04. No traer a la sinagoga niños que puedan perturbar el rezo.

https://ph.yhb.org.il/es/03-21-04/

Una mujer no puede pararse a rezar con un niño delante suyo pues éste puede distraer su concentración (Mishná Berurá 96:4). Obviamente, tampoco se puede traer a la sinagoga en horario de rezos a bebés o niños pequeños que no saben rezar  pues pueden molestar a los orantes.

Quien trajo a su hijo a la sinagoga y éste comienza a molestar al rezo público, aunque se encuentre en medio de la Amidá deberá tomarlo de la mano, retirarlo y continuar rezando afuera. Otro tanto ocurre con la señora que trajo a su hijo a la sección de las mujeres de la sinagoga (ver arriba 14:2).

Si bien se considera una costumbre piadosa traer niños a la sinagoga para que absorban el ambiente de santidad que de ésta se desprende, la tradición aplica en los horarios en los que no hay rezos.

A los efectos de clarificar la importancia de esta cuestión, he de recordar aquí los conceptos de Rabí Ieshaiahu Horowitz (השל»ה הקדוש) quien escribió en nombre del autor del libro «Orjot Jaím»:

«La conversación de los niños en la sinagoga es una gran prohibición. En nuestros días los niños pequeños vienen a la sinagoga a los efectos de traer castigo sobre quienes los traen, ya que con su asistencia profanan la santidad de la casa de nuestro D´s al jugar en esta como si se tratase de una calle cualquiera de la ciudad. Un niño juega con el otro, otro golpea a su compañero, uno ríe y otro llora, uno habla y el otro grita, uno corre para aquí y el otro corre para allí. Hay incluso quienes hacen sus necesidades en la sinagoga haciendo que todos comiencen a gritar «¡agua!  ¡agua!». En otros casos el padre le da al niño un libro y este lo tira al piso o lo rompe en una docena de pedazos. En resumen, los juegos de los niños en la sinagoga devienen en la pérdida de concentración de quienes rezan, profanándose así el Nombre Divino. Por lo tanto, quien trae un niño pequeño a la sinagoga no debe de esperar recibir por ello recompensa, sino más bien le es dable esperar una desgracia. Lo peor de todo es que estos niños pequeños al crecer continuarán faltando el respeto a la sinagoga y luego a la Torá; de modo tal que una trasgresión constantemente repetida se transforma a ojos del trasgresor, en permitida y en hábito que no abandonará ni siquiera en su vejez. Para concluir, no se debe traer a los niños muy pequeños a la sinagoga pues al hacerlo se perjudicará y no se beneficiará. Empero una vez que el niño llega a la edad en la que se le comienza a enseñar el cumplimiento de los preceptos (jinuj), habrá de traerlo a la sinagoga y le enseñará a sentarse allí con temor reverencial y respeto sin permitirle moverse del mismo, y le instará a responder «Amén», al «Kadish» y a la  «Kedusha» (Shnei Lujot Habrit, Tratado de Tamid Ner Mitzvá, Mishná Berurá 98:3).

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