12. La «Amidá» (el rezo de pie y en silencio).

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01. Tres pasos previos al rezo.

En la Amidá nos hallamos de pie ante el Rey de Reyes el Santo Bendito Sea. No es así en el resto de las bendiciones y plegarias las cuales si bien deben ser recitadas con seriedad y concentración, de todas maneras no están en el nivel como el de presentarse ante el Rey. Por lo tanto, nuestros sabios establecieron reglas especiales exclusivas para la Amidá.

Se acostumbra dar tres pasos hacia adelante al comenzar el rezo como forma de expresar nuestra voluntad de acercarnos y pararnos ante D´s (Ramá 95:1). Se deben concluir los pasos y pararse en el sitio donde se ha de rezar antes de concluir el versículo «Ad-onai Sefatai Tiftaj«, ya que se lo considera parte integral de la Amidá.

En el caso de una mujer que va a rezar a la sinagoga o al lugar en su hogar consagrado para este propósito, no precisa dar los pasos para atrás y adelante por cuanto que ya caminó bastante dirigiéndose al sitio del rezo (Eliahu Rabá). Otros juristas opinan que aunque haya caminado hacia el sitio de rezo, si pasó tiempo entre que llegó al lugar en cuestión y comenzó a rezar, corresponde que vuelva a dar los tres pasos hacia adelante antes del inicio de la Amidá (Ben Ish Jai Beshalaj 3, Kaf HaJaím 95:7). Sin embargo, dado que no es apropiado dar tres pasos hacia atrás para inmediatamente después dar tres pasos para adelante, la mujer que quiera cumplir con excelencia que de los tres pasos hacia atrás algo antes de rezar, espere un poco y luego de los tres pasos hacia delante para así comenzar la Amidá (Minhag Maharil, Mishná Berurá 95:3).

02.  En dirección a Jerusalém.

En todas las secciones del servicio, la mujer puede dirigir su rostro hacia donde desee. Empero al llegar al momento más importante del rezo, cuando la persona se para ante el  Rey del universo en la Amidá, deberá dirigir su rostro hacia Jerusalém, en dirección al sitio escogido por D´s para que Su Divina Presencia repose allí.

Quien se encuentra en el extranjero debe dirigir su rostro hacia la tierra de Israel y su corazón a Jerusalém y al sitio del Templo y su Santo Sanctórum. Si la persona se encuentra en Israel, que dirija su rostro hacia Jerusalém y su corazón hacia el Templo y su Santo Sanctórum. Si la persona se encuentra en Jerusalém, debe dirigir su rostro hacia el Templo y su corazón al Santo Sanctórum (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 30(A), Shulján Aruj 94:1).

Por lo tanto, las mujeres que se paran en la sección femenina de la explanada del Muro Occidental (Kotel Hamaaraví), al comenzar la Amidá,  deben dirigir sus rostros al sitio del Templo.

Se acostumbra a colocar el Arca Sagrada de la sinagoga en la dirección de Jerusalém, para que quienes se paran a rezar se dirijan también en dirección a ésta. De todas maneras lo principal es rezar en dirección a Jerusalém, por lo tanto, si por causa de algún error o cuestión de fuerza mayor el Arca Sagrada no está correctamente direccionada, los orantes igualmente habrán de dirigirse hacia esta ciudad (Mishná Berurá 94:9). Asimismo, la mujer que se encuentra en la «ezrat nashim» o sección de las mujeres en una sinagoga, a la hora de rezar la Amidá no precisa dirigir su rostro hacia el arca sagrada sino hacia Jerusalém.

Quien no sabe cuál pared está orientada hacia Jerusalém, podrá rezar hacia donde quiera y habrá de orientar su corazón hacia su Padre Celestial (Shulján Aruj 94:3). Aunque se dé cuenta que se equivocó, no precisa volver a rezar en  la orientación geográfica correcta.

03. Pararse con los pies juntos.

La Amidá es especial en cuanto a que requiere ser recitada de pie. Estar de pie expresa la completa disposición de la persona a rezar, de pies a cabeza. Además, esta posición implica tanto el estremecimiento como el temor reverencial de quien se presenta ante el Rey del Mundo. Por lo tanto, a la hora de rezar la Amidá, es importante no recostarse o apoyarse, pues quien lo hace manifiesta que su temor no es completo. En caso de gran necesidad, por ejemplo, si la mujer está agotada y necesita apoyarse en algo, que lo haga mínimamente de modo tal que si el soporte en cuestión fuese abruptamente retirado, la persona no se caería. De esta manera, aunque la persona no está parada con una actitud de temor, igualmente se la considera que está de pie (Shulján Aruj 94:8, Mishná Berurá 22).

