15 – Purim y la lectura de la Meguilá (rollo del libro de Esther

1 – El milagro de Purim

La alegría de Purim expresa la eterna santidad del Pueblo de Israel, que si bien a veces se oculta por efecto de las trasgresiones, de todas maneras se mantiene inamovible, y aunque los judíos a veces no se comporten debidamente, son igualmente denominados «hijos del Eterno» («banim laMakom«) y el Eterno que rige el destino del universo, orienta el desenlace de los acontecimientos para favorecerlos, salvarlos y redimirlos.

En esos días, el Pueblo de Israel se encontraba sumido en una situación muy comprometida. El primer Templo estaba destruido, los judíos habían salido al exilio y si bien Ciro el rey de Persia ya había publicado su edicto, por efecto del cual instaba a los judíos a retornar a su tierra y reconstruir su santuario, muy pocos de los exilados habían retornado efectivamente. El Imperio Persa estaba en su mayor esplendor y los judíos que habitaban a lo largo y ancho de sus provincias, se esforzaban por integrarse y mezclarse con los gentiles y conducirse como ellos, al punto que muchos estaban dispuestos a postrarse ante ídolos. En la ciudad capital, Shushan, los judíos participaron del banquete que ofreció el rey Asuero y vieron con sus propios ojos, cómo los persas utilizaban los utensilios que fueron saqueados del sagrado Templo para usos profanos, y sin embargo disfrutaron del festín. Parecía que el gran ideal para el que había sido elegido el Pueblo de Israel, se extinguía poco a poco, tanto como la esperanza del retorno a Sion y los judíos ya no traerían el mensaje Divino a la tierra.

Entonces se despertó una fuerte acusación en la corte celestial contra el Pueblo de Israel, ya que a pesar de que D´s los había escogido de entre todas las naciones, les había entregado la Torá y había hecho reposar su Divina Presencia en su seno, los judíos se conducían como gentiles, se postraban ante ídolos y no retornaban a su patria para allí reconstruir el sagrado Templo. Como contraparte, se había alzado el malvado Hamán descendiente de Amalek y condujo al Imperio Persa hacia un terrible edicto que no tenía precedentes: «destruir, matar y exterminar a todos los judíos, jóvenes y viejos, niños y mujeres, en un mismo día, el día trece del mes duodécimo, que es el mes de Adar, y tomar sus despojos como botín»(Libro de Esther 3:13).

Hubo judíos que criticaron a Mordejai y le imputaron el haber provocado el edicto de exterminio con su obstinación al no postrarse ante el malvado Hamán, provocando así su furia contra el Pueblo de Israel (Libro de Esther 3:2-6).

He aquí que el Eterno, la Causa de todas las causas, anticipó la medicina a la enfermedad, al hacer que Esther se case con el rey Asuero para que junto a Mordejai pudiesen desbaratar el consejo de Hamán. Al final, todo resultó a la inversa, ya que en vez de que los enemigos del Pueblo de Israel se salieran con la suya, los judíos mataron a sus perseguidores y a Hamán y a sus hijos los colgaron del árbol que estaba destinado para ahorcar a Mordejai. El Pueblo de Israel fue salvado, su prestigio se difundió entre las naciones y se despertaron las voluntades para volver a Eretz Israel, a fin de habitarla y reconstruir el Templo.

2 – La ratificación de la aceptación de la Torá

Cuando observamos con mayor profundidad, podremos notar que el decreto del malvado Hamán despertó al espíritu judío. Mediante el edicto de exterminio, se demostró que el Pueblo de Israel está apegado a su fe hasta la última consecuencia, ya que podían haberse asimilado entre las naciones y así salvarse de la matanza, y sin embargo no se apartaron de su destino judío. Por el contrario, en virtud del edicto, se arrepintieron, reforzando su fe y el cumplimiento de los preceptos de la Torá.

Ese momento histórico fue tan encumbrado, al punto de afirmar nuestros sabios, que en días del rey Asuero, el Pueblo de Israel volvió a aceptar la Torá. Esta segunda aceptación fue en cierta manera más notable que la primera a los pies del Monte Sinaí, pues en los días de Moisés, la Torá fue recibida de manera coercitiva, tal como está escrito (Éxodo 19:17): «y se pararon bajo la montaña», lo cual fue interpretado por los sabios del Talmud (Tratado de Shabat 88(A)): «nos enseña que el Eterno les colocó el monte encima de sus cabezas y les dijo: ‘o aceptáis la Torá o aquí será vuestra sepultura’. Dijo Rav Aja Bar Yaakov: de aquí que la aceptación podría ser considerada nula, por cuanto fue obtenida por la fuerza. Dijo Raba: a pesar de ello, la aceptación fue ratificada en los días de Asuero, tal como está escrito (Libro de Esther 9:27): ‘los judíos cumplieron con lo que ya habían aceptado decidiendo que ellos, su simiente y todos los que se le unieran continuasen observando escrupulosamente…'»

Muchos interpretaron que la imposición de la aceptación de la Torá con un monte encima que amenaza con aplastar a los judíos, se trataba de una metáfora en el sentido espiritual, por cuanto que la secuencia tan impresionante de milagros que salvó a los hijos de Israel desde las diez plagas pasando por el cruce del Mar Rojo hasta las revelaciones de Sinaí, no permitía o no dejaba la posibilidad de declinar el ofrecimiento Divino. De todas maneras, quedaba en pie la pregunta, de si una vez que el Pueblo de Israel se alejase de los eventos y las maravillas del desierto, seguirían apegados a D´s y Su Torá. Efectivamente este apego conoció altos y bajos, hasta que llegaron los días de Purim, en los que quedó totalmente claro que el vínculo del judío con su fe y con su Torá es absoluto. El edicto dejaba a las claras, que el apego a sus convicciones, habría de costarles a los israelitas el más alto de los precios, y sin embargo libres de toda presión o imposición, eligieron mantenerse adheridos a su fe, arrepentirse y clamar a D´s. No solamente volvieron a cumplir con los seiscientos trece preceptos, sino que tras la salvación, agregaron nuevos preceptos y ordenanzas, las leyes de Purim.

