02 – Las reglas del Conteo del “Omer”.

1 – El precepto del conteo y su significado.

Es precepto contar cuarenta y nueve días que son siete semanas completas a partir de la noche de la siega del Omer. Esa es la noche del dieciséis del mes de Nisán, a partir de la conclusión del primer día festivo de Pesaj, en la que se salía a los campos donde se cosechaba la cebada y se llevaba a la «azará», recinto interior del Templo de Jerusalém. Allí se trillaba, aventaba, se separaban las semillas de las cáscaras, tostaban sobre el fuego y se molían fino. A continuación se tomaba una décima parte de una «eifá» (medida de volumen equivalente hoy en día a aproximadamente 2.5 o 4 litros según el jurista. N. de T.) de la harina obtenida, se tamizaba en trece coladores y se mezclaba con un log de aceite (medida de volumen para líquidos que puede oscilar entre 300 y seiscientos mililitros dependiendo del jurista. N. de T.) y se le adicionaba una pizca de levoná (olíbano). A la mañana siguiente esta mezcla era ofrendada sobre el altar, primeramente el sacerdote la alzaba y posteriormente tomaba una pizca de la mezcla y la quemaba sobre el altar. Una vez que esta pizca se quemaba, le era permitido a todo el pueblo comer de la nueva cosecha.

Es importante saber que la fiesta de Shavuot carece de una fecha fija en el mes tal como el resto de las festividades. Por ejemplo, la fiesta de Pesaj tiene marcada la fecha del quince de Nisán y la de Sucot el quince del mes de Tishrei. Sin embargo, el día de celebración de Shavuot se fija según el conteo del “Omer”, ya que tras concluir el conteo de las siete semanas, llega el momento de su celebración, y por eso recibe ese nombre («Shavuot» en hebreo significa «semanas»). Sobre esto está escrito (Deuteronomio 16:9-10):

“Siete semanas habrás ‘de contar: desde que empieza la hoz a cortar la mies, comenzarás a contar siete semanas. Y harás la festividad de las semanas, ante HaShem tu D’s”.

Además, en el libro de Levítico (23:15-16) leemos:
“y habréis de contar vosotros desde el día siguiente de la festividad: desde el día en que hayáis traído el “Omer” para mecerlo, siete semanas completas, habrán de ser. Hasta el día siguiente de la séptima semana, habréis de contar cincuenta días y ofreceréis una ofrenda nueva ante HaShem”.

El cumplimiento de este precepto no recae únicamente sobre el tribunal rabínico, sino que cada judío en particular tiene el deber de contar los cuarenta y nueve días. Cada quien debe llevar a cabo su propia “cuenta”. Si bien, existe una regla para aquellos preceptos que son recitados en voz alta, y que sostiene «aquel que escucha es como si respondiese», por lo que a modo de ejemplo, se puede cumplir con el precepto de recordar a Amalek, oyendo la lectura del oficiante y en el caso del conteo del “Omer”, también se puede cumplir con el recitado de la bendición correspondiente al precepto, oyendo al oficiante. Sin embargo en lo que respecta al cumplimiento del precepto del conteo propiamente dicho, en virtud de lo que dice el versículo «has de contar para ti», la idea de varios de los juristas es que cada quien debe contar por sí mismo con su propia voz (Levush, Jok Ya´akov). Otros juristas consideran que el precepto del conteo es similar a los demás preceptos que implican recitado, por lo que se puede cumplir escuchando a otro (Perí Jadash y Birkei Iosef). Empero a priori, nosotros preferimos cumplir según todas las ideas por lo que cada quien debe contar por sí mismo (ver Mishná Berurá 489:5 y Beur Halajá en el párrafo que se inicia con la palabra ‘ומצוה’).