Se deben unir ambos pies hasta que parezcan uno solo, ya que las piernas separadas ponen al descubierto la materialidad del hombre y su vertiginosa carrera tras las cuestiones mundanas. Cuando los cohanim (sacerdotes del Templo) subían hacia el altar de sacrificios lo hacían con pasos muy medidos («talón contra dedo pulgar»). De la misma manera, nosotros no nos paramos a rezar con pies separados. Además, unir los pies expresa la unión de todas nuestras fuerzas físicas y su anulación ante Él, mostrando así que sólo tenemos una voluntad y es presentarnos ante El Eterno y rezarle. Nuestros sabios aprendieron esto de los ángeles, tal cual está escrito (Iejezkel – Ezequiel 1:7): «Y sus pies eran pies derechos», esto es, que los pies estaban juntos al punto que parecían ser uno solo (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 10(B), Talmud Jerosolimitano Tratado de Berajot 1:1, Maharal Netiv Haavodá 6).

Se deben unir los pies en toda su longitud para que se vean lo más posible como un solo pie y no como hacen algunas personas que unen solamente los talones (Shulján Aruj 95:1, Talmidei Rabenu Ioná). A posteriori, si alguien rezó con los pies separados igualmente cumplió con su deber (Mishná Berurá 1, Kaf HaJaím 2). Una mujer a la que se le dificulta unir sus pies  que los una lo máximo que pueda.

Una persona enferma que no puede ponerse de pie habrá de rezar sentada, si tampoco puede permanecer sentada podrá rezar acostada (Mishná Berurá 94:27, Kaf HaJaím 34).

Quien se ve en la necesidad de rezar sentada o acostada, deberá intentar unir sus pies y contraerse un poco en los pasajes que requieren cierta inclinación. En el caso de quien está sobre una silla de ruedas, al finalizar el rezo que retroceda con esta la distancia equivalente a los tres pasos finales con los que la persona se despide de la plegaria (según Ramá 94:5).

04. La postura del cuerpo y las manos.

Quien reza debe inclinar un poco su cabeza de modo tal que sus ojos apunten hacia abajo en señal de humildad, y así pueda imaginar que se encuentra en el sagrado Templo de Jerusalém y dirigir su corazón al cielo (Talmud Babilonio Tratado de Ievamot 105(B), Shulján Aruj 95:2).

Los cabalistas elogiaron a quien reza con los ojos cerrados, pero, a priori quien reza mirando el Sidur actúa correctamente. Muchos de los sabios de las últimas generaciones recomendaron rezar mirando el Sidur, ya que de esta manera es más fácil concentrarse (Mishná Berurá 95:5, Kaf HaJaím 9:10, ver Beur Halajá en el párrafo que inicia con las palabras המאמ»ר).

Respecto de la postura de las manos, el Rambám indicó (Hiljot Tefilá 5:4) colocar las manos cruzadas sobre el corazón, derecha sobre izquierda, con temor y reverencia, cual siervo delante de su amo. El Shulján Aruj (95:3) y  Kavanot Haarí (Kaf HaJaím 95:12) indicaron lo mismo. Muchos son de la idea de que la postura de las manos depende de la costumbre del lugar, siendo que donde vivía el Rambám esta era la postura habitual paras presentarse ante reyes o visires, empero en otros lares la costumbre era diferente. Por ejemplo, en los países europeos acostumbraban a pararse de brazos cruzados y en los países árabes con las manos tras la espalda en señal de que no disponen de sus manos, a menos de no mediar el permiso de quien se encuentra en frente (Maharí Abuhav, traído por el Beit Iosef, Mishná Berurá 95:6). Según esto, en nuestros días, además de la postura indicada por Rambám, el orante  se puede parar con los brazos pegados a ambos lados del cuerpo o apoyados sobre el «Stender» o sobre el Sidur ya que todas estas posturas se consideran respetuosas. Empero no se habrá de rezar con las manos en los bolsillos o sobre las caderas pues esta no es la forma apropiada de pararse ante personas importantes u honorables.

