Capítulo 01- Introducción

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01) El precepto de agradecer

El ser agradecido es un valor moral de primerísima importancia. Se trata de un fundamento tan evidente, al punto que nuestros sabios, de bendita memoria, dijeron (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 35(A)) que la Torá no nos ordenó recitar bendiciones en virtud de los placeres experimentados o a experimentar, y no resulta necesario preceptuarlo, dado que esto se comprende por la sencilla lógica de que el ser humano debe agradecer por todo aquello que recibe de su Creador.

A los efectos de comprender mejor el valor implícito que encierra el ser agradecidos, refirámonos a esta virtud en el marco de las relaciones interpersonales. Quién sabe valorar a sus amigos por el bien que estos le prodigan, es una persona humilde que reconoce el hecho de que él no es el centro del mundo y por lo tanto los demás no tienen el deber de ayudarle y otorgarle obsequios. Sin embargo, es insuficiente con que se sienta agradecido en su corazón siendo necesario que lo exprese con palabras de gratitud, para que de esa manera se incremente el cariño entre quien realiza el acto bondadoso y quien lo recibe, y así habrá de intensificarse el deseo entre ambos de prodigarse buenas acciones. Además, una persona que sabe ser agradecida está contenta y disfruta en el mundo, presta atención a todas las cosas buenas de su vida y no las percibe como obvias o sobre entendidas, sino que se maravilla nuevamente cada vez por todas las acciones tanto grandes como pequeñas que los demás realizan en su favor y cada sonrisa o palabra amable regocijan su corazón.

Por el contrario, el desagradecido peca de soberbia al considerarse a sí mismo como la persona más importante y por ende pensar que todos los demás deben estar a su servicio. Además de pecar, este individuo no experimentará la felicidad pues siempre sentirá que no fue atendido como corresponde y que no se le dispensó un trato suficientemente bueno. El desagradecido afecta también negativamente a su entorno ya que hace que personas buenas se sientan mal y se desmotiven en realizar acciones generosas.

El mayor de los agradecimientos corresponde dispensarlo al Eterno que creó el mundo todo con Su bien, con gracia, generosidad y misericordia. Alabad a HaShem que es bueno, pues Su generosidad es eterna. Muchas personas saben que el mundo tiene un Creador, pero mientras no Le agradecen por el bien que les dispensa no se conectan a la fe misma. De no mediar el agradecimiento, el hecho de saber que D´s creó el mundo es un concepto carente de contenido y de sentido constructivo. El agradecimiento a D´s es la expresión concreta de la fe, y por su intermedio la persona se acostumbra a percibir la gracia Divina que lo acompaña permanentemente; así pasa a ser capaz de apegarse a su Creador, andar por Sus sendas y cumplir su cometido superior que es reparar el mundo de acuerdo con la Voluntad de HaShem. Incluso el Amo del universo nos enseñó ver el lado bueno del mundo, tal como fuera dicho al concluir la creación (Bereshit-Génesis 1:31): «Y vio Elokim todo lo que había hecho y lo encontró muy bueno». De esta manera, podremos elevarnos y acceder a la virtud del agradecimiento a HaShem y apegarnos a Su forma de proceder.

En cierta manera, el pecado primigenio de Adám comenzó a consecuencia de haber sido desagradecido. HaShem le había concedido todos los árboles del jardín y solamente le había ordenado abstenerse de ingerir el fruto del árbol del conocimiento. Si Adám y Javá hubiesen sido agradecidos por todo lo bueno que HaShem les concedió podrían haber disfrutado del mundo, de los maravillosos árboles y las sabrosas frutas y no habrían sentido deseo alguno de ingerir el fruto del árbol del conocimiento. Pero como no fueron agradecidos, todos los buenos presentes que habían recibido se tornaron para ellos obvios y sobrentendidos sin hallar en estos satisfacción, permaneciendo sólo el resentimiento de por qué no podían ingerir el fruto del árbol prohibido. Cuando llegó la serpiente para incitarlos a rebelarse cayeron en su ardid y transgredieron. Después de la transgresión, Adám continuó en su actitud desagradecida y dijo (Bereshit-Génesis 3:12): «La mujer que me diste junto a mí, ella me dio del árbol y comí». Quién sabe, quizás si se hubiese confesado y dicho: «Tú HaShem me has dado una mujer para alegrarme junto a ella y yo en vez de agradecerte me encerré en pensamientos egoístas y en virtud de ello nos deterioramos y pecamos», a lo mejor HaShem los habría perdonado y no los habría expulsado del Jardín del Edén. Vemos entonces que mediante el recitado consciente de las bendiciones nosotros corregimos el pecado primigenio.

