04 – Las cuatro especies

01- El precepto de las cuatro especies

Es preceptivo tomar las cuatro especies en Sucot: etrog, lulav (palma), hadas (mirto) y aravá (sauce), tal como fue dicho (Vaikrá-Levítico 23:40): “y tomaréis vosotros en el primer día: fruto de árbol hermoso, ramas de palmeras, ramas de árboles frondosos y sauces del río y os regocijaréis ante HaShem vuestro D’s, siete días”. El fruto del árbol hermoso es el etrog, las ramas de palmera es el lulav, las ramas de árboles frondosos es el hadas y los sauces de río es la aravá (Tratado de Sucá 35(A), ver en Meiri y Ritba allí, Rambám en su introducción a la Mishná).

Dado que el lulav es la más alta de las cuatro especies, la generalidad del precepto recibe su nombre, y por ello recitamos la bendición que reza: “que nos ha santificado con Sus preceptos y nos ordenó en lo concerniente a tomar el lulav”.

De acuerdo con nuestra Torá es preceptivo tomar el lulav únicamente en el primer día de la festividad, tal como fue dicho (ídem): “y tomaréis vosotros en el primer día”. Solamente en el área del Templo de Jerusalém se nos ordenó tomarlo durante los siete días, tal como continúa el versículo “y os regocijaréis ante HaShem vuestro D’s, siete días”. En la práctica, dado que era preceptivo ascender a Jerusalém en las tres festividades de peregrinación, resulta que en los días del Templo muchos en el pueblo de Israel cumplían el precepto durante siete días.

Tras la destrucción de nuestro Santuario, Rabán Yojanán Ben Zakai estableció que se tome el lulav durante siete días en todas partes como recordatorio del Templo, ya que nuestros sabios dijeron que por medio del recuerdo y de la observancia de los preceptos que se solían cumplir en su recinto, habremos de curar la herida de la destrucción y acercamos la redención (Tratado de Sucá 41(A)).

Se toman un etrog, un lulav, tres ramas de hadas (mirto) y dos de aravá (sauce). En caso de necesidad alcanza con un hadas y una aravá mas no se recita la bendición (Shulján Aruj 651:1).

En caso de que las especies fuesen muy pequeñas – no son aptas para el precepto. Estas son sus medidas: el etrog debe tener por lo menos el volumen de un huevo, la longitud del lulav (su tallo) debe ser como mínimo de cuatro palmos. Los hadasim y las aravot deben tener una longitud mínima de tres palmos. A partir de allí no hay límite, esto es, no hay medidas máximas de las cuatro especies y mientras puedan ser llevadas o transportadas son aptas. A continuación, nos extenderemos en estas reglas (halajot 7,8,9 y 12).

02- Las cuatro especies expresan la unidad del pueblo de Israel

Las cuatro especies son indispensables para poder cumplir el precepto, esto es, si falta una sola de ellas no se puede observar el mandato de la Torá (Tratado de Menajot 27(A)). A priori, es bueno tomarlas juntas uniendo el lulav a los hadasim y las aravot en un solo manojo, y a posteriori, si se toman separadamente se cumple igualmente con el precepto (Shulján Aruj 651:12, ver adelante 5:2).

Esta halajá encierra una idea sumamente profunda. Dijeron nuestros sabios: Así como en las cuatro especies tenemos dos que dan fruto – el etrog y el lulav – y dos que no – el hadas y la aravá – de igual forma en el pueblo de Israel tenemos estudiosos de la Torá y personas de acción o de mérito (‘anshei ma’asé’). Y así como en ausencia de una sola de las especies resulta imposible cumplir el precepto, de igual manera en el pueblo de Israel no hay estudiosos de la Torá que no se mantengan gracias al apoyo de personas dedicadas a las actividades prácticas, ni hay de estas últimas que logren sostenerse sin el apoyo de los primeros, ya que éstos otorgan valor espiritual a sus vidas y los conectan a la realidad del Mundo Venidero (según el Tratado de Menajot 27(A), Tratado de Julín 92(A), Tanjuma Emor, Rabí Ytzjak Ibn Guiat Hiljot Lulav).

Los sabios explicaron con mayor detalle (Vaikrá Rabá 30:12) que las cuatro especies aluden a cuatro tipos de personas: el etrog posee sabor y aroma, y representa a los judíos que están completos tanto en su estudio de Torá como en la realización de buenas acciones. El lulav (la palma datilera) posee sabor mas carece de aroma, y representa a los estudiosos que poseen Torá en su haber, pero no tienen el mérito de abundar en buenas acciones. El hadas, que posee un buen aroma mas carece de sabor representa o alude a aquellas personas que detentan buenas acciones en su haber, pero no tuvieron el mérito de ser estudiosos de la Torá. La aravá, que carece tanto de sabor como de aroma, alude a los judíos simples, aquellos que no tuvieron el mérito de estudiar Torá ni de abundar en la realización de buenas acciones. Aparentemente, por cuanto que no detentan en su haber ni Torá ni buenas acciones su vida carece de valor y no podrán acceder a la vida del Mundo Venidero. “¿Qué hizo con ellos el Santo Bendito Él? Hacerlos desaparecer – ¡Ciertamente es imposible!, mas bien les dijo: Que se unan todos en un mismo conjunto y se expíen unos a otros”. Y dijo también el Santo Bendito Él: “Si habéis de proceder de esta manera, en ese momento Yo me habré de elevar” y los recintos superiores se construirán, tal como fue dicho (Amos 9:6): “Aquel que construye en los cielos Sus cámaras superiores y establece allí Su muro[1] (lit. su manojo) sobre la tierra”.

También estudiaron nuestros sabios que las cuatro especies aluden a los elementos centrales de la nación: los tres patriarcas junto a Yosef, las cuatro matriarcas, el Sanhedrín y los estudiosos de la Torá que lo conforman (Vaikrá Rabá 30:9-11).


[1]. Agudá אגודה, lit. agrupar, unir, juntar. Nuestra traducción sigue la primera explicación del Da’at Mikrá (que este muro es el de las montañas que rodean la llanura); según la segunda, agudá designa la bóveda celeste. Sin embargo, en el sentido literal, la idea de la derashá es que, a través de la reunión de las especies en un ‘manojo’ aquí abajo, los grados celestiales se fundamentan; el cielo descansa sobre la tierra.

