07 – Reglas (halajot) de Yom Kipur

01 – Honrar el día

Al igual que Shabat y días festivos de la Torá, Yom Kipur es denominado «Mikrá Kodesh» o «convocación sagrada» tal como está escrito (Vaikrá-Levítico 23:27): «Empero en el décimo día del mes séptimo, este, Día de Expiaciones es, convocación sagrada habrá de ser para vosotros…». En el caso del Shabat y las festividades, el carácter de santa convocación implica deleitar y honrar al día, tal como dijeron nuestros sabios (Safra Emor 12:4): «¿Cómo se lo consagra? Mediante comida, bebida y vestimentas limpias» (Rambám Yom Tov 6:16, Shulján Aruj 529:1). Sin embargo, en Yom Kipur que debemos ayunar se santifica o consagra el día únicamente mediante vestimenta limpia. Sobre esto nuestros sabios dijeron (Talmud Babilonio Tratado de Shabat 119(A)) que respecto de Yom Kipur el profeta Isaías dijo (58:13): «al día consagrado por HaShem y glorificado», «dado que en él no se come ni se bebe, la Torá ordena: hónralo con ropa limpia» (Rif y Rosh a Yomá 8:9).

En Yom Kipur muchos acostumbran a vestir ropa blanca, bonita y elegante, la cual concede el aspecto ‘de los ángeles ministeriales’, ya que en este día no nos dejamos arrastrar por las pasiones físicas y estamos limpios de todo pecado al igual que éstos. Asimismo, muchas mujeres acostumbran a vestir de blanco y aquellas que no lo hacen igualmente se abstienen de portar joyas o vestir ropas cargadas de adornos en virtud del temor por el juicio (Mordeji, Ramá 610:4, Mishná Berurá 16:17). Muchos de los hombres ashkenazíes acostumbran vestir «kitel», una túnica blanca que alude a dos cuestiones. La primera es la de asemejarse a un ángel y la segunda es la de recordar las mortajas ya que de esta manera el corazón se estremece, se quiebra y desea retornar. No se debe evacuar vistiendo el «kitel» por cuanto que es una prenda destinada al rezo, pero se puede orinar con él (Maté Efraím 12, Mishná Berurá 18).

Es preceptivo limpiar la casa en honor a Yom Kipur, extender sobre la mesa un mantel bonito al igual que en víspera de Shabat (Mordeji, Ramá 610:4, Aruj Hashulján 2). Es preceptivo también bañarse en honor a Yom Kipur al igual que en la víspera de Shabat. Hay quienes también acostumbran a sumergirse en la «Mikve» o baño ritual (ver arriba 5:10).

Es preceptivo limpiar la sinagoga y prepararla de cara a Yom Kipur de la manera más bonita y respetable posible. Se deben encender todas las luces de la sinagoga en honor al día, tal como está escrito (Ishaiahu 24:15): «Glorificad al Eterno en las regiones de la luz» (Shulján Aruj 610:3-4, Mishná Berurá 9).

A diferencia del ayuno del 9 de Av en el cual no se huelen hierbas aromáticas en virtud del duelo (Shulján Aruj 559:7, Sha´ar Hatziún 556:1), en Yom Kipur se acostumbra a olerlas y recitar por estas la bendición correspondiente ya que se trata de un día festivo (Yom Tov);  y toda aquella acción u objeto que honran el día y no están prohibidos en virtud del ayuno – son preceptivos.

02 – El descanso y la prohibición de realización de labores.

Es preceptivo cesar de toda labor en Yom Kipur, tal como está escrito (Vaikrá 23:32): «Será día de estricto descanso» («Shabat Shabatón») y todo aquel que realiza labores en este día – además de haber incumplido con el precepto positivo de cesar en toda tarea trasgredió un precepto restrictivo, ya que está escrito (ídem 23:28): «Y no haréis labor alguna este día». Por lo tanto en Yom Kipur están prohibidas las mismas treinta y nueve labores vedadas en Shabat, y quien realiza en este día una labor intencionalmente – tiene pena de «Caret»[1]  y quien lo hace sin intención o negligentemente debe ofrendar un sacrificio de «Jatát» en el Templo de Jerusalém. Hay sólo una diferencia entre Yom Kipur y Shabat, y es que quien realiza una labor  prohibida el séptimo día bajo advertencia de dos testigos tiene pena de muerte por lapidación mientras que quien lo hace en Kipur merece la pena de «Caret» («desconexión»), tal como está escrito (ídem 23:30): «y toda persona que hiciere cualquier trabajo –en el término de este día-, haré perder el alma aquella del seno de su pueblo» (Rambám Hiljot Shvitat Heasor 1:1-2, Shulján Aruj 611:2).

Al igual que en Shabat, el precepto de descansar o cesar requiere que no hagamos de Yom Kipur un día común y corriente. Esto es, además de la prohibición de realizar labores, es también preceptivo cesar en la realización de esfuerzos, o sea, no se deben abrir las tiendas o cargar cosas necesarias para el siguiente día hábil. Si bien quien hace estas cosas no trasgrede ninguna de las treinta y nueve labores prohibidas, deja sin efecto el precepto de descansar o cesar en Yom Kipur, tal como está escrito (ídem 23:32): «Será día de estricto descanso», por lo tanto, es preceptivo cuidar  el carácter sagrado del día de modo tal que la forma de caminar o hablar difiera de la de todos los días (ver Pninei Halajá Shabat 22:1). Esta es la regla: todas las normas de Shabat se aplican en Yom Kipur, además, en este último se adicionó el precepto de la aflicción, por lo que la separación de las cuestiones mundanas es más marcada.


[1]. El término» כרת «, «caret» ha sido entendido siempre por los sabios del Talmud como »מיתה בידי   שמים»  «Mitá bidé Shamáim» o sea, muerte natural decretada por El Creador de toda vida. La pena de «כרת »  «caret» puede representar tres formas distintas de pena para la persona que incurre en alguna transgresión sancionada por «כרת » «caret»,

  1. a) La persona puede ver su vida truncada y morir antes de alcanzar la vejez, pero la muerte alcanza en este caso sólo a su cuerpo físico y no a su alma, que podrá gozar de la quietud del mundo venidero. En ese caso el » כרת «, «caret» ha afectado al aspecto físico de la persona.
  2. b) EI »כרת» «caret» pudo afectar especialmente el alma del infractor que no gozará de la quietud del mundo venidero. Estas personas no sufren durante su vida castigo físico alguno, llegando incluso hasta la vejez y la ancianidad.
  3. c) La tercera categoría es la de aquellas personas que incurren en relación incestuosa, pues aquellos sufren del «»כרת «caret» más absoluto, que afecta a su cuerpo y a su alma. De esto resulta que algunos exégetas encuentran en este versículo la base misma de la vida espiritual que el judaísmo ofrece a sus adeptos. (nota de editor basada en el comentario del Rab. M. Edery Z”L al Jumash Vaikrá)

03 – El precepto de la confesión (vidui).

Dado que Kipur es un tiempo de perdón y expiación, tal como está escrito (Vaikrá 16:30): «…Ya que en este día hará expiación por vosotros para purificaros. De todos vuestros errores, ante HaShem habréis de purificaros», es preceptivo en este día retornar en teshuvá y confesar ante Hashem sus pecados (Rambám Hiljot Teshuvá 2:7).

La confesión verbal explícita culmina la teshuvá, ya que la esencia de nuestra labor en este mundo pasa por llevar a la práctica las buenas intenciones que se ocultan en el pensamiento y en el corazón. Mediante la confesión verbal explícita, los pensamientos y los sentimientos que acompañan el proceso del retorno cobran forma, se elaboran y elucidan, el arrepentimiento se hace profundo y tajante al punto que el trasgresor refuerza su decisión de no volver a pecar. Por lo tanto, la Torá ordenó (Bamidbar-Números 5:6-7): «Diles a los hijos de Israel, cuando un hombre o una mujer cometa cualquier pecado contra su prójimo obrando engañosamente contra el Eterno, confesará su pecado…», además, está también escrito (Vaikrá 5:5): «y cuando confesare el pecado realizado». Así como quien ofrenda un sacrificio de «Jatát» debe primeramente confesarse, quien retorna debe confesar sus inconductas y mediante ello su teshuvá culmina (Rambám Teshuvá 1:1).

Si una persona pecó por negligencia o descuido durante todo el año debe decir ante Hashem «jatati», si pecó intencionalmente debe decir «aviti» y si pecó por rebeldía debe decir «pashati». De esta manera la persona cumple el deber de la confesión si bien no detalló su mala acción, y en algunas ocasiones es hasta mejor no hacerlo (Shulján Aruj 607:2, Mishná Berurá 5, Sha´ar Hatziún 11. Ver adelante incisos 4-6, cuándo es preferible detallar el pecado y cuándo no).

04 – La confesión (vidui) en Yom Kipur y su normativa.