A partir de todo esto se entiende por qué nuestros sabios fueron tan minuciosos con las leyes de las bendiciones estipulando una bendición especial para cada tipo de placer, y fueron muy exactos respecto de la cantidad a ser consumida para recitar la bendición final, de modo tal que por cada disfrute se le agradezca a HaShem de la mejor y más bella forma posible.

02) Quien come y no bendice comete perjurio y roba

Los cielos relatan la gloria de D´s y la tierra está plena de Su magnificencia. Los árboles y las hierbas le entonan cánticos de alabanza, los seres vivos andan y reptan ante Él, las aves vuelan en Su presencia y todo ser existente se mueve y se estremece en Su honor. Todos juntos y cada ser por separado recitan poesía delante Suyo.

Cada ser vivo creado por D´s en Su mundo tiene un cometido propio y revela un aspecto suplementario del bien infinito con el que HaShem prodiga al universo, ya que el Eterno no crea ser alguno sin propósito.

Las uvas poseen una particularidad propia, otro tanto los higos y de igual manera cada una de las frutas. Hay de estas que son dulces y otras más ácidas, algunas son nutritivas y otras estimulantes, unas son de pulpa dura y otras más blandas, y cada forma y color de cada una de estas generan una atmósfera y un ambiente particular. Cada fruto de la vid que creció en el mundo de HaShem posee una singularidad y ninguna uva puede reemplazar a otra. Si bien desconocemos los secretos de cada uno de los frutos, el Eterno que los creó introdujo en cada uno de ellos una chispa especial que lo vivifica y le hace crecer.

Todo aquel que toma algo del mundo sin pedir permiso altera la armonía general del universo y es considerado un ladrón. Empero si recita una bendición y reconoce la bondad recibida de parte del Santo Bendito Él, se considera que lo tomó con permiso. Respecto de esto dijeron nuestros sabios (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 35(A)): «El ser humano tiene prohibido disfrutar del mundo sin recitar bendición, y todo aquel que disfruta del mundo sin hacerlo comete perjurio… y es como si disfrutase (indebidamente) de aquello que es consagrado al Cielo». Asimismo, dijeron que «Todo aquel que disfruta de este mundo sin recitar una bendición, es como si hurtase al Santo Bendito Él y a la Grey de Israel» (ídem 35(B)). Esto obedece a que la tendencia general de toda la Creación es revelar la Palabra de D´s en el mundo, y este es también el cometido del pueblo de Israel, tal como está escrito (Ishaiahu-Isaías 43:21): «Este pueblo que formé para Mí habrá de relatar Mi gloria». Y cuando el ser humano disfruta del mundo sin recitar bendición es como si arrebatase tanto a D´s como a Israel.

Empero, si bendice a HaShem no sólo que no afecta a la Creación, sino que, por el contrario, la bendición es considerada como una revelación del Nombre Divino en un nivel superior al de la mera existencia de ese ser. La bendición revela la raíz superior del alimento sabroso y bonito creado por D´s. Ese es el cometido superior de todo ser creado, que el Nombre de HaShem se vea consagrado en el mundo por su intermedio, e incluso quien recita la bendición accede entonces a elevarse y conectarse con el Eterno.

Sobre esto, nuestros sabios dijeron (ídem Berajot 35(B)) que previo al recitado de una bendición toda la tierra y su contenido le pertenecen a D´s y nadie tiene derecho a disfrutar de ella, tal como está escrito (Tehilim-Salmos 24:1): «De HaShem es la tierra y cuanto ella contiene, el mundo y los que en él habitan.» Empero, tras pronunciar la persona una bendición, es la Voluntad del Creador que pueda el ser humano disfrutar de todo cuanto Él creó en la tierra, como fue dicho (Salmos 115:16): «Los cielos pertenecen a HaShem y la tierra la concedió a los hombres».

Además, el Talmud explica allí que quien no sabe recitar las bendiciones debe acudir donde un sabio y aprenderlas. Aparentemente, no es suficiente estudiar las bendiciones superficialmente, sino que es menester ir donde el sabio para aprender todas las reglas referentes, así como su significado oculto y su sentido, para así saber cómo, por su intermedio, santificar correctamente el Nombre de D´s.

