08. La intención que debe acompañar el recitado del segundo versículo.

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Inmediatamente después de recitar el primer versículo se dice en voz baja: “Bendito sea el nombre de la gloria de Su reino por siempre jamás” (“Baruj Shem Kevod Maljutó Leolam Vaed“). Si bien esta frase no aparece originalmente en el Shemá ni en el Tanaj, nuestros sabios dispusieron que se recite en virtud de una tradición antiquísima.

Cuenta el Talmud Babilonio (Tratado de Pesajim 56(A)) que antes de morir nuestro patriarca Yaakov, todos sus hijos se reunieron junto a él para escuchar de boca de su padre qué habría de ocurrir con cada uno en el final de los días. En ese momento la Divina Presencia (Shejiná) se alejó de él y le dijo a sus hijos: “¿Quizás alguno de ustedes no es virtuoso, como en el caso de Abraham que tuvo un hijo como Ishmael o mi padre Itzjak que tuvo un hijo como Esav y por eso no puedo revelaros el final? Entonces todos los hijos dijeron: “Shemá Israel A-donai Elo-heinu A-donai Ejad“, así como en tu corazón sólo hay Uno, asimismo en nuestros corazones sólo hay Uno. En ese momento Yaakov dijo: “Baruj Shem Kevod Maljutó Leolam Vaed“. Sobre esto dijeron nuestros sabios de bendita memoria: ¿Qué habremos de hacer nosotros? ¿Diremos esta frase aunque no esté escrita originalmente en la porción del “Shemá“? ¿No la pronunciaremos? ¡He aquí que nuestro patriarca Yaakov lo hizo! Por lo tanto decidieron que se pronuncie en voz baja.

Esta frase es considerada como la continuación de la aceptación del Yugo Celestial del primer versículo, por lo tanto es obligatorio concentrarse en el significado de sus palabras al pronunciarla y quien la recita distraído debe volver a hacerlo concentrado (Mishná Berurá 63:12).

Es bueno separar entre el primer versículo y “Baruj Shem” para diferenciar entre la aceptación del Yugo Celestial de la Torá y aquello que agregaron nuestros sabios. Ya vimos (16:1) que es correcto que las mujeres digan los dos primeros versículos del recitado del “Shemá” diariamente y aquella mujer que quiera recitar toda la porción es bueno que interrumpa brevemente entre “leolam vaed” y “veahavta” (Y amarás) para diferenciar así entre la aceptación del Yugo Celestial y el resto de la porción (Shulján Aruj y Ramá 61:14).

Si bien la idea de la unicidad de D´s es profunda como la mar nos detendremos brevemente para analizarla. El primer versículo “Shemá Israel” expresa la fe suprema, absoluta y unitaria y se le llama en hebreo “ijud elión” o “unificación superior”. En este nivel de percepción superior, nada en el mundo tiene una existencia real e independiente sino que Él es único en el mundo y todo lo demás se ve anulado ante Su existencia. Dado que la esencia infinita del Creador no se manifiesta en este mundo, es difícil percibir o entender la unificación superior de modo constante y sólo dos veces al día al recitar el versículo primero del “Shemá” estamos preceptuados de elevarnos a esas dimensiones. La segunda frase es llamada “unificación inferior” y en ella aceptamos el Yugo Celestial conforme se percibe la fe en este mundo, esto es, en una realidad en la cual la creación no se percibe como nula ante la Divinidad sino real y existente, gobernada y vivificada por D´s. Según Su voluntad este mundo habrá o no de continuar existiendo. A esto se le denomina como la manifestación de Su reinado en este mundo, tal como reza la segunda frase: “Bendito sea el nombre de la gloria de Su reino por siempre jamás” (Tania Shaar Haijud Veaemuná, Nefesh Hajaim 3).

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