07. La alegría del cumplimiento del precepto de Oná

En situaciones rutinarias la persona está centrada en sí misma ya que si no se preocupa por sí ¿quién habrá de hacerlo? Es posible desdibujar esta realidad mediante las amistades superficiales y el esparcimiento, mas en los  momentos decisivos, cuando el ser humano se hace consciente de su soledad, se entristece tremendamente. Este es el pesar existencial que acompaña al ser humano en su vida, es la muerte que anda a su lado estando aún vivo. Cuanto más lúcida está la persona, mayor es su dolor. La soledad hace a la persona egoísta, la lleva a preocuparse únicamente por sí misma provocándole un vaciamiento de valores que le hacen perder su sentido y la sumen en una soledad aún más intensa.

Esto es corregible mediante el precepto de «Amarás a tu prójimo como a tí mismo». Cuando las personas descubren el valor sagrado de su amistad se transforman en mejores personas y más moralistas, se unen de forma verdadera y encuentran alivio a su soledad. Tal como ya aprendimos, el precepto de «Amarás a tu prójimo como a tí mismo» puede cumplirse en su plenitud en el seno de la pareja corrigiendo a la persona por completo. Mediante este amor verdadero, la persona logra trascender sus límites egoístas y amar a su pareja cuidando de su bienestar no menos de lo que cuida el suyo propio.

La expresión sobresaliente de esto es el precepto de Oná, en el cual en virtud del amor y el placer, los límites interpersonales son superados, el hombre sale al encuentro de su mujer y ésta al encuentro de su marido y de esa manera ambos son redimidos de su soledad y se unen. Entonces se alegran verdaderamente, de un modo único, y el pulso vital que en ellos anida se conecta a toda la vida existente elevándose hasta la fuente de la existencia.

Así se llama entonces este precepto, «la alegría de Oná» («Simjat Oná») (Talmud Babilonio Tratado de Pesajim 72(B), Avodá Zará 5(A)). En esta alegría hay una revelación de Divinidad, tal como escribió el Maharal de Praga (Beer HaGolá 5:4): «y no has de decir que esta unión es meramente física como en los animales ya que el hombre y la mujer tienen una capacidad de conexión que recibieron directamente de HaShem,… ya que en estos ha asociado Su Nombre, el Nombre Y-H (י-ה) (Talmud Babilonio Tratado de Sotá 17(A)), lo cual implica que HaShem conecta a la pareja y la une y por ello pone Su Nombre entre ambos»

Este precepto se asemeja al Mundo Venidero, es una suerte de haz de luz  que hace su camino desde un origen elevado hacia un mundo oscuro en el cual diferentes cortinas y tabiques se interponen en su curso dificultándole su acceso, al punto que nuestros sabios aseveraron que se asemeja a la noche (ídem Jaguigá 12(B)). Todos los preceptos deben alegrar de sobremanera a la persona, pues por su intermedio logra conectarse con la raíz de la vida y ser partícipe de la iluminación del mundo. Empero, esto suele sentirse a duras penas por causa de los obstáculos que ocultan la luz y la vida Divina. De todas maneras, sentimos satisfacción de haber hecho lo correcto mas no tenemos el privilegio de sentir directamente en nuestro cuerpo placer real por haber cumplido el precepto. Sobre esto nuestros sabios dijeron (Mishná Avot 4:16): «Este mundo se asemeja a un vestíbulo que conduce al Mundo Venidero, alístate en el vestíbulo para que puedas entrar a la sala principal», pues el venidero es el mundo principal en el cual se recibe la recompensa. Empero, en el caso de este maravilloso precepto la persona tiene la posibilidad de sentir el espléndido placer que deberíamos percibir en el cumplimiento de todo mandamiento Divino, dándonos entonces una muestra del Mundo Venidero (también el Shabat lo es). Por lo tanto, este precepto es un pórtico mediante el cual la persona puede percibir en vida lo que le está deparado en el Mundo Venidero, y mediante su cabal cumplimiento podrá deleitarse de esta forma y con esta intensidad con el resto de los mandamientos de la Torá (ver Zohar II 259:1).

Sin embargo, aquellos que trasgreden en temas tales como promiscuidad, incesto o no cuidan el ciclo de pureza o «nidá» hacen un uso nocivo de su deseo. En vez de emplearlo para trascender los límites del egoísmo, generar almas y conectarse con HaShem, mediante sus malas acciones derriban los límites de la buena moral y por ello son llamados en hebreo «prutzim»[1]. De esta forma, estas personas pierden su porción reservada en el Mundo Venidero, no alcanzan a conocer el amor verdadero, no se conectan a la vida eterna, la vida verdadera, y finalmente heredan Guehinom.


[1]. (Aquél cuyo límite o patrón de conducta fue derribado, uno de los vocablos empleados para denominar una prostituta es «prutzá» aludiendo a la carencia de cerco normativo protector en su conducta. N. de T.
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