03. ¿Por qué se recitan los cánticos de alabanza?

El orden correcto del rezo es iniciar primeramente con palabras de alabanza al Creador y sólo después hacer peticiones, tal como lo hizo Moshé Rabenu que primeramente comenzó con loas (Devarim 3:24): «¡Oh D´s Eterno! Tú has comenzado a mostrar Tu grandeza y Tu fuerte mano, pues ¿qué otro Dios hay en el cielo y en la tierra que pueda hacer Tus obras y que tenga Tu poder?» Y luego pidió: «Te imploro me dejes pasar para que pueda contemplar la buena tierra…» Según esto, Rabí Samlai enseñó que «siempre se ha de alabar primero al Santo Bendito Sea para después rezar» (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 32(A)). El principal prólogo de alabanzas lo tenemos en las primeras tres bendiciones de la Amidá que anteceden a las trece posteriores que son peticiones (como se explicó arriba 12:9). De todas maneras es bueno prologar el conjunto del servicio con alabanzas, razón por la cual nuestros sabios instituyeron los cánticos de alabanza («pesukei dezimrá«) para El Creador.

Al recitar los cánticos de alabanza nos percatamos de la grandeza del Creador, y de esa manera luego sabremos ante Quien estamos parados a la hora de rezar. De no ser así, se teme que formulemos nuestros pedidos como los idólatras que sólo procuran su éxito personal en las cuestiones mundanas sin procurar apegarse a D´s, fuente de toda vida. Sin embargo, una vez que purificamos nuestros corazones meditando en la grandeza del Eterno sabremos cómo rezar, tal que al pedir por nuestra salud y sustento lo haremos con el propósito de poder apegarnos a la Torá de D´s y consagrar Su Nombre en el mundo. De esta manera nuestras plegarias han de ser aceptadas (ver Olat Hareaiá I pág. 14).

El nombre hebreo para los Cánticos de alabanza es «Pesukei dezimrá» que proviene de la palabra «zemer» que significa canción o música, mas está también emparentada con el verbo «lizmor» que significa podar un viñedo. Así como el podador quita del viñedo las ramas innecesarias para potenciar el crecimiento de mejores frutos, de la misma forma mediante el recitado de los cánticos de alabanza eliminamos nuestros pensamientos errados y malos sentimientos. De esta manera queda sin efecto la holgazanería acumulada durante las horas de sueño para poder rezar con «Kavaná» y nuestra plegaria se eleve. La purificación anterior al rezo alegra y genera placer, y por esta razón las alabanzas previas reciben el nombre de «Cánticos de alabanza«.

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Conjunto de libros Peninei Halajá en español /11 volúmenes
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