05. La anulación del jametz y su eliminación

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01. La anulación del jametz de noche y de día

Tal como ya aprendimos (arriba 3:4) se cumple con el precepto de cesar el jametz de dos maneras: mediante la acción práctica y mediante el pensamiento. El orden para la cesación del jametz consiste en cuatro pasos: la revisación del jametz y posteriormente su primera anulación que se lleva a cabo en la noche del 14 de Nisán, la eliminación del jametz al día siguiente y su posterior segunda anulación. Habiendo ya estudiado las halajot de la revisación del jametz pasemos a estudiar las correspondientes a su anulación.

Inmediatamente después de la revisación eliminamos el jametz de manera espiritual mediante la anulación.  A los efectos de simplificar esta labor se redactó un formato de anulación en idioma arameo pues fue compuesto en un tiempo en el cual las grandes masas judías entendían únicamente esta lengua.

Este es el formato de la anulación (versión ashkenazí): «Kol jamira Vejamía Deika Birshutei, Deló Jazitei Udeló Biartei, Livtil Ulehavei Hefker Keafra Deara», que puede también ser recitado en hebreo: «Kol Jametz Useor Sheiesh Birshutí, Sheló Reitiv Usheló Biartiv, Ibatel Vihié Keafar Haaretz» («Todo leudo o levadura que se encuentre en mi posesión y no lo haya visto y no lo haya eliminado que sea anulado y se transforme en polvo de la tierra»)  (En la versión sefaradí se recuerda solamente el jametz pues este incluye a la levadura. Asimismo, se recuerda solamente la cuestión de la anulación pues esta incluye la renuncia a su propiedad, ver Jazón Ovadiá p. 32).

Tras la eliminación práctica del jametz que tiene lugar en la mañana del día 14 de Nisán (tal como se vio en la halajá 3) este vuelve a ser anulado. Si bien ya fue anulado el 14 por la noche tras la revisación, esta primera anulación se refiere a aquel jametz que pasó desapercibido o que no se encontró al revisar, mientras que el jametz que se tiene la intención de ingerir en la cena y en el desayuno no se puede anular pues es de importancia para nosotros. Además, el jametz que encontramos tampoco es anulado porque tenemos la intención de cesarlo a la mañana siguiente mediante su quemado. Más aun, si tuviésemos la intención de anular por la noche el jametz que habremos de comer por la mañana esta sería una demostración de que en realidad se trató solamente de un formalismo y por lo tanto resultó inútil. Es así como en la noche anulamos únicamente el jametz que no logramos encontrar en la revisación y no aquel que guardamos para las comidas faltantes y para lo que será quemado. Dado que es posible que hayamos pasado por alto u olvidado parte de este jametz, lo volvemos a anular por la mañana para no incurrir en las prohibiciones de haber poseído y haber visto el jametz que poseemos. Es necesario tener el cuidado de anular el jametz hasta el final de la quinta hora, pues al entrar la sexta pasa a estar prohibido obtener beneficio de este y ya no es posible anularlo (Shulján Aruj Oraj Jaím 434:2).

El formato de la anulación de la mañana es levemente diferente al de la noche, pues en este último se anula solamente el jametz que no se encontró en la revisación, mientras que en el matutino se anula todo el jametz por completo. Este es el texto de la anulación de la mañana: «Kol Jamirá VaJamiá Deika Birshutei, Dejazitei Udeló Jazitei, Debiartei Udeló Biartei Libtil Ulehavei Hefker Keafra Deara«. Su traducción al hebreo es: «Kol Jametz Useor Sheiesh Birshutí, Shereitiv Ushelo Reitiv, Shebiartiv Usheló Biartiv, Ibatel Vihié Keafar Haaretz» («Todo leudo o levadura que se encuentra en mi posesión, si lo vi o si no lo vi, si lo eliminé o si no lo eliminé, que sea anulado y se transforme en polvo de la tierra»).

