en deber. Aquella mujer que desee cumplir con excelencia y recitar tanto la ofrenda permanente como el pasaje de la quema de inciensos («Pitum Haketoret«) vendrá sobre ella la bendición.

02. El motivo del recitado de las ofrendas.

Nuestros sabios dijeron (Talmud Babilonio Tratados de Ta´anit 27(B) y Meguilá 31(B)) que cuando D´s estableció el pacto con Abraham prometiéndole a él y a su descendencia heredar la tierra de Israel, le preguntó nuestro patriarca al Eterno: Soberano del Mundo, si el pueblo de Israel llega a pecar ante Ti, ¿les aplicarás el mismo castigo que usaste con la generación del diluvio o la de la torre de Babel? Le respondió el Eterno: no procederé así con ellos. Le preguntó Abraham: ¿cómo he de saber que no los eliminarás de la faz de la tierra? D´s le respondió: «toma para mí una novilla de tres años…» De esta forma le insinuó que las ofrendas serán los testigos de que existe una conexión eterna entre D´s y el pueblo de Israel, de modo tal que aunque  cometan pecados, ellos provendrán sólo por causa de una influencia externa, mas en su raíz interior, se mantendrán justos y conectados al Eterno. Por lo tanto, mediante la ofrenda de sacrificios que expresa la conexión absoluta del pueblo de Israel con el Creador, se expiarán los pecados.

Abraham preguntó ante D´s: Soberano del Mundo, ¿que será del pueblo de Israel si el Templo de Jerusalém se destruyera, cómo habrán de expiar por sus pecados? El Santo Bendito Sea le respondió: «ya les dispuse el orden de las ofrendas, mientras las reciten lo habré de considerar como si las ofrendasen delante de Mí y He de perdonar todos sus pecados».

Además dijeron, que todo aquel que se ocupa de lo respectivo al sacrificio expiatorio de pecados es como si lo elevase en la práctica y así con todos los diferentes sacrificios (Tratado de Menajot 110(A) y ver en Peninei Halajá Tefilá 13:5-6 la razón de la ofrenda del sacrificio permanente y de la quema del incienso).

Esto se debe a que toda acción que se realiza en este mundo posee un alma interior y las palabras de la Torá que se refieren a un precepto son el alma del mismo. Esto se refiere especialmente a la ofrenda de sacrificios que tienen como tema central el expresar la conexión a D´s. Por lo tanto, cuando no nos es posible elevar una ofrenda en la práctica, el estudio de la misma es considerado como el sustituto a su sacrificio (ver en el Maharal Gvurot Hashem cap. 8).

Muchos de los judíos tenían como costumbre recitar por la mañana, previo al rezo, el capítulo de la ofrenda permanente («Korban Hatamid«). Empero, como los sabios no lo dispusieron, no se considera una obligación completa. De todas maneras, dado que la costumbre del recitado de la ofrenda permanente se basa en lo dicho por lo sabios en el Talmud Babilonio (como se explicará más adelante) y dado que además éstos fijaron el horario de Shajarit en virtud del horario de la ofrenda matinal, los judíos acostumbraron a recitar el capítulo de la ofrenda permanente todos los días hasta que se transformó en obligatoria.

En orden de importancia, al recitado de la ofrenda permanente le sigue la lectura del capítulo de la quema del incienso pues éste era ofrendado todos los días, y además el Zohar (Vaiakhel 218:2) alaba vehementemente a quien lo recita a diario. Es bueno que los hombres reciten las demás porciones y plegarias impresas en el Sidur en la sección de los sacrificios, empero no es obligatorio hacerlo (tal como se explica en Peninei Halajá Tefilá 13:1).

03. ¿Por qué se recitan los cánticos de alabanza?

