01 – El Juicio Divino, la recompensa y el castigo.

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01 – Días de creación, bendición y juicio.

Año a año, el Eterno recrea nuevamente la vida de cada una de sus creaturas. A los efectos de que Su generosidad no alcance a los malvados, D´s juzga cada Rosh HaShaná (Año Nuevo) a todos los creados, concediendo abundancia y bendición a los justos y limitando el acceso de los malvados a tales bienes. Además de ser esta una acción justa, es necesaria a los efectos de reparar el mundo ya que si los malvados continúan recibiendo vida y bendición en abundancia se empeñarán  en su perversidad causando más daño y trayendo la maldición al mundo (Shelá).

Por lo tanto, los días en los que Hashem se acerca a sus creaturas concediéndoles nueva vida, son aquellos en los que los juzga y en los que el arrepentimiento o retorno (teshuvá) es mejor recibido por efecto de esa cercanía. Es por esto que si bien todos los días del año son propicios para la teshuvá, durante los diez días que van de Rosh HaShaná a  Yom Kipur (los diez días de la teshuvá o «Aseret Iemei Teshuvá») el retorno es mejor aceptado por Hashem, tal como está escrito (Isaías 55:6): «Buscad al Eterno mientras pueda ser hallado. Llamadle mientras esté cerca», por esta razón estos días reciben el nombre de «Diez días de Teshuvá» (Talmud Babilonio Tratado de Rosh HaShaná 18(A), Rambám Hiljot Teshuvá 2:6).

Si bien el juicio propiamente dicho se lleva a cabo en Rosh HaShaná y durante los Diez Días de Teshuvá, es preferible comenzar el proceso de arrepentimiento y retorno antes de que este se inicie para que de esa manera, cuando arribemos a los días en cuestión podamos retornar a Hashem con integridad. Además, es preferible anticipar el remedio a la enfermedad, ya que de acuerdo al orden procedural del juicio, que es similar al de los tribunales terrenales, antes que la persona sea acusada por las faltas cometidas, se le permite retractarse de las mismas con cierta facilidad, enmendarlas y así borrar la acusación o al menos atenuarla. Empero una vez que llega la hora del juicio y el fiscal celestial («categor») ya está pronto para exponer sus argumentos, resulta más difícil anular la acusación (Sifrí Nasó 42). Por esta razón el pueblo judío acostumbra a comenzar el proceso de retorno en el mes de Elul.

Cada año, nuevamente, nos acercamos a los días de teshuvá con una mezcla de temor reverencial y alegría. Temor por cuanto ignoramos si saldremos airosos delante de Su juicio ni cuál será nuestro veredicto. Muchas personas que estaban tranquilas y despreocupadas a comienzos del año, al final de este ya no estaban con vida o pasaron a sufrir grandes padecimientos. Alegría por cuanto se nos concede la oportunidad de retornar ante Él y hacer «teshuvá», allegarnos ante D´s para rezar y suplicar, limpiarnos del mal que se nos ha adherido y volver a conectarnos con aquellos valores en los que creemos. Y aunque nuestro veredicto sea padecer sufrimientos y pesares, debemos saber que ellos  son para bien, ya que permiten limpiar nuestras transgresiones para así poder alcanzar una completa reparación y una buena vida.

De no mediar una introspección anual, las necesidades corrientes nos harían olvidar todos los grandes ideales a los que nuestra alma aspira. Ante la ausencia de un ideal, los malos impulsos prevalecen y la persona se somete a sus pasiones hundiéndose en la bestialidad. Es en virtud de los Días Solemnes («Yamim HaNoraím») que tenemos la posibilidad de recordar año tras año, las buenas expectativas que poseíamos, los diferentes temas y libros que queríamos estudiar y todas las buenas acciones que queríamos llevar a cabo. Entonces repudiamos las transgresiones y malos hábitos que se nos han adherido, nos arrepentimos, confesamos y revemos nuestro orden de prioridades. Este proceso lo impulsamos a  los efectos de que en el año que se inicia podamos elevarnos en el estudio de la Torá, el cumplimiento de los preceptos y la realización de buenas acciones, la construcción de la familia, la sociedad y el pueblo. De esta manera tenemos el mérito de elevarnos año tras año, participando de la reparación del mundo, de su establecimiento y de su construcción.

02 – La Ley Divina y El Juicio Divino («Din»).

