10. Otras leyes.

Una mujer que reza sentada o de pie de cara al baño, en caso que la puerta del mismo esté cerrada y no se percibe mal olor, está permitido decir palabras de santidad y orar allí. En caso que la puerta esté abierta no podrá hacerlo. En cambio, si su espalda o costado da al baño, mientras no le llegue mal olor podrá recitar cuestiones de santidad y rezar (Shulján Aruj 83:1, Mishná Berurá 83:5).

Cuando entra mal olor de la alcantarilla a la casa, está prohibido seguir rezando en la misma. A veces cerrando las ventanas es posible superarlo y el mal olor que queda se puede disipar mediante un desodorante de ambiente en aerosol. En el pasado se disipaba el mal olor quemando una prenda (Kaf HaJaím 79:20).

La regla referente al mal olor depende de las costumbres de los lugareños. En el pasado, las aguas servidas fluían libremente en los costados de las calles e indudablemente el aire en las ciudades populosas estaba impregnado de malos olores. Empero como las personas estaban acostumbradas a ese olor no se lo consideraba malo y por lo tanto se rezaba en las sinagogas o casas contiguas a las canaletas de drenaje de aguas servidas. Sólo cuando estas canaletas se obstruían o en los días calurosos del verano en los que el mal olor se intensificaba se tomaban precauciones (ver Mishná Berurá 79:5). Empero hoy en día, en que las aguas servidas fluyen dentro de cloacas y tuberías, el aire es más puro y por lo tanto somos más sensibles al mal olor. Por esto en todo sitio en que percibamos un olor desagradable de acuerdo a lo aceptado, hoy día está prohibido rezar.

Asimismo en los «moshavim» (aldeas agrícolas) en los que hay establos y gallineros el olor que llega a las casas o a la sinagoga no se considera allí como malo. Empero en la ciudad se lo considera mal olor y está prohibido rezar antes de que se lo neutralice. Nos parece que quienes se hospedan en los «moshavim» deben manejarse según la costumbre del lugar.

Quienes rezan afuera, deben tener cuidado de no hacerlo cerca de recipientes de basura que huelen mal. Y aunque estos no expidan mal olor corresponde no rezar en un radio de cuatro codos  o frente a éstos (ver Sheerit Iosef II pag. 227).

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