06. El valor de la conexión entre el hombre y la mujer

Esta conexión y unión son tan maravillosas que se emplean como metáfora de la unión superior entre el Kadosh Baruj Hú y el pueblo de Israel, tal como está escrito (Ishaiahu-Isaías 62:5): «como el novio se regocija sobre la novia, así se regocijará tu D´s sobre ti». Dijo Rabí Akiva: «el mundo todo no estaba completo (en el sentido de ser creado) hasta el día en que fue entregado el Cantar de los Cantares al pueblo de Israel, ya que todos los cánticos son sagrados y el Cantar de los Cantares es el Santo Sanctórum» (Tanjuma Tetzavé 5). El amor entre el hombre y la mujer es tan sublime que se asemeja a la relación sagrada entre HaShem y Su pueblo. Más aún, de la relación entre D´s y Su pueblo se deriva el vínculo entre los cónyuges que se unen con amor y santidad (adelante 3:15) y a partir de ello se deriva la relación entre El Creador y Su mundo, de modo tal que fluyen la bendición y la paz hacia todos los seres.

Encontramos que la forma o disposición de los querubines que se encontraban sobre el Arca del Pacto dentro del Santo Sanctórum era similar a la de un hombre y una mujer en el momento de cumplir con el precepto de Oná. Nuestros sabios dijeron (Talmud Babilonio Tratado de Yomá 54(A)) que «cuando el pueblo de Israel peregrinaba al Templo se corría la cortina que separaba el Santo Sanctórum («Parojet»), se les mostraba a los querubines abrazados el uno al otro y se les decía: ved cuán queridos sois ante el Eterno, como el amor entre un hombre y una mujer». Cuando los judíos dejaron de cumplir con la voluntad del Creador los querubines se separaron uno del otro y tornaron su rostro hacia la pared del recinto (ídem Baba Batra 99(A)).

Dado que el matrimonio es una cuestión sagrada y sublime, Yom Kipur era uno de los dos días festivos en los cuales se formaba parejas (o encuentros a los efectos de formarlas) (Mishná Ta´anit 4:8). Dado que en el casamiento se revela la unidad que se manifiesta de manera completa en la realidad del novio y la novia, nuestros sabios dijeron que «todo aquel que alegra a un novio y una novia será meritorio de recibir la Torá, y se le considera como si hubiese sacrificado una ofrenda de agradecimiento («korbán todá») y como si hubiese reconstruido una de las ruinas de Jerusalém (ver Maharal de Praga Tiferet Israel 30).

Vemos que una vez que el pueblo de Israel alcanzó la máxima realización de su ideal, al consolidar el reino e inaugurar el Templo en los días del Rey Shlomó se celebró una gran fiesta por siete días y luego por otros siete. «Al octavo día envió de regreso a la gente y bendijeron al rey, y fueron a sus tiendas alegres y contentos de corazón por todo lo bueno que el Eterno había otorgado a David Su siervo y a Israel Su pueblo» (Melajim 1- Reyes I 8:66). Los sabios explicaron este versículo en el Talmud Babilonio Tratado de Moed Katán (9(A)): «y fueron a sus tiendas» significa que encontraron a sus mujeres en estado de pureza, «alegres» por haber disfrutado del resplandor de la Divina Presencia, «contentos» que cada quien embarazó a su mujer de un hijo varón, «por todo lo bueno» ya que una voz celestial exclamó y les dijo: todos vosotros estáis convocados a la vida del Mundo Venidero». Por lo tanto, así como mediante la construcción del Templo de Jerusalém HaShem se regocija con Su pueblo cual novio sobre la novia, de igual manera se expandió la santidad general al hogar particular de cada judío, al volver y encontrar a sus mujeres en estado de pureza para cumplir con el precepto con alegría.

Asimismo, vemos que luego de la entrega de la Torá, HaShem le ordenó a Moshé (Devarim 5:27): «Ve y diles que retornen a sus tiendas», lo cual fue explicado por nuestros sabios (Talmud Babilonio Tratado de Avodá Zará 5(A)) «para regocijarse con el precepto de Oná». Quien desconoce la trascendencia de  este precepto puede llegar a pensar que tras el sublime momento del recibimiento de la Torá no corresponde dedicarse a cosas semejantes, empero, la directiva Divina fue inversa, ¡retornad al regocijo de la Oná! De aquí se entiende que muy por el contrario, en virtud de la santidad revelada en el Monte Sinaí es menester volver a cumplir el precepto de Oná con alegría. En efecto, estas cuestiones están estrechamente vinculadas ya que la entrega de la Torá se asemejó a una suerte de matrimonio entre HaShem y el pueblo de Israel, tal como dijeron nuestros sabios en la Mishná (Tratado de Taanit 26(B)): «En el día de su casamiento se refiere al día de entrega de la Torá y en el día del regocijo de su corazón se refiere a la construcción del Templo de Jerusalém». En virtud del gran casamiento descendieron amor y alegría sobre cada una de las familias del pueblo de Israel.

Esta idea resulta difícil para muchos de los sabios de las naciones ya que según estos los placeres mundanales están asociados a la materia y la trasgresión, estando desconectados de lo sagrado y lo espiritual. Sin embargo, el rol particular del pueblo de Israel es revelar la fe unitaria de que HaShem es soberano sobre el cielo y la tierra. Por esta razón, cuando la unión se lleva a cabo conforme a la halajá, se revela en esta su aspecto Divino. Sobre esto dice la Torá (Bamidbar-Números 23:10): «¿Quién podrá contar a Yaakov- numeroso cual polvo de la tierra- o enumerar un cuarto de Israel?», lo cual fue explicado por nuestros sabios (Talmud Babilonio Tratado de Nidá 31(A)) en cuanto a que «enseña que el Kadosh Baruj Hú cuenta los períodos aptos para la copulación («reviioteihem») del pueblo de Israel, ¿cuándo llegará la gota de la cual habrá de nacer un justo? Esto cegó el ojo del malvado Bilám quien dijo: aquel que es sagrado y sus siervos son sagrados, ¿habrá de contemplar cosa semejante? Acto seguido su ojo perdió la visión».

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