Es un principio de la fe judía que D´s creó el mundo y lo vivifica, y si cesase de hacerlo, aunque sólo sea por un instante el universo todo desaparecería. D´s concedió libre albedrío al ser humano, de modo tal que si elige el bien el mundo se verá positivamente influenciado por la bendición Divina; y si escoge el mal traerá al mundo muerte y contrariedades. Esta es la ley mediante la cual D´s derrame su bondad sobre el mundo, puesto que así lo determinó desde su creación: quien se acerca al Eterno es bendecido abundantemente mientras que quien se aleja ve reducida su porción de bendición y vida. Quien actúe así habrá de sufrir y hasta perderse por completo. Mediante el estudio de la Torá y el cumplimiento de los preceptos, la persona se apega a Hashem mientras que quien se aparta de esta y transgrede sus preceptos se apega a la muerte.

Tal como está escrito (Dvarim 30:15-18): «Mira (oh Israel) que hoy he puesto ante ti la vida y el bien y la muerte y el mal. Si haces lo que te ordeno hoy andando en los caminos del Eterno tu Dios y cumpliendo Sus mandamientos y preceptos, vivirás y te multiplicarás y te bendecirá el Eterno tu Dios en la tierra donde vas para heredarla. Pero si se desviare tu corazón y en vez de escuchar la voz del Eterno te postrares ante otros dioses y los sirvieres, declaro que de seguro pereceréis. No prolongareis vuestros días en la tierra que vas a heredar allende el Jordán». D´s quiere que escojamos la vida, tal como está escrito (ídem 19-20): «Pongo hoy como testigos contra vosotros al cielo y a la tierra de que os di para escoger entre la vida y la muerte, entre la bendición y la maldición, y os exhorté a escoger la vida, para ti y tu simiente, amando al Eterno tu D´s, escuchando Su voz y siguiendo Sus caminos, pues Él es tu vida (oh Israel) y la extensión de tus días, para que puedas vivir en paz en la tierra que el Eterno juró a tus padres, Abraham Isaac y Jacob, que les daría».

Esto es lo que corresponde de acuerdo a la Ley Divina y Su juicio: que quien se acerca a D´s se acerca a la fuente de la vida y la bendición y por ende recibe más y más de éstas; y quien se aleja de D´s, por cuanto que se aparta de la fuente de la vida y la bendición sus días se acortan y por lo tanto las enfermedades, sufrimientos y desgracias se ciernen sobre él.

El libre albedrío es el gran obsequio que dio D´s al ser humano, y por lo tanto, todas las bondades que recibe la persona del Creador, las recibe con justicia y equidad, por lo que el ser humano se siente en plenitud, feliz y satisfecho, ya que obtuvo su lugar en el mundo mediante su propio esfuerzo y mérito. En cambio, si D´s le otorgase al ser humano todas sus bondades gratuitamente, éste no las disfrutaría ni le causarían felicidad alguna (Rabí Moshé Jaím Luzatto Derej Hashem 1:2).

Por lo tanto, el Juicio Divino debe ser verdadero, detallado y puntilloso, tomando en cuenta cada acción realizada, cada palabra dicha y cada pensamiento elucubrado. Por lo tanto, si bien el ser humano es juzgado según la mayoría de sus actos, de modo tal que si la mayor parte de estos son buenos es sentenciado positivamente, y será castigado por cada mala acción de la cual no se haya arrepentido o retornado en teshuvá. Asimismo, si la mayoría de sus acciones fueron malas y es sentenciado negativamente, de todas maneras recibirá su recompensa por cada buena acción realizada. El Rey de la Justicia (Melej Hamishpat) es quien sabe calcular todas estas cosas y es quien determina cuándo llegó el momento de la recompensa y cuándo el del castigo (Talmud Babilonio Tratado de Baba Kama 50(A), ídem Tratado de Jaguigá 5(A)).

El Creador quiere hacer el bien a sus creaturas, tal como está escrito (Salmo 145:9): «El Eterno es bueno para todos y Su benevolencia está presente en todas Sus obras», siendo el objetivo final del castigo la corrección del camino y no la venganza. En este mundo, el castigo tiene por cometido encaminar al ser humano a los efectos de que abandone las malas acciones y retorne al camino de la virtud, tal como está escrito (Dvarim- Deuteronomio 8:5): «También sabrás en tu corazón que así como un hombre reprende a su hijo, el Eterno tu D´s te reprende a ti». Si la persona no logró retornar al buen camino en este mundo a pesar de que tenga méritos, mientras el mal se encuentre apegado a él no puede acceder al bien que Hashem quiere prodigarle. Por esta razón es condenado a padecer sufrimiento en el Guehinom[1] para así limpiarse de todo mal y posteriormente ascender al paraíso o Gan Eden, tal como está escrito (Libro primero de Samuel 2:6): «El Eterno quita la vida y también la da. Hace bajar a la tumba y también hace subir». Aquellos que son completamente malvados son acabados en el Guehinom y se pierden (Talmud Babilonio Tratado de Rosh HaShaná 17(A), Pesikta Rabatí 40, Nefesh HaJaím 1:12).


