16. El recitado del «Shemá» y sus bendiciones

01. Las mujeres y el precepto del recitado del «Shemá» y sus bendiciones.

Es precepto positivo de la Torá recitar el «Shemá» por la noche y por la mañana, tal como está escrito (Devarim-Deuteronomio 6:7): «y hablarás sobre  ellos… cuando te acuestes y cuando te levantes», al acostarte por la noche y al levantarte por la mañana. Dado que se trata de un precepto positivo marcado por el tiempo, es este un deber que recae sobre los hombres y del cual las mujeres están exentas.

Nuestros sabios instituyeron que recitemos dos bendiciones antes y una después del  «Shemá» de Shajarit así como dos antes y dos después del «Shemá» de  Arvit (Mishná Berajot 11:1). Estas bendiciones son un complemento y un agregado al recitado del «Shemá» e incluyen alabanza y agradecimiento a D´s por haber creado el mundo y conducirlo. Las mujeres están exentas también de recitar estas bendiciones ya que están condicionadas por el tiempo: el horario para recitar las bendiciones del «Shemá» de  Shajarit es hasta el final de la cuarta hora temporal del día, mientras que las bendiciones del recitado del «Shemá» nocturno se pueden recitar toda la noche.

Hay juristas que sostienen que las mujeres deben recordar la salida de Egipto todas las mañanas y todas las noches ya que se trata de un precepto permanente que se extiende a lo largo de todo el día y la noche. Sin embargo, tal como se explicará más adelante (halajá 3) y de acuerdo con la opinión mayoritaria de los juristas, dado que la obligación del día se halla  separada de la nocturna, el precepto de recordar la salida de Egipto se considera determinado por el tiempo y las mujeres están exentas del mismo (Shaagat Haarié 13, Mishná Berurá 70:2).

Si bien las mujeres están exentas del deber de recitar el «Shemá«, en cuanto al deber de la fe están preceptuadas igual que los hombres, por lo que corresponde que acepten diariamente el Yugo Celestial recitando los versículos: «Shemá Israel» y «Baruj Shem» (Shulján Aruj Oraj Jaím 70:1, Mishná Berurá 5, Kaf HaJaím 5). En el caso de quien desee cumplirlo con mayor grado de excelencia que recite las tres  porciones agregando también la bendición de «Emet Veiatziv» en la que se menciona la salida de Egipto y que adjunte la redención a la que alude ese pasaje con el rezo de la Amidá.

El recitado del «Shemá» contiene otros dos preceptos marcados por el tiempo que son el de tzitzit y el de tefilín. Ya vimos anteriormente (cap. 3) que las mujeres captan la luz o la espiritualidad generada por los preceptos marcados por el tiempo aun sin realizarlos, y que una mujer que desee llevarlos a la práctica será recompensada. Sin embargo, por diferentes razones las mujeres no acostumbraron a cumplir con los preceptos de tzitzit y tefilín (Ramá Oraj Jaím 17:2, 38:3, adelante 21:5-6). De todas maneras toda mujer recita las tres porciones del «Shemá» de vez en cuando y algunas se esmeran y lo dicen a diario siendo esta la práctica extendida en muchos colegios (ver arriba 2:8, 8:3). Por lo tanto, en las siguientes halajot aprenderemos respecto del precepto y la normativa que lo rige.

02. El precepto del recitado del «Shemá».

El recitado del «Shemá» consiste de tres porciones, la primera: «Shemá Israel» (Devarim 6:4-9) que contiene la aceptación del Yugo Celestial, la unicidad de D´s y el amor a Él. La segunda es «Vehaiá im Shamoa» (Devarim 11:13-21) que contiene la aceptación del yugo de los preceptos y la tercera «Vaiomer» (Bamidbar-Números 15:37-41) en la que se ordena recordar los preceptos mediante el precepto del tzitzit finalizando con un recordatorio de la salida de Egipto.

Nuestros sabios dispusieron que se anticipe la porción de «Shemá» a la de «Vehaiá Im Shamoa» para primero aceptar el Yugo Celestial y después el de los preceptos. La porción de «Vehaiá Im Shamoa» que se refiere al deber de observar la generalidad de los preceptos que se cumplen tanto de día como de noche, precede a «Vaiomer» que menciona el precepto de tzitzit el cual se cumple únicamente durante el día (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 13(A)).

Según la opinión mayoritaria de los juristas medievales, el precepto de la Torá consiste en recitar tan sólo el versículo que reza «Shemá Israel» y respecto del cual está escrito (Devarim 6:6-7): «Y serán las palabras estas que Yo te ordeno sobre tu corazón…cuando te acuestes y cuando te levantes». Los sabios entonces, fueron los que instituyeron el recitado de las tres porciones.