El orden correcto del rezo es iniciar primeramente con palabras de alabanza al Creador y sólo después hacer peticiones, tal como lo hizo Moshé Rabenu que primeramente comenzó con loas (Devarim 3:24): «¡Oh D´s Eterno! Tú has comenzado a mostrar Tu grandeza y Tu fuerte mano, pues ¿qué otro Dios hay en el cielo y en la tierra que pueda hacer Tus obras y que tenga Tu poder?» Y luego pidió: «Te imploro me dejes pasar para que pueda contemplar la buena tierra…» Según esto, Rabí Samlai enseñó que «siempre se ha de alabar primero al Santo Bendito Sea para después rezar» (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 32(A)). El principal prólogo de alabanzas lo tenemos en las primeras tres bendiciones de la Amidá que anteceden a las trece posteriores que son peticiones (como se explicó arriba 12:9). De todas maneras es bueno prologar el conjunto del servicio con alabanzas, razón por la cual nuestros sabios instituyeron los cánticos de alabanza («pesukei dezimrá«) para El Creador.

Al recitar los cánticos de alabanza nos percatamos de la grandeza del Creador, y de esa manera luego sabremos ante Quien estamos parados a la hora de rezar. De no ser así, se teme que formulemos nuestros pedidos como los idólatras que sólo procuran su éxito personal en las cuestiones mundanas sin procurar apegarse a D´s, fuente de toda vida. Sin embargo, una vez que purificamos nuestros corazones meditando en la grandeza del Eterno sabremos cómo rezar, tal que al pedir por nuestra salud y sustento lo haremos con el propósito de poder apegarnos a la Torá de D´s y consagrar Su Nombre en el mundo. De esta manera nuestras plegarias han de ser aceptadas (ver Olat Hareaiá I pág. 14).

El nombre hebreo para los Cánticos de alabanza es «Pesukei dezimrá» que proviene de la palabra «zemer» que significa canción o música, mas está también emparentada con el verbo «lizmor» que significa podar un viñedo. Así como el podador quita del viñedo las ramas innecesarias para potenciar el crecimiento de mejores frutos, de la misma forma mediante el recitado de los cánticos de alabanza eliminamos nuestros pensamientos errados y malos sentimientos. De esta manera queda sin efecto la holgazanería acumulada durante las horas de sueño para poder rezar con «Kavaná» y nuestra plegaria se eleve. La purificación anterior al rezo alegra y genera placer, y por esta razón las alabanzas previas reciben el nombre de «Cánticos de alabanza«.

04. ¿Los cánticos de alabanza son obligatorios?

En un principio, en tiempos de nuestros maestros tanaítas (siglos primero y segundo de la era común n. de t.) el recitado de los cánticos de alabanza era considerado una costumbre solamente de los píos y muy valorada por los sabios. Empero con el correr del tiempo se popularizó, transformándose en práctica obligatoria que todos los judíos inicien sus rezos con estos cánticos.

Sin embargo, las mujeres están exentas de recitarlos ya que éstos están condicionados por el tiempo ya que se recitan antes de Shajarit y las mujeres están exentas de los preceptos positivos marcados por el tiempo. Si bien hay quienes dicen que dado que las mujeres deben rezar la Amidá, deben asimismo recitar los cánticos de alabanza que sirven de preparativos para la misma. De acuerdo a la opinión mayoritaria de los juristas las mujeres están preceptuadas únicamente a recitar la Amidá al tiempo que están exentas de todos aquellos preparativos previos a la oración que no impiden la prosecución de la meta esencial de la Amidá («meakvim«). Por lo tanto, la halajá indica que las mujeres no están obligadas a recitar los cánticos de alabanza y aquella que quiera cumplir con excelencia puede hacerlo junto a sus bendiciones correspondientes, a los efectos de que su preparación para la Amidá sea completa.

05. ¿Cuáles son los cánticos de alabanza?

Lo principal de estos cánticos son los seis capítulos finales del libro de Tehilim (Salmos). El más importante es el primero, «salmo de alabanza para  David» (Salmo 145).