03) El fundamento de la bendición

El Eterno ha obrado generosamente para con nosotros al revelarnos que es bueno ante Sus ojos que le bendigamos y le agradezcamos, tal como está escrito (Deuteronomio 8:10): «Comerás y te saciarás y bendecirás a HaShem Tu D´s». Por supuesto que Él no requiere de nuestras alabanzas, sino que el Eterno quiso nuestro bien y nos obsequió el mayor de los presentes, la posibilidad de agradecerle y bendecir ante Él. Se trata de un privilegio maravilloso, el poder recitar bendiciones ante HaShem y saber que para Él poseen un gran valor. Por su intermedio la vida toda adquiere otra significación, ya no somos más cual animales que nacen, viven y mueren sin comprensión o sentido, sino como seres humanos que acceden a conectarse con el Amo del universo y recitar ante Él bendiciones, para de esa forma incrementar la plenitud de la vida en el mundo.

El fundamento de la bendición es el conocimiento de que HaShem es la fuente de la misma, y por ello en cada bendición que recitamos mencionamos Su Nombre: «Ad-onai Dios nuestro». A los efectos de que sea claro que el D´s al cual nos dirigimos no solamente es elevado e inconmensurable en sus alturas, sino que vivifica el mundo, es providente con sus creaturas y las dirige, mencionamos Su reinado al decir: «Rey del universo». Nuestros sabios dijeron que toda bendición que es recitada y en la cual nos olvidamos de mencionar Su Nombre y Su reinado no es una bendición cabal (ídem Berajot 40(B)).

Es necesario saber que, si bien HaShem se reveló a nosotros en la salida de Egipto y en la entrega de la Torá y nos enseñó cómo bendecirle, solamente una parte ínfima de Su luz se manifestó pues una creatura no está capacitada para captarla en su completitud. Es por ello por lo que en la versión de la bendición nuestros sabios insinuaron estos dos niveles, aquello que se manifiesta ante nosotros y aquello que nos trasciende.

Al mencionar Su Nombre pronunciamos dos Nombres: el primero «HaShem» que insinúa el escalón más elevado, del que sólo una ínfima porción se revela ante nosotros, y el segundo «Elokeinu», D´s nuestro, insinúa aquello que sí se manifiesta ante nosotros. Más aún, al inicio de la bendición nos dirigimos al Eterno de manera directa y decimos: «Bendito eres Tú HaShem D´s nuestro», empero posteriormente pasamos a hablarle como a un D´s oculto y decimos: «…que todo fue creado por Su palabra», «que nos consagró con Sus preceptos y nos ordenó», pues entonces nuestra intención es dirigirnos a un plano que trasciende plenamente nuestra percepción y comprensión.

La palabra bendición («berajá») significa adición e incremento, tal como está escrito (Shemot-Éxodo 23:25): «Y bendecirá tu sustento» con la intención de que HaShem lo incremente y lo multiplique. Asimismo, está escrito (Devarim-Deuteronomio 7:13): «Y te amará y te bendecirá («berajejá») e incrementará y bendecirá el fruto de tu vientre y el fruto de tu tierra, tu trigo, tu mosto, tu aceite y tus rebaños sobre la tierra que juró a tus padres darte». La intención del vocablo «berajejá» es que HaShem aumente y multiplique el fruto de tu vientre y tu tierra. Entonces, ¿a qué nos referimos cuando decimos «bendecir a HaShem»? ¿Acaso Él no es completo e infinito? ¿Qué se le puede agregar o aumentar? La intención del uso de este vocablo es la de incrementar la manifestación de Su Divina Presencia («Shejiná») en el mundo, ya que al disfrutar de las bondades de este mundo y recordar que todo proviene del Eterno expresándolo con palabras, Su Luz y Su Divina Presencia se revelan aún más en la creación (Nefesh HaJaím II cap. 2-4).

De esa manera se incrementa vitalidad al mundo, ya que ésta y todo lo que el mundo contiene dependen de su relación con el Creador que es la fuente de toda vida. Es así como, con cada bendición que recitamos, se conforma o establece un conducto para el flujo de la abundancia a través del cual descienden rocío de bendición y la vida al universo. Probablemente esto es lo que insinuaban nuestros sabios, de bendita memoria, al decir que quien desee ser una persona piadosa deberá ser minucioso en cuestiones relativas al recitado de bendiciones (Talmud Babilonio Tratado de Baba Kama 30(A)), ya que por medio de estas se incrementan el bien y la generosidad en el mundo.