El origen de este precepto está vinculado con los albores de nuestra conformación nacional. Nuestros sabios de bendita memoria nos explican, que durante el período de la esclavitud en Egipto, el Pueblo de Israel descendió cuarenta y nueve niveles de impureza por lo que no eran dignos de recibir la Torá. Por esta razón, debieron purificarse del oprobio egipcio durante siete semanas, en las cuales D´s les esperó para poder otorgarles la Torá (según el Zohar parashat Emor 97). Además, el conteo encierra un elemento de expectativa por el futuro recibimiento de la Torá. El midrash explica, que cuando Moshé anunció al Pueblo de Israel que tras la salida de Egipto servirían a D´s sobre el Monte Sinaí y recibirían la Torá, el pueblo le preguntó: ¿cuándo habremos de servir al Todopoderoso? Y Moshé les respondió: Hacia el final de los cincuenta días. Por causa del entusiasmo, el pueblo contaba día por día y decían «ya pasó un día», «ya pasaron dos» y así todos los días, ya que por su cariño y expectativa de recibir la Torá les parecía que el tiempo transcurría con lentitud (Shibolei Haleket 236).

Vemos pues, que el conteo del Omer expresa nuestras ansias y nuestros deseos por el gran día del recibimiento de la Torá. Mientras esperamos, operamos un proceso de purificación de los cuarenta y nueve niveles espirituales que conforman al hombre. Cuanto más puro está el individuo mayor es su capacidad para percibir la luz espiritual que de la ley Divina emana, y así, cada año, mediante el conteo nos preparamos para el día del recibimiento de la Torá (ver final del inciso 3).

2 – Proceso ascendente de lo nacional a lo espiritual.

Mediante el conteo del Omer, nos asimos a una línea ascendente que va desde Pesaj hasta Shavuot. Pesaj expresa el aspecto nacional del Pueblo de Israel, ya que al salir de Egipto, se manifestó la singularidad de nuestro pueblo por cuanto que D´s nos escogió entre las demás naciones, a pesar de estar sumidos en cuarenta y nueve grados de impureza. La fiesta de Shavuot expresa el aspecto espiritual de nuestro pueblo, pues en la entrega de la Torá, alcanzamos el punto culminante de conexión con la Divinidad. En Pesaj iniciamos el proceso de liberación del yugo egipcio y en Shavuot completamos nuestra liberación del yugo de las pasiones, enfoques e ideologías y recibimos la Torá Celestial, que permite a quien se ocupa del estudio verdadero de la misma, ser un hombre libre (Mishná Avot 6:2).

Y un aspecto más a tener en consideración. En Pesaj, se manifiesta la fe simple y natural que anida en el alma de todo judío, y que se mantuvo oculta en el seno del Pueblo de Israel incluso durante los difíciles años de la esclavitud en Egipto. En Shavuot, nos elevamos hacia la fe extendida, explicada y ampliada mediante la Torá. La fe natural es muy poderosa y es la base de la existencia, empero no puede dirigirla a buen puerto ni corregirla. Mediante la Torá y sus preceptos, podemos conectar a la fe todos los aspectos de nuestra vida, los mentales, los emocionales y los prácticos.

En resumen, con el conteo del “Omer” nos elevamos en dos aspectos: del plano nacional al plano espiritual y de la fe natural a la fe expandida mediante la Torá y sus preceptos.

No es posible llegar a Shavuot sin pasar antes por Pesaj. Mediante el reconocimiento de la singularidad del Pueblo de Israel podemos elevarnos en pos de la Torá. Mediante la elección de Israel, que se manifestó en la salida de Egipto, podemos recibir la Torá, tal como recitamos en la bendición: «que nos escogió de entre todas las naciones» y en virtud de esta elección » nos dio su Torá». Es así que no es posible captar la fe compleja y desarrollada que se percibe con la mente, sin descubrir primeramente la fe simple y natural. Por esta razón es tan importante conectar las fiestas de Pesaj y Shavuot. El conteo del “Omer” oficia de escalera ascendente entre ambas festividades.

3 – El conteo y sus versiones.

Previo al conteo se recita la siguiente bendición: «Bendito eres Tu HaShem, D’s nuestro Rey del Universo, que nos consagraste con tus preceptos y nos ordenaste el conteo del Omer». Tanto la bendición como el conteo se recitan a priori de pie y a posteriori, si se recitaron estando sentados, se cumplió igualmente (Shulján Aruj 489:1).

