05. Quien termina de rezar.

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Quien al concluir la Amidá se percata de que tiene una persona parada detrás suyo, y hay entre ambas cuatro codos más tres pasos de distancia de modo tal que al caminar hacia atrás no entra en el área contigua de la otra, podrá hacerlo. Si está más cerca, no dará los pasos hacia atrás hasta que el otro concluya su rezo. Incluso si quien está parada atrás comenzó a rezar tarde y extiende mucho su plegaria, no se puede ingresar en su área de contigüidad. Tal como lo vimos anteriormente, los sabios de las últimas generaciones debatieron respecto de esta prohibición.

ציור

Según el Maguén Abraham, aunque quien reza por detrás de la persona no esté parada exactamente atrás de la que concluyó su rezo, siempre que los pasos ingresen en un radio de cuatro codos alrededor de quien reza atrás se deberá esperar a que esta última finalice sus plegarias. Según la opinión de Eliahu Rabá sólo en caso de que una persona esté parada exactamente delante de la otra no se podrá dar los pasos para atrás, empero si el otro no está exactamente atrás sino oblicuo se podrá retroceder. A priori es bueno actuar como el Maguén Abraham y en caso de necesidad se puede ser más flexible de acuerdo con la opinión de Eliahu Rabá (Mishná Berurá 102:18-19). Si alguien está rezando exactamente detrás de otra persona que acaba de concluir y necesita dar los pasos hacia atrás, en caso de necesidad, se pueden dar en diagonal pues hay quienes explican que de acuerdo con  Eliahu Rabá mientras que no se acerque a quien está detrás suyo, se puede retroceder (en nombre del Jazón Ish).

Si entre la persona que debe retroceder y el que está atrás se encuentra una tercera que ya terminó de rezar, el de adelante puede dar los tres pasos hacia atrás ya que el segundo se interpone entre el primero y el tercero, a pesar de que la que está en el medio no tiene permitido retroceder los tres pasos.

Si hay necesidad, se puede flexibilizar también en caso de que entre quien precisa retroceder y el de atrás haya un tabique de por lo menos diez palmos (unos ochenta centímetros) de altura y cuatro palmos de ancho (unos treinta centímetros). Quienes procuran una solución más flexible aún, pueden considerar a los bancos fijos de la sinagoga como tabique por cuanto que tienen diez palmos de altura.

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