12 – El encendido de las velas de Januca.

1 – El precepto del encendido de las velas de Januca.

Nuestros sabios establecieron que encendamos velas los ocho días de Januca, días en los que el pueblo de Israel celebró y agradeció a D´s, Quien los ayudó a vencer a los griegos, liberar Jerusalém y purificar el Templo. Además, en estos días ardió milagrosamente el fuego en el candelabro del Santuario.

Si bien el encendido de las velas de Januca es un precepto rabínico recitamos la bendición: «Bendito eres Tú Señor Rey del Universo que nos consagraste con Tus preceptos y nos ordenaste el encendido de la vela de Januca». Aparentemente cabría inquirir ¿por qué decimos que ‘nos ordenaste’ si el precepto no aparece en la Torá escrita, sino que se trata de un precepto instituído por los rabinos? La respuesta radica, en que la Torá confirió autoridad a los sabios para que legislen preceptos, tal como está escrito (Deuteronomio 17:11): “De acuerdo con la Toráh que te hayan de enseñar y según el juicio que ellos te digan habrás de hacer; no te apartes -de la sentencia que te habrán de aclarar- ni a derecha ni a izquierda”. Además está escrito (Deuteronomio 32:7): “Recuerda los días de antaño, comprended los años de generación y generación, pregunta a tu padre y él te habrá de narrar, a tus ancianos, y ellos te habrán de decir” (Tratado de Shabat 23(A)). A los efectos de recordar y publicitar el milagro que hizo Dios para nosotros en días del Segundo Templo, nuestros sabios establecieron que encendamos velas los ocho días de Januca.

Las mujeres deben cumplir con la mitzvá al igual que los hombres, y si bien se trata de un precepto positivo marcado por el tiempo, y las mujeres suelen estar exentas de este tipo de preceptos, de todos modos, por cuanto las mujeres estuvieron involucradas en el milagro, deben realizar el encendido (Tratado de Shabat 23(A), empero se acostumbra que una mujer casada cumple con el precepto mediante el encendido de su marido).

Todas las reglas relativas al lugar y al momento que fijaron nuestros sabios respecto del encendido de las velas de Januca, tienen por cometido difundir el milagro. Por lo tanto, ordenaron encender las velas frente a la puerta de entrada o contiguo a la ventana que da a la vía pública para que los transeúntes las vean (como se especificará más adelante en el capítulo 13 incisos 1-3). Además, las velas deben encenderse inmediatamente después de la caída del sol, pues es la hora en la que la mayoría de la gente se puede percatar de ellas, pues por un lado oscurece y facilita el contraste, y por otra parte a esa hora, las calles aún están colmadas de personas que retornan a sus hogares tras finalizar la jornada laboral (se verá más adelante en el capítulo 13 inciso 4). Empero el publicitar el milagro no impide cumplir el precepto del encendido, y por eso un judío que vive solo en un sitio desierto, debe encender las velas de Januca, para recordar él mismo el milagro acaecido.

Este precepto es tan importante que aún un indigente debe pedir limosna o bien vender una prenda para poder adquirir las velas de Januca. Si bien la obligación de pedir limosna o vender una prenda no aplican a los efectos del cumplimiento de otros preceptos, (ver Ramá Oraj Jaím 656:1) en el caso de las velas de Januca el deber es publicitar el milagro, y por lo tanto la obligación es mayor. Empero el pobre no está obligado a cumplir el precepto con excelencia, y por eso alcanza con que encienda una vela por día (Shulján Aruj 671(1), Mishná Berurá 3, Aruj Hashulján 3 y ver en el Ramá 656:1, Beur Halajá que inicia con la palabra אפילו).

2- El número de velas y la costumbre de cumplir con dos grados de excelencia («mehadrín min hamehadrín»).

El precepto del encendido de velas de Januca, goza de un afecto popular especial. Normalmente existen dos niveles en el cumplimiento de mitzvot, el nivel básico y el cumplimiento con un nivel especial de excelencia («lemehadrín»). Sin embargo, en el encendido de las velas de Januca, existen tres niveles de cumplimiento: 1) el básico, 2) el nivel con un grado de excelencia y 3) con dos grados de excelencia. Aun así, el Pueblo de Israel ha acostumbrado a cumplir el precepto en su nivel más alto.