03- Alusiones suplementarias de las cuatro especies

La cuestión de la excelencia en el cumplimiento del precepto (‘hidur mitzvá’ o ‘embellecimiento de la mitzvá’) se refiere principalmente al etrog, que posee sabor y aroma, y representa las personas completas que poseen tanto Torá como buenas acciones y es una alusión a la completitud que se alcanzará en el futuro. Aprenderemos en las sucesivas halajot que se es más exigente con la excelencia y la belleza del etrog que con las restantes especies.

El lulav representa a los estudiosos, los cuales, si bien no tienen el mérito de abundar en la realización de buenas acciones, de todas maneras, representan a la sagrada Torá. Tal como el lulav es la más alta de las cuatro especies, de igual manera la Torá se eleva por sobre todo lo demás, y por ello se estableció que se recite la bendición por esta especie, para insinuar así que la virtud de la Torá es la más trascendente de todas.

La condición básica para el estudio de la Torá es que se lleve a cabo por medio de una fuerte conexión entre todo el pueblo de Israel, en unidad, y si bien en la Torá expresa diferentes opiniones y puntos de vista divergentes, todos emanan de la misma fuente y están destinados a unirse.

En efecto, la forma especial del lulav expresa la virtud de la unidad. Sobre su tallo crecen las hojas en direcciones opuestas, pero se adhieren ‘a esa columna’, en unidad. Si bien posee muchas hojas, éstas no se separan la una de la otra sino que cada cual cubre a su compañera y le agrega un poco más de sí, tal que todas juntas cubren el tallo central. Asimismo, cada una de las hojas está compuesta de dos caras que se unen entre sí por medio del ápice o ‘tiomet’ (sería el dorso por el cual se unen las hojas, tal como se explica en la halajá 6). La forma recta del lulav expresa unidad, ya que está orientado completamente en una misma dirección, y en caso de ser curvo, deja de ser apto para el precepto ya que apunta a dos direcciones. En efecto, afirmaron nuestros sabios (Tratado de Sucá 45(B)): “Así como la palma tienen un solo corazón (el palmito, N. de T.), de igual manera los hijos de Israel no tienen sino un solo corazón dirigido a su Padre Celestial”. Otro tanto dijeron en el Midrash Vaikrá Rabá (30:11): “Las hojas de palma se asemejan a los estudiosos de la Torá que se obligan (en hebreo también se inclinan) a estudiar los unos de los otros”. Resulta que el lulav alude a la Torá, que contiene en su interior distintas ideas y discusiones, pero un mismo origen las une a todas y su objetivo final es también uno. En virtud de esta alegoría, los estudiosos de la Torá deben tomar la iniciativa a los efectos de incrementar la paz y la unidad en el mundo (ver Tratado de Berajot 64(A), Ein Aiá allí).

El hadas alude a los preceptos y a las buenas acciones, ya que estos influyen en su entorno tal como lo hace el aroma agradable que exuda el mirto y se percibe en sus alrededores. Dijeron nuestros sabios que las personas justas son llamadas ‘hadasim’, mirtos, y por su mérito el mundo existe (Tratado de Sanhedrín 93(A)), ya que a través de los preceptos prácticos se revela la santidad de la vida material y el valor intrínseco del mundo, y así éste cobra existencia. Uno de los preceptos a los que alude el hadas es el de procrear y educar a los hijos, ya que la hoja triple es una señal de multiplicidad, y tal como dijeran nuestros sabios, insinúa a nuestro patriarca Ya’akov y a nuestra matriarca Lea: “Así como el hadas está en medio de una profusión de hojas, nuestro patriarca habitaba en medio de una profusión de hijos”, “y así también habitaba Lea, en medio de una profusión de hijos” (Vaikrá Rabá 30:10). Las mujeres que se esmeran en tener hijos, criarlos y educarlos alcanzan esta virtud.

Aparentemente, la aravá carece de estatus alguno, ya que carece tanto de sabor como de aroma, ni Torá ni buenas acciones. Sin embargo, posee un potencial de crecimiento enorme y expresa la vitalidad y la belleza de este mundo, la ética universal (‘derej eretz’) que precedió a la aparición de la Torá. De aquí su gran valor, pues en virtud de la vitalidad de los judíos simples, tanto los estudiosos de la Torá como quienes realizan buenas acciones se ven reforzados en su quehacer. Y gracias a esta vitalidad surgen las grandes eminencias espirituales del pueblo de Israel, y tal como vemos en muchas ocasiones, justamente en el seno de familias sencillas surgieron importantes eruditos y prohombres de noble accionar.

Más aun, la aravá expresa la situación de los hijos de Israel en este mundo, ya que por una parte la naturaleza de este mundo posee una capacidad de crecimiento formidable por cuyo intermedio se puede efectuar una consagración del Nombre de D’s, sin igual en el resto de las dimensiones de la existencia. Pero, por otra parte, la santidad aún no se manifiesta en este ámbito de un modo permanente. Por ello, la aravá carece de sabor o de aroma, y cuando no recibe agua que alude a la Torá y a la fe, se marchita rápidamente, y así fue destruido nuestro Santuario y fuimos exiliados de nuestra tierra.

Vemos que nuestros sabios dijeron (Vaikrá Rabá 30:10) que la aravá hace alusión tanto a Rajel como a Yosef, ya que por una parte gracias a ellos el pueblo de Israel existe en este mundo, pues todos los hijos de Ya’akov nacieron gracias a su deseo de casarse con nuestra matriarca Rajel, y el sustento de la nación dependió de Yosef el justo, quien preparara en Egipto un lugar de residencia que posibilitó su crecimiento. Por otra parte, dado que estos dos personajes están vinculados a la existencia terrenal, en un mundo que puede alejarnos de su origen espiritual, ambos fallecieron jóvenes, a una edad menor que la de sus hermanos. Sin embargo, la principal revelación de la redención en este mundo depende de ellos, y a ello aluden tanto Yosef como Rajel por medio de su singular belleza. Sobre esto, dijeron nuestros sabios que cuando llegue la redención todos los árboles de la tierra de Israel que naturalmente no dan frutos comenzarán a hacerlo (Tratado de Ketuvot 112(B)).