En virtud de esta actitud, tuvimos el privilegio de merecer la construcción de nuestro Santuario en Jerusalém, y se abrieron las compuertas del desarrollo de la Torá Oral, que fue la principal obra espiritual en los días del Segundo Templo.

3 – La conmemoración de Purim para las generaciones

Si bien la alegría por la salvación fue enorme, en un inicio no estaba claro cómo debía  ser conmemorada. Esther le envió a los sabios un mensaje: «inscribidme por todas las generaciones», esto es, le pidió que escriban un libro que relate las peripecias acaecidas y que lo incluyan en el canon bíblico. Esther también pidió a los sabios «establecedme por todas las generaciones», lo cual implica que Purim sea fijado como un día de fiesta y lectura del Libro de Esther, escrito en un rollo de pergamino (Meguilá), por todas las generaciones. En un comienzo los sabios dudaron qué hacer, pues por una parte temían por la reacción de los gentiles al ver que los judíos celebraban su derrota, y por otra parte dudaban de si era pertinente volver a escribir sobre la lucha contra Amalek en el Libro de los Libros. Hasta que finalmente, hallaron entre las alusiones de los versículos, que había lugar para volver a escribir en el Tanaj sobre la guerra contra Amalek y así los miembros de la Gran Asamblea (Kneset HaGuedolá), redactaron el Libro de Esther imbuidos de inspiración Divina, estableciendo la celebración de Purim para todas las generaciones (Tratado de Meguilá 2 (A), 7(A), Tratado de Baba Batra 15(A)).

Los miembros de la Gran Asamblea eran el Tribunal Supremo que fungía en los inicios de la época del Segundo Templo, y estaba conformado de ciento veinte sabios, entre ellos algunos profetas y eruditos tales como  Hagai, Zejariáh, Malají, Daniel, Hananías, Mishael, Azarías, Ezrá el escriba, Nehemiá ben Hilquiáh, Mordejai y Zerubabel ben Shealtiel. El Mordejai en cuestión es Mordejai el judío. El más importante de todos estos era Esdras el escriba, al punto que a veces la Gran Asamblea es denominada el Tribunal de Esdras el escriba. Este tribunal es el que estableció las primeras grandes disposiciones y decretos, que hoy conocemos como los preceptos emanados de los rabinos, de cuya autoridad se deriva la magna labor de los sabios de la Torá Oral.

El milagro de Purim es considerado el último que se pudo escribir en el Tanaj, y tal como dijeron nuestros sabios (Tratado de Yomá 29(A)): «El de Esther es el último de los milagros» y con la redacción del Libro de Esther se sella prácticamente el Tanaj.

Purim es el eslabón que conecta a la Torá Escrita con la Torá Oral y ese es el status de los preceptos de esta fiesta que se cumplen «por tradición» (midivrei kabalá), que es un grado intermedio entre preceptos de la Torá y preceptos rabínicos. Por una parte, los preceptos de Purim carecen de la jerarquía de los que figuran en la Torá escrita, y por la otra no poseen el status de preceptos rabínicos, pues la Meguilá de Esther está incluida  en las Sagradas Escrituras. Los sabios medievales debatieron respecto de qué ocurre en el caso de que surja una duda sobre un precepto de Purim, ¿acaso debería la Halajá ser más estricta como en caso de duda respecto de un precepto de la Torá, o más flexible como en caso de duda respecto de un precepto rabínico?

En Purim tenemos siete preceptos de los cuales cuatro, son exclusivos de la fiesta, y son: a) Lectura de la Meguilá, b) Envío de comidas de una persona a su prójimo, c) Regalos para los pobres, d) Banquete y alegría. Otros tres preceptos se aplican también para otros días festivos y son: a) Lectura de la Torá (para hombres), b) Recordación del día mediante la recitación de «Al Hanisim» en los rezos y la bendición para después de la ingestión de alimentos, c) Prohibición de pronunciar sermones fúnebres y de ayunar.

4 – Purim en ciudades con y sin murallas

Una de las particularidades de Purim es que se celebra en dos fechas, en la mayoría de las localidades se celebra el día 14 de Adar, mientras que en las ciudades amuralladas desde los días de Josué y en la ciudad de Shushan, se celebra Purim el 15 de Adar.

A los efectos de entender esta dualidad en la determinación de la fecha celebratoria, es necesario entender la sucesión de los hechos históricos que llevaron a ello. El decreto del malvado Hamán permitía a los enemigos del Pueblo de Israel asesinar y exterminar a todos los judíos del mundo el día trece de Adar. Este edicto no se revocó ni siquiera tras el milagroso ascenso de Esther y Mordejai en la jerarquía imperial, pues según la ley persa, un edicto real sellado con el anillo real era irrevocable, de modo que, lo único que se pudo hacer, fue firmar otro decreto con idéntica rúbrica, que permitiese a los judíos defenderse y eliminar a sus perseguidores.