Muchas acostumbran a balancearse durante el rezo. Rabí Moshe Iserles (Ramá) escribió (Oraj Jaím 48, Mishná Berurá 95:7) que así se debe actuar, a priori, a los efectos de manifestar la emoción y el temblor que deben apoderarse de la orante y para que de esta forma todo el cuerpo participe del rezo, tal como dice el versículo (Salmos 35:10): «Todos mis órganos dirán, Oh Eterno, quién es como Tú». Por su parte, Rabí Ieshaiahu Horowitz (Shlá) escribió que la orante no se debe balancear durante el rezo sino que por el contrario debe recitar la Amidá sin moverse pues esto facilita la concentración. Además, considera que no es respetuoso pararse y balancearse. Si alguien se presenta ante un rey de carne y hueso y comienza a balancearse sería inmediatamente retirado de la corte, por lo que esta práctica tampoco se debe aplicar al rezo. Según el Rav Horowitz, balancearse es correcto durante el estudio de la Torá o mientras se recitan alabanzas, mas durante la Amidá, en la que nos paramos delante del Rey y se trata de una plegaria profunda e íntima, no corresponde balancearse en lo más mínimo. Sólo los labios deben moverse (Shlá- Masejet Tamid Ner Mitzvá). Dado que cada tradición o usanza tiene en quien apoyarse, que cada quien rece de la manera que mejor facilite su concentración (Maguén Abraham, Mishná Berurá 48:5, Kaf HaJaím 48:7-8).

05. Las inclinaciones durante el rezo.

Los sabios establecieron que debemos inclinarnos en cinco lugares del rezo, primeramente en el inicio y finalización de la bendición de los patriarcas («Maguén Abraham«); al inicio y final de la bendición del agradecimiento («Modim«) y al finalizar el rezo cuando se retroceden los tres pasos. Nuestros sabios instituyeron inclinarse en estas dos bendiciones pues son las más importantes y aquellas en las que resulta más necesario concentrarse (ver Shulján Aruj 101:1, Mishná Berurá 3). Quien se inclina al principio o final de otras bendiciones se le enseña a no hacerlo para no quitarle sentido al decreto de los sabios y no parecer como quien se jacta de ser más pío que los demás orantes. Sin embargo, en el medio de cada una de las bendiciones, está permitido inclinarse (Shulján Aruj 113(A), Mishná Berurá 2, ver Peninei Halajá Tefilá 17:3).

El orante se debe inclinar al recitar el inicio de la bendición, «Baruj Atá«, y se debe enderezar al pronunciar el Nombre de D´s. En la bendición de «Modim» se debe inclinar al recitar «Modim Anajnu Laj» y enderezar al pronunciar el Nombre de D´s (Shulján Aruj 113:7, Mishná Berurá 12. Respecto de la inclinación al final del rezo ver adelante halajá 11).

La inclinación debe ser tal que todas las vértebras de la columna vertebral sobresalgan en la espalda de la orante. Se debe inclinar también la cabeza y la espalda hasta que lleguen a la altura que está entre su corazón y sus caderas más no inclinará su cabeza hasta la de su cinturón pues se vería jactancioso.

La inclinación debe ser rápida para mostrar así disposición y diligencia ante D´s mientras que al incorporarse el enderezamiento debe ser lento, mostrando así voluntad de permanecer inclinado (Shulján Aruj 113:6).

Una anciana o enferma a quienes les resulta difícil inclinarse habrán de inclinar sus cabezas en la medida de lo posible (Shulján Aruj 113:5).

Hay dos costumbres respecto de la manera de inclinarse: según la usanza ashkenazí, al decir «Baruj» se flexionan las rodillas y al decir «Atá» la persona se inclina hasta que sobresalen todas las vértebras de la espalda. En «Modim«, que no se dice primeramente «Baruj«, hay que inclinar la espalda sin flexionar primeramente las rodillas (Mishná Berurá 113:12, ver Kitzur Shulján Aruj 18:1).

La usanza sefaradí se basa en las enseñanzas del Arí z´´l según las cuales la inclinación debe proceder en dos etapas: en la primera inclinando el cuerpo (sin flexionar las rodillas) y luego la cabeza e igualmente  al enderezarse, primero el cuerpo y luego la cabeza (Kaf HaJaím 113:21).

06. El rezo en silencio.

Del modo en cómo rezó Janá en Shiló, procurando ser respondida por HaShem y concebir un hijo, aprendemos varias halajot generales. Su rezo fue aceptado y pudo dar a luz a Shmuel, que sería el mayor de los profetas después de Moshé Rabenu de bendita memoria. Respecto de su plegaria leemos (Shmuel- libro de Samuel I 1:13): «Jana hablaba con su corazón. Sus labios apenas se movían mas su voz no podía oírse». Nuestros sabios dedujeron (Talmud babilonio Tratado de Berajot 31(A)) que «hablaba con su corazón» implica que quien reza debe concentrarse; «sus labios apenas se movían» implica que al rezar se deben mover los labios; «su voz no podía oírse» implica que no se puede levantar la voz durante la plegaria.

