4 – La costumbre de los Ashkenazim: hombres, mujeres y niños.

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Según la tradición ashkenazi para cumplir con el precepto del encendido de velas de Januca con dos grados de excelencia (“mehadrín min hamehadrín”), es menester que cada miembro de la familia encienda su propia “janukiá” y recite las bendiciones correspondientes, de tal manera que el primer día cada quien enciende una vela y el octavo día enciende ocho. Según esta tradición no se teme que se confunda el número de días, pues cada “janukiá” debe estar prudentemente separada de las otras.

Niños que alcanzaron la edad de seis años, edad en la que se les debe iniciar en la enseñanza del recitado de bendiciones («jinuj»), encienden velas y recitan las bendiciones correspondientes, ya que pueden comprender la historia del milagro y la razón del encendido.

Las mujeres casadas acostumbraron a no encender velas, cumpliendo el precepto mediante el encendido de sus maridos, ya que se considera que «su mujer es como su propio cuerpo», y por ende se puede considerar a los cónyuges como una misma persona. En muchos hogares se acostumbró también, a que niñas que llegaron a la edad de seis años y las adolescentes no enciendan velas. De todas maneras, si quieren encender, pueden hacerlo con el recitado correspondiente de bendiciones. Consideramos positivo incentivar a las niñas mayores de seis años, a encender velas de Januca por lo menos hasta la mayoría de edad (a los doce años), pues esto ayuda a conectarlas con la Torá y los preceptos. Si después de cumplidoa esta edad quieren seguir encendiendo, serán bendecidas. En el caso de una mujer casada cuyo marido enciende velas, si ella quiere además encender las suyas propias, a pesar de que la costumbre indica que ya cumple con las de su cónyuge, puede encender recitando las bendiciones.

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