14 – El mes de Adar

1- Cuando comienza el mes de Adar aumenta la alegría

Dijeron nuestros sabios (Talmud Babilonio Tratado de Ta´anit 29(A)): «Cuando comienza el mes de Av disminuye la alegría», mientras que «Cuando comienza el mes de Adar aumenta la alegría». Con esto, nos enseñaron nuestros sabios que no hay casualidades en el mundo, y que  cada tiempo tiene sus propias características. Si la destrucción del primer y segundo Templo acaeció el 9 de Av, se trata de una señal en cuanto a que los inicios del mes de Av están más propensos a eventualidades desgraciadas. Por otra parte, el hecho de que el milagro de la salvación de Purim haya acontecido a mitad del mes de Adar, indica que este mes encierra el potencial de transformación de lo negativo en positivo. Usualmente, la alegría surge a causa de las cosas buenas que hay en el mundo, empero ésta no es completa, en virtud de que en el mundo junto a ese bien, coexisten el mal y el dolor. Sin embargo, una vez que el mal se da un vuelco y se transforma en bien, la alegría se torna intensa y completa. Esto es lo que aconteció en el caso de Purim, cuando Dios transformó el mal en bien salvando así al Pueblo de Israel. De aquí aprendemos que todo lo que hay en el mundo, incluido el mal, llegado el día se transformará para bien. Así, cuanto mayor sea nuestro apego y confianza en la Torá, acercaremos más la redención, el mal se transformará en bien y abundará la alegría en el mundo. Dado que el mes de Adar posee el potencial de transformación de lo negativo en positivo, al iniciarse, aumenta la alegría.

Asimismo, nuestros sabios recomendaron (Tratado de Ta´anit 29(B)), que un judío que tiene un pleito judicial con un no judío, procure evitarlo en el mes de Av porque en ese mes su suerte no es favorable, y busque la manera de pasar la sesión de tribunales para el mes de Adar, que es cuando la fortuna de Israel prevalece.

2 – Las cuatro porciones de lectura de la Torá

Nuestros sabios dispusieron que leamos cuatro porciones de la Torá, a saber: «Shkalim» (Siclos), «Zajor» (Recuerda), «Pará» (Vaca Roja) y «Hajodesh» (El mes). Estas son leídas durante los sábados del mes de Adar mientras que la primera específicamente suele leerse el sábado previo al inicio de este mes (Adar).

En los sábados en cuestión, se retiran del arca de la sinagoga dos rollos de la Torá, en el primer Rollo se lee la porción semanal y siete personas son invitadas a esa lectura, mientras que en el segundo Rollo se lee a modo de «Maftir» (pasaje previo a la Haftará), una de las cuatro porciones ante mencionadas. Dado que la Haftará o pasaje de los profetas que se lee, debe estar relacionada temáticamente con el pasaje de la Torá que leyó el «Maftir«, en estos cuatro sábados el tema de la lectura de los profetas, está vinculado al de la porción especial de ese sábado, que se leyó en el segundo Sefer Torá y no a la porción semanal que se leyó en el primero.

En el primero de los cuatro sábados, se lee la porción de “Shekalím” (Números 28:9-15). Esta lectura fue establecida a los efectos de recordar a la grey, el aporte o donación del medio siclo de plata anual, destinado a la adquisición de los animales necesarios para las ofrendas públicas, que tenían lugar en el Templo de Jerusalém. Dado que a partir del mes de Nisán la compra de animales debía efectuarse de los nuevos aportes, se dispuso la lectura de esta porción un mes antes, a fin de recordarle al público que traiga su donativo en fecha. Si bien hoy en día el Templo está destruido y no tenemos el mérito de efectuar en él ofrendas, leemos la porción de «Shkalim» como forma de preservar su recuerdo (ver Mishná Berurá 685:1, Mikraei Kodesh 3).

La segunda porción es la de «Zajor» (Deuteronomio 25:17-9). Al leerla cumplimos con el precepto de la Torá, de recordar lo que nos infligió el pueblo de Amalek. Nuestros sabios dispusieron leer este pasaje previo a Purim, pues en esta fiesta celebramos el cumplimiento del precepto de eliminar al malvado Hamán, quien era de descendencia amalecita.

La tercera porción es la de «Pará» (Números 19:1-22), en la que aprendemos el método de purificación de toda impureza, lo que habría de permitir ingresar al sagrado recinto del Santuario y elevar sacrificios. Nuestros sabios dispusieron que este pasaje se lea próximo al inicio del mes de Nisán, para que nos purifiquemos y preparemos para ofrendar el sacrificio de Pesaj. Si bien hoy no tenemos el Templo en pie, leemos esta porción para preservar su recuerdo.

