06. El rezo en silencio.

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Del modo en cómo rezó Janá en Shiló, procurando ser respondida por HaShem y concebir un hijo, aprendemos varias halajot generales. Su rezo fue aceptado y pudo dar a luz a Shmuel, que sería el mayor de los profetas después de Moshé Rabenu de bendita memoria. Respecto de su plegaria leemos (Shmuel- libro de Samuel I 1:13): «Jana hablaba con su corazón. Sus labios apenas se movían mas su voz no podía oírse». Nuestros sabios dedujeron (Talmud babilonio Tratado de Berajot 31(A)) que «hablaba con su corazón» implica que quien reza debe concentrarse; «sus labios apenas se movían» implica que al rezar se deben mover los labios; «su voz no podía oírse» implica que no se puede levantar la voz durante la plegaria.

La Amidá tiene por cometido expresar ante D´s las aspiraciones más profundas del alma, por lo que no corresponde recitarla en voz alta y hacerla pública. Por otra parte, no se cumple con el deber de rezar pensando la plegaria únicamente, pues toda buena intención necesita tener una expresión concreta en este mundo para poder manifestarse y corregir el universo. Por lo tanto, incluso el precepto de rezar, que es el más interior y sutil de todos, precisa tener algún tipo de manifestación mediante la pronunciación de las palabras moviendo los labios.

Existen diferentes usanzas respecto de cómo rezar en silencio. Según la opinión de la mayoría de los juristas y algunos de los cabalistas, la plegaria debe ser audible únicamente al oído de la orante pero que no llegue a oídos de su vecina (Shulján Aruj 101:2, Mishná Berurá 5-6). En opinión de la mayoría de los cabalistas, el rezo es tan profundo e interior que no debe ser audible siquiera al oído del orante, sino que simplemente los labios deben pronunciar las palabras (Kaf HaJaím 101:8). Es correcto que cada persona se conduzca conforme a la tradición de sus padres o de la manera que le permita una mejor concentración.

A posteriori, si la mujer hizo oír su voz durante el rezo cumplió con su deber. Por lo tanto, si a una mujer le cuesta concentrarse en absoluto silencio, de estar rezando sola donde no molesta a nadie, puede hacerlo en voz alta para así concentrarse mejor (Shulján Aruj 101:2). Sin embargo, tampoco en esa circunstancia habrá de elevar mucho su tono de voz ya que quien lo hace es considerado o se asemeja a los falsos profetas que pensaban que su dios es deficiente auditivo y es menester gritarle para que oiga (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 24(B)).

Hay pasajes de la Amidá durante los Días Solemnes (Rosh Hashaná y Yom Kipur)  en los que se acostumbra a elevar un poco el tono de voz y no se teme que una orante moleste a otra, ya que en estos días se reza leyendo de un Majzor (Shulján Aruj 101:3). De todas maneras es mejor recitar esos pasajes en voz baja.

En las demás secciones del servicio tales como las bendiciones del recitado del «Shemá» o los cánticos de alabanza, que no son tan interiores y profundos como la «Amidá», todos los juristas coinciden que la plegaria pronunciada por la orante debe ser audible a sus oídos y se permite elevar un poco el tono de voz.

A posteriori, si marcó las palabras con sus labios sin emitir sonido alguno cumplió con su deber mas si leyó las palabras para sí sin mover los labios no cumplió.

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