Por lo tanto, hasta el día trece de Adar, no estaba ni claro ni definido cómo se desarrollarían los acontecimientos, pues si bien los judíos ya tenían permiso de defenderse sin que los soldados del ejército persa se lo impidiesen, nadie garantizaba que la batalla sea definida a su favor. El día trece de Adar, el pánico se apoderó de los perseguidores de los judíos, de modo que los israelitas lograron doblegarlos. Al día siguiente, el catorce de Adar, los judíos pudieron descansar tras la victoria en la batalla, haciendo de él, día de festín y alegría. Empero en la ciudad capital de Shushan, los enemigos eran muy numerosos, por lo que los judíos no alcanzaron a eliminarlos a todos el día trece. Entonces la reina Esther pidió al rey Asuero que se les permita a los judíos de Shushan vengarse de sus perseguidores una jornada más, y tras recibir el consentimiento real, los judíos continuaron batallando el día catorce de Adar y recién el día quince descansaron y celebraron.

Dado que desde el inicio, Purim se celebró en dos días diferentes, nuestros sabios dispusieron recordarlo de esta manera para todas las generaciones. Así es que se estipuló que, en todas partes se celebre el día catorce de Adar, mientras que en la ciudad de Shushan donde el milagro había sido más notorio, pues los judíos habían acosado a sus perseguidores por dos días enteros y donde además habían tenido lugar las maravillosas peripecias que relata el libro de Esther, se celebre el día quince. Nuestros sabios fijaron que en todas las ciudades importantes como la de Shushan, se celebre el día quince. ¿Cuál ciudad es importante y cuál no? Aquellas que como Shushan estaban amuralladas, se las consideraban importantes.

Empero en esos días, la Tierra de Israel estaba destruida y abandonada, y si hubieran establecido en esos tiempos los criterios de importancia mencionados, resultaría que ninguna ciudad de Eretz Israel celebraría el quince junto a las ciudades «importantes». Es así que para preservar el honor de la Tierra de Israel, decretaron nuestros sabios que toda ciudad que estaba amurallada desde los días de Iehoshúa Bin Nun, amén que en el presente estén destruidas, habrían de celebrar el día quince, mientras que aquellas ciudades que no estaban amuralladas desde los días de Josué, celebrasen el día catorce salvo el caso de la ciudad de Shushan, que si bien fue fundada después de los días de Josué, dado que fue el escenario de los acontecimientos milagrosos, celebre Purim el día quince.

Hoy en día Jerusalém es la única ciudad en la que se celebra Purim el día quince, ya que solo respecto de esta ciudad existe la tradición clara y documentada de que contaba con murallas desde los tiempos de Ieoshúa Bin Nun. Asimismo, subsiste la duda sobre algunas ciudades, acerca si tenían o no muralla y de hecho la duda se extiende a la misma ciudad de Shushan. Estos casos serán analizados en el capítulo 17.

5 – El precepto de leer la «Meguilá» y la publicitación del milagro

Todos deben de cumplir con el precepto de la lectura de la «Meguilá«, hombres mujeres y conversos. Quien oye la lectura de la Meguilá cumple con su obligación, con la condición que la oiga de quien tiene el deber de leerla. Empero quien la oye de boca de un niño, eximido  de los preceptos, no cumplió con su obligación (Shulján Aruj 689:1-2).

El objetivo principal de la lectura de la «Meguilá» es la publicitación del milagro y revelar que D´s es el rector y providente del mundo, dirigiendo todos los sucesos para bien, incluso aquellos eventos que en un inicio se perciben como terribles desgracias, al final tienen un giro positivo. Mediante la publicación del milagro, se refuerza nuestra confianza en D´s y nuestros corazones se ven impulsados a engrandecer Su revelación y mejorar el mundo bajo Su Mandato.

Tan importante es la lectura de la Meguilá en público a los efectos de publicitar el milagro, al punto de que los sacerdotes en el Templo de Jerusalém, posponían la ejecución del sacrificio público diario (Tamid) matinal para escuchar la lectura de la «Meguilá» junto al público. Asimismo los sabios eruditos de la Torá, si bien podrían escuchar la lectura en sus casas de estudio, suspenden su actividad y concurren a las sinagogas para escucharla junto con el público en lecturas multitudinarias (Tratado de Meguilá 3(A)).

Tanto es así, que en una sinagoga en la que se acostumbra a realizar varios servicios religiosos al día, es menester procurar concentrar los «minianim» para que la lectura de la Meguilá sea multitudinaria. Empero, quien acostumbra a rezar en una sinagoga pequeña, aunque el número de participantes en el servicio sea pequeño, no debe alterar su rutina y asistir a una sinagoga de mayor envergadura, a condición de que en la lectura haya «minian» (Shulján Aruj 687:2, Mishná Berurá 7, Shaarei Tzión 8:1).

Solamente en el caso en que no se pueda llevar a cabo una lectura con minian, a posteriori está permitido leer la Meguilá individualmente (Shulján Aruj 690:18).

6 – horario de la lectura

Se debe leer la Meguilá por la noche y nuevamente de día. Esto se debe a que en los días del edicto de Hamán, los judíos le clamaban a D´s día y noche (Tratado de Meguilá 4 (A) Rashi ídem).