La cuarta porción es la de «Hajodesh» (Éxodo 12:1-20), en la que se recuerdan los temas de la consagración del novilunio y leyes relativas a Pesaj. Esta porción se debe leer en vísperas del inicio del mes de Nisán, pues este es el primero del conteo de los meses del año y además, al leerla, estimula e incentiva nuestra preparación para cumplir con la fiesta de Pesaj y sus distintos preceptos.

Cuando Rosh Jodesh (el novilunio de) Adar o Nisán cae en Shabat, se retiran del arca de la sinagoga tres rollos de la Torá, en el primero se lee la porción de la semana, en el segundo se lee respecto de las leyes del novilunio (lectura especial de Rosh Jodesh) y en el tercero la porción especial, «Shkalim» en el novilunio de Adar y «Hajodesh» en el novilunio de Nisán.

Según la mayoría de los juristas, la lectura de «Zajor» es un precepto de la Torá y por lo tanto requiere de mayor esmero que las otras tres (tal como veremos más adelante en el inciso 6). Hay quienes opinan que también la lectura de la porción de «Pará» es precepto de la Torá, por lo que su lectura es también llevada a cabo con mayor meticulosidad.

3 – Año embolismal y primer mes de Adar

Es sabido que los meses se renuevan concorde el ciclo de la luna, mientras que los años dependen de las estaciones que están relacionadas al ciclo del sol, ya que la fiesta de Pesaj debe caer siempre en la primavera, tal como está escrito (Deuteronomio 16:1): «Guardarás el mes de Aviv (Primavera / Nisán) y celebrarás la Pascua (Pesaj) al Eterno, porque en el mes de Aviv el Eterno te sacó de Egipto de noche». Para acompasar los meses con el ciclo del año solar, es necesario, en determinados tiempos, agregar un treceavo mes. El que se habrá de “agregar” en un año embolismal, es el de Adar y de esa manera se pospone el inicio del mes de Nisán, para que caiga en la primavera. En el pasado, el tribunal (Bet Din) decidía si agregaba o no un treceavo mes en conformidad con la situación de la agricultura y el calendario, mientras que hoy día que carecemos de tribunal, nuestros sabios establecieron un ciclo fijo de diecinueve años en el cual doce son años corrientes y siete embolismales.

En un año embolismal se celebra la fiesta de Purim y se leen las cuatro porciones en el segundo mes de Adar. En el caso de Purim, para que la salvación de los días de Mordejai y Esther sea contigua a la salvación de la salida de Egipto. En el caso de las cuatro porciones, se leen en el segundo mes de Adar, puesto que la lectura de las porciones de «Shkalim«, «Pará» y «Hajodesh«, fue dispuesta como preparación de cara al mes de Nisán. En el caso de la lectura de la porción de «Zajor«, ésta debe ser contigua a la fiesta de Purim, que es en el segundo mes de Adar (ver Tratado de Meguilá 6(B)).

Sin embargo, el primer mes de Adar también posee un determinado carácter festivo,  por lo que se prohíbe ayunar, recitar sermones fúnebres o «Tajanún» los días catorce y quince de este mes. Además, es bueno comer en abundancia el día catorce del primer mes de Adar, que se denomina «Purim Katán (Purim menor)» (Shulján Aruj Ramá 697:1).

Asimismo, la máxima de nuestros sabios «Cuando comienza el mes de Adar aumenta la alegría» aplica también al primer mes de Adar[1] (la fecha de Bar mitzvá o Aniversario de fallecimiento se aclaran en la nota al pie de página).



[1] Bar Mitzvá: Dado que el segundo mes de Adar es el principal, quien nace en un año normal en el mes de Adar y cumple trece en un año embolismal su Bar Mitzvá se celebrará en el segundo mes de Adar. Si nació en año embolismal en el primer mes de Adar y cumple trece en año embolismal celebrará la Bar Mitzvá en el primer mes de Adar.

Aniversario de fallecimiento (Yortzait) que cae en Adar, según la tradición Sefaradí en año embolismal, se recuerda el aniversario en el segundo mes de Adar. Según la tradición Ashkenazí se efectúa el recordatorio en el primer mes de Adar, para no posponer el cumplimiento del precepto. Algunos Ashkenazim recuerdan a los muertos dos veces en los dos meses (Shulján Aruj Ramá 558:7, Mishná Berurá 41).