Se puede decir que el principal precepto a cumplir es que la persona acepte sobre sí el Yugo Celestial, por lo que recitando tan sólo el primer versículo cumple con el deber de la Torá. Sin embargo, cuanto más se extienda la aceptación de dicho yugo,  se cumplirá con el precepto de la Torá con mayor integridad. Por esta razón, nuestros sabios dispusieron que se reciten las tres porciones en las que aparecen los fundamentos de la fe, la aceptación del yugo de los preceptos y su recordación mediante el mandato del tzitzit.

03. El recuerdo de la salida de Egipto.

Es un precepto de la Torá recordar la salida de Egipto diariamente, tal como está escrito (Devarim 16:3): «a fin que recuerdes el día en que saliste de la tierra de Egipto, todos los días de tu vida». Nuestros sabios entendieron que la palabra «todos» se refiere al deber de recordar la salida de Egipto tanto de día como de noche (Talmud Babilonio Tratado  de Berajot 12(B)). Se puede cumplir con este precepto recitando todo versículo que mencione la salida de Egipto y asimismo se puede cumplir con palabras propias alusivas al evento.

Nuestros sabios dispusieron que se recite la porción de «Vaiomer» en el recitado del Shemá por dos motivos: el primero porque menciona el precepto del tzitzit que recuerda a todos los mandamientos de la Torá; el segundo porque evoca la salida de Egipto. Por lo tanto se acostumbra a recitar «Vaiomer» también por la noche ya que si bien no corresponde mencionar entonces el tzitzit, es pertinente recordar a esa hora la salida de Egipto (ver Tratado de Berajot 14(B), Kesef Mishné Hiljot Kriat Shemá 81:2-3).

Existe una diferencia entre los preceptos de recitar el «Shemá» y el recordar la salida de Egipto. El primero se puede cumplir únicamente durante las tres primeras horas del día («horas temporales») que es cuando la gente suele levantarse; mientras que el deber de recordar la salida de Egipto de día se puede cumplir a toda hora. Empero, de acuerdo con lo dispuesto por nuestros sabios el precepto de recordar el Éxodo lo cumplimos conjuntamente con el recitado de todo el «Shemá». La salida de Egipto se recuerda en la bendición «Emet Veiatziv» en Shajarit y «Emet Veemuná» en Arvit y quien las recita cumple con el precepto de recordarla aunque no haya recitado el Shemá.

En el caso de las mujeres hay juristas que opinan que dado que el precepto de recordar la salida de Egipto aplica de modo continuo de día y de noche no se trata de un precepto marcado por el tiempo, por lo que las mujeres están preceptuadas de cumplirlo. Por lo tanto, según esta opinión las mujeres deben recitar a diario en Shajarit la bendición de «Emet Veiatziv» y por la noche en –Arvit la bendición de «Emet Veemuná» (Maguén Abraham).

Según la opinión mayoritaria de los juristas por cuanto que existe un precepto especial de recordar el Éxodo de día y otro de hacerlo por la noche, sí se trata de un precepto marcado por el tiempo del cual las mujeres se hallan exentas (Shaagat Haarié 13, Mishná Berurá 70:2).

De todas maneras, aquella mujer que desee cumplir con el precepto será bendecida. En este caso es preferible que cumpla el precepto mediante el recitado de  la bendición de «Emet Veiatziv» ya que la porción de «Vaiomer» está vinculada al precepto de tzitzit del cual las mujeres se hallan exentas mientras que la temática central de la bendición de «Emet Veiatziv» es la redención del pueblo de Israel y corresponde a hombres y mujeres por igual. Además, si la mujer en cuestión inmediatamente después de recitar la bendición de «Emet Veiatziv» reza la Amidá tendrá el mérito de adjuntar el rezo a la redención (ver adelante halajá 13).

04. El contenido de la primera porción del recitado del «Shemá».

Esta primera porción (Devarim 6:4-9) está compuesta de tres partes: a) El fundamento de la fe judía, b) El significado de este fundamento en nuestras vidas, c) La instrucción de cómo arraigar esta fe en nosotros.

  1. a) Del primer versículo «Escucha oh Israel, El Eterno es nuestro Dios, El Eterno es Uno» aprendemos el fundamento de la fe israelita en la unicidad de Dios, de que El Eterno es soberano sobre todo lo existente y no existe fuerza alguna en el universo salvo la suya. Si bien ante nuestros ojos la realidad se presenta bajo la apariencia de diferentes fuerzas separadas e interactuantes, El Creador las nutre a todas y fuera de Él no hay nada más.
  2. b) Esta fe implica que no hay nada más valioso en el universo que la adhesión a D´s, y todos los restantes valores existentes cobran real sentido a partir de este. Por lo tanto nuestros sabios explicaron (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 54(A)) el versículo «Y amarás al Eterno tu Dios con todo tu corazón» como el deber de amarlo con las dos tendencias o instintos de la persona, las inclinaciones al bien y al mal. Esto implica que también se debe someter a la inclinación al mal al servicio Divino, tanto sea por sometimiento como por transformación al bien.