El conteo está compuesto de dos partes: el cómputo de los días y el de las semanas. Así como está escrito (Levítico 23:15-16): “y habréis de contar vosotros desde el día siguiente de la festividad: desde el día en que hayáis traído el “Omer” para mecerlo, siete semanas completas, habrán de ser. Hasta el día siguiente de la séptima semana, habréis de contar cincuenta días y ofreceréis una ofrenda nueva ante HaShem”.

Por esta razón, en el conteo del “Omer”, debemos recordar tanto el cómputo de los días como de las semanas (Tratado de Menajot 66(A)). Por ejemplo, el séptimo día se debe recitar: «hoy son siete días que son una semana». El día catorce se debe recitar: «hoy son catorce días, que son dos semanas». También en medio de la semana se recuerdan ambos conteos, por ejemplo, el décimo día se debe recitar «hoy son diez días, que son una semana y tres días».

Hay diferentes fórmulas para el conteo del Omer: hay quienes dicen «la Omer» y quienes dicen «ba Omer». Hay quienes dicen «hoy son catorce días que son dos semanas» y otros dicen «hoy son catorce días que son dos semanas del Omer». Con todas las versiones se cumple con el precepto. Se acostumbra a adicionar el recitado de una introducción «le shem ijud» previo al conteo y diferentes plegarias tras la misma. Sin embargo estas adiciones no son obligatorias, por lo que lo más importante es el conteo y la bendición que lo precede.

El número siete alude a la completitud, ya que el mundo fue creado en siete días. De hecho, toda cuestión material posee seis aristas que son los cuatro puntos cardinales, arriba, abajo y un séptimo aspecto que es su centro interior. Lo mismo ocurre con el hombre y por esta razón el tiempo necesario para la purificación ritual es de siete días, durante los cuales el individuo se prepara en todas sus facetas para pasar del estado de impureza al de pureza.

Asimismo esta regla se aplica para la purificación en este mundo, como en el caso de la ingestión de ofrendas consagradas («trumot ve kodashim») o la purificación de la mujer de caras al encuentro con su marido. Empero, a los efectos de que podamos captar la Torá, que posee un origen Divino y que pertenece a los planos superiores, debemos pasar por un proceso de purificación mucho más profundo, y en vez de siete días se requieren siete semanas. En este conteo, cada una de las siete cifras aparece en sus siete aspectos y de esta manera nuestra purificación, de caras al recibimiento de la Torá es completa, pues cada aspecto de nuestra conducta pasa por un proceso de refinación y expresa su anhelo y expectativa por el recibimiento de la Torá.

4 – El status del precepto tras la destrucción del Templo de Jerusalém.

Una de las preguntas básicas en lo referente al conteo del Omer es, si tras la destrucción del Templo el cumplimiento del precepto tiene su origen en la Torá o en nuestros sabios. En el libro de Levítico leemos (23:15): «Y contaréis siete semanas completas desde el día posterior al primer día de la festividad, o sea, desde el día que trajisteis el Omer de la ofrenda alzada».

Según el “Rosh” el “Ran” y otros numerosos sabios medievalistas (Rishonim), solo en los días en que se presentaba la ofrenda alzada del “Omer”, el conteo del “Omer” era preceptivo según la Torá. Empero hoy día, como no traemos ofrenda al Templo, el precepto se cumple por una ordenanza rabínica (“Dibré Jajamím”), establecida en recuerdo del conteo que se llevaba a cabo en los días en que el Templo estaba en pie. Esta es la razón por la cual, se acostumbra a recitar, tras el conteo, una plegaria por la pronta reconstrucción del Templo, pues cuando éste se erija nuevamente, podremos cumplir con el cómputo del Omer por orden de la Torá y no por mera ordenanza rabínica.

En opinión de Maimónides y Rabí Eliezer ben Joel Haleví, recordar el día que se traía la ofrenda del “Omer” tiene por objetivo enseñarnos la fecha del inicio del conteo pero no es condición previa para el mismo y por esta razón, hoy día que el Templo está destruido y no podemos llevar la ofrenda, estamos de todas maneras ordenados por la Torá a contar el “Omer”.

