05. Los preparativos previos al rezo.

01. Preparación emocional.

«No se debe de rezar cuando se está triste ni con pereza» (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 31(A)) ya que la plegaria acerca al individuo al Creador Bendito Sea, le insufla vida y lo fortalece, razón por la cual se debe orar con alegría.

Nuestros sabios afirmaron que «no se ha de orar cuando se está imbuido de jocosidad» (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 31(A), Shulján Aruj 93:2) ya que este temperamento anula el temor reverencial a D´s, debiéndose rezar desde la sumisión y el temor. «Y tampoco se ha de rezar desde la risa» ya que ésta distrae a la persona de su mundo interior y la plegaria debe brotar desde la profundidad del alma. «Y no desde la charla», ya que esta aleja a la persona de su mundo interior y la oración debe emanar de lo profundo del alma. «No se ha de rezar cuando se está de ánimo ligero o conversando sobre banalidades» ya que la plegaria se basa en la toma de conciencia en cuanto a la capacidad del ser humano de efectuar grandes obras mediante el correcto uso de la palabra, y si reza mientras dice palabras vanas muestra que no valora su capacidad verbal (ver Olat Reaiá I p. 29).

Es bueno dar «Tzedaká» (caridad) previo al rezo (Shulján Aruj Oraj Jaim 92:10), para llegar a la plegaria imbuido por la sensación de alegría del cumplimiento de los preceptos.

Además, quien se dispone a pedir ante D´s generosidad y piedad, es correcto que se apiade él mismo de los necesitados. El Arízal decía que antes de rezar es bueno meditar en el precepto de «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» que es la gran regla general de la Torá, ya que todo el rezo está formulado en plural puesto que oramos por toda la comunidad.

Una persona no habrá de pararse a rezar con una preocupación en mente. Inclusive, quien tuvo el mérito de estudiar antes del servicio religioso, no habrá de ir a orar luego de estudiar una cuestión muy intrincada, ya que su mente puede verse absorbida y de esa forma le costará concentrarse en la plegaria como corresponde. Previo al rezo se deben estudiar cuestiones de halajá claras o temas de fe que elevan y alegran el espíritu. De todas maneras, de hecho, no se habrá de dejar de rezar con «Minián» por hallarse absorbido en una cuestión compleja de estudio, o bien por un hecho que requiere de su atención (Shulján Aruj 93:3, Mishná Berurá 6).

A los efectos de que en los minutos inmediatamente previos al rezo las personas se ocupen de cuestiones gratificantes y que llevan a la elevación, nuestros sabios dispusieron que antes de iniciarse la Amidá se recite la bendición de «Gaal Israel» («que redimes al pueblo de Israel») tanto en las plegarias Matiutina como Nocturna, y previo a Minjá se dice «Ashrei» (bienaventurados los que habitan en tu morada…») (Shulján Aruj 93:2).

Los hombres devotos y piadosos de entonces («jasidim rishonim») no se conformaban con esto, sino que se preparaban una hora antes del rezo para poder concentrarse adecuadamente y orientar sus corazones a D´s (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 30(B), Shulján Aruj 93:1, Mishná Berurá 1).

02. La ablución de manos («Netilat Iadaim»)

Quien se dispone a rezar debe purificarse, por lo tanto es preceptivo que lave sus manos antes del servicio. Empero existe una diferencia entre quien tiene la certeza de que sus manos están sucias y el estado habitual de quien ignora si sus manos se ensuciaron.

Quien tiene la certeza de que sus manos están sucias, como en el caso de quien haya ido al baño o tocado partes habitualmente cubiertas de su cuerpo que suelen estar traspiradas por efectos del sudor, debe lavarse las manos antes de rezar. Según la opinión de muchos juristas, esta ablución conlleva el recitado de la bendición, también antes de los rezos de Minjá y Arvit (Rambám, Rosh, Gaón de Vilna). Sin embargo, en la práctica se acostumbra a recitar la bendición únicamente en la ablución matinal de manos previa al servicio de Shajarit, ya que tras el sueño de la noche, la persona se transforma en una nueva creatura y mediante el lavado de manos habrá de prepararse para la labor de un nuevo día. Empero antes de Minjá y Arvit, el lavado de manos es sólo para limpiarlas y por ende no requiere del recitado de la bendición (según la opinión del Rashbá).