Cuando el Templo de Jerusalém estaba en pie, el Cohen Gadol o Sumo Sacerdote confesaba en Yom Kipur en nombre de todo el pueblo de Israel, tal como está escrito (Vaikrá 16:21): «Y apoyará Aharón sus dos manos sobre la cabeza del animal y confesará todas las iniquidades de los hijos de Israel y todos sus pecados». La confesión seguía la siguiente fórmula: «Por favor Hashem, tu pueblo, la casa de Israel, pecó negligentemente, intencionalmente, y se rebeló ante ti. Por favor, en Tu Nombre, expía los pecados negligentes, los intencionales y las rebeldías que cometieron los hijos de Israel, tal como está escrito en la Torá de Moshé de Tu boca gloriosa: Ya que en este día hará expiación por vosotros para purificaros. De todos vuestros errores, ante HaShem habréis de purificaros» (ver adelante 10:15). Los «jataím» son acciones negligentes, los «avonot» pecados intencionales y los «peshaím» pecados motivados por la rebeldía. Este es el orden correcto pues se debe pedir primero por lo más leve (Talmud Babilonio Tratado de Yomá 36(B), Shulján Aruj 621:5).

Mediante esta fórmula el Cohen Gadol hacía cumplir a todo el pueblo con su deber de confesarse y si bien es virtuoso que cada quien se confiese individualmente ante Hashem por sus inconductas particulares, la ventaja de la confesión pública radicaba en el hecho de que por ser colectiva, todos participaban de la misma y por ende el retorno era más profundo y completo. Tras la destrucción del Templo, los sabios establecieron que cada judío recite por sí mismo el formato de la confesión colectiva y cada quien ponga la intención de incluir sus inconductas particulares al recitarla (Iereím, Rabí Saadiá Gaón).

El formato de confesión que debemos recitar en Yom Kipur es el siguiente: «Empero nosotros pecamos negligentemente, intencionalmente y nos rebelamos ante Ti» o en hebreo «Aval anajnu jatanu, avinu, fashanu» (Talmud Babilonio Tratado de Yomá 87(B), Rambám Hiljot Teshuvá 2:8, Prí Jadash, Mishná Berurá 607:12). Se acostumbra asimismo agregar una lista de pecados ordenados alfabéticamente (Rav Amram Gaón): «Ashamnu (nos hemos hecho culpables), bagadnu (traicionamos), Gazalnu (robamos violentamente), Dibarnu dofi (hablamos calumnias), heevinu (causamos iniquidad), vehirshanu (hicimos maldades), zadnu (pecamos intencionalmente), jamasnu (robamos con violencia), tafalnu sheker (mentimos), iaatznu rá (aconsejamos el mal), kizavnu (engañamos), latznu (nos burlamos), maradnu (nos rebelamos), niatznu (provocamos), sararnu (nos desviamos), avinu (pecamos intencionalmente), pashanu (pecamos por rebelión), tzararnu (oprimimos a otros), kishinu oref (nos obstinamos), rashanu (hicimos el mal), shijatnu (corrompimos), tiavnu (cometimos actos abominables)…»

Luego se sigue detallando y se recita «Al jet shejatanu lefaneja etc» («perdona por el pecado cometido ante Ti…») que incluye una larga lista de trasgresiones sumamente detallada. Sobre la base de esta versión común, cada congregación agregó la suya propia.

Aparentemente, cabe preguntarse ¿cómo puede una persona justa decir «nos rebelamos, insultamos, pecamos intencionalmente, pecamos por rebeldía?   ¿Cómo puede una persona cuidadosa de la propiedad ajena decir «robamos violentamente» etc.? La respuesta radica en que el precepto de Yom Kipur es que toda la nación retorne en teshuvá conjuntamente, por lo que se estableció que cada quien recite la confesión en la primer persona del plural por todo el pueblo de Israel, tal como el Cohen Gadol confesaba en nombre de toda la nación.

Además, a veces quien no pecó personalmente es responsable de trasgresiones que realizan miembros de su familia o amigos, ya que quizás pudo haber protestado ante una inconducta y prefirió callar o pudo haber acercado a otros para que retornen pero no se esforzó en hacerlo, o quizás pudo haber servido de ejemplo para los demás mas no lo hizo. Además, todos los judíos son responsables los unos por los otros y todos conforman un gran cuerpo compuesto de múltiples órganos, de modo tal que cada pecado realizado por un hijo de Israel pertenece a la generalidad de la nación. Por esta razón, los justos necesitan recitar la confesión y haciéndolo limpian su participación en el pecado e impulsan así a toda la nación a retornar en teshuvá (Sefer Jasidim 601, Arí Z»l, Ben Ish Jai Ki Tisá).

La confesión debe ser recitada de pie hasta que concluye la sección «Por los pecados que nos hacen acreedores de las cuatro penas capitales…  Rey que absuelve» (Shulján Aruj 607:3, Mishná Berurá 10). Es bueno adoptar una posición  cabizbaja o inclinarse un poco hacia adelante al recitar la confesión para adoptar una actitud más sumisa. Hay quienes cumplen con excelencia y se inclinan marcadamente hacia adelante, tal como lo hacen durante la bendición de «Modim» (Shelá). En el caso de quienes quieren cumplir con excelencia pero les cuesta inclinarse prolongadamente, es bueno que al menos se inclinen al recitar la primer parte de la confesión («Ashamnu, bagadnu») y al recitar «Al jet» que se conformen con una leve inclinación. Se acostumbra golpear el pecho con el puño durante el recitado de la confesión, como forma de expresar que los impulsos de su corazón lo impulsaron a pecar (Mishná Berurá 607:11).

05 – El horario de la confesión (vidui).

Es preceptivo que toda persona se confiese al inicio de Yom Kipur, o sea, durante el rezo de Arvit, ya que este día es el momento optimal para el perdón, la expiación y la aceptación del retorno o teshuvá del pueblo de Israel; y esta indefectiblemente requiere de confesión. Sin embargo, nuestros sabios temieron que la persona se sienta mal en virtud de la comida previa al ayuno, o que en esta se embriague y luego ya no pueda confesarse en el rezo de Arvit, o que se atragante y muera sin hacer teshuvá. Por esta razón dispusieron que cada persona se confiese en el rezo de Minjá previo al ayuno. El haberse confesado en el rezo de Minjá no exime de volver a hacerlo en el de Arvit, ya iniciado Yom Kipur, ya que es el tiempo más adecuado para hacerlo. Aunque ya se haya confesado la persona en el rezo de Arvit, debe volver a hacerlo en los de Shajarit, Musaf, Minjá y Neilá (Talmud Babilonio Tratado de Yomá 87(B)). Esto se debe a que en todo momento de Yom Kipur que la persona se encuentre rezando, es bueno que se confiese pues el precepto del día es el retorno. Esto no es así el resto del año, ya que si bien hay confesión diariamente esta no se lleva a cabo durante la Amidá. Además, nuestros sabios fundamentaron la confesión en todos los rezos de Kipur en el hecho de que quizás después de Arvit la persona pudo cometer alguna infracción, por lo que es menester volver a confesarse en Shajarit, y en caso de que tras Shajarit la persona pueda haber trasgredido, debe volver a confesarse en Musaf y de la misma manera en Minjá y Neilá ya que Yom Kipur expía hasta que concluye al oscurecer (Levush, Shulján Aruj HaRav 607:1).

Durante la Amidá silenciosa se recita la confesión tras la conclusión de las bendiciones y antes de «Elohay Netzor»; y durante la repetición del oficiante la confesión se recita en la bendición central que es la que se refiere a la santidad del día. Básicamente, la halajá no requiere que la persona recite la confesión durante la repetición del oficiante, pero debe permanecer de pie (Shulján Aruj 607:3). En la práctica, los sabios medievales o Rishonim escribieron que es bueno que toda la congregación se confiese junto al oficiante (Ran, Ramá), ya que de esta manera cada persona recita un total de diez confesiones que se corresponden con las diez veces que el Sumo Sacerdote recita el Nombre Sagrado de D´s en Yom Kipur (ver adelante 10:15-16). Este es el orden de las diez confesiones que se recitan en Yom Kipur, una durante el rezo de Minjá previo al ayuno, la segunda durante el servicio de Arvit y otras ocho en los cuatro rezos del día, Shajarit, Musaf, Minjá y Neilá. En cada uno de estos últimos rezos se recita una confesión durante la Amidá silenciosa y otra durante la repetición del oficiante. La confesión que se recita  durante las Selijot, posteriores al rezo de Arvit, no ingresa en el conteo ya que no tiene lugar durante la Amidá (Tur 621, Mishná Berurá 2).

Rambán opina que además de las confesiones que se recitan en Yom Kipur, una se debe recitar tras la comida anterior al ayuno («seudá mafseket») previo a que oscurezca, para que de esta manera la persona ingrese al sagrado día en una actitud de retorno. Empero, hay juristas que temieron que la persona se pueda embriagar en esta comida, por lo que establecieron que se recite la confesión en el rezo de Minjá anterior a esta. De todas maneras, lo más importante es ingresar al día en actitud de retorno. Los sabios de las últimas generaciones indican que es bueno actuar según la opinión estricta de Rambán (Shelá). Se puede cumplir con el deber de la confesión recitando «Aval anajnu jatanu, avinu, pashanu» («Empero nosotros pecamos negligentemente, intencionalmente y nos rebelamos ante Ti»). En la práctica, los ashkenazíes acostumbran recitar «Tefilá Zaká» antes de que se inicie el día sagrado, plegaria que incluye confesiones detalladas, mientras que los sefaradíes acostumbran recitar el poema litúrgico «Lejá Elí Teshukatí» que incluye confesiones (Mishná Berurá 607:1). Hay quien escribió que se deben recitar de pie pues así es como se debe uno confesar (Prí Jadash), empero, se acostumbra a recitarlos sentados ya que a posteriori también se cumple con el deber de la confesión.