La implicancia práctica de esta discusión tiene que ver con las situaciones dudosas. Por ejemplo, quien contó entre la puesta del sol y la salida de las estrellas (ocaso), tiempo en el que dudamos si es de día o ya de noche, entramos en la duda si cumplió o no con el precepto. Si consideramos el ocaso como día, quien contó no cumplió con el precepto, pues aún no llegó el momento de hacerlo, mientras que si lo consideramos noche sí cumplió. El Shulján Aruj (489:2) y la mayoría de los juristas consideran que quien contó en el ocaso cumplió con el precepto, pues según ellos, en nuestros días el conteo del “Omer” tiene su origen en la ordenanza de los sabios y en caso de duda respecto de un precepto rabínico se aplica la opinión más flexible. Empero, muchos de los sabios de las últimas generaciones escribieron que, en la práctica, es conveniente ser más estrictos y volver a contar tras la salida de las estrellas sin recitar la bendición, para así cumplir con el precepto también según la opinión de quienes sostienen que en nuestros días, el conteo del Omer tiene su origen en la Torá por lo que en caso de duda corresponde aplicar la opinión más estricta (Eliá Rabá, Mishná Berurá 489:15, Beur Halajá 489:1 en el párrafo que inicia con las palabras ‘לספור העומר’).

5 – El horario del conteo.

El conteo del “Omer” se inicia en la noche del 16 de Nisán, tal como está escrito (Deuteronomio 16:9): «Siete semanas habrás de contar: desde que empieza la hoz a cortar la mies», y el comienzo de la cosecha es la siega del “Omer”, ya que el inicio de toda la cosecha anual es consagrado a la ofrenda del “Omer” y el momento de la siega es la noche posterior al primer día festivo de Pesaj, el día dieciséis de Nisán que es cuando comienza el conteo.

Se debe contar por la noche pues está escrito en Levítico (23:15): «siete semanas completas», y como es sabido, la jornada incluye día y noche y si se quiere que las siete semanas sean completas, deben incluir todos los días y todas las noches y por esta razón comenzamos a contar por la noche del dieciséis de Nisán (Tratado de Menajot 66(A)). A los efectos de que el conteo incluya todas las horas del día, se debe contar al inicio de la noche y en esto se pone especial énfasis en la primera noche, para que el conteo incluya todas las horas de las siete semanas. De todas maneras es bueno cumplir el precepto con excelencia, tal que todos los días del conteo sean completos e incluyan la jornada entera.

Si bien a priori es preceptivo adelantarse y contar al inicio de la noche, de todas maneras no es obligatorio, por lo que toda persona que vaya a rezar Arvit, debe anteponer el rezo al conteo, pues la regla indica que un precepto que se cumple más asiduamente se realiza antes que otro de cumplimiento menos frecuente. En este caso los preceptos de recitación del Shemá y rezo de Arvit aplican todos los días del año, mientras que el conteo solo cuarenta y nueve, por lo que se cuenta después del servicio (Jok Yaakov, ver Beur Halajá 489:1 en el párrafo que inicia con la palabra אחר).

6 – Hasta cuándo se puede contar.

Quien acostumbra todo el año a rezar Arvit en público a una hora tardía, es mejor que cuente después de su rezo habitual, pues de hacerlo solo al inicio de la noche podría equivocarse u olvidarse, amén de que tiene mayor importancia cumplir con el precepto en público.

Aquel que por efecto de sus tareas u ocupaciones no puede rezar en público Arvit al salir las estrellas y tiene la intención de rezar más tarde a solas, es mejor que cuente el Omer solo al salir las estrellas, para así cumplir diligentemente con el precepto al inicio de la noche. Además, se teme que si lo deja para después de su Arvit tardío pueda olvidarse de contar.