La lectura nocturna se puede realizar durante toda la noche, desde la salida de las estrellas hasta el despuntar del alba. La lectura diurna puede realizarse desde la salida del sol (aunque a posteriori lo puede hacer desde el despuntar del alba) hasta la puesta del sol. Las personas que son diligentes (“zerizím”) en el cumplimiento de los preceptos, efectúan la lectura nocturna de la «Meguilá», inmediatamente finalizado el servicio de Arvit, y a la mañana ni bien concluye el servicio de Shajarit (Shulján Aruj 687:1, 693:1, 693:4).

Está prohibido comer o dormir antes de la lectura de la noche, empero está permitido estudiar Torá. A quien se le dificulte seguir en ayunas (ayuno de Esther) hasta que concluya la lectura, puede beber antes de la misma a condición de que no ingiera bebidas alcohólicas. Asimismo, quien esté hambriento puede comer pero no una comida formal (con pan),  puede ingerir todas las frutas que quiera y hasta 58 gramos de productos que contienen harinas (mezonot) (Shulján Aruj 232:3, Mishná Berurá 35, Ramá 692:4, Maguén Abraham 7, Mishná Berurá 14-5).

Las mismas excepciones alimentarias se aplican con anterioridad a la lectura de la Meguilá por la mañana, aunque como su horario optimal de lectura es inmediatamente posterior al servicio de Shajarit, de todas maneras aplican las restricciones de ingerir alimentos antes del rezo, que son más graves que las restricciones previas a la lectura de la Meguilá. Es así que   quien ya rezó Shajarit y aún no leyó la Meguilá, que no coma hasta finalizada la lectura. En caso de que le urja ingerir algún alimento, podrá ingerir una comida no formal antes de la lectura. Las mujeres tampoco pueden ingerir alimentos con anterioridad a la lectura y en caso de que les urja, pueden ingerir una comida no formal («Arai«) (Mishná Berurá 692:15-6. En caso de gran necesidad puede pedir a alguien que le recuerde que aún no escuchó la lectura y sentarse a comer una comida formal («Keva«)).

Según la opinión de muchos de los juristas medievales, la principal publicitación del  milagro tiene lugar en la mañana, que es cuando se cumple con el resto de los preceptos de Purim, que tienen lugar de día. Por lo tanto es necesario ser muy cuidadosos con la lectura matinal y es bueno poner hincapié en que sea con asistencia multitudinaria.

7 – Las mujeres y la lectura de la Meguilá

Según la opinión de Rashi y de Maimónides, las mujeres deben cumplir con el precepto de la lectura de la Meguilá al igual que los hombres, por lo que una mujer puede leerla para toda su familia y hacerlos así cumplir a todos.  Por el contrario, el autor del libro Halajot Guedolot y Rabenu Jananel consideran que el deber de la lectura se aplica sobre las mujeres de un modo diferente al de los hombres, ya que ellas están obligadas únicamente a escuchar y no a leerla. Según esta opinión una mujer no puede hacer cumplir a su marido con su lectura. En el libro de responsa Avnei Nezer (Oraj Jaím 511) se explica que la diferencia se origina en el hecho de que las mujeres deben escuchar la Meguilá para así publicitar el milagro, y es por eso que están ordenadas en escucharla, mas no de leerla. Según esta idea los hombres están doblemente preceptuados, deben publicitar el milagro y además recordar lo que nos infligió Amalek para motivarse a eliminarlo, por lo que tienen que escuchar la Meguilá y además leerla.

Dado que esta ley es producto de un disenso de equivalente peso legal entre los juristas medievales, la mayoría de los sabios de las últimas generaciones establecieron que una mujer no puede leer la Meguilá para un hombre, y solo en caso de emergencia, cuando no existe la posibilidad de que un hombre la lea para sí o escuche la lectura de otro hombre, puede escuchar la lectura de una mujer y actuar según la opinión halájica de los que consideran que una lectura femenina puede hacer cumplir a un varón.

Una mujer puede leer para otras mujeres y hay quien opina que una mujer no puede hacer cumplir con la lectura a numerosas mujeres, pues en ese caso la norma sería similar a la de la lectura de la Torá, y así como una mujer no lee la Torá, tampoco podrá leer la Meguilá para un público femenino numeroso. Hay quien opina que cuando la lectura se efectúa para otras mujeres, no se recitan las bendiciones (Ben Ish Jai Tetzavé 1, Kaf HaJaím 689:19). La opinión mayoritaria de los juristas es que una mujer puede leer para otras mujeres, y recita al inicio de la lectura las bendiciones igual que en el caso de un hombre. Si hay diez mujeres en el público, recita al final de la lectura la bendición «Ha Rav et Ribenu«. De todas maneras, a priori es preferible que las mujeres escuchen la lectura de un hombre  para así cumplir según todas las opiniones y lo mejor es en la sinagoga, para así publicitar el milagro con presencia multitudinaria.

Cuando un hombre lee para otras mujeres, se acostumbra que éste recita las bendiciones iniciales y si se trata de al menos diez mujeres, al finalizar recita «Ha Rav et Ribenu». Hay quien acostumbra que una mujer recite la bendición por todas, y ambas costumbres son correctas.