4 – Tres preceptos vinculados a la eliminación de Amalek

Hay tres preceptos en la Torá que se ocupan de Amalek. El primero se trata de un precepto positivo de recordar lo que nos infligió Amalek, tal como está escrito (Deuteronomio 25:17):» Recuerda lo que te hizo Amalek en el camino, a la salida de Egipto». El segundo es un precepto restrictivo de no olvidar lo que nos infligió tal como está escrito (ídem versículo 19): «No lo olvides». El tercer precepto  es positivo, y se trata de eliminar del mundo la simiente de Amalek, tal como está escrito (ídem ídem): “Y será que al conceder reposo el Eterno tu D’s, a ti, de todos tus enemigos de en derredor, en la tierra que HaShem tu D’s., te concede a ti por heredad para poseerla: habrás de borrar la mención de Amalek de bajo los cielos”.

Amalek expresa la raíz u origen del mal en el mundo, y es quien inició con la fobia a los judíos en el orbe. El Pueblo de Israel tiene un complejo enfrentamiento con el mundo. El mensaje tanto ideal como de fe que el Eterno destinó para ser difundido por el Pueblo de Israel, genera fuertes antagonismos en el seno de los malvados del mundo entero, y los incita a declararnos la guerra.  Ningún pueblo en la historia universal ha sido perseguido como el judío, desde la destrucción del Templo vía las cruzadas, la inquisición, las matanzas de 1648-1649 hasta el terrible Holocausto durante la Segunda Guerra Mundial. Todos estos eventos fueron propiciados por Amalek.

Ni bien salimos de Egipto y antes de que tuviéramos la oportunidad de organizarnos, sin razón alguna vino Amalek y nos atacó. ¿Y a quién atacó? A los esclavos recientemente libertos tras una prolongada esclavitud a mano de los egipcios. Amalek es un pueblo que expresa, en su mera existencia, el odio al Pueblo de Israel y por lo tanto a su Torá y a la idea ético monoteísta de mejorar el mundo mediante la generosidad y la verdad. Esta es la razón por la que a este respecto está escrito (Éxodo 17:16): “Dijo: Pues la Mano se alza en juramento sobre el trono de D’s: Guerra tendrá el Eterno contra Amalek, de generación en generación”. Este versículo es comentado por Rashi quien sostiene que «Dios juró que ni Su Nombre ni Su trono estarán completos hasta que sea borrado enteramente el nombre de Amalek».

Un judío es misericorde y generoso por naturaleza, e inclusive diferentes preceptos de la Torá lo educan en ese sentido. El judío naturalmente tendería a perdonar a Amalek, empero la Torá le ordena recordar sus actos y eliminarlo. De esta manera recordaremos que existe el mal en el mundo y que es necesario luchar contra éste hasta el final sin concesiones. Solo después podremos mejorar el mundo.

5 – El precepto de eliminar a Amalek

Básicamente, el precepto de eliminar a Amalek, recae sobre el Pueblo de Israel. Nuestros sabios dijeron que hay tres preceptos, que la generalidad de la nación debe cumplir al ingresar a la tierra de Israel: primeramente coronar un rey, luego eliminar a la descendencia de Amalek y seguidamente construir el sagrado Templo (Tratado de Sanhedrín 20(B)).

Efectivamente, una vez que el Pueblo de Israel  se organizó en su tierra, nombraron al rey Saúl y su reino se consolidó. Entonces vino el profeta Samuel y le dijo a Saúl (Libro primero de Samuel 16:1-3):»El Eterno me mandó que te ungiera para ser rey sobre Su pueblo, sobre Israel. Por tanto, escucha ahora la voz de las palabras del Eterno. Así dice el Eterno de los ejércitos: «Me acuerdo de lo que Amalek hizo a Israel, cómo se interpuso en el camino cuando (Israel) salió de Egipto». Ahora ve y hiere de muerte a Amalek, y destruye completamente todo lo que posean sin dejar nada. Eliminarás tanto a hombre como a mujer, a niño como lactante, a buey y oveja, camello y asno».

