04. La postura del cuerpo y las manos.

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Quien reza debe inclinar un poco su cabeza de modo tal que sus ojos apunten hacia abajo en señal de humildad, y así pueda imaginar que se encuentra en el sagrado Templo de Jerusalém y dirigir su corazón al cielo (Talmud Babilonio Tratado de Ievamot 105(B), Shulján Aruj 95:2).

Los cabalistas elogiaron a quien reza con los ojos cerrados, pero, a priori quien reza mirando el Sidur actúa correctamente. Muchos de los sabios de las últimas generaciones recomendaron rezar mirando el Sidur, ya que de esta manera es más fácil concentrarse (Mishná Berurá 95:5, Kaf HaJaím 9:10, ver Beur Halajá en el párrafo que inicia con las palabras המאמ»ר).

Respecto de la postura de las manos, el Rambám indicó (Hiljot Tefilá 5:4) colocar las manos cruzadas sobre el corazón, derecha sobre izquierda, con temor y reverencia, cual siervo delante de su amo. El Shulján Aruj (95:3) y  Kavanot Haarí (Kaf HaJaím 95:12) indicaron lo mismo. Muchos son de la idea de que la postura de las manos depende de la costumbre del lugar, siendo que donde vivía el Rambám esta era la postura habitual paras presentarse ante reyes o visires, empero en otros lares la costumbre era diferente. Por ejemplo, en los países europeos acostumbraban a pararse de brazos cruzados y en los países árabes con las manos tras la espalda en señal de que no disponen de sus manos, a menos de no mediar el permiso de quien se encuentra en frente (Maharí Abuhav, traído por el Beit Iosef, Mishná Berurá 95:6). Según esto, en nuestros días, además de la postura indicada por Rambám, el orante  se puede parar con los brazos pegados a ambos lados del cuerpo o apoyados sobre el «Stender» o sobre el Sidur ya que todas estas posturas se consideran respetuosas. Empero no se habrá de rezar con las manos en los bolsillos o sobre las caderas pues esta no es la forma apropiada de pararse ante personas importantes u honorables.

Muchas acostumbran a balancearse durante el rezo. Rabí Moshe Iserles (Ramá) escribió (Oraj Jaím 48, Mishná Berurá 95:7) que así se debe actuar, a priori, a los efectos de manifestar la emoción y el temblor que deben apoderarse de la orante y para que de esta forma todo el cuerpo participe del rezo, tal como dice el versículo (Salmos 35:10): «Todos mis órganos dirán, Oh Eterno, quién es como Tú». Por su parte, Rabí Ieshaiahu Horowitz (Shlá) escribió que la orante no se debe balancear durante el rezo sino que por el contrario debe recitar la Amidá sin moverse pues esto facilita la concentración. Además, considera que no es respetuoso pararse y balancearse. Si alguien se presenta ante un rey de carne y hueso y comienza a balancearse sería inmediatamente retirado de la corte, por lo que esta práctica tampoco se debe aplicar al rezo. Según el Rav Horowitz, balancearse es correcto durante el estudio de la Torá o mientras se recitan alabanzas, mas durante la Amidá, en la que nos paramos delante del Rey y se trata de una plegaria profunda e íntima, no corresponde balancearse en lo más mínimo. Sólo los labios deben moverse (Shlá- Masejet Tamid Ner Mitzvá). Dado que cada tradición o usanza tiene en quien apoyarse, que cada quien rece de la manera que mejor facilite su concentración (Maguén Abraham, Mishná Berurá 48:5, Kaf HaJaím 48:7-8).

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