02. La significación de la anulación del jametz

La versión de la anulación del jametz que mencionamos está en la lengua aramea pues fue redactada en un tiempo en el cual la mayoría del pueblo entendía esa lengua, empero se puede recitar en hebreo o cualquier otro idioma y lo más importante es que su contenido sea comprendido. Quien recitó la versión aramea y no entendió su significado general que es la anulación del jametz, y pensó que se trata de un rezo previo a Pesaj – no anuló su leudo (Mishná Berurá 434:9).

Respecto del significado de la anulación del jametz hay dos interpretaciones: según Rashí y Rambán el ser humano tiene la posibilidad o capacidad de anular el jametz. Esta normativa es singular a este producto, pues según la Torá, el jametz en Pesaj no tiene valor ni recibe consideración alguna ya que está prohibido obtener cualquier beneficio de este, y por lo tanto es comparable al polvo de la tierra. Sin embargo, para una cuestión tiene todavía importancia y es que si se queda en la casa se trasgrede las prohibiciones de poseer y ver el jametz que se posee («Bal Ieraé Ubal Imatzé»), empero si su dueño lo anuló antes del inicio de la prohibición, resulta que actúa conforme a la opinión de la Torá según la cual basta con la anulación y, por lo tanto, aunque le quede algún resto no trasgredirá con este prohibición alguna.

Los autores de las Tosafot entendieron que la anulación es válida ya que por su intermedio el jametz deja de ser propiedad de la persona que lo anula y nuestros sabios ya explicaron que la prohibición de ver jametz se aplica a aquel que es de nuestra propiedad, pero aquel que no nos pertenece podemos verlo. Por lo tanto, es claro que quien renunció a su propiedad sobre el jametz ya no habrá de trasgredir por poseerlo o verlo. Resulta entonces que para la primera línea interpretativa la anulación está dirigida al jametz propiamente dicho, mientras que para la segunda la anulación va dirigida a la persona que se aparta del mismo.

En la versión ashkenazí se toma en cuenta ambas interpretaciones, por lo que se mencionan tanto la anulación como la renuncia a la propiedad. En la versión sefaradí se recuerda únicamente la anulación que incluye la renuncia a la propiedad, pues al ser anulado implícitamente cesa el vínculo de pertenencia (arriba halajá 1).

03. Reglas referentes a la anulación del jametz

Según la opinión mayoritaria de los juristas medievales (Rishonim), la base de la norma no requiere que se recite el formato de la anulación sino que es suficiente con anularlo “con su corazón” (para sus adentros), esto es, aceptar en el pensamiento que el jametz está anulado y se lo considera polvo de la tierra. Empero, a priori es necesario anular el jametz verbalmente para que de esta forma el procedimiento sea claro y explícito. Además, muchos de los juristas medievales (Rishonim) consideran que la anulación debe ser expresada verbalmente. Todos coinciden en que la anulación no precisa ser declarada delante de otros, sino que alcanza con que la persona la recite para sí misma y hay quienes lo hacen frente a su familia para recordarles que deben cumplir con el precepto.

La anulación del jametz debe ser hecha con plena aceptación y corazón íntegro (de buena gana), esto significa que la persona debe estar de acuerdo con que el jametz en cuestión será nulo para ella y que no lo habrá de usar pasado Pesaj. Sin embargo, si tiene intención de emplearlo después de pasada la fiesta su anulación no es válida y trasgrede por el jametz poseído y visto (“Bal Ieraé Ubal Imatzé”). Incluso si se desentiende de su jametz en un sitio público deberá de pensar en no volver a obtenerlo después de Pesaj pues si no su renuncia a la propiedad no es completa (Mishná Berurá 445:18).