8 – Niños

Es preceptivo educar a los niños en los preceptos, y desde el momento que un niño o niña llegan a una edad en la que pueden entender la Meguilá y pueden seguir la lectura como corresponde hasta el final, se les debe inducir a que lo hagan. La cuestión no depende de la edad sino del desarrollo personal del niño o niña. Dado que la lectura es algo prolongada, se considera que la generalidad de los niños puede seguir la lectura en su totalidad, a partir de los nueve años de edad.

Es buena la costumbre de traer a la sinagoga niños aún más pequeños, de unos cinco o seis años de edad, y aunque todavía no llegaron a la edad en que se les debe enseñar a escuchar la Meguilá pues no pueden seguir la lectura en su totalidad, dado que entienden de qué se trata, es bueno traerlos. Empero niños aún más pequeños, que pueden perturbar la lectura, no deben ser traídos. Es importante que un padre no ponga hincapié en la educación religiosa de su hijo pequeño, a costa del cumplimiento colectivo del precepto de los demás miembros de la congregación.

A efectos de estimular la alegría y el interés por parte de los niños, el público acostumbra a leer cuatro versículos en voz alta (2:5, 8:15, 8:16, 10:3). Estos versículos son la parte fundamental del inicio y el fin del milagro. Una vez que el público los recita en voz alta, el oficiante que lee la Meguilá los repite (Ramá 690:17, Mishná Berurá 689:16 según el Mordeji y el Levush).

Parecería que la costumbre de hacer ruido con matracas, cada vez que se pronuncia el nombre de Hamán, está en gran medida destinada a mantener la atención de los niños durante la lectura. Empero es menester cuidar de no transformar lo secundario en principal, y tener la precaución de no perturbar con el ruido de las matracas la lectura de la Meguilá (Shulján Aruj 690:17, ver Mishná Berurá 59 y Beur Halajá).

9 – La Meguilá

El de Esther es uno de los libros sagrados del canon bíblico, por lo que debe ser escrito tal como se escribe un rollo de la Torá, con tinta negra sobre pergamino. Si no la escribió con tinta, o la escribió sobre papel, no es apta para la lectura y si se la lee de ahí, no cumple con el precepto. El cuero debe ser curtido y procesado con la intención de que el pergamino resultante sea utilizado para escribir la Meguilá, y los distintos trozos de pergamino deben ser cosidos con tendones. Los renglones deben de ser trazados y marcados con anterioridad a la escritura, a los efectos de que ésta resulte derecha. La escritura debe ser a mano y con la intención manifiesta de que sirva a la santidad de la Meguilá.

Así como durante la escritura de un rollo de la Torá se pone hincapié que cada una de sus letras tenga la forma correcta, que no se toquen unas a otras y que además no falte ni sobre letra alguna, lo mismo ocurre con la escritura de una Meguilá. Empero a posteriori, existen diferencias entre las lecturas de la Torá y de la Meguilá. No se pueden recitar las bendiciones correspondientes sobre un rollo de la Torá que tenga un error, aunque solo sea en una única letra, mientras que en el caso de la Meguilá, de no tener a mano un rollo que esté en perfecto estado, se puede a posteriori leer y recitar las bendiciones sobre una Meguilá a la que le falten algunas letras. Por ejemplo, si el «sofer» (escriba) se equivocó y a la Meguilá le faltan muchas letras o las escribió pero con errores, o al inicio las escribió correctamente pero con el tiempo algunas se borraron, mientras que la mayor parte de la Meguilá permanezca escrita se puede cumplir con el precepto de la lectura, recitando las bendiciones correspondientes. Esto se debe a que la Meguilá es llamada en el libro de Esther «epístola» («igueret«) y de aquí que su cometido principal es relatar los hechos acaecidos en un escrito, mas no requiere tener la exactitud de un libro (de Torá). De esto aprendemos que mientras que el núcleo principal del relato esté correctamente escrito, alcanza para cumplir con el precepto, a condición de que se complete el faltante o leyendo de un libro impreso o recitándolo de memoria.

Según la ley se puede escribir una traducción de la Meguilá con tinta sobre un pergamino para uso de quien no entiende el idioma hebreo y al leerla se cumple con el precepto. A modo de ejemplo, para quien el inglés es su única lengua, puede leer una Meguilá escrita en ese idioma con tinta sobre pergamino y cumplir con el precepto (Shulján Aruj 690:8-11). En la práctica esto no se acostumbra ya que no sabemos traducir con exactitud cada una de las palabras por lo que al escuchar la Meguilá en hebreo, aunque la persona no entienda, por cuanto que al oír puso la intención de cumplir con el precepto de leer la Meguilá cumplió (Shulján Aruj 690:8, Mishná Berurá 690:32, Aruj Hashulján 15).

10 – El precepto de la lectura y qué ocurre cuando uno se pierde de escuchar una palabra

El precepto de la lectura de la Meguilá se cumple al leer de un rollo apto, esto es de un pergamino escrito con tinta. Si se recita la Meguilá de memoria o se lee de un libro impreso no se cumple con el precepto (Shulján Aruj 690:3). Si la mayor parte la leyó de un rollo apto y el resto lo recitó de memoria o leyó de un libro impreso cumplió con el precepto siempre y cuando al final de cuentas haya leído la totalidad de la Meguilá sin omitir palabra alguna (tal como se vio en el inciso anterior).

En caso de que haya omitido o se haya equivocado en la lectura de alguna palabra, de manera tal que alteró su significado, la mayoría de los juristas opinan que no cumplió con el precepto y debe volver a leer toda la Meguilá correctamente.