De todas maneras, aquel cuyas manos se ensuciaron antes del rezo debe lavarlas previo a comenzar a orar. A priori, habrá de lavarlas con un recipiente (kelí) vertiendo agua sobre cada palma de la mano. De no poseer un recipiente habrá de lavarlas directamente con agua.

Si no hay agua en las inmediaciones, dado que sus manos se ensuciaron, la persona deberá esforzarse y caminar hasta una distancia equivalente a un «mil» (912 mts.) para lavar sus manos de cara al servicio religioso. Mas si por hacerlo se puede hacer tarde para rezar, o la persona se perdería el servicio público, habrá de frotar sus manos en la arena o sobre su ropa para quitar de éstas todo resquicio de suciedad, y así habrá de rezar (Shulján Aruj 92:4, Mishná Berurá 92:20).

Los juristas debatieron si tiene que lavarse las manos quien desconoce si sus manos están sucias pues no recuerda si tocó o no partes cubiertas de su cuerpo. Por lo tanto, si en el sitio en cuestión hay agua, habrá de lavarse las manos, mas si no la hay en la cercanía no habrá de lavarlas, y podrá confiarse en los juristas que opinan que manos en estado normal no requieren de ablución con anterioridad al rezo. Por las dudas, habrá de frotar sus manos sobre sus ropas (Shulján Aruj 92:5, 233:2, Mishná Berurá 92:26, Beur Halajá ואם).

Quien fue al baño y lavó sus manos en su casa, y luego tuvo cuidado de no tocar partes cubiertas de su cuerpo, y fue a rezar a la sinagoga, no necesita volver a lavarse las manos para el rezo. Asimismo, quien entró a la sinagoga para estudiar y rezar, si se lava las manos antes del estudio y pone atención de no tocar las partes cubiertas de su cuerpo, no precisa volver a lavarse las manos antes de rezar.

03. La Kipá (solideo) y el cinturón.

Una persona debe prepararse para el rezo, temer reverencialmente ante Su magnificente presencia y regocijarse por estar a punto de presentarse ante el Rey de Reyes y orar. Esta actitud debe reflejarse también en la indumentaria, debiendo ser ésta decorosa y digna de quien se presenta ante el Rey.

Los varones deben cubrir sus cabezas durante el rezo, cuando se menciona Su nombre y cuando ingresan a la sinagoga (Shulján Aruj Oraj Jaím 91:3). Sin embargo, de acuerdo con la costumbre aceptada por todo el pueblo de Israel, los hombres cubren sus cabezas con una Kipá durante todo el día (Shulján Aruj Oraj Jaím 2:6). De todas maneras, la obligación de cubrir la cabeza durante el rezo, cuando se menciona Su nombre o en la sinagoga es más fuerte porque tiene su origen en la ley y no en la costumbre.

Hay juristas que sostienen que mujeres solteras deben también cubrir sus cabezas durante el rezo y el recitado de bendiciones, empero en la práctica las mujeres no acostumbran a poner reparo en esto.

Es menester usar cinturón durante el rezo, ya que este genera una división entre la cabeza y el corazón por un lado y las zonas púdicas por el otro. En este aspecto, el rezo es más delicado que el resto de las cuestiones de santidad, ya que para el recitado de estas últimas no es necesario usar un cinturón, siendo éste sustituible por cualquier elemento que separe las partes, como por ejemplo ropa interior. Mas en el caso del rezo, es preceptivo el uso de un cinturón, indumentaria que implica respeto, tal como está escrito (Amos 4:12): «Prepárate para encontrarte con tu D´s, oh Israel».

Empero quien no acostumbra a usar cinturón en su indumentaria habitual no debe ponerse uno a la hora de rezar. Es costumbre jasídica que también quien no usa habitualmente cinturón lo haga especialmente para rezar, ya que éste expresa la separación entre la parte elevada del hombre que son la mente y el corazón y la inferior que son la zona genital o  púdica y las piernas.