Mujeres y enfermos que no asisten a la sinagoga no están obligados a recitar diez confesiones. En cada Amidá que estos recitan deben recitar la confesión correspondiente. En caso de que no recen, se recomienda que al menos reciten una confesión, ya que es el deber del día. Es bueno que reciten una confesión al iniciarse Yom Kipur y otra a la hora de Neilá.

06 – El detalle de las trasgresiones en la confesión.

Es bueno que quien se confiesa detalle sus trasgresiones, ya que de esa manera su arrepentimiento es mayor y se fortalece con su retorno. Esta es la opinión de Rabí Iehudá ben Baba y tiene su origen en la confesión que recitó Moshé Rabenu tras el pecado del becerro de oro, tal como está escrito (Shemot-Éxodo 32:31): «Y volvió Moshé a presencia del Eterno implorando: «Ruégote perdones a este pueblo que cometió el gran pecado de hacerse dioses de oro». Por otra parte, la especificación del pecado implica una afrenta a la Gloria Celestial, ya que la intención general del retorno es disminuir la importancia de la transgresión y el hablar de la misma le concede a ella mayor trascendencia. Además, la vergüenza por el pecado cometido es la base del retorno, tal como dijeron nuestros sabios (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 12(B)): «todo aquel que trasgrede y se avergüenza de su acción – se le perdonan todos sus pecados» y quien detalla sus trasgresiones puede apreciarse como que no se avergüenza por lo cometido. Rabí Akiva opina que quien se confiesa no debe detallar lo cometido, tal como está escrito (Salmos 32:1): «feliz aquél cuya trasgresión es perdonada, cuyo pecado permanece  encubierto».

En la práctica la persona puede cumplir con su deber de confesarse diciendo «Jatati, Aviti, Pashati» («pequé negligentemente, intencionalmente y me rebelé ante Ti») sin detallar sus trasgresiones. Por supuesto que puede cumplir con su deber de confesarse recitando la versión de la confesión que aparece en el rezo («Ashamnu, Bagadnu…»). Aquel que sabe que detallar lo hecho  le ayudará a profundizar su retorno es bueno que lo haga en voz baja, tal que si, por ejemplo, comió un alimento prohibido ha de decir: «Comí no Kasher («Taref»)» (Shulján Aruj 607:2, Gaón de Vilna allí, Sha´ar Hatziún 3).

En este mismo sentido debatieron nuestros sabios (Talmud Babilonio Tratado de Yomá 86(B)): hay quienes opinan que no corresponde que una persona se confiese por pecados que ya fueron confesados en el Yom Kipur anterior y si vuelve a mencionarlos, «sobre esta está escrito (Mishlei-Proverbios 26:11): «Como perro que vuelve a su vómito así es el necio que repite su necedad». En opinión de Rabí Eliezer ben Yaakov volver a confesarse es meritorio, tal como está escrito (Salmos 51:5) «porque conozco mis trasgresiones y mi pecado está siempre ante mí». La halajá final se dictó conforme a esta última opinión, por lo que le está permitido a la persona volver a confesar ante D´s por una trasgresión ya confesada en el día de Kipur pasado (Shulján Aruj 607:4).

Puede decirse que mientras la persona sienta que su retorno no es completo y que aún no logró borrar definitivamente la trasgresión de su corazón, es bueno que vuelva a confesarse. Sin embargo, si la persona siente que su retorno ha sido íntegro  y la trasgresión ha sido borrada de su corazón no corresponde volver a confesarse por la misma ya que de esta manera demuestra no creer en el poder de la teshuvá. Sin embargo, puede ocurrir que una persona logre retornar íntegramente de una trasgresión al punto que esta se borra por completo de su corazón, y años más tarde vuelve a sentir remordimientos por su mala acción pasada. Esto se debe a que en el pasado, en su nivel espiritual anterior, su retorno fue suficiente como para borrar todo vestigio de su trasgresión, empero, en el presente, al haber ascendido a un nivel espiritual superior en el cual la Luz Divina es más abundante e intensa, su retorno anterior no alcanza para limpiar todo rastro del pasado, por lo que debe volver a confesarse para eliminar los exiguos restos de su inacción (Tzidkat Hatzadik 134:67).

07 – Confesión pública.

Otra cuestión importante que surge en las leyes de la confesión es si corresponde o no que el pecador se confiese en público (Talmud Babilonio Tratado de Yomá 86(B)). Por una parte aprendimos que es preferible que el trasgresor se avergüence de lo hecho y por lo tanto no se confiese delante de otras personas, tal como está escrito (Salmos 32:1): «feliz aquél cuya trasgresión es perdonada, cuyo pecado es encubierto». Por otra parte, aprendimos que no es bueno que el pecador oculte sus trasgresiones sino que debe confesarlas públicamente, tal como está escrito (Mishlei 28:13): «Quien cubre sus trasgresiones no prosperará, pero el que las confiesa y las abandona será contemplado para bien».

Rav explica esta dicotomía haciendo una diferenciación entre pecados cometidos en privado y los cometidos en público. Los primeros deben ser confesados en privado, ya que la confesión pública es una afrenta a la Gloria Celestial en cuanto que publicita que hay personas que tienen la osadía de cometer determinadas trasgresiones. Empero si el pecado fue cometido públicamente, por cuanto que profanó abiertamente el Nombre Divino, debe corregirlo confesando públicamente para que las personas sepan que retornó y de esa manera santificó el Nombre Divino (Sha´arei Teshuvá 1:18).

Rav Najman explica que es mejor que los pecados del hombre para con su prójimo sean confesados públicamente, para que todos vean que la dignidad de su compañero es importante a ojos del trasgresor y de esta manera el afectado se reconcilie más rápidamente. En  caso de que el trasgresor, por orgullo, haya afectado públicamente a su compañero – si se disculpa en privado el retorno no es efectivo. Por otra parte, en el caso de pecado del hombre para con el Creador, generalmente es preferible que la confesión tenga lugar en privado para no abundar en la profanación del Nombre Divino.

En la práctica se deben tener en cuenta dos parámetros: a) La Gloria Celestial, b) La dignidad del prójimo y la reconciliación con este. Generalmente es preferible que la confesión por pecados del hombre para con el Creador sea en privado, empero si la trasgresión profanó públicamente el Nombre Divino es mejor que la confesión sea pública, ya que de esta manera se incrementa la santificación de la Gloria Celestial. En el caso de trasgresiones entre el hombre y su prójimo es preferible que, a priori, la confesión sea pública para, de esta manera, alentar la reconciliación. Sin embargo, en el caso de que la confesión pública ofenda al afectado por tratarse de una trasgresión que implica elementos embarazosos o si se trataba de una rencilla personal, demás está decir que está prohibido que la confesión sea de carácter público.

08 – Los horarios del día.

En todas las cuestiones referidas a la Torá la noche antecede al día, y por esta razón Yom Kipur comienza al iniciarse la noche y culmina al finalizar el día. Sin embargo, surgió la duda respecto de cuándo exactamente culmina el día y comienza la noche ¿acaso cuando se pone el sol y desaparece de nuestra vista o a partir de que divisamos en el firmamento tres estrellas de tamaño mediano? En la tierra de Israel hay un margen de unos veinte minutos entre la puesta del sol y la salida de las estrellas, y este aumenta o se reduce según la estación del año y la altura de sitio por sobre el nivel del mar. Este período es llamado en la halajá «Bein Hashmashot» («entre las luminarias»), y en lo referente a los preceptos de Shabat y días festivos de la Torá debemos ser  rigurosos según la conocida regla que postula «en caso de duda en un precepto de la Torá optamos por la opinión más estricta». Por esta razón, en todos los Shabatot así como en las fiestas el horario de inicio es al ponerse el sol y el de conclusión al salir las estrellas.

Además, existe el precepto de agregar del tiempo profano al sagrado, o sea, recibir la santidad del día un poco antes que este se inicie y despedirse del mismo un poco después que este concluye. Dado que por la base de la norma, el día comienza al ponerse el sol, es preceptivo recibir la santidad del día unos minutos antes que se ponga. Y como por la base de la ley el día concluye al salir las estrellas, es preceptivo despedirlo unos minutos después que esto ocurre. Se acostumbra a despedir el día unos diez minutos después de la salida de las estrellas (Shulján Aruj 608:1, Pninei Halajá Shabat 3:1-3). Mediante la adición de tiempo profano al día sagrado, demostramos  que este último es muy querido y agradable para nosotros por lo que tratamos de recibirlo antes de su estricto horario de inicio y despedirlo después que el mismo  concluye. Además, mediante la adición de tiempo profano al sacro demostramos que existe una conexión entre ambos y al transformar minutos profanos en sacros, la santidad del día se propaga a los días hábiles y los eleva.