La Amidá tiene por cometido expresar ante D´s las aspiraciones más profundas del alma, por lo que no corresponde recitarla en voz alta y hacerla pública. Por otra parte, no se cumple con el deber de rezar pensando la plegaria únicamente, pues toda buena intención necesita tener una expresión concreta en este mundo para poder manifestarse y corregir el universo. Por lo tanto, incluso el precepto de rezar, que es el más interior y sutil de todos, precisa tener algún tipo de manifestación mediante la pronunciación de las palabras moviendo los labios.

Existen diferentes usanzas respecto de cómo rezar en silencio. Según la opinión de la mayoría de los juristas y algunos de los cabalistas, la plegaria debe ser audible únicamente al oído de la orante pero que no llegue a oídos de su vecina (Shulján Aruj 101:2, Mishná Berurá 5-6). En opinión de la mayoría de los cabalistas, el rezo es tan profundo e interior que no debe ser audible siquiera al oído del orante, sino que simplemente los labios deben pronunciar las palabras (Kaf HaJaím 101:8). Es correcto que cada persona se conduzca conforme a la tradición de sus padres o de la manera que le permita una mejor concentración.

A posteriori, si la mujer hizo oír su voz durante el rezo cumplió con su deber. Por lo tanto, si a una mujer le cuesta concentrarse en absoluto silencio, de estar rezando sola donde no molesta a nadie, puede hacerlo en voz alta para así concentrarse mejor (Shulján Aruj 101:2). Sin embargo, tampoco en esa circunstancia habrá de elevar mucho su tono de voz ya que quien lo hace es considerado o se asemeja a los falsos profetas que pensaban que su dios es deficiente auditivo y es menester gritarle para que oiga (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 24(B)).

Hay pasajes de la Amidá durante los Días Solemnes (Rosh Hashaná y Yom Kipur)  en los que se acostumbra a elevar un poco el tono de voz y no se teme que una orante moleste a otra, ya que en estos días se reza leyendo de un Majzor (Shulján Aruj 101:3). De todas maneras es mejor recitar esos pasajes en voz baja.

En las demás secciones del servicio tales como las bendiciones del recitado del «Shemá» o los cánticos de alabanza, que no son tan interiores y profundos como la «Amidá», todos los juristas coinciden que la plegaria pronunciada por la orante debe ser audible a sus oídos y se permite elevar un poco el tono de voz.

A posteriori, si marcó las palabras con sus labios sin emitir sonido alguno cumplió con su deber mas si leyó las palabras para sí sin mover los labios no cumplió.

07. En cualquier idioma.

Según la halajá se puede rezar con la traducción hecha a lenguas extranjeras (Talmud Babilonio Tratado de Sotá 32(A)), empero el precepto se cumple con excelencia al rezar en hebreo que es la lengua sagrada, lengua en la que  los sabios de la Gran Asamblea redactaron las plegarias y aquella con la que D´s creó el mundo.

Otra ventaja de rezar en hebreo radica en que aunque la mujer no entienda lo que dice, mientras comprenda el primer versículo del «Shemá» y la primera bendición de la «Amidá», cumple con su deber. Al rezar en otro idioma, sólo quien comprende todo el rezo cumple con su deber (Mishná Berurá 101:14, 124:2).

En la práctica, una mujer que no entiende hebreo puede escoger cómo rezar; por una parte es ventajoso rezar en el idioma que se entiende y en el cual se puede concentrar mejor. Por otra parte, si se reza en hebreo se tiene el mérito de elevar la plegaria en la lengua sagrada (ver Beur Halajá 101:4, Kaf HaJaím 16).

El permiso para rezar en lenguas extranjeras fue una medida temporal para atender las necesidades de quienes no entienden hebreo. Empero está prohibido organizar un servicio público que rece siempre en lenguas foráneas. Este fue uno de los errores de los reformistas, que tradujeron el rezo al alemán e hicieron que sus hijos olviden el idioma sagrado, abriendo así una puerta demasiado amplia para el abandono del judaísmo y la asimilación (Jatam Sofer Oraj Jaím 84:86, Mishná Berurá 101:13).