[1]. Guehinom se traduce comúnmente como infierno, de todas maneras es teológicamente distinto del concepto cristiano o musulmán y no es este el sitio adecuado para entrar en pormenores  al respecto en virtud de lo extenso que podría resultar  (n. de t.).

03 – El tiempo para el juicio.

Tal como vimos en el primer inciso, tanto la Bendición como el Rigor Divino van de la mano, ya que el momento en el cual D´s concede vida al mundo es el momento del juicio que definirá quién habrá de ser bendecido y quién no. Dado que el Kadosh Baruj Hu crea en Rosh HaShaná la vida para todo el año, ese es pues el momento del juicio para todas las creaturas.

Respecto a ello, nuestros sabios, de bendita memoria, afirmaron en la Mishná (Tratado de Rosh HaShaná 1:2): «En Rosh HaShaná todos los seres humanos pasan delante de Él cual rebaño, tal como está escrito (Salmos 33:15): «Él que forma los corazones de todos ellos considera todas sus acciones». Además dijeron (Talmud Babilonio Tratado de Baba Kama 10(A)): «Tanto el sustento como las carencias de la persona son establecidos en Rosh HaShaná».

Si bien la fase principal del juicio así como también la redacción del veredicto, tienen lugar en Rosh HaShaná, el sellado del mismo se realiza en Yom Kipur. Por esta razón, los días que van de Rosh Hashaná hasta Yom Kipur son días de teshuvá y de plegarias a los efectos de mejorar la sentencia. Sobre esto dijo Rabí Meir: «Todos son juzgados en Rosh HaShaná y su veredicto es sellado en Yom Kipúr» (ídem Tratado de Rosh HaShaná). Asimismo, nuestros sabios, de bendita memoria, dijeron (Talmud Babilonio Tratado de Beitzá 16(A)): «El sustento de la persona es definido entre Rosh HaShaná y Yom Kipur».

Si bien el veredicto es sellado en Yom Kipur, en algunos casos especiales, existe la posibilidad de influir sobre la sentencia, tanto para anularla como para mejorarla, hasta Hoshaná Rabá y Sheminí Atzeret. Esto se debe a que recién entonces, los ángeles encargados de ejecutar las diferentes sentencias reciben los «papelitos» con las instrucciones correspondientes, y por ende este es el momento final del juicio anual (Zohar III 33:2, Pninei Halajá Sucot 6:1).

Además de ser Rosh HaShaná el día anual de juicio general para todo el año, existen tres oportunidades más: cada una de las fiestas de peregrinación que son en sí un tiempo de juicio. En Pesaj somos juzgados por la cosecha, en Shavuot por los frutos del árbol y en Sucot por el agua (Talmud Babilonio Tratado de Rosh HaShaná 16(A)). De esto se desprende que la bendición Divina desciende al mundo en los días sagrados y por ende en estos se lleva a cabo el juicio respecto del bien a recibirse. Las fechas de las diferentes fiestas se corresponden con diferentes ciclos naturales (Pninei Halajá Moadim 1:2): la fiesta de Sucot anuncia el inicio del invierno y, por lo tanto, por su intermedio recibimos la bendición del agua y en esta somos juzgados por el líquido elemento. En los días cercanos a Pesaj el trigo ya está creciendo y según cómo lo haga apreciamos la bendición y el rigor. En Shavuot los frutos de los árboles comienzan a crecer y a madurar, y por lo tanto por  intermedio de esta fiesta llega al mundo la bendición de éstos y a la vez somos juzgados. Es así que en Rosh HaShaná somos juzgados de manera general respecto del agua, la cosecha y los frutos mientras que el juicio en detalle por el agua tiene lugar en Sucot, el juicio detallado por la cosecha en Pesaj y el juicio detallado por los frutos del árbol en Shavuot.

04 – El descenso concatenado de la bendición y el juicio.

Si bien el veredicto se escribe en Rosh HaShaná y se sella en Yom Kipur, la conducta de la persona a lo largo del año influye significativamente. Esto se debe a que la bendición de vida que es adjudicada a la persona en Rosh HaShaná desciende concatenada y gradualmente al mundo mediante los novilunios y el Shabat y en el derrotero descendente la bendición puede tomarse para bien o para mal. Esta es la regla: los días sagrados tienen por finalidad derramar bendición sobre el mundo, cada día según su particularidad, y junto a la bendición aparece el juicio a los efectos de que la primera llegue a quien la merece.

Dado que la bendición desciende vía los novilunios, estos también fungen como días de juicio y por lo tanto son apropiados para la teshuvá, expiación y perdón. Quienes cumplen preceptos con excelencia acostumbran a hacer teshuvá en la víspera del novilunio (Un pequeño Yom Kipur o Yom Kipur Katán).