«Con toda tu alma» implica que una persona debe estar dispuesta a entregar su vida en pos de la fe en D´s. «Con toda tu fuerza» significa con todas tus posesiones, esto es, que los bienes materiales de la persona deben servir como base y medios para la labor espiritual. Por lo tanto, ante la disyuntiva de quebrar algún precepto de la Torá o perder todo su patrimonio, un judío debe optar por la segunda opción. Además, basados en la similitud de los vocablos, nuestros sabios entendieron que «con toda tu fuerza» («meodeja«) implica que por cada cosa que el Eterno nos otorga («midá«) debemos agradecerle («modé«)  enormemente («meod«).

  1. c) En la tercera parte de la primera porción del recitado del «Shemá«, la Torá nos indica cómo arraigar en nuestro ser los fundamentos de la fe. Primeramente «Y serán las palabras éstas que Yo te ordeno hoy, sobre tu corazón», y además, «Y las inculcarás a tus hijos». Aunque una persona haya estudiado concienzudamente los fundamentos de la fe, si no los repite para sí mismo a diario, los avatares de la vida y las distintas ocupaciones pueden causar el olvido de su creencia. Por esta razón se nos ordenó «y hablarás de ellas cuando estés en tu casa, cuando te traslades, cuando te acuestes y cuando te levantes». De aquí la razón por la cual debemos recitar el «Shemá» de día y de noche. Empero la Torá no se contentó con el simple recitado sino que ordenó a los hombres insertar estos textos fundamentales para nuestras creencias dentro de los tefilín y amarrarlas en el brazo y la cabeza: «Y los tendrás atados como señal en tu mano y serán por frontales entre tus ojos». Más aún, la Torá ordenó a todos los judíos fijar estos textos en el dintel de la puerta «Y las tendrás escritas en las jambas de las puertas de tu casa», para que en todo momento cuando entremos o salgamos de nuestros hogares observemos la mezuzá y recordemos nuevamente los fundamentos de la creencia israelita.

05. La segunda y la tercera porción del recitado del «Shemá».

En la segunda porción «Vehaiá Im Shamoa» (Devarim 11:13-21) aprendemos sobre el valor de los preceptos de la Torá, la recompensa por su observancia y el castigo a quienes los trasgreden. Si amamos a D´s y Lo servimos con todo nuestro corazón cumpliendo con sus preceptos, seremos bendecidos por el Creador, la tierra dará su fruto, tendremos una larga vida nosotros y nuestros hijos sobre la tierra que D´s le prometió a nuestros ancestros y a nosotros. La Torá nos ordena colocar esta segunda porción en los tefilín del brazo y la cabeza y fijarla en el dintel de nuestras puertas. En la primera porción el énfasis estaba puesto en nuestra actitud ante D´s y la entrega total de nuestras energías a Su servicio. En la segunda, el énfasis está puesto en la revelación de la Divina Providencia y cómo conduce el mundo. El cumplimiento de los preceptos es también una expresión de la revelación de la palabra de Hashem en el mundo, y también la recompensa y el castigo expresan Su providencia sobre la creación.

En la tercera porción «Vaiomer» (Números-Bamidbar 15:37-41) se explicita el precepto del tzitzit, el cual posee una condición singular y es la de recordarnos todos los preceptos y motivarnos para cumplirlos, tal como está escrito: «Y al verlos (en referencia a los tzitziot-los flecos) habréis de recordar todos los mandamientos del Eterno para cumplirlos». La obligación de verlos nos insinúa que el precepto se cumple de día y no de noche ya que el día alude a la revelación clara y manifiesta de la palabra de D´s en el mundo. La revelación de la luz de los preceptos y su recordación nos conceden la fuerza de superar la inclinación al mal, tal como está escrito «y no os habréis de desviar en pos de vuestro corazón y en pos de vuestros ojos, tras los cuales os desviáis tras ellos…». Al final de esta tercera porción se rememora la salida de Egipto, la cual se nos ordena recordar diariamente de día y de noche. Así como el tzitzit revela la luminosidad de los preceptos, de la misma forma el Éxodo revela la existencia de un Conductor del universo, siendo el pueblo de Israel el encargado de manifestar y divulgar su palabra.

Vemos así que las tres porciones son una continuación y ampliación del fundamento de la fe expresado en el versículo «Shemá Israel» «Escucha oh  Israel». En la primera porción aprendemos sobre la importancia de la fe en nuestra vida como fundamento único y central de ésta y ello se amplía a las palabras «El Eterno nuestro Dios es Uno». En virtud de esta idea es que aceptamos sobre nosotros el yugo de los preceptos que postula la segunda porción, a modo de extensión de lo que reza el primer versículo «El Eterno es nuestro Señor». En la tercera porción se menciona la mitzvá del tzitzit que nos recuerda los preceptos todos y al final de esta la salida de Egipto, la cual reveló al mundo el hecho de que D´s escogió al pueblo de Israel y dirige providentemente el mundo, lo cual es una extensión de las palabras «Escucha oh Israel». En las leyes relativas a las bendiciones del recitado del «Shemá» (16:1) establecidas por nuestros sabios, habremos de notar que también éstas son una extensión y complementación del «Keriat Shemá«.

