03. Pararse con los pies juntos.

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La Amidá es especial en cuanto a que requiere ser recitada de pie. Estar de pie expresa la completa disposición de la persona a rezar, de pies a cabeza. Además, esta posición implica tanto el estremecimiento como el temor reverencial de quien se presenta ante el Rey del Mundo. Por lo tanto, a la hora de rezar la Amidá, es importante no recostarse o apoyarse, pues quien lo hace manifiesta que su temor no es completo. En caso de gran necesidad, por ejemplo, si la mujer está agotada y necesita apoyarse en algo, que lo haga mínimamente de modo tal que si el soporte en cuestión fuese abruptamente retirado, la persona no se caería. De esta manera, aunque la persona no está parada con una actitud de temor, igualmente se la considera que está de pie (Shulján Aruj 94:8, Mishná Berurá 22).

Se deben unir ambos pies hasta que parezcan uno solo, ya que las piernas separadas ponen al descubierto la materialidad del hombre y su vertiginosa carrera tras las cuestiones mundanas. Cuando los cohanim (sacerdotes del Templo) subían hacia el altar de sacrificios lo hacían con pasos muy medidos (“talón contra dedo pulgar”). De la misma manera, nosotros no nos paramos a rezar con pies separados. Además, unir los pies expresa la unión de todas nuestras fuerzas físicas y su anulación ante Él, mostrando así que sólo tenemos una voluntad y es presentarnos ante El Eterno y rezarle. Nuestros sabios aprendieron esto de los ángeles, tal cual está escrito (Iejezkel – Ezequiel 1:7): “Y sus pies eran pies derechos”, esto es, que los pies estaban juntos al punto que parecían ser uno solo (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 10(B), Talmud Jerosolimitano Tratado de Berajot 1:1, Maharal Netiv Haavodá 6).

Se deben unir los pies en toda su longitud para que se vean lo más posible como un solo pie y no como hacen algunas personas que unen solamente los talones (Shulján Aruj 95:1, Talmidei Rabenu Ioná). A posteriori, si alguien rezó con los pies separados igualmente cumplió con su deber (Mishná Berurá 1, Kaf HaJaím 2). Una mujer a la que se le dificulta unir sus pies  que los una lo máximo que pueda.

Una persona enferma que no puede ponerse de pie habrá de rezar sentada, si tampoco puede permanecer sentada podrá rezar acostada (Mishná Berurá 94:27, Kaf HaJaím 34).

Quien se ve en la necesidad de rezar sentada o acostada, deberá intentar unir sus pies y contraerse un poco en los pasajes que requieren cierta inclinación. En el caso de quien está sobre una silla de ruedas, al finalizar el rezo que retroceda con esta la distancia equivalente a los tres pasos finales con los que la persona se despide de la plegaria (según Ramá 94:5).

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