Existe una discusión halájica que data de la Edad Media, respecto de si aquel que se olvidó de contar por la noche puede hacerlo durante el día. Vimos que según la Torá el horario del conteo coincide con el de la siega del “Omer”, tal como está escrito (Deuteronomio 16:9): «Siete semanas has de contar, a partir del tiempo del comienzo de la cosecha de trigo». Según el autor del libro «Halajot Guedolot», la halajá es de acuerdo con la opinión traída por el Tratado de Menajot (71(A)) en cuanto a que, si no se pudo segar por la noche, a posteriori se lo puede hacer también durante el día siguiente y por lo tanto esta regla se aplica también a las leyes del conteo, es decir que quien se olvida de contar por la noche puede a posteriori hacerlo de día. Según Rabenu Tam, la halajá es de acuerdo con la opinión traída en el Tratado de Meguilá (20(B) y 21(A)), en cuanto a que la siega del “Omer” se puede realizar únicamente por la noche y por lo tanto, quien se olvidó de contar por la noche, ya no podrá hacerlo de día. En la práctica la halajá que se dictó es, que quien se olvida de contar por la noche lo haga durante el día sin recitar la bendición. De esta manera, por una parte tomamos en cuenta la opinión que sostiene que se puede contar de día, empero a los efectos de no entrar en un área de duda sobre si la bendición recitada es o no en vano de día, no se la recita (Shulján Aruj Oraj Jaím 489:7). Los días siguientes podrá seguir contando y recitando la bendición correspondiente (Trumot Hadeshen, Mishná Berurá 489:34).

7 – Reglas referentes a quien se olvidó de contar por un día.

Los sabios medievales debatieron respecto de si el precepto del conteo del “Omer”, es un solo precepto cuyo cumplimiento se extiende a lo largo de siete semanas, desde Pesaj hasta Shavuot, o si cada día de los cuarenta y nueve se cumple con un precepto singular de contar. Según el autor del libro «Halajot Guedolot», el conteo del “Omer” es un solo precepto extendido, tal como está escrito (Levítico 23:15): «siete semanas completas», por lo que quien se olvida de contar un solo día perdió el precepto y ya no puede volver a contar. Empero la mayoría de los juristas opina, que cada día se cumple con el precepto del conteo, por lo que quien se olvida de contar se perdió el precepto de ese día únicamente y al día siguiente debe continuar contando y recitando la bendición correspondiente (Tosafot, Rosh, Ritba y otros).

En la práctica, la halajá final se determinó de acuerdo con la mayoría de los juristas que sostiene que cada día se cumple un precepto separado y quien se olvidó de contar por un solo día, debe continuar contando, mas lo hará sin recitar la bendición. De esta manera se respeta la opinión minoritaria de que todo el conteo es un solo precepto extendido y que al olvidarse un solo día ya no puede efectivizar el cumplimiento y a los efectos de no ingresar en la duda de si la bendición se recitó o no en vano se decidió que no la recite (Shulján Aruj 489:8).

A los efectos de no perderse el recitado de la bendición, aquellos que se olvidaron algún día de contar, deben de poner intención de cumplir con el recitado al escucharla del oficiante.

En esta halajá se manifiesta la tensión que acompaña al conteo del “Omer”, en cuanto a que quien se olvida de contar un solo día, desconecta de cierta forma la cadena que une la fiesta de Pesaj con Shavuot y se pierde así la bendición. Esto se debe a que es sumamente importante unir la fiesta de Pesaj, que manifiesta la singularidad de la nación judía santificada con la de Shavuot en la que recibimos la Torá, ya que sin Israel no hay Torá y sin Torá no hay Israel.

8 – En todos los casos dudosos se continúa contando con recitado de bendición.

A quien le surja algún día la duda de si contó o no, puede seguir haciéndolo con el recitado de la bendición correspondiente, pues solo cuando es claro que se olvidó, tomamos en cuenta la idea halájica de que no puede seguir haciéndolo.

Quien se olvidó de contar por la noche y se acuerda de hacerlo de día, si bien hay quienes opinan que no cumple mediante el conteo diurno, dado que hay quienes opinan que a posteriori, el conteo diurno sí cumple con el precepto, por lo que podrá seguir contando los días subsiguientes con el recitado correspondiente de la bendición.

En el caso de un muchacho que cumple Bar Mitzvá en medio del conteo, se suscitó una duda, ya que de acuerdo con algunos juristas, si bien contó todos los días, no podrá continuar haciéndolo con recitado de bendición ya que lo que contó previo a su Bar Mitzvá no se puede incluir en la secuencia del cómputo junto con lo que contará ya siendo un adulto. Empero según la opinión de la mayoría de los juristas si previo a la Bar Mitzvá contó todos los días su conteo es completo y podrá continuar haciéndolo con recitado de bendición y esta es la costumbre más extendida.