Tal como vimos anteriormente (arriba 3:4), según la Torá la anulación es suficiente para cesar el jametz, y aunque a la persona le haya quedado una importante cantidad de este puede igualmente anularlo y de esa manera no trasgrede las prohibiciones de poseer y de ver su jametz (“Bal Ieraé Ubal Imatzé”). Esto es así siempre y cuando la anulación sea completa y la persona asuma que nunca más volverá a disfrutar del jametz. Empero, nuestros sabios temieron que esta anulación no sea íntegra o completa por lo que instituyeron que se elimine el jametz de la casa. Sin embargo, a posteriori, si una persona olvidó eliminar el jametz de su hogar y llegó la víspera de Pesaj y se encuentra lejos de este, alcanzará con que lo elimine y ni bien regrese deberá quemarlo de inmediato. Incluso si llega a su casa en vísperas de Pesaj deberá eliminarlo pues de no hacerlo, demostrará retroactivamente que su anulación no fue sincera (Shulján Aruj 448:5, Mishná Berurá 25).

La norma permite anular el jametz mediante un enviado o representante (“Shelíaj”), empero, a priori es preferible que el dueño lo anule por sí mismo, pues hay quienes consideran que sólo este puede hacerlo (Shulján Aruj 434:4, Mishná Berurá 15).

04. La costumbre de eliminar el jametz quemándolo

Tal como ya aprendimos, además de realizar la anulación mediante el pensamiento nuestros sabios dispusieron que eliminemos en la práctica todo aquel jametz que sobró después del desayuno del 14 por la mañana junto al que se encontró en la revisación la noche anterior (y las diez migajas). Según la norma se lo puede eliminar de diferentes formas: desmenuzarlo y arrojarlo al viento o al mar o al río (Shulján Aruj 445:1); se lo puede estropear vertiéndole detergente o hipoclorito de sodio antes de que entre en vigor la hora de la prohibición y de esa manera transformarlo en no comestible hasta para un perro, y en ese caso, al no ser ya considerado como jametz no es necesario eliminarlo (ídem 442:9). También se lo puede eliminar del hogar renunciando a su posesión colocándolo en un espacio público antes de que llegue el horario de la prohibición o arrojándolo al inodoro eliminándolo así de la casa al bajar el agua (Mishná Berurá 445,18).

Sin embargo, el sagrado pueblo de Israel acostumbró a cumplir este precepto con excelencia eliminando el jametz mediante su quema, pues nada lo anula mejor que la incineración, y además hay quienes consideran que el precepto de cesar el jametz se cumple específicamente por este medio.

Quienes deseen cumplir el precepto con excelencia deberán anular el jametz con posterioridad a su quema, pues de hacerlo antes de esta el jametz ya no se considerará como propio y no podrá cumplir con la eliminación incinerándolo. Sin embargo, es necesario tener la precaución de que tras el incinerado quede tiempo para la anulación, pues si se llega al final de la quinta hora ya no será posible anularlo (como se vio arriba 3:6). Una vez que se alcanzó a quemar un “kazait” del jametz se cumplió ya con excelencia con la eliminación y se puede recitar la anulación.

Hay quienes son meticulosos en la quema y no vierten el combustible inflamable sobre el jametz sino sobre los leños, para que la eliminación efectiva sea mediante la quema y no se transforme en no apto para consumo canino antes de incinerarse.

05. El jametz en el bote de la basura

En la mañana del 14 se despierta el interrogante de qué ocurre con el jametz que es arrojado a la basura, ¿acaso también es necesario quemarlo?

Si el bote de basura pertenece a un judío o se encuentra en un patio de su propiedad, a priori es necesario arrojar sobre el jametz hipoclorito de sodio o cualquier otro producto que lo estropee hasta que se torne no comestible para un perro. En caso de necesidad, por cuanto que al jametz arrojado a la basura se lo considera repulsivo no es necesario estropearlo más pues ya está eliminado en virtud de su carácter desagradable.

Si el bote de la basura es propiedad municipal y se encuentra en el dominio público, quien arrojó allí el jametz antes del horario en que comienza la prohibición no precisa eliminarlo. Tampoco el municipio precisa eliminar este jametz ya que a priori no tienen interés alguno en adquirirlo, sino que toda su intención es levantar la basura y transportarla al basurero.

