02. ¿Cómo elegir sinagoga?

Es preceptivo escoger un sitio fijo en el cual rezar, esto aplica también para la mujer que debe tener una sinagoga fija a la cual asistir en sábados y días festivos, y de ser posible es bueno tener un sitio fijo dentro de la misma (Peninei Halajá Tefilá 3:2).

Cuando existe la posibilidad de rezar en más de una sinagoga es bueno elegir de acuerdo con las reglas estipuladas por nuestros sabios. Una casa de estudio (Beit Midrash) es más sagrada que una sinagoga (Shulján Aruj Oraj Jaím 90:18). Una sinagoga en la cual se llevan a cabo más clases de Torá antecede a aquella en la que se estudia menos. Además, es preferible asociarse a aquella congregación en la que se estudia más Torá.

En un sitio donde hay dos sinagogas, en una rezan muchos y en la otra pocos, es preferible escoger la más concurrida pues «a mayor presencia popular mayor es la Gloria del Rey» (Mishná Berurá 90:55). Sin embargo, si en la sinagoga más grande es difícil escuchar con claridad al oficiante, es mejor escoger aquella en la que se lo pueda oír cabalmente (Mishná Berurá 90:28). Vemos entonces que la regla es la siguiente: es preferible que las sinagogas sean lo más grandes posible ya que de esa manera aumenta la Gloria Celestial. Empero hay un límite a partir del cual, por ser tantos los feligreses, no se oye bien al oficiante.

Si en una sinagoga se acostumbra a hablar durante el rezo  y en la otra no, es preferible rezar en aquella en la que se respeta más el servicio ya que es más fácil concentrarse durante el mismo (Sefer Jasidim 770).

La regla más importante indica que lo principal es la concentración o intención (kavaná) y por lo tanto más allá de todas las reglas estipuladas por nuestros sabios, el sitio donde la persona logra concentrarse mejor es el preferido (ver Ridbaz III: 702).

Es preferible elegir un beit kneset en el cual se ora según la costumbre de los padres. Pero cuando la mujer sabe con certeza que podrá concentrarse mejor en uno en el cual se reza según otras costumbres, que vaya al que se pueda concentrar mejor.

En el caso de que el marido prefiera una sinagoga y la esposa otra y éstas tengan diferentes horarios de rezo, la mujer debe ir junto a su marido ya que él reza fijo en su sinagoga por estar preceptuado de hacerlo. Además en todo lo referente a costumbres y halajot se actúa de acuerdo a la usanza del marido, tal como se verá más adelante (24:4).

La mujer es recompensada por cada paso que da al ir a la sinagoga. Por lo tanto, si la sinagoga predilecta se encuentra un poco distante de su casa es mejor asistir a ésta y no debe lamentarse del esfuerzo que implica la caminata, ya que a cada paso recibe un gran  beneficio. Esta cuestión fue revelada a una mujer, tal como lo vimos anteriormente (20:2, Tratado de Sotá 22(A)).

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