06. La significación de la salida de Egipto.

El reino egipcio que sojuzgó a los hijos de Israel era en esencia el imperio de la materia. Las investigaciones históricas confirman que entre los reinos de la antigüedad no había ninguno tan materialista como el egipcio.

Ellos negaban la existencia del alma y del mundo venidero mientras que  solamente el cuerpo y lo material les resultaban importantes.

Por esta razón invirtieron enormes esfuerzos en momificar muertos y preservar sus cuerpos. Las grandes pirámides no son sino cementerios para cuerpos. Su moralidad era acorde a esta actitud materialista, lo principal era satisfacer las pasiones corporales y tal como nos relatan nuestros sabios, de bendita memoria, «no había nación más promiscua que la egipcia» (Torat Cohanim– Ajarei 89). El pueblo de Israel representa el opuesto absoluto pues su esencia nacional se centra en el desarrollo espiritual.

En aquellos duros tiempos, la nación materialista egipcia dominaba al pueblo de Israel esclavizándolo con pesadas tareas. Parecía que aquel gran espíritu que había comenzado a revelarse mediante los patriarcas no tendría ya forma de resurgir. La materia había derrotado al espíritu, hasta que se reveló el mismísimo Santo Bendito Sea y nos sacó de Egipto.

En el éxodo D´s reveló al mundo entero por primera vez la verdadera envergadura del poder espiritual y los valores morales que de éste se desprenden. La salida de Egipto expresa la victoria del espíritu sobre la materia. Por más que la materia busque subyugar al espíritu, éste finalmente, con la ayuda de D´s, logrará liberarse de sus ataduras. Así como el pueblo de Israel salió de Egipto de manera victoriosa y cuantiosas pertenencias, de la misma manera toda confrontación entre materia y espíritu concluirá a final de cuentas con la victoria de este último.

Y así como el pueblo de Israel se liberó de las ataduras materiales que le impuso Egipto, recibió la Torá celestial y reveló al mundo la fe y la moral, de la misma forma cada judío debe dedicarse a diario a liberarse de las limitaciones y las trabas de la materialidad. De esta manera podrá revelar la fe y la moral en el mundo y conectarse con el Creador mediante el cumplimiento de los preceptos. Por lo tanto, tenemos el deber de recordar la salida de Egipto todos los días y todas las noches para liberarnos de las ataduras de la materia y meditar sobre el particular destino del pueblo de Israel, así como revelar la eterna verdad Divina (ver Peninei Halajá Pesaj 1:2-3).

07. La intención que debe acompañar al recitado del primer versículo.

La intención principal al recitar el primer versículo, debe ser la aceptación del Yugo Celestial, tal como está escrito (ídem 6:6) «Y serán las palabras estas que Yo te ordeno sobre tu corazón». Por lo tanto, la persona debe concentrarse en lo que recita en el primer versículo y si no lo hace no cumplió con su deber (Talmud Babilonio Berajot 13(B), Shulján Aruj 60:5, 63:4).

Incluso quien se concentra en el significado de cada palabra, debe cuidarse de no distraerse en medio del versículo. Sin embargo, a posteriori, si también pensó en el significado del versículo, cumplió con su deber.

Esta es la intención que se debe tener al recitar el primer versículo: «Escucha oh Israel»: el precepto de aceptar el Yugo Celestial está destinado al pueblo de Israel, que fue creado para revelar la creencia de la unicidad Divina en el mundo. El nombre de D´s empleado en este versículo es El de las Cuatro Letras I-H-V-H (י-ה-ו-ה) que se pronuncia A-donai. La meditación debe centrarse en su pronunciación y en su escritura. De acuerdo a su pronunciación significa que el Eterno es dueño de todo lo que existe; y en el nombre tal como se escribe significa que fue es y será (con estas cuatro letras hebreas se conforman los tiempos pasado presente y futuro del verbo ser n. de t.). Nuestro Dios («Elokeinu«) implica que es Todopoderoso y reina sobre nosotros (Shulján Aruj 5:1). Al decir «Uno» («Ejad«) se debe meditar en que Él es el único Rey del mundo todo, del cielo, de la tierra y en los cuatro puntos cardinales. Esta idea está insinuada en el vocablo hebreo «Ejad» –Uno (א ח ד) pues en hebreo la letra «alef» (א) tiene el valor numérico uno, la segunda letra es la «jet» (ח) tiene el valor numérico 8 que alude a los siete cielos y la tierra mientras que la tercera letra, la «dalet» (ד) tiene el valor numérico cuatro que recuerda los cuatro puntos cardinales. Al decir «Ejad» se debe prolongar la pronunciación de la letra «dalet» mientras se alcanza a meditar en que D´s es único en el mundo y gobierna los cuatro confines de la tierra (Shulján Aruj 61:6 y ver Mishná Berurá 18).