También el Shabat es sagrado y bendito y por su intermedio se recibe la bendición para los seis días hábiles. A los efectos de que la bendición descienda de manera apropiada, en Shabat se debe retornar a D´s por amor. El vocablo «Shabat» está emparentado con el vocablo «Teshuvá» (que significa retorno o arrepentimiento).

La bendición que desciende mediante los novilunios y el Shabat llega hasta los días hábiles, ya que cada día tiene una santidad particular y en cada jornada se manifiesta o revela una faceta especial de la Divinidad que es exclusiva a ese tiempo. Tal como dijo Rabí Iosei: «El ser humano es juzgado diariamente». Más aún, cada hora tiene una particularidad que permite revelar un aspecto único de la Divinidad y por lo tanto existe una suerte de juicio a cada hora. Tal como dijo Rabí Natán: «El ser humano es juzgado a cada hora» (Talmud Babilonio Tratado Rosh HaShaná 16(A)). Como contraparte de la bendición y el juicio de cada jornada, rezamos tres rezos diarios, Shajarit, Minjá y Arvit para así mejorar la sentencia del día.

Las sentencias de los juicios que se realizan en novilunios, Shabat y demás días no alteran el veredicto que fue escrito y sellado al comienzo del año. Esto se debe a que si bien el veredicto anual está definido desde principios del año, la forma de implementarse aún no está fijada y ésta es de suma importancia tanto para bien como para mal. Se puede ejemplificar esto con el presupuesto anual del Estado, el cual si bien es establecido a principio de año mediante la ley presupuestal y el gobierno carece de autoridad para modificarlo; de todas maneras cada ministro tiene la potestad para establecer de qué manera se distribuirá y hasta los funcionarios tienen la posibilidad de influir en su ejecución tanto para bien como para mal (ver Talmud Babilonio Tratado de Brajot 58(A)).

Nuestros sabios, de bendita memoria, expresaron una idea similar (Talmud Babilonio Tratado de Rosh HaShaná 17(B)) en el sentido de que las acciones que se realizan durante el año pueden inclinar el juicio para bien o para mal: «¿De qué manera para bien? Si los hijos de Israel eran malvados en Rosh HaShaná y se les sentenció un año de pocas lluvias y luego hicieron teshuvá, adicionarles lluvias no se puede pues el decreto ya fue emitido, empero el Kadosh Baruj Hu hace descender las precipitaciones en los momentos apropiados sobre las tierras más necesitadas (y así a pesar de lo limitado de la cantidad de agua el suelo es bendecido en abundancia). ¿De qué manera para mal? Si los hijos de Israel eran completamente justos en Rosh HaShaná y se les decretó un año de abundantes lluvias, pero luego se descarriaron, disminuirles la cantidad de agua no se puede  pues el decreto ya fue emitido, empero el Kadosh Baruj Hu hace descender las precipitaciones a destiempo sobre suelos que no las necesitan» y de esa manera no disfrutan de la bendición.

El orden correcto es que nos despertemos y comencemos a retornar en arrepentimiento en el mes de Elul, que aceptemos el Yugo Celestial en Rosh HaShaná para que de esa manera nuestra sentencia sea inscrita favorablemente, continuemos elevándonos en nuestra teshuvá hasta Yom Kipur y nuestra sentencia será sellada para bien, y en virtud de esta continuemos andando por la senda de Hashem, aprehendamos la santidad de los Shabatot, Fiestas y Novilunios para que de esta forma abunden la luz y la bendición todos los días, a toda hora y en todo momento.

05 – La sentencia para el mundo venidero.

En Rosh HaShaná el ser humano es juzgado y sentenciado tanto para su vida en este mundo como para la del mundo venidero. Respecto de la sentencia para este mundo ya estudiamos en las halajot anteriores y profundizaremos posteriormente. A continuación explicaremos el juicio para el mundo venidero. Primeramente debemos aclarar que la vida en el mundo venidero consta de dos etapas: la primera comienza con el fallecimiento de la persona y en esta la neshamá asciende al mundo de las almas en el cual hay Gan Eden o paraíso para los justos y Guehinom para los malvados. La segunda etapa llegará una vez que se complete la reparación del mundo, durante la resurrección de los muertos y las almas vuelvan a unirse a los cuerpos y juntos se eleven infinitamente (Rambán en Shaar Hagmul, Ramajal Derej Hashem I:3, ver en Shelá, Toldot Adam Beit David).

El mundo venidero, en sus dos etapas, es denominado el Mundo de la Verdad («Olam Haemet») en contraste con este mundo en el cual la mentira predomina y en el cual la imagen exterior oculta la esencia interior. En el mundo venidero se dilucida el verdadero sitial de la persona y el valor real de sus acciones.