Vemos entonces, que todas las especies resultan igual de necesarias y solamente por medio de la unificación de todas las fuerzas el pueblo de Israel puede cumplir su cometido, que es el de reparar el mundo y prodigar el bien a todas las creaturas, tal como lo indicara HaShem.

04- Reglas de inaptitud en las especies

Existen cinco tipos de inaptitudes en las especies. El primero, las cuatro especies deben ser aquellas ordenadas por la Torá, en caso de tratarse de otras – no resultarán aptas. El fruto del árbol hermoso es un etrog y no un limón, y además, un etrog producto de un injerto tampoco será apto (adelante halajá 10). “Ramas de árboles frondosos”, hadas, es únicamente el mirto cuyas hojas crecen en triadas y no otra variedad. Asimismo, deben tomarse hojas de sauce y no de álamo.

El segundo tipo de inaptitud es si se alteró la forma natural de la especie. Por ejemplo, un lulav cuyas hojas crecen solamente de un lado, o tanto un hadas como una aravá que perdieron ya la mayor parte de sus hojas.

El tercer tipo de inaptitud es cuando el tamaño resulta insuficiente. Un fruto o un vegetal excesivamente pequeño no puede ser llamado “hermoso” (‘prí etz hadar’), ni “rama de palmera” (‘kapot tmarim’), ni “rama de árbol frondoso” (‘anaf etz avot’), ni sauce de río (tal como se verá posteriormente en las halajot 7,8,9 y 12). Estos tres tipos de inaptitudes rigen durante la totalidad de los siete días festivos.

El cuarto tipo de inaptitud es si la especie no es hermosa, motivo por el cual no entra en la definición de ‘hadar’ (excelencia), o sea, si bien no se ha visto alterada en demasía de todas maneras perdió su bella forma original, por ejemplo, si se secó por completo. Según la mayoría de las autoridades halájicas una inaptitud de este tipo aplica únicamente en el primer día (Rambám y Rambán). Y hay eruditos que sostienen que esta inaptitud está vigente durante la totalidad de los siete días (Rosh).

El quinto tipo de inaptitud es la carencia. En el caso de un etrog, si acusa una carencia de su pulpa (adelante en halajá 11), en el caso del lulav se refiere a que su ‘tiomet’ (dorso por el cual se unen las hojas) se haya partido, abierto o separado (adelante en halajá 6). La insuficiencia genera inaptitud únicamente en el primer día de la festividad que es cuando las cuatro especies deben estar completas, pero no durante el resto de los días (ver en el Tratado de Sucá 34(B), Tosafot ‘שתהא’, Rashí 36(B)’ומשנינן’ ).

De esto resulta que para que una de las especies no resulte apta, debe acusar una transformación significativa. Por lo tanto, no hay lugar para la tensión que suele acompañar a algunos de los que escogen sus cuatro especies previo a la festividad. Si bien en las próximas halajot nos explayaremos sobre diferentes defectos que pueden causar la inaptitud de las cuatro especies, en definitiva, estos son casos sumamente excepcionales. Y si bien la gran mayoría de las especies que circulan en el mercado son aptas, los hijos de Israel acostumbran a cumplir el precepto con excelencia escogiendo aquellas que son las más hermosas, tal como fue dicho (Shemot-Éxodo 15:2): “Este es mi D’s y lo voy a embellecer”, lo cual fue explicado por los sabios (Tratado de Shabat 133(B)): “Embellécete ante Él por medio de los preceptos, erige ante Él una sucá bonita, y toma un lulav bonito” (adelante en halajá 14). Sin embargo, no hay necesidad de estar tensos y agobiados por ello.

En caso de gran necesidad o premura, cuando no cabe posibilidad alguna de encontrar una especie apta, se puede cumplir el precepto por medio de una que haya resultado no apta por no ser hermosa o por adolecer alguna carencia (el cuarto y quinto tipo de inaptitudes), por ejemplo, si el lulav está seco o si su ‘tiomet’ se separó o se abrió. Según la opinión mayoritaria de las autoridades halájicas se debe recitar la bendición al tomarlas, pero algunas sostienen que ésta no debe ser recitada.

Además de los cinco tipos de inaptitudes que aplican a las cuatro especies en sí, no se cumple con el precepto mediante una especie que haya sido robada, y el primer día de la festividad tampoco se cumple por medio de una que haya sido prestada (como se verá en la halajá 13). Asimismo, una especie que haya sido consagrada o dedicada a la idolatría – resulta inválida para cumplir el precepto (Shulján Aruj 649:3).

05- El lulav

Las ramas del lulav crecen a ambos lados del tallo y lo recubren. En caso de que el lulav sea defectuoso al grado de que crezcan hojas de un solo lado del raquis dejando al otro descubierto – no resultará apto para su uso (Shulján Aruj 645:3).

Naturalmente, las hojas del lulav van creciendo una sobre la otra cubriendo así todo su raquis. En caso de que las hojas sean cortas al grado de que no lleguen al inicio de la que se encuentra por encima – la hoja de palma no será apta (Shulján Aruj 645:4).

En un inicio, las hojas de palma brotan o crecen con forma de lulav, esto es, con todas las hojas adheridas al raquis. Una vez que ésta crece, sus hojas se van abriendo hasta adquirir la conocida forma de abanico, y entonces adquieren el nombre de ‘ramas de palmera’ (jariot).

A priori, es bueno que las hojas del lulav estén pegadas a su raquis de modo tal que si se coloca el lulav sobre una mesa éstas se mantengan juntas sin que medie ayuda alguna. Si las hojas del lulav comenzaron a abrirse, mientras puedan ser reunidas y adheridas al raquis éste será apto y se lo denomina “lulav cuyas hojas se han separado” (‘shenifredu alav’). Si las hojas que comenzaron a abrirse se endurecen al grado de que no resulta posible reunirlas y adherirlas lisamente al raquis tal como lo estaban anteriormente, el lulav resulta inapto y es denominado “lulav cuyas hojas se han despegado” (‘shenifretzú alav’) (Tratado de Sucá 29(B), Shulján Aruj 645:1-2).