A posteriori, consideramos que también quien no meditó el significado exacto de cada palabra y cada Nombre Divino, si entendió en forma general el sentido de lo recitado que es la aceptación del Yugo Celestial, cumplió igualmente con su obligación.

Si la persona se distrajo y no puso atención al significado general de las palabras, esto es, la aceptación del Yugo Celestial, no cumplió con su deber, y si desea hacerlo debe concentrarse y volver a recitar el primer versículo (Mishná Berurá 63:14, Kaf HaJaím 17-18, ver Peninei Halajá Tefilá 15:6).

A los efectos de que la persona se concentre mejor, se acostumbra a recitar el primer versículo en voz alta. Asimismo se ha de cubrir los ojos con la mano derecha para no mirar algo que pueda distraerle (Shulján Aruj 61:4-5, Mishná Berurá 17).

08. La intención que debe acompañar el recitado del segundo versículo.

Inmediatamente después de recitar el primer versículo se dice en voz baja: «Bendito sea el nombre de la gloria de Su reino por siempre jamás» («Baruj Shem Kevod Maljutó Leolam Vaed«). Si bien esta frase no aparece originalmente en el Shemá ni en el Tanaj, nuestros sabios dispusieron que se recite en virtud de una tradición antiquísima.

Cuenta el Talmud Babilonio (Tratado de Pesajim 56(A)) que antes de morir nuestro patriarca Yaakov, todos sus hijos se reunieron junto a él para escuchar de boca de su padre qué habría de ocurrir con cada uno en el final de los días. En ese momento la Divina Presencia (Shejiná) se alejó de él y le dijo a sus hijos: «¿Quizás alguno de ustedes no es virtuoso, como en el caso de Abraham que tuvo un hijo como Ishmael o mi padre Itzjak que tuvo un hijo como Esav y por eso no puedo revelaros el final? Entonces todos los hijos dijeron: «Shemá Israel A-donai Elo-heinu A-donai Ejad«, así como en tu corazón sólo hay Uno, asimismo en nuestros corazones sólo hay Uno. En ese momento Yaakov dijo: «Baruj Shem Kevod Maljutó Leolam Vaed«. Sobre esto dijeron nuestros sabios de bendita memoria: ¿Qué habremos de hacer nosotros? ¿Diremos esta frase aunque no esté escrita originalmente en la porción del «Shemá«? ¿No la pronunciaremos? ¡He aquí que nuestro patriarca Yaakov lo hizo! Por lo tanto decidieron que se pronuncie en voz baja.

Esta frase es considerada como la continuación de la aceptación del Yugo Celestial del primer versículo, por lo tanto es obligatorio concentrarse en el significado de sus palabras al pronunciarla y quien la recita distraído debe volver a hacerlo concentrado (Mishná Berurá 63:12).

Es bueno separar entre el primer versículo y «Baruj Shem» para diferenciar entre la aceptación del Yugo Celestial de la Torá y aquello que agregaron nuestros sabios. Ya vimos (16:1) que es correcto que las mujeres digan los dos primeros versículos del recitado del «Shemá» diariamente y aquella mujer que quiera recitar toda la porción es bueno que interrumpa brevemente entre «leolam vaed» y «veahavta» (Y amarás) para diferenciar así entre la aceptación del Yugo Celestial y el resto de la porción (Shulján Aruj y Ramá 61:14).

Si bien la idea de la unicidad de D´s es profunda como la mar nos detendremos brevemente para analizarla. El primer versículo «Shemá Israel» expresa la fe suprema, absoluta y unitaria y se le llama en hebreo «ijud elión» o «unificación superior». En este nivel de percepción superior, nada en el mundo tiene una existencia real e independiente sino que Él es único en el mundo y todo lo demás se ve anulado ante Su existencia. Dado que la esencia infinita del Creador no se manifiesta en este mundo, es difícil percibir o entender la unificación superior de modo constante y sólo dos veces al día al recitar el versículo primero del «Shemá» estamos preceptuados de elevarnos a esas dimensiones. La segunda frase es llamada «unificación inferior» y en ella aceptamos el Yugo Celestial conforme se percibe la fe en este mundo, esto es, en una realidad en la cual la creación no se percibe como nula ante la Divinidad sino real y existente, gobernada y vivificada por D´s. Según Su voluntad este mundo habrá o no de continuar existiendo. A esto se le denomina como la manifestación de Su reinado en este mundo, tal como reza la segunda frase: «Bendito sea el nombre de la gloria de Su reino por siempre jamás» (Tania Shaar Haijud Veaemuná, Nefesh Hajaim 3).