La mayoría de los seres humanos están sumidos en sus pasiones carnales, tanto sus mentes como sus corazones están ocupados con cuestiones materiales y mundanas. Mas el pueblo de Israel que recibió la Torá del cielo, es capaz de sobreponerse al impulso de los instintos y dedicar sus mentes y sus corazones a temas espirituales y elevados, para luego retornar al mundo de la materia y la acción, a fin de rectificarlo o corregirlo. Esta cuestión está insinuada en el cinturón durante el rezo, y para éste los sabios estipularon la bendición matinal «…que ciñe a Israel con vigor». Por esta razón los jasidim usan un cinturón especial para rezar («Gartel«).

04. ¿Cuál es la indumentaria adecuada para rezar?

Quien carece circunstancialmente de vestimentas, debe lucir en el rezo, cuanto menos unos pantalones cortos y una camiseta (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 25(A), Shulján Aruj 91:1). Si bien para recitar el «Shemá» y sus bendiciones, de hecho alcanza con cubrirse las partes púdicas (Shulján Aruj 74:6), de todas maneras, respecto del rezo que se asemeja a presentarse ante el Rey, se debe cubrir, cuanto menos las partes púdicas y el corazón (esto es la espalda y el vientre).

Todo esto se refiere a una situación a posteriori, empero a priori, la persona habrá de vestir ropas dignas, a los efectos de que no honre menos con su indumentaria a D´s que a las personas y así como la persona es meticulosa en vestirse adecuadamente antes de encontrarse con gente importante, así debe lucir, cuanto menos a la hora de rezar. Sin embargo quien va a entrevistarse con el rey una sola vez en su vida viste su mejor ropa, mientras que quien se reúne a diario con éste, cuida que su indumentaria sea digna y adecuada a su rango y función, mas no viste a diario su mejor vestimenta. De la misma manera nosotros, al rezar nos asemejamos a quien se reúne con el rey tres veces al día y por ende se viste adecuadamente mas no con su mejor ropaje, el cual se reserva para Shabat, días de fiesta o alegrías vinculadas al cumplimiento de un precepto.

Todo esto según la costumbre del lugar y las personas. Hay comunidades en las cuales se acostumbra a vestir en todo evento traje y sombrero, por lo que también para rezar deben lucir así. En sitios en los que no se acostumbra o no se considera aceptable calzar sandalias sin calcetines ante personas importantes, se deberá ponerlos a la hora de rezar. Empero en lugares en los que se acostumbra a calzar sandalias sin calcetines o a no vestir  traje y sombrero delante de personas importantes, se puede rezar así (según el Shulján Aruj Oraj Jaím 91:5).

Quien acostumbra a rezar con sombrero y traje, y se encuentra en una situación en la que si va a su casa por ellos perdería el servicio con «Minián«, es mejor que rece con la congregación con su indumentaria sencilla, ya que el deber del rezo colectivo antecede al de vestir una indumentaria decorosa (Avnei Iashpé 1:7).

Empero si la persona en cuestión luce una indumentaria indecorosa, como en el caso de que haya trabajado en su jardín y luzca ropa de labor sucia o pantalones cortos, y no acostumbre a caminar así por la calle, es mejor que se cambie de ropa aunque de mientras pierda el servicio público, para no zaherir la dignidad del mismo. Además, es de suponer que con la indumentaria en cuestión, a la persona se le hará difícil concentrarse pues se sentirá observado por los demás.

05. Detalle de las reglas de la indumentaria a vestir durante el rezo.

Quienes se dedican a labores físicas, visten indumentaria de trabajo y les resulta complicado cambiarse de ropa antes del servicio, podrán rezar con ese atavio pues para ellos no se considera que se trate de ropa indecorosa. Cuando tengan tiempo de cambiarse, corresponde que hagan el esfuerzo de vestirse mejor para el rezo.

No se debe rezar en pijama (Mishná Berurá 91:11), empero el enfermo puede hacerlo pues es aceptado que éste vista esta indumentaria delante de personas importantes que vienen a visitarlo.