08. La concentración- intención (Kavaná).

La mujer que reza debe estar concentrada, esto es, estar consciente de lo que dice y procurar no distraerse con otras cuestiones durante la plegaria. Si a la mujer la abordan pensamientos extraños habrá de quitarlos de sobre sí y volver a rezar. Aunque no logre estar concentrada en cada palabra, por lo menos deberá esmerarse en hacerlo en el final de cada bendición. Quien no puede mantenerse concentrada en todas las bendiciones, que se esmere en hacerlo en la bendición de los patriarcas (Maguén Abraham) y en la de «Modim» que son aquellas en las que nos tenemos que inclinar a su inicio y a su final. Por lo menos, que se concentre en la de los patriarcas que es la primera bendición de la Amidá (Shulján Aruj 101:1, Mishná Berurá 1-3).

Quien rezó y no estuvo concentrada en la primera bendición, la base de la ley indica que deberá volver a rezar pues la ausencia de concentración en esta es un impedimento para el cumplimiento del precepto de orar. Sin embargo, en virtud del deterioro de las generaciones y la pérdida de capacidad de concentración, los sabios de las últimas generaciones sentenciaron que en caso de no haber mediado concentración no se vuelva a rezar, pues se teme que tampoco en la segunda vez ésta sea obtenida y la repetición sea inútil (Ramá 101:1, Kaf HaJaím 4). Sin embargo, quien tiene que rezar mas sabe que por causa de sus preocupaciones no podrá concentrarse siquiera en la primera bendición de la Amidá, es mejor que no comience y cumpla con su deber de rezar mediante el recitado de las bendiciones matinales.

Quien está por finalizar la bendición de los patriarcas y se da cuenta que no estaba concentrada, mientras no haya recitado el Nombre de D´s en la conclusión, que vuelva a «Eloh-ei Abraham» y se concentre (Mishná Berurá 101:4 citando al Jaiei Adam). Si pronunció el Nombre de D´s, que finalice la bendición concentrada y bien hará si vuelve a pensar para sus adentros en dicha bendición con una mayor concentración, ya que según Rambám dicho pensamiento se considera como  las palabras pronunciadas. Si ya pasó a la segunda bendición y recitó «Atá Guibor» que continúe con su rezo y procure concentrarse más en las bendiciones siguientes y especialmente en la de «Modim«, ya que hay juristas que opinan que concentrarse en esta bendición corrige la distracción en la de los «patriarcas».

09. El orden de las bendiciones en la Amidá («Shmoné Esré»).

La Amidá o «Shmoné Esré» se divide en tres partes: alabanzas, pedidos y agradecimiento. En las tres primeras bendiciones nos asemejamos a un siervo que elogia a su amo, en las del medio a uno que eleva pedidos al suyo y en las tres últimas aun siervo que recibió un premio de parte de su amo y se retira (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 34(A)).

Esto lo aprendemos de la plegaria de Moshé, que comenzó con alabanzas y luego pasó a suplicar y pedir (ídem 32(A), ver adelante 15:3). De no estar precedido por un prólogo de elogios y alabanzas, se teme que nuestro rezo se asemeje al ritual pagano que lo único que procura es manipular mágicamente las fuerzas del superiores del universo para su provecho. Empero nosotros, mediante nuestra plegaria procuramos servir  a D´s y apegarnos a Él, por lo que Le pedimos que nos brinde bendición y fuerzas para cumplir con la Tora y sus preceptos en completitud y revelar así Su Gran Nombre en el mundo. Por lo tanto, primeramente debemos saber ante Quién nos paramos a rezar, ante el Dios grande, poderoso y temible. Siendo conscientes de ello podremos pedir para nosotros y para la generalidad del pueblo de Israel con pureza de corazón e intención (ver Olot HaRaiá I pág. 14).

En la sección media, la de los pedidos, se manifiestan todas las aspiraciones del pueblo de Israel. Estas no son pedidos que procuran satisfacer las necesidades particulares y específicas del orante sino que tienen como meta que se manifieste la gloria de Hashem en el mundo. De esta manera se entiende que los pedidos personales sobre la salud y el sustento económico tienen como propósito que podamos también nosotros participar de la corrección del mundo. Esto son los trece temas sobre los cuales pedimos: sabiduría, retorno o arrepentimiento, perdón divino, redención, salud, sustento económico, reunión de las diásporas, reinstauración de la justicia judía, erradicación de nuestros enemigos, bendición para los justos, reconstrucción de Jerusalém, la reinstauración de la dinastía davídica y finalmente que D´s escuche nuestras plegarias.

