3 – La costumbre de los sefaradim.

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En la aplicación práctica del precepto con dos grados de excelencia se desarrollaron dos tradiciones diferentes. Según la tradición sefaradí el quid de la excelencia en el cumplimiento del precepto radica en que el número de velas equivalga al número de días y por lo tanto aunque en el hogar haya muchos hijos, solo un miembro de la familia enciende en la «janukiá» el número de velas correspondiente al número de días festivos pasados. El primer día enciende una vela, el segundo dos y así sucesivamente hasta que el octavo enciende ocho. Esto se debe a que el objetivo del encendido es comunicar el número de días que el milagro duró y de esta manera se torna más claro a quien ve la “janukiá” encendida. Según esta idea, si cada miembro de la familia encendiese sus velas contiguas a la puerta de entrada o la ventana, se verían muchas velas juntas y se dificultaría el conteo. Y como según esta tradición cada hogar enciende un solo juego de velas, corresponde que la persona mayor de la casa las encienda en representación de todos.

Si los niños quieren encender velas se les puede dar una “janukiá” propia para que lo hagan, siempre que haya separación entre ellas. En este caso, para la mayoría de los sefaradim no se deberá recitar la bendición por ser ésta innecesaria. Nuestro Maestro y Rabino Mordejai Eliahu de bendita memoria ordenó que los niños hasta la edad de “bar mitzvá” están autorizados a recitar la bendición. Según el Rabino Shalom Mashash de bendita memoria, también los mayores de trece años que quieran encender su propia «janukiá» y recitar las bendiciones correspondientes, al encender su padre las velas del hogar, tienen que poner la intención de no cumplir con el precepto y de esa manera pueden encender luego la suya propia recitando las bendiciones correspondientes (Yalkut Shamash Oraj Jaím 192).

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