El deber básico es, que en cada hogar se encienda cada día una vela para todos los miembros de la familia y mediante esta vela se recuerda y se publicita el milagro. Con un grado de excelencia (mehadrín) implica que se enciende en cada hogar cada día una vela por cada miembro adulto de la familia. Si el núcleo familiar cuenta con cuatro miembros adultos se encienden cada día cuatro velas y de esta manera se expresa la participación de todos y cada uno en el cumplimiento del precepto.

El segundo grado de excelencia en el cumplimiento («mehadrín min hamehadrín»), implica que se encienden velas de acuerdo al número de días de la fiesta, suscitándose aquí una discusión famosa entre los discípulos de Hilel y los de Shamai. Los discípulos de Shamai opinaban que el primer día se debían encender ocho velas, y de aquí en adelante se reducía el número hasta que el último día se encendía solamente una vela. De acuerdo a este método, se encienden velas según el número de días de fiesta que restan por celebrar. Los discípulos de Hilel opinaban que el primer día había que encender una vela solamente y de ahí en más se iba agregando una cada día, de acuerdo al número de días festivos que ya pasaron. De esta manera el primer día se encendía una vela y el octavo ocho, expresando el aumento gradual de la intensidad en el milagro, pues cada día en que la menorá era encendida de esa pequeña jarra inicial de aceite el milagro era más notorio. Además, de esta manera se va aumentando en santidad de manera tal que el octavo día, se llega al grado más elevado con el encendido de ocho velas (Tratado de Shabat 21(B)). El pueblo de Israel todo acostumbró a encender con dos niveles de excelencia, «mehadrín min hamehadrín» según la opinión de los discípulos de Hilel (Shulján Aruj Oraj Jaím 671(2)).

En la práctica se enciende un total de treinta y seis velas en ocho días. Además, es costumbre encender todos los días una vela extra, el «shamash» o vela utilitaria, a los efectos de que si se necesita luz, se use esa vela, ya que está prohibido obtener provecho de las velas de Januca. Empero el «shamash» está separado del resto de las velas, ya que la lógica de cumplir el precepto con dos grados de excelencia, es que se note con claridad el número exacto de candelas que corresponde al día específico, pues así se expresa el carácter «in crescendo» del milagro (se verá más detalladamente en los incisos 10 y 11).

3 – La costumbre de los sefaradim.

En la aplicación práctica del precepto con dos grados de excelencia se desarrollaron dos tradiciones diferentes. Según la tradición sefaradí el quid de la excelencia en el cumplimiento del precepto radica en que el número de velas equivalga al número de días y por lo tanto aunque en el hogar haya muchos hijos, solo un miembro de la familia enciende en la «janukiá» el número de velas correspondiente al número de días festivos pasados. El primer día enciende una vela, el segundo dos y así sucesivamente hasta que el octavo enciende ocho. Esto se debe a que el objetivo del encendido es comunicar el número de días que el milagro duró y de esta manera se torna más claro a quien ve la “janukiá” encendida. Según esta idea, si cada miembro de la familia encendiese sus velas contiguas a la puerta de entrada o la ventana, se verían muchas velas juntas y se dificultaría el conteo. Y como según esta tradición cada hogar enciende un solo juego de velas, corresponde que la persona mayor de la casa las encienda en representación de todos.

Si los niños quieren encender velas se les puede dar una “janukiá” propia para que lo hagan, siempre que haya separación entre ellas. En este caso, para la mayoría de los sefaradim no se deberá recitar la bendición por ser ésta innecesaria. Nuestro Maestro y Rabino Mordejai Eliahu de bendita memoria ordenó que los niños hasta la edad de “bar mitzvá” están autorizados a recitar la bendición. Según el Rabino Shalom Mashash de bendita memoria, también los mayores de trece años que quieran encender su propia «janukiá» y recitar las bendiciones correspondientes, al encender su padre las velas del hogar, tienen que poner la intención de no cumplir con el precepto y de esa manera pueden encender luego la suya propia recitando las bendiciones correspondientes (Yalkut Shamash Oraj Jaím 192).

4 – La costumbre de los Ashkenazim: hombres, mujeres y niños.