Es preceptivo recibir la santidad del día mediante palabras, las mujeres suelen hacerlo al encender las velas de Kipur recitando la bendición correspondiente (tal como se explicará en el siguiente inciso), y los hombres lo hacen recitando la bendición «Shehejeianu» o mediante una expresión verbal explícita (tal como se explicará en el inciso 10).

En el caso de quien dejó de comer mientras era aún pleno día, puede ingerir comida o bebida hasta que reciba la santidad de este día. En caso de que, por negligencia, la persona no haya adicionado tiempo profano al sacro, debe cuidar todas las prohibiciones de Kipur desde el momento de la puesta del sol (Shulján Aruj 208:1-3). El momento más temprano para recibir la santidad del día es «Plag HaMinjá», esto es, una hora y cuarto antes de la puesta del sol (Mishná Berurá 208:14, Pninei Halajá Shabat 3:2).

09 – El encendido de las velas.

Es preceptivo encender velas en honor a Yom Kipur tal como se hace en víspera de Shabat. La razón fundamental por la que se encienden las  velas sabáticas es la de que haya luz durante la cena, para que esta se vea así realzada y los comensales disfruten. Es por ello que las velas se encienden allí donde se ha de cenar. En Yom Kipur que está prohibido comer, el encendido de velas es para honrar el día y para que mediante estas impere la paz en el hogar ya que los miembros de la familia pueden así ver los muebles y no se tropiezan con estos.

En el pasado había lugares en los que se acostumbraba no encender velas en víspera de Yom Kipur, como medida preventiva para evitar que la pareja llegue a tener relaciones íntimas pues al estar bien vestidos en honor al día, al verse a la luz de las velas el deseo puede despertarse. Otros eran de la opinión que, por el contrario, en Kipur se debían encender velas pues está prohibido mantener relaciones sexuales con luz y de esa manera la pareja se alejaría de la trasgresión. Nuestros sabios dicen que la costumbre del lugar es la que prima, de modo tal que allí donde se acostumbra no encender no se ha de hacerlo y allí donde se acostumbra encender se enciende (Talmud Babilonio Tratado de Pesajim 53(B), Shulján Aruj 610:1).

Nuestros sabios agregaron que (Talmud Jersolimitano Tratado de Pesajim 4:5) es mejor la costumbre de encender velas, por lo que en sitios nuevos carentes de tradición específica es mejor encender. Hace muchas generaciones que se acostumbra en todas las comunidades judías encender velas en Yom Kipur, y todas las reglas del encendido de velas sabáticas recaen sobre las de Kipur. La bendición a recitar es la siguiente: «Baruj Atá Adonai Eloheinu Melej Haolam Asher Kidshanu Bemitzvotav Vetzivanu Lehadlik Ner Shel Yom Hakipurim» (Bendito eres Tú D´s, Rey del Universo que nos consagraste con Tus preceptos y nos ordenaste encender las velas de Yom Kipur). Si Kipur cae en Shabat se recita «Lehadlik Ner Shel Shabat Veshel Yom Hakipurim» (…encender velas de Shabat y Yom Kipur).

Las mujeres acostumbran a recibir la santidad del día mediante el encendido de velas. Por lo tanto, acostumbran recitar la bendición posterior al encendido e inmediatamente después recitan la bendición de «Shehejeianu». Aquellas mujeres que acostumbran a recitar la bendición antes del encendido, deben recitar «Shehejeianu» tras encender las velas. Esto obedece a que una vez que reciten esta última bendición, no podrán ya encenderlas, puesto que recaen sobre ellas todas las prohibiciones del sagrado día.

Una mujer que desea viajar a la sinagoga tras el encendido de las velas, al encenderlas debe tener la intención de no recibir en ese momento la santidad del día. Esta señora habrá de recibir la santidad del día y recitar «Shehejeianu» con los hombres en la sinagoga (Pninei Halajá Shabat 3:3, Shmirat Shabat Kehiljatá 44:14).

10 – El horario del rezo de Kol Nidrei y cuándo empieza Yom Kipur para los hombres.

Tal como vimos (inciso 8) es preceptivo adicionar tiempo profano al sagrado y recibir, mediante palabras, la santidad del día antes de la puesta del sol. Existen dos prácticas o usanzas a este respecto, vinculadas al horario de recitado de «Kol Nidrei».

Hay quienes acostumbran a concluir el recitado de Kol Nidrei antes de la puesta del sol y del recibimiento de la santidad del día, ya que según la Halajá no se anulan votos en Shabat si no están relacionados al día (Talmud Babilonio Tratado de Shabat 157(A)). En el caso de aquellos que consideran que Kol Nidrei tiene como único propósito declarar que de ahí en más todos los votos que se asuman no implicarán promesa (ver arriba 5:12), dado que de todas maneras el recitado guarda similitudes con un acto de anulación de votos, no se debe comenzar a recitar esta plegaria tras el inicio de Kipur (Ramá 619:1, Mishná Berurá 5).

Muchos acostumbran a concluir la recitación del Kol Nidrei tras la puesta del sol e incluso algunos comienzan su recitado tras esta. Si bien la Halajá no permite liberar votos en Shabat, si la liberación o anulación tienen por cometido dejar sin efecto compromisos para ese día – se permite. Dado que el recitado de Kol Nidrei tiene por objetivo limpiar a la persona del pecado de los votos incumplidos, es de utilidad para el Día del Perdón (ver Talmud Babilonio Tratado de Shabat 157(A), Shulján Aruj 341:1).

En la práctica, quienes acostumbran a finalizar Kol Nidrei unos minutos antes de la puesta del sol, es bueno que reciban la santidad del día mediante el recitado de la bendición de «Shehejeianu», ya que esta implica un agradecimiento por el día sagrado y por ende corresponde recibir el día por su intermedio. Si bien en las demás festividades de la Torá esta bendición se recita junto al Kidush con la copa de vino en mano, dado que en virtud del ayuno en Yom Kipur esto no se hace, se recita «Shehejeianu» al iniciar el día (Talmud Babilonio Tratado de Eruvín 40(B), Shulján Aruj 619:1).

En la mayoría de las congregaciones Kol Nidrei concluye tras la puesta del sol por lo que se debe recibir la santidad del día antes de esta. Es claro que el precepto de agregar tiempo sacro al profano es más importante que el cuidado de recitar Kol Nidrei antes de la puesta del sol, ya que según la Halajá se puede recitar esta plegaria después que el sol se ocultó. Por lo tanto, a los efectos de que la congregación no olvide cumplir con el precepto de agregar tiempo profano al sagrado, es bueno que el encargado de la sinagoga (gabai) declare en voz alta: «recibimos ahora la santidad de Yom Kipur». A veces el oficiante piensa que habrá de alcanzar a recitar la bendición de «Shehejeianu» antes de la puesta del sol, pero durante Kol Nidrei se da cuenta que esto no será posible, en este caso deberá interrumpir para declarar el recibimiento del sagrado día antes de la puesta del sol y luego podrá continuar con la plegaria.

11 – El rezo de Arvit y la noche de Yom Kipur.

Al iniciarse los rezos de Yom Kipur, se retiran dos rollos de la Torá del arca  sagrada y dos personalidades prominentes de la comunidad los portan en sus brazos y se dirigen a la tarima central, el oficiante se para entre ellos y proclama: «Al da´at Hamakom veal da´at hakahal, bishivá shel ma´ala ubishiva shel mata anu matirin lehitpalel im haavarianim» («Con el consentimiento de D´s y del público reunidos en sesiones celestial y terrena, permitimos rezar junto a los trasgresores de la Ley»). Hay quienes acostumbran a retirar un solo rollo de la Torá o más de dos y hay quienes recitan un texto levemente diferente, siendo oportuno que cada comunidad mantenga sus tradiciones al respecto (Shulján Aruj 619:1 y comentaristas).

Esta manera de iniciar los rezos expresa la esencia del día de Kipur, día en el cual se manifiesta la santidad del alma que anida en el seno de cada uno del pueblo de Israel, por lo que personas que durante todo el año se comportan como trasgresores y son reprobados y recriminados, tanto en los cielos como en la tierra, al punto que no es digno rezar junto a ellos, en el sagrado Día del Perdón se les invita a orar junto a la congregación. Así como nosotros juzgamos favorablemente a los trasgresores y les contemplamos con bondad y amor, asimismo habremos de tener el mérito de que Hashem revele hacia nosotros Su bondad y Su amor.

Nuestros sabios dijeron (Talmud Babilonio Tratado de Kritot 6(B)) que «todo  ayuno público del cual no toman parte los trasgresores del pueblo de Israel no merece llamarse  de esta forma; el trasgresor es similar al olíbano que tiene un aroma desagradable y sin embargo es parte de los componentes del incienso del Santuario». Esto obedece a que si una persona que no tiene el hábito de cumplir preceptos se suma al rezo de Kipur, hay en esto una gran santificación del Nombre Divino. Esto y más, en el interior de cada judío anida una chispa especial personal y cuando esta falta toda la comunidad siente la carencia; por lo tanto, cuando los trasgresores se suman al rezo todo el pueblo judío se une y afianza sobre la tierra, tal como está escrito (Amos 9:6): «y su unión fundó en la tierra».