04) Las bendiciones previas a la ingestión

Existen dos tipos de bendiciones sobre los alimentos: previo a la ingestión y posterior a esta. La bendición anterior a la ingestión es aquella en la cual se bendice a HaShem por disfrutar del alimento, y la lógica indica que el ser humano no debe tomar algo del mundo del Eterno para su disfrute sin pedir previamente permiso y reconocer que HaShem lo ha creado. Esta razón resulta tan simple y comprometedora al punto que la Torá no necesitó mencionarla, pues corresponde que la persona lo haga por su propio entendimiento o criterio.

Así como corresponde que quien recibe presentes de su prójimo le agradezca de modo particular por cada uno de los obsequios, y quien agradece de manera general demuestra que no logró percibir la esencia del regalo, entonces su agradecimiento pierde significación, de igual manera corresponde actuar en relación con D´s. Por lo tanto, nuestros sabios establecieron que se agradezca por medio de una bendición particular por cada tipo de alimento (adelante 8:4).

Por el pan se bendice: «Baruj Atá Ad-onai Eloh-einu Melej Haolám Hamotzí Lejem Min HaAretz» (adelante 3:1). Por alimentos elaborados a base de los cinco cereales («mezonot») se bendice: «Baruj Atá Ad-onai Eloh-einu Melej Haolám Boré Minei Mezonot» (adelante 6:1). Por el vino se bendice: «Baruj Atá Ad-onai Eloh-einu Melej Haolám Boré Prí Hagafen» (adelante 7:3). Por frutas del árbol se bendice: «Baruj Atá Ad-onai Eloh-einu Melej Haolám Boré Prí HaEtz». Por productos originados en la tierra se bendice: «Baruj Atá Ad-onai Eloh-einu Melej Haolám Boré Prí HaAdamá» (adelante 8:1-2). Por los demás alimentos que no crecen sobre la tierra, como por ejemplo la carne y la leche se bendice: «Baruj Atá Ad-onai Eloh-einu Melej Haolám Shehakol Nihiá Bidvaró» (adelante 8:3). Cada una de las bendiciones revela la raíz Divina particular del alimento en cuestión y por ello es muy importante ser exactos en su recitado para no confundirlas.

05) La bendición posterior a la ingestión

La bendición posterior a la ingestión implica una innovación, ya que tras haber agradecido a HaShem por medio de la bendición anterior al consumo aparentemente no habría necesidad de volver a agradecerle. Por ello, la Torá nos ordenó que también tras haber comido y habernos satisfecho, reflexionemos sobre todas las bondades que HaShem nos ha prodigado tanto a nosotros como a todo el pueblo de Israel y que por ello le agradezcamos y le bendigamos, tal como está escrito (Devarim-Deuteronomio 8:10): «Comerás y te saciarás y bendecirás a HaShem tu D´s por la tierra buena que te ha dado». De esta manera, por efecto de lo que hemos comido se incrementan la bendición y el bien en el mundo.

Este precepto encierra una enseñanza muy importante. En general, cuando una persona está hambrienta es consciente de que precisa ayuda y por ello le clama a HaShem. Empero, cuando se siente satisfecha puede llegar a contentarse con la alegría simple y material que le provoca la comida y olvidarse de HaShem y de los ideales excelsos que están en juego: incrementar la fe, revelar la Divina Presencia en la buena tierra que D´s nos concedió, conectarse al pacto existente entre el Creador y el pueblo e Israel, conectarse a la sagrada Torá, orar por el pueblo de Israel, por Jerusalém y por el sagrado Templo y reparar el mundo a la luz del ideal Divino. Todos estos fundamentos se manifiestan por medio de las bendiciones que recitamos durante el «Birkat HaMazón» o bendición posterior a la ingestión de alimentos, tal como lo explicaremos posteriormente (4:1-4).

El «Birkat HaMazón» en su formato completo es recitado únicamente por quien ingirió pan. Quien comió productos de las siete especies con los que la tierra de Israel fue bendecida, y en esta regla ingresan también los cinco cereales, tiene el mérito de recitar una bendición que es un resumen del Birkat HaMazón y que por ello recibe el nombre de «Me´ein Shalosh» o «similar a tres» por resumir las tres primeras bendiciones del principal agradecimiento por la ingestión de alimentos.