Según la tradición ashkenazi para cumplir con el precepto del encendido de velas de Januca con dos grados de excelencia (“mehadrín min hamehadrín”), es menester que cada miembro de la familia encienda su propia “janukiá” y recite las bendiciones correspondientes, de tal manera que el primer día cada quien enciende una vela y el octavo día enciende ocho. Según esta tradición no se teme que se confunda el número de días, pues cada “janukiá” debe estar prudentemente separada de las otras.

Niños que alcanzaron la edad de seis años, edad en la que se les debe iniciar en la enseñanza del recitado de bendiciones («jinuj»), encienden velas y recitan las bendiciones correspondientes, ya que pueden comprender la historia del milagro y la razón del encendido.

Las mujeres casadas acostumbraron a no encender velas, cumpliendo el precepto mediante el encendido de sus maridos, ya que se considera que «su mujer es como su propio cuerpo», y por ende se puede considerar a los cónyuges como una misma persona. En muchos hogares se acostumbró también, a que niñas que llegaron a la edad de seis años y las adolescentes no enciendan velas. De todas maneras, si quieren encender, pueden hacerlo con el recitado correspondiente de bendiciones. Consideramos positivo incentivar a las niñas mayores de seis años, a encender velas de Januca por lo menos hasta la mayoría de edad (a los doce años), pues esto ayuda a conectarlas con la Torá y los preceptos. Si después de cumplidoa esta edad quieren seguir encendiendo, serán bendecidas. En el caso de una mujer casada cuyo marido enciende velas, si ella quiere además encender las suyas propias, a pesar de que la costumbre indica que ya cumple con las de su cónyuge, puede encender recitando las bendiciones.

5 – Las bendiciones y el cántico «Hanerot Halalu» («estas velas que encendimos»)

Nuestros sabios dispusieron que recitemos dos bendiciones previas al encendido de las velas de Januca para que nos concentremos en los dos elementos contenidos en el precepto. La primera bendición es por el precepto: «Bendito eres Tú Señor Rey del universo que nos consagraste con Tus preceptos y nos ordenaste el encendido de la vela de Januca» . La segunda bendición es un agradecimiento por los milagros que hizo D´s a nuestros ancestros en los días de Januca, y nuestros sabios dispusieron que se recite en el momento mismo del encendido, ya que las velas tienen por cometido recordar las maravillas acaecidas y su significado. La segunda bendición reza así: «Bendito eres Tú Señor Rey del universo que obró milagros a nuestros ancestros en aquellos días en este tiempo». El primer día de Januca se agrega la bendición de «Shehejeianu», con la que agradecemos a D´s que nos permitió llegar con vida al cumplimiento del precepto del encendido de las velas de Januca.

Inmediatamente después de concluído el recitado de las bendiciones, se procede a encender las velas y no puede haber interrupción entre el recitado y el encendido por lo que está prohibido hablar hasta que se terminó de encender. Tras el encendido de la primer vela se acostumbra a recitar «Hanerot halalu» (texto originado en el Tratado de Sofrim 20:6) y junto con el recitado se termina de prender el resto de ellas. Y si bien aún no se terminaron de encender todas el recitado de «Hanerot Halalu» no se considera una interrupción ya que vimos anteriormente que el precepto en sí se cumple con el encendido de una sola vela y las demás son para cumplir el precepto con mayor excelencia. Por lo tanto, si bien a priori está prohibido conversar hasta el final del encendido de todas las velas, «Hanerot Halalu» es un texto que explica la razón del precepto, por lo que corresponde recitarlo mientras se encienden. Empero a quien se le dificulte recitar y encender al mismo tiempo, puede posponer el recitado hasta el final del encendido (ver Mishná Berurá 676:8, Mishbetzot Zahav 5).

Además de las bendiciones previas y el recitado de «Hanerot Halalu» durante el encendido, hay quienes acostumbran a recitar la fórmula de los sabios de la Cabalá «Leshem Ijud», previo a las bendiciones, para aumentar la intención y la concentración en el cumplimiento del precepto.

Es menester encender correctamente cada vela, hasta que el fuego arda establemente en la mayor parte de la mecha, evitando la práctica de aquellos que pasan a la vela siguiente cuando la primera aún no arde (Beur Halajá 673:2 en el párrafo que inicia con la palabra «hadlaká» הדלקה).

6 – La participación de los miembros de la familia en el cumplimiento del precepto.