Empero el rey Saúl no cumplió cabalmente con lo que el profeta le ordenara, y se apiadó de la vida de Agag rey de Amalek, así como de lo mejor de su ganado y rebaños. A raíz de esto el reino pasó a David. Sin embargo el daño que ya había sido provocado, fue nefasto. Por causa de la piedad de Saúl, quedaron muchos amalecitas con vida y continuaron acosando al Pueblo de Israel. Algunos años más tarde, un contingente de amalecitas atacó a la localidad de Tziklag, que era donde las familias de David y sus soldados habitaban, quemó la ciudad y se llevó como prisioneros a las mujeres y los niños. Por obra de la Divina Providencia, David y sus hombres pudieron liberar a los secuestrados y vencer al contingente amalecita, pero por cuanto que David no era aún el rey y no disponía de un ejército regular, no pudo concluir la labor y unos cuatrocientos jóvenes amalecitas montados en sus camellos lograron darse a la fuga (Libro Primero de Samuel 30). A la postre resultó que otros grupos amalecitas, diseminados por el país quedaron con vida. Una vez que David fue formalmente coronado, si bien luchó contra éstos, no logró eliminarlos pues se encontraban muy dispersos. Nuestros sabios nos relatan que, desde el momento en que Saúl se demoró en ejecutar a Agag rey de Amalek, su estirpe continuó y años más tarde nacería Hamán el Hagaguita, quien quiso matar y exterminar a todo el Pueblo de Israel (Tratado de Meguilá 13(A)).

Si bien el precepto de eliminar a Amalek recae principalmente sobre la comunidad, de todas maneras, cada judío individualmente debe cumplirlo. En la medida en que se tope con un   amalecita y esté a su alcance matarlo y no lo haga es como si hubiese descartado un precepto de la Torá (Sefer Hajinuj 604). Hoy día, se perdió el rastro de la descendencia de Amalek, empero si resulta claro que una persona determinada es amalecita y mantiene firme las milenarias convicciones antijudías, es preceptivo eliminarlo.

6 – La porción de lectura de «Zajor»

Nuestros sabios dispusieron que cumplamos con el precepto de la Torá de recordar lo que nos infligió Amalek, mediante la lectura de la porción de la Torá de «Zajor», una vez al año. Cumplimos al recordar los hechos una vez al año, ya que sólo si transcurre un año entero sin mencionar el tema, se considera que cae en el olvido. Nuestros sabios dispusieron que se lea Zajor el sábado anterior a la fiesta de Purim, para unir el recuerdo de Amalek  con el recuerdo de la eliminación de Hamán que era de su descendencia.

Según la Torá se debe expresar el recuerdo mediante el habla, empero no es necesario de que cada uno lea la porción de Zajor por sí mismo, sino que basta con escuchar la lectura de otro para cumplir con el precepto.

Según algunos de los sabios medievales (rishonim), el precepto se cumple leyendo del rollo mismo de la Torá, por lo que corresponde leer la porción en cuestión del rollo más bonito de la sinagoga y quien lee, debe de hacerlo de la mejor y más exacta manera posible.

A priori, es bueno que cada quien escuche la lectura de «Zajor» con la entonación y la melodía a las que está acostumbrado a oír en su tradición familiar. Sin embargo, de acuerdo con la ley, los miembros de todas las comunidades cumplen el precepto, oyendo la lectura según cualquiera de las tradiciones tanto Ashkenazí, Sefaradí como Yemenita.

Quien se encuentra en una localidad en la que no hay minian (quórum de diez adultos para rezar), pero existe un rollo de la Torá, que lea la porción aunque sea solo. De no existir rollo de la Torá, puede leer la porción de un libro impreso (jumash o sidur).

Los preceptos requieren intención en su cumplimiento, por lo que al oír la lectura de la porción, es importante pensar en que se está cumpliendo con el precepto de la Torá de recordar lo que nos infligió Amalek. Es conveniente que antes de iniciar la lectura, los encargados de la sinagoga recuerden esto al público.

7 – Las mujeres y la obligatoriedad del precepto

Según la mayoría de los juristas, las mujeres no están obligadas a cumplir con el precepto de recordar a Amalek, pues éste está relacionado con el precepto de eliminarlo y las mujeres no están obligadas por la Torá a enrolarse en el ejército (Sefer Hajinuj 603).

Hay quienes opinan que las mujeres tienen conexión con el precepto de salir a la guerra,  puesto que deben de ayudar a los combatientes, por lo que también están preceptuadas de recordar lo que nos infligió Amalek. Si bien nuestros sabios estipularon un tiempo específico en el cual cumplir con el precepto, el sábado previo a Purim, en la Torá éste no tiene un tiempo determinado, por lo que no se considera precepto positivo que dependa de un tiempo fijo  y de aquí que las mujeres no están exentas del mismo (Minjat Jinuj ídem).