Luego se recita la plegaria de «Kol Nidrei» limpiándonos y purificándonos así de todos los votos y compromisos que no pudimos cumplir y nos mantienen amarrados, para que no obstaculicen nuestro retorno en Yom Kipur.

Se recitan versículos de pedido de perdón que expresan el tema central  del día, se recita la bendición de «Shehejeianu» y se devuelven los rollos dela Torá al arca sagrada.

Cuando se llevan los rollos de la Torá hacia la tarima y de vuelta hacia el arca, muchos acostumbran a besarlos con cariño con la intención de pedir perdón por  haber faltado al respeto por la Torá, su santidad y el cumplimiento de sus preceptos.

En muchas congregaciones se acostumbra a que, antes de Arvit, el rabino dice una palabras de «Musar» o ética e insta a los presentes a despertar espiritualmente de cara al día sagrado (Maté Efraim 619:9)

Se acostumbra a que todo aquel que normalmente viste talit en el rezo de Shajarit lo haga también en la noche de Kipur, poniendo la intención de recordar por medio del tzitzit (flecos) todos los preceptos de la Torá. De esta forma nuestras almas, espíritus y mentes se verán a salvo de las influencias extrañas y Hashem extiende sobre nosotros Su manto (sucá) de paz. Se viste el talit previo a la puesta del sol para poder recitar la bendición correspondiente. Aquellos que se envuelven en el talit tras la puesta del sol lo hacen sin recitar la bendición (Shulján Aruj y Ramá 18:1, Mishná Berurá 7).

Es bueno estudiar Torá tras el rezo de Arvit, ya que así como todos los días del año fijar tiempos para el estudio sagrado es un precepto especial, mucho más aún lo es en Yom Kipur. Dado que casi todo el día se dedica al rezo, el mejor momento para estudiar es después del rezo de Arvit (ver Pninei Halajá  Moadim 1:5-6, Mishná Berurá 619:16).

Continuaremos ocupándonos de las leyes y las costumbres que expresan el significado del día sin detallar las reglas de la plegaria y las diferentes versiones que se explican en los diferentes Majzorim o libros de rezo de cada comunidad según su tradición.

12 – «Baruj Shem Kevod Maljutó» («Bendito sea el nombre de la gloria de Su reino por siempre»).

El precepto de la aceptación del Yugo Celestial se cumple principalmente mediante el recitado del versículo (Dvarim-Deuteronomio 6:4)  «Shemá Israel Adonai Eloheinu Adonai Ejad». Inmediatamente después de recitado, se pronuncia en voz baja la frase «Baruj Shem Kevod Maljutó Leolám Vaed». Si bien esta última frase no figura en la Torá en el marco de la porción del Shemá, nuestros sabios instituyeron que se diga en voz baja (Pninei Halajá Tefilá 15:7). Esto se fundamenta en un relato del Talmud Babilonio (Tratado de Pesajim 56(A)), según el cual  antes de fallecer nuestro patriarca Yaakov todos sus hijos se reunieron en torno a su cama y él quería revelarles lo que acontecerá con ellos en el final de los  tiempos. De inmediato se retiró de él  la Divina Presencia y ante esto Yaakov le dijo a sus hijos: ¿quizás hay entre ustedes alguien indigno tal como Ishmael que salió de Abraham o Esav que salió de Itzjak, razón por la cual no puedo revelaros el final de los días? Ante esto los hijos al unísono dijeron: «Shemá Israel Adonai Eloheinu Adonai Ejad», así como en tu corazón no hay más que un solo D´s en los nuestros no hay más que un solo D´s. En ese momento Yaakov dijo: «Baruj Shem Kevod Maljutó Leolam Vaed». Sobre esto nuestros sabios dijeron: ¿qué habremos de hacer nosotros? ¿Habremos de recitar esta frase aunque no sea parte de la porción del Shemá? Sin embargo nuestro patriarca Yaakov la pronunció. Por esta razón instituyeron que se pronuncie en voz baja, «Tal como en el caso de la princesa que olió un condimento seco en el borde de la olla, si pide que le den de este se considera improcedente por tratarse de algo ajeno al protocolo y si no pide ha de sufrir por quedarse sin probar del mismo. Por ello sus siervos comenzaron a traerle el manjar deseado, mas en secreto»

Además, nuestros sabios agregaron (Dvarim Rabá 2:36) que fue Moshé Rabenu quien instituyó que se recite esta frase pues cuando ascendió a la dimensión celestial escuchó a los ángeles servidores alabar diciendo: «Baruj Shem Kevod Maljutó Leolám Vaed». Por esto, al descender estipuló que los hijos de Israel lo reciten en voz baja. Entonces se preguntaron: ¿por qué no estipuló que se recite en voz alta? a lo que respondieron: se asemeja a alguien que ama al rey y roba del palacio una capa, se la obsequia a su esposa y le dice que no la vista en público sino únicamente en la casa. Por ello, solamente en Yom Kipur que el pueblo de Israel se asemeja a los ángeles en pureza se puede recitar públicamente.

A los efectos de comprender esta cuestión, es necesario, primeramente, explicar dos niveles diferentes de fe en la unicidad de Hashem. El primer versículo «Shemá Israel» expresa el plano superior, absoluto y único de lo que se denomina la «unificación superior» o «ijud elión». En este nivel todos los aspectos y matices se hayan incluidos y unidos en la Revelación Divina. La segunda frase expresa el plano que surge a raíz de  la creación y al que se llama «unificación inferior» o «ijud tajtón», por medio del cual aceptamos el Yugo Celestial según la fe que se manifiesta en este mundo  y según la cual cada creatura y aspecto de la creación posee un sitio propio; Hashem les da vida a todos, reina sobre ellos y los dirige en conformidad a la conducta de estos. Esto significa que Su nombre y Su soberanía se revelan en el mundo. O sea, lo que se manifiesta en la creación no es Su esencia sino Su nombre y Su soberanía, ya que si la primera se manifestase todas las creaturas se verían anuladas ante Su inconmensurable luz (ver Tania Sha´ar Haijud Vehaemuná).

Dado que la fe en el plano superior es de un nivel muy elevado, se manifiesta únicamente en la raíz del alma en momentos de suma entrega o «mesirut nefesh», se nos preceptuó tomar contacto con esta dimensión únicamente dos veces al día al recitar el «Shemá». Empero, conjuntamente con la unificación superior, los sabios estipularon que recitemos también la «unificación inferior», esto es, que expresemos el nivel de la fe que se revela en este mundo en todos sus diferentes matices (ver Nefesh Hajaim cap. 3). Este nivel es de gran agrado a ojos de Hashem, ya que el objetivo final de la creación es que se manifieste la fe en este mundo físico en toda su belleza y esplendor, colores y sonidos, pasiones y características. Por esta razón, los ángeles servidores alaban a Hashem con loas maravillosas: «Baruj Shem Kevod Maljutó Leolam Vaed». Sin embargo, no corresponde decirlo en voz alta ya que conjuntamente con lo valioso que es que se revele la Divina Presencia en el mundo físico, este contiene pasiones bajas que pueden impulsar a la persona a trasgredir. Por esta razón, la persona debe conectarse primero con la «unificación superior» para recién después pronunciar en voz baja la alabanza implícita en la «unificación inferior», a los efectos de no verse arrastrado en exceso hacia el plano terrenal.

Solamente en Yom Kipur, cuando ayunamos y cesamos nuestra ocupación con lo corporal al punto de asemejarnos a los ángeles servidores carentes de inclinación al mal, podemos pronunciar esta alabanza en voz alta con la certeza de que así consagramos Su nombre en este mundo. Si bien nosotros a veces trasgredimos, en Kipur se revela que a fin de cuentas logramos llevar Su luz al interior de este mundo por todos sus caminos y senderos, y en virtud de ello Hashem nos juzga con amor y misericordia (ver Derej Hashem IV 4:6-7).

13 – La lectura de la Torá y los donativos.

Una vez finalizado el rezo de Shajarit se extraen dos rollos de la Torá del arca sagrada. Para la lectura del primero ascienden sucesivamente a la tarima seis personas y leen la porción «Ajarei Mot» (tras el fallecimiento de los dos hijos mayores de Aharón al inaugurarse el tabernáculo), en la cual se describe la labor sagrada del Sumo Sacerdote en Yom Kipur (Vaikrá-Levítico 16). El número de personas que ascienden a la lectura expresa el status de Yom Kipur. En aquellas fiestas en las que se permite la realización de las labores necesarias para la elaboración de alimentos para consumo en el día («ojel nefesh») suben a la Torá cinco personas. En Yom Kipur, la realización de estas labores está prohibida por lo que ascienden seis. En Shabat, el castigo para quien realiza labores prohibidas es más grave, por lo que ascienden siete. Si Yom Kipur cae en Shabat ascienden a  la lectura de la Torá siete personas (Talmud Babilonio Tratado de Meguilá 21(A), 22(B), Shulján Aruj 621:1).