Se debe procurar que todos los miembros de la familia se reúnan para el encendido de las velas de Januca a los efectos de que escuchen el recitado de las bendiciones, respondan «Amén» y vean el encendido. Además de que la reunión familiar sirve al propósito de la publicitación del milagro y honrar el precepto, es necesaria para que puedan cumplir con el precepto quienes no recitan la bendición por su propia cuenta, como las mujeres que cumplen mediante el encendido del marido, o los niños mediante el encendido del padre. Esto se debe a que hay quienes opinan que quien cumple el precepto mediante el encendido de otra persona debe escuchar el recitado de la bendición para cumplir con el deber de agradecer a D´s por el milagro. De acuerdo a la opinión de Maimónides y Rashí si no escuchó las bendiciones, al ver las velas encendidas en su propia casa o en otro sitio, deberá recitar la segunda bendición «que hizo milagros a nuestros ancestros». Según la opinión de Rashbá y de Ran dado que ya cumplieron con el precepto mediante el encendido del padre de familia, si bien no escucharon el recitado de las bendiciones no necesitan bendecir “que hizo milagros a nuestros ancestros” al ver las velas encendidas. En la práctica, como esto está bajo discusión no se recita la bendición (Shulján Aruj 676:3), pero en principio, a los efectos de cumplir con el precepto según la opinión de todos los juristas quien no enciende y recita las bendiciones por sí mismo debe de escucharlas y responder “Amén”.

Por lo tanto, toda persona que cumple con el precepto mediante el encendido de otra persona, como es el caso de la esposa que cumple con el encendido de su marido, o hijos que cumplen mediante el encendido del padre, deben estar presentes para oír las bendiciones y responder «Amén». En caso de que no puedan estar presentes en sus hogares a la hora del encendido, deben procurar cumplir con el precepto de modo presencial en otro sitio, tal como un hogar de familia o la sinagoga.

7 – Las velas.

Todos los aceites y todas las mechas son aptos para el encendido de las velas de Januca, incluídos aquellos que se descartan para el encendido de velas de Shabat. Esto se debe a que en el caso de las velas de Shabat, que tienen por objetivo iluminar el hogar, algunos aceites o mechas se prohíben por temor a que den una luz muy tenue que lleve a las personas a mover las velas para mejorar su iluminación y así profanar el Shabat. Pero en el caso de las velas de Januca no tenemos derecho a sacar provecho de las mismas, por lo que cualquier aceite y cualquier mecha que logren mantenerse encendidos por media hora son aptos para el cumplimiento del precepto.

Cuanto más y mejor ilumine la vela, mayor es la excelencia en el cumplimiento del precepto, pues el milagro se publicita más. Es así que muchos acostumbran a encender velas de sebo o parafina que dan una luz fuerte y bonita, mientras que muchos de los sabios de las últimas generaciones sostienen que es aún mejor encender velas con aceite de oliva, ya que su luz es diáfana y además recuerda el milagro del aceite.

Las velas de Januca precisan de material ígneo que asegure que se mantengan encendidas media hora ya que los sabios dispusieron que deban arder desde el final de la puesta del sol hasta que la gente deja de caminar por el mercado, y este lapso se calcula que es de una media hora. También cuando se encienden velas dentro de la casa, éstas deben arder por media hora y quien dispone de poco aceite o velas pequeñas que alcanzan para que ardan menos tiempo habrá de encenderlas sin recitar las bendiciones.

8 – Lámparas eléctricas.

Tras el descubrimiento de la electricidad, surgió el interrogante de si es posible encender velas de Januca con focos eléctricos. De hecho, la opinión de la mayoría de los juristas, es que no se cumple con el precepto con lámparas eléctricas, ya que no se consideran velas y no tienen ni aceite ni mecha. Además, por cuanto que su luz es muy fuerte, pueden ser consideradas antorchas y no velas. El Rav Kuk -de bendita memoria- escribió que dado que la electricidad no se había aún descubierto en los días en que los sabios establecieron el precepto, no se puede considerar a los focos como uno de los aceites o mechas permitidos (Mitzvot Raiá Oraj Jaím 673).