En la práctica, las mujeres están exentas de oír la lectura de «Zajor», sin embargo a priori, es bueno         que lo hagan y así acostumbran a hacer muchas. Para quien se le dificulte de sobremanera asistir a la sinagoga y quiera cumplir con el precepto puede leer la porción de un libro de Torá impreso, que en opinión de muchos, cumple con el deber de recordar. En las sinagogas en las que existen clases para señoras, se puede abrir un rollo de la Torá y leer para ellas la porción de «Zajor». Aunque no haya allí minian, se está cumpliendo el precepto con excelencia, ya que las señoras oyen la porción de un rollo de Torá «kasher«.

8 – ¿Puede un amalecita salvar su vida mediante conversión al judaísmo?

Si bien la Torá ordenó eliminar la descendencia de Amalek, en el caso en que un amalecita acepte cumplir con los siete preceptos universales de los hijos de Noé, pierde el carácter amalecita original y ya no es necesario eliminarlo. Los siete preceptos de los hijos de Noé son los siguientes: la prohibición de la idolatría, la prohibición de adulterio e incesto, la prohibición de derramamiento de sangre, prohibición de robar, prohibición de blasfemar, prohibición de ingerir un trozo de un animal vivo y la obligación de nombrar jueces y establecer tribunales de justicia, que se ocupen de las relaciones del hombre para con su prójimo.

Más aún, aunque los amalecitas no hayan aceptado sobre sí los siete preceptos antemencionados, es nuestro deber ofrecerles un arreglo pacífico antes de salir al combate. Esto implica, ofrecerles cumplir los siete preceptos de los hijos de Noé, subyugarse al Pueblo de Israel y pagarles tributo. Si aceptan las condiciones, no se va a la guerra contra ellos, mas si no las aceptan, se les combate hasta eliminarlos por completo. Aunque más tarde se retracten y acepten las condiciones, se les rechaza, por cuanto que la guerra ya se inició y por ende se continúa hasta el final (Maimónides Hiljot Melajim 6:1-4, Kesef Mishné ídem).

Los juristas debatieron respecto de si aceptar o no la conversión de un amalecita al judaísmo. Según Maimónides, un amalecita se puede convertir (Hiljot Isurei Biá 12:17) y nuestros sabios talmúdicos nos enseñaron que los descendientes del malvado Hamán, que era de la simiente de Amalek, enseñaron Torá en la ciudad de Bnei Brak (Tratado de Guitín 57(B), Sanhedrín 96(B)), por lo que vemos que se aceptaron conversos de ese pueblo.

Hay quienes opinan que no se deben aceptar conversos de Amalek, ya que según la opinión de Rabí Eliezer en la Mejilta (final de la porción de Beshalaj), D´s juró por Su trono que si un amalecita va a venir a convertirse al judaísmo no se le aceptará. Según esta opinión, lo que dijeron nuestros sabios respecto de los descendientes de Hamán que enseñaron Torá en Bnei Brak, se trata de un error del tribunal de conversión, que ignoraba tener delante de sí a amalecitas y los aceptaron. Quizás también un amalecita descendiente de Hamán violó a una mujer judía, y el hijo resultante de la violación fue judío y de él descendieron los maestros de Torá de Bnei Brak (Resisei Laila 35:5).

9 – El ayuno de Esther

Es costumbre en el Pueblo de Israel desde los días de los Gueonitas, ayunar el día trece de Adar, en recuerdo de los días que ayunó Esther, previo a su ingreso al palacio del Rey Asuero, intentando anular el decreto de exterminio que pendía sobre los judíos (Libro de Esther 4:16) y en recuerdo del ayuno que efectuó el Pueblo de Israel el día trece de Adar de ese año. El decreto del malvado Hamán prescribía que el día trece del mes de Adar, todos los judíos serían asesinados, destruidos y eliminados, desde niños, mujeres y hasta ancianos, y sus propiedades saqueadas. En virtud del milagro de Purim, el ahorcamiento de Hamán y el ascenso de Esther y Mordejai, el Rey Asuero envió una misiva real a todo el imperio, en la cual permitía a los judíos defenderse de sus atacantes el día 13 de Adar y eliminar a sus perseguidores. Sin embargo, el primer decreto de exterminio estaba aún en pie, ya que todo edicto que tenía la firma y el sello del anillo real no se podía anular, por lo que los enemigos del Pueblo de Israel podían aún llevar a cabo sus planes. En resumen, el día trece de Adar era el día en que los enemigos de los judíos tenían permiso de atacar y exterminar a los judíos, al tiempo que los judíos tenían el permiso de defenderse de sus atacantes. A pesar de que para ese momento Mordejai ya era virrey, el peligro sobre los judíos aún acechaba y aún era necesario que D´s se apiade de nosotros para poder superar en el campo de batalla a nuestros enemigos. Por lo tanto, los judíos que no podían o necesitaban combatir hicieron «teshuvá» y ayunaron todo el día trece de Adar, tal como indica la tradición, que en momentos de desgracias, es menester retornar a D´s. No hay mejor «teshuvá» que la que va acompañada del ayuno, ya que éste refina la materialidad del hombre y le devuelve su espiritualidad a un aspecto central y esencial de su persona.