No se debe rezar vistiendo un abrigo para lluvia (piloto), botas y guantes ya que no se suele vestir así delante de personas prestigiosas (Mishná Berurá 91:12). Sin embargo, cuando hace mucho frio, se puede rezar con abrigo de lluvia y guantes ya que esto no implica menospreciar la importancia del rezo. Asimismo, en lugares donde se acostumbra a calzar botas se puede rezar con éstas.

Muchachos jóvenes y miembros de «kibutzim» (granjas cooperativas) que acostumbran a vestir pantalones cortos cuando se presentan ante personas importantes, pueden rezar con esa indumentaria. Empero el oficiante debe cubrir sus piernas hasta por debajo de la rodilla, ya que quien viste pantalones cortos se lo denomina «andrajoso» o «harapiento» (פוחח),  y no es digno de dirigir el servicio (ver arriba 4:4).

A veces, una persona se encuentra en un sitio en el cual se pone menos reparo a la indumentaria, como ser el caso de un lugar vacacional en el cual quienes visten traje a diario allí se limitan a vestir una camisa. En un caso así, quien no se avergüenza de caminar sólo con camisa delante de personas importantes, puede rezar vestido así prescindiendo del traje.

06. No se debe traer a la sinagoga niños pequeños que pueden molestar.

Está prohibido que quien reza siente delante suyo a un bebé, pues es de temer que éste le impida concentrarse (Mishná Berurá 96:4). De esto se deduce, que no se debe llevar a la sinagoga bebés o niños muy pequeños que no saben rezar, pues pueden molestar a quienes rezan. Si bien es costumbre de los píos llevar a los bebés o niños muy pequeños a la casa de estudio para que absorban la atmósfera de santidad que allí reina, ésta se refiere a la hora del estudio y no cuando se reza. También cuando se estudia, es deber del padre de no permitir que el niño fastidie (ver Talmud Jerosolimitano Tratado de Ievamot 1:6, Or Zarúa II Shabat 48).

A los efectos de clarificar la importancia de esta cuestión, he de recordar aquí los conceptos de Rabí Ieshaiahu Horowitz (השל»ה הקדוש) quien escribió en nombre del autor del libro «Orjot Jaím»:

«La conversación de los niños en la sinagoga se trata de una gran prohibición. En nuestros días los niños pequeños vienen a la sinagoga a los efectos de traer castigo sobre quienes los llevan ahí, ya que con su asistencia profanan la santidad de la casa de nuestro D´s al reirse en esta como si se tratase de una calle cualquiera de la ciudad. Un niño juega con el otro, otro golpea a su compañero, uno ríe y otro llora, uno habla y el otro grita, uno corre para aquí y el otro corre para allí. Hay incluso quienes hacen sus necesidades en la sinagoga haciendo que todos comiencen a gritar «¡agua!  ¡agua!». En otros casos el padre le da al niño un libro y este lo tira al piso o lo rompe en una docena de pedazos. En resumen, los juegos de los niños en la sinagoga devienen en la pérdida de concentración de quienes rezan, profanándose así el Nombre Divino. Por lo tanto, quien trae un niño pequeño a la sinagoga no debe de esperar recibir por ello recompensa, sino más bien le es dable esperar una desgracia. Lo peor de todo, es que estos niños pequeños al crecer continuarán faltando el respeto a la sinagoga y luego a la Torá; de modo tal que una trasgresión constantemente repetida se transforma a ojos del trasgresor en permitida y en hábito que no abandonará ni siquiera en su vejez. Para concluir, no se deben traer a los niños muy pequeños a la sinagoga pues al hacerlo se perjudicará y no se beneficiará. Empero una vez que el niño llega a la edad en la que se le comienza a enseñar el cumplimiento de los preceptos (jinuj), habrá de traerlo a la sinagoga y le enseñará a sentarse allí con temor reverencial y respeto, sin permitirle moverse del mismo, y le instará a responder «Amén«al «Kadish» y a la  «Kedusha» (Shnei Lujot Habrit, Tratado de Tamid Ner Mitzvá, Mishná Berurá 98:3).