En el segundo rollo se lee el «Maftir» de la porción de Pinjás, en el cual se describe las ofrendas del sacrificio de Musaf del día (Bamidbar-Números 29:7-11). La Haftará se lee en Isaías (57:14 – 58:14): «Porque así dice el Altísimo…» ya que en este pasaje el profeta insta al pueblo al retorno y además los versículos hablan de la cesación de labores en Shabat y Yom Kipur.

En el rezo de Minjá los sabios establecieron que suban tres personas a la lectura de la porción que especifica las relaciones sexuales prohibidas por la Torá (Vaikrá 18:1-30), a los efectos de instar al pueblo a rectificar estas gravísimas trasgresiones, pues se cometen en virtud de un instinto fortísimo y afectan duramente la santidad del pueblo de Israel. La Haftará se lee en el libro de Jonás en el cual aprendemos sobre la Divina Providencia de la que nada escapa, y del enorme poder de la teshuvá o retorno que, aunque no sea completa, es igualmente útil (Talmud Babilonio Tratado de Meguilá 31(A), Shulján Aruj 621:1).

En Yom Kipur se acostumbra a donar tzedaká para los pobres y estudiosos de la Torá en memoria y para elevación de las almas de padres o familiares fallecidos, ya que en este día también los muertos son expiados por medio de los donativos en su memoria (Mordeji, Shulján Aruj Ramá 622:4). Por esta razón el día recibe el nombre de «Yom Hakipurim», en plural, pues expía a los vivos y a los ya fallecidos. Aparentemente, dado que ya fallecieron no precisan ser ya enjuiciados por lo que ¿cómo ha de beneficiarlos la tzedaká donada por sus familiares? Empero, dado que sus hijos y familiares se han movilizado y tuvieron el impulso de dar tzedaká y realizar buenas acciones en su memoria, resulta a posteriori que la influencia positiva de los fallecidos continúa percibiéndose en este mundo, y por lo tanto deben ser juzgados nuevamente en virtud de los méritos que se les suma.

14 – Las prosternaciones durante el rezo de Musaf.

Es costumbre prosternarse al recitar el «Seder HaAvodá» (el relato de la sagrada tarea llevada a cabo por el Sumo Sacerdote) del sagrado Templo  durante el rezo de Musaf, para así emular a los cohanim (sacerdotes) y al pueblo de Israel que se prosternaban al oír de boca del Sumo Sacerdote el Nombre Sagrado. Tal como veremos más adelante (10:15-16), el Sumo Sacerdote pronunciaba diez veces en voz alta el Nombre Sagrado, esto es, tres veces en cada una de las confesiones: a) al confesarse por sí mismo y por su mujer, b) al confesarse por sí y por sus hermanos los cohanim (sacerdotes), c) al confesarse por todo el pueblo de Israel. Se confesaba una vez más al proclamar el chivo que había sido sorteado para ser sacrificado a D´s. Hoy día se acostumbra a prosternarse cuatro veces durante el rezo, tres veces durante las tres confesiones y respecto de la cuarta vez las costumbres difieren. Los sefaradíes se posternan al recordarse el chivo sorteado para ser sacrificado a D´s (Beit Iosef) mientras que los ashkenazíes lo hacen al pronunciar «nos inclinamos y posternamos» de la plegaria «Aleinu Leshabeaj» que se recita previo a la lectura del orden de la labor sacra que se llevaba a cabo en el Templo de Jerusalém («Seder Haavodá») (Rabí Elazar ben Ioel Haleví, Rabí Itzjak Bar Sheshet, Ramá 622:4). Los yemenitas no acostumbran a prosternarse durante el rezo de Musaf.

Hay tres tipos de inclinación: la prosternación («hishtajavaiá gmurá») en la cual todo el cuerpo amén de las cuatro extremidades se extiende sobre el suelo. La reverencia («kidá»)   es cuando la persona se mantiene de pie e inclina su cabeza hasta llegar al suelo. Hincamiento (kriá) es cuando la persona se arrodilla flexionando su cuerpo hasta que su rostro llega al suelo (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 34(B), ídem Tratado de Shvuot 16(B)). En Yom Kipur, en la mayoría de los sitios las personas se hincan y hay quienes se posternan extendiendo sus extremidades.

Se acostumbra extender algún tipo de tapete a la hora de prosternarse, a los efectos de separar el rostro, de quien se prosterna del piso. Esto se debe a que en el Templo de Jerusalém estaba permitido prosternarse sobre el suelo de piedra, empero en el resto de los sitios esto estaba prohibido, tal como está escrito (Vaikrá 26:1): «no haréis… ni piedras esculpidas para postraros ante ellas». La prohibición se puede explicar en el hecho de que los idólatras adoraban la naturaleza de esa forma, prosternándose sobre piedras procurando mimetizarse con estas. Por esta razón la Torá prohibió a los judíos prosternarse sobre piedras para así no mezclar intenciones extrañas en sus plegarias. Sin embargo, en el Templo de Jerusalém (Beit Hamikdash) se percibe claramente que todas las creaturas, tanto vivas como inertes, anhelan la conexión con Hashem por lo que se rinden ante Su Presencia y solamente ante Él se prosternan; por lo que allí estaba permitido prosternarse sobre piso de piedra (Sefer Hajinuj 349).

La prohibición de la Torá de prosternarse sobre suelo de piedras entra en  efecto al cumplirse dos requisitos: a) si se trata de prosternación con extendido completo de cuerpo y extremidades sobre el suelo, b) la cabeza está sobre dicho suelo. Los sabios instituyeron que la prosternación se prohíba también cuando se cumple uno solo de los requisitos. Por lo tanto, la prosternación está prohibida también sobre piso de tierra; y sobre piso de piedra están asimismo prohibidos tanto la reverencia como al hincamiento. Por esta razón se extiende sobre el suelo algún tipo de toalla o tapete a los efectos de separar la cabeza del suelo (Ramá 131:8).

15 – El significado de la prosternación.

El deseo profundo del ser humano es acercarse a Hashem y agradecerle por su infinita generosidad. Empero, por cuanto que Él es encumbrado y trascendente, grande y temible, el corazón se llena de vergüenza y temor reverencial ante el esplendor de Su magna Presencia. Siendo así, la persona se hinca y prosterna en un acto de anulación ante Hashem. Tal como ya vimos, hay tres tipos de inclinación y cada una tiene un significado propio.

En la prosternación absoluta («Hishtajavaiá»), todo el cuerpo se encuentra sobre el suelo con las cuatro extremidades extendidas y representa la completa anulación ante Hashem. Sin embargo, no se trata de una anulación que implica la desaparición sino, por el contrario, el apego a lo Divino, y le permite a la persona atraer sobre sí bendición desde la misma Fuente de la Vida. El rey David acostumbraba a prosternarse a menudo y agradecer a D´s por Su ayuda, tal como está escrito (Salmos 5:8): «…en la abundancia de Tu misericordia entraré en Tu casa. Me inclinaré en Tu santo Templo en el temor de Ti»; (Salmos 138:2-8): «Me inclinaré hacia Tu Santo Templo y alabaré Tu Nombre por Tu misericordia y por Tu verdad. Porque enalteciste Tu palabra. En el día que te llamé Tú me respondiste. Estimulaste mi alma dándome fuerza…porque si bien el Eterno es encumbrado considera a los humildes.

En la reverencia («Kidá») la persona permanece de pie e inclina su cabeza hasta que llega al suelo, por lo que implica un profundo gesto de sometimiento ya que si bien aún se mantiene en pie con sus piernas rectas su torso está completamente flexionado.

En el hincamiento («Kriá») la persona desciende sobre sus rodillas e inclina su cuerpo hasta que su rostro toma contacto con el suelo, en una mezcla de prosternación y reverencia, anulación y sometimiento. Se asemeja a la prosternación en cuanto a que se acerca más al suelo y a la reverencia en el hecho de que se inclina ante Su Creador. Dijeron nuestros sabios (Bereshit Rabá 65:6): «Todo es en mérito de la prosternación». Abraham retornó en paz del Monte Moriá junto a su hijo Itzjak en mérito de la prosternación, tal como está escrito (Bereshit-Génesis 22:5): «Nos prosternaremos y volveremos donde ustedes». El pueblo de Israel fue redimido en mérito de la prosternación, tal como está escrito (Shemot-Éxodo 4:31): «Y creyó el pueblo, que tomó conocimiento de la visita del Eterno a los hijos de Israel cuya aflicción había visto, y se prosternaron reverenciándolo». La Torá fue entregada en mérito a la prosternación, tal como está escrito (ídem 24:1): «Y le dijo a Moshé: subid al Eterno tú, Aharón, Nadav y Avihú y setenta ancianos de Israel y os prosternaréis desde lejos». Janá no pudo quedar embarazada sino en mérito de la prosternación, tal como está escrito (Shmuel I 1:28): «Y allí se prosternaron ante D´s». Los exiliados de Israel se habrán de repatriar en mérito de la prosternación, tal como está escrito (Isaías 27:13): «Y acontecerá ese día que se hará tocar un gran Shofar y vendrán los que se perdieron en la tierra de Asiria y los dispersos en la tierra de Egipto, y se prosternarán ante el Eterno en el sagrado monte en Jerusalém». El sagrado Templo de Jerusalém fue construido en mérito de la prosternación, tal como está escrito (Salmos 99:5): «Exaltad al Eterno nuestro D´s y prosternaos ante Su presencia. Santo es». Los muertos viven en mérito a la prosternación, tal como está escrito (ídem 95:6): «Venid, inclinémonos y arrodillémonos. Prosternémonos ante el Eterno nuestro Hacedor».

