04. El cumplimiento del precepto de Oná no depende del precepto de crecer y multiplicarse («Prú Urbú»).

Mediante el cumplimiento del precepto de «Oná» se cumple otro precepto y es el de «Prú Urbú» («creced y multiplicaos»). De esto se puede también comprender la relevancia del precepto de Oná pues por su intermedio el hombre y la mujer tienen el privilegio de poder ser copartícipes, junto a HaShem, en el nacimiento de un ser humano. Sin embargo, el precepto de Oná no depende del de Prú Urbú por lo que mantiene su completa vigencia también en los períodos en los que la unión no puede llevar a un embarazo, como por ejemplo, cuando la mujer está embarazada, amamanta o pasó la edad de fertilidad, o es estéril.

Nuestros sabios dijeron que cuanto mayor es la alegría en el cumplimiento del precepto de Oná las cualidades de los niños resultantes serán mejores (Talmud Babilonio Tratado de Eruvín 100(B), adelante 2:5). Por el contrario, cuando la unión entre el hombre y la mujer no tiene lugar en un ambiente de amor y mutua confianza los niños resultantes pueden tener problemas de carácter, y son los que el Talmud denomina «hijos producto de nueve circunstancias problemáticas» o «bnei tesha midot» (como se explica en el Talmud Babilonio Tratado de Nedarim 20(B), adelante 2:13).

El autor del libro «Menorat Hamaor» escribe que «cuando el hombre y la mujer se aman y tienen relaciones armónicas con la intención de traer descendencia virtuosa, el Kadosh Baruj Hú concede su petición y les otorga hijos buenos» (Ner 3 principio 6:2).

Los sabios esotéricos dijeron que toda unión que se lleva acabo con amor y santidad suma vida y bendición al mundo. Tal como escribió el Shnei Lujot Habrit: «…de cada copulación que se lleva a cabo con santidad surge una  buena acción. Y aunque la mujer no quede embarazada… no se considera esperma en vano sino que a partir de este se forma un alma sagrada… y de cada copulación surge un alma que se le adjudica a otros bebés». Por lo tanto «Abraham mantenía relaciones sexuales con Sara a pesar de que esta era estéril y de ninguna manera debería haber cesado en ello». El Zohar explica (III 158:1) que en virtud de la unión completa con apego y amor de dos justos como Abraham y Sara fueron creadas almas en los mundos superiores que se concatenaron y nacieron posteriormente en el seno de otras familias, y cuando estos crecieron se acercaron a Abraham y Sara y fueron convertidos por ellos, por eso está escrito (Bereshit-Génesis 12:5): «y las almas que hicieron en Jarán».

Es así que parejas que no tuvieron el mérito de poder tener hijos propios, al unirse con amor y apego son partícipes del descenso a este mundo de almas de niños. A los efectos de poder comprender este asunto es menester explicar que el orden del descenso de las almas al mundo está compuesto de múltiples y numerosos niveles y aspectos por lo que es posible que varias parejas participen de la llegada de un alma a este mundo (adelante 8:6).

Además, es oportuno agregar que luego que una pareja tuvo sus propios hijos, mediante su unión con alegría y amor, agregan vida y bendición en todos los mundos, especialmente en aquellos vinculados a la raíz de su propia alma. Es así que en cada unión que se lleva a cabo con santidad y pasión se atraen luz y bendición suplementaria a las almas de sus propios vástagos.

Es importante acotar que quien ya cumplió con el precepto de Prú Urbú, en caso de enviudar, si se le dificulta volver a casarse con una mujer que tiene la posibilidad de dar a luz, deberá casarse aunque sea con una mujer que no habrá de tener familia, pues esa es la forma completa apropiada de vida para el ser humano. De esa manera cumple con el precepto de Oná y evita los pensamientos de trasgresión (Talmud Babilonio Tratado de Ievamot 61(B), adelante 4:8).

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