01. ¿Es obligatorio recitarlas?

Los judíos tuvieron como costumbre recitar, por la mañana previo al rezo, el capítulo de la ofrenda permanente (korban hatamid). Empero, como los sabios no lo dispusieron, no se considera una obligación absoluta. De todas maneras, dado que la costumbre del recitado de la ofrenda permanente se basa en lo dicho por lo sabios en el Talmud Babilonio (como se explicará más adelante) y dado que además éstos fijaron el horario de Shajarit en relación con el horario de la ofrenda matinal, los judíos acostumbraron a recitar el capítulo de la ofrenda permanente todos los días hasta que se transformó en obligatoria.

Por lo tanto es bueno recitar cada mañana, previo al rezo, el capítulo de la quema del incienso pues éste era ofrendado todos los días y además el Zohar (Vaiakhel 218:2) alaba vehementemente a quien lo recita a diario. Incluso en el caso de quien tiene prisa, es bueno que intente, por lo menos, leer los capítulos de la ofrenda permanente y del incienso.

Es bueno recitar los demás capítulos de la sección de las ofrendas, amén de las plegarias adjuntas, mas no hay obligación de hacerlo.

Quien no tiene tiempo de recitar el capítulo de la ofrenda permanente, los versículos de la quema del incienso y todos los cánticos de alabanza (pesukei dezimrá) es mejor que se saltee el salmo 30 («Mizmor shir janukat habait» que para los sefaradíes comienza con «Aromimjá HaShem») para así poder recitarlos. Si el tiempo no le ha de alcanzar, que saltee también «Hodu laHashem». Incluso puede omitir «Vaibarej David«, el «Cántico del Mar» y «Vihí Jebod» para así poder recitar la ofrenda permanente y los versículos de la quema del incienso. Este orden de preferencias se debe a que el origen del recitado tanto de la ofrenda permanente como de la quema del incienso es talmúdico, mientras que los pasajes del rezo antes mencionados fueron agregados a los cánticos de alabanza por los sabios saboraítas y los gaonitas[1]. Sin embargo, el núcleo central de los cánticos de alabanza, esto es, «Baruj Sheamar«, «Ashrei» (salmo 145) hasta el final de las «Aleluyas» e «Ishtabaj«, no habrá de ser salteado a los efectos de recitar los versículos de las ofrendas. Esto se debe a que el núcleo de los cánticos de alabanza fue instituido como obligatorio, e incluso se redactaron especialmente las bendiciones que los acompañan.

[1] Posteriores en el tiempo y por ende inferiores en la jerarquía de los sabios ya que cuanto más cercano en el tiempo a la revelación de Sinai la generación de maestros se encuentre, mayor es su peso legislativo (n. de t.)

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