09. ¿Cómo recitar el «Shemá»?

Aquella mujer que recite el «Shemá» debe hacerlo con gran intención y concentración, con pavor, temor, temblor y devoción. Debe pensar que al momento de recitarlo está invocando las palabras del Rey, El Santo Bendito Sea por lo que debe concentrarse en el significado de las palabras como si le resultasen nuevas (Shulján Aruj 61:1-2).

Además de la intención, se debe poner cuidado en cada letra para no omitir o alterar la pronunciación entre acentuadas y no acentuadas. A priori es necesario diferenciar entre la alef (א) y la ain (ע), entre la jaf (כ) y la jet (ח), entre diferentes tipos de puntuación como ser kamatz y pataj, tzeirei y segol (Shulján Aruj Oraj Jaím 61:14-23). Nuestros sabios dijeron en el Talmud Babilonio que «todo aquel que recita el «Shemá» poniendo atención a cada una de sus letras  y su respectiva pronunciación, le enfrían el infierno[1]»  (Tratado de Berajot 15(B)). A posteriori, si se recitó sin prestar atención a cada una de sus letras igualmente se cumplió con el deber a condición de que no se haya omitido letra o sílaba de alguna palabra (Shulján Aruj 62:1, Mishná Berurá 1).

Es necesario recitarlo de modo tal que el propio oído perciba lo que dice y a posteriori si recitó moviendo los labios mas no emitiendo sonido, el hecho de ver sus labios actuando hace que se considere que se cumplió con el deber. Empero si solamente se pensó en el «Shemá» pero no se pronunció moviendo  los labios no se cumplió con el deber (Shulján Aruj 62:3).

En principio, la ley indica que se puede cumplir este deberrecitando en cualquier otro idioma a condición de que quien recita comprenda lo que dice (ver arriba 12:7). Sin embargo, muchos de los grandes juristas de las últimas generaciones sostienen que hoy en día no se puede cumplir con el deber de recitar el «Shemá» en otro idioma, puesto que hay palabras que no las sabemos traducir con exactitud. Por ejemplo, el vocablo hebreo «veshinantam» (ושננתם) significa tanto repetir como profundizar en la comprensión y las demás lenguas carecen de tal palabra. Dado que no se puede traducir el «Shemá» de manera exacta no es posible recitarlo en lenguas extranjeras (Mishná Berurá 62:3).

10. ¿Cómo se recita?

El «Shemá» se puede recitar de pie, sentado o recostado sobre un lado (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 10(A), Shulján Aruj 63:1). De esta halajá podremos inferir que la fe no está desconectada de la vida real y que sólo se puede expresar en determinada situación. La fe expresada en el recitado del «Shemá» participa de todos los aspectos vitales de la existencia humana por lo que se puede cumplir con el precepto en cualquier postura.

Por la base de la ley se puede recitar el «Shemá» también caminando, tal como está escrito «cuando estuvieses en el camino». Sin embargo nuestros sabios consideraron que no corresponde que una persona acepte el Yugo Celestial de pasada, esto es, en una situación transitoria y por lo tanto es bueno que el caminante detenga su paso al recitar el primer versículo (Shulján Aruj 63:3, Mishná Berurá 9).

Dada la importancia de la primera porción en la que aceptamos el Yugo Celestial, la persona debe tener cuidado al recitarla y no ocuparse de ninguna otra actividad, ni insinuará o señalará cosa alguna con sus ojos, dedos o labios (Shulján Aruj 63:6).

Es importante destacar que los preceptos requieren de intención en su cumplimiento (Shulján Aruj Oraj Jaím 60:4), por lo que además de realizar el acto preceptivo se debe tener conciencia que la acción en cuestión es un deber. A los efectos de explicar esta regla podemos decir que así como el hombre posee cuerpo y alma lo mismo ocurre con el precepto de modo tal que el acto preceptivo se asemeja al cuerpo de la mitzvá y la intención con la que la acción es acompañada  al alma de la misma (ver Peninei Halajá Tefilá 15:8).

11. 248 (רמ»ח) palabras.

La Torá trae vida y salud tanto al mundo como al hombre, especialmente en el recitado del «Shemá» que incluye los fundamentos de la fe y del cumplimiento de los preceptos. Nuestros sabios nos dijeron que en este recitado hay doscientas cuarenta y ocho palabras, al tiempo que el cuerpo humano está compuesto de igual número de órganos. Si la persona recita correctamente el «Shemá«, cada parte de su cuerpo recibe un vocablo y mediante este se sana. En la práctica, ocurre que el «Shemá» con sus tres porciones contiene solamente doscientas cuarenta y cinco palabras y para completar las tres faltantes el oficiante repite «Hashem Elokeijem Emet» (Zohar HaJadash Ruth 95:1, ver Peninei Halajá 15:12).