Todo aquel que acudía la patio del Templo se prosternaba ante Hashem (ver Mishná Tratado de Midot 2:3). Durante el canto de los levitas mientras se ofrendaba el sacrificio perpetuo («Korbán Hatamid»), estos tocaban trompetas y quienes se encontraban en el patio del Templo se prosternaban (ídem Tratado de Tamid 7:3).

De la misma manera, cuando una persona retorna en teshuvá y se confiesa  ante Hashem es apropiado que se prosterne tal como lo hizo Moshé cuando rezó a D´s pidiendo el perdón por los pecados de Israel (Bamidbar-Números 14:5, 16:22, Dvarim-Deuteronomio 9:25). Los hijos de Israel que se encontraban en el patio del Templo se prosternaban ante D´s al oír el Nombre Sagrado pronunciado en el marco de la confesión de Yom Kipur (Talmud Babilonio Tratado de Yomá 66(A)).

Como continuación de esta práctica, nuestros sabios estipularon que nos inclinemos cinco veces durante la Amidá, manteniéndonos de pie y flexionando nuestra espalda hasta que todas las vértebras sobresalen, a modo de reverencia (Pninei Halajá Tefilá 17:6). Asimismo, nuestros sabios solían prosternarse tras la recitación de la Amidá, cuando se confesaban y suplicaban a D´s. Por esta razón llamamos a esta plegaria «Nefilat Apaim» o inclinación sobre el rostro por cuanto que se recitaban con el semblante orientado hacia el suelo (Rambám Hiljot Tefilá 5, 1:13-14, Tur Oraj Jaím 131, Pninei Halajá Tefilá 21:1).

Sin embargo, quedó sin efecto la costumbre de inclinarse sobre el rostro mediante prosternación o hincamiento en virtud de ciertos temores. Algunos de los temores son de índole halájica y están vinculados, por un lado, a la prohibición de prosternarse sobre un piso de piedra, y por el otro, por el hecho de que está prohibido que una persona importante se prosterne públicamente si no tiene garantizada la Respuesta Divina favorable, tal como fue el caso de Iehoshúa Bin Nun (Josué). Principalmente, nuestros sabios temieron por lo que está escrito en el libro del Zohar (Bamidbar 121:1) en cuanto a lo excelsa de la inclinación sobre el rostro, durante la cual quien reza debe entregar su alma a D´s y verse a sí mismo como fallecido. «Esta acción correctiva debe ser realizada con la mayor concentración y plenitud intencional, entonces el Kadosh Baruj Hú tiene piedad de él y expía sus pecados. Feliz de aquel que sabe hallar gracia  ante su amo y servirle mediante la pureza de su intención e integridad de su corazón. Ay de quien procura hallar gracia ante su amo sin pureza de intención ni integridad en su corazón. Tal como está escrito (Salmos 78:36-7): «pero al tiempo que Le adulaban con sus bocas Le mentían con sus lenguas. Por cuanto que sus corazones no eran firmes con Él ni eran fieles a Su pacto». La persona proclama (ídem 25): «A Ti oh Eterno elevo mi alma», empero sus palabras son dichas con el corazón distante lo cual causa que abandone este mundo antes de tiempo». Dado que tememos que nuestra intención o concentración puedan no ser completas y dignas de semejante status, evitamos prosternarnos o inclinarnos con el rostro sobre el suelo (Pninei Halajá Tefilá 21:3).

Sin embargo, en Yom Kipur, en virtud de la santidad del día y la importancia de que el rezo incluya entrega total a Hashem no tememos que nuestra concentración sea insuficiente, por lo que nos prosternamos al recitar el orden de la labor sagrada del Templo, tal como corresponde que lo haga toda persona que desea retornar en teshuvá.

16 – La bendición sacerdotal («birkat cohanim») durante el rezo de Neilá.

Según la base de la ley, corresponde que los cohanim bendigan a la congregación (extiendan las palmas de sus manos) durante la repetición de la Amidá por parte del oficiante. Sin embargo, nuestros sabios estipularon que no lo hagan durante el rezo de Minjá ya que tiene lugar después de la comida y se teme que algún cohen pueda haber bebido vino y bendiga a la congregación en estado de ebriedad, trasgrediendo así una gravísima prohibición. Sin embargo, en los días de ayuno en los cuales se rezaba «Neilá» como en Yom Kipur y los ayunos a causa de la sequía, dado que no se temía que los cohanim estén ebrios, bendecían a la congregación en el rezo de Neilá (Shulján Aruj Oraj Jaím 129:1, Pninei Halajá Zmanim 7:12).

Hay juristas que sostienen que los cohanim deben bendecir también a la congregación en el rezo de Minjá de Kipur, por cuanto que en virtud del ayuno no hay temor a una posible ebriedad. Además, el rezo de Minjá de Kipur es diferente al del resto del año por cuanto que normalmente el horario de este servicio es desde el mediodía hasta la puesta del sol, mientras que en Kipur se reza al atardecer junto a Neilá (Baal Halajot Guedolot). Sin embargo, de acuerdo con la opinión mayoritaria de los juristas medievales, los cohanim no deben bendecir a la congregación en Minjá de Kipur ya que como no se reza durante la puesta del sol como en el caso de Neilá, las personas pueden deducir erróneamente que los cohanim pueden bendecir a la congregación  en Minjá de días comunes (Rav Amram). En la práctica, los cohanim no bendicen a la congregación en Minjá, empero, si el cohen sube a la tarima a bendecir no se lo hace descender y se le permite hacerlo (Rambám, Shulján Aruj 129:1-2, 622:4, 623:5).

Hay que fijar el horario de inicio de Neilá de modo tal que los cohanim reciten la bendición sacerdotal antes de la puesta del sol, ya que según la opinión mayoritaria de los juristas esta puede tener lugar únicamente de día, emulando la bendición sacerdotal que tenía lugar en el Templo de Jerusalém durante la ofrenda de sacrificios. Así como los sacrificios se ofrendan de día, la bendición sacerdotal se recita durante este (Mishná Berurá 623:8). Dado que la bendición sacerdotal es precepto de la Torá, se abrevia el recitado de  poemas litúrgicos y súplicas para así alcanzar a recitarla antes de la puesta del sol. Sin embargo, a posteriori, se permite recitar la bendición sacerdotal  durante todo el lapso que transcurre entre la puesta del sol y la salida de las estrellas («bein hashmashot»), por cuanto que estamos en la duda si ya cayó o no la noche.

17 – Neilá.

Nuestros sabios instituyeron que se adicione un rezo hacia el final del ayuno ya que quien abunda en plegarias, sus pedidos son escuchados. Si no tuvimos el mérito de que nuestras peticiones hayan sido aceptadas durante los rezos habituales, quizás podamos lograrlo en el suplementario. A este rezo se le llamó Neilá, ya que se recita contiguo al momento en que los portones del Templo se cerraban al concluir la jornada de sacras labores. Asimismo, se corresponde con el horario en que se cierran los portones celestiales, ya que al concluir la jornada la santidad del día se desvanece y los pórticos superiores que se encontraban abiertos ante los que procuran el retorno se cierran.

El horario de Neilá es cuando el sol se divisa en la cima de las copas de los árboles ubicados en el occidente, esto es, unos cuarenta minutos antes de la puesta del sol. Quienes quieran comenzar una hora antes de la puesta del sol pueden hacerlo. El oficiante debe planificar su rezo de modo tal que la bendición sacerdotal tenga lugar antes de la puesta del sol (tal como se vio en el inciso anterior).

Si bien los portones del Templo se cerraban al ponerse el sol, los pórticos celestiales lo hacen al final del día, una vez que toda la luz del día anterior es recogida y se esfuma, por lo tanto, se continúa recitando plegarias y súplicas hasta la salida de las estrellas. No se le hace observaciones a quien prolonga el rezo de Neilá después de salidas las estrellas.

La redacción de Neilá es diferente a la de los demás rezos de los días solemnes ya que en estos últimos se pide seamos «inscritos» en el libro de la vida mientras que en Neilá se pide ser «sellados» en el mismo. Esto se debe a que este rezo tiene lugar al final de Kipur, a la hora en que el juicio es sellado. Sin embargo, quien por error pronuncia «inscríbenos» en vez de «séllanos» igualmente cumplió con su deber.

Es bueno que la persona se esfuerce durante el rezo de Neilá, ya que Yom Kipur es el objetivo final de los diez días de arrepentimiento y Neilá es el objetivo final de este sagrado día, pues todo el esfuerzo está orientado al sellado final y si no se esmera uno en este momento, ¿entonces cuándo habrá de hacerlo?