Tras los trece pedidos, concluimos con tres bendiciones generales en cuyo centro está la bendición de agradecimiento por nuestra vida y todas las bondades que D´s nos prodiga. Junto a esta tenemos otras dos bendiciones, una anterior en la que oramos por la reinstauración del servicio en el Templo de Jerusalém y otra posterior en la que rezamos por la paz, ya que ésta es el recipiente que sostiene a todas las demás bendiciones. Es menester saber que los miembros de la Gran Asamblea pusieron gran énfasis en el orden de las bendiciones y quien lo altera no cumple con su deber de rezar (ver adelante 13:1).

Es pertinente aclarar aquí que en el rezo de la «Amidá» o «Shmoné Esré» (en hebreo «dieciocho») hay diecinueve bendiciones. En un inicio, cuando los sabios de la Gran Asamblea lo instauraron, este rezo poseía dieciocho bendiciones. Más adelante, ante la profusión de delatores y entregadores a causa del ascenso del cristianismo que predicaba el odio a los judíos, los sabios instituyeron una bendición suplementaria que pide por la salvación de nuestro pueblo de manos de estos perseguidores- «minín umalshiním«.

10. Pedidos personales en el rezo.

Los sabios de la Gran Asamblea, en su inmensa sabiduría y espíritu de santidad, incluyeron en la versión original del rezo todas las aspiraciones ideales del pueblo de Israel. Cada palabra fue escogida con sumo cuidado y gran exactitud hasta elaborar una versión perfecta, por medio de la cual toda alma judía puede expresarse ante su Creador del modo más excelso (ver arriba 1:6).

Sin embargo, si una mujer quiere agregar pedidos propios en las trece bendiciones intermedias puede hacerlo. Empero, en las tres primeras bendiciones que buscan alabar a D´s y las tres últimas que están destinadas a agradecerle no se pueden incluir pedidos personales, para que no se desvirtúe su carácter general y colectivo (Shulján Aruj 112:1, 119:1).

Los pedidos personales que se adicionan a las bendiciones de en medio deben ser relativos al tema general de las mismas. Por ejemplo, si hay un enfermo en la casa, se puede pedir por su recuperación la bendición de «Refaenu«. Si se necesita más sustento, se pide en la bendición siguiente «Mevarej Hashanim«. Quien quiere que un pariente venga a vivir a Israel, que pida en la bendición por la reunión de las diásporas. La bendición número dieciséis y última de los pedidos, «Shomea Tefilá«, es singular en cuanto a que en esta se pueden elevar todo tipo de pedidos, ya que como cierra la sección de los pedidos los incluye a todos. Quien tenga un pedido particular diferente que comience esta bendición según su formato original y antes de finalizarla que agregue su petición.

No solamente que está permitido agregar peticiones particulares y personales al rezo sino que en opinión de muchos juristas esto es deseable pues los pedidos individuales que son expresados en el lenguaje propio de la persona provienen desde lo más hondo de su corazón y despiertan vivamente la concentración y la intención. Empero no conviene extenderse demasiado en los pedidos personales dentro del rezo y tampoco en la bendición número dieciséis en cuestión, pues la Amidá fue redactada principalmente con las miras puestas en las necesidades colectivas y al abundar en pedidos particulares este carácter se pierde. Quien tiene un gran deseo de elevar numerosas peticiones personales puede hacerlo al finalizar las bendiciones de la Amidá, en la sección de los pedidos adicionales que inician con las palabras «Ihiú Leratzón Imrei Fí» etc que no son parte orgánica del rezo pero sí están conectados a éste, pues la orante aún no retrocedió tres pasos y por lo tanto todavía se encuentra parado ante D´s (Shulján Aruj Oraj Jaím 119:2, Mishná Berurá 119:12).

Una mujer que reza debe especificar o detallar sus pedidos en el rezo. Por lo tanto si se pide por un enfermo, corresponde recordarlo por su nombre. A priori es bueno recordar al enfermo por su nombre y el de su padre o madre, pero si el mismo se encuentra a su lado esto no es necesario, pues queda claro que está pidiendo por él (Mishná Berurá 119:2).

11. El final del rezo y los pasos hacia atrás.

Finalizamos la parte más importante del rezo al recitar el versículo «Ihiú Leratzón Imrei Fí Veheguión Libí» que se encuentra inmediatamente después de la bendición por la paz. Posteriormente se acostumbra a adicionar el pedido de «Elohay Netzor» etc. Tal como aprendimos, este es el momento apropiado para extenderse en súplicas y pedidos personales. La tradición indica que cuando Rabí Akiva rezaba solo, se extendía mucho en las súplicas posteriores al rezo (ver Talmud Babilonio Tratado de Berajot 31(A)).