Aun cuando quien lee la Meguilá lo hace correctamente, si aquel que escucha se perdió de oír una palabra, no cumplió con su obligación. Esta es en definitiva, la regla más importante en la lectura de la Meguilá, ya que en virtud de la numerosa asistencia de niños a la sinagoga en Purim abunda el ruido, y hay quienes se pierden de escuchar la lectura en su totalidad. Esto puede acontecer especialmente tras los ruidosos sonidos de matraca, cada vez que se pronuncia el nombre de Hamán, ya que a veces el barullo persiste cuando se continúa con la lectura y los que se sientan en las últimas filas de la sinagoga no oyen alguna palabra y de ese modo se pierden de cumplir con el precepto.

La solución práctica a este problema es que, quien se pierda algún pasaje, lo complete mediante la lectura de un libro impreso, y si la lectura general prosigue, que avance en su libro hasta alcanzar al público. De todas maneras, por cuanto que la mayor parte de la Meguilá la escuchó de un rollo de pergamino escrito con tinta, cumple con el precepto, pudiendo completar los faltantes de un libro impreso. En el caso de quien escucha la lectura pública, no debe leer la Meguilá al mismo tiempo (en voz alta) de un libro impreso.

11 – Leyes relativas a la lectura de la Meguilá

El pergamino debe estar enrollado desde el final hacia el comienzo, pero como se le considera «epístola», se acostumbra a extenderlo y doblarlo hoja por hoja frente al público  antes de la lectura, como forma de publicitar el milagro. Tras la culminación de la lectura, se enrolla nuevamente el pergamino del final al inicio, ya que no sería honroso para la Meguilá que quede abierta, y solo después de terminar de enrollarla el oficiante recita la bendición «Harav et Ribenu» (Shulján Aruj 690:17, Mishná Berurá 55-6, Kaf HaJaím 102-105).

El precepto de la lectura de la Meguilá se puede cumplir tanto de pie como sentado, y solo el oficiante debe estar de pie por respeto al público (Shulján Aruj 690:1). La mayoría de los judíos acostumbran a estar de pie durante el recitado de las bendiciones (Mishná Berurá 690:1, Ben Ish Jai Tetzavé 4, y ver Kaf HaJaím 2).

La Meguilá se lee con las entonaciones tradicionales y si no hay quien sepa leerla con éstas, a posteriori, se puede leer sin entonar (Shaaré Teshubá 690:1).

Se debe leer la Meguilá según el orden en el que está escrita, y si se lee desordenadamente, no se cumplió. Por ejemplo, quien no oyó una palabra o un versículo de la lectura del oficiante, no debe seguir escuchándola hasta el final para recién ahí completar el faltante, sino que debe hacerlo de inmediato para alcanzar al oficiante y continuar la lectura junto a toda la congregación.

Quien escuchó la lectura mientras estaba dormitando, no cumplió, pues con seguridad se perdió alguna palabra (Shulján Aruj 690:12). Tal como vimos arriba en el inciso 9, escuchar la Meguilá es preceptivo también para quien no entiende el idioma hebreo, y al escucharla cumple con su obligación. A priori se debe leer la Meguilá de continuo, y a posteriori, si hubo interrupciones tanto silenciosas como ruidosas, no se perdió lo ya leído y se puede continuar desde el punto en el cual se interrumpió (Shulján Aruj 690:5, y ver Mishná Berurá 18 y Shulján Aruj Oraj Jaím 65).

Quien escucha la lectura por medios eléctricos u electrónicos tales como teléfono, radio o parlantes, para la mayoría de los juristas no cumplió, pues estos artefactos captan las voces como señales eléctricas y luego las transforman en una nueva voz, por lo que se asemeja a  escuchar la lectura de una grabación.

12 – El recitado de las bendiciones y el orden de la lectura

Antes de la lectura de la Meguilá por la noche se recitan tres bendiciones: «Bendito seas Tu D´s Rey del universo, que nos consagraste con Tus preceptos y nos ordenaste la lectura de la Meguilá». «Bendito seas Tu D´s Rey del universo, que hizo milagros para con nuestros antepasados en aquellos días en esta época». «Bendito seas Tu D´s Rey del universo, que nos ha concedido vida, nos sostuvo y nos hizo posible llegar a esta ocasión».

Las bendiciones son la preparación para el cumplimiento del precepto, ya que al recitarlas el oficiante y la congregación se concentran en entender su significado, que es recordar y publicitar el milagro que obró D´s con nuestros ancestros. De todas maneras, quien haya leído sin recitar las bendiciones, cumplió con el precepto siempre y cuando haya tenido la intención de hacerlo.

Respecto de recitar la  bendición de «Shehejeianu» por la mañana, las costumbres están divididas. Según la tradición Sefaradí, no se recita «Shehejeianu» de día, ya que la que se recitó por la noche sigue vigente. Según la tradición Ashkenazí, se debe recitar nuevamente «Shehejeianu» por la mañana, pues la lectura diurna se considera un precepto separado y más aún, se trata de la lectura principal, por lo que no se incluye junto con la nocturna (Shulján Aruj 692:1).

Al recitar «Shehejeianu» por la mañana, es oportuno poner intención de que ella recaiga también sobre los demás preceptos del día: el envío de comidas, presentes a los pobres y el banquete festivo. Los Sefaradim ponen intención en el «Shehejeianu» de la noche y los Ashkenazim en el de la mañana (Mishná Berurá 692:1).