Sin embargo, en lo referente a las velas de Shabat, la mayoría de los juristas opinan que en caso de necesidad, se puede cumplir con el precepto y recitar la bendición correspondiente, con el encendido de lámparas eléctricas, pues el cometido principal de las velas sabáticas es iluminar. Por el contrario, las velas de Januca tienen por cometido recordar el milagro y por lo tanto corresponde que sean similares a las que ardieron en el Templo. La lámpara eléctrica no se parece a una vela y por lo tanto no es apta para el encendido en Januca.

Sin embargo, en caso de que la persona carezca de una vela apta, puede encender un foco eléctrico sin recitar bendiciones y de esa manera recuerda el milagro, y según la opinión de algunos sabios inclusive cumple formalmente con el precepto.

Hay quienes acostumbran a emplazar «janukiot» grandes en sitios públicos y encienden lámparas eléctricas que se divisan desde lejos, y si bien no se cumple de esta manera con el precepto dispuesto por nuestros sabios, tiene la virtud de que publicita el milagro de Januca.

9 – El precepto del encendido.

El precepto es encender y no que las velas estén encendidas y así es que nuestros sabios establecieron la letra de la bendición: «…que nos ordenaste encender la vela de Januca». Por lo tanto si alguien encendió velas que pueden arder por media hora y por error son derribadas y se apagan antes de la media hora, no está obligado a volver a encenderlas pues ya cumplió con el precepto del encendido. Incluso si alguien prendió velas de un material de baja calidad que se sospecha puedan extinguirse antes de tiempo, por cuanto que normalmente arden media hora, cumplió con su deber. Sin embargo, los sabios de las últimas generaciones ordenaron que si las velas se apagan antes de tiempo es bueno volver a encenderlas para que ardan la media hora que dispusieron nuestros sabios (Shulján Aruj 673:2, Mishná Berurá 27).

Si encendió las velas en un sitio en el cual no van a poder mantenerse encendidas por media hora, como es el caso de un lugar ventoso, y efectivamente las encendió y se extinguieron antes de este lapso, se considera que no cumplió con el precepto del encendido, pues a priori, las velas estaban destinadas a arder menos del tiempo reglamentario. Según la mayoría de los juristas, debe volver a encenderlas recitando las bendiciones, aunque en la práctica las ha de volver a encender sin recitarlas pues se trata de un caso de duda y la regla general es que «en caso de duda en el recitado de bendiciones se aplica el criterio más flexible».

Tal como dijimos, el precepto es el encendido de las velas y no el ponerlas en un lugar preestablecido, por lo tanto, en el caso de que una vela esté ardiendo desde antes del horario de encendido en un sitio apto para este, no se cumplió con el deber pues no se encendió para cumplir con el precepto. Incluso si se eleva el candelabro ya encendido, y se lo vuelve a colocar en su sitio con el propósito de cumplir la mitzvá, no ha cumplido con ello, sino más bien deberá apagar y volver a encender con la intención de cumplir y no hay necesidad de alzar el candelabro o moverlo de lugar (Tratado de Shabat 23(A), Shulján Aruj 675:1).

Se deben encender las velas en el sitio correcto, e incluso en el caso de un enfermo que no puede levantarse de la cama no se le permite encender las velas junto a ella para luego trasladarlas a su ubicación final. En un caso así el enfermo podrá recitar las bendiciones y otra persona encenderá las velas en su sitio correcto (Ben Ish Jai, Vaieshev 6). Si dejó el candelabro con las velas cerca de la ventana, pero se olvidó de acercarlas al vidrio previo al encendido, puede acercarlas una vez ardiendo, para que los transeúntes las puedan ver bien.

10 – La prohibición de sacar provecho de las velas.

Está prohibido obtener beneficio de las velas de Januca tanto se trate de provecho en temas prosaicos, como contar monedas a la luz de la «janukiá», como de provecho para temas de santidad, como usar su luz para estudiar. Esto se debe a que las velas están consagradas al precepto de Januca y así como estaba prohibido sacar provecho de las velas de la menorá en el Templo lo mismo aplica para las de esta festividad que se encienden en recuerdo de las del Templo. Además, las velas están destinadas a publicitar el milagro, y si se hace uso de su luz, parecería como que las encendió con otra finalidad (Shulján Aruj 673:1).