Dado que el mundo venidero es infinitamente más importante que este mundo, por cuanto que el terrenal es como el «corredor» que conduce al primero (Mishná Tratado de Avot 4:16), el juicio principal que se realiza en Rosh HaShaná se ocupa principalmente del mundo venidero. Este juicio se divide en dos partes: en una se toman en cuenta todas las acciones realizadas durante el año, por las buenas obras es recompensado en el mundo venidero y por las malas le espera un castigo en el mismo lugar. Empero la sentencia que se dicta en Rosh HaShaná no es definitiva, ya que si en el correr de los años siguientes la persona rectifica sus pasos se podrá salvar del castigo en el Guehinom y aumentará su recompensa en el mundo venidero. En cambio, si D´s no lo quiera, la persona se arrepiente de las buenas acciones realizadas heredará Guehinom y perderá la recompensa que tenía reservada para el mundo venidero.

La segunda parte del juicio se centra en la posibilidad de acercarse a D´s en el año entrante. Quien es sentenciado para la vida en Rosh HaShaná, ene l correr del año se le presentarán oportunidades que le permitirán seguir elevándose en el estudio de la Torá y el cumplimiento de los preceptos, por medio de los cuales será meritorio de vida en el mundo venidero. Cuando estudie Torá, recibirá comprensión e iluminación suplementarias y cuando realice preceptos y buenas acciones, recibirá alegría y bendición suplementarias que son similares al mundo venidero. En caso de que la persona sea, D´s no lo permita, sentenciada para la muerte en ese año, a lo largo del año se le presentarán pruebas y acontecimientos que podrán alejarlo de Hashem y hacerle perder el mundo venidero. Si va  a estudiar Torá le será muy difícil captar su Luz Divina y si va a cumplir preceptos no tendrá el mérito de sentir el placer y la santidad de su acción. A esto se refieren nuestros sabios cuando nos dicen que (Mishná Tratado de Avot 4:2) «El cumplimiento de un precepto lleva al cumplimiento de otro y que una transgresión lleva a otra; por cuanto que la recompensa por el cumplimiento de un precepto es la realización de otro y la recompensa por una transgresión es la realización de otra» (Nefesh HaJaím 1:12).

La generalidad de la recompensa es denominada «vida» y la generalidad del castigo es denominada «muerte». Por «vida» se entiende el acercamiento y la conexión con Hashem que es la fuente de la vida, pues de esta manera la persona accede a todas las bondades que el Creador prodiga, tanto en este mundo como en el de las almas y en el venidero. Dado que el origen de todas las bondades y deleites terrenales que Hashem prodiga en este mundo se derivan de la vida que el Eterno vierte en este, la recompensa en el mundo venidero es infinitamente superior a todos los placeres de este que no son más que un pálido reflejo de la verdadera raíz de todos los placeres. Respecto de esto dijeron nuestros sabios (Mishná Tratado de Avot 4:17): «Es preferible una hora de placidez y serenidad en el mundo venidero que toda la vida en este mundo». Esto se debe a que en el mundo venidero, el individuo  puede acceder a disfrutar del resplandor de la Divina Presencia (Shejiná) y deleitarse en D´s, por lo que la vida en su interior se intensifica y supera enormemente. Empero, en este mundo, la Luz Divina llega a nosotros muy reducida tras pasar diferentes velos. Y sin embargo, mediante el apego a Hashem estudiando Torá y cumpliendo preceptos, la persona puede acceder en este mundo a una suerte de mundo venidero y deleitarse de la cercanía al Eterno.

A diferencia de la generalidad de la recompensa que es denominada «vida», la generalidad del castigo es denominada «muerte». La muerte implica lejanía de la fuente de la vida, la cual provoca que se incrementen los sufrimientos, llegando incluso a la muerte del cuerpo en este mundo y los padecimientos del Guehinom en el venidero.

06 – La profundidad del Juicio Divino y su complejidad.

Si bien las reglas generales del Juicio Divino son sencillas en cuanto a que quien va por los caminos de Hashem es bendecido en este mundo y en el venidero mientras que el malvado es castigado en ambos mundos; los detalles de este juicio son sumamente profundos y complejos. Por esta razón hay casos en los que un justo sufre de pobreza y enfermedades muriendo joven, y hay malvados que persisten en su inconducta, viviendo con salud y en abundancia. Esto puede obedecer a diferentes razones, tal como las detallaremos a continuación, y todo tiene por cometido la reparación del mundo.

