3 – Diecisiete de Tamuz.

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Dicen nuestros sabios en la Mishná (Tratado de Ta’anit 26): “Cinco eventos funestos acaecieron a nuestros ancestros el diecisiete de Tamuz: fueron quebradas las tablas, fue suspendida la ofrenda diaria permanente en el Templo, los muros de la ciudad fueron derrumbados, Apostomus quemó un rollo de la Torá y colocó un ídolo en el Templo”.

Tras la revelación de los diez mandamientos en el Monte Sinaí, Moshé permaneció en el monte por cuarenta días y noches y estudió la Torá de boca del Eterno. Cuando descendió con las Tablas de la Ley en sus manos vio que se estaba plasmando el becerro de oro y que parte del pueblo se dirigía tras este culto extraño, por lo que sintió una inmediata debilidad y quebró las tablas. Esto implica que un diecisiete de Tamuz no solamente fueron quebradas las Tablas, sino que el pecado del becerro de oro tuvo lugar ese mismo día.

El segundo incidente es la suspensión de la ofrenda diaria permanente en el Templo, que era el sacrificio más importante que se llevaba a cabo allí. Su centralidad se debía a que era permanente y constante, pues se ofrendaba todos los días, uno al amanecer y otro hacia el atardecer. En días del sitio romano a Jerusalém, se proveyó al Templo de corderos para el sacrificio diario hasta el día dieciséis de Tamuz, y el diecisiete fue el primer día que se debió suspender el ritual (ver Tratado de Baba Kama 82(A)).

El tercer incidente fue la quema de un rollo de la Torá a manos de Apostomus, que era uno de los dignatarios romanos. El cuarto fue la erección de un ídolo en días del Primer Templo a manos del rey Menashé y hay quienes sostienen que fue en días del Segundo Templo a manos de Apostomus el malvado (Talmud Jerosolimitano Tratado de Ta´anit 4:5).

Sin embargo el evento que a final de cuentas provocó que la fecha se transforme en día de ayuno fue el quinto, el derribamiento de las murallas de la ciudad de Jerusalém. Tres años los romanos mantuvieron el sitio a la ciudad de Jerusalém sin poder doblegarla, hasta que finalmente el odio gratuito y la guerra civil debilitaron a los defensores, y los romanos pudieron superarlos. El día diecisiete de Tamuz lograron perforar los muros de la ciudad e ingresar en su interior. Con la perforación de los muros se decidió de hecho el desenlace final de los combates, decretándose nuestra derrota. Tres semanas más duraron las escaramuzas dentro de la ciudad de Jerusalém, hasta que finalmente el nueve del mes de Av fue conquistado el Monte del Templo y quemado nuestro Segundo Santuario dando inicio a una muy extensa y dolorosa etapa de exilio.

Si observamos detenidamente, notaremos que existe una conexión intrínseca entre los cinco eventos acaecidos el diecisiete de Tamuz. En los cinco presenciamos una crisis que afecta en primera instancia a los fundamentos espirituales, que provoca el resquebrajamiento de la fortaleza de la fe, que de no repararse a tiempo, puede cobrar mayor magnitud y desembocar en la destrucción completa ocurrida el nueve de Av. El pecado del becerro de oro no implicó idolatría absoluta, pues los seguidores del ídolo aún creían en D´s Creador del mundo, empero también creían que el becerro poseía algún tipo de poder. Por cuanto que comenzaron a descarriarse en la idolatría, no tuvieron posteriormente fuerzas para hacerle frente a los espías y su falso testimonio. Fue así que se rebelaron contra D´s y su siervo Moshé, rechazando la finalidad última de la conformación del pueblo de Israel que es, la manifestación de la Divina Presencia en el mundo, en la tierra que está destinada a ello, la Tierra de Israel. En el caso de la suspensión de la ofrenda diaria permanente, el emplazamiento de un ídolo en el santuario y la quema de un rollo de la Torá, no estamos aún ante una destrucción completa, empero estos eventos implican una afectación espiritual a nivel de las raíces que, de no repararse, la brecha habrá de ampliarse y la destrucción final resultará inevitable.

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