Está prohibido utilizar el sobrante del aceite que se empleó para el encendido de velas de Januca, pues estaba destinado al cumplimiento del precepto. La solución ideal es que pueda utilizar el resto en los días subsiguientes de Januca, y en caso de que el mismo sea inutilizable para el encendido o que la fiesta ya se acabó, deberá encender un fuego y quemarlo (Shulján Aruj 677:4, Mishná Berurá 18); o puede verterlo en la pileta de la cocina y las mechas sobrantes tirarlas a la basura. En el caso de velas que sobraron en el paquete o el aceite que sobró en la botella, son aptos para todo uso.

Si comenzó a encender las velas y la de ayuda o «shamash» se apagó, no puede volverlo a encender con la flama de una de las velas, puesto que se trata de una vela profana y no se puede encender a través de una vela de mitzvá. En el caso de que los fósforos se hayan acabado y no pudo encender el «shamash» y no podrá encender las velas restantes, podrá encender el «shamash» de una vela de Januca ya encendida.

Según la ley básica las velas deben permanecer encendidas solamente por media hora y si siguen ardiendo pasado este lapso se puede sacar provecho de su luz. Sin embargo, la costumbre es ser más rigurosos y no sacar provecho de las velas aunque ya haya pasado el plazo estipulado pues en el minuto treinta y uno se continúa publicitando el milagro y quien utiliza el fuego para otra función se ve como quien desprecia el precepto. Además, como las velas fueron colocadas para cumplir con un precepto y quien las colocó no tenía en mente aprovecharlas para otro uso pasada la media hora, hay quien opina que toda la vela quedó consagrada para uso preceptivo y está prohibido darle un uso profano.

11 – La «janukiá» y el «shamash»

Es correcto encender las velas de Januca en un candelabro o «janukiá» bonita, cada quien según sus posibilidades, y hay quienes encienden las velas en candelabros de plata y oro. Quien carezca de «janukiá», puede pegar las velas de sebo o parafina sobre una superficie plana y encenderlas, o tomar pequeñas copitas y verter en su interior aceite y colocar una mecha y encenderlas. No se debe encender las velas de Januca en recipientes desagradables como el caso de un utensilio que esté negro de hollín (Shulján Aruj 673:3, Mishná Berurá 28, Kaf HaJaím 60-62).

Se debe ser meticuloso en mantener un espacio entre vela y vela, para que cada una se vea por separado, y así se publicite el milagro. Además, si las velas están muy cercanas una a la otra se corre el riesgo de que las llamas se unan y en ese caso se trataría de una fogata y no de una vela. En el caso de las velas de sebo se suma un temor más y es que si se encienden muy cercanas una a la otra, se pueden fundir y de esa manera podrían extinguirse antes de pasada la media hora reglamentaria (Shulján Aruj 671:4 y sus comentaristas).

Desde el punto de vista estrictamente reglamentario, aunque las velas no estén colocadas a la misma altura pero si están separadas la una de la otra y quien se para frente a éstas puede contarlas y saber cuántos días de fiesta transcurrieron, se está cumpliendo con el precepto.

Asimismo si el candelabro tiene forma circular, por cuanto que cada vela está separada de la otra, está permitido encenderlas. Sin embargo, a priori, se deben colocar las velas en línea recta y a la misma altura, para que se puedan ver todas con claridad y contarlas, de modo de percatarse del número de días que han transcurrido del milagro (Ramá 671:4, Beur Halajá en el párrafo que ese inicia con la palabra ומותר-).

A los efectos de que una persona no cometa la trasgresión de sacar provecho de las velas de Januca, se acostumbra a encender una vela extra, el «Shamash», que en caso de que se necesite de luz se pueda usar la suya. En una habitación que posee iluminación eléctrica no es reglamentariamente obligatorio que se encienda un «Shamash» empero muchos igual lo encienden para así resaltar la diferencia entre las velas que tienen como cometido único publicitar el milagro y el «Shamash» que puede ser empleado para otros menesteres.

De todas maneras a los efectos de que no nos equivoquemos en el número de velas a encender se acostumbra a colocar el «Shamash» a otra altura o distante del resto, para que quede clara la diferencia. Se acostumbra a colocar un poco más arriba, para que si se necesita usar de su luz, quede claro a quienes lo emplean que no se trata de la luz de las velas (Shulján Aruj y Ramá 673:1, Mishná Berurá 20).