Antes de iniciar este salmo, se acostumbró a recitar un versículo que inicia con la palabra «Ashrei» (feliz o felices) por lo que el cántico todo recibió este nombre.

Tras este salmo se recitan otros cinco que comienzan y terminan con la palabra «Aleluya», sobre los que Rabí Iosei dijo: «sea mi porción entre quienes concluyen los Salmos de Alabanza ante HaShem todos los días» (Talmud Babilonio Tratado de Shabat 118(B)).

En tiempo de los saboraítas (sabios del Talmud posteriores a los amoraítas) se instituyó recitar el «Hodú» (Divrei Haiamim-Crónicas I 16:8-36), cántico de alabanza pronunciado por el rey David cuando retornó el Arca sagrada del Pacto de manos de los captores filisteos al Tabernáculo. Posteriormente, en tiempos del Templo de Jerusalém, se pronunciaba la mitad de este cántico durante la ofrenda del sacrificio permanente matinal y la otra mitad durante el sacrificio permanente de la tarde (Beit Iosef Oraj Jaím 50). De acuerdo con la usanza ashkenazí se recita «Hodú» después de la bendición «Baruj Sheamar» para que todas las loas estén incluidas entre las bendiciones de los cánticos de alabanza (Tur Oraj Jaím 51). Según la usanza sefaradí se recita «Hodú» antes que «Baruj Sheamar» pues se trata de una continuación del recitado de la ofrenda permanente (Eshkol, Kolbó).

Además, los saboraítas (Tratado de Sofrim 17:11) establecieron que antes del «Ashrei» se recite una serie de versículos que comienzan con la expresión «iehí jvod» (sea la gloria de Hashem) pues estos refuerzan la confianza en D´s y en la redención del pueblo de Israel. El Arí z»l explicó extensamente los secretos encerrados en estos versículos (Kaf HaJaím 51:13).

Posteriormente, en tiempo de los Gaonitas se acostumbraba a agregarle a los cánticos de alabanza algunos otros versículos y capítulos. Decidieron que se recite «Mizmor Letodá» (Salmo 100) el cual, según nuestros sabios de bendita memoria, será el único pasaje de alabanza que trascenderá los tiempos y no caducará (Vaikrá Rabá 9:7). Por esta razón corresponde recitarlo cantado. No se recita en sábados o días de fiesta,  siendo sustituido por «Mizmor Shir leiom Hashabat» (Salmo 92).

Los Gaonitas escribieron que hay quienes acostumbran a recitar «Vaibarej David» (Divrei Haiamim-Crónicas I 29:1-13 y Nejemia 9:1-11) así como el Cántico en el Mar que entonaron Moshé y el pueblo de Israel  (Shemot-Éxodo 15:1-18). Con el transcurso del tiempo, esta costumbre se extendió hasta que al final de la +época de los Rishonim, esta costumbre se afianzó en todas las comunidades. De todas maneras, el núcleo principal de los cánticos de alabanza está compuesto por los de David, tal como se menciona en la bendición «Baruj Sheamar«: «y mediante los cánticos de David te hemos de alabar». Sin embargo no hay razón alguna que impida agregar a los cánticos de alabanza «Vaibarej David» que no pertenece a los salmos y el Cántico en el Mar cuya autoría pertenece a Moshé.

06. Diversas costumbres referidas a los cánticos de alabanza y qué intención se requiere al recitarlos.

Dado que la bendición «Baruj Sheamar» tiene una importancia especial por insinuar cuestiones muy elevadas, se acostumbró siempre a recitarla de pie (Mishná Berurá 51:1, Kaf HaJaím 1). De acuerdo a la tradición ashkenazí hay que ponerse de pie también para la bendición de «Ishtabaj» que es la que finaliza los cánticos de alabanza, mas según la tradición sefaradí esto no es necesario (Ramá 51:7, Kaf HaJaím 42).