Quien trajo a su hijo al servicio y este comienza a molestar al rezo público, habrá de tomarlo de la mano y retirarlo de la sinagoga aunque se encuentre en la mitad de la «Amidá«, habiendo de continuar su plegaria afuera (ver adelante 17:15).

07. Evitar molestias durante el rezo.

Durante el rezo de la «Amidá» no se debe sostener con las manos un objeto que tememos que se pueda caer, como ser unas filacterias, un libro, una bandeja cargada, monedas, un cuchillo o un alimento, pues esto puede causar la pérdida de la concentración (Shulján Aruj 96:1). Asimismo, hay que tomar precaución de esto también en las demás secciones del servicio, tales como el recitado del «Shemá» o los cánticos de alabanza. A priori, durante el  rezo de «Amidá» no se debe sostener nada en las manos, pues asir algo innecesario resulta irrespetuoso (ver Mishná Berurá 96:1 y 5, según Talmidei Rabenu Ioná 16). Empero está permitido en Sucot sostener un lulav, pues en esta festividad es preceptivo asirlo, y por lo tanto no genera distracción. Y por supuesto que está permitido sostener el libro de rezos («Sidur«), pues es necesario para el servicio (Shulján Aruj 96:1 y 2).

Antes de iniciarse el rezo hay que apagar el teléfono celular. En sinagogas o sitios donde hay libros de oración, no se deben usar los teléfonos celulares a modo de «Sidur» para no distraerse, y para que no parezca que se leen mensajes durante el rezo. Quien carece de «Sidur» y precisa usar el celular, debe primero bloquear la opción de recepción de llamadas o mensajes.

Quien piensa que durante el rezo pueda ser llamado para una cuestión de suma urgencia, puede dejar el aparato encendido mas lo pasará a modo de vibración  para que la recepción del llamado no perturbe el servicio.

A priori, no se debe rezar con una mochila pendiendo de la espalda, pues no es esta una manera decorosa de presentarse ante personas importantes, y menos aún de pararse a orar. En caso de que la persona se encuentre de paso y le resulte más cómodo dejar la mochila pendiendo de sus hombros, si ésta es pequeña y tiene un volumen inferior a los cuatro «kavin» (4.8 litros aprox.) podrá rezar con ella. Si la mochila tiene un volumen que excede los cuatro «kavin«, no podrá rezar cuando esta pende de sus hombros pues un bulto semejante puede distraerle de su concentración (Shulján Aruj 94:4).

Una persona que sostiene en sus manos unas filacterias o dinero, y teme que si los apoya en alguna parte podrían ser robados, carece de bolsillos o de alguien en quien confiarlos para que se los cuide,  a posteriori, es mejor que los mantenga asidos durante el servicio ya que de esta manera se preocupará menos (Mishná Berurá 96:6, Kaf HaJaím 7). Asimismo, quien lleva una mochila grande sobre sus espaldas y teme que se la puedan robar, de no tener alternativa podrá rezar cargándola.

Un soldado que porta un arma, a priori no habrá de entrar  a la sinagoga y rezar cargándola, ya que no corresponde orar por la paz y la vida sosteniendo un instrumento de muerte. Empero, si debe portar el arma por cuestiones de seguridad o necesita asirla para que no se la roben, podrá rezar mientras la sostiene. De ser posible, hay que retirarle el cargador, para que en ese momento no parezca un arma. Si por cuestiones de seguridad es conveniente que el arma esté cargada se podrá rezar con el cargador puesto (ver Tzitz Eliezer 10:8).

Quien sufre de catarro habrá de sonarse la nariz antes del rezo, para no precisar hacerlo durante el mismo. Si tiene flemas en su garganta que le molestan, habrá de expectorarlas antes del rezo para que no le molesten (Shulján Aruj 92:3). Si necesita sonarse la nariz durante el rezo, habrá de hacerlo de la manera más educada posible. Quien precisara bostezar, cubrirá su boca con la mano. Todo esto se debe a que quien ora debe ser muy cuidadoso en el respeto a D´s y todo aquello que se considera inapropiado hacer delante de las personas  está prohibido durante el rezo (ver Shulján Aruj  97:1 y 2).

