04. El orden de las ofrendas.

Se inicia con la porción del sacrificio de Itzjak, pues la disposición de Abraham de inmolar a su único hijo es la mayor de las ofrendas posibles y el fundamento de este precepto. Recitar el orden de las ofrendas despierta en los corazones el amor a D´s y el deseo de servirle con entrega total. Además, al recitarlo recordamos el mérito de nuestros ancestros y después de leer el pasaje del sacrificio de Itzjak le pedimos al Altísimo que en mérito de éste se apiade de nosotros y nos redima.

Después de esta lectura, acostumbramos a recitar palabras que buscan despertarnos y motivarnos de cara al rezo y el servicio a D´s, mencionamos allí el Shemá Israel y de acuerdo al Talmud Jerosolimitano debemos culminarlo con la bendición que reza: «Bendito eres Tú que santificas Tu Nombre en la multitud» («Baruj Atá A-donai Mekadesh et Shimjá Barabim«) siendo esta la versión final en la tradición de Ashkenaz. Según la versión sefaradita, dado que el Talmud Babilonio no menciona esta bendición, se recita: «Bendito es Aquel que santifica Su Nombre en la multitud» («Baruj Hamekadesh Shemó Barabim«) sin emplear en la misma ningún Nombre Sagrado.

Luego llegamos a la porción de las ofrendas propiamente dicha. Según la tradición ashkenazí, se recita primero el pasaje del recipiente de cobre para las abluciones y el de la quita de las cenizas, acciones con las que los sacerdotes comenzaban su jornada laboral cada mañana. Además, mediante el lavado de manos y pies en el recipiente de cobre se purificaban para su labor por lo que recitar este pasaje contribuye a la purificación previa al rezo matinal.

Luego todos recitan la porción de la ofrenda permanente y piden que su lectura equivalga a su ejecución. Luego se recitan los versículos de la quema del incienso y los comentarios de los sabios respecto de la preparación de éste.

A todo esto se le agregan versículos para la buenaventura y el párrafo del recuento de Abayéi de las funciones sacerdotales. Luego se recita el cántico «Ana Bekoaj» el cual alude a la labor de ofrendar sacrificios y se concluye con una plegaria para que todo lo expresado por nuestros labios sea considerado como si hubiéramos ejecutado en la práctica la ofrenda permanente o perpetua.

El orden de las ofrendas debe ser recitado después del despunte del alba, pues entonces comenzaba el horario de los sacrificios matinales (Shulján Aruj 1:6, 47:13). Hay juristas que opinan que es bueno recitar este orden de pie, tal cual hacían los sacerdotes que se mantenían parados durante la ejecución de los sacrificios (según el Maguén Abraham  y ver Mishná Berurá 48:1). La mayoría de los juristas considera que no es necesario recitarlo de pie y así es la usanza sefaradí (Kaf HaJaím 1:33).

Luego se recita el párrafo que describe dónde se ubicaban los lugares de sacrificio en el Templo (Mishná Zevajim cap. 5). Hay dos razones para su recitado: la primera porque explica el sitio de cada sacrificio y dónde se salpicaba la sangre correspondiente, por lo que equivale a la ofrenda efectiva; la segunda porque nuestros sabios quisieron que cada judío estudie cada día algo de la Torá Escrita, de la Mishná y del Talmud (ver Talmud Babilonio Tratado de Kidushín 30(A)). Al leer la porción de la ofrenda permanente se cumple con el estudio de la Torá Escrita, al leer este capítulo de Zevajim se cumple con el deber de estudiar Mishná y luego al recitar la Beraita de Rabí Ishmael sobre las trece reglas de interpretación de la Torá se cumple con el deber de estudiar Talmud.

Si bien en el Shulján Aruj está escrito que es bueno recitar todas las porciones de las ofrendas, esto es, la porción del sacrificio «Olá«, «Minjá«, «Shlamim«, «Jatát» y «Asham» (de las porciones de lectura de la Torá Vaikrá y Tzav), en la práctica, no se solían recitar y en los libros de rezo no fueron impresos. Hay quienes opinan que al recitar el antes mencionado capítulo  5 de la Mishná de Zevajim se cumple de cierta forma con el deber de estudiar los distintos sacrificios (Shulján Aruj HaRav 1:9, Eshel Abraham). Es bueno que cada año al leerse en la Torá las porciones de Vaikrá y Tzav estas sean bien analizadas para que su estudio sea considerado como ofrendar un sacrificio (Talmud Babilonio Tratado de Menajot 110(A)).

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