3 – El conteo y sus versiones.

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Previo al conteo se recita la siguiente bendición: “Bendito eres Tu HaShem, D’s nuestro Rey del Universo, que nos consagraste con tus preceptos y nos ordenaste el conteo del Omer”. Tanto la bendición como el conteo se recitan a priori de pie y a posteriori, si se recitaron estando sentados, se cumplió igualmente (Shulján Aruj 489:1).

El conteo está compuesto de dos partes: el cómputo de los días y el de las semanas. Así como está escrito (Levítico 23:15-16): “y habréis de contar vosotros desde el día siguiente de la festividad: desde el día en que hayáis traído el “Omer” para mecerlo, siete semanas completas, habrán de ser. Hasta el día siguiente de la séptima semana, habréis de contar cincuenta días y ofreceréis una ofrenda nueva ante HaShem”.

Por esta razón, en el conteo del “Omer”, debemos recordar tanto el cómputo de los días como de las semanas (Tratado de Menajot 66(A)). Por ejemplo, el séptimo día se debe recitar: “hoy son siete días que son una semana”. El día catorce se debe recitar: “hoy son catorce días, que son dos semanas”. También en medio de la semana se recuerdan ambos conteos, por ejemplo, el décimo día se debe recitar “hoy son diez días, que son una semana y tres días”.

Hay diferentes fórmulas para el conteo del Omer: hay quienes dicen “la Omer” y quienes dicen “ba Omer”. Hay quienes dicen “hoy son catorce días que son dos semanas” y otros dicen “hoy son catorce días que son dos semanas del Omer”. Con todas las versiones se cumple con el precepto. Se acostumbra a adicionar el recitado de una introducción “le shem ijud” previo al conteo y diferentes plegarias tras la misma. Sin embargo estas adiciones no son obligatorias, por lo que lo más importante es el conteo y la bendición que lo precede.

El número siete alude a la completitud, ya que el mundo fue creado en siete días. De hecho, toda cuestión material posee seis aristas que son los cuatro puntos cardinales, arriba, abajo y un séptimo aspecto que es su centro interior. Lo mismo ocurre con el hombre y por esta razón el tiempo necesario para la purificación ritual es de siete días, durante los cuales el individuo se prepara en todas sus facetas para pasar del estado de impureza al de pureza.

Asimismo esta regla se aplica para la purificación en este mundo, como en el caso de la ingestión de ofrendas consagradas (“trumot ve kodashim”) o la purificación de la mujer de caras al encuentro con su marido. Empero, a los efectos de que podamos captar la Torá, que posee un origen Divino y que pertenece a los planos superiores, debemos pasar por un proceso de purificación mucho más profundo, y en vez de siete días se requieren siete semanas. En este conteo, cada una de las siete cifras aparece en sus siete aspectos y de esta manera nuestra purificación, de caras al recibimiento de la Torá es completa, pues cada aspecto de nuestra conducta pasa por un proceso de refinación y expresa su anhelo y expectativa por el recibimiento de la Torá.

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