Los juristas debatieron respecto de si recitar «Birkat HaMazón» es un precepto de la Torá o de origen rabínico (adelante 10:1-2).

A continuación de esto, nuestros sabios establecieron que quien comió o bebió y disfrutó de alimentos que no pertenecen a las siete especies, que recite tras su ingesta una breve bendición al Eterno, esta es «Boré Nefashot» (adelante 10:4).

A los efectos de que una persona recite la bendición posterior a la ingestión de un alimento o una bebida, es necesario que haya consumido al menos una medida equivalente a un «kezait» de alimento o un «reviít» de líquido para que de esa forma quede o perdure en su interior una sensación agradable en virtud de la cual pueda recitar la bendición (la cantidad será analizada adelante 10:5-10).

Cabe agregar aquí que a veces, después de comer, se genera en la persona una sensación de una baja en su estado de ánimo. Esto puede deberse quizás por las esperanzas que tenía cifradas en que el sabor exquisito del alimento en cuestión disipe en algo su pesar y le haga sentir satisfecho, empero tras la ingesta resulta que su abatimiento persiste. A veces la sensación de pesadez que sobreviene después de comer lleva a la persona a una sensación depresiva. En otros casos, la persona se lamenta por haber comido nuevamente en exceso y ahora su vientre está pesado y se siente desanimado y enojado consigo mismo. Por medio del recitado consciente del «Birkat HaMazón» una persona puede elevarse por encima de estas sensaciones negativas y otorgarle a su ingesta un valioso significado. Incluso si se excedió en su comer, al recitar el «Birkat HaMazón» tiene la posibilidad de reparar aquello que dañó y transformar su pesadez y desánimo en vitalidad y alegría (ver Midot HaReaiá, Ha´alaat Nitzotzot 6). Este es el sentido de la copa de vino sobre la cual se bendice el «Birkat HaMazón» en las comidas importantes, para finalizar la ingesta con una sensación de elevación por efecto del agradecimiento y la alegría ante HaShem (ver adelante 5:13).

06) La versión de las bendiciones

Los miembros de la Gran Asamblea y su líder Ezra HaSofer, establecieron la redacción de las bendiciones y de los rezos (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 33(A)). Empero, el precepto de recitar «Birkat HaMazón» se fundamenta en la Torá y lo principal de sus bendiciones fue redactado por Moshé, Iehoshúa Bin Nún, el Rey David y el Rey Shelomó tal como se explicará posteriormente (4:1). Sin embargo, la redacción final y definitiva lleva el sello de los miembros de la Gran Asamblea o «Kneset HaGuedolá» (Sefer HaJinuj 430).

Nuestros sabios establecieron tres tipos de bendiciones: a) Bendiciones por el disfrute o «Birkot Hanehenín», que son alabanzas por el placer que obtiene el ser humano en el mundo del Creador y el presente libro está principalmente dedicado a estas. b) Bendiciones por el cumplimiento de preceptos, que tienen por cometido enfocar la atención de la persona en el mandamiento que está a punto de cumplir. c) Bendiciones de agradecimiento y alabanza, como por ejemplo, las bendiciones matinales o las que se recitan ante la observación de determinados fenómenos (adelante capítulo 15). Existen también bendiciones de alabanza que incluyen un pedido, como por ejemplo, en el caso de las bendiciones de la Amidá (Rambám Hiljot Berajot 1:4).

No se debe modificar la redacción de las bendiciones y en caso de haberlo hecho, omitiendo por ejemplo la palabra Baruj, o no habiendo mencionado el Nombre Divino (Ad-onai o Eloh-einu) o Su soberanía (Melej Haolám), u omitiendo lo principal del contenido de la bendición – no cumplió con el deber (Shulján Aruj 214:1 y como se explica más adelante 12:6).

Quien recita la bendición traducida a otra lengua cumple con su deber (Shulján Aruj 185:1). De todas maneras, a priori todas las bendiciones deben recitarse en hebreo, que es la lengua sagrada y es aquella en la cual nuestros sabios las redactaron (Mishná Berurá 185:1). Quien no comprende hebreo puede a priori, mientras no haya aprendido el idioma, recitar la bendición traducida (ver Pninei Halajá Tefilá 17:8).