08. Necesidades fisiológicas durante el rezo.

Dijeron nuestros sabios: quien tiene necesidades fisiológicas tanto mayores (defecar) como menores (orinar) no habrá de rezar (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 23(A)). Esto obedece a dos razones: a) La necesidad de evacuar puede distraer (Rambám); 2) No corresponde presentarse a rezar ante D´s con el cuerpo sucio del excremento que contiene (Hagahot Maimoniot). En caso de duda, nuestros sabios indicaron que, a priori, hay que revisar si se tiene alguna necesidad fisiológica antes de empezar a rezar (Tratado de Berajot 16(A)). Nuestros sabios basaron sus palabras en el versículo (Amos 4:12): «Prepárate para encontrarte con tu Dios, oh Israel», además está escrito (Eclesiastés 4:17): «Pon atención a tu pie cuando entres a la Casa de D´s», entendiéndose que refiere a cuidarse de no tener necesidades fisiológicas durante el rezo.

Existen dos niveles de necesidad fisiológica: a) Gran necesidad, al punto de que la persona no puede aguantar el periodo de tiempo que lleva caminar una «parsá» (unos 72 minutos), b) Cuando la persona tiene una gran necesidad fisiológica, pero puede esperar más de setenta y dos minutos para hacer sus necesidades.

Si la persona comenzó a rezar cuando sentía necesidades fisiológicas mayores y no puede esperar setenta y dos minutos, su rezo es considerado una abominación y no cumplió con su deber, por lo que debe volver a rezar luego de que evacúe. Quien rezó cuando sentía necesidades fisiológicas menores al punto de que no podía esperar setenta y dos minutos, si bien es claro que no procedió correctamente, los juristas de las últimas generaciones (ajaronim) discutieron respecto de si su rezo es  considerado o no una abominación. Dado que no se ha podido definir esta discusión, no es obligatorio volver a rezar luego de orinar, empero es bueno hacerlo a modo de rezo voluntario o «nedavá» (ver Beur Halajá 92:1 וצריך לחזור).

 

Sin embargo, si la persona que rezó podía aguantar sin ir al baño setenta y dos minutos, dado que su necesidad no era tan apremiante, su plegaria es considerada aceptable. De todas maneras, quien tiene necesidades fisiológicas, aunque puede esperar setenta y dos minutos, a priori no habrá de rezar aunque esto le signifique perderse el servicio público. Mejor es que vaya al baño y luego rece individualmente. Empero si por ir al baño se le ha de pasar el tiempo del servicio en cuestión, será mejor que rece para no perder completamente la plegaria pública (Shulján Aruj 92:1, Mishná Berurá 92:5).

El parámetro de medida para saber si la persona puede o no esperar setenta y dos minutos es ella misma. Si antes del rezo la persona pensó que podía aguantarse ese lapso de tiempo, y tras el servicio se da cuenta de que estaba equivocado y no podía, dado que en el momento de empezar a orar pensó que podía, su rezo es aceptado (Beur Halajá 92:1, שיעור פרסה).

Quien tiene la duda respecto de si necesita o no evacuar, o bien tiene una necesidad menor tal como la vimos anteriormente, a priori la persona habrá de revisar si tiene necesidad y aliviarse antes del rezo empero no habrá de perderse por esto el servicio público.

09. Reglas respecto de quien tiene necesidades fisiológicas a la hora de cumplir con cuestiones referentes a la santidad.

Así como la persona que siente necesidades fisiológicas y no puede postergarlas setenta y dos minutos le está prohibido rezar, de la misma forma no puede recitar bendiciones, el «Shemá» o estudiar Torá, ya que no es correcto dedicarse a asuntos relativos a la santidad estando el cuerpo sucio. Empero, existe una diferencia significativa entre el rezo y las demás cuestiones relativas a la santidad. Esta radica en que durante el rezo es como si estuviéramos de pie ante el Rey, y si se ora de un modo impropio se ofende a D´s, resultando la plegaria detestable. Por lo tanto, quien reza cuando no puede resistir setenta y dos minutos, su plegaria no es válida. No así resulta el caso en las demás cuestiones de santidad, en las que no se considera que la persona esté de pie ante el Rey,  y por lo tanto, a posteriori, quien recitó una bendición o el «Shemá» cuando no podía aguantarse setenta y dos minutos igualmente cumplió con su deber (Mishná Berurá 92:6, Beur Halajá אפילו בד»ת, Kaf HaJaím 3).