Una vez finalizada la lectura y enrollado nuevamente el pergamino se acostumbra a recitar la bendición «Harav et Ribenu«, que es una oración de alabanza y agradecimiento. Según la mayoría de los juristas, esta bendición no se recita a menos que hayan participado de la lectura diez hombres o diez mujeres, pero de haber menos participantes, no se recita.

13 – La venganza contra Hamán y sus diez hijos

Uno de los ejes centrales del relato de la Meguilá, es la ejecución de Hamán y sus diez hijos. Cobra especial valor el hecho de que se haya hecho justicia con aquellos que se levantaron para exterminar al Pueblo de Israel, y que a la postre fueron castigados y eliminados. Todo aquél que se levanta contra el Pueblo de Israel, la nación escogida por D´s, es como si se rebelara contra el Eterno Creador y Rector del universo, y por lo tanto corresponde que sea ajusticiado. Algunas reglas de Purim expresan la relevancia de la eliminación de Hamán y sus hijos.

Primeramente, la eliminación de los diez hijos de Hamán se escribe en el pergamino bajo el formato de cántico. Empero este cántico es diferente a los demás que aparecen en diferentes libros del canon bíblico. A modo de ejemplo, en el cántico del cruce del Mar Rojo en el libro de Éxodo, la escritura y los espacios vacíos están intercalados, mientras que en la ejecución de los diez hijos de Amán la escritura es más ordenada: a ambos extremos de cada renglón se escribe una palabra y en el medio se deja un espacio vacío, de modo tal que todos los nombres de los hijos ejecutados quedan en la columna derecha del cántico, mientras que la palabra «et» (y a) queda en el extremo izquierdo de cada renglón (Tratado de Meguilá 16(B), Shulján Aruj 691:3). La razón de esta manera peculiar de escritura radica en que, todos los cánticos, expresan el alivio que sintió el Pueblo de Israel, por lo que el cántico en su formato gráfico se expande con amplitud, mientras que en el caso del cántico por la ejecución de los diez hijos de Hamán, éste expresa la alegría por la recta justicia que se aplicó sobre éstos, por lo que se escribe en líneas rectas y cerradas (Maharal, Or Jadash 9:10).

Es menester esforzarse en leer todos los nombres de los hijos de Hamán de una sola vez sin respirar en el medio, para expresar de esta manera, el hecho de que los diez murieron juntos y al mismo tiempo, pero si no pudo leerlo de una vez, a posteriori, igual cumplió con el precepto de la lectura. La letra «vav» de la palabra »ויזתא» se escribe erguida para enseñarnos que los diez fueron ahorcados juntos (Tratado de Meguilá 16(B), Shulján Aruj 690:15, 691:4). El fundamento de la fe del Pueblo de Israel es la unicidad de D´s y los amalecitas se oponen tenazmente a esta convicción, por lo que al ser castigados fueron ejecutados de una vez, ya que su muerte reveló la fe en la unicidad (Maharal Or Jadash 9: 10).

Tras finalizar la lectura se debe recitar la fórmula «Maldito sea Hamán, bendito sea Mordejai, maldita sea Zeresh, bendita sea Esther, malditos sean los malvados y benditos sean los justos y también Jarboná sea recordado para bien» (Tratado de Meguilá Talmud Jerosolimitano 3:7, Shulján Aruj 690:16).

Durante la edad media, se comenzó a propagar entre niños y hasta entre adultos la costumbre de hacer ruido al pronunciar el nombre de Hamán. Probablemente esta era una manera de expresar el odio a los malvados y la alegría por su caída. Si bien esta costumbre carece de origen o fundamento, el Ramá nos dice que «no se deben anular costumbres ni burlarse de éstas, pues no fueron establecidas de balde» (690:17). Empero algunos de los sabios medievalistas, no siguieron esta costumbre y algunos de los sabios de las últimas generaciones se opusieron a esta práctica, ya que puede causar que quienes escuchan la lectura no cumplan con el precepto (como se vio en el inciso 10). De hecho, se puede continuar con la tradición de hacer ruido al escuchar la palabra «Hamán», pero se debe tener cuidado de que toda la congregación pueda oír con claridad toda la lectura.

14 – La plegaria de «Al Hanisim», la lectura de la Torá, los sermones fúnebres y el «Tajanún»

Nuestros sabios establecieron la plegaria de «Al Hanisim«,  a los efectos de agradecerle a D´s por la salvación del Pueblo de Israel en los días de Purim, y ésta se adiciona en la bendición número 18 de la «Amidá», así como también en la segunda bendición del «Birkat Hamazón«, la plegaria por la ingestión de alimentos. En la bendición de «Me´ein Shalosh» no se menciona a Purim.

Aquél que se olvidó y no agregó «Al Hanisim» en la «Amidá» o en el «Birkat Hamazón«, igual cumplió con sus plegarias. Si se acordó antes de terminar la bendición en la que se agrega «Al Hanisim«, regresa hacia atrás y lo recita. Empero en el caso en que ya pronunció el nombre de D´s que se encuentra al final de la bendición, no ha de volver. De todas maneras es bueno que recite «Al Hanisim» al finalizar el rezo, pues allí se pueden agregar súplicas sin límite. Quien se haya olvidado de agregar «Al Hanisim» en el «Birkat Hamazón«, es bueno que lo adicione al final junto con los agregados que comienzan con la fórmula «HaRajamán«, pues allí se permite adicionar agradecimientos libremente (Ramá 682:1, Mishná Berurá 4).