07) El modo de recitar una bendición y el respeto debido que se le debe dispensar

Quien recita una bendición debe pronunciarla en voz lo suficientemente fuerte como para, al menos, poder escucharse con sus propios oídos. A priori, es bueno recitarla en voz alta, pues ello despierta la intención, estimula la concentración y en virtud de ello quienes rodean a quien la recita pueden tener el privilegio de responder «Amén» y de esa manera acrecienta la santificación del Nombre Divino en el mundo. A posteriori, si pronunció la bendición con los labios, pero tan tenuemente que sus oídos no la oyeron- cumplió con su deber. Empero si no pronunció la bendición con los labios y únicamente la pensó, no cumplió y debe volver a recitarla (Shulján Aruj 185:2-3, Mishná Berurá 2-3).

Dado que las bendiciones por el disfrute fueron establecidas a los efectos de agradecer y elogiar a HaShem, corresponde recitarlas de una manera respetuosa. Dijeron nuestros sabios (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 47(A)): «no se debe arrojar una bendición de la boca», esto es, no se debe decir rápidamente como si se tratase de una pesada carga de cuya obligación uno desea deshacerse.

Parte del respeto debido a la bendición pasa por no realizar otra labor mientras se recita. Incluso una labor liviana se prohíbe, por ejemplo, no se debe acomodar los cubiertos y los platos durante el «Birkat HaMazón» (Shulján Aruj 191:3, ver adelante 4:12). Se permite recitar una bendición mientras se camina y solamente el «Birkat HaMazón», en virtud de su importancia, debe recitarse estando sentados. Hay juristas que opinan que a la bendición de «Me´ein Shalosh» se le aplica la misma regla que al «Birkat HaMazón» y debe también ser recitada estando sentados (adelante 4:12, 10:3).

No se puede hablar en medio de una bendición y en caso de haber interrumpido a la mitad de una bendición breve, dado que la interrupción deja sin efecto el sentido del recitado – esta queda sin efecto. En caso de haber interrumpido en medio de una bendición larga en una parte que no deja sin efecto el sentido de esta – se podrá continuar con el recitado (Jaié Adám 5:13).

Mientras se recita una bendición las partes pudorosas de la persona deben hallarse cubiertas, y en el caso del hombre es necesario que haya algo que marque una separación entre el pubis y el corazón, y todo aquello que esté en contacto con el cuerpo y se encuentre entre estos, se lo considera como separación (Shulján Aruj Oraj Jaím 74). A priori, es preferible vestir pantalones y camisa mientras se recita una bendición, y durante el recitado de «Birkat Hamazón», por tratarse de una bendición importante, corresponde estar vestido honorablemente (Mishná Berurá 183:11, adelante 4:12). Los hombres deben cubrir su cabeza mientras recitan una bendición y otro tanto las mujeres casadas, empero si una mujer se encuentra sola o en compañía de su familia nuclear – no requiere tener la cabeza cubierta al recitarla (Pninei Halajá Tefilat Nashim 10:5-6).

08) Aseo y pureza durante el recitado de una bendición

Si una persona necesita ir al baño con una premura tal que no se siente capaz de poder contenerse durante setenta y dos minutos – no puede recitar una bendición. En caso de que la haya recitado, a posteriori – cumplió con su deber. En caso de poder contenerse setenta y dos minutos tiene permitido recitarla (tal como se explica en Pninei Halajá Tefilá 5:9).

Una persona embriagada o «entonada» puede recitar una bendición. Un ebrio que no consigue mantenerse de pie de manera respetable ante el Rey – a priori que no bendiga, empero si hasta que se le pase su estado etílico ya culminó el tiempo correspondiente para recitar la bendición – podrá hacerlo aún estando borracho. Sin embargo, una persona ebria como Lot, que no sabe qué pasa con él, se lo considera como carente de lucidez mental («shoté»), y por ende está exento del cumplimiento de todos los preceptos y, aunque haya recitado una bendición esta no es considerada válida en absoluto (tal como se explica allí 5:11).

Una persona que hizo sus necesidades o tocó con su mano partes cubiertas del cuerpo, debe lavar sus manos con agua antes de recitar una bendición. En caso de carecer de agua, deberá frotar sus manos sobre una prenda u otro objeto que las limpie y recién después podrá recitar la bendición. Cuando la persona ignora qué uso dio a sus manos y no sabe si se han contaminado o no («stam iadaim»), no requieren de lavado previo a bendecir (Shulján Aruj 4:23, Mishná Berurá 59:61).

