02. El orden de las bendiciones matinales.

Tal como aprendimos, la disposición original de nuestros sabios implicaba que las bendiciones acompañen el orden natural de la incorporación por la mañana, y cada movimiento diferente o satisfacción lograda en este proceso fuera acompañada del recitado de una bendición, con lo que el acto de levantarse por la mañana adquiría así un profundo significado. El Rambám sentenció que en la práctica este fuese el orden, que cada bendición sea recitada al momento de realizar cada una de las acciones, y hay entre quienes llegaron del Yemen que así actúan hasta el día de hoy.

Sin embargo, hace ya cientos de años que los judíos acostumbran a recitar todas las bendiciones matinales de una vez, en la sinagoga o en la casa, una vez que terminaron de evacuar y vestirse. Esto obedece a varias razones. Primeramente, se estableció que el oficiante recite las bendiciones matinales en voz alta al comenzar el servicio público en la sinagoga para que así cumplan con su deber quienes no las saben decir de memoria. Incluso en el caso de quienes sí las saben, se teme que por la somnolencia de la mañana olviden recitar alguna, por lo que al recitarlas todas juntas de manera ordenada es más fácil que recuerden completarlas todas. Además, se procuró dar un status más encumbrado a las bendiciones matinales, esto es, recitarlas con las manos limpias y ya vestidos adecuadamente y por esta razón se pospuso su recitado hasta que la persona haya culminado sus preparativos previos al rezo (Shulján Aruj 46:2). Más aún, existen personas a las que les resulta muy difícil concentrarse a poco de haberse levantado, y solamente después que se vistieron y lavaron la cara pueden recitar las bendiciones matinales correctamente (Seder Haiom).

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