Si se inicia el banquete en Purim y se prolonga hasta bastante después de la salida de las estrellas, se recita «Al Hanisim» en el «Birkat Hamazón», ya que la regla establece que solemos ir de acuerdo con el inicio (es decir, cuando comenzamos con esa bendición, ya que aún era Purim) (Shulján Aruj 695:3, ver Mishná Berurá 16).

Nuestros sabios establecieron que en Purim suban tres personas a leer la Torá en el pasaje «Y vino Amalek» (Éxodo 17:8-16), y si bien uno de los decretos de Esdras era que no se puede leer menos de diez versículos, en Purim se leen únicamente nueve, pues en esos nueve versículos, el tema llega a su conclusión. Hay quienes acostumbran a leer dos veces el último versículo para completar los diez (Shulján Aruj 693:4), y hay quien dice que no se debe repetir (Ramá ídem).

En esta cuestión, hay una insinuación muy interesante, en el sentido de que mientras que la memoria de Amalek no sea borrada, el Nombre de D´s no se revela en el mundo de forma completa, y por eso en la porción de «Y vino Amalek» se leen únicamente nueve versículos.

Si bien en Purim el Pueblo de Israel experimentó una gran salvación, no se recita la plegaria del «Halel«, por tres distintas razones sugeridas en el Talmud (Tratado de Meguilá 14(A)). Según Rabí Itzjak no se recita «Halel» por milagros acaecidos fuera de la Tierra de Israel. Según Rava, no se recita «Halel» debido a que tras la salvación, continuamos siendo siervos del rey Asuero y sólo ha de recitarse por una salvación que nos transforma en hombres libres. En opinión de Rav Najman no se recita el «Halel«, porque la lectura de la Meguilá lo sustituye como cántico de agradecimiento.

En los días catorce y quince de Adar, queda prohibido pronunciar sermones fúnebres y ayunar, tanto para quienes habitan ciudades con o sin muralla. Solo en el caso que fallezca un sabio de la Torá, se puede pronunciar un sermón fúnebre frente al fallecido durante el sepelio (Shulján Aruj Oraj Jaím 696:3, Ioré Deá 401:5).

No se recita ni «Tajanún» ni «Lamenatzeaj» durante los dos días de Purim (Shulján Aruj 693:3). Asimismo en el servicio de Minjá del ayuno de Esther que es contiguo al inicio de la fiesta se omite recitar el «Tajanún» (Mishná Berurá 131:33).

Se acostumbra a vestir ropa festiva o sabática tanto en la noche como en el  día de Purim (Ramá 695:2, Kaf HaJaím 13).

15 – Labores en Purim

En un inicio, Purim no fue establecido como día festivo (Iom Tov) en el cual se prohíbe la realización de labores. Empero con el correr de las generaciones, como forma de reverenciar la santidad del día, el Pueblo de Israel acostumbró a no realizar labores y se trata de una costumbre que se tornó en norma. Más aún, dijeron nuestros sabios que «quien trabaja en Purim no ve bendición en su esfuerzo» (Beit Iosef, Shulján Aruj y Ramá 696:1).

Por lo tanto, está prohibido ir al trabajo habitual en Purim y en el caso de que la inasistencia le genere un daño económico severo, puede trabajar. También los pobres que no tienen para comer, pueden trabajar en este día (Shaarei Tzión 696:2-3).

Está permitido en Purim realizar una labor que conlleva alegría, como por ejemplo, preparar la casa para la boda de un hijo o plantar un árbol ornamental en el jardín. Asimismo, están permitidas las labores de mitzvá, como por ejemplo, escribir innovaciones surgidas del estudio de la Torá. Así también las labores livianas, como por ejemplo, escribir una misiva con la condición de que éstas no lleven a la persona a omitir tanto la alegría como el cumplimiento de los preceptos del día (Shulján Aruj 696:1, Mishná Berurá 6).

Está permitido cortarse las uñas en Purim pues se trata de una labor liviana, empero lavado y costura de ropa así como cortarse el pelo, está prohibido (Ben Ish Jai Tetzavé 21). Sin embargo, se pueden realizar labores significativas si tienen por objetivo cumplir con los preceptos de Purim y entre estas se incluyen el lavado y  la costura de ropa así como el corte de cabello (Ramá 696:1).

Según la ley esencial, está permitido tener abierta una tienda en Purim, pues un buen negocio alegra de sobremanera. De todos modos es conveniente no abrirla, pues las ocupaciones comerciales pueden ir en detrimento de la alegría y el cumplimiento de los preceptos del día. Por lo tanto se deben abrir únicamente las tiendas que venden artículos para Purim (Mishná Berurá 696:3, Aruj Hashulján 2, Kaf HaJaím 5).

La prohibición de realizar labores recae únicamente sobre el día mismo de Purim y si bien algunos de los sabios de las últimas generaciones pusieron hincapié en abstenerse de realizar labores también por la noche, el hecho de que exista discusión a este respecto nos indica claramente que no hay una tradición consensuada y por lo tanto no se prohíbe la realización de labores durante la noche de Purim (ver  Beur Halajá 696:1).

Los habitantes de ciudades no amuralladas tienen permitido realizar labores el día que se celebra Purim en las ciudades amuralladas, y como contraparte, estos últimos tienen permitido realizar labores el día que se celebra Purim en las ciudades sin muralla (Shulján Aruj 696:2).

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