06. Jametz que es encontrado tras el inicio de la prohibición

Quien encuentra jametz en su posesión después del mediodía del día 14 debe eliminarlo de inmediato. Y en caso de haberse olvidado de eliminarlo, según la Torá deberá hacerlo de inmediato. A priori es preceptivo eliminar el jametz mediante el quemado, y si lo desea podrá eliminarlo por otros medios como desmenuzarlo bien y arrojarlo al viento o desmenuzarlo levemente arrojarlo al inodoro y bajar el agua. Empero si lo arroja a un sitio público es como si no hubiera hecho nada y la eliminación no tuvo efecto.

Si bien antes del inicio de la sexta hora todavía es posible renunciar a la posesión de jametz y colocarlo en un sitio público para de esa manera quedar exento del deber de eliminarlo, tras comenzar ésta pasa a estar prohibido tener beneficio del jametz y ya no hay posibilidad de deshacerse de él ni de las prohibiciones que este acarrea salvo malográndolo por completo.

Y aunque entonces se transforme al jametz en no comestible para un perro vertiendo sobre este algún producto que lo estropee, este no quedará eliminado ya que esta forma de eliminación -transformarlo en no comestible para un perro de modo tal que por no entrar en la definición de alimento tampoco se hace jametz y no recaen sobre este las prohibiciones- es válida únicamente antes de que entre en rigor las prohibiciones de la sexta hora.

Empero, si una vez que la prohibición entra en vigor y el jametz aun es considerado comestible, debe ser cesado por completo y no alcanza con estropearlo hasta transformarlo en no comestible para un perro. Por lo tanto, quien encuentra jametz en su posesión después de que la prohibición entró en vigor deberá quemarlo o desmenuzarlo y arrojarlo al viento o desmenuzarlo levemente y arrojarlo al inodoro pues de esa manera lo hace desparecer por completo. Este precepto se cumple con excelencia mediante la quema del jametz encontrado y estará prohibido obtener beneficio de la ceniza resultante.

Si se encuentra jametz en la casa en un día festivo o en Shabat – no se lo podrá quemar ni mover hasta el inodoro para arrojarlo por tratarse de “muktzé” (objetos que mantenemos apartados en Shabat). Por lo tanto, deberá taparlo con un recipiente para que no sea ingerido por error y ni bien salga el Shabat o la fiesta (Yom Tov) deberá quemarlo. Si esta misma persona también olvidó anular su jametz antes de Pesaj resulta que cada momento que este se encuentra en su posesión trasgrede dos prohibiciones. la de no poseer jametz y la de que este no sea visto (“Bal Ieraé Ubal Imatzé”). A los efectos de ponerse a salvo de estas dos trasgresiones de la Torá, muchos de los juristas consideran que se puede desmenuzar el jametz un poco y arrojarlo al inodoro permitiendo de esta manera trasgredir una norma rabínica como lo es “muktzé”, en aras de no trasgredir prohibiciones originadas en la Torá. Incluso en un caso como este hay juristas estrictos que consideran que no se debe quebrar la prohibición de “muktzé”, por lo que según ellos se deberá esperar hasta que concluya el Shabat y recién entonces eliminar el jametz (Mishná Berurá 446:6).

Respecto del recitado de la bendición: si bien quien encuentra jametz en Pesaj debe eliminarlo, lo hará sin recitar la bendición, pues la que recitó previo a la revisación recae sobre todo el jametz que debe ser posteriormente eliminado. Sin embargo, quien amasa en Pesaj y su masa leuda debe recitar la bendición al eliminarla pues este jametz no se encontraba en su posesión antes de Pesaj durante la revisación o la eliminación, por lo que la bendición entonces recitada no recayó sobre el nuevo leudo (ídem 435:5).

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