En el caso de las mujeres que no rezan en la sinagoga y no escuchan al oficiante deben actuar conforme a las reglas de quien reza sin Minián. Esto implica que según la usanza ashkenazí, antes de recitar el Shemá debe decir el versículo «E-l Melej Neemán» (Ramá 61:3). Si bien la mujer posee doscientos cincuenta y dos órganos ya que a su útero se le agregaron dos conductos y dos aperturas (Talmud Babilonio Tratado de Bejorot 45(A)), dado que doscientos cuarenta y ocho órganos son comunes a todos los seres humanos, lo fundamental es infundir una bendición a la generalidad de las personas  y en virtud de esta se verán bendecidos también los órganos especiales de la mujer (Haelef Lejá Shelomó Oraj Jaím 120).

Según la usanza sefaradí quien reza solo debe repetir las palabras «Ad-onai Eloh-eijem Emet» (Kaf HaJaím 61:15-16) y por lo tanto corresponde que también la mujer actúe así. Hay juristas que opinan que es bueno que recite ambos: «E-l Melej Neemán» antes del recitado del «Shemá» y repita «Ad-onai Eloh-eijem Emet» posterior al mismo de modo tal que así completa doscientas cincuenta y dos vocablos que se corresponden con el número de órganos físicos que posee (Sheerit Iosef II pág. 186).

12. Las bendiciones del recitado del «Shemá» son una extensión del mismo.

Las bendiciones por el recitado del «Shemá» difieren de las demás bendiciones anteriores al cumplimiento de un precepto. Estas últimas ofician como preparación para la realización del acto preceptivo y rezan «que nos consagraste con Tus preceptos y Nos ordenaste etc», mientras que las bendiciones que acompañan al «Shemá» sirven de alabanza, agradecimiento y plegaria procurando expresar de un modo más amplio el significado de este recitado que tiene en el primer versículo su principal componente.

En el recitado del «Shemá» decimos que D´s es Uno, esto significa que es el Único que conforma y da existencia al mundo, no habiendo otro fuera de Él. En la primera bendición ampliamos este principio y junto a la alabanza por la luz que se renueva a diario, loamos al Creador por «renovar la creación cada día».

A los efectos de enfatizar Su unicidad, junto a la alabanza por haber creado la luz recordamos también que Él creó la oscuridad. Por las noches, en la bendición paralela a la matutina, esto es, la que precede al «Shemá» nocturno, junto a la alabanza por hacer «caer las noches» agregamos un recordatorio de que «crea el día y la noche». Vemos entonces que el fundamento de la fe en la unicidad de D´s que se manifiesta en la lectura del «Shemá» se ve contenido y ampliado en esta primera bendición.

El hecho de que el recitado comienza con las palabras «Escucha oh Israel» implica que la idea de la unicidad se revela al mundo mediante el pueblo judío que fue creado a esos efectos. Esta idea es ampliada en la segunda bendición, en la que agradecemos a D´s por Su amor hacia nosotros, por la Torá que nos otorgó y rezamos para tener el mérito de entenderla y cumplirla con amor, para que de esta forma dar a revelar Su nombre en el mundo.

«El Eterno nuestro D´s» implica que Él es Todopoderoso y gobierna el mundo conforme a Su voluntad. Su dominio sobre todas las fuerzas y componentes del universo fue revelado de manera contundente durante la salida de Egipto, la cual mencionamos en la tercera porción del recitado del «Shemá«. En la tercera bendición ampliamos esta idea aún más y alabamos al Creador porque «Tú eres el primero y Tú eres el último y fuera de Tí no tenemos otro Rey, Redentor y Libertador. En verdad Tú nos redimiste de Egipto…», recordamos la muerte de los primogénitos y la apertura del Mar Rojo, finalizando con «Bendito Eres Tú que ha redimido a Israel».

Vemos entonces que las tres bendiciones son una continuación y una ampliación de los fundamentos de la fe del recitado del «Shemá«.

Dado que estas bendiciones no son como aquellas que se recitan antes de realizar un acto preceptivo el orden de su recitado no implica una condición para su cumplimiento. Si bien a priori deben ser recitadas conforme al orden establecido por nuestros sabios, a posteriori, si este fue cambiado se cumple igualmente con el deber. Asimismo si la mujer recitó estas bendiciones y no el «Shemá«, cumplió igualmente con un precepto y si recitó solo una de éstas es recompensada.

13. Leyes referentes al recitado de las bendiciones.

Una mujer que recita los cánticos de alabanza y las bendiciones del recitado del «Shemá» debe tener cuidado de no interrumpir entre estas dos secciones, ya que los primeros son un preparativo para el rezo. Por esta razón no se puede interrumpir desde el inicio de la bendición «Baruj Sheamar«, previa a los cánticos de alabanza, y hasta el final de la Amidá (Shulján Aruj 54:3).