Antes que nada es necesario conocer una regla general: el libre albedrío del ser humano es indispensable a los efectos de que el mundo sea reparado y por lo tanto, mientras esto no se haya alcanzado no es razonable que los justos disfruten y los malvados sufran. Por esta razón, la administración del Rigor Divino o «Din» es muy compleja y sus detalles múltiples, por lo que siempre existen justos que se enfrentan con sufrimientos y malvados que parecen gozar de los deleites de este mundo. De esta manera, el libre albedrío no se ve afectado, y aquella persona que elige el bien tiene el mérito de repararse a sí mismo y al mundo entero.

De todas maneras, cuando observamos a largo plazo, por ejemplo, respecto de temas vinculados a la familia y la felicidad verdadera de la vida, vemos que generalmente en este mundo los justos son bendecidos y los malvados castigados. El principal desafío que la inclinación al mal presenta al ser humano es el contemplar este mundo desde una perspectiva superficial y cortoplacista, mientras que la inclinación al bien estimula a la persona a contemplar este mundo en profundidad y a largo plazo. Por esta razón, a pesar de que en este mundo, a largo plazo mayormente los justos son recompensados y los malvados castigados, todavía se mantiene el libre albedrío ya que a corto plazo esta dinámica no se distingue.

Pasemos a explicar los detalles de la administración del Juicio Divino: en el caso de una persona destinada  a ser rica y enfrentarse a las pasiones que la opulencia implica, de modo tal que aunque peque abundantemente continuará siendo rico y todo su juicio en Rosh HaShaná es sobre la base de su holgura económica: ¿esta lo  hará feliz o acaso habrá de llenarlo de preocupaciones y sufrimientos? Asimismo, en lo que respecta al mundo venidero, ¿su riqueza le permitirá enfrentar tanto pruebas difíciles como sencillas? ¿Su dinero le ayudará a su labor espiritual? Hay personas destinadas a enfrentar las pruebas que presenta la pobreza y aunque su conducta sea muy meritoria continuará siendo pobre, por lo que su sentencia se basará en la pregunta si la pobreza será soportable o no. En cuanto al mundo venidero, la pregunta relevante será si su condición económica le ayudará a su desarrollo espiritual o atentará contra este. En muy contadas ocasiones, mediante méritos fuera de lo común o pecados gravísimos, una persona puede modificar el tipo de vida que tiene destinada.

Hay veces en las que el destino no es contundente sino que fija una tendencia general y permite modificaciones determinadas, por lo que el juicio de Rosh HaShaná puede influenciar en quien está destinado a la opulencia en cuanto a si será rico, bien acomodado o magnate o,  en el caso del pobre si este vivirá un poco apretado, muy apretado o será indigente.

07 – Los detalles del Juicio.

Hay personas que no están específicamente destinadas a la riqueza o la pobreza por lo que su perfil económico es variable, y entonces, si tomó  decisiones éticas en lo relativo al dinero y la caridad (tzedaká), le corresponde por Ley Divina enriquecerse para así poder continuar superándose en la realización de buenas acciones. Empero a veces, D´s sabe que si la persona se ha de enriquecer su inclinación al mal puede impulsarlo a la arrogancia, las bajas pasiones o la mezquindad por lo que podría perder su carácter de justo. Por lo tanto, dado que lo principal es el apego a D´s y de esta virtud depende la vida eterna de la persona, del Cielo, a veces se tiene piedad de la persona y se le sentencia a tener dificultades económicas a los efectos de salvarlo de duras pruebas y permitirle alcanzar el mundo venidero. En caso de que la persona no tenga el mérito suficiente, es posible que se enriquezca en este mundo  empero deberá enfrentar duras pruebas que pueden hacerle descender a profundos abismos.

Otro de los parámetros del Juicio Divino es la intensidad de la prueba que la persona necesita enfrentar a los efectos de optar por el bien y alejarse del mal. Hay individuos que fueron destinados a poseer una inclinación al mal muy poderosa o que se criaron en un entorno negativo y difícil y por lo tanto la poca Torá que consiguen estudiar o las pocas buenas acciones que logran realizar tienen un enorme valor y les hace meritorios de una gran recompensa. Tal como dijeron nuestros sabios (Mishná Tratado de Avot 5:23): «La recompensa es proporcional al esfuerzo». Hay quienes tienen una naturaleza benigna y se criaron en un buen entorno, por lo que en caso de que pequen su castigo será muy severo.

Existe otra variante en el Juicio Divino. A veces, se decreta que un malvado que cumplió algunos pocos preceptos reciba toda la recompensa en este mundo, a los efectos de que se pierda posteriormente en el Guehinom. Asimismo, a veces se decreta que un justo que cometió unas pocas faltas reciba todo su castigo en este mundo para así pasar limpio al Gan Eden.  Si bien la recompensa y el castigo en este mundo no son proporcionales a los del venidero, este tipo de sentencia es justo por cuanto que el malvado realizó buenas acciones por motivos exteriores, para poder vanagloriarse ante las personas, y por lo tanto es justo que reciba su recompensa en este mundo perecedero y no en el de la verdad, el mundo venidero. Otro tanto ocurre con la sentencia del justo, dado que su deseo interior es apegarse a D´s, si por error cometió alguna falta, dado que se trata de una inconducta exterior corresponde que su castigo sea también exterior, en este mundo, para que así el justo se vea refinado al punto que no le quede mancha alguna para el mundo venidero (Talmud Babilonio Tratado de Kidushín 39(B), Derej Hashem II 2:6).