Por lo tanto, quien se encuentre ya débil a causa del ayuno debe hallar las fuerzas suficientes para poder rezar con prístina lucidez y tomar la resolución de retornar en teshuvá, reforzar el estudio de la Torá y el cumplimiento de sus preceptos (Mishná Berurá 623:3). En virtud de lo trascendente del rezo de Neilá, se acostumbra a mantener el arca sagrada abierta desde el inicio de la repetición del oficiante y hasta el Kadish final (Maté Efraim 623:7).

18 – La aceptación de la fe y el toque del Shofar.

Tras la conclusión del rezo de Neilá, antes de cerrar el arca sagrada y previo a que los pórticos celestiales abiertos durante los días del retorno también lo hagan, cuando ya no resta tiempo para confesarse ni para rezar o pedir, se acostumbra aceptar el Yugo Celestial. Esto obedece a que tras los días solemnes se llega a la conclusión de que la base y finalidad de todo es la fe, que el deseo más interior de cada judío es apegarse a D´s y reparar el mundo para instaurar la Soberanía Divina. Cuanto más reforcemos nuestra fe, más completo será nuestro retorno y el año por venir será mejor y más bendecido. Por esta razón, procuramos darnos más fuerzas en los últimos instantes del día sagrado.

El elemento central de la aceptación del Yugo Celestial radica en el recitado  de los versículos «Shemá Israel » y «Baruj Shem Kevod». Luego se proclama siete veces «Adonai Hú HaElohim» a los efectos de insinuar el hecho que la Divina Presencia asciende los siete cielos que había descendido para acercarse a nosotros durante los días de retorno (Shulján Aruj 623:6, Mishná Berurá 623:11-12).

Inmediatamente después, al salir las estrellas o un poco antes, se toca el Shofar tal como está explicitado en el Majzor. Los toques son señal de que el sagrado día llegó a su fin y la Divina Presencia se eleva para retornar a su  sitial, tal como está escrito (Salmos 47:6): «D´s se ha elevado entre aclamaciones, El Eterno ascendió al son de la trompeta». Este toque también recuerda el que se oía en el año del Jubileo (Yovel), ya que en virtud de este los siervos eran liberados y las tierras retornaban a sus dueños originales (arriba 6:11). El toque del Shofar es una expresión de la autonomía del alma que pudo desprenderse de las cadenas del pecado y volvió a su condición de libre, tal como está escrito (Ishaiahu 27:13): «Y acontecerá ese día que será tocado un gran Shofar y vendrán los que se perdieron en la tierra de Asiria y los dispersos en la tierra de Egipto y se prosternarán ante el Eterno en el sagrado monte de Jerusalém».

Tras los toques del Shofar se disipa la enorme tensión de los días solemnes y todo el pueblo de Israel sabe que su alma fue purificada y liberada, por lo que los corazones se colman de gran alegría (ver arriba 3:5). Mediante la estrecha conexión al retorno y a la fe, todos los hijos de Israel saben que Hashem los quiere y aceptó su arrepentimiento, por lo que durante el año entrante podrán continuar elevándose y superándose. En virtud de todo esto, en muchas comunidades se acostumbra a cantar y bailar al son de «LeShaná Habaá Birushalaim Habnuiá».

En aquellos lugares donde se teme que la gente pueda comer o beber inmediatamente después de los toques del Shofar se debe tener el recaudo de tocarlo después de la salida de las estrellas; empero, allí donde no se teme que algo así ocurra se puede tocar entre la puesta del sol y la salida de las estrellas (Mishná Berurá 623:12).

19 – El horario de finalización del ayuno, Arvit y la bendición por la luna.

Tal como aprendimos (inciso 8), el horario de conclusión del ayuno es al salir las estrellas. Dado que es preceptivo agregar tiempo profano al sagrado, se culmina el ayuno unos minutos más tarde. En la tierra de Israel, una vez pasados unos treinta minutos después de la puesta del sol ya pasó el horario de salida de las estrellas y se cumplieron los minutos adicionados, por lo que ya se puede hacer Havdalá, comer y beber. No es necesario guiarse según el método de Rabenu Tam, quien opina que el horario de salida de las estrellas es setenta y dos minutos después de la puesta del sol (Pninei Halajá Shabat 3).

Veinte minutos después de la puesta del sol se puede comenzar a rezar Arvit, empero, a los efectos de salir de toda duda es bueno después de este recitar nuevamente la primera porción del «Shemá» (Pninei Halajá Tefilá 25:5).

Muchos recitan la bendición por la luna («Birkat Halevaná») al concluir Yom Kipur pues hasta entonces la tensión de los días del juicio no permite recitar esta bendición como corresponde, por cuanto debe ser recitada con alegría. Es mejor ir primero a las casas, comer, beber y luego reunirse para recitar esta bendición alegremente. En el caso de quien teme que luego habrá de  olvidarse o le será difícil poder recitar la bendición con Minián, es mejor que la recite inmediatamente después de concluido el rezo de Arvit (ver arriba 5:7).

20 – Havdalá.

Una vez concluido Yom Kipur, no se puede aún realizar labores, comer o beber sin antes haber realizado Havdalá para despedir el sagrado día. Mediante el recitado de la Havdalá que aparece en la cuarta  bendición de la Amidá de Arvit («Atá Jonantanu») podemos comenzar a realizar labores,  empero no se puede aún comer o beber. Mediante el recitado de la Havdalá con una copa de vino  se puede comer y beber. Quien no rezó pero dijo «Baruj Hamavdil Bein Kodesh Lejol» («bendito Aquel que diferenció lo santo de lo profano») puede ya realizar labores, mas aun no puede comer o beber por cuanto que no escuchó Havdalá sobre una copa de vino (Shulján Aruj 624:1, Pninei Halajá Shabat 8:8).

En la Havdalá tras la conclusión de Yom Kipur se recita una bendición por el vino, otra por la luz del fuego y otra por la diferenciación entre lo santo y lo profano. No se recitan los versículos que se acostumbra a leer previo a la Havdalá tras la conclusión del Shabat. Asimismo, no se recita bendición por las especies aromáticas como al concluir Shabat, ya que el motivo por el cual se bendicen hierbas aromáticas tras el Shabat es la partida del alma extra («Neshamá Ieterá»), empero una vez concluido el ayuno no hay pesar sino alegría por haberse expiado los pecados. Si bien cuando Kipur cae en Shabat muchos opinan que no se debe recitar la bendición por las hierbas aromáticas, quien quiera hacerlo tras concluir la Havdalá y una vez ingerido el vino podrá hacerlo.

A diferencia de la Havdalá tras la conclusión del Shabat en la que se enciende una vela en el momento, al concluir Yom Kipur se recita la bendición únicamente por una vela que ardió durante todo el día. Esto se debe a que al concluir Shabat se agradece a D´s el haber revelado el uso del fuego a Adán y Eva al concluir el primer sábado de la historia, cuando el primer hombre tomó dos piedras y comenzó a frotarlas hasta que salieron chispas ante lo que agradeció al Eterno y le bendijo. En recuerdo de este evento, cada sábado por la noche volvemos a agradecer a D´s por el fuego. Empero al concluir Yom Kipur la bendición es en virtud de que durante todo el día no pudimos emplear el fuego y ahora se nos permite hacerlo. Por lo tanto, la bendición debe ser recitada sobre una vela que ardió mas no estuvo en uso. Por esta razón se acostumbra a encender en víspera de Kipur una vela recordatoria (que arde un día entero) para poder recitar con esta la bendición por el fuego al concluir el día (Shulján Aruj 624:4, Mishná Berurá 7).

A priori se debe recitar la bendición sobre una vela que ardió durante Kipur mas no estuvo en uso («ner sheshabat»). A posteriori, si se olvidó encenderla en víspera del ayuno o si la vela se extinguió durante el día, se puede recitar la bendición encendiendo la vela de otra vela que estuvo encendida durante Kipur. A estos efectos es menester pedir a vecinos que tengan una vela que ardió y no fue usada para con esta encender otra, la cual se trae a la casa y sobre la cual se recita la bendición correspondiente (Rambán, Ramá 624:5).

En el caso de quien carece de una vela que haya ardido sin uso y no tiene posibilidad de encender una vela a partir de otra que sí haya ardido, no habrá de recitar bendición por la luz del fuego al concluir Kipur (Shulján Aruj 624:4, Beur Halajá ויש אומרים). Si Yom Kipur cae en Shabat, a posteriori se puede recitar la bendición en cuestión con una vela encendida al concluir el día (Mishná Berurá 624:7, Sha´ar Hatziún 9).

Tras la Havdalá se come y bebe con alegría pues todavía se está en día festivo. Esto además expresa la confianza en que Hashem acepta con amor a quienes retornan a Él. Nuestros sabios dijeron que al concluir Kipur una Voz celestial proclama: «Ve y come tu pan con alegría y bebe tu vino con bien, pues el Eterno vio con beneplácito tus acciones» (Kohelet 9:7, Kohelet Rabá allí, Ramá 624:5).

Los píos se apresuran a comenzar la construcción de la Sucá al concluir Kipur para pasar de precepto en precepto (Maharil, Ramá 624:5, Pninei Halajá Sucot 2:12).

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Conjunto de libros Peninei Halajá en español /11 volúmenes
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