14 – Las prosternaciones durante el rezo de Musaf.

Es costumbre prosternarse al recitar el «Seder HaAvodá» (el relato de la sagrada tarea llevada a cabo por el Sumo Sacerdote) del sagrado Templo  durante el rezo de Musaf, para así emular a los cohanim (sacerdotes) y al pueblo de Israel que se prosternaban al oír de boca del Sumo Sacerdote el Nombre Sagrado. Tal como veremos más adelante (10:15-16), el Sumo Sacerdote pronunciaba diez veces en voz alta el Nombre Sagrado, esto es, tres veces en cada una de las confesiones: a) al confesarse por sí mismo y por su mujer, b) al confesarse por sí y por sus hermanos los cohanim (sacerdotes), c) al confesarse por todo el pueblo de Israel. Se confesaba una vez más al proclamar el chivo que había sido sorteado para ser sacrificado a D´s. Hoy día se acostumbra a prosternarse cuatro veces durante el rezo, tres veces durante las tres confesiones y respecto de la cuarta vez las costumbres difieren. Los sefaradíes se posternan al recordarse el chivo sorteado para ser sacrificado a D´s (Beit Iosef) mientras que los ashkenazíes lo hacen al pronunciar «nos inclinamos y posternamos» de la plegaria «Aleinu Leshabeaj» que se recita previo a la lectura del orden de la labor sacra que se llevaba a cabo en el Templo de Jerusalém («Seder Haavodá») (Rabí Elazar ben Ioel Haleví, Rabí Itzjak Bar Sheshet, Ramá 622:4). Los yemenitas no acostumbran a prosternarse durante el rezo de Musaf.

Hay tres tipos de inclinación: la prosternación («hishtajavaiá gmurá») en la cual todo el cuerpo amén de las cuatro extremidades se extiende sobre el suelo. La reverencia («kidá»)   es cuando la persona se mantiene de pie e inclina su cabeza hasta llegar al suelo. Hincamiento (kriá) es cuando la persona se arrodilla flexionando su cuerpo hasta que su rostro llega al suelo (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 34(B), ídem Tratado de Shvuot 16(B)). En Yom Kipur, en la mayoría de los sitios las personas se hincan y hay quienes se posternan extendiendo sus extremidades.

Se acostumbra extender algún tipo de tapete a la hora de prosternarse, a los efectos de separar el rostro, de quien se prosterna del piso. Esto se debe a que en el Templo de Jerusalém estaba permitido prosternarse sobre el suelo de piedra, empero en el resto de los sitios esto estaba prohibido, tal como está escrito (Vaikrá 26:1): «no haréis… ni piedras esculpidas para postraros ante ellas». La prohibición se puede explicar en el hecho de que los idólatras adoraban la naturaleza de esa forma, prosternándose sobre piedras procurando mimetizarse con estas. Por esta razón la Torá prohibió a los judíos prosternarse sobre piedras para así no mezclar intenciones extrañas en sus plegarias. Sin embargo, en el Templo de Jerusalém (Beit Hamikdash) se percibe claramente que todas las creaturas, tanto vivas como inertes, anhelan la conexión con Hashem por lo que se rinden ante Su Presencia y solamente ante Él se prosternan; por lo que allí estaba permitido prosternarse sobre piso de piedra (Sefer Hajinuj 349).

La prohibición de la Torá de prosternarse sobre suelo de piedras entra en  efecto al cumplirse dos requisitos: a) si se trata de prosternación con extendido completo de cuerpo y extremidades sobre el suelo, b) la cabeza está sobre dicho suelo. Los sabios instituyeron que la prosternación se prohíba también cuando se cumple uno solo de los requisitos. Por lo tanto, la prosternación está prohibida también sobre piso de tierra; y sobre piso de piedra están asimismo prohibidos tanto la reverencia como al hincamiento. Por esta razón se extiende sobre el suelo algún tipo de toalla o tapete a los efectos de separar la cabeza del suelo (Ramá 131:8).

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