En la bendición «Iotzer Or» se recitan los versículos de la Kedushá y si bien esta última no se puede recitar sin Minián, la mayoría de los juristas considera que en este caso no se requiere de quórum ya que se trata de un relato de cómo los ángeles consagran a HaShem  y no tenemos la intención de consagrarlo nosotros mismos en este pasaje (Talmidei Rabenu Ioná). A los efectos de cumplir con las opiniones de todos los juristas, a priori es bueno que la mujer que recita la bendición de «Iotzer Or» sin Minián, lea los versículos de la Kedushá con sus entonaciones musicales (Ta´amei HaMikrá) como quien lee del Tanaj, pues entonces se considera que los pronuncia como quien estudia, lo cual está permitido según todas las opiniones (Terumat Hadeshen, Shulján Aruj 59:3). La mujer en cuestión no precisa conocer a la perfección las diferentes entonaciones, lo principal es que entone para que se denote  que lee al profeta.

Si bien tanto el recitado del Shemá como rezar la Amidá son preceptos separados, aquella mujer que incluye ambos pasajes en su plegaria debe adjuntarlos de modo tal que ni bien concluye la bendición de «Gaal Israel» comience la Amidá. Nuestros sabios dijeron que quien reza inmediatamente después de la redención tiene parte en el Mundo Venidero (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 4(B)). Quien adjunta la redención al rezo como los «vatikín«, esto es, con el despuntar del sol, se le asegura que no sufrirá percance alguno durante todo el día (ídem 9(B), Tosafot allí). Quien interrumpe entre la bendición de la redención y la Amidá, se asemeja al amigo del rey que golpea la puerta del palacio y cuando el monarca abre, el visitante se dedica a otra cosa por lo que el rey también se aparta y prosigue con otra ocupación.

Recordar la redención del Eterno cuando salimos de Egipto se asemeja a golpear la puerta del palacio real, pues ésta expresa el gran amor que D´s profesa al pueblo de Israel. Por lo tanto, la salida de Egipto se asemeja al compromiso entre el novio y la novia (Erusín), entre el Eterno y el pueblo de Israel. No se debe perder el momento de gracia y se debe alcanzar el máximo apego posible en el rezo a partir del sentimiento de cercanía despertado en la bendición anterior y pedir que así como nos salvó de mano de los egipcios vuelva a bendecirnos y redimirnos (ver Talmud Jerosolimitano Tratado de Berajot 1:1).

14. Interrupción en medio del recitado del «Shemá» y sus bendiciones.

A los efectos de evitar odio u ofensas, los sabios permitieron saludar en medio del recitado del «Shemá» y sus bendiciones a una persona a la que el protocolo así lo requiere (Shulján Aruj 66:1). Empero en la práctica, los juristas escribieron que dado que hoy no se acostumbra a interrumpir durante el rezo, las personas importantes y aquellas a las que les debemos respeto y temor no se habrán de ofender si no se las saluda durante el servicio, por lo que queda sin efecto el antes mencionado permiso de interrumpir durante el recitado del «Shemá» y sus bendiciones (Mishná Berurá 66:2, según Sefer Hajinuj).

Sólo con una persona que no es consciente de la trascendencia del rezo y puede llegar a ofenderse  se puede aplicar la regla original y saludarlo. Asimismo en el caso de un «baal teshuvá» (persona nueva en el mundo del cumplimiento de los preceptos) cuyos padres no entienden el valor que tienen los rezos para él, puede saludarlos, mas no continuará hablando con ellos más allá del saludo. En medio de los versículos «Shemá Israel» y «Baruj Shem Kevod» no se puede interrumpir en absoluto a menos que se trate  de una circunstancia que encierra peligro de vida.

Una persona puede interrumpir y hablar en medio del recitado del «Shemá» y sus bendiciones para evitar daño físico o económico. Si le es posible es mejor finalizar la bendición o porción antes de interrumpir (ver Beur Halajá 66:1).

Aquella mujer que ve a una compañera que trasgrede una prohibición habrá de insinuarle para que deje de hacerla, en caso de que no entienda la señal podrá interrumpir y hablarle para apartarla de la prohibición. Este permiso obedece al hecho de que si está permitido interrumpir en medio del recitado del «Shemá» en honor a personas de carne y hueso, mucho más aún se puede interrumpir en Honor al Cielo (Ritba, Kaf HaJaím 66:7).

Se puede interrumpir en medio de las bendiciones del recitado del «Shemá» a los efectos de responder a un Kadish o una Kedushá y otras cuestiones relativas a la santidad. Las reglas referentes a estos casos se detallarán más adelante (20:9-10).

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