12 – El orden de colocación de las velas y su encendido.

Al preparar una “janukiá” para su encendido, nos enfrentamos a un dilema: dónde colocamos la primera vela y luego dónde agregamos las subsiguientes y de qué vela es preferible empezar a encender. Si bien hagamos lo que hagamos estaríamos cumpliendo con el precepto con dos grados de excelencia, la costumbre más aceptada es colocar la primera vela el primer día del lado derecho de la «janukiá» (lado derecho de quien está parado frente a ella y la enciende), ya que siempre se ha de preferir el lado derecho por sobre el izquierdo. El segundo día agregamos la segunda vela hacia la izquierda de la primera, y tras recitar la bendición, encendemos primero la vela que se agregó que es la vela del día y luego la que está a su derecha. Esto se debe a dos razones: a) Es preferible comenzar encendiendo la vela que se agregó, lo que expresa el aumento en la dimensión del milagro. b) Tras encender la vela que está a la izquierda, resulta que hay que ir hacia la derecha para continuar el encendido, y así se cumple lo que dijeron nuestros sabios en el Tratado de Yomá (15(B)) respecto de que siempre que hay que dirigirse hacia un sentido es preferible hacerlo hacia la derecha. De esta manera, cada día se enciende primero la vela del lado izquierdo y luego se va hacia la derecha para encender las velas restantes. Es bueno que durante el recitado de las bendiciones del encendido, nos paremos del lado izquierdo de la «Janukiá», para que la vela que está más cerca de nosotros, sea la primera en ser encendida, y de esa manera no se considere que nos estemos salteando las otras velas (Shulján Aruj 676:5, Mishná Berurá 11).

13 – De cara al encendido.

Está prohibido comenzar a comer media hora antes de la salida de las estrellas, que es el tiempo del encendido de las velas (como se verá en el capítulo 13 inciso 4). No se permite ni siquiera comenzar a ingerir una comida frugal, no sea cosa que ésta se prolongue y nos olvidemos del encendido de las velas. Asimismo está prohibido ingerir una bebida alcohólica, pero sí está permitido ingerir frutas o verduras sin limitación e incluso pan o alimentos que contienen harina, en una cantidad que no exceda los 56 gramos («kabeitzá»). En esa media hora previa tenemos prohibido iniciar una labor que pueda extenderse más allá de este período y asimismo está prohibido irse a dormir. Sin embargo, si se le pide a un amigo que nos avise para encender las velas, se puede comer, comenzar una labor o ir a dormir. Aunque se hayan iniciado labores, se esté comiendo o durmiendo de manera permitida, al llegar el momento de la salida de las estrellas que es tiempo del encendido de las velas, se debe abandonar toda actividad para así cumplir con el precepto y no perdernos el momento justo del encendido que estipularon nuestros sabios (Mishná Berurá 672:10, Sha´ar HaTziún en el lugar, Pninei Halajá Tefilá capítulo 25 inciso 9).

Quien se encuentra en medio de su trabajo y no puede volver a su hogar para encender las velas al momento de salir las estrellas, puede continuar con su labor hasta finalizarla, pero ha de cuidarse de no comer hasta encenderlas. Si se trata de un trabajo que puede llevar varias horas al punto de que se pueda temer que al final se olvide de encender las velas, podrá continuar con éste a condición de que pida a un compañero que le recuerde el encendido al culminar la labor (ver más adelante capítulo 13 incisos 6 y 9).

Cuando llega el momento de encender las velas se debe proceder de inmediato a cumplir con el precepto y se le debe priorizar al grado de que el mismo estudio de Torá se prohíbe. Empero si se trata de una estudio fijo que de anularse o posponerse es difícil recuperarlo, es preferible primero terminar la clase y al final recordar a todos que hay que encender las velas (ver adelante capítulo 13 inciso 12).

14 – Encendido en la sinagoga.

Se acostumbró a encender velas en la sinagoga y recitar todas las bendiciones correspondientes tal como en el hogar. Si bien, según lo dispuesto por nuestros sabios, la obligación del encendido es en la casa únicamente, se acostumbró encender también en la sinagoga, para difundir el milagro aún más. Se acostumbra a colocar las velas en la pared sur de la sinagoga, recreando la ubicación de la menorá en el Templo. Nadie cumple con el precepto de encender las velas de Januca con el encendido de la sinagoga, ni siquiera quien las encendió para el público recitando todas las bendiciones, por lo que debe ir a su casa y volver a encender velas, recitando nuevamente las bendiciones correspondientes (Shulján Aruj 671:7).