Está prohibido recitar cuestiones relativas a la santidad frente a una desnudez (tal como se explica en Pninei Halajá Tefilá 3:11). Asimismo, está prohibido recitar cuestiones relativas a la santidad en un sitio en el cual hay excrementos y demás materiales malolientes similares. La prohibición aplica a los cuatro codos inmediatos a la persona, por lo que, en caso de haber materiales malolientes es necesario alejarse de los mismos cuatro codos hasta el sitio en el cual cesa el mal olor. A posteriori, si una persona recitó una bendición en un sitio en el cual había excrementos, si bien actuó de un modo prohibido – no habrá de volver a bendecir. Empero, si rezó la Amidá en un sitio en el cual había heces – no cumplió con su deber (ídem 3:9-10).

Un bebé menor a un año, por cuanto que su deposición no es tan maloliente, en caso de necesidad es posible recitar una bendición junto a él. Si el bebé ya alcanzó la edad de un año y defecó en sus ropas, y mientras su madre recita una bendición el pequeño se dirige hacia ella, en caso de encontrarse esta en el medio de una bendición breve – que se aleje a un sitio en el cual no perciba el olor y termine de recitarla. Y si se encuentra en medio de «Birkat HaMazón», bendición cuyo recitado insume un tiempo mayor y no puede alejarse o colocar a su niño en otra parte hasta culminar las cuatro bendiciones correspondientes, dado que tiene prohibido seguir bendiciendo mientras huele los excrementos de su hijo – que lo limpie y le cambie el pañal, lave sus manos y continúe el «Birkat HaMazón» desde el comienzo de la bendición en la cual interrumpió (Shulján Aruj Oraj Jaím 65:1, Beur Halajá 183:6 אפילו, Pninei Halajá Tefilat Nashim 11:9).

09) El precepto de responder «Amén»

Quien escucha a un judío que recita una bendición – debe responderle «Amén» (Shulján Aruj 215:2, ver adelante 12:8). Quien responde Amén con intención – es digno de elogio. Dijeron nuestros sabios (Talmud Babilonio Tratado de Shabat 119(B)): «Todo aquél que responde Amén con todas sus fuerzas – le son abiertas las compuertas del Jardín del Edén, tal como está escrito (Isahiahu-Isaías 26:2): ‘Abrid los portones y entrará una nación justa y fiel’ (Shomer Emunim)». En la Guemará explican que el vocablo Amén es una sigla resultante de «El Melej Neemán» («Dios es el Rey Fiel»), o sea, al responder Amén expresamos nuestra fe en D´s. Quien a pesar del ocultamiento de la Divinidad que prevalece en este mundo sigue siendo fiel a D´s y responde Amén con todas sus fuerzas, resulta que está verdaderamente apegado al Creador y por lo tanto se abren ante él las compuertas del Jardín del Edén.

El responder Amén «con todas sus fuerzas» se refiere a hacerlo con toda su capacidad de concentración. Sin embargo, es también importante responder Amén en voz alta, pues de esa manera todas las fuerzas de la persona son partícipes de la acción. Además, responder en voz alta estimula la concentración e incrementa la santificación del Nombre Divino en el mundo. Sin embargo, quien responde Amén no debe elevar su voz por encima del tono de quien bendijo (Shulján Aruj 124:12). En caso de que quien responde Amén desee instar a los presentes a responder también en voz alta, podrá alzar su tono de voz por encima del de quien recita la bendición (Mishná Berurá 47).

Dijeron nuestros sabios (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 53(B)): «Es más grande quien responde Amén que quien recita la bendición». Sin embargo, quien recita la bendición es recompensado primero, ya que en mérito de su recitado los demás pudieron responder Amén, aunque el grado alcanzado por quien responde Amén es más elevado que el que obtiene quien bendice. Esto obedece a que quien recita la bendición lo hace refiriéndose a algo específico mientras que quien responde Amén con intención y concentración se eleva por intermedio de su respuesta a la totalidad de la fe (esto se encuentra insinuado en el vocablo Amén, cuyo valor numérico equivale al de dos Nombres Sagrados, el Tetragramatón y Ad-onai, los cuales conforman la unión del Kadosh Baruj Hú y Su Divina Presencia, según Majzor Vitri 126).