Estos son algunos de los criterios que confluyen en la Sentencia Divina. Además, existen algunos parámetros generales de juzgamiento que serán detallados en la siguiente halajá. Desde el punto de vista de la persona, lo más importante es que retorne a D´s ya que si bien el Juicio Divino es insondable, de todas maneras sabemos con certeza que la teshuvá y las buenas acciones siempre son buenas para la persona, y que, además, la principal recompensa es para el mundo venidero y sólo una pequeña porción de la misma se recibe en este mundo. Mientras la persona se encuentra en este mundo que es el ámbito de la libre elección, el valor de sus acciones es inconmensurable y la hacen meritoria de recompensa eterna. Sobre esto dijeron nuestros sabios (Mishná Avot 4:2): «Es mejor una hora de teshuvá y buenas acciones en este mundo que toda la existencia en el mundo venidero».

08 – El juicio de la nación y el juicio individual tanto en la tierra de Israel como en la diáspora.

Es necesario saber que si bien el juicio en Rosh HaShaná es para la generalidad de la nación así como para cada individuo por separado, la sentencia individual está estrechamente vinculada e influenciada por la situación general del pueblo todo, cada etnia según sus cuestiones específicas. Y tal como estudiamos en la Torá respecto del pueblo de Israel en la porción de lectura (perashá) que habla de la bendición y la maldición (Vaikrá 26:3-4): «Si en mis leyes anduviereis y cumpliereis mis preceptos, os brindaré lluvias a su tiempo y la tierra dará su producto y el árbol del campo dará su fruto… y morareis con tranquilidad en vuestra tierra…Y perseguiréis a vuestros enemigos que caerán ante vosotros por la espada… Y andaré entre vosotros y seré vuestro D´s y vosotros seréis Mi pueblo…Mas si no me escuchareis y no cumpliereis estos mis mandatos, esto os haré: echaré sobre vosotros el terror, la tisis y la fiebre que consume los ojos y entristece el alma, y sembrareis vuestra simiente en vano porque vuestros enemigos la comerán…quebrantando vuestra envalentonada fuerza y tornando vuestro cielo como hierro y vuestra tierra como cobre. Y se desgastará vuestra fuerza inútil y no dará fruto vuestra tierra y no dará fruto el árbol de la tierra…Y haré de vuestras ciudades eriales y de vuestros santuarios una desolación y no aspiraré más los olores (de vuestros sacrificios)… Y os esparciré entre las naciones y esgrimiré una espada tras vosotros Y vuestras tierras serán devastadas y vuestras ciudades quedarán en ruinas…Y pereceréis a montones entre los pueblos y la tierra de vuestros enemigos os tragará».

Si bien no habría contradicción entre la sentencia colectiva y la individual; a veces, cuando la nación toda merece recibir abundancia y bendición esto no implica que algunos pocos no puedan ser castigados por sus malas acciones. Asimismo, cuando el pueblo todo es castigado, esta sentencia no se ve alterada si unos pocos son recompensados. Empero, a veces existe una contradicción entre la sentencia nacional y la individual como por ejemplo, cuando el pueblo es condenado a recibir un duro castigo como la destrucción o el exilio; en ese caso no hay otra alternativa que incluir también a los justos en la punición. De todas maneras el Juicio Divino sigue funcionando ya que en el mundo de las almas, en el Gan Eden, los justos recibirán su recompensa completa. Asimismo, a veces el pueblo todo es sentenciado para bien de modo tal que no es posible asignar a los malvados la completitud de su castigo en este mundo. En este caso la Justicia Divina termina de efectivizarse en el mundo de las almas, en el Guehinom. La compleción final de la Justicia Divina tendrá lugar en los días de la resurrección de los muertos, cuando las almas vuelvan a unirse con sus cuerpos.

Además, es necesario saber que cuando el pueblo de Israel se halla en el exilio y el sagrado Templo se encuentra destruido, la Divina Providencia está muy oculta en este mundo y parece como si Hashem hubiese abandonado la tierra y el mal predomina en el mundo tal que a los malvados les va bien y a los justos les va mal. Esto se debe a que así como las fuerzas del mal se incrementaron y pudieron destruir el Templo, de la misma manera el accionar de los malvados triunfa. Así como la Divina Presencia se encuentra en el exilio, de la misma forma los justos están sumidos en el sufrimiento y el dolor. A todo esto se le suma el hecho de que cuando se le decretan al pueblo de Israel duros castigos, todos los individuos padecen de las medidas colectivas.