Si el lulav se curvó en gran medida hasta alcanzar la forma de una hoz (‘magal’) o semicírculo, será inválido. Si se curvó en menor medida, resulta apto mas no excelente (‘mehudar’), ya que una de las excelencias del lulav es que sea recto. Incluso si se curvó cual hoz, si la curvatura apunta hacia su raquis, dado que se trata de una curvatura normal y habitual en este vegetal, el lulav será apto (Shulján Aruj 645:8).

Si el raquis se curvó de un modo profundo formando un ángulo – el lulav será inválido (Shulján Aruj 645:9). Hay quienes dicen que también si las hojas adoptaron una curvatura profunda, el lulav será inválido (Turei Zahav, Mishná Berurá 40-41). Sin embargo, si se curvaron únicamente los extremos de las hojas superiores formando una letra hebrea ‘vav’ (ו) será apto, ya que así crecen parte de los lulavim.

Hay juristas que sostienen que si el extremo de la hoja se curva profundamente al grado de asemejarse a un capullo o un botón – el lulav no será apto (Ran y Ritbá). Por otra parte, están aquellos que entienden que un lulav así es más excelente porque de esa manera el ápice de la hoja superior no se abrirá (Rosh). En la práctica, un lulav así es apto, ya que así crecen naturalmente muchos de estos, no obstante, dado que somos estrictos en esta cuestión, no lo consideraremos excelente (Shulján Aruj 645:9, Mishná Berurá 42).

06- Cuando el ‘tiomet’ se separa o divide

Cada una de las hojas del lulav está compuesta de dos frondas que se unen entre sí en su parte dorsal. Esta unión es llamada ‘tiomet’ y por su intermedio, ambas frondas se tornan unidas cual gemelos. Cuando los lulavim continúan creciendo y se transforman en ‘jariot’, las partes superiores de las hojas se van abriendo y la primera en hacerlo es la hoja central superior. Dado que las hojas del lulav están naturalmente cerradas por medio del ‘tiomet’, si éste último se abre, generará una deficiencia en el lulav y por ello, aunque conserve aun aspecto de tal, resultará inválido para ser utilizado en el primer día festivo, pues entonces las especies deben estar completas o íntegras. Sin embargo, el resto de los días de la festividad este lulav resultará apto.

Las eminencias halájicas debatieron respecto de qué significa que el ápice o ‘tiomet’ se haya separado (‘nejleká hatiomet’). Hay quienes consideran que solamente cuando se separó la mayor parte del ‘tiomet’ de la mayor parte de las hojas – el lulav resultará inválido (Rif y Rambám). Otros, entienden que la norma de la separación del ‘tiomet’ se refiere a la hoja central superior, por cuanto que es aquella que más destaca o sobresale, y, por ende, si se separó la mayor parte de su ‘tiomet’ – el lulav será inválido (Gueonim y Ran). Y así procedemos en la práctica, el primer día de Sucot no tomamos un lulav en el que la mayor parte del ‘tiomet’ de su hoja central se haya abierto. Hay quienes proceden con excelencia y a priori toman un lulav cuyo ‘tiomet’ de la hoja central superior no se haya abierto o separado en absoluto. En la práctica, en el caso de la mayoría de los lulavim, la mayor parte de la hoja superior está cerrada de modo tal que casi todos los lulavim son también aptos para el primer día festivo. No obstante, son pocos los lulavim en los cuales algo de la hoja central no se haya abierto, y cuanto más desarrollado y bonito sea el lulav, aumentan las probabilidades de que parte de la hoja superior se abra. Consideramos que es preferible tomar un lulav grande y hermoso cuya hoja superior este algo abierta a tomar uno pequeño y marchito cuya hoja superior esté cerrada. En caso de quien tema que su hoja central continúe abriéndose al grado de que al llegar el primer día festivo esté abierto en su mayoría, podrá unirlo y así salvarlo de su invalidación.

Si en la parte superior del lulav hay dos hojas centrales, cada una de ellas debe tener la mayor parte del ‘tiomet’ entero. Pero si estas dos hojas se separaron una de otra, por cuanto que son dos hojas separadas el lulav resulta apto (Mishná Berurá 645, Prí Megadim Mishbetzot Zahav 4).

Hay juristas que prefieren tomar un lulav que posee una ‘kora’, que es una especie de recubrimiento marrón que une o pega a las hojas entre sí, y en su opinión, mientras ésta se encuentre sobre las hojas éstas se considerarán cerradas. Otros eruditos consideran que a priori, es mejor tomar un lulav sin ‘kora’ por dos motivos: en primer lugar, consideran que la ‘kora’ no sirve para poder considerar a la hoja central como ‘cerrada’ y si bien no cabe temer que bajo esta la mayor parte de la hoja esté abierta, ya que se trata de un caso muy poco frecuente, de todas maneras, es razonable que la hoja esté parcialmente abierta por lo que no se acostumbra a considerar un lulav recubierto de ‘kora’ como excelente. En segundo lugar, según la costumbre de Ashkenaz se acostumbra a sacudir las hojas del lulav durante los ‘na’anuím’ o las sacudidas, y cuando el lulav posee ‘kora’ resulta imposible realizar este efecto.

07- Las reglas del lulav, su tamaño y el ‘lulav canario’ (originario de las Islas Canarias)

Un lulav en el cual la mayor parte de sus hojas superiores están cortadas, o su hoja central superior lo está – resulta inválido para el primer día (Shulján Aruj Ramá 645:6). Si el ápice de la hoja superior se prolonga en una especie de punta, no se la considera parte de la hoja y aunque se chamusque o se corte, el lulav continúa siendo excelentemente apto (kasher lamehadrín).

Un lulav cuya hoja superior termina en forma de zigzag, tal como ocurre a veces, es a priori apto.

Un lulav al que se le secaron la mayor parte de sus hojas al grado de tornarse blancas y sin una pizca de verdor – se considera inválido (Shulján Aruj 645:5).

La longitud del tallo o raquis del lulav debe ser de por lo menos cuatro palmos, que son unos 32 cm., y en caso de apremio 25.3 cm. Todo esto es a los efectos de cumplir con el requisito mínimo, pero la excelencia del lulav radica en que sea más alto de lo establecido (Maguén Abraham 672:3).

