5 – El precepto de eliminar a Amalek

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Básicamente, el precepto de eliminar a Amalek, recae sobre el Pueblo de Israel. Nuestros sabios dijeron que hay tres preceptos, que la generalidad de la nación debe cumplir al ingresar a la tierra de Israel: primeramente coronar un rey, luego eliminar a la descendencia de Amalek y seguidamente construir el sagrado Templo (Tratado de Sanhedrín 20(B)).

Efectivamente, una vez que el Pueblo de Israel  se organizó en su tierra, nombraron al rey Saúl y su reino se consolidó. Entonces vino el profeta Samuel y le dijo a Saúl (Libro primero de Samuel 16:1-3):»El Eterno me mandó que te ungiera para ser rey sobre Su pueblo, sobre Israel. Por tanto, escucha ahora la voz de las palabras del Eterno. Así dice el Eterno de los ejércitos: «Me acuerdo de lo que Amalek hizo a Israel, cómo se interpuso en el camino cuando (Israel) salió de Egipto». Ahora ve y hiere de muerte a Amalek, y destruye completamente todo lo que posean sin dejar nada. Eliminarás tanto a hombre como a mujer, a niño como lactante, a buey y oveja, camello y asno».

Empero el rey Saúl no cumplió cabalmente con lo que el profeta le ordenara, y se apiadó de la vida de Agag rey de Amalek, así como de lo mejor de su ganado y rebaños. A raíz de esto el reino pasó a David. Sin embargo el daño que ya había sido provocado, fue nefasto. Por causa de la piedad de Saúl, quedaron muchos amalecitas con vida y continuaron acosando al Pueblo de Israel. Algunos años más tarde, un contingente de amalecitas atacó a la localidad de Tziklag, que era donde las familias de David y sus soldados habitaban, quemó la ciudad y se llevó como prisioneros a las mujeres y los niños. Por obra de la Divina Providencia, David y sus hombres pudieron liberar a los secuestrados y vencer al contingente amalecita, pero por cuanto que David no era aún el rey y no disponía de un ejército regular, no pudo concluir la labor y unos cuatrocientos jóvenes amalecitas montados en sus camellos lograron darse a la fuga (Libro Primero de Samuel 30). A la postre resultó que otros grupos amalecitas, diseminados por el país quedaron con vida. Una vez que David fue formalmente coronado, si bien luchó contra éstos, no logró eliminarlos pues se encontraban muy dispersos. Nuestros sabios nos relatan que, desde el momento en que Saúl se demoró en ejecutar a Agag rey de Amalek, su estirpe continuó y años más tarde nacería Hamán el Hagaguita, quien quiso matar y exterminar a todo el Pueblo de Israel (Tratado de Meguilá 13(A)).

Si bien el precepto de eliminar a Amalek recae principalmente sobre la comunidad, de todas maneras, cada judío individualmente debe cumplirlo. En la medida en que se tope con un   amalecita y esté a su alcance matarlo y no lo haga es como si hubiese descartado un precepto de la Torá (Sefer Hajinuj 604). Hoy día, se perdió el rastro de la descendencia de Amalek, empero si resulta claro que una persona determinada es amalecita y mantiene firme las milenarias convicciones antijudías, es preceptivo eliminarlo.

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