Se acostumbra a encender las velas en la sinagoga entre los servicios de Minjá y Arvit, pues es el momento de mayor concurrencia y el milagro se publicita mejor y además una vez terminado el servicio de Arvit, las personas están apresuradas en retornar a sus hogares para encender las velas.

En una sinagoga donde se rece Arvit mucho tiempo después de la salida de las estrellas, se deben encender las velas antes del servicio.

En la víspera de Shabat, en muchos sitios se acostumbra a rezar Minjá contiguo a la puesta del sol, por lo que no hay posibilidad de encender las velas después del servicio pues ya se tiene que recibir el Shabat y por lo tanto se han de encender las velas antes de Minjá.

En las sinagogas donde se acostumbre a rezar el servicio de Minjá del viernes bastante antes de la puesta del sol, se pueden encender las velas después de este servicio. En ese caso hay que cuidar de culminar el encendido por l menos cinco minutos antes de la puesta del sol, para poder recibir el Shabat antes del atardecer y de esa manera cumplir con el precepto de agregar tiempo profano al Shabat (Mishná Berurá 671:47). El sábado por la noche al concluir el Shabat, se encienden las velas después del servicio de Arvit, pues antes del rezo no salió aun el Shabat.

El motivo por el cual se encienden velas de Januca en la sinagoga, es el de difundir el milagro, por lo que es necesario que estén presentes por lo menos diez feligreses. En caso de que aún no se hayan reunido este número y no se puede posponer el encendido porque se trata por ejemplo de víspera de Shabat, hay quienes opinan que, como de hecho, más tarde habrá quórum en la sinagoga, se puede encender las velas con el recitado correspondiente de bendiciones (Maguén Abraham, Mishná Berurá 671:47 y Beur Halajá en el lugar). Hay quien opina que en ese caso se enciendan las velas sin recitar las bendiciones (Mor uKtziá, Kaf HaJaím 671:72).

15 – Encendido de las velas de Januca en lugares públicos.

Muchos acostumbran a difundir el milagro, encendiendo velas en cada sitio donde se reúnen personas, como por ejemplo en una boda, Bar Mitzvá o reuniones con motivo de Januca o conferencias alusivas. La pregunta que surge es si se puede recitar las bendiciones en este tipo de eventos.

Según muchos de los rabinos de nuestra generación, no se deben recitar las bendiciones en estas circunstancias, pues la costumbre de encender en público y bendecir es en la sinagoga, y en nuestros días no tenemos la autoridad de innovar costumbres en esta materia, y por lo tanto quien recita la bendición pronuncia una bendición en vano. Además, parecería que la tradición de encender en la sinagoga está vinculada al hecho de que el milagro de la menorá fue en el Templo, y hoy la sinagoga actúa en carácter de “Santuario en miniatura”. Empero en otros sitios se deben omitir las bendiciones durante el encendido.

Sin embargo, según la opinión de algunos juristas, está permitido encender velas y recitar las bendiciones en todo sitio donde se reúna público, ya que el motivo por el cual se enciende en la sinagoga es el de publicitar el milagro. Por lo tanto deben encenderse las velas recitando las bendiciones correspondientes en todo sitio donde hayan aglomeraciones. Lo mejor es rezar en el sitio del encendido los servicios de Minjá y Arvit, o incluso sólo este último y entonces éste lar es considerado sinagoga y el encendido se hará con el recitado de las bendiciones conforme a la tradición.

En la práctica quien quiera apoyarse en quienes opinan que se puede encender y recitar las bendiciones puede hacerlo. Además, si en esa reunión hay judíos no observantes que quizás no encendieron velas en sus hogares el encendido público les recuerda el milagro y les enseña el modo correcto de cumplir el precepto. De ser posible es bueno invitar a alguien no observante a que encienda y recite las bendiciones y de esa manera se adhiera a la fe, la Torá y los preceptos que pertenecen a todo el pueblo de Israel, tanto observantes como seculares.

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