Una vez finalizadas las súplicas se recita nuevamente «Ihiú Leratzón» y se retroceden tres pasos para separarse del status de estar de pie ante Hashem. Nuestros sabios dijeron (Talmud Babilonio Tratado de Iomá 53(B)) que quien reza y no se retira como corresponde mejor no hubiera rezado ya que esto implica que no entendió que se encontraba de pie ante el Rey de Reyes HaKadosh Baruj Hú y por lo tanto faltó el respeto a la plegaria.

Antes de comenzar a dar los pasos hacia atrás, la orante debe inclinarse tal como se lo hace en «Modím» (tal como se vio en la halajá 5) y mientras lo hace que de los tres pasos hacia atrás; luego mientras se mantiene inclinada gira levemente a la izquierda y dice «Osé Shalom Bimromav«, luego gira levemente a la derecha y dice «Hú Iaasé Shalom Aleinu«, posteriormente y  aún inclinada se orienta hacia adelante y dice «Veal Kol Israel Veimrú Amén» se enderezándose finalmente. Muchos acostumbran a decir después «Iehí Ratzón» para la pronta reconstrucción del Templo pues el rezo sustituye la ofrenda diaria permanente que allí se sacrificaba y entonces pedimos poder nuevamente realizarlo como antaño (Shulján Aruj Ramá 123:1).

Al retroceder se debe levantar primeramente el pie izquierdo que es el débil y de esa manera se demuestra que es difícil separarse del rezo. Cada paso debe ser de la longitud del pie, tal que quede el dedo gordo de un pie junto al talón del otro. Este es el orden de los pasos a dar: primero se da un paso corto hacia atrás con el pie izquierdo, tal que quede detrás del pie derecho. Luego, con el pie derecho se da un paso más largo hacia atrás tal que el pie derecho quede detrás del izquierdo. Para finalizar, se da un paso corto hacia atrás con el pie izquierdo tal que ambos pies queden en la misma línea. Con los pies juntos y a la misma altura comenzará a recitar «Osé Shalom«.

Es importante no dar pasos menores que «dedo gordo con talón» pues hay opiniones que sostienen que menos que eso no se consideran pasos (Maguén Abraham). Si la orante no tiene espacio para dar tres pasos hacia atrás, podrá hacerlo hacia los costados, tal que cada paso pueda ser de la longitud de dedo gordo (de un pie) con el talón (del otro) (Aruj Hashulján 123:5). En caso de necesidad o premura, si no hay espacio para retroceder o ir hacia los costados, se puede confiar en la opinión de aquellos que sostienen que los pasos pueden ser más pequeños, empero, estos no serán menos de tres, pues por su intermedio el orante se separa o despide de su presencia ante el Rey (Bait Jadash, ver Mishná Berurá 123:14). Asimismo es conveniente que los pasos no sean demasiado largos para que no parezca que desea alejarse del Rey (Ramá 123:3, ver Mishná Berurá 16).

12. Hasta cuándo mantenerse de pie en el sitio al cual se retrocedió.

Una vez que el orante retrocedió tres pasos se mantendrá de pie en esa posición y no volverá de inmediato a su lugar de rezo. Si volvió de inmediato se asemeja al perro que vuelve al sitio de su vómito (Talmud Babilonio Tratado de Iomá 53(B)). Esto se debe a que si al terminar de rezar vuelve y permanece  inactiva al sitio donde rezaba, significa que no entendió que hasta hace unos instantes estaba parada ante el Rey y que con los pasos hacia atrás se separó o despidió de este. Hay quienes, en el error, además de volver de inmediato al sitio donde rezaban, se elevan un poco como durante la Kedushá, careciendo esta conducta de todo sentido.

Esta es la usanza correcta: si la orante quiere regresar al sitio donde estaba parada durante el rezo que espere en su lugar un lapso de medio minuto a minuto y luego retorne. En caso de necesidad, si necesita regresar de inmediato a su sitio pues por ejemplo está parada en un lugar en el cual obstruye el pasaje de personas que espere uno segundos equivalentes al tiempo que le lleva caminar cuatro codos (dos metros) y luego que regrese (Mishná Berurá 123:11, Kaf HaJaím 20). Si no desea regresar a su sitio puede irse tras concluir el recitado de «Iehí Ratzón«.