Además de la generalidad de la fe que se manifiesta al responder Amén, el vocablo tiene un significado específico y es el de afirmar la veracidad del contenido de la bendición recitada. Si escuchó, por ejemplo, que D´s «extrae el pan de la tierra», al responder Amén debe dirigir su pensamiento a decir: «es verdad que HaShem extrae el pan de la tierra». Cuando la bendición implica también un pedido, como por ejemplo, en el caso de la bendición por el discernimiento que se recita en la Amidá («Jonén HaDa´at»), al responder Amén debe dirigir su intención a decir: «es verdad que HaShem concede el discernimiento», y también, «ojalá que nos conceda el discernimiento» (Shulján Aruj 124:6, Mishná Berurá 25).

Responder Amén expresa la actitud del ser humano hacia la fe en D´s, y cuando esa condición de fe resulta defectuosa, se ve dañada nuestra capacidad de percibir la vida que HaShem nos concede. Respecto de esto dijo Ben Azai: «Todo aquel que responde un Amén «huérfano», sus hijos habrán de ser huérfanos; quien responde un Amén apresurado, sus días pasarán apresuradamente; quien responde un Amén breve, sus días serán abreviados, empero todo aquel que prolonga su «Amén», sus días serán prolongados» (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 47(A)).

Por lo tanto, no se debe apresurar a responder Amén antes que quien recita la bendición la concluya. Tampoco se habrá de abreviar el Amén omitiendo alguna de sus letras o terminar de pronunciarlo en voz tenue. Asimismo, no se habrá de distanciar la respuesta Amén del recitado de la bendición pues entonces se lo considera un Amén huérfano (Shulján Aruj 124:8).

Empero, es menester responder «Amén» con un tono de voz agradable, sin prolongarlo o acortarlo en demasía, sino que debe llevar el tiempo necesario para decir «El Melej Neemán» (ídem, ídem). Quien recita la bendición debe asimismo poner intención en el Amén que se responde tras su bendición (Ramá 167:2).

10) Reglas para hacer cumplir a otros con su obligación mediante el recitado de una bendición

En el caso de dos personas que comieron juntas, una puede recitar la bendición en voz alta y su compañero responder Amén y de esa forma cumplir con su deber, a condición de que quien escucha tenga la intención de cumplir mediante la misma. Y aunque quien oye el recitado de la bendición se haya descuidado y no haya respondido Amén, siempre y cuando haya tenido la intención de cumplir con su deber mediante la escucha- cumplió (Shulján Aruj 213:2-3, adelante 3:4 y 12:7).

Empero, es necesario saber que existe una diferencia fundamental entre las bendiciones del disfrute y las del cumplimiento de un precepto. En el caso de las bendiciones por el cumplimiento de un precepto, es posible que uno recite por su compañero, aunque él mismo no precise hacerlo. Por ejemplo, en el caso de una persona que se coloca los tefilín y no sabe recitar las bendiciones correspondientes, su amigo podrá recitar las mismas en su lugar aunque él mismo no se los coloque y de ese modo se aplica la regla a todos los preceptos. El motivo de esta norma es que todos los judíos somos responsables los unos por los otros, y cada judío es partícipe del precepto que cumple otro judío y por ello puede recitar la bendición en su lugar.

Empero, en el caso de las bendiciones del disfrute que recitamos por alimentos o bebidas, se trata de bendiciones opcionales, y quien disfruta debe bendecir por sí y quien no disfruta no está conectado a la ingestión efectuada por su compañero por lo que no puede recitar la bendición en su lugar. Por lo tanto, quien no come pan no puede recitar la bendición de «Hamotzí» por su compañero, y aunque éste último no sepa bendecir, no es posible hacerlo en su lugar, sino que debe decir la bendición lentamente para que su amigo pueda repetirla tras él palabra por palabra y así cumplir con su deber (Talmud Babilonio Tratado de Rosh HaShaná 29(B), Shulján Aruj 213:2).

A veces la bendición por el disfrute es también una bendición por el cumplimiento de un precepto como por ejemplo, en el caso del vino en el Kidush y la Havdalá de Shabat y Yom Tov. En ese caso, hablamos de Birkat haMitzvot – bendición por un precepto -, que rige sobre la ingesta de este vino y la normativa que se aplica es la de las bendiciones por el cumplimiento de un precepto. Por lo tanto, también quien no habrá de beber del vino podrá recitar la bendición por el vino del Kidush en lugar de quien habrá   de beberlo (Shulján Aruj 167:19-20).

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