Asimismo, se acostumbró a ponerse de pie desde que se recita «Vaibarej David» hasta «Asher bajarta beAbraham» como forma de honrar al reino de Israel que fue establecido por el rey David.

Se recitan los cánticos con calma y sin prisa (Shulján Aruj 51:8) y especialmente se debe estar concentrado en el capítulo del salmo de alabanza para David (Salmo 145, «Ashrei«), respecto del cual nuestros sabios dijeron que quien lo recita a diario tendrá parte en el mundo venidero. Esto se debe a que sus alabanzas están ordenadas alfabéticamente, teniendo como punto máximo el versículo «Tu abres Tu mano y satisfaces a todo ser viviente» (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 4(B)). Aquella mujer que se da cuenta que al recitar el versículo en cuestión no estaba concentrada, que vuelva a hacerlo. Inclusive si ya llegó a otros capítulos que lo repita (Shulján Aruj 5252:7, Peninei Halajá 14:3).

Dado que la bendición «Baruj Sheamar» es anterior a los cánticos de alabanza e «Ishtabaj» posterior a los mismos, resulta que todos estos conforman una unidad compacta, razón por la cual está prohibido interrumpir en la mitad de su recitado.

Sin embargo, en caso de gran necesidad, y a los efectos de evitar una pérdida económica cuantiosa, está permitido interrumpir para hablar. Asimismo, para evitar una ofensa está permitido saludar. (Mishná Berurá 51:7 escribe que es bueno que antes y después de la interrupción la persona recite los tres versículos «Baruj Hashem» previos a «Vaibarej David«).

Si bien hay quienes opinan que a los efectos de no interrumpir es mejor que quien tuvo que ir al baño en medio de los cánticos de alabanza posponga la bendición de «Asher Iatzar» para después del rezo, de todas maneras es mejor recitar «Asher Iatzar» de inmediato, pues de posponerla se corre el riesgo de olvidar recitarla.

07. Orden de preferencias para saltear pasajes de los cánticos de alabanza.

En el caso de una mujer que quiere recitar los cánticos de alabanza y sus bendiciones pero carece del tiempo suficiente para completar todos los capítulos, podrá recitar los principales, o sea, comenzar con la bendición de «Baruj Sheamar«,  seguir con los seis capítulos desde «Ashrei» hasta el final de las aleluyas que son lo principal de la sección y culminar con «Ishtabaj«.

Si un día la mujer en cuestión tiene mucha prisa, puede limitarse a recitar «Baruj Sheamar«, «Ashrei«, dos capítulos que comienzan con las palabras «Aleluyá halelu» (Salmos 148 y 150) e «Ishtabaj«. Si carece de tiempo como para recitar siquiera esto, podrá recitar únicamente «Baruj Sheamar«, «Ashrei» e «Ishtabaj«. En caso de que carezca de tiempo para recitar «Ashrei» no podrá recitar «Baruj Sheamar» ni «Ishtabaj» ya que estas bendiciones fueron establecidas sobre los cánticos de David y entre ambas es menester recitar aunque sea el capítulo principal que es el «Ashrei«.

Recitar las bendiciones de «Baruj Sheamar» e «Ishtabaj» únicamente referidos al «Ashrei» se aplica para un caso especial, no como norma rutinaria, ya que éstas fueron establecidas para recitar la sección principal de los cánticos de alabanza que son los seis capítulos y dado que la mujer no está obligada a recitar «pesukei dezimrá» no corresponde que recite las bendiciones por un sólo cántico.

En el seno de un marco educativo de niñas, las maestras tienen la potestad de decidir que las chicas reciten las dos bendiciones junto a los seis cánticos únicamente para que por una parte las educandas reciten los cánticos de alabanza y al mismo tiempo no les resulte pesado. Sin embargo, en caso de que las maestras consideren que los seis cánticos principales son mucho como para que las chicas los reciten concentradas, es mejor que no lo hagan en absoluto y omitan los cánticos de alabanza (ver arriba 8:3).

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