Una mujer que reza con Minián habrá de esperar en el lugar en el cual llegó al retroceder tres pasos hasta que el oficiante recite la Kedushá durante la repetición. Si no, por lo menos qu8e se quede allí hasta que el oficiante comience la repetición (Shulján Aruj 123:2). Según la opinión mayoritaria de los juristas no es necesario permanecer con los pies juntos tras concluir el recitado de «Osé Shalom» (Mishná Berurá 123:6, Beur Halajá y Shaar Hatziún allí). Hay otros juristas que opinan que es bueno permanecer con los pies juntos hasta que se regresa al sitio donde se rezó (Kitzur Shulján Aruj 18:13).

13. ¿Qué debe hacer el viajero cuando llega el momento de rezar?

Si una mujer que acostumbra a diario a rezar o Shajarit o Minjá, emprendió un viaje en automóvil y llega la hora de rezar, si ella es quien conduce no puede orar mientras conduce porque no puede concentrarse debidamente e inclusive hay temor a que su vida corra peligro. Por lo tanto deberá detener el vehículo a un costado del camino y pararse a rezar.

En cambio si hay otro conductor y ambos tienen prisa por llegar, podrá rezar sentada mientras viaja. Esto se debe a que si se detienen para rezar de pie estará apurada por terminar y no podrá concentrarse debidamente. Por lo tanto es preferible rezar la Amidá sentada pues ya vimos (halajá 3) que a posteriori, quien reza sentado cumple con su deber.

Aunque una persona rece sentada debe juntar sus pies (Mishná Berurá 95:2) y debe intentar orientar su rostro hacia Jerusalém (Mishná Berurá 94:15). Además, en los sitios en los que nuestros sabios indicaron que hay que reverenciar, que intente incorporarse un poco para inclinarse lo más posible (Shulján Aruj 95:4, Aruj Hashulján 18).

Quien viaja en autobús o en tren y por ende dispone de más espacio, de ser posible es bueno que se pare para la Amidá, en caso de que ponerse de pie le dificulte la concentración tanto sea por los vaivenes del vehículo o por timidez ante los demás viajeros, que se siente con los pies juntos y rece. Si puede pararse por breves lapsos para inclinarse que lo haga y posteriormente vuelva a sentarse. Si puede, al finalizar el rezo que camine tres pasos hacia atrás.

14. ¿Se puede rezar sentado de modo fijo?

Tal como vimos anteriormente nuestros sabios establecieron que se rece la Amidá de pie y solo en casos especiales se puede flexibilizar la norma  y se permite el rezo sentados. Empero quien viaja a diario a su trabajo, aunque se le dificulte encontrar cuándo rezar de pie, mientras no se encuentre en circunstancias de fuerza mayor, no podrá rezar regularmente sentado

Surge el interrogante respecto de aquellas mujeres que por causa mayor se ven forzadas a rezar regularmente sentadas. Hay mujeres que prácticamente carecen de posibilidad de rezar la Amidá de pie. Ni bien se levantan por la mañana deben ocuparse de sus niños, lavarlos, vestirlos, darles de comer y mandarlos al jardín o a la escuela. Luego deben ir a trabajar para ayudar en la manutención de la familia. En sus lugares de trabajo no pueden rezar para no robar tiempo por el que se les paga. El único lugar donde estas mujeres pueden rezar la Amidá es sentadas durante el viaje al trabajo, cabe preguntarse cómo es que deben conducirse.

Se puede decir que como hay juristas que opinan que la mujer puede cumplir con su deber de rezar mediante una breve plegaria es mejor que lo hagan recitando las bendiciones matinales y las de la Torá y no rece regularmente la Amidá sentada. También se puede argüir que dado que es una causa de fuerza mayor (anusá) puede rezar regularmente la Amidá sentada. Además, no es algo totalmente regular o permanente ya que en Shabat y días festivos o de vacaciones puede rezar de pie.

En la práctica, dado que hay argumentos en ambos sentidos cada mujer puede escoger cómo actuar. Si quiere rezar al Amidá a diario podrá hacerlo sentada en el viaje al trabajo. Si no, puede optar por cumplir con su deber mediante una breve plegaria. Quien duda respecto de sus posibilidades que se asesore con un rabino. En trenes u ómnibus especiales en los que hay espacios cómodos para estar de pie, a priori, puede rezar la Amida de esta manera (Peninei Halajá Tefilá 17:14).

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