Es así que le Pueblo de Israel acostumbra a ayunar el día trece de Adar, en recuerdo de aquel ayuno. Además, aún tenemos enemigos y perseguidores que procuran exterminarnos, por lo que aún estamos necesitados del ayuno y la «teshuvá» nuevamente cada año.

Desde un punto de vista ritual, el ayuno de Esther es más leve que los demás ayunos menores, ya que éstos últimos fueron decretados por los profetas mientras que el ayuno de Esther, es el resultado de la praxis popular a lo largo de los años. Sin embargo, a los efectos prácticos, casi no hay diferencias entre las reglas de los diferentes ayunos mencionados.

Los servicios religiosos y la lectura de la Torá del ayuno de Esther en Shajarit y Minjá son idénticos a los de los demás ayunos menores, empero por tratarse de víspera de Purim no se recita «Nefilat Apaim» en Minjá (Mishná Berurá 131:33). Según la tradición Ashkenazí que acostumbra a recitar la plegaria «Avinu Malkenu» en Shajarit y Minjá de los días de ayuno público, se omite en el caso de Minjá del Ayuno de Esther, por la cercanía con la fiesta de Purim. Cuando el trece de Adar cae en Shabat se adelanta el ayuno para el día jueves, por lo que no se realiza contiguo al día de Purim y por lo tanto el servicio de Minjá es similar al de los demás ayunos menores.

10 – Recordatorio del medio siclo de plata

Se acostumbra a dar «tzedaká» durante el mes de Adar, en recuerdo del medio siclo de plata que se donaba para la adquisición de ofrendas públicas para el Templo. El momento ideal para efectuar el aporte es previo al servicio de Minjá del ayuno de Esther, para que la «tzedaká» se sume al ayuno y juntos expíen por el Pueblo de Israel (Mishná Berurá 694:4, Kaf HaJaím 25).

Hay quienes acostumbraron a dar la mitad de la moneda de curso común en el país en cuestión, otros acostumbraron a dar tres medias monedas en curso que se corresponden con las tres veces que la Torá menciona la palabra «aporte» («terumá«), en la porción de Shkalim (Ramá 694:1). Hoy día, la moneda de curso común en Israel es el Shekel, por lo que según esta costumbre se deben dar tres medios Shekel.

Otros acostumbran a donar el valor actual de medio siclo de plata, esto es, el valor de diez gramos de plata pura (Kaf HaJaím 694:20). Todas las costumbres son correctas y cuanto más «tzedaká» se dé, mayor es la bendición.

Hay quienes sostienen que esta costumbre debe aplicar para varones mayores de veinte años, que eran quienes según la Torá, debían aportar el medio siclo de plata (Ramá). Hay quienes opinan, que jóvenes desde la edad de trece años, deben cumplir con la costumbre (Tosfot Yom Tov). Hay quienes dicen que es bueno dar el medio siclo por los niños pequeños también (Mishná Berurá 694:5). También están los que opinan, que es bueno también que las mujeres den el medio siclo (Kaf HaJaím 694:27). Es así que hoy día se acostumbra a dar por lo menos medio Shekel (NIS) por cada miembro de la familia, inclusive por un feto en el vientre de su madre.

No se debe dar «tzedaká» de los dineros separados del diezmo, ya que no está permitido cumplir con preceptos y costumbres  con el diezmo de los ingresos. Empero quien da «en recuerdo del medio siclo de plata», esto es la suma del valor de diez gramos de plata pura, y se encuentra apremiado económicamente, puede aportar de su dinero, según la idea más flexible, medio Shekel por cada varón de la familia mayor de veinte años y el resto lo completa de los dineros del diezmo.

Contents