03. El significado de la palabra «Oná»

El libro de Shemot (21:10) dice «No la privará de manutención («sheerá»), vestido («kesutá») y satisfacción («onatá»)». En el ámbito de la relación marital «manutención» adquiere el significado de que al momento de unirse estén físicamente próximos; «vestido» se refiere a las frazadas y la cama que los cobija al momento de la unión y «satisfacción» implica la unión propiamente dicha (Rambán allí, Talmud Babilonio Tratado de Ketuvot 48(A)). Hay comentaristas que interpretaron «sheerá» como alimentación, «kesutá» como su vestimenta y «onatá» como la unión carnal (Rashí allí Shemot y Ketuvot). Resulta entonces que todos los comentaristas coinciden en que el precepto de Oná es el corazón del matrimonio y que por su intermedio se manifiesta el amor íntegro que les une. Los juristas debatieron respecto de si el deber de la Torá de contraer matrimonio se refiere únicamente a este precepto; y los sabios agregaron también el deber de proveer a la mujer de alimento y vestimenta o, si en caso de no contarse con alimentos y vestimenta los cónyuges no pueden alegrarse  cabalmente con el precepto. Más aún, el amor íntegro incluye un profundo sentimiento de responsabilidad por el bienestar del cónyuge, por lo que ¿cómo sería concebible que un marido que ama a su esposa no le habrá de procurar alimentos y vestimenta? De no preocuparse por obtenerlos, la unión entre ambos no estaría coronada por amor verdadero. Otros juristas opinan que la Torá ordena al marido proveer a su mujer de alimentación y vestimenta, ya que si bien el precepto de Oná es la expresión más profunda de la unión matrimonial, el vínculo completo entre ambos debe incluir también la total responsabilidad por la alimentación y el abrigo de la mujer.

La palabra Oná posee tres acepciones: a) Tiempo o temporada, ya que este precepto se cumple en los momentos que el vigor y la ocupación laboral del hombre lo permiten (Rambán e Ibn Ezra a Shemot 21:10); b) Proviene de la palabra «Inui» que significa tormento y por el contrario «heanut» que significa acceder a complacer un pedido. Cuando el hombre se separa de su mujer la atormenta tal como dijo Labán a nuestro patriarca Yaakov (Bereshit-Génesis 31:49-50): «El Eterno nos vigila cuando nos separamos el uno del otro. Si tu afligieres a mis hijas…» lo cual fue explicado por nuestros sabios si te abstuvieres de cumplirles con el precepto de Oná. Es por esto que en el día de Yom Kipur en el que estamos preceptuados de afligirnos («lehit´anot») nos privamos de las relaciones maritales (Talmud Babilonio Tratado de Yomá 77(B) y comentario del Rosh allí, Tratado de Ketuvot 47(B)  Tosafot y Ritba allí). Asimismo, cuando un hombre viola a una mujer la aflige, tal como está escrito (Bereshit 34:2): «Y la vio Shjem hijo de Jamor, el Jiví gobernante del país, y la tomó y yació con ella y la afligió» Por otra parte, el precepto de Oná se debe cumplir con placer y alegría, de modo que se complazcan («na´anim») recíprocamente. He aquí que la palabra Oná proviene tanto del verbo «complacer o corresponderse» («leheanot») así como de «evitar una aflicción» («inui»).

Ambas explicaciones tienen implicancias halájicas: 1) El hombre está preceptuado de unirse a su mujer en tiempos estipulados conforme a su vigor y su ocupación profesional; 2) Esta unión debe complacer con alegría el deseo pasional de amor de la pareja.

c) Los sabios medievales (rishonim) agregaron que «Oná» proviene del vocablo «Maón» (casa u hogar) ya que el hombre debe procurar una morada para su mujer (Menajem Ben Saruk, citado por Ibn Ezra y Jezkuni a Shemot 21:10). Esto está íntimamente relacionado con el precepto de Oná, pues en la conexión con su mujer el hombre llega a su casa, a su hogar. Por ello está escrito (Dvarim-Deuteronomio 14:26): «y te alegrarás tú y tu hogar», siendo la intención del texto «tú y tu mujer». Por ello dijo Rabí Iosei: «jamás llamé a mi mujer «mi mujer» sino «mi hogar» (Talmud Babilonio Tratado de Shabat 118(B)).

Este precepto es denominado por los sabios como «Derej Eretz» o «el modo natural de conducirse» ya que naturalmente todo hombre debe amar a su mujer, desear su cercanía, satisfacerla y alegrarla al máximo de sus posibilidades; y naturalmente toda mujer debe amar a su marido, desear su cercanía, satisfacerle y alegrarle al máximo de sus posibilidades. Esto obedece a que HaShem creó al ser humano de esta manera, y en su naturaleza bondadosa desea esta cercanía. Solamente quien padece una enfermedad física o síquica es ajeno a este deseo o pasión. El precepto tiene por cometido encaminar, elevar y santificar la naturaleza y no dejar sin efecto los sentimientos naturales por medio de los cuales el mandamiento es cumplido (adelante 2:4). La frecuencia en el cumplimiento del precepto se establece conforme «al modo natural de conducirse», esto es, tomando en cuenta la vida real de la pareja (se explicará adelante 2:6-7).

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