Quien puede aguantar setenta y dos minutos, en opinión de la mayoría de los  sabios de las últimas generaciones (ajaronim) puede, a priori, recitar bendiciones o estudiar Torá y hay quienes dicen que es mejor que primero evacúe (Mishná Berurá 92:7). De todas maneras, si a los efectos de evacuar la persona precisa esforzarse, no es su deber evacuar primeramente.

Quien comienza a estudiar cuando no sentía necesidad fisiológica alguna, y durante su estudio la siente al punto de que no puede esperar setenta y dos minutos, a priori, debe ir a evacuar. Si se encuentra en el medio del análisis de un tema hay quienes opinan que puede continuar en su estudio hasta concluirlo (Beur Halaja´92:2 קורא, Ialkut Iosef II pág. 338), y hay otros que consideran que debe ir a evacuar de inmediato (Kaf HaJaím 3:48). En el caso de quien enseña Torá en público, primero habrá de terminar la lección y luego irá al baño, pues el respeto a las demás personas antecede a la prohibición de «no tener el cuerpo sucio a la hora de rezar» que es de origen rabínico (Mishná Berurá 92:7).

10. Cuando se necesita ir al baño en medio del rezo.

Quien comenzó a rezar sin sentir necesidad fisiológica alguna, y en medio del rezo comienza a sentirla, interrumpirá o no su plegaria dependiendo de la intensidad de la necesidad y de la etapa de la oración en la cual se encuentre. A estos efectos existen tres niveles de necesidad:

  1. a) Si la persona en cuestión puede aguantarse setenta y dos minutos hasta ir al baño, puede continuar con su rezo.
  2. b) Si la persona estima que no podrá aguantar setenta y dos minutos, pero no tiene aún que esforzarse para evitar que sus residuos salgan, y en caso de ir al baño necesitaría esforzarse un poco para evacuar, dado que ya empezó a rezar en regla y no está tan necesitada, podrá terminar la sección del rezo en la que se encuentra. Si durante los cánticos de alabanza (pesukei dezimrá) la persona siente repentinamente necesidades fisiológicas habrá de esperar hasta finalizarlos con el recitado de la bendición de «Ishtabaj«, y entonces saldrá a evacuar. Pero si se le despertó la necesidad durante el recitado de las bendiciones del «Shemá«, podrá finalizar con el recitado de ellas, empero como va a necesitar evacuar antes de la «Amidá» y es mejor no interrumpir entre ésta y la bendición de la redención inmediatamente anterior, habrá de retirarse a evacuar ni bien termine el cántico de alabanza o la bendición que esté recitando (Mishná Berurá 92:9, Beur Halajá יעמיד).
  3. c) El nivel más urgente es cuando la persona debe esforzarse para evitar que sus excrementos u orina salgan, ya que en este caso se está trasgrediendo la prohibición de «no tener el cuerpo sucio a la hora de rezar» (לא תשקצו) (Ramá 92:2, según el Shulján Aruj Harav 3:11). Si la persona se encuentra en los cánticos de alabanza o en las bendiciones que acompañan el recitado del «Shemá«, dado que la interrupción a esas alturas no es tan grave, que vaya al baño de inmediato. Empero si se encuentra en medio de la «Amidá«, dado que interrumpir allí es grave, y cuando la comenzó no sentía necesidad fisiológica alguna, que concluya primero su plegaria. Solamente en el caso en que no puede contenerse en absoluto que vaya de inmediato al baño.

11. El borracho y el ebrio (entonado).

Quien reza debe hacerlo con completa lucidez. A diferencia de muchos de los ritos paganos que se llevan a cabo en estado de éxtasis inducido por el alcohol y las drogas, nuestro encuentro con D´s se lleva a cabo con seriedad y profundidad de pensamiento. Esto es lo que la Torá ordenó a los cohanim (sacerdotes), en cuanto a que no ingresen a servir en el Sagrado Templo tras haber bebido vino (Vaikrá 10:8-11). De esto aprendieron nuestros sabios que el borracho y el ebrio tienen prohibido rezar.