En el caso de un converso, dado que previo a su conversión no contó, comenzará a hacerlo desde el día de su conversión sin recitar la bendición.

9 – Mujeres y el conteo del “Omer”.

Según la regla conocida de que las mujeres están exentas de cumplir con los preceptos positivos marcados por un tiempo fijo, éstas están eximidas del conteo del “Omer”, pues se trata de un precepto que depende del tiempo (ver en el libro «Rezo Femenino» capítulo 3).

Pero una mujer que desea hacerlo, puede cumplir con un precepto positivo marcado por el tiempo y se le considera una buena acción. Sabemos que las mujeres acostumbran a escuchar el sonido del shofar en Rosh Hashaná, habitan la sucá y bendicen con las cuatro especies en Sucot. Empero los juristas discutieron respecto del recitado de la bendición, en opinión del Shulján Aruj (Oraj Jaím 589:6), las mujeres no deben hacerlo y esta es la costumbre más extendida entre las mujeres sefaraditas.

En opinión del “Ramá”, una mujer que cumple con un precepto positivo marcado por el tiempo, puede recitar la bendición correspondiente y esta es la costumbre ashkenazi (ver «Rezo Femenino» cap. 2 inciso 8). Sin embargo hay varios de los juristas ashkenazíes que sostienen que es preferible que una mujer cuente el “Omer” sin recitar la bendición, ya que no frecuenta la sinagoga y es más probable que pueda olvidarse de contar algún día y quizás no se percate del olvido y continúe contando con recitado de bendición. Ya vimos que quien se olvidó de contar un día no puede continuar haciéndolo recitando la bendición (Mishná Berurá 489:3). Otros opinan que de acuerdo a la kabalá, las mujeres no deben de contar el “Omer” (Rav Pealim I 12). Otros opinan que según la tradición ashkenazi, la mujer puede contar (Maguén Avraham 489:1).

Por lo tanto, aquella mujer que sabe que puede contar todo el conteo y que en caso de olvidarse un día sabrá continuar haciéndolo sin recitar la bendición, de acuerdo con la tradición ashkenazí, puede contar y recitar la bendición. Esto aplica especialmente para aquellas que acostumbran a rezar Arvit a diario o quienes viven en una misma casa con gente que le ha de recordar de contar, pues en esos casos el temor al olvido es menor.

10 – Algunos detalles de las reglas del conteo.

Si alguien es consultado por su compañero en el momento adecuado para el conteo «¿cuántos días son hoy del “Omer”?», en el caso de que el consultado aún no ha contado el “Omer” con el recitado de bendición correspondiente, no habrá de responder «hoy son tantos días del “Omer», pues de así hacerlo estaría cumpliendo con el conteo sin recitar la bendición previa y sin poder recitarla en ese día. La respuesta a la consulta debe de ser «ayer fueron tantos días del “Omer» (Shulján Aruj 489:4).

Si al responder a la pregunta de «cuántos días se cuentan hoy», lo hace con plena conciencia e intención de no cumplir en ese momento con el precepto del conteo, podrá hacerlo más tarde y recitar la bendición correspondiente. En el caso en que el número de días a contar ya es tal que está compuesto de días y semanas y al responder dijo el número de días únicamente, a posteriori podrá más tarde contar el “Omer” recitando la bendición, pues al responder no contó del modo habitual mencionando tanto semanas como días y de esta manera demostró que no tenía intención de cumplir con el conteo al momento de dar la respuesta (Mishná Berurá 489:22).

Antes de recitar la bendición del conteo se debe pensar qué día de la cuenta es hoy (ver Shulján Aruj 489:6, Shaar Hatziún 37). En caso de que por ejemplo, no se esté seguro si son nueve o diez días del “Omer” y no hay a quien consultar, se habrá de contar ambos conteos para así salir de duda. Empero respecto del recitado de la bendición, los juristas han discutido, hay quienes sostienen que se puede bendecir sólo en caso de que se sepa con certeza el número del día a contar, y otros opinan que se puede bendecir por un conteo dudoso, pues con certeza uno de los dos números estará correcto (ver Piskei Teshuvot 489:17), y en la práctica por cuanto que estamos en duda no se recita la bendición.

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