En las últimas generaciones surgió la interrogante respecto de la aptitud del lulav canario, que crece a partir de una variedad de palmera procedente de las Islas Canarias. La palma canaria se diferencia de los demás tipos de palmera en una serie de detalles; sus hojas son más cortas, más blandas y tupidas, su tallo o raquis es más blando y tiende a curvarse hacia el lado al que se lo incline, su color es de un verde más intenso y sus frutos carecen de sabor.

Quienes lo encuentran apto entienden que por cuanto que se trata de una palmera que produce dátiles, a pesar de todas sus diferencias es kasher (Tzitz Eliezer 8:22, Rabí Shlomó Zalman Auerbach). Otros, consideran que por cuanto que sus frutos no son tan aptos para ser ingeridos y se diferencia de la palma común en numerosos detalles, no se trata de “ramas de palmera” (Igrot Moshé Oraj Jaím 4:123). En la práctica, si bien la línea de razonamiento de quienes adoptan la actitud flexible es aceptable, puesto que hay variedades de palmera que se asemejan a la canaria, de todas maneras, dado que se trata de un tema de debate, corresponde evitar tomar el lulav canario. En caso de necesidad o premura cabe respaldarse en la opinión flexible, tomarlo, y recitar con él la bendición correspondiente.

08- Hadas

La “rama de árbol frondoso” es la del mirto, sobre la cual crecen triadas de hojas y se ve cual entramado, cubriendo al tallo hasta hacerlo verse como una rama gruesa o frondosa. Es preciso que las tres hojas surjan en una misma línea, a una misma altura, pero si dos de las hojas salen a un nivel y la tercera más arriba o más abajo de estas – no estamos ante una “rama de árbol frondoso” sino ante un mirto corriente (‘shoté’) que no es apto para el cumplimiento del precepto (Tratado de Sucá 32(B), Shulján Aruj 646:3). De modo natural, cuando los hadasim crecen vigorosamente generan tres hojas en cada una de sus líneas. No es preciso extremar en revisaciones al respecto, sino que, si a ojos de la persona las hojas crecen en triadas a una misma altura del tallo, entonces estamos ante un mirto triple, aunque en la práctica alguna hoja crezca un poco más arriba que otra.

Junto con el lulav, deben tomarse tres ramas de hadas y cada una de ellas debe tener una longitud de al menos tres palmos, que son unos 24 cm., y en caso de gran necesidad alcanza con 19 cm. No existe límite máximo respecto de la longitud de la rama, y aunque sea mucho mayor que las medidas mencionadas, será apta, empero es necesario tener el recaudo de que al amarrar los mirtos con el lulav, este último sobrepase a los primeros por lo menos en un palmo (Shulján Aruj 650:1-2, ver adelante 5:2).

A priori, es preciso que las hojas triples cubran los tres palmos de la rama de mirto, pues hay juristas que entienden que de no ser así el hadas no es apto (Gueonim). No obstante, en la práctica, si las hojas triples cubren la mayor parte de los tres palmos – el hadas resultará apto, pues así lo entiende la mayoría de los eruditos (Raavad, Rosh, Shulján Aruj 646:5).

También cuando la rama posee una longitud de cuatro o más palmos, si sus hojas son triples en la mayor parte de tres de estos – el mirto será apto. Y si las hojas son triples en tres palmos, aunque allende esta longitud se encuentren hojas que no lo son, el hadas será apto con excelencia, kasher lamehadrín (Bait Jadash, ver Beur Halajá 646:9, allí donde está escrito ‘ולעיכובא’).

Naturalmente, el hadas produce unos frutos que se asemejan a pequeñas uvas, que en un inicio son de color verde y luego se tornan morados y posteriormente negros. Si los frutos del hadas son verdes, el hadas es apto. De ser morados o negros, y a lo largo de tres palmos el número de frutos excediese al de hojas – el hadas será inválido ya que su color es atigrado o alternado. En caso de que los frutos sean cortados – el hadas recuperará su aptitud, mas esta actividad no ha de realizarse en Yom Tov ya que se percibe como una labor de elaboración o preparación (‘metakén’) (Tratado de Sucá 33(B), Shulján Aruj 646:2 y 11).

A veces, entre las hojas del hadas surgen nuevas ramas y es apropiado cortarlas (Sha’ar Hatziún 646:36).

En caso de que se haya cortado el extremo de la rama del hadas, es preferible tomar otra, ya que hay quienes entienden que un hadas así no es apto (Raavad y Rabí Zerajiá HaLevi). En caso de no disponerse de otra rama, debe cortarse la que se posee de modo tal que las hojas cubran el sitio que se había seccionado inicialmente, y de ese modo se podrá utilizar para el recitado de la bendición correspondiente (Shulján Aruj 646:10, Sha’ar Hatziún 32).

En caso de que las hojas se hayan marchitado, el mirto es apto. Sin embargo, en caso de que se hayan secado por completo, al grado de que se quiebren al ser tocadas por una uña, habiendo perdido su tonalidad verde y habiéndose tornado blancuzcas – el hadas será inapto. Si se puso el hadas en remojo durante un día y éste perdió las características antes mencionadas, resulta que no se secó del todo y es apto (Shulján Aruj 646:6-7, Mishná Berurá 20).

09- La aravá

Tres son las características de la aravá: 1) Su hoja es oblonga ‘cual arroyo’ y no de forma simétrica. 2) El borde de la hoja es liso. 3) Su rama es rojiza, y si bien cuando el árbol es joven su tonalidad es verde, con el tiempo se enrojece. Existe una especie similar a la aravá o sauce y es la del álamo, la denominada ‘tzaftzafá’, sin embargo, esta última carece de las tres características mencionadas ya que su hoja se prolonga simétricamente, el borde de la hoja es dentado y su rama es verde. Si bien existe un tipo de aravá cuyo borde de hoja no es liso, de todas maneras, su dentado es sutil y moderado en comparación con el de la hoja del álamo (Tratado de Sucá 33(B), Shulján Aruj 647:1).