Si bien aparentemente no es correcto que los justos sufran más, de todas maneras ellos se lamentan más por el exilio del pueblo de Israel. Por lo tanto, mientras la Gloria Celestial sea profanada entre las naciones, no tienen satisfacción en los placeres terrenales. Y a causa de su dolor y su duelo por Sión y la destrucción del Templo, tienen el mérito de apegarse a la Divina Presencia y acercar la redención, por lo que son enormemente recompensados.

09 – El Juicio del pueblo judío.

El juicio del pueblo de Israel ejerce influencia sobre todo el mundo, ya que este es en medio de las naciones como el corazón en el seno de los demás órganos, y la existencia del mundo todo depende de él. Esto obedece a que las naciones deben descubrir en el pueblo judío la luz de la Torá que las conduzca a la reparación definitiva. Respecto de esto, nuestros sabios, de bendita memoria, dijeron (Talmud Babilonio Tratado de Shabat 88(A)): «El Kadosh Baruj Hu condicionó a la creación toda diciéndole: si el pueblo de Israel cumple con la Torá podrán existir y de lo contrario os devuelvo al caos primigenio». Es así que desde la entrega de la Torá, el mundo existe en mérito del apego del pueblo de Israel a la Ley Divina y el cumplimiento de sus preceptos, y la redención universal depende de que los judíos hagan teshuvá. Dado que la responsabilidad que pende sobre el pueblo de Israel es enorme, el castigo que reciben los judíos por sus malas acciones es mayor que el que reciben los miembros de las demás naciones. Como contraparte, la recompensa que reciben los hijos de Israel por escoger el bien es mucho mayor, ya que de esta manera traen bendición y redención a todo el mundo.

Por esta razón, el juicio en Rosh HaShaná comienza primeramente sobre el pueblo de Israel, tal como está escrito (Salmos 81:4-5): «Tocad el Shofar ante la nueva luna, en lo oculto de nuestra festividad, porque es un precepto para Israel, una ordenanza (sentencia) del Dios de Yaakov»; y una vez que los hijos de Israel se presentan a juicio Hashem juzga a todas las demás naciones (Talmud Babilonio Tratado de Rosh Hashaná 8 (A y B).

Aparentemente, según las reglas de la Justicia Divina si D´s no lo quiera, el pueblo de Israel escogiese el mal camino, D´s lo hará desaparecer y destruiría el mundo. Empero, el Eterno los eligió como Su pueblo y estableció con ellos un pacto  por lo que, aunque los israelitas pequen en gran medida, Hashem no los  ha de abandonar, sino que los ha de castigar con terribles penurias hasta que retornen a la buena senda. Tal como está escrito al final de las maldiciones (Vaikrá 26:44-5): «Es que ni siquiera por todo eso, cuando estuvieren en tierras ajenas los desecharé totalmente ni Me dejaré llevar por Mi ira para anular Mi pacto con ellos, por cuanto Yo soy su D´s, el Eterno. Por ellos me acordaré de Mi Pacto con sus ancestros, a quienes libré de la tierra de Egipto ante los ojos de todos los pueblos para que Yo fuere su D´s, el Eterno».

Asimismo, vimos en las porciones de las bendiciones y las maldiciones del Deuteronomio que al final, tras muchos sufrimientos, D´s castigará con creces a los malvados que hostigaron al pueblo de Israel, redimirá a Su pueblo y expiará Su tierra tal como está escrito (Deuteronomio 32:43): «Él vengará la sangre de Sus siervos y castigará a sus adversarios y hará la expiación de la tierra y de Su pueblo»; y además los Salmos dicen (94:14): «Porque el Eterno no expulsará a Su pueblo ni abandonará a Su heredad».

Por lo tanto, vemos que el Juicio Divino no opera sobre la mera existencia del pueblo de Israel en este mundo y en el venidero sino respecto de cómo habrán de vivir, en paz y con bendición o, D´s no lo quiera, del modo opuesto. Asimismo al pueblo de Israel se le prometió que vendrá la redención, empero, si hace teshuvá entonces ésta sobrevendrá más rápida y tranquilamente. En cambio, si el pueblo de Israel no hace teshuvá, tras el largo exilio sobrevendrán penurias terribles las cuales causarán que se reúnan las diásporas y la tierra sea construida, tal que podamos seguir elevándonos hasta que merezcamos la redención y la teshuvá completas (Talmud Babilonio Tratado de Sanhedrín 97 (B), 98 (A) y Zohar III 66:2).

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