El ebrio es quien está levemente influenciado por el alcohol, y por ende le cuesta un poco concentrarse y focalizar su pensamiento, empero aún es capaz de hablar delante del Rey sin menoscabar su real honor. Borracho es quien bebió mucho al punto de que no es capaz de hablar delante del Rey.

A posteriori, un ebrio que rezó, por cuanto que puede hablar delante del Rey, cumplió con su deber preceptivo. Asimismo, si alguien comienza a rezar y luego recuerda que está ebrio, habrá de completar su plegaria (Eliahu Rabá, Kaf HaJaím 99:2). Empero un borracho que por error comenzó a rezar, debe cesar de inmediato, puesto que su plegaria es aborrecible. Inclusive si alcanzó a completar toda la plegaria, no cumplió con su deber preceptivo. Y si se le pasa el efecto etílico tornándose sobrio antes de que concluya el tiempo del rezo, deberá volver a rezar en regla (Shulján Aruj 99:1).

Nuestros sabios dijeron que quien bebe un «reviit» de vino (86 ml.) se lo considera ebrio y si camina un «mil» (aprox. un kilómetro) el efecto del alcohol se le pasará (Talmud Babilonio Tratado de Eruvín 64(B)). Empero desconocemos cómo equiparar los vinos de antaño con nuestros vinos actuales y por lo tanto la regla general es que mientras la persona se sienta afectada (mareada) por el vino se la considera ebria y cuando se sienta lúcida podrá rezar (Shulján Aruj 99:3, Mishná Berurá 2).

Según el Ramá, dado que  a lo largo de las generaciones la concentración en el rezo ha decaído, no se debe ser demasiado puntilloso en este tema, por lo que quien está ligeramente ebrio hay que permitirle rezar, más aún cuando lo hace con un libro de oraciones (Sidur), razón por la cual no se teme que se equivoque en su plegaria. Se acostumbra a confiar en el criterio del Ramá cuando el tiempo del rezo está por concluir (Mishná Berurá 99:3 y 17, ver Kaf HaJaím 22). Hay quienes agregan que esta idea es aplicable cuando se corre el riesgo de perder un rezo público por lo que es mejor que el ebrio participe del servicio (ver Ishei Israel 22:18). En Purim, dado que es preceptivo beber alcohol se acostumbra a flexibilizar la norma respecto del ebrio, para que no se pierda el «Minián» (ver Peninei Halajá Zmanim 16:14).

Respecto del recitado del «Shemá» y sus bendiciones los juristas están divididos en sus opiniones. Por lo tanto, a priori, quien esté ebrio o borracho no habrá de recitarlos sino que habrá de esperar a que se disipe el efecto etílico. En caso de que el tiempo del recitado del «Shemá» esté por acabarse, el ebrio habrá de recitarlo junto a sus  bendiciones mientras que el borracho recitará el «Shemá» sin éstas (Ramá 99:1, Mishná Berurá 8).

En cuanto al recitado de las demás bendiciones, como ser las del disfrute («nehenín«) o la posterior al baño («Asher iatzar«), el ebrio podrá a priori recitarlas mientras que el borracho a priori no lo hará. Empero, en el caso de bendiciones en las que si el borracho no las recita habrá de perder la oportunidad de hacerlo, podrá recitarlas. Esto se refiere, por ejemplo, a si alguien se emborracha durante la comida, que recite la bendición de agradecimiento por los alimentos («birkat Hamazón«) y si fue al baño que recite la bendición posterior de «Asher iatzar» (Ramá 99:1, Mishná Berurá 11).

Quien esté en muy avanzado estado etílico («borracho como Lot») al punto de que no sea consciente de qué le ocurre, se le considera incapacitado mental (shoté), lo cual lo exime del cumplimiento de los preceptos. Aunque recite bendiciones, en ese estado, no se consideran válidas en lo más mínimo (Mishná Berurá 99:11).

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