Dado que la mayoría de las aravot crecen junto a cursos de agua, a la especie se la denomina en hebreo ‘arvei najal’ o ‘sauce de arroyo’, sin embargo, el lugar de crecimiento no resulta ser una limitante, y mientras se trate de una rama de sauce, crezca donde crezca resultará excelentemente apta, ‘kasher lamehadrín’.

Junto al lulav deben tomarse dos ramas de aravá, y cada una de ellas debe tener una longitud mínima de tres palmos, unos 24 cm., y en caso de gran necesidad o apremio alcanzará con 19 cm. No hay un límite superior a la longitud de la rama, y aunque sea sumamente extensa será apta, no obstante, cabe tener el recaudo de que, al momento de amarrar las especies juntas, el lulav sobresalga por sobre la aravá al menos en un palmo (Shulján Aruj 650:1-2, adelante 5:2).

La característica central de la aravá es su vitalidad y fuerza de crecimiento, por ello naturalmente suele crecer junto al agua. Cuando no se encuentra junto a un curso de aguas, se seca rápidamente, y si la mayor parte de sus hojas se resecan al grado de perder su verdor tornándose blancuzcas – la aravá será inválida. En caso de que sus hojas se hayan marchitado, por cuanto que aún no se secaron por completo, a posteriori resultará apta (Shulján Aruj 647:2). Dado que la aravá se seca rápidamente, las personas que cumplen con excelencia acostumbran a cambiar las aravot varias veces durante la festividad. A veces, al guardarlas en el estuche de plástico cerrado y sacarlas solamente para cumplir el precepto, se preservan en buen estado durante los siete días de Sucot.

Una aravá a la que se le hayan caído la mayoría de sus hojas – no es apta, y debemos estar atentos a esto, porque a veces, cuando ‘atamos’ las ramas de sauce al lulav, las hojas se caen (Mishná Berurá 647:2).

Una rama de sauce cuya parte superior se ha cortado resulta inválida, porque carece de hermosura o esplendor, de ‘hadar’, pero si la hoja superior se ha cortado y el tallo permanece intacto – será apta (Mishná Berurá 647:10).

10 – El etrog producto de un injerto (‘murkav’) y su pequeña saliente (‘pitam’)

El “fruto del árbol hermoso” que se nos ordenó tomar en la festividad de Sucot es el etrog, y la identidad del fruto se ha transmitido en el pueblo de Israel de generación en generación. Y tal como en cualquier otro tipo de fruta encontramos numerosas variedades, de igual manera lo hacemos en el caso del etrog, siendo algunos de mayor tamaño y otros de menor, algunos son de color amarillo y otros exhiben tonalidades de verde, pero todos estos son aptos.

En los últimos siglos surgió un problema, y es que la gran mayoría de los etroguim eran cultivados por gentiles y dado que se trata de un árbol delicado y sensible tiende a padecer enfermedades, por lo que a efectos de fortalecerlo y prolongar su período de vida los gentiles solían realizar injertos de etrog en árboles de limón o de naranja Sevilla o amarga (Citrus Aurantium). Si bien algunas autoridades halájicas se mostraron flexibles hacia este tipo de fruta, se sentenció para la halajá que un etrog que creció por medio de un injerto (‘murkav’) no es apto. Esto es así ya que la Torá nos ordenó tomar un etrog, y aquel que es el resultado de un injerto entra en la categoría de ‘nueva creación’, o híbrido de dos frutas diferentes, el etrog y la especie del árbol en el cual fue injertado (Ramá, Maguén Abraham y Shevut Ya’akov).

Otros juristas entienden que el etrog en cuestión no es apto por ser el resultado de una transgresión, ya que está prohibido realizar injertos de una especie en árboles con otra (Levush). En la actualidad, los productores de etroguim tienen el recaudo de plantar árboles que no son el resultado de un injerto y por ello es posible confiar en los comerciantes cuando sostienen que los etroguim que tienen a la venta no son ‘murkavim’.

Todos los etroguim poseen en un inicio una pequeña saliente en su extremidad llamada ‘pitam’ la cual se seca y cae cuando los frutos son aún muy pequeños.

Estos etroguim carentes de pitam son aptos a priori, y no adolecen de carencia alguna, ya que esa es su forma natural. Hay variedades de etrog que tienden en mayor medida a desarrollar un pitam, a veces en esta saliente permanece pulpa de fruta en estado lozano y por lo tanto llamamos a estos ‘etroguim carnosos’ y otras veces, el área se seca y por ello denominamos a la saliente ‘pitam arbóreo’ (‘haetzí’). Existe un tipo de producto que se aplica en aerosol y detiene el secamiento del pitam y su posterior caída, y es empleado por aquellos agricultores que desean cultivar ‘etroguim carnosos’.

El pitam carnoso es de un aspecto similar al del etrog, y posee en su interior pulpa frutal similar a la suya, y en su extremidad encontramos una ‘shoshanta’ que es una suerte de flor que se secó y adoptó aspecto similar a la madera. La norma que aplica al pitam carnoso es idéntica a la del resto del etrog, y toda mancha o carencia que inhabilita a la parte superior del etrog (‘jotem’) inhabilita también a la parte carnosa del pitam. Respecto de la ‘shoshanta’, si fue retirada por completo el etrog no será apto, y si quedó de esta una parte que cubra la pulpa del pitam – el etrog será apto.

Sin embargo, la norma referente al ‘pitam arbóreo’ es más sencilla, si es retirado en su totalidad al grado de que nada sobresale, el etrog no será apto. Y si queda de este una pequeña parte que sobresalga por sobre la altura del etrog – este será apto (Shulján Aruj 648:7, Mishná Berurá 30).

Si es arrancado todo el cabo (‘oketz’), esto es, la parte del fruto que lo conecta con la rama, al grado de que la pulpa del etrog queda al descubierto, este no será apto para el primer día festivo por cuanto que presenta una carencia. Si quedó algo del cabo para cubrir la pulpa del etrog – este será apto (Shulján Aruj 648:8, Mishná Berurá 33).

11- Carencias y manchas

Un etrog que tiene una perforación o le falta una parte, no es apto para su uso en el primer día festivo, ya que entonces el fruto debe estar completo, tal como fue dicho (Vaikrá-Levítico 23:40): “y tomaréis vosotros en el primer día”, entendiendo el vocablo “tomareis” como asir algo íntegro, completo. Sin embargo, el resto de los días, aunque le falte una parte, el etrog será apto. Incluso en el primer día, si el etrog se vio dañado por una espina y se duda si por ello le falta o no una parte – será apto. E incluso cuando resulta evidente que falta una parte de la fruta, si esta continúa creciendo y el orificio cierra y crece sobre él una especie de cáscara, el etrog será también apto para el primer día festivo (Shulján Aruj 648:2).

Si surgiera sobre la cáscara del etrog una ‘jazazit’ (una especie de liquen), esto es, una especie de corte del cual fluye un líquido, y no hay posibilidad de pelarlo sin retirar a su vez una parte de la pulpa frutal, si esta formación se presenta sobre la mayoría de la superficie del etrog, éste será inválido. Asimismo, si la ‘jazazit’ se presenta en dos o tres lugares diferentes y desde ellos se expande, aunque no ocupen la mayoría de la superficie del fruto este no será apto ya que tendrá aspecto atigrado. De igual manera, si la ‘jazazit’ se presenta en el ‘jotem’, en la parte superior del etrog, dado que se trata del sitio más notorio o visible de la fruta, aunque sea de tamaño reducido, si resulta visible a todas las personas que la observen superficialmente, el etrog no será apto. La norma de la ‘jazazit’ se aplica también para manchas muy raras, de colores negro o blanco (Shulján Aruj 648:9-13 y 16). Todos estos tipos de ‘jazazit’ y manchas son sumamente raras o poco frecuentes ya que solamente fenómenos fuera de lo normal inhabilitan la aptitud de las cuatro especies.

No obstante, manchas comunes de color amarillo, gris o marrón que se encentran en los etroguim (‘blotlej’ en idish) no los invalidan pues así son estos frutos naturalmente. Por lo general, este tipo de manchas son causadas por el contacto con las hojas y las ramas que rayan la cáscara de la fruta, por efecto de lo cual se segrega un líquido que se endurece sobre la cáscara del etrog.  Si bien hay juristas estrictos que entienden que, si estas manchas son llamativas y no resulta posible pelarlas sin retirar parte de la pulpa de la fruta, el etrog en cuestión se podrá utilizar únicamente en caso de necesidad o apremio (Mishná Berurá 648:50 y 53), en la práctica, aunque las manchas resalten y resulte imposible pelarlas no invalidan al etrog ya que es natural que se encuentren en la fruta. No obstante, cuanto mayor sea el número de manchas menos hermoso y excelente resultará el etrog.

Cabe destacar que aun después de que el etrog es cosechado, en caso de recibir un leve golpe, se teme que sufra algún tipo de corte que genere una secreción de líquido transparente que cause posteriormente la aparición de una mancha marrón en ese sitio. Si bien esa mancha no inhabilita al etrog, afecta su excelencia o belleza, y por ello se tiene el recaudo de envolver al fruto en lino o en un material esponjoso. En caso de que el etrog reciba un golpe, es bueno enjuagarlo, para retirar de su cáscara la secreción transparente y evitar así su posterior manchado.

12- Reglas referentes al etrog

Un etrog de color negro no es apto porque ese no es el color de la fruta (Shulján Aruj 648:17). Un etrog de color negro verdoso (‘carti’) no es apto porque el fruto no está aún acabado. Pero en caso de saberse de que si se lo deja entre manzanas habrá de adquirir una tonalidad más amarillenta, si bien su color sigue siendo negro verdoso – será apto (Shulján Aruj 648:21). El etrog que adquirió una tonalidad amarilla al grado de tornarse de color naranja – es apto (Mor Uktzi’á 648).

El etrog debe ser comestible, por ello un etrog de orlá (de los primeros tres años que el árbol da fruto N. de T.) no es apto. Asimismo, etroguim de los cuales no se separaron diezmos y ofrendas – no son aptos (Rambám Lulav 8:2).

Un etrog de un volumen inferior al de un huevo, esto es, unos 50 centímetros cúbicos, no es apto porque aún no terminó de conformarse como fruta. Pero si su volumen equivale al de un huevo, aunque aún no esté maduro – será apto. No existe límite máximo de tamaño, aunque se precise usar las dos manos para cargarlo, el etrog será apto (Shulján Aruj 648:22). Hay juristas que adoptan una actitud más estricta y exigen que el etrog tenga un tamaño mínimo de 100 centímetros cúbicos. Si bien según la Halajá un etrog de 50 centímetros cúbicos ya es apto (Pninei Halajá Berajot 10), a priori es bueno proceder con excelencia ya que parte de la hermosura o esplendor del etrog es que posea un tamaño normal y no sea pequeño.

Un etrog seco es inválido porque carece de hermosura o esplendor (Tratado de Sucá 31(A), 34(B)). La señal de su sequedad es que, si se le clava una aguja del lado del hilo, este último saldrá seco tal como entró (Shulján Aruj 648:1). Todo etrog que tiene un año de arrancado es sabido que está seco (Ramá ídem), pero en caso de que haya sido guardado de un modo especial, bajo refrigeración o en algún tipo de bolsa hermética, es razonable que un año después de cosechado mantenga su frescura y sea apto para su uso (Bejorí Ya’akov 4, Sha’ar Hatziún 8).

Un etrog cuya forma sea totalmente diferente a la habitual, por ejemplo, si es esférico como una pelota, o si fue cultivado dentro de un molde cúbico – no será apto. Pero si posee dos cabezas asemejándose a gemelos – será apto, ya que no difiere del todo de la forma convencional (Shulján Aruj 648:18-20).

13- Prestado y robado

El precepto de tomar el lulav en el primer día de Sucot consiste en que la persona lo haga con uno que le pertenezca, tal como fue dicho (Vaikrá-Levítico 23:40): “y tomaréis vosotros en el primer día”, ‘tomareis vosotros’, de lo que os pertenece, lo cual indica que el lulav debe de ser de quien cumple por su intermedio con el precepto. Por lo tanto, quien reciba prestado de su compañero un lulav no podrá por su intermedio cumplir con su deber el primer día. El resto de la festividad no es necesario que el lulav pertenezca a quien observa el precepto, y es posible hacerlo con uno prestado.

Si el dueño del lulav ha de otorgárselo a su compañero a modo de regalo, el receptor del obsequio podrá por su intermedio cumplir con el precepto también el primer día. A los efectos de que no se produzcan irregularidades, por ejemplo, que tras recibir el lulav a modo de presente el receptor no quiera devolverlo, este debe ser otorgado a modo de “regalo a devolver” (‘mataná al menat lehajzir‘). Esto es, que el presente esté condicionado al hecho de que luego sea devuelto también a modo de regalo, y en caso de que el receptor no lo devuelva en un plazo razonable, dado que no cumplió la condición preestablecida, el acto de la concesión quedará sin efecto (Tratado de Sucá 41(B), Shulján Aruj 658:3-4).

Según la Halajá un niño que no llegó aun a la edad de cumplir los preceptos puede recibir el lulav en calidad de regalo, pero no otorgarlo, de modo tal que si se le obsequia con un lulav no podrá devolverlo bajo el mismo régimen. Por lo tanto, en el primer día de la festividad se debe tener cuidado de no darle un lulav de regalo a un niño antes de que todos los adultos hayan cumplido el precepto, pues en caso de obsequiárselo, este no podrá devolverlo para que los adultos puedan observar el mandamiento (Shulján Aruj 658:6 ver adelante 5:6).

En caso de que una de las especies haya sido obtenida por medio del hurto o la rapiña, aunque sea hermosa y excelente, quedará invalidada por todos los siete días de Sucot ya que se trata de “un precepto que se cumple por medio de una transgresión”. En caso de que el dueño del lulav haya perdido las esperanzas de recuperarlo y además el ladrón haya alcanzado a venderlo a una tercera persona, dado que el lulav ya no se encuentra en poder del malhechor resultará posible cumplir por su intermedio con el precepto, pero no se podrá recitar la bendición correspondiente. Y aunque el lulav sea transferido a otra persona, y ésta a otra incluso mil veces, mientras se sepa que originalmente fue robado estará prohibido recitar con él la bendición y quien así lo haga incurrirá en desprecio e injuria al Creador (Tratado de Baba Kama 94(A), Shulján Aruj 649:1, Mishná Berurá 6).

Quien carece de lulav y al llegar a la sinagoga ve uno, debe pedir permiso a su dueño para tomarlo y cumplir así con el precepto. En caso de que el dueño del lulav no se encuentre en las inmediaciones y no haya manera de solicitar su anuencia, se permite tomar el lulav sin solicitarla ya que entra en la categoría de ‘lulav prestado por medio del cual se puede cumplir con el precepto a partir del segundo día festivo’. Si bien quien toma un objeto de su compañero sin su permiso es considerado un ladrón, en este caso, como se trata del cumplimiento de un precepto, nuestros sabios supusieron que para una persona resulta agradable que otras observen mandamiento a través de enseres de su propiedad. Esto es así a condición de que el lulav no sea llevado a otra parte y que quien lo tome prestado sea sumamente cuidadoso a la hora de usarlo (Ramá 649:5). En caso de que el propietario del lulav sea conocido como alguien que cela mucho los objetos de su propiedad, no se podrá usarlos sin su expreso permiso ni siquiera a los efectos de cumplir con un precepto (Mishná Berurá 34).

14- Cumpliendo con excelencia

Es preceptivo cumplir los preceptos con excelencia, tal como fue dicho “Este es mi D’s y lo voy a embellecer”, lo cual fue explicado por los sabios (Tratado de Shabat 133(B)): “Embellécete ante Él por medio de los preceptos, erige ante Él una sucá bonita, y toma un lulav bonito, un shofar bonito, un tzitzit bonito, un rollo de la Torá bonito y escríbelo en aras del Cielo con una tinta bonita, por medio de una pluma bonita, de mano de un maestro escriba y envuélvelo en una seda bonita”.

Asimismo, vemos que HaShem aceptó la ofrenda de Hevel (Abel) quien trajera de las primicias de su rebaño y de sus gorduras, al tiempo que la de Cain, que había escatimado en esfuerzos y consistía en frutos simples de la tierra no fue bien recibida (Bereshit-Génesis 4:3-5, Rambám Hiljot Isurei Mizbeaj 7:10-11).

Dijeron nuestros sabios que el mandato de cumplir con excelencia (‘hidur’) implica gastar hasta un tercio más del precio inicial del precepto (Tratado de Baba Kama 9(A)). Por ejemplo, si alguien va al mercado y encuentra allí lulavim a diferentes precios, es preceptivo agregar un tercio al valor del más barato para adquirir uno más bonito. En caso de querer cumplir el precepto con especial excelencia y agregar más de un tercio para adquirir un lulav hermoso, el Santo Bendito Él le retribuirá, a condición de que el gasto efectuado no sea a cuentas del cumplimiento de otros preceptos que anteceden al del lulav en su importancia ni a cuentas del pago de deudas o la cobertura de las necesidades de su hogar.

Si a una persona se le presentan u ofrecen tres opciones: un set de las cuatro especies a sesenta NIS[2], otro más bonito a ochenta y un tercero aún más bonito a cien; el precepto de cumplir con excelencia obliga a la persona a agregar un tercio por sobre el precio más bajo y adquirir el set que cuesta ochenta. En caso de que desee cumplir con una excelencia aun mayor adquiriendo el set de cien NIS – el Santo Bendito Él le retribuirá.

Lo antedicho aplica a una persona común, pero en el caso de quien se encuentra en una situación económica apretada, para él no es preceptivo agregar un tercio (Rabí Shelomó Luria, Maguen Abraham, Mishná Berurá 656:6). Por otra parte, quien tiene el privilegio de estar en una posición acomodada, corresponde que cumpla con excelencia y agregue más de un tercio, especialmente en el caso de quien suele comprar muebles y prendas de alta gama, para los cuales se muestra dispuesto a pagar varias veces el precio de sus sustitutos estándar. En un caso así, debe agregar y cumplir el precepto por lo menos con el mismo grado de excelencia con el que procede en sus menesteres mundanos.


[2]. New Israeli Shekel.

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Conjunto